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lunes, 23 de febrero de 2026

Evangelio del día - Lunes de Cuaresma semana 1


 

Libro del Levítico 19,1-2.11-18.

El Señor dijo a Moisés:
Habla en estos términos a toda la comunidad de Israel: Ustedes serán santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo.
Ustedes no robarán, no mentirán ni se engañarán unos a otros.
No jurarán en falso por mi Nombre, porque profanarían el nombre de su Dios. Yo soy el Señor.
No oprimirás a tu prójimo ni lo despojarás; y no retendrás hasta la mañana siguiente el salario del jornalero.
No insultarás a un ciego, sino que temerás a tu Dios. Yo soy el Señor.
No cometerás ninguna injusticia en los juicios. No favorecerás arbitrariamente al pobre ni te mostrarás complaciente con el rico: juzgarás a tu prójimo con justicia.
No difamarás a tus compatriotas, ni pondrás en peligro la vida de tu prójimo. Yo soy el señor.
No odiarás a tu hermano en tu corazón: deberás reprenderlo convenientemente, para no cargar con un pecado a causa de él.
No serás vengativo con tus compatriotas ni les guardarás rencor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.


Salmo 19(18),8.9.10.15.

Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida.

La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple.

Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos.

La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos.

¡Ojalá sean de tu agrado
las palabras de mi boca,
y lleguen hasta ti mis pensamientos,
Señor, mi Roca y mi redentor!


Evangelio según San Mateo 25,31-46.

Jesús dijo a sus discípulos:
"Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso.
Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos,
y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.
Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo,
porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron;
desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver'.

Los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber?
¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos?
¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?'.
Y el Rey les responderá: 'Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo'.
Luego dirá a los de su izquierda: 'Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles,
porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;
estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron'.
Estos, a su vez, le preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?'.
Y él les responderá: 'Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo'.
Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismal 15 (Les catéchèses, coll. Les Pères dans la foi 53-54, Migne 1993), trad. sc©evangelizo.org


¿Cómo los separará el pastor?

“Porque el Padre no juzga a nadie: él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo” (Jn 5,22). No es que el Padre se despoja de su poder, sino que juzga por el Hijo. El Hijo juzga bajo la indicación del Padre. Porque las indicaciones del Padre no son de una forma y las indicaciones del Hijo de otra forma, sino que es una única y misma indicación. ¿Qué dice el juez acerca de tu responsabilidad o irresponsabilidad en cuanto a las obras?
“Ellos reunieron ante él a todos los pueblos”, porque “es necesario que todos doblen las rodillas ante Cristo, habitantes de los cielos, de la tierra y de los infiernos” y “él los separará los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los carneros” (cf. Mt 25,32; Rom 14,10; Flp 2,10). ¿Cómo los separa el pastor? ¿Buscando en un libro para saber qué bestia es oveja y qué bestia es carnero? ¿O juzga según lo que ve? ¿La lana no señala a la oveja y su pelaje seco al carnero? Así, si fuiste antes purificado de tus faltas, tus obras aparecen exteriormente como lana pura y la vestimenta de inocencia te espera y dirás siempre “Ya me quité la túnica ¿cómo voy a ponérmela de nuevo?” (Ct5,3). Tu pelaje te distingue como oveja. (…)
Quiera Dios que ninguno de los que están aquí falle a la gracia otorgada y que, a causa de sus malas acciones, sea encontrado en los rangos de los pecadores.
(EDD)

Reflexión sobre los primeros mosaicos

Hoy celebramos a San Policarpo. En nuestro radiante mosaico paleocristiano de la basílica de Sant'Apollinare Nuovo, Rávena, una solemne procesión de mártires (de izquierda a derecha: San Demetrio de Tesalónica, San Policarpo, San Vicente de Zaragoza, San Pancracio de Roma y San Crisógono) se desplaza rítmicamente sobre un reluciente fondo dorado. Cada santo lleva una corona, símbolo del martirio entendido no como derrota, sino como victoria. Sus vestiduras blancas sobre el fondo dorado crean una atmósfera casi fuera del tiempo: no son retratos de individuos terrenales, sino imágenes de la Iglesia celestial. Las palmeras colocadas entre ellos evocan el Paraíso, mientras que la repetición de las figuras expresa la unidad: un recordatorio de que la santidad nunca es solitaria, sino siempre comunitaria.

Rávena es crucial para la historia del cristianismo porque se situó en la encrucijada entre Oriente y Occidente durante el colapso del Imperio Romano de Occidente. En los siglos V y VI se convirtió en capital política y espiritual, primero bajo los reyes ostrogodos y después bajo el dominio bizantino. Esta posición única permitió al arte cristiano primitivo fusionar el naturalismo romano con el simbolismo bizantino, dando lugar a mosaicos llenos de significado teológico. Los fondos dorados no son meramente decorativos; significan la luz divina, la eternidad que irrumpe en la historia. Estos mosaicos se cuentan entre los primeros catecismos visuales a gran escala de la Iglesia. Las iglesias de Rávena y sus magníficos mosaicos marcan, por tanto, un punto de inflexión en el arte cristiano: de la narración enraizada en el espacio terrenal a la imaginería que eleva la mirada de los fieles hacia el reino eterno.

San Policarpo, obispo de Esmirna en el siglo II, es uno de los puentes más importantes entre los Apóstoles y la Iglesia posterior. Según la tradición primitiva, fue discípulo del Apóstol Juan, lo que significa que en Policarpo casi tocamos a la generación que conoció personalmente a Cristo. En una época en la que la enseñanza cristiana aún se estaba formando y defendiendo, se convirtió en un guardián de la fe apostólica, ayudando a la Iglesia a mantenerse firme en lo que había sido transmitido en lugar de derivar hacia nuevas interpretaciones.

Una bonita anécdota de su martirio muestra por qué se convirtió en un testigo tan querido. Cuando fue arrestado y llevado ante las autoridades romanas, se le instó simplemente a maldecir y negar a Cristo para salvar su vida. Policarpo respondió con serena valentía “Ochenta y seis años le he servido, y no me ha hecho ningún mal. ¿Cómo puedo blasfemar del Rey que me ha salvado?” Más que un desafío dramático, lo que le marcó fue la tranquila lealtad de toda una vida. Su muerte, hacia el año 155 d.C., se convirtió en uno de los primeros martirios de los que se tiene constancia, fortaleciendo a los cristianos de todo el mundo romano. En Policarpo vemos no sólo un valor heroico al final, sino una fidelidad constante durante muchos años; un recordatorio de que la santidad se forja a menudo en la perseverancia diaria, mucho antes de revelarse en los momentos de prueba.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Abrirás mis ojos.
Veré, sin filtro,
infiernos
y cielos
en el mundo desigual.
Abrirás mis oídos,
y gritos ignorados
me alcanzarán
con su verdad desnuda.
Me abrirás la boca
y no valdrán
excusas ni gimoteos.
Juicio será descubrir
que fue el amor mi vecino
cada día, y lo ignoré.
Que eras tú quien anhelaba
el gesto que yo negaba
atrincherado en mi jaula
de indiferencia distante.
Juicio será comprender
que hubo lágrimas vertidas
por negarme yo a secarlas,
ver la muerte cotidiana,
el dolor, las decepciones
de quien no te halló al buscarme.
Y juicio será también
la sorpresa de encontrarte
en cada instante entregado
cada abrazo sin cadenas,
cada historia compartida,
cada verso, cada canto,
cada paso franqueado.
La eternidad prometida,
anticipada en mil rostros.
No es todavía
la hora de la cosecha.
Aún estamos a tiempo
de acertar con la siembra.
(José María R. Olaizola, SJ)

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