Entradas populares

Mostrando entradas con la etiqueta Iglesia Católica en Perú. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Iglesia Católica en Perú. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de diciembre de 2025

León XIV: Testimonio de mártires asesinados por terroristas en Perú es “una llamada a la unidad y a la misión”

 

Beatos mártires Michał Tomaszek, Zbigniew Strzałkowski y Alessandro DordiLos beatos mártires Michał Tomaszek, Zbigniew Strzałkowski y Alessandro Dordi, en una imagen en la Catedral de Nuestra Señora del Carmen y San Pedro Apóstol, en Nuevo Chimbote, Áncash (Perú). | Crédito: David Ramos/EWTN News.

El Papa León XIV aseguró este sábado 6 de diciembre que la vida y martirio de los sacerdotes Michał Tomaszek, Zbigniew Strzałkowski y Alessandro Dordi —asesinados por odio a la fe por el grupo terrorista maoísta Sendero Luminoso en Perú— “pueden ser hoy una llamada a la unidad y a la misión para la Iglesia universal”.

En un mensaje publicado con ocasión de los 10 años de la beatificación de los tres mártires, que se cumplieron el 5 de diciembre, el Santo Padre expresó su deseo de “unirme a la gratitud de la Iglesia en Perú, en Polonia, en Italia y en otros tantos lugares donde su recuerdo permanece como estímulo de fidelidad”.

“Estos tres sacerdotes misioneros compartieron la vida de sus comunidades, celebrando la Eucaristía y administrando los sacramentos, organizando la catequesis y sosteniendo la caridad en contextos de pobreza y violencia. En 1991, tras haber decidido permanecer donde desempeñaban su ministerio y en medio del rebaño como auténticos pastores, fueron asesinados por odio a la fe”, recordó.

Los tres mártires de Chimbote

Los franciscanos Michele Tomaszek (31) y Zbigneo Strzalkowski (33) eran sacerdotes polacos de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales, y desarrollaron su ministerio misionero en la localidad peruana de Pariacoto, en la zona andina de la región Ancash.

Durante once años llevaron adelante una labor evangelizadora entre los más pobres hasta que fueron asesinados por terroristas de Sendero Luminoso, el 9 de agosto de 1991, grupo que los acusaba de “engañar a la gente” y adormecer “el ímpetu revolucionario con la predicación de la paz”.

Poco más de dos semanas después, el 25 de agosto, el grupo terrorista acabó con la vida de otro sacerdote misionero, el italiano Alessandro Dordi, que llevaba adelante su labor en la región del Santa, también en Ancash.

El P. Dordi, sacerdote de la Diócesis italiana de Bérgamo, había llegado a Perú en 1980 como misionero fidei donum, como se conoce a quienes son enviados de una diócesis a otra, comúnmente territorio de misión, para la evangelización a la población. El término Fidei donum proviene de la encíclica del mismo nombre publicada por el Papa Pío XII en 1957, en la que animaba a los católicos a “llevar hasta los confines de la tierra la luz del cristianismo y el progreso de la civilización”.

Abimael Guzmán, fallecido cabecilla del grupo terrorista, le confesó al obispo Luis Bambarén que él fue el que dio la orden de asesinar a los tres sacerdotes por odio a la fe, “porque la religión es el opio del pueblo”.

El Papa Francisco aprobó el 3 de febrero de 2015 el decreto que reconocía su martirio, y los tres sacerdotes fueron proclamados beatos en Chimbote, capital de la región Ancash, el 5 de diciembre de ese año, en una ceremonia presidida por el Cardenal Angelo Amato, entonces prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

Una diversidad que “no generó distancia” sino que fue “un aporte”

El Papa recordó en su mensaje que los tres sacerdotes eran “claramente distintos: dos jóvenes frailes franciscanos polacos y un presbítero diocesano italiano. Llevaban consigo lenguas, culturas, formaciones, carismas, espiritualidades y modos de proceder diferentes”.

“Cada cual tenía una manera única de acercarse a las personas y de vivir el ministerio. Pero en el Perú esa diversidad no generó distancia; al contrario, se volvió un aporte”. resaltó.

Los franciscanos en Pariacoto y el diocesano fidei donum en el Santa “compartieron el mismo celo, la misma entrega y el mismo amor a la gente —particularmente a los más necesitados— llevando en el corazón, con afecto pastoral, las preocupaciones y los sufrimientos de los habitantes de esas tierras”.

Un testimonio ante “dicotomías o dialécticas estériles”

León XIV compartió luego su cercanía al haber sido él también misionero en Perú: “Habiendo servido también en ese querido país, encuentro en ellos algo profundamente familiar para quien ha vivido la misión, y al mismo tiempo esencial para toda la Iglesia: la comunión que nace cuando historias tan distintas se dejan reunir por Cristo y en Cristo, de modo que lo que cada uno es y aporta —sin dejar de ser propio— termina confluyendo en un único testimonio del Evangelio para el bien y la edificación del pueblo de Dios”.

“Por eso creo firmemente que sus vidas, así como su martirio, pueden ser hoy una llamada a la unidad y a la misión para la Iglesia universal”, subrayó.

“En un tiempo marcado por sensibilidades diversas en el que con facilidad se cae en dicotomías o dialécticas estériles, los Beatos de Chimbote nos recuerdan que el Señor es capaz de unir lo que nuestra lógica humana tiende a separar. No es la plena coincidencia de pareceres lo que nos une, sino la decisión de conformar nuestro parecer con el de Cristo”, dijo, recordando la constitución dogmática Lumen gentium.

Ante “los desafíos pastorales y culturales que la Iglesia atraviesa”, dijo León, la memoria de los mártires de Chimbote “nos pide un paso decisivo: volver a Jesucristo como medida de nuestras opciones, de nuestras palabras y de nuestras prioridades. Volver a Él con aquella firmeza del corazón que no retrocede, ni siquiera cuando la fidelidad al Evangelio reclama el don de la propia vida”.

“¡No teman la llamada del Señor!”

David Ramos, aciprensa

Vea también       10 lecciones sobre el martirio



viernes, 29 de agosto de 2025

Santa Rosa de Lima: Arzobispo en Perú hace 3 preguntas desafiantes a partir de la vida de la santa


 

Un arzobispo peruano ofrece una interesante reflexión sobre Santa Rosa de Lima, a quien la Iglesia Católica —fuera del Perú— celebra este 23 de agosto, y hace tres preguntas desafiantes a partir de la vida de la santa, cuyo ejemplo los fieles pueden seguir en el mundo de hoy.

Tras recordar que en el Perú la fiesta de la santa se celebra el 30 de agosto, el Arzobispo de Arequipa, Mons. Javier Del Río Alba, resalta que Santa Rosa de Lima no fue religiosa sino una laica “que se consagró como terciaria de la Orden Dominica y siguió viviendo en casa de sus padres, en cuyo huerto ocupó una pequeña habitación en la que pasaba largo tiempo en oración y penitencia”.

“Si bien tuvo no pocas experiencias místicas, eso no la alejó de este mundo sino que, por el contrario, se dedicó también a ayudar a los pobres y enfermos. Conocedora del amor de Dios, tuvo un gran celo por la salvación de las almas y por el anuncio del Evangelio”, subraya el prelado peruano en un artículo enviado a ACI Prensa este sábado.

“A través de la negación de sí misma y de una vida de oración y servicio a los más pobres y necesitados, en ella se cumplieron las palabras de Jesús: ‘Quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la encontrará’. Ella encontró esa vida eterna para la que todos hemos sido creados pero tan pocos la comienzan a experimentar en esta tierra”, destaca el arzobispo.

3 preguntas desafiantes

El arzobispo plantea, a partir de Santa Rosa de Lima, tres preguntas para que cada uno mire cómo está llevando su propia vida:

  1. ¿Hemos descubierto el gozo de vivir en comunión con Dios o hemos reducido el cristianismo al mero esfuerzo humano de cumplir con unas normas morales que, al final, no nos satisfacen?

  2. ¿Dedicamos al menos un poquito de tiempo cada día a la oración o a leer algo de la Biblia, o vivimos nuestras jornadas apoyados únicamente en nuestras fuerzas, como si Dios no existiera para nosotros?

  3. ¿Somos sensibles al sufrimiento de las personas que nos rodean y a las necesidades de los pobres, o tal vez sin darnos cuenta hemos terminado encarcelados en nuestro egoísmo y nuestros propios intereses? 

Mons. Del Río precisa que estas preguntas pueden llevar a constatar que las personas se han “alejado de Dios” o que se está “buscando la felicidad en los ídolos de este mundo” que no satisfacen del todo.

Una invitación

Entonces, el arzobispo de Arequipa anima a cualquier persona que se encuentre en alguna de estas situaciones, o en cualquier otra que no lo haga feliz, a “volver a Dios que tiene siempre los brazos abiertos para acogernos, para perdonarnos y para introducirnos en ese Reino de los Cielos que Jesús trajo a la tierra y cuyas primicias se encuentran en la Iglesia”.

“En síntesis, lo invito a dejarse amar gratuitamente por Dios y a experimentar ese amor a través de los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía, mediante los cuales podrá recibir la vida divina y experimentar la alegría de vivir en comunión con Dios y los hermanos”, concluye. 

¿Quién es Santa Rosa de Lima?

Santa Rosa de Lima (1586-1617) es la primera santa de América, patrona de este continente y las Filipinas. Es contemporánea con San Martín de Porres (1579-1639) y recibió la Confirmación de Santo Toribio de Mogrovejo (1538-1606), que era entonces Arzobispo de Lima y que fue declarado Patrono del Episcopado latinoamericano.

Cada 23 de agosto la Iglesia Católica de Lima celebra a Santa Rosa de Lima, pero en Perú esta fiesta se celebra el 30 de agosto y tiene rango de solemnidad, es día de precepto y también feriado civil.

En su fiesta, una multitud de fieles realizan procesiones, misas votivas, liturgias, oraciones y cantos en su honor.

En Lima, capital del Perú, multitudes peregrinan a su santuario —el antiguo hogar de la santa, ubicado al lado del templo que hoy lleva su nombre— para dejar sus cartas en el pozo donde ella sacaba agua para su hogar, ubicado en el jardín central del recinto.

 Walter Sánchez Silva, aciprensa

Vea también     Santa Rosa de Lima Biografía


miércoles, 21 de mayo de 2025

León XIV “no es de izquierdas ni de derechas”, dice obispo alemán que trabajó más de 50 años en Perú

 


(De izquierda a derecha) Mons. Robert Prevost (actual Papa León XIV), Mons. Miguel Cabrejos, Cardenal Pedro Barreto y Mons. Noberto Strotmann, miembros de la directiva de la Conferencia Episcopal Peruana en 2021

Mons. Norberto Strotmann es un obispo alemán que sirvió desde la década de 1970 en el Perú, donde fue Obispo de Chosica durante más de 26 años. En su opinión, el Papa León XIV “no es de izquierdas ni de derechas”.

"Yo no lo clasificaría ni de derechas ni de izquierdas, tampoco como introvertido o extrovertido", dijo el prelado de 78 años en entrevista con Kirche+Leben (Vida de la Iglesia), recogida por Katholisch.de, el portal de noticias de la Iglesia Católica en Alemania.

Mons. Strotmann, que fue secretario de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP) cuando el Papa León XIV era segundo vicepresidente, además de Obispo de Chiclayo y Administrador Apostólico del Callao, recordó que Mons. Robert Prevost “estudió matemáticas antes de ingresar en los agustinos y es políglota. Lo caracterizaría como pragmático".

“En las discusiones lo he experimentado como un buen oyente y un punto de calma. No es alguien que avive un debate candente. Puede ser alguien que mantenga unida a la Iglesia universal”, subrayó el prelado que fue Obispo Auxiliar de Lima y el primer Obispo de Chosica, diócesis que dirigió entre 1997 y 2023.

Tras comentar que no espera que el nuevo Papa “atienda los deseos de reformas regionales", el obispo, que ahora vive en Alemania, destacó que León XIV “ha experimentado, por ejemplo, en la Conferencia Episcopal de su país natal, Estados Unidos, lo difícil que es unir corrientes conservadoras y progresistas”. 

“No me imagino que tome medidas que le hagan perder el apoyo de un cuarto o un tercio de los fieles".

"Más bien podría devolver a la Iglesia a su competencia central, a la evangelización, a la fe en Dios y en Jesucristo y a lo que de ello se deriva en acciones concretas para las personas", resaltó el prelado, ordenado sacerdote en 1973 en los andes del Perú.

 Walter Sánchez Silva, aciprensa