
El sufrimiento puede ser una manera excelsa de amar, una vía de acceso a la vida eterna. Jesús lo hizo sagrado entregándose al Padre en la cruz. Y cualquier persona puede unirse a Él en su sacrificio redentor. Así lo vivió el Papa san Juan Pablo II, y lo expresó en esta oración. Rézala para entregar el sufrimiento -el tuyo y el de otras personas- y, uniéndolo al de Cristo, contribuir para que, lejos de carecer de sentido, se convierta en algo sagrado.
Oración
"Padre, acógenos a todos en la cruz de Cristo, acoge a la Iglesia y a la humanidad, a la Iglesia y al mundo.
Acoge a los que aceptan la cruz, a los que no la entienden y a los que la evitan; a los que la combaten con la pretensión de cancelar y eliminar este signo de la tierra de los vivos.
¡Padre, acógenos a todos en la cruz de Tu Hijo!
Acógenos a cada uno en la Cruz de Cristo, sin mirar todo lo que pasa en el corazón del hombre, sin mirar los frutos de sus obras y de los acontecimientos del mundo contemporáneo, ¡acepta al hombre!
La cruz de Tu Hijo permanezca como el signo de la acogida del hijo pródigo por parte del Padre, como el signo de la Alianza, de la Alianza nueva y eterna".
Dolor que salva
En su carta apostólica Salvifici Doloris, san Juan Pablo II explicó el sentido cristiano del sufrimiento que lleva a vivirlo con alegría.
El Papa polaco detalló cómo el dolor puede convertirse en medio de salvación cuando se une a la Pasión de Cristo.
“El sufrimiento debe servir para la conversión, es decir, para la reconstrucción del bien en el sujeto, que puede reconocer la misericordia divina en esta llamada a la penitencia”, explica.
Y completa: “El amor es también la fuente más rica sobre el sentido del sufrimiento, que es siempre un misterio”.
“Cristo nos hace entrar en el misterio y nos hace descubrir el “por qué” del sufrimiento, en cuanto somos capaces de comprender la sublimidad del amor divino”, añade.
Juan Pablo subraya que “el sufrimiento es padecer el mal, ante el que el hombre se estremece” y que “salvación significa liberación del mal”.

En Cristo
Y señala que “Cristo da la respuesta al interrogante sobre el sufrimiento y sobre el sentido del mismo, no solo con sus enseñanzas, es decir, con la Buena Nueva, sino ante todo con su propio sufrimiento”.
Cristo, el Hijo unido al Padre, percibe el sufrimiento de la ruptura con Dios, pero “precisamente mediante tal sufrimiento, Él realiza la Redención”, aclara Juan Pablo II.
Desde el punto de vista cristiano, “sufrir” significa una apertura particular a la acción salvadora de Dios, continúa.
Y añade que “la redención, obrada en virtud del amor satisfactorio, permanece constantemente abierta a todo amor que se expresa en el sufrimiento humano”.
Patricia Navas, Aleteia
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