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miércoles, 8 de julio de 2020

Segundo testimonio de tres ‘millennials’ recién ordenados sacerdotes


ORDAINED

Tres jóvenes españoles nos atienden a pocos días de convertirse en sacerdotes para explicarnos el por qué, el para qué y el cómo de esa decisión que un día tomaron. Vea también el Primer Testimonio   y  el Tercer Testimonio


Segundo Testimonio

Juan Bernabé: «Dios no elige a los capacitados sino que capacita a los que elige»



JUAN BERNABE
Gentileza

En la parroquia de La Asunción de Rentería (Guipuzcoa) nos espera Juan Bernabé. Desde que fue ordenado diácono el año pasado por estas fechas, ésta ha sido su casa, confinamiento incluido, y no es fácil que pase desapercibido pues mide más de dos metros y viste de riguroso negro y alzacuellos.
Juan es donostiarra, tiene veinticinco años y es el mayor de siete hermanos: “para ellos sigo siendo su hermano mayor y el hecho de que me marchara al seminario no cambió su relación conmigo en absoluto. Lo único que cambió es que me fui a estudiar fuera”
Se mueve con soltura en la iglesia que muestra orgulloso y por las dependencias parroquiales donde ofrece una pasta a todo aquel que le visita por el motivo que sea.
A ver Juan, cuéntanos cómo ha sido tu trayectoria hasta llegar aquí hoy.
Bueno, yo tengo unos padres de los que sigo aprendiendo, y lo más importante que me han enseñado en la vida es a vivir la fe. Esta ha sido siempre el centro de su vida y nosotros, mis hermanos y yo, lo veíamos. Mi vocación nace cuando desde pequeño, yo ya sabía que Dios llama a todas las personas a algo. Siempre he sabido que hay un plan por el que Dios lleva a la felicidad profunda.
Como digo, esto lo aprendí desde pequeño, pero es de adolescente, en 2011, cuando uno empieza a tomar decisiones sobre su futuro como: qué estudiar, qué camino coger, cuando yo me atrevo a hacerme esa pregunta en serio: ¿Qué es lo que quiere Dios de mí?. Estaba en un campamento de verano y en un momento de oración me planteo esto.
Fue la primera en la frente, porque es cierto que sentí algo muy raro dentro de mí, como una inquietud. No sabía que era… era algo distinto. Pasé un tiempo pensando en aquello, examinando y fui descartando opciones de vida como la vida religiosa y el matrimonio, en parte porque no tenía novia entonces…
Apareció la opción del sacerdocio y me puse un poco nervioso, y cuando estaba pensando: ¡ huy, huy, huy!… que esto tiene pinta de qué va a ser el sacerdocio, razonaba: ‘No puedo, es imposible’.
Esto era en 2011 y en 2010 habían salido a la luz todos los casos de pederastia dentro de la Iglesia. La situación de los sacerdotes que conocía me parecía muy complicada, así que me decía a mí mismo: ‘Yo con esto no puedo, esto no es para mí, no soy capaz, no estoy a la altura’.
Así andaba yo, con una lucha interna dentro de mí que se resumía en: ‘Dios me llama pero yo no puedo, Dios me llama pero yo no puedo… ¡Era un choque de trenes!’.
Con esto dentro de mí, viene un día Mikel y me dice que cree que el Señor le llamaba a ser sacerdote. Yo no le dije nada y lejos de ver en esto una señal o una influencia para mí entendí que mi camino era mi camino y que debía aclararlo yo y que no debía dejarme influir por eso u otras cosas.
¿Y como sales del dilema en el que te encontrabas?
Fui a la JMJ que ese año se celebraba en Madrid y escuché a Benedicto XVI hablar en una de sus primeras intervenciones y prometo que tuve la sensación de que me estaba hablando solo a mí, como si él supiera el dilema interno que yo tenía.
Al final del discurso dijo: … “Y cuando lleguen nuevas dificultades que a veces nos abruman, contamos siempre con la misericordia de Dios, especialmente en el sacramento de la reconciliación…”.
Ahí fue cuando me di cuenta que efectivamente Dios quería que yo fuera sacerdote y que era verdad que yo no podía, era totalmente cierto, pero entendí que si es Dios quien llama, Él va a ser el que haga ese trabajo en mí…
Dios no elige a los capacitados sino que capacita a los que elige. Este pensamiento me dejó muy tranquilo y después, a lo largo de estos años, en cada momento malo que he vivido, he visto que efectivamente yo no puedo, que con mis fuerzas no he podido hacer este camino. Si es Dios quien llama, Él hace el camino contigo y sabrá cómo llegar al final… como así está siendo.
En ese momento deshaces el nudo… pero tardas aún dos cursos en entrar al seminario. ¿Por qué?
Tenía dieciséis años, así que hablé con un sacerdote y con nadie más. Los dos decidimos que mientras hacía elBachiller iría discerniendo si había vocación. Tenía tiempo para ir viendo sin presiones si esto era de verdad y contarlo a mi familia o a mis amigos me hubiera condicionado de algún modo.





JUAN BERNABE
Gentileza

¿Es entonces cuando quieres ser sacerdote?
No, esto es erróneo. Yo no decido que quiero ser sacerdote. Yo por mí hubiera elegido estudiar filosofía y ya está… es lo que yo hubiera hecho. Lo que pasa es que la llamada, el camino concreto del sacerdocio es un plan de Dios. Yo lo que sí quiero es cumplir su voluntad, que después de un tiempo veo que es el sacerdocio, pero no es algo que yo elijo, yo lo único que hago es tratar de responder a esa llamada.
Después de esos años de bachiller en algún momento tendrías que decir a tu familia y amigos cuáles eran tus intenciones. ¿Cuándo fue?
En mi casa el paripé fue completo. Les dije que lo que me gustaba era la filosofía, y no mentía, así que hice el examen de admisión en Pamplona y me cogieron. Mi padre estaba preocupado por mi futuro laboral. Pero un día empezaron a hablar de los trámites para pedir una beca y ahí ya tuve que decirles que no hacía falta, que a dónde iba a ir en septiembre era al seminario.
¿Y como se lo tomaron?
Pues muy bien, muy contentos. Se lo tomaron con tanta naturalidad que me resultó hasta sospechosa. Les pareció bien, entendían la decisión, pero siempre con ese punto de: “Juan se va al seminario, ¡fantástico!, pero la vida sigue, hay otros seis hermanos detrás y… ¡venga!» Es una cura de humildad que me viene fenomenal. Mis hermanos reaccionaron todos bien y curiosamente todos distinto.
¿Y los amigos?
Pues también muy bien. Yo muchas veces me he preguntado por qué yo he sido elegido y no cualquiera de ellos. Son unos fenómenos. Mis amigos han tirado de mí muchísimas veces. Nos hemos ayudado todos mucho. Y el hecho de que Mikel y yo vayamos a ser sacerdotes no quiere decir nada. Aquí nadie da lecciones de nada, todos nos ayudamos mucho. Estoy muy orgulloso de ellos.
Entrevista realizada por Marta León para Aleteia





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