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miércoles, 16 de agosto de 2023

Guía definitiva para tu examen de conciencia


Es importante revisar bien nuestra conciencia para confesarnos correctamente, de otro modo, el sacramento puede perder su eficacia; para evitarlo, te dejamos una útil guía

Examinar la conciencia para pedirle perdón a Dios por los pecados cometidos es, en primer lugar, ponerse delante de Él para que su misericordia nos alcance y, tocados por el amor de Dios que perdona, abrirse al arrepentimiento y al perdón. 

Mucha gente se acerca a la confesión sin antes haber examinado a fondo su conciencia, y así se pierde parte del perdón y de la gracia que renueva hasta las raíces de la existencia.

El primer paso que debemos dar es ponernos en presencia de Dios para rezar al Señor con confianza, pidiéndole que nos ilumine para reconocer que es misericordioso y que nos ha librado de la esclavitud del pecado por su muerte en Cruz; así reconoceremos nuestros pecados. Luego de esto, nos interrogamos acerca de nuestra vida y nuestros actos concretos de cada día:


1“AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN, CON TODA TU ALMA Y CON TODAS TUS FUERZAS”

Este mandamiento nos pide que, ante todo y en todas las cosas, elevemos nuestra mirada a Dios, al Padre que nos conduce con amor providente, al Hijo que ha dado su vida por nosotros para que nosotros adquiramos vida en Él, y al Espíritu Santo, que nos conduce en la vida cristiana.

¿He pecado contra la fe poniendo en duda algunas de sus verdades?

¿He negado a Dios, a la Iglesia, a los santos o alguna otra verdad de nuestro Credo?

¿Rechacé a Dios o a la Iglesia delante de los demás?

¿Desesperé de mi salvación, o abusé de la confianza en Dios, pensando que no me abandonará o que me salvaré aun cuando lleve una vida de pecado o no me esfuerce en convertirme para alcanzar la santidad?

¿Murmuré interiormente o manifesté mi rebeldía contra Dios cuando me sucedió algo malo o no recibí lo que esperaba?

¿Descuido la oración o rezo con descuido y pereza, olvidándome fácilmente de las cosas de Dios?

¿Trato de formarme cristianamente para conocerlo y amarlo más a Dios?

¿Practico la superstición a través de los horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a “mediums”, el espiritismo, lectura de cartas, limpias, objetos mágicos, hechicerías y magias o distintos gestos que no son de la Iglesia?

¿Guardo el debido respeto, y uso con devoción y fe, de los objetos que manifiestan a Dios y a los santos como las estampitas, el santo rosario, los crucifijos y el agua bendita?

¿Participo de las reuniones que hacen las sectas?

2“NO JURAR EN VANO EN EL SANTO NOMBRE DEL SEÑOR”

Este mandamiento pide sumo respeto por el nombre de Dios y todo aquello que es de Dios.

¿He blasfemado? ¿Lo hice delante de otros?

¿Hice algún voto, juramento o promesa a Dios que después no cumplí?

¿He jurado sin que fuese verdad el contenido del juramento? ¿Juré sin necesidad, sin prudencia o por cosas sin importancia?

¿Tomé a broma o utilicé para hacer chistes objetos sagrados o lo que se refiere a la religión?

3“SANTIFICAR LAS FIESTAS”

¿Asisto a la santa Misa los días domingos y las fiestas de precepto? ¿Llegué tarde o participé distraídamente?

¿Impedí a los que dependen de mí, como por ejemplo a mis hijos, asistir a Misa porque no los acompañé o no los ayudé a poner los medios para que acudan a la celebración?

¿Trabajé sin necesidad o hice trabajar a otros un día domingo, impidiéndoles la concurrencia a la santa Misa o descansar, estar en familia y poder dedicarse a la oración?

¿Dedico el día domingo a mi familia, a Dios y al crecimiento espiritual por la oración y la lectura?

¿Guardo abstinencia o realizo alguna penitencia los días viernes? ¿Sé mortificarme o hacer penitencia por el bien de los demás y para el propio crecimiento espiritual de acuerdo a las indicaciones del confesor o del padre espiritual?

¿Me confieso con la frecuencia debida? ¿Participo en la Semana Santa de las celebraciones de la muerte y Resurrección de Jesucristo?

4“HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE”

Este mandamiento reclama de nosotros la obediencia debida a la autoridad, expresando en ella respeto y gratitud hacia mis padres, docentes y gobernantes en general

¿He desobedecido a mis padres?

¿Tengo un criterio desordenado de independencia personal que me lleva a rechazar las indicaciones de mis padres solo porque ellos me lo dicen?

¿Los entristezco con mis rebeldías y caprichos? ¿Los he insultado o les he deseado el mal?

¿He sido responsable ante mis padres o quienes me ayudan por el esfuerzo que hacen por mi educación o he perdido el tiempo y malgastado los recursos económicos que ponen a mi disposición?

¿He dejado de ayudar a mis padres, abuelos o familiares en sus situaciones de necesidad o ancianidad?

¿Soy egoísta en mi familia, peleándome con mis hermanos y familiares?

¿Estoy atento a los demás para ayudarlos?

¿Colaboro para que mi familia sea una buena familia, donde todos crecemos en la ayuda mutua y corrección fraterna? ¿He dado mal ejemplo?

¿Exasperé a mis hijos con mis palabras, ejemplos o reclamos arbitrarios e infundados?

¿Golpeé o amenacé a mis hijos de alguna manera?

¿Me ocupo de la educación de mis hijos? ¿Los educo en la fe con mi palabra y mi ejemplo?

¿Estoy atento a las necesidades de mis hijos, sé donde están y cuido de sus compañías, salidas y diversiones?

5“NO MATARÁS”

¿Procuro evitar la enemistad, el odio o el rencor hacia los demás?

¿Dejé de hablar o saludar a alguien y me niego a la reconciliación o no hago nada para lograrla?

¿Me alegro del mal del otro o me entristezco de su bien? ¿Me dejo llevar por la ira, el fastidio o la rabia hacia los demás?

¿Me burlé, critiqué, murmuré de los otros?

¿Soy imprudente cuando conduzco, o no respeto las normas de tránsito?

¿He maltratado de palabra o de obra a los demás? ¿Soy maleducado o grosero para tratar a ciertas personas?

¿He llegado a herir o a quitar la vida del prójimo?

¿He practicado o colaborado en un acto de aborto? ¿Recomendé abortar sabiendo que es un pecado muy grave y que lleva consigo la pena de excomunión?

¿Cuido de mi salud y la de aquellos que están a mi cargo? ¿Cómo o bebo de modo excesivo poniendo en peligro cierto a mi salud? ¿He consumido drogas?

¿Escandalicé a otras personas con mis actitudes, con mis palabras o bromas, o por falta de pudor o invitándolos a espectáculos o lecturas que hacen daño?

¿He sido negligente al hacer mi trabajo o dejé de hacer aquello que debía y que, de alguna manera, puede ocasionar un daño a la persona o a su misma muerte?

6“NO REALIZARÁS ACTOS IMPUROS”

¿Utilicé la sexualidad (don de Dios para comunicar el amor) en una búsqueda egoísta de mi propio placer?

¿Me entretuve en pensamientos impuros, los deseé o entretuve la imaginación o mirada en ellos?

¿Es mi noviazgo serio y responsable como búsqueda de la maduración en el amor para formar una familia, o hay en ello una búsqueda egoísta de placer?

¿Soy fiel? ¿He tenido relaciones prematrimoniales o extramatrimoniales?

¿Busco conocer y crecer en las virtudes que me ayudan a vivir la castidad, la fidelidad y a respetar a las personas en su dimensión sexual?

¿He utilizado anticonceptivos para evitar el embarazo? ¿He permitido una esterilización para no tener más hijos?

7“NO ROBARÁS”

¿Robé dinero o algún objeto?¿Ayudé a que otros robaran? ¿Han sido objetos de valor o una suma importante de dinero?

¿Me han prestado algo que no he devuelto?

¿Perjudiqué a otros con engaños o trampas en los contratos? ¿He cobrado más de lo debido?

¿Gasté más de lo que me es posible hacer?

¿He cumplido responsablemente con mi trabajo, ganando con justicia lo que se me pagó?

¿Retengo o retraso indebidamente el pago de jornales o sueldo? ¿Retribuyo con justicia el trabajo de los demás?

¿Cumplo con las leyes sociales? ¿Pago mis impuestos?

Teniendo a cargo tareas de gestión y servicios públicos, ¿acepté dinero para favorecer un trámite? ¿Hice favoritismos en la elección de personas?

¿He prestado mi apoyo o guardé silencio frente a delitos, inmoralidades, sobornos y otros abusos en la función pública o en la acción política?

¿Gasté el dinero en cosas superfluas, como el juego, la bebida, o gustos personales, desatendiendo a mi familia y mis otras responsabilidades?

¿Dejo una limosna para sostener las necesidades de la Iglesia en la medida de mis posibilidades?

8“NO LEVANTARÁS FALSO TESTIMONIO NI MENTIRÁS”

Este mandamiento exige ser sinceros con los demás, conmigo mismo y que mi palabra siempre exprese la verdad.

¿Mentí? ¿Miento habitualmente en cosas sin importancia, para quedar bien o para solucionar situaciones?

¿Descubrí indebidamente defectos de otras personas? ¿Mentí acerca de defectos o presuntas acciones malas de otro para desacreditarlo? ¿He dejado de defender al prójimo cuando correspondía?

¿Hice juicios temerarios, murmuré o hablé mal de los demás? ¿He revelado secretos? ¿Dije aquello que me fue confiado en el ejercicio de mi profesión o trabajo?

¿Desvirtué la información para provecho personal o por otros intereses? ¿Reparé el daño que se siguió a mis revelaciones?

¿Escuché conversaciones ajenas?

¿Puse en práctica la corrección fraterna aún cuando me era difícil?

9“NO DESEARÁS LA MUJER DE TU PRÓJIMO”

¿Puse mi mirada o deseo en otra persona?

¿No fui fiel aun interiormente a la alianza celebrada con mi mujer o mi esposo?

¿Tengo amistades que son ocasión habitual de pecado? ¿No pongo remedio a situaciones o compañías que son causa de pecado?

¿Busco provocar a otras personas con falta de pudor? ¿Tengo actitudes de seducción?

10“NO CODICIARÁS LOS BIENES AJENOS”

¿Busco enriquecerme indebidamente?

¿Me da envidia lo que otros poseen? ¿Trato de perjudicar a los demás en sus cosas? ¿Quisiera tener lo que el otro tiene, sin aceptar lo que poseo para mi bien y el de mi familia?

¿Tengo un espíritu de lucro desordenado?

¿Pretendo adquirir bienes o dinero inmediatamente, aún recurriendo a medios ilícitos o inmorales?

Padre Fabián, Aleteia 

Vea también     La Confesión - Adrienne von Speyr (pdf)





























miércoles, 5 de julio de 2023

¿Cuál es la diferencia entre un pecado mortal y uno venial?

Padre no confessionário

Los pecados mortales y veniales son formas diferentes de categorizar nuestras ofensas a Dios y a los demás

Los pecados no son algo en lo que normalmente nos gusta detenernos, ya que nos recuerdan nuestras faltas y fallas.

Sin embargo, la Iglesia nos insta a reconocer la gravedad de nuestros pecados y a volver al Padre, confesándolos en el sacramento de la confesión. Al hacerlo, nos reunimos con Dios, y nuestra relación se restaura.

Al hablar de pecado, la Iglesia católica nota una diferencia entre pecados mortales y veniales.

Pecados mortales

El Catecismo de la Iglesia Católica define el pecado mortal como «una infracción grave de la ley de Dios».

Y añade que tal pecado «aparta al hombre de Dios, que es su fin último y su bienaventuranza, prefiriendo un bien inferior» (CCC 1855).

Para que un pecado sea mortal, para romper nuestra relación con Dios, debe cumplir con tres requisitos específicos establecidos por el  Catecismo.

El pecado mortal requiere plena conciencia y entero consentimiento. Presupone el conocimiento del carácter pecaminoso del acto, de su oposición a la Ley de Dios. Implica también un consentimiento suficientemente deliberado para ser una elección personal. La ignorancia afectada y el endurecimiento del corazón no disminuyen, sino aumentan, el carácter voluntario del pecado.

CCC 1859

Para resumir las tres calificaciones, un  pecado mortal  debe ser materia grave, cometido con  pleno conocimiento  y la persona debe tener pleno consentimiento.

Pecados veniales

Los pecados veniales son ofensas contra la caridad, el amor de Dios por nosotros y nuestro amor a los demás. 

Aunque no cortan nuestra relación con Dios o con la vida de gracia, los pecados veniales pueden tener consecuencias de largo alcance. 

A menudo, cuando cometemos pecados veniales repetidamente, nuestra determinación se debilita y es más probable que cometamos un pecado mortal.

La Iglesia nos invita a confesar estos pecados «veniales», porque dañan nuestra relación con Dios y con los demás. 

Además, «la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu» (CIC, 1458 ) .

La diferencia básica entre los pecados mortales y veniales es que estamos obligados a confesar todos los pecados mortales en confesión, y se nos anima, pero no se nos exige, a confesar todos los pecados veniales.

Los pecados veniales son típicamente nuestras debilidades cotidianas, mientras que nuestros pecados mortales son aquellas cosas que nos separan de Dios y de la Iglesia.


Philip Kosloski,Aleteia

Vea también    El Pecado: El Deseo y la Concupiscencia -
San Juan Pablo II












martes, 23 de mayo de 2023

¿Bajó un santo a escuchar la confesión de mi abuelo?

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El autor con una imagen del santo

San José Isabel Flores es uno de los 25 mártires mexicanos de la Guerra Cristera canonizados el 21 de mayo del año 2000 por el papa san Juan Pablo II. La siguiente historia familiar tiene que ver con él

Quiero compartir una historia sobre uno de los mártires de la guerra cristera y sobre algunos miembros de mi familia.

El 23 de enero del 2003, en el Hospital Civil de Guadalajara, Manuel Orozco, mi abuelo, necesitaba una cirugía a corazón abierto y quería recibir el sacramento de la reconciliación antes de tener la cirugía.

Algunos familiares que estaban con él trataban de contactar a su párroco pero no podían.

De pronto, un hombre joven vestido con bata blanca y mascarilla entró a la sala de espera.

Mi abuela, Amparo, lo saludó diciéndole: «Cómo está, doctor?». El hombre le respondió: «No soy médico, soy sacerdote». Luego se quitó la mascarilla y le dijo: «Vine a confesar a Manuel».

Emoción, paz, libertad

Amparo se puso muy feliz y le besó la mano. Ella sintió una gran emoción inexplicable. Ella lo llevó a la habitación donde estaba Manuel y regresó a la sala de espera, donde se encontraban los otros familiares.

Cada persona que entraba o salía de la habitación de Manuel tenía que pasar por la sala de espera pero nunca vieron salir a nadie.

Mientras el sacerdote estaba confesando a Manuel, uno de los familiares que sí pudo contactar al párroco llamó por teléfono a mi tío Julián Orozco, hijo de Manuel y Amparo, y le dijo que el párroco no podía ir.

Julián no había estado en la sala de espera, por lo que él no sabía que de hecho si había llegado un sacerdote.

Cuando Amparo entró a visitar a Manuel unas horas después, ella le preguntó: «¿Cómo te fue con el sacerdote?».

Él le dijo, «¿Cuál sacerdote me mandaron? Me ha dejado con una inmensa paz. Me siento libre«.

¿Quién era ese sacerdote?

Más tarde esa noche, Manuel entró al quirófano para la cirugía de corazón. Mientras tanto, Julián platicaba con su mamá Amparo sobre el párroco que no pudo ir.

Todo ese tiempo, ella pensaba que el padre que había confesado a su esposo había sido ese párroco.

Ahora había cierta confusión sobre quién era el sacerdote con quien se había confesado Manuel.

Ellos preguntaron a los enfermeros para saber si había sido el capellán del hospital pero les dijeron que no había sido él. La cuestión se volvió más urgente.

Ellos realmente pensaron en el Padre José Isabel Flores como una posibilidad porque le tenían una gran devoción.

Y al darse cuenta de que este podría haber sido el caso, quedaron profundamente emocionados al punto de darse un abrazo.

Los milagros existen

Temprano a la mañana siguiente, después de una cirugía exitosa, Julián fue a la habitación de Manuel para averiguar quién había sido el sacerdote.

Le preguntó a su padre: «¿Te acuerdas del sacerdote que vino ayer?». Manuel le respondió: «Sí, ¿cómo no me voy a acordar? Ah que padre!».

Julián entonces le explicó la confusión que había respeto a la identidad del sacerdote. Julián le preguntó a su papá: «¿Piensas que fue el Padre José…?».

Manuel solamente cerró sus ojos y, relajándose, suspiró profundamente. Manuel entonces se volteó a la enfermera y le preguntó: «¿Usted cree en los milagros?«. Ella le respondió, «Claro que sí». Manuel siguió respirando profundamente…

Era san José Isabel Flores

Con el paso de los días, Manuel empezó a tener complicaciones. Sufrió una neumonía y falleció el 9 de febrero del 2003.

El funeral fue dos días después y, una vez sepultado Manuel, Amparo regresó a su casa para buscar una foto del Padre José Isabel Flores cuando era joven.

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El autor con una imagen del santo

Cuando la encontró, ella supo que estaba viendo la misma cara que había visto dos semanas y media antes en el hospital. El sacerdote que había visitado a su esposo era verdaderamente san José Isabel Flores…

Este evento milagroso no es algo sorprendente porque se sabía que, durante su ministerio terrenal, san José Isabel Flores «se mortificaba y sacrificaba por sus fieles y no quería que alguien fuera a morir sin confesión…«[1]

También él fue quien bautizó a Manuel, entonces era oportuno que fuera él quien le diera su último sacramento. ¡Este santo sacerdote verdaderamente ha tomado en serio su sacerdocio eterno!


[1]Congregatio Pro Causis Sanctorum, Sobre el S. De D. José Isabel Flores, Op. Cit., p. 311.


Mauricio Romero, Aleteia 

Vea también       Para confesarse bien -
San Alfonso María de Ligorio




















miércoles, 5 de abril de 2023

9 consejos para confesarse de san Francisco de Sales

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Antes de ir al sacramento de la penitencia ten claro lo que vas a decir y "no te dejes perturbar por ninguna presión"

En su libro La Filotea, que significa «Alma que ama a Dios», san Francisco de Sales propone unos sabios consejos para ir al sacramento de la confesión muy bien preparados pudiendo así acercarnos un poquito más a la santidad:
  1. Cuando te dirijas a confesarte ve, con espíritu de humildad, a hacer tu confesión; y no te dejes perturbar por ninguna aprensión.
  2. Sólo cuando lo cometemos es vergonzoso el pecado, pero al convertirse en confesión y en penitencia, es honroso y saludable.
  3. La confesión y la contrición son tan bellas y de tan buen olor, que borran la fealdad y disipan el hedor del pecado.
  4. Si somos humildes, nuestro pecado nos desagradará infinitamente, porque es ofensa a Dios; pero la revelación de nuestro pecado nos será dulce y amable, porque Dios es honrado en ella: decir al médico lo que nos molesta es, en cierta manera, un alivio.
  5. Cuando llegues a la presencia de tu padre confesor, imagínate que te encuentras en la montaña del Calvario, a los pies de Jesucristo crucificado, destilando por todas partes su preciosísima sangre, para lavar tus ignominias; porque, aunque no sea la propia sangre del Salvador, es, empero, el mérito de su sangre derramada el que rocía abundantemente a los penitentes, alrededor de los confesionarios.
  6. Abre bien tu corazón, para que salgan de él los pecados por la confesión, porque, conforme vayan saliendo, entrarán en él los méritos de la pasión divina para llenarlo de bendiciones.
  7. Pero dilo todo sencilla e ingenuamente, tranquilizando de una vez tu conciencia.
  8. Luego de haberte confesado escucha los avisos y lo que ordene el siervo de Dios, y di de todo corazón: «Habla, Señor, que tu siervo escucha». Porque es Dios a quien escuchas, pues Él ha dicho a sus representantes: «El que a vosotros oye, a Mí me oye».
  9. Toma después, en tu mano, la siguiente promesa, que es el remate de toda tu contrición y que has de haber meditado y considerado antes; léela atentamente y con todo el sentimiento que te sea posible.

Maria Paola Daud, Aleteia

Vea también      Partes de la Confesión


















jueves, 27 de octubre de 2022

3 pequeños trucos para crear el hábito de confesarse regularmente

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El sacramento de la Penitencia puede intimidarte, especialmente si hace mucho tiempo que no lo recibes, pero te deja con la mejor sensación


Sabemos que ir a confesarse regularmente es lo correcto, pero puede ser difícil encontrar tiempo en nuestras apretadas agendas.

Ayuda crear un hábito regular de ir a la confesión. Así no tienes que tomar una gran decisión sobre ir cada vez; en cambio, puede ser una parte predecible y esperada de tu rutina.

Hay algunas cosas que puedes hacer para que el proceso sea un poco más fácil, por ser algo integrado automáticamente en tu vida.

¡Aquí hay algunos recursos útiles para desarrollar el hábito de celebrar regularmente el sacramento de la Penitencia!

1ELEGIR EL MOMENTO ADECUADO PARA LA CONFESIÓN

Busca los horarios de confesión en las iglesias cercanas y elige uno que sepas que generalmente encajará con tu horario.

Para mí, es el viernes de 6 a 8 de la tarde en una parroquia local: casi siempre estoy libre los viernes por la noche. Sé que no soy la única porque siempre hay una fila de personas allí.

A una de mis amigas le gusta ir a confesarse las mañanas de lunes a viernes cuando sus hijos están en la escuela.

Otra cuenta con el horario del almuerzo en la concurrida iglesia urbana cerca de su oficina. Y otro asiste a una iglesia que ofrece Reconciliación durante la misa dominical.

Sea cual sea el mejor momento para ti, busca un horario que sepas que normalmente podrás alcanzar.

2ESTABLECER UN RECORDATORIO

Encuentro que realmente ayuda programar la confesión en mi calendario e incluso configurar una alarma si es necesario.

Todos los viernes por la noche, mi teléfono me recuerda que puedo ir corriendo a confesarme en la parroquia local una vez que mi esposo llegue a casa y mis hijos estén en la cama.

No voy todas las semanas, pero el pequeño recordatorio me ayuda a convertirlo en una parte habitual de mi vida.

3TENER A MANO UN EXAMEN DE CONCIENCIA

Así que tienes un tiempo de confesión que se ajusta a tu horario y un recordatorio para ir allí. ¡Pero ahora estás en la iglesia y tienes que prepararte para la confesión!

A veces me quedo helada y de repente no puedo recordar lo que tengo que confesar, así que he descubierto que es realmente útil tener un examen de conciencia a la mano.

Cuando era adolescente, en mi escuela católica me enseñaron a memorizar los Diez Mandamientos y los Siete Pecados Capitales, y revisar esas dos listas para un rápido examen de conciencia.

Pero eso fue antes de los teléfonos inteligentes: ¡Ahora puedes elegir entre una serie de aplicaciones católicas que ofrecen un examen de conciencia directamente en tu teléfono!

Un recurso en inglés son las Tarjetas de confesión de ReCatholic. Están inspiradas en luchas particulares que alguien podría librar y presentan diferentes santos patronos, con un código QR conveniente que se vincula a un examen de conciencia.

Independientemente de cómo lo hagas, ¡espero que estos consejos te ayuden a desarrollar este hábito!

Sé que puede resultar realmente intimidante, especialmente si no te has confesado por un tiempo. Pero no puedo describir lo increíble que se siente hacer las paces con Dios de esta manera.

Mi papá lo llama «tomar una ducha para tu alma«, y realmente te deja con esa sensación fresca y limpia.

¡Trabajemos juntos para incorporar este pequeño hábito en nuestras rutinas y tal vez invitemos a un amigo a unirse también!

Theresa Civantos Barber, ReL

Vea también       Partes de la Confesión


















lunes, 31 de enero de 2022

María Todolí: «Del mal del COVID, Dios ha sacado un bien: nuestra conversión»

FAMILY


Cuando María estaba al borde de la muerte, él comenzó a enviar audios por Whatsapp pidiendo oración. Lo que sucedió en sus vidas y en su matrimonio no solo fue una sanación física

La noche del 24 de diciembre de 2021, nada hacía presagiar lo que sucedería en casa del matrimonio de María Todolí y Josep Ardit. El canal de la televisión pública valenciana À Punt hablaba de ellos en horario de primetime. «Conectamos en directo con una familia para conocer cómo están viviendo la Nochebuena», exclamaba entusiasta el presentador Màxim Huerta. Y una periodista in situ fue presentando a Josep, María y a sus nueve hijos -la mayor, de 13 años.

La cámara paseaba por la cocina, el comedor, se fijaba en la mesa puesta y las luces por toda la casa, en los platos recién cocinados, una de las niñas aderezaba las naranjas del postre con canela… Josep, pianista, había compuesto una canción para la ocasión, así que las pequeñas acabaron cantando a coro en torno a sus padres y al piano. Todo era ideal.

FAMILY
Josep Ardit, Marí­a y sus nueve hijos.

“Nosotros queríamos mostrar la belleza del Amor de Dios de esa forma, dando a conocer lo que Dios había hecho en nuestras vidas. La felicidad del matrimonio y todos los hijos que Dios nos ha dado. Hemos tenido trece. Nueve nacidos y Caterina que está  en camino, y tres que no llegaron a nacer pero tuvieron y tienen una gran misión: Abiel, Esperanza y Jesús. Cada hijo es una palabra de Dios bellísima. Le decía yo a la presentadora que después de cenar iríamos corriendo a la misa del gallo», recuerda Josep.

María comienza a sentirse mal

Pero al día siguiente sucedió lo imprevisto: María, embarazada, comenzó a encontrarse mal. Muy mal. «Pienso -sigue Josep- que Dios quiso mostrar entonces la belleza del Amor de Jesucristo a toda persona a través del sufrimiento que tantas veces nos hace dudar de Él.”

Todo fue muy rápido e inquietante. El día de Navidad por la noche, María empezó a encontrarse mal y a tener dificultad para respirar. El día 2 de enero ingresó con COVID-19 en el hospital de Alzira (Valencia). En casa quedaron Betlem, Maria, Immaculada, Mercè, Maria Magdalena, Teresa, Manuela, Candela y Josep, el hijo pequeño. Josep recuerda perfectamente la terrible noche del 2 de enero.

En la galería de imágenes pueden verse algunos momentos de lo que ocurrió a continuación:

María Todolí y Josep Ardit: su curación

Una noche de niebla interior y exterior

«La dejé en el hospital porque con el COVID-19 no se me permitía entrar. La miraba  desde el exterior a través de una ventana que daba a la sala donde se encontraba. Yo creía que no la iba a volver a ver más. La grabé en vídeo con el móvil para que  dijera algo a las niñas desde esa ventana semiabierta. Al regresar a casa, aquella noche había mucha niebla y casi no se veía nada. Me venía a la cabeza el salmo 97: “Tiniebla y nube lo rodean…”. Intuí que iba a vivir algo muy serio”.

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Josep grabó un vídeo a María con un mensaje para sus hijos.

Traslado a Cuidados Intensivos

La salud de María -embarazada de 5 meses de una bebé para la que habían decidido el nombre de Caterina- empeoraba por momentos. Peligraban las dos vidas. María se ahogaba. Los médicos decidieron entonces trasladarla al Hospital de la Fe de Valencia, donde pasó inmediatamente a la UCI.

Él pensaba que María se moriría y que todo lo que él era, moriría también con ella. Tenía miedo. ¿Qué iba a ser de sus hijas?

De la noche a la mañana, a Josep se le derrumbó el mundo. Él pensaba que María se moriría y que todo lo que él era, moriría también con ella. Tenía miedo. ¿Qué iba a ser de sus hijas? Entonces sintió en su corazón la certeza de que Dios es su Padre y Padre también de sus 8 hijas y el pequeño Josepet y si María y Caterina se morían “ya las veríamos otra vez en el cielo”.

«¿Está Dios o no?»

Pero el combate de cada día para Josep era vivir la realidad concreta que Dios permitía, que era que María y Caterina estaban enfermas en el hospital, pero no estaban muertas. Dios estaba en esa realidad concreta y no en las fantasías que Josep vivía como reales, las cuales eran insoportables porque en ellas no estaba Dios. “La tentación constante era: ¿Está Dios o no está Dios en esta situación?, ¿es el Señor un esposo bueno o viene a destruirme?”, recuerda.

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Esta foto fue tomada pocos dí­as antes de que María cayera enferma de COVID-19.

Pero esa situación provocó en él algo que nunca imaginó: una verdadera conversión, un giro, pasar de vivir para uno mismo a vivir para Jesucristo por agradecimiento. Dice Josep que su tristeza le venía porque es un egoísta, le espanta sufrir, tantos pecados…dice él, “yo no quería pecar, quería amar a Jesucristo y a los demás porque sé que eso es la verdad pero no podía quitarme la amargura.»

Entonces ocurrió algo.

Josep mandó audios por Whastapp para pedir oración

«Me llamó una tarde una persona desde Londres, a quien no conocía de nada y se había enterado de la situación por los audios que había mandado. Eran Carismáticos Católicos que vivían en una comunidad contemplativa allí. Fue como un ángel que me anunció que Dios había curado a María y que tenía que empezar a dar gracias por ello. Rezamos por teléfono y me dio el evangelio de San Marcos 11, 20-26 (el de la higuera seca). También mi padre me lo había dicho aquella mañana mientras lavaba unos platos y yo les creí a los dos, pero al ver que la situación de María no mejoraba, me era imposible dar gracias.”

“Aquel hombre desde Londres me continuó diciendo que mirara con los ojos de la fe, que María estaba curada aunque los datos médicos no lo confirmasen todavía. Aquella tarde me fui a misa con las tres mayores lleno de amargura y tristeza y después me confesé llorando. Cuando llegué a casa empecé a dar gracias por cada hija, por Josepet, por mi mujer y Caterina, por tanto recibido. Pusimos vídeos de Maria y la familia, que días antes me era imposible ver por el dolor que me provocaban. Y si mi hijo Josep preguntaba por su madre, le mostraba a la Virgen y les decía ‘mamá no está aquí ahora pero la Virgen sí y os va a abrazar’.

«Entró la alegría aunque mi mujer seguía intubada»

“Era un milagro, Jesucristo -prosigue- verdaderamente había quitado mis pecados en aquella confesión y empecé a rezar desde un rincón en el suelo al lado de mi cama, no solo por María y Caterina sino por todo el mundo, por todos los que estaban sufriendo pero no conocían el consuelo del amor de Dios. Yo era otro, y me enamoré de Jesucristo y la alegría de la Virgen entró en casa aunque mi mujer seguía intubada…”.

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María con Josep y Cristina, médica del hospital, ya superado lo peor.

Me entrevisto con María Todolí cuando ya lo peor ha pasado, aunque sigue en el hospital. Es el 22 de enero y María ha estado durante muchos días a punto de morir. Ha sido intubada dos veces. Ahora ha salido de la UCI y está en una planta del hospital de la Fe, aunque le queda un poco de camino porque está bajo tratamiento de una bacteria, la Costridium difficile, que se coló en el cuerpo de María aprovechando la debilidad de su sistema inmunológico. La conversación será por teléfono, María y Josep con el altavoz de su móvil. No quieren esperar más para contar lo que les ha sucedido. Porque no estamos hablando de una curación física únicamente. Ellos quieren contar su conversión, la de los dos.

Miles de personas rezando por María y Caterina en todo el mundo

Josep ha podido explicar a su mujer lo que ha ocurrido en estos 20 días: miles de personas por todo el mundo rezando por ellas. Recibiendo noticias por los mensajes de audio que grababa su marido. “Nunca pensé que estos audios los escucharía tanta gente, ni que les pudieran ayudar, todo nos ha sorprendido”. Los audios fueron reenviándose y llegaron a muchos países. Había gente que mandaba entonces mensajes de vuelta con ánimo de que alguien los hiciera llegar a Josep, para que supiera que en todo el mundo se rezaba por María y Caterina. Así, se transmitió un primer audio de Josep, y un segundo, y un tercero… Él iba explicando cómo estaba María y qué decían los médicos. Pero muy pronto también abrió su corazón para dar a conocer que Dios le había tocado en lo más hondo.

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Alguien creó un mensaje de Whatsapp para pedir oraciones por Marí­a.

«Nos hemos sentido muy queridos», dice María, «tanto por personas de oración como por los que no rezaban nunca y estaban sufriendo por nosotros”.

A Josep le emociona recordar la fe que tiene el pueblo donde viven. Me decían por la calle ‘¡Josep, María se va a curar, ya verás!’. En la clase de nuestra hija, una niña le decía “en casa hemos rezado y no lo había hecho nunca”. Un matrimonio me explicó: ‘Nunca habíamos rezado y estamos descubriendo lo fantástico que es rezar’. Mucha gente ha rezado y eso ha sido un tesoro, tanto para nosotros como para ellos.»

«Nos han traído a casa la comida cada día»

María y Josep viven la Fe en Gandia en la parroquia San Francisco de Borja, en una pequeña comunidad neocatecumenal. “Esto ha sido fundamental -dicen- ya que la fe recibida por el bautismo ha crecido allí por los sacramentos, la escucha de la Palabra y la vida en comunidad hasta el punto de sostenernos en estos días de enfermedad”. Dice Josep: ”Los hermanos de nuestra comunidad y nuestros padres, no sólo han rezado y sufrido sino que nos han cuidado mucho. Nos han traído a casa la comida cada día y se pusieron a nuestro servicio. ¡Qué maravilla tener una comunidad!. Estamos muy agradecidos y los queremos mucho”.

Calaveras… ¿Sueño o realidad?

Le pido a María que me aclare lo que le he oído en un audio de agradecimiento que envió días después de dejar la UCI.

«Estaba en un caballo a toda velocidad rodeada de calaveras cabalgando a mi alrededor, que me conducían a la muerte. Que me querían llevar a la desesperación y murmuración.»

¿Es verdad que soñaste con unos jinetes que eran calaveras que te llevaban a la muerte y que unos ángeles te salvaban o es un modo metafórico de expresar lo que te ha ocurrido?

María me lo confirma: «Es verdad pero no lo soñé. Lo vivía en mi carne, tal como lo cuento. Ya en el hospital, antes de estar en la UCI, sentía que todo iba muy aprisa, estaba en un caballo a toda velocidad rodeada de calaveras cabalgando a mi alrededor, que me conducían a la muerte. Que me querían llevar a la desesperación y murmuración. Vinieron entonces otros jinetes que eran ángeles y me rescataban, me salvaban de la muerte. Al contarme Josep lo sucedido, entendí que estos ángeles eran todos los que estaban rezando. Sé que suena a película del Oeste, pero es que lo viví con los ojos abiertos.»

Entonces, María sigue con el relato: “Estaba todavía consciente y sin intubar, cuando sentí una alegría inmensa. Era un amor tan grande que era insoportable. Jesucristo me amaba y llenaba de amor mi corazón. Solo quería echarme a los pies de todo el mundo, conocidos o no, y besarlos porque Jesucristo les amaba. Nunca me han caído bien los curas pero en aquel momento tenía un gran amor a todos ellos especialmente a nuestro párroco Don Jesús. Este amor venía de Dios porque se quién soy y de mí no sale nada de esto. Si no, pregunta a los que me conocen”.

Para ella, todo ocurrió de forma muy rápida. «Me dijeron eres positiva y tienes una pulmonía de caballo. Ingreso, me buscan una mascarilla, hay problemas». Ella recuerda perfectamente que «en ningún momento se me ha pasado por la cabeza quejarme a Dios».

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Las ocho hijas del matrimonio jugando en el larguero de una porterí­a de fútbol, junto con el pequeño Josep.

Conducen a María al Hospital de la Fe, en Valencia, para que ingrese en cuidados intensivos «y en la UCI no me iban bien las mascarillas. Requerí dos intubaciones.»

«Yo estaba hecha un trapo, pero en ese momento un celador comienza a ducharme, y cuando peor estaba, llena de pipí y caca, oigo que me dice ‘¡guapa!’ y que me cuida, que no le importa limpiarme y que incluso me hace un masaje en los pies. Eso, que puede parecer una tontería, no se me olvidará en la vida porque me sentí cuidada y querida  por alguien que no me conocía”.

Los audios de whatsapp se extienden, la oración «trabaja»

María pudo hablar con Josep antes de ser intubada. Le transmitió el amor de Dios que estaba sintiendo y que la sostenía. Su vida pendía de un hilo. Josep aquel día reflejó este sentimiento en el audio que mandó. Ya no lo estaban recibiendo sus amigos del pueblo sino una multitud de personas que rezaban para que María y la bebé Caterina sobrevivieran.

“Creí que María había muerto”

Josep explica: «Hay un detalle de esos días que ahora me viene a la cabeza. Hasta la intubación, me comunicaba con ella con mensajes a cuentagotas. Miraba el móvil como el que mira a su amada. No dormía, siempre pendiente de un hilo, unos mensajes donde cada vez percibía más debilidad de María.»

«Una noche -continúa- me despertó uno de ellos. Decía: ‘Tengo frío, me tiembla el cuerpo’, y ya no dijo nada más en varias horas. Creí que ya había muerto y recé por ella y Caterina unas 4 horas. Lo viví en paz, miraba la estampa de Santa Teresita y le decía que le diera besitos, que se estaba muriendo mi mujer y mi hija, pero en sus ojos me daba la sensación de que Santa Teresita estaba sonriendo.»

«Al final -dice- llamé a mis padres para darles la noticia y mi madre me dice: “Llama al hospital”. Llamo y se enfadan porque eran las 5 de la madrugada y me dicen que no se había muerto nadie, que María estaba durmiendo…Ahora entiendo la cara de Santa Teresita sonriendo porque sus besitos a María la habían dormido.”

«En nuestra casa no nos entendíamos»

A partir de ahí Josep toca fondo. “Yo había hecho como una Torre de Babel, amando el dinero, el éxito, el bienestar, etc. y en nuestra casa no nos entendíamos, como dice la escritura. Toda aquella torre se derrumbó con la enfermedad de María dejando solo la fe, la fe en Jesucristo cambió nuestra vida y también curó a María y Caterina sirviéndose de las manos de unos médicos fantásticos.”

El día 4 de enero María recibió la unción de enfermos y la comunión. Se la administró un capellán del Hospital de la Fe llamado Santos. «‘Qué maravilla’, me dijo María en un mensaje, ‘ha venido el capellán!’. Yo pensaba que se iba a morir por las cosas tan sobrenaturales que me decía en aquellos mensajes.»

La estampa de santa Teresita

«En casa, esa tarde habíamos escrito la carta a los Reyes Magos. Yo coloqué un icono de la Virgen en la mesa con la “risueña cara” de la estampa de Santa Teresita pegada con plastilina y pedí a los Reyes Magos que nos trajeran un pétalo de esperanza de esta Santa».

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La estampa de santa Teresita de Lisieux pegada con plastilina al icono de la Virgen.

«Santa Teresita nos había unido de novios a María y a mí (…) Yo sabía que nos volvería a unir en el cielo para siempre pero le pedí con fe que nos uniera antes de llegar allí, una segunda vez.»

Santa Teresita nos había unido de novios a María y a mí cuando vinieron sus reliquias a Valencia hacía años. Yo sabía que nos volvería a unir en el cielo para siempre pero le pedí con fe que nos uniera antes de llegar allí, una segunda vez. Y así fue: el día 5 por la mañana, la analítica marca que los leucocitos comienzan a subir y, por tanto, la enfermedad remite y mi madre en su casa abre la Biblia al azar y le sale el Evangelio de la hija de Jairo donde Jesucristo dice “no está muerta, está dormida». ¡Los sacramentos son efectivos!», dice con énfasis Josep.

Una señal: pétalos de rosas rojas

Josep explica que pasó un momento de tentación ese mismo día antes de saber los resultados de los análisis la mañana del día 6. «Nos fuimos a ver a los Reyes Magos aquella tarde en la cabalgata. Yo iba con todas, llevaba a dos en mis brazos, corriendo por la calle porque no llegábamos a verlos, yo lloraba y mis hijas mayores también porque no estaba su madre. Aquello no tenía sentido. Fue entonces cuando me agarré a la Virgen. Volvimos a casa y allí dentro encontramos un ramo de rosas y una carta escrita para nosotros que habían dejado los “pajes del Rey”. Ese ramo de rosas rojas, esos pétalos, fueron una señal que me recordaba lo que yo había pedido el día anterior a Santa Teresita del Niño Jesús».

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Para Josep, esas rosas rojas tenían un significado muy especial. Era una señal del cuidado amoroso de la Providencia.
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Una foto del verano pasado.

Aquella Noche de Reyes, Josep quiso grabar un vídeo con la entrada de las niñas y Josepet en casa para que María viera algún día, tal vez, cómo abrían los regalos que habían dejado los reyes. Se ve a Josep tratando de sobreponerse. Quiere que sus hijos disfruten del momento y sean felices, pero no puede parar de pensar en María, que está en la UCI intubada. Una de las hijas está grabando. Él se dirige a la cámara y le dice a su esposa algo que están oyendo los niños pero que solo él sabe qué significa: «Bueno, mamá, estamos grabando aquí para que así cuando vuelvas puedas ver el día que entramos en casa a ver si estaban los regalos de reyes y tú seguías dormidita con Caterina en los brazos de la Virgen María”.

Josep descubre sobre la mesa un ramo de rosas, llama a los niños y dice:

«Estas rosas vamos a guardarlas recordando este día».

Y se dirige a la cámara: «Esta vida es nueva, María. Estamos viviendo una vida nueva, María, de verdad. Es algo… El amor que tengo por estas niñas y por Josepet es nuevo. Es diferente la forma en que estamos juntos. Así que todo está bien. Entonces nos faltas tú. Si quieres venir, estupendo. Y si no puedes, vamos a quererte igual. Pero ¡vas a venir!».

El grito de Josepet que llama a «¡papá!» hace que Josep vuelva a la realidad que le rodea. Y acaba el vídeo.

«Todos los días la amaré así»

«Yo soy un egoísta», explica ahora Josep. «Quería a mi mujer porque amarla me producía un placer. Llegó el sufrimiento de la enfermedad, y solo pensar en ella era  desgarrador, pero me di cuenta de que la estaba amando de una forma diferente, una forma nueva. He comprendido qué significa amar sufriendo. He ofrecido el sufrimiento por ella y por amor a Cristo.»

Pensó entonces: «Todos los días la amaré así aunque se muera. La puedo amar en esta nueva dimensión, sufriendo por ella, aceptando los acontecimientos que Dios permite en mi vida”. Ahora María está a su lado, escuchando lo que Josep va diciendo.

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«Ei, Floreta» comienza el mensaje que Josep puso a los pies de la cama de María. Le decía: «Yo ahora sé que mi amor es tan fuerte como la muerte».

«En el hospital me han tratado con mucho cariño»

María no querría que en esta conversación se dejara de hablar de las personas que la han cuidado. “Como soy desconfiada pensaba que en el hospital me sentiría muy sola pero no fue así. Todos los médicos, enfermeros, hasta la señora de la limpieza… Todos han sido ángeles. Me han tratado con mucho cariño, atentos y llenos de detalles de amor verdaderos.

Aún a costa de olvidarse de nombres, recuerda a los doctores Álvarez y Torres, a Marian -que la intubó-, al enfermero Carles, al celador Iván [el que le dijo aquel sonoro «¡guapa!»], las visitas de Cristina, Ramon y Pilar, todos los capellanes que cada día le traían la comunión y, cómo no, a sus primos médicos Pedro y Juan [aparece en la foto inicial de esta entrevista], tan atentos en todo momento. “Los quiero mucho”, repite.

Lo que hacía sufrir mucho a María

Ahora es ella quien explica que también su enfermedad ha sido un tiempo de purificación. María tiene 40 años. «Yo soy muy soberbia y tengo mucho en cuenta mis pensamientos, demasiado, le doy vueltas a las cosas, juzgándolo todo y poniendo pegas y esto me hacía sufrir mucho. Pero el Señor, con este acontecimiento y su gracia, me ha revestido de algo nuevo: vivir sencillamente.»

“Recuerdo -dice- el día que me quitaron el tubo. Los médicos, viéndome triste y que lo estaba pasando muy mal, llamaron a mi marido para que viniese a verme. Él entró como un ángel en la UCI dando saltos y gritándome: “Alégrate, María, que el Señor está contigo y empieza ya a dar gracias porque te ha curado! Yo le hice caso y a los tres días estaba en planta.”

Días después, María se enteró por Josep de que su suegro Paco había estado durmiendo cada noche en el suelo del comedor de ellos con tres cojines para acompañar a su hijo.

A María le conmueven detalles como saber que un niño se quedaba dormido con la Biblia bajo el brazo rezando por ella cada noche, tantos monasterios de clausura orando, haber tenido a Santa Teresita y Santa Catalina de Siena a ambos lados de la cama de la UCI junto con su suegro Paco sentado a los pies. «¿Pero qué hace Paco aquí?”, se preguntaba María extrañada, y días después María se enteró por Josep de que Paco había estado durmiendo cada noche en el suelo del comedor de ellos con tres cojines para acompañar a su hijo.

Josep: se acabó controlarlo todo

No se lo pregunto, pero Josep dice: «¿Con qué me quedo de estos días? Te lo digo. Mi tendencia es a asegurarlo todo. Todo en mi vida. Tengo 43 años. Tengo una plaza de funcionario. Soy profesor de piano. Me desvivo por asegurar. Para que te hagas una idea, ni siquiera me gusta volar porque no tengo el control de lo que le puede pasar a un avión, quiero controlar que mis hijas no sufran, que no les falte nada… Era una esclavitud y hacia sufrir al otro.”

«He experimentado la precariedad de no saber si mi mujer y mi hija vivirían»

Sigue contando Josep: «Estos días he experimentado la precariedad de la vida, que para mí es un infierno. Y en esa precariedad de no saber si mi mujer y mi hija vivirían, he estado con Jesucristo que me decía: “¿Tú quieres vivir aquí conmigo?, ¿caminar por donde no conoces, vivir en las manos de Dios y no en las tuyas?, y aquello que para mí era un infierno se convertía en un lecho de amor con el Señor. “Me enamore de Aquel que quita el pecado del mundo y el Señor se alegró conmigo igual que yo me alegré al ver de nuevo a mi mujer María curada de su enfermedad.”

«María sí tiene fe: tenía la muerte delante y bendecía al Señor»

Josep insiste: “Todos ahora me dicen que qué fe tengo, por los audios que escuchaban, pero yo les digo que quien tiene fe es mi mujer María. Ella tenía la muerte delante y bendecía al Señor”.

Conforme se ha ido recuperando, María ha podido hablar ya con algunas personas. Algunas le dicen para su bien: “Bueno, ahora a olvidarlo todo”. María, en cambio, piensa: “¿A olvidarlo todo?, ¡No quiero!. Quiero guardar esta palabra del Señor para siempre como un sello en mi corazón”.

¡Ya en casa!

Hoy, 28 de enero de 2022, María Todolí ha recibido el alta médica. Al llegar a su casa, ella y Josep han tenido la amabilidad de enviar esta fotografía donde aparece toda la familia. De nuevo juntos y dando gracias:

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María con Josep y sus hijos en la puerta de su casa.

Dolors Massot, Aleteia 

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