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jueves, 1 de septiembre de 2022

El cristianismo desaparece en occidente ¿Qué hacemos?

 


¿Crisis eclesial? ¿Qué hacemos? Hay Esperanza.

La pregunta no es nada sencilla de contestar. En occidente, el cristianismo está perdiendo fuerza día tras día. No me refiero a fuerza política, ya que significa dar más importancia al Cesar que a Dios. Los templos están cada día más vacíos. El acceso a los sacramentos no tiene atractivo y en el mejor de los casos, tiene un sentido principalmente cultural. Las catequesis son una actividad que se remonta a los primeros siglos del cristianismo, pero a partir del Concilio Vaticano II se convierten en una herramienta de cristianización de quienes quieren acercarse a la Iglesia. Se crean itinerarios asociados a los sacramentos y se imparten desde las parroquias y estructuras eclesiales locales.

Las catequesis siempre han buscado transmitir conocimientos de la fe y generar un entorno de cultura cristiano donde se pueda avanzar espiritualmente. Pero las catequesis han tenido otras diversas funciones, algunas muy interesantes. Por ejemplo podemos ver cómo se planteaban las catequesis en el siglo IV leyendo un texto corto e interesante: Procatequesis de San Cirilo de Jerusalén. Tomemos el punto número diez de esta pre-catequesis:

Persevera en las catequesis: Aunque nuestra oratoria posterior será más amplia, que tu ánimo no decaiga nunca. Pues recibirás armas contra los poderes enemigos; recibirás armas contra los herejes, los judíos, los samaritanos y los gentiles. Tienes múltiples enemigos: recibe dardos múltiples, pues contra muchos habrás de luchar; has de aprender como vencer al griego, como luchar contra el hereje, contra el judío y contra el samaritano . Las armas están preparadas, y está plenamente dispuesta la espada del Espíritu. Las manos deben luchar valerosamente para combatir la batalla del Señor, para vencer a las potestades que se oponen, para que permanezcas invicto de todas las asechanzas de los herejes. (San Cirilo de Jerusalén. Procatequesis, o palabras previas a las catequesis, 10)

En este texto habla de armas, de forma figurada. No son armas para dañar, sino talentos que nos permitan afrontar los peligros que acechan en el día a día de todos nosotros. 

Habla de cuatro clases de enemigos representan maneras diferentes de oponerse religiosamente o ideológicamente a la verdad del Evangelio. El “griego”  es quien sólo ve el sentido racional de todo e intenta atar a Dios mismo a la limitada lógica humana. El “hereje” es quien suplanta a Dios por cualquier tipo de ídolo o confiere al ser humano capacidades mágicas que le permiten “ser como Dios”. El “judío” es quien ve la fe como una realidad socio-cultural que les hace sentirse como elegidos. Esperan un mesías político que les libere. El “samaritano” es quien adapta la Revelación y promesas de Dios, a su realidad identitaria-cultural, al igual que los judíos, no reconocen al Mesías.

La espada del Espíritu, puede parecernos algo fuera de tono en este siglo XXI. No se trata de una herramienta de guerra que busque dañar a nadie. Es parte de la armadura espiritual con la que San Pablo busca que estemos preparados para luchar eficazmente contra el maligno (Efesios 6:13).

¿Cuál es la batalla del Señor? Lo podemos ver claramente si repasamos el Apocalipsis de San Juan. Leamos los mensajes a las siete Iglesias. En cada una de ellas aparece un “frente de batalla” que no es más que aquello en que traicionamos lo que Dios nos ha encomendado. También hay una promesa para quien venciera en cada una de esas batalla:

En el caso de Tiatira se echa en cara que permitan que doctrinas no cristianas seduzcan a los fieles y que se incite a comer cosas sacrificadas a los ídolos. A quien venza se le promete que le dará autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de rectitud y justicia.

Otro ejemplo, la Iglesia de Éfeso: El Ángel reprende a la Iglesia porque: “... has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras". Quien venza en esta batalla tiene la siguiente promesa: “... le daré de comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios".

Las batallas que se presentan son batallas interiores a cada uno de nosotros y también, a la propia Iglesia. Estas son las batallas que nos señala el Señor. Si leemos todos los mensajes a las Iglesias, nos daremos cuenta que son tan actuales, que parecen sacados de ayer mismo.

Hace un mes, aproximadamente, mi trabajo me llevó a visitar un país del este de Europa: Montenegro. Allí tuve la oportunidad de hablar con una compañera y amiga, sobre la pérdida de sentido a la que nos está llevando el “status quo” socio-político. Esta compañera me recriminaba, con amabilidad, que no diera una batalla más directa en mi entorno de influencia. Tenía razón, puedo negarlo. No tiendo a tomar la “espada” y dar mandobles socio-culturales a todo lo que se mueve. ¿Por qué? Le comentaba que quienes blanden la espada con formas más o menos violentas, son “cauterizados” rápidamente por la sociedad. Algunos conozco que han terminado quemados y cansados, porque no consiguen nada dando mandobles dialécticos. A este cansancio se une la tensión que genera una pléyade de fans enfervorizados, que desgastan más que ayudan.

Cristo mismo nos indicó: “Mirad, yo os envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, sed astutos como las serpientes e inocentes como las palomas” (Mt 10, 16). Las hordas de fans son un gran problema. No lo digo yo, leamos otro pasaje del Evangelio: “La gente entonces, al ver la señal que Jesús había hecho, decía: Verdaderamente este es el Profeta que había de venir al mundo. Por lo que Jesús, dándose cuenta de que iban a venir y llevárselo por la fuerza para hacerle rey, se retiró otra vez al monte Él solo.” (Jn 6, 14-15).

Ser astuto como serpiente conlleva saber plantar la Semilla del Reino sin hacer grandes signos ni espectáculos. La Semilla se siembra con cuidado, lanzándola con astucia en cada momento de nuestra vida. Se puede sembrar de forma que nadie se llegue a dar cuenta directa, pero sienta que lo que le dices les llena con una Luz especial. Una Luz que da esperanza, porque llena de sentido. No hace falta que la Luz aparezca de inmediato. Cada semilla, dependiendo de la tierra y el cuidado, tardará más o menos. Sólo Dios sabe. ¿Y la “espada del Espíritu”? Precisamente la espada es la que paraliza a los cuatro enemigos y te permite seguir adelante lanzando la Semilla.

Yo a esto le llamo Nueva Evangelización. Lo hago porque busca devolver al “amor primero” a quien están buscando un camino que ha sido borrado por la sociedad actual. El cristianismo desaparece en occidente ¿Qué hacemos? Tengo una certeza que me sigue dando fuerzas para seguir adelante: si todos los católicos nos dedicáramos a lanzar estas Semillas del Reino, todo sería muy diferente en esta sociedad, en la Iglesia y en nosotros mismos. Dios dirá, que es quien manda.

Vea también  9 campos de evangelización
para los laicos católicos


































jueves, 14 de abril de 2016

Las 10 mejores formas de matar tu fe

Sabe de qué habla: ha hecho el camino inverso

Si te propones acabar para siempre con tu fe, un converso te ofrece 10 formas seguras de lograrlo
En el listado figura como último método, pero es el más importante:
¡no reces nunca!
El autor de estas recomendaciones es un bloguero. No hay mucho más 
que decir, la red tiene estas cosas. Se llama o hace llamar 
Jason L., alias El Haragán, tiene 28 años, estudia Teología,
 ama la cerveza Guinness (el esbozo de imagen le muestra con una
 buena pinta en las manos) y es periodista free-lance. Y, lo más 
importante: está "orgulloso" de haberse convertido a la fe católica.
En una reciente entrada de su blog Subida al Monte Carmelo, ha hecho un interesante elenco de Las diez mejores formas de matar tu fe, con reflexiones de índole espiritual que sirvan de guía al lector. Son, dice, a su juicio, "las diez formas más efectivas de arruinar por completo tu vida espiritual hasta una sequedad absoluta, o al menos hacerle un roto considerable". Así que, concluye, evítalas si quieres que tu vida espiritual crezca.

Veámoslas pues, siguiendo el consejo de Tomás de Kempis en la Imitación de Cristo (I, 5, 1): "No mires quién lo dice, sino atiende a lo que dice".

1. Admite que la Iglesia está acabada: escucha a quienes atacan a la fe sin estar seguro de que tu fe es lo bastante sólida para sostenerla. Así podrás empezar a sentirte aislado, a enfadarte y sentirte lejos de una fe que un día te pareció hermosa, y a asumir que la mayoría de los católicos de hoy están completamente fuera de juego.

2. Sé lo más escrupuloso posible: ante la imponente realidad de la Presencia Real y de la Santa Comunión, en vez de hacer un buen examen de conciencia y confesarte, si quieres llegar a un estado de locura como el de Nietzsche mira con lupa cada una de tus acciones y considera que todos los pecados son mortales. Vive atemorizado. Te garantizo que tu fe arderá en esas llamas.

3. Olvídate de la Misericordia, céntrate en la Justicia: tienes que llegar a la conclusión de que Dios no es misericordioso, de que se le hace la boca agua ante la idea de verte gritar en el infierno. Con ello, no solamente matarás tu fe y tu amor a Dios, sino que llegarás fácilmente al mundo opuesto de los anticristianos.

4. Céntrate en la vida espiritual de todo el mundo, salvo en la tuya: disecciona la de los demás, pero tú no trabajes en tu propia salvación con temor y temblor.

5. No mantengas conversaciones inteligentes sobre religión: sobre todo, discute mucho. Cada vez que alguien desafíe tu fe de alguna manera, comienza a echar humo por las orejas, ignora lo que está diciendo tu adversario y frústrate todo lo posible.

6. Haz el mínimo de los mínimos que se te exija, conviértete en un católico vago. Empieza por ir a misa sólo los domingos, luego procurar saltarte alguna, y antes de que te des cuenta estarás yendo solamente en Navidad y Pascua.

7. Ignora tu fe: lo mejor para abandonarla es no haberla conocido nunca. No leas las Escrituras, ni a los Santos Padres, no leas libros de teología ni estudies historia. Así, cuando alguien te plantee dudas o ataque la fe, cederás inmediatamente.

8. Procura no comulgar con frecuencia, porque eso sería lo que más podría ayudar a tu vida cristiana. Si realmente quieres crecer débil, procura no comulgar, porque si no, cada vez que lo hagas te sentirás limpio y rejuvenecido.

9. Asústate cada vez que veas un desafío contra la fe: miente, escóndete, huye. Esto es fundamental: cada vez que alguien objete tu fe, da media vuelta y corre. O aún mejor, discúlpate y avergüénzate. Esto te hará sentirte falso en tu fe, desleal, indigno de comulgar, cobarde. Si realmente quieres perder la fe, te aconsejo vivamente que te acobardes ante ella.

10. Por encima de todo: ¡no reces nunca! No rezar te aleja de la conversación con Dios. Si en verdad deseas matar tu fe, ésta es la vía. La oración es el agua que mantiene vivo el árbol: rechaza el agua, y verás cómo se seca.

Véase el artículo completo en inglés.

lunes, 2 de febrero de 2015

Los 3 consejos del profesor Budziszewski para que un joven se mantenga cristiano en la universidad


Vivir la fe es dar testimonio

Los 3 consejos del profesor Budziszewski para que un joven se mantenga cristiano en la universidad
El profesor J. Budziszewski perdió la fe siendo estudiante universitario
- tiene 3 consejos para evitar que le pase a más jóvenes

Los jóvenes universitarios encuentran a veces dificultades para vivir de acuerdo con sus creencias religiosas porque tanto dentro como fuera de las aulas se ridiculiza o ataca a la religión y están vigentes valores contrarios a la moral cristiana.

J. Budziszewski, profesor de Filosofía Política en la Universidad de Texas y autor de ensayos como Lo que no podemos ignorar, ofrece orientación y consejo a esos jóvenes en su último libro titulado How to Stay Christian in College, cuyo contenido explica en una reciente entrevista para Salvo.

El autor perdió la fe en los años 60
Budziszewski sabe por propia experiencia la dificultad que supone el ambiente universitario para las creencias religiosas de los alumnos. Él mismo reconoce que perdió la fe debido al influjo que tuvo el radicalismo ideológico en la universidad durante los años sesenta.

[En su infancia y adolescencia era un baptista sincero, aunque no especialmente virtuoso. Estudiando en la universidad dejó "primero a Cristo, luego a Dios, luego la distinción entre el bien y el mal", explicó en una entrevista en inglés. "Yo era ateo práctico y nihilista práctico". Ya como profesor, volvió a Cristo a través del anglicanismo y en 2004 entró en la Iglesia Católica. Nota de ReL].

En la actualidad, la fe flaquea sobre todo a causa de la cultura antirreligiosa que predomina en el discurso académico y el hedonismo de la vida social dentro del campus.

Ni el rechazo teórico ni el práctico de la religión se producen de forma autónoma o separada, explica en How to Stay Christian in College.

En el primer caso, el prejuicio ateo o agnóstico del profesorado siembra en los alumnos la duda y la indiferencia. Dios sencillamente deja de ser un asunto importante.

Al tiempo, la permisividad puede nublar las convicciones morales y provocar la pérdida de la fe.

Los tres consejos
Para evitar ser arrastrado por el ambiente, Budziszewski cree que lo más importante es que el estudiante evite el aislamiento o el individualismo religioso. Es necesario que los jóvenes creyentes se sientan apoyados por una comunidad. En esta dirección van los tres consejos que ofrece.

1) Primero, contar con un grupo de apoyo que integre a profesores y a alumnos cristianos y que vivan su fe no sólo desde una perspectiva moral, sino también comprometidos intelectual y culturalmente.

2) En segundo lugar, recomienda buscar un profesor que pueda orientar y guiar durante el periodo de formación universitaria.

3) Por último, Budziszewski aconseja no limitar la vida religiosa a la universidad, sino frecuentar otros ambientes cristianos fuera del campus.

Detectar las dificultades como hace Budziszewski no implica sucumbir al alarmismo ni promover un mensaje derrotista, ya que el autor confirma que, a pesar del desprecio intelectual de las creencias religiosas e incluso la burla o la marginación que pueden padecer, muchos jóvenes –cada vez más– muestran su valentía viviendo y dando testimonio de su fe en la universidad. Harvard y Princeton son algunos de los lugares en los que las asociaciones y grupos cristianos están proliferando.

Además, hay síntomas que constatan el agotamiento de la forma de vida promovida por la revolución sexual. En otro de sus libros, On the Meaning of Sex, el autor critica la visión hedonista de la sexualidad porque mutila su significado y trivializa la relación de pareja.

Sin embargo, lo paradójico de esta opción ética son sus consecuencias: la búsqueda indiscriminada del placer, sin pensar si es correcta o no, provoca infelicidad. El hedonismo, que nace como sueño, concluye en pesadilla.



De hecho, las nuevas generaciones, herederas de esta visión moral, están pagando las consecuencias porque comprueban que el placer a corto plazo y la frivolidad no dan sentido a la vida. Budziszewski ve a los jóvenes de hoy angustiados y descontentos y percibe que cada vez se produce antes la toma de conciencia de la paradoja hedonista. Pero esta desesperación se encuentra acompañada de un genuino anhelo de encontrar estilos de vida alternativos. El cristianismo puede ser la respuesta que los jóvenes están buscando para reorientar su existencia.

Universidad: ¿verdad o relativismo?
La universidad misma, nacida bajo inspiración religiosa, a causa de la marginación académica de la cultura cristiana, pierde capacidad para servir a sus propios fines. A la pérdida de Dios en las aulas universitarias ha seguido el olvido de la noción objetiva de verdad y la generalización del relativismo. Resulta paradójico que una institución dedicada a la búsqueda de la verdad y del conocimiento esté caracterizándose por su intolerancia ideológica y sectarismo. Para Budziszewski, también el joven creyente tiene como misión recordar a la universidad cuáles son sus fines más importantes.