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domingo, 4 de agosto de 2019

Tienen 13 hijos, van a misa a diario y el «Washington Post» los presenta como un modelo de gestión

Los Fatzinger, una familia católica bien organizada

Los Fatzinger, al completo: sus días empiezan y acaban temprano, es parte del buen orden organizativo e incluso espiritual.
Los Fatzinger, al completo: sus días empiezan y acaban temprano,
 es parte del buen orden organizativo e incluso espiritual.

Gestionar una comunidad de quince personas en situaciones adversas es toda una hazaña. The Washington Post ha llevado a sus páginas como modelo de gestión financiera familiar a los Fatzinger, una familia de Bowie (Maryland) formada por Rob (él, 51), Sam (ella, 48) y trece hijos. El titular resumía la hazaña: "Cómo una familia manda 13 hijos a estudiar, vive sin deudas... y encima piensa jubilarse pronto".

¿Exorcizar la casa?
Sam no trabaja (si es que no es trabajo el de encargarse de un hogar con quince personas) y Rob gana 100.000 dólares al año como programador informático, pero hasta hace una década nunca pasó de 50.000. Hace cuatro años terminaron de pagar la hipoteca (única deuda que han tenido nunca) y Rob ha preparado las cosas para jubilarse a los 62 años. Su filosofía es, por supuesto, ahorrar (el reportero del Post calculó el valor de la cesta de la compra que vio hacer a Sam en justo el doble de lo que realmente pagó gracias a su habilidad con las ofertas), pero tampoco se trata tanto de privarse de cosas como de "coger y elegir cuidadosamente". Y de ahorrar para invertir y acrecentar el capital con la regla del interés compuesto.

Se casaron hace 27 años y su primer negocio fue una librería católica (pues ambos lo son) que nunca les dio más de 36.000 dólares al año, y que cerraron en 2000 cuando ya tenían siete hijos. Siempre ahorraron entre un 10% y un 15% de sus ingresos, permitiéndose ciertos lujos: el 20 de cada mes, día en el que se casaron, el matrimonio sale a cenar, aunque sea a un lugar sencillo y barato.

Justo al empezar el nuevo trabajo de Rob compraron su casa actual. Estaba en tan mal estado que el sacerdote que vino a bendecirla bromeó diciendo que le haría también un exorcismo. Pero muchos familiares les ayudaron a reformarla.

En cuanto a los hijos, tienen su cuota de responsabilidad en la marca económica de la familia: "Empiezan a trabajar tan pronto como tienen edad para ello, y aprenden a discernir entre las necesidades y los deseos". Los mayores ya han concluido sus estudios universitarios: trabajo social, fisioterapia, matemáticas...


Los Fatzinger suelen salir juntos de paseo con sus respectivas bicicletas.

Misa diaria, y rosario también, si es posible
El artículo del Post, que aporta muchos detalles sobre la forma que tienen los Fatzinger de gestionar su economía doméstica, menciona que Rob y Sam son "católicos practicantes", pero no ahonda en esa cuestión.

Sí lo hace Epic Pew, lo que nos permite conocer, por ejemplo, sus hábitos religiosos: "Sin duda la misa diaria es lo más importante, el rosario por la tarde cuando es posible, y vivir el año litúrgico. Es difícil responder esto a nivel familiar, porque la mayor parte de nuestros hijos ya son mayores y son responsables de su propia formación en la fe. Nuestros hijos van a retiros en el instituto tanto como sea posible. Quo Vadis, Mount2000, Steubenville y Camp Maria son algunos de los retiros que nos ayudan a elevar nuestra espiritualidad. Aquellos de nuestros hijos que van al instituto acuden a clases de Biblia y van a grupos de jóvenes, y nuestros chicos son monaguillos".

"A mí", apunta Sam, "me gusta hacer una Hora Santa a la semana, pero fue difícil encontrar tiempo para ello dada mi familia y mi personalidad. Soy una persona madrugadora, así finalmente encontré que la mejor hora para mí era el sábado a las cinco de la mañana".

Consideran "una bendición" que su parroquia ofrezca numerosas actividades, e implicarse en ellas es "una parte esencial" de su vida.


Juntarse para comer, una prioridad familiar.

Como también lo son "las comidas familiares" y algo que consideran fundamental en la educación de sus hijos, "acostarse temprano": "No es tan fácil ahora como era al principio, cuando la mayoría de nuestros hijos eran pequeños". También son "prioridades esenciales" ayudarse unos a otros y celebrar los días festivos y los cumpleaños... y las bodas: en noviembre se casa en Arizona el hermano mayor.

Luz en un mundo oscuro
Los Fatzinger, como sucede con otras familias numerosas, son a veces mirados como seres de otro planeta. Sam confiesa que no permite que nadie se meta con ellos por ese motivo, y ambos dan un consejo: "Nunca te disculpes por tener muchos hijos; vive y muéstrate con confianza en tu familia y en las decisiones que tomáis. Ten una buena presencia pública y asegúrate de que tus hijos se portan bien".

Y para que la propia familia sea un instrumento de la Nueva Evangelización, una serie de interesantes sugerencias: "Sé amable e implícate de forma que convenga a la situación de tu familia en la vida. Ayuda a otras familias, échales una mano con los hijos o las comidas, apoyándoles en la oración y con actividades que les faciliten las cosas, no que les estresen. Mantén una sonrisa en tu boca, saluda a los demás y se amable. Sal de tu camino para ayudar a los demás. Ama al pecador y aborrece el pecado. Encuentra formas de que la gente vuelva a Dios, y sé un ejemplo en un mundo oscuro".

C.L./ReL


jueves, 6 de septiembre de 2018

La televisión y la religiosidad, su influencia es decisiva a la hora de tener hijos en la actualidad



Los cambiantes valores culturales, con un declive de la religiosidad y auge del individualismo, conllevan una caída de la nupcialidad y la fecundidad. La televisión abandera la actual influencia antinatalista de la mayoría de medios de comunicación, explica Ferran Esteve en Forum Libertas.
Es un hecho constatado por diferentes estudios que el matrimonio y la fecundidad son un factor clave para una economía próspera. Sin embargo, en la mayoría de países avanzados, la caída de las tasas de nupcialidad y natalidad son una realidad irrefutable.
En ese contexto, los cambios culturales juegan un rol determinante y, desde hace ya algún tiempo, están afectando negativamente al matrimonio tradicional y las tasas de fecundidad.
Un ejemplo de esos cambios se puede observar en las conclusiones del estudio internacional en 19 países ‘¿Qué tienen que ver el matrimonio y la fecundidad con la economía’, elaborado por el Social Trends Institute (STI), que, entre otras cuestiones, constata que las familias coherentes con su religiosidad tienen más hijos que las no practicantes.
Así, el declive de las prácticas religiosas y el auge del individualismo conllevan un retraso a la hora de construir una familia y una clara reducción del número de hijos. Además, el estudio hace mención de un factor amplificador de esta tendencia: la televisión abandera la actual influencia antinatalista de la mayoría de medios de comunicación.
Con valores religiosos, familias más numerosas
El estudio recuerda que el descenso de la fecundidad que se inició hace tiempo en Escandinavia, propagándose posteriormente al resto de Europa, “está fuertemente asociado a la difusión de valores seculares, el declive de la autoridad religiosa y el auge del individualismo”.
Esa revolución de los valores culturales tradicionales que se popularizó en la década de los sesenta llevó a un “cambio de actitud hacia el divorcio, la anticoncepción, el sexo, el tener hijos siendo solteros y la religión”.
Esas actitudes se difundieron rápidamente hacia el sur, “a través de España, Portugal, Italia y Grecia en los últimos años de la década de los setenta y a lo largo de los ochenta”, mientras las tasas de nupcialidad y de fecundidad iban cayendo, añade el estudio.
Como contraste, actualmente sigue dándose una “fuerte y creciente correlación entre los valores religiosos y las familias más numerosas que la media”, destaca el informe.
El número de hijos influye según las costumbres religiosas
De hecho, “nuestros análisis de 53 países de todas las regiones del mundo, desde África a Oceanía, pasando por las Américas y desde la Europa central a la oriental, indican que “los hombres y las mujeres que asisten a los oficios religiosos al menos una vez al mes o más tienen 0,5 más hijos de media que los que asisten con menos frecuencia o no lo hacen nunca”, como se puede observar en este gráfico, reproducido a partir del estudio.
“En Francia, por ejemplo, las mujeres blancas practicantes aventajan en fecundidad media a las mujeres blancas no religiosas y, como el científico político Eric Kaufman señala, esta disparidad ha crecido a lo largo de los años”, indica el estudio.
Por su parte, “en España, las mujeres católicas practicantes tienen un número significativamente mayor de hijos que las católicas no practicantes, teniendo en cuenta los ingresos, el estado civil, la educación y otras constantes”, agrega.
Este contraste se puede observar en el resto del mundo: “las personas religiosas suelen tener un número de hijos considerablemente mayor que el resto de la población”, concluyen los responsables del informe en este apartado.
El altavoz antinatalista de la televisión
Otra cuestión que resalta el estudio acerca de la tendencia a reducir el número de hijos es “la creciente influencia de la televisión y otros medios de comunicación”, y recuerda que “incluso en los lugares más remotos del mundo, cuando se introdujo la televisión, la natalidad descendió”.
En ese sentido, hace mención del éxito de las telenovelas en países como Brasil, donde “tras la llegada de la ‘caja tonta’ a los hogares, la natalidad cayó en picado”.
“Las telenovelas, en otras palabras, refuerzan el mensaje cultural que se transmite también en muchas películas de Hollywood y en otras exportaciones culturales de Norteamérica y Europa: que la gente rica, sofisticada, libre y autosuficiente es la que tiene, como mucho, uno o dos hijos”.
Sin embargo, el informe también señala que “aunque la modernidad fomenta la no fecundidad, actualmente se observa una contratendencia, todavía pequeña, pero potencialmente importante”.
“En los últimos años, las tasas de natalidad han comenzado a elevarse discretamente en lugares que tienen un fuerte compromiso con la igualdad de género y en los que hay muchas mujeres trabajando fuera de casa, como Suecia o Francia”, dice.
“En contraste, la fecundidad hoy en día está en sus mínimos en países en los que la familia tradicional y los valores religiosos son relativamente fuertes, pero se encuentran en decadencia, como Corea del Sur, Japón, Italia y Grecia”, advierte.
A mayor consumo de la televisión, menor natalidad
La idea de formar una familia, menos atractiva
En cualquier caso, todas estas tendencias “afectan al comportamiento reproductivo humano” y, al mismo tiempo, “afrontar la paternidad resulta difícil desde el punto de vista económico”, advierte el informe.
La caída de los salarios y la actual inseguridad en cuanto a la estabilidad en los puestos de trabajo juegan un papel importante para “muchas parejas jóvenes, llevándolas a la conclusión de que deberían permanecer sin hijos o retrasar el casarse y construir una familia”, advierte el estudio.
De hecho, “en tales condiciones, la idea de formar una familia y, en consecuencia, la idea de no dedicar todo el tiempo y las energías disponibles al desarrollo de una carrera profesional se vuelve menos atractiva”, subraya el informe, que añade que, “en el caso de las parejas con dos fuentes de ingresos, la llegada de un niño puede significar la pérdida de la mitad de los ingresos del hogar”.
ReL
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