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domingo, 3 de octubre de 2021

Santa Teresa de Ávila y el niño Jesús


«Se cuenta que Santa Teresa de Jesús, subiendo un día por estas escaleras del Convento de la Encarnación, se tropezó con un Niño. Sorprendida por ver un niño dentro de la clausura del convento, se dirigió a él preguntándole:

- ¿Y tú quién eres?

El niño le replicó a su vez con otra pregunta:

-¿Y quién eres tú?

La madre respondió:

-Yo, Teresa de Jesús.

Y el niño sonriente le repuso:

-Pués yo soy, Jesús de Teresa.


Oh Señor, te pido que jamas te niegue y que nunca me avergüence de decir que soy de Jesús y que a ejemplo de Santa Teresa, te encuentre presente en las escaleras de mi vida. Amén

Convento de la Encarnación (Ávila)



















domingo, 16 de agosto de 2020

Teresa de Jesús: Un paseo por el Castillo Interior


SAINT THERESA OF AVILA

Acércate a una de las obras cumbres de la literatura española, y un sublime tratado sobre la oración

Teresa de Jesús vivió en el siglo XVI, un siglo importante en la historia de la espiritualidad. Fue el siglo que comienza con la Reconquista española de las tierras del islam por los Reyes Católicos y también cuando tuvo lugar la Contrarreforma del Concilio de Trento.
Hablamos de una era de grandes personalidades espirituales, como san Juan de la Cruz, y de grandes fundadores, como san Ignacio de Loyola y santa Teresa.
Teresa escribió El castillo interior específicamente para las monjas de su reforma carmelita, unas monjas contemplativas que vivían una vida de estricta clausura.
En el prólogo, Teresa fija el propósito de su escrito. Para ella, el objetivo del libro es ofrecer a las monjas del Carmelo soluciones a las dificultades que puedan encontrar en relación a la oración.

La entrada

Teresa dedica dos capítulos a las moradas primeras. Considera el alma como si fuera un castillo hecho a partir de un único diamante o de un cristal muy claro en el que hay muchas moradas, igual que en el Paraíso hay muchas moradas, como se expresa en el Evangelio de San Juan (Jn 14,2).


KieferPix | Shutterstock

Como en el texto del Evangelio, hay múltiples moradas en el castillo propuesto por Teresa. La oración es la forma de purificación del alma, por lo que la puerta de entrada a este castillo es la oración y la meditación.
A través de estas actividades da comienzo el itinerario espiritual de purificación. Teresa sostiene que el autoconocimiento y la humildad son las primeras moradas –las exteriores–, además de la clave para progresar en este castillo.

Perseverar para amar

Se dedica un capítulo al tratamiento de las moradas segundas. Quienes entran en ellas deben perseverar en la oración, que es la clave para el conocimiento de uno mismo en Dios.
Para subrayar la importancia de esta práctica en esta fase, Teresa recuerda a los lectores que es absurdo pensar que podremos entrar en el Paraíso sin primero entrar en nuestras almas.
A continuación, dos capítulos tratan sobre las moradas terceras. En ellos, Teresa explica que quienes residen en estas moradas deberían vivir con temor de Dios.
Sin embargo, más importante aún son la unión de nuestra voluntad con el amor de Dios y permitir que Dios se encargue absolutamente de nuestra vida.
A medida que reflexiona sobre los consuelos de la oración, Teresa afirma que la perfección no consiste en consuelos, sino en el incremento del amor.
Teresa dedica tres capítulos a hablar sobre las cuartas moradas. En el primero de estos capítulos, establece una distinción. Explica la diferencia entre ternura en la oración y los consuelos espirituales.
En este punto, Teresa recuerda a los lectores que, si progresan en este camino, lo importante no es pensar mucho, sino amar mucho.

Tipos de oración

Además, Teresa describe dos tipos de oración mística que uno podría experimentar en estas moradas: la oración de quietud y oración de recogimiento.
Por un lado, la oración de quietud es una oración mística que llega directamente de Dios y viene acompañada de una profunda sensación de paz, calma y contento interior.
Por otro lado, la oración de recogimiento es una especie de oración en la que los sentidos externos se recogen o retiran hacia sí como un erizo o una tortuga cuando los tocan; la luz divina absorbe el entendimiento de la persona y le concede un profundo conocimiento de la cercanía de Dios a ella.
Teresa dedica cuatro capítulos a abordar las moradas quintas. Llegar a ellas depende de que el alma se vuelva completamente hacia Dios.
En el momento de entrar en estas moradas, la persona recibe la certeza de la presencia de Dios en su interior.
Para hablar de la oración de unión, un tipo de oración mística que la persona encuentra en estas moradas, Teresa presenta el símil del gusano de seda. El alma, como el gusano, tiene que morir en Cristo para transformarse en un nuevo ser. 
Se consagran once capítulos a las sextas moradas. En ellos, Teresa desarrolla la oración de desposorio espiritual. Es un estado místico que deriva de la oración de unión.
En él, el Espíritu Santo toma posesión de los sentidos exteriores y da a la persona un estado de éxtasis como si estuviera fuera de sí.


Wikipedia|CC BY-SA 4.0

Teresa dedica cuatro capítulos a las séptimas moradas. En ellos, establece la diferencia entre “desposorio espiritual” y “matrimonio espiritual”.
Al entrar en estas moradas, el alma encuentra a la Santa Trinidad que mora en esta parte interna del castillo. Ve a Dios cara a cara.
Esta experiencia realza su capacidad para amar y le hace amar más que antes. En este estado, acción y contemplación se unen: Marta y María trabajan juntas al unísono.
El alma asume la forma Christi y vive en la vida cotidiana el amor al prójimo con más intensidad.
Teresa concluye con un breve epílogo. Aquí, explica que este viaje al interior del castillo es un don de Dios. Lo que el alma encuentra en el interior del castillo es tan maravilloso que hará que el alma alabe a Dios. Por último, somete lo que ha expresado en el libro a la opinión superior de la jerarquía católica.
Ignacio Pérez Tormo, Aleteia

Vea también  El Camino de la Perfección

jueves, 15 de octubre de 2015

Hoy celebramos la fiesta de santa Teresa de Jesús: una anécdota teresiana


Santa Teresa de Jesús virgen y doctora de la Iglesia, que nacida en Ávila, ciudad de España, y agregada a la Orden de los Carmelitas, llegó a ser madre y maestra de una observancia más estrecha, y en su corazón concibió un plan de crecimiento espiritual bajo la forma de una ascensión por grados del alma hacia Dios, pero a causa de la reforma de su Orden hubo de sufrir dificultades, que superó con ánimo esforzado, y compuso libros en los que muestra una sólida doctrina y el fruto de su experiencia (1582).
Este jueves, festividad de la santa, concluyen el Año Santo y los actos del quinto centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús. El sacerdote salvadoreño Edwin Baños, en El Minuto de María, nos recuerda algo que quizá ha podido pasar desapercibido al evocar la magnitud inagotable de las obras de la santa y las profundidades inconcebibles de su unión mística con Dios: su nombre. Santa Teresa de Ávila es doctora de la Iglesia. ¿Porque no deja que ella le enseñe de cómo orar? Escribe en un lenguaje pintoresco de hace 500 años.