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martes, 29 de septiembre de 2026

Evangelio del día Fiesta de los santos arcángeles


 

Lectura del Día

Lectura de la profecía de Daniel 

Daniel 7, 9-10. 13-14

Yo, Daniel, tuve una visión nocturna:
Vi que colocaban unos tronos
y un anciano se sentó.
Su vestido era blanco como la nieve,
y sus cabellos, blancos como lana.
Su trono, llamas de fuego,
con ruedas encendidas.
Un río de fuego brotaba delante de él.
Miles y miles lo servían,
millones y millones estaban a sus órdenes.
Comenzó el juicio y se abrieron los libros.

Yo seguí contemplando en mi visión nocturna
y vi a alguien semejante a un hijo de hombre,
que venía entre las nubes del cielo.
Avanzó hacia el anciano de muchos siglos
y fue introducido a su presencia.
Entonces recibió la soberanía, la gloria y el reino.
Y todos los pueblos y naciones
de todas las lenguas lo servían.
Su poder nunca se acabará, porque es un poder eterno,
y su reino jamás será destruido.

Evangelio del Día

Lectura del santo evangelio según san Juan 

Juan 1, 47-51

En aquel tiempo, cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: "Éste es un verdadero israelita en el que no hay doblez". Natanael le preguntó: "¿De dónde me conoces?" Jesús le respondió: "Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera". Respondió Natanael: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel". Jesús le contestó: "Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver". Después añadió: "Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".

Las palabras de los Papas

El evangelista nos refiere que, cuando Jesús ve a Natanael acercarse, exclama:  "Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño" (Jn 1, 47). Se trata de un elogio que recuerda el texto de un salmo:  "Dichoso el hombre... en cuyo espíritu no hay fraude" (Sal 32, 2), pero que suscita la curiosidad de Natanael, que replica asombrado:  "¿De qué me conoces?" (Jn 1, 48). La respuesta de Jesús no es inmediatamente comprensible. Le dice:  "Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi" (Jn 1, 48). No sabemos qué había sucedido bajo esa higuera. Es evidente que se trata de un momento decisivo en la vida de Natanael. Él se siente tocado en el corazón por estas palabras de Jesús, se siente comprendido y llega a la conclusión:  este hombre sabe todo sobre mí, sabe y conoce el camino de la vida, de este hombre puedo fiarme realmente. Y así responde con una confesión de fe límpida y hermosa, diciendo:  "Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel" (Jn 1, 49). En ella se da un primer e importante paso en el itinerario de adhesión a Jesús.  (Benedicto XVI, Catequesis del 4 de octubre de 2006)

(vatican.va)

Nota
Cada 29 de septiembre celebramos la fiesta de los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, mensajeros de Dios que aparecen en la Sagrada Escritura cumpliendo misiones decisivas. Ellos nos recuerdan que el Señor no abandona a su pueblo y nos llama a vivir bajo su amor, protección y guía.
Encomendemos a San Miguel nuestras luchas y la defensa ante el mal; a San Gabriel, nuestras familias y el deseo de escuchar la voluntad de Dios; y a San Rafael, la salud, los viajes y las necesidades que llevamos en el corazón. (ACI)

Reflexión sobre el cuadro

Hoy celebramos la fiesta de los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael. La palabra ‘arcángel’ proviene del griego 'arch'-angelos, que significa 'jefe' o ángel principal: algo parecido a cómo un 'ar'-obispo ocupa un lugar de especial responsabilidad entre los obispos. Estos tres ángeles son especialmente importantes porque las Escrituras les dan un nombre a cada uno de ellos, y cada nombre nos dice algo sobre Dios. Miguel significa ‘¿Quién es como Dios?’, Gabriel ‘Dios es mi fortaleza’ y Rafael ‘Dios sana’. Por lo tanto, su fiesta de hoy no celebra simplemente a tres seres celestiales, sino tres formas diferentes en las que Dios se acerca a su pueblo: protegiendo, hablando y sanando.

Francesco Botticini reúne a los tres en este magnífico cuadro florentino de alrededor de 1485. A la izquierda se encuentra Miguel, espléndidamente ataviado con su armadura, listo para luchar contra las fuerzas del mal. En el centro está Gabriel, con el lirio blanco que recuerda su aparición ante la Virgen María en la Anunciación. Y a la derecha camina Rafael, sujetando con delicadeza de la mano al joven Tobías. Sus enormes alas, de hermosos colores, confieren a la escena un aire casi sobrenatural, aunque sus pies están firmemente plantados en la tierra. El cielo camina aquí en la tierra.

Las dos figuras de la derecha  (Rafael y Tobías) proceden de la maravillosa historia narrada en el Libro de Tobías. Tobías es enviado por su padre a emprender un difícil viaje, y Rafael le acompaña, aunque al principio Tobías no se da cuenta de que su compañero de viaje es un ángel. Tobías lleva consigo el pescado que ha capturado por el camino. Su corazón y su hígado se utilizarán para ahuyentar al demonio Asmodeo de Sara, con quien Tobías se casará, mientras que su hiel acabará devolviendo la vista a su padre ciego, Tobit. Por lo tanto, Rafael no es simplemente un ángel de la curación. Es un ángel del camino: camina junto a Tobías, lo protege y lo guía en silencio hacia un futuro que él aún no puede ver.

Detrás del cuadro se esconde también un precioso detalle histórico. Botticini lo pintó para la capilla de la Cofradía del Arcángel Rafael en la iglesia de Santo Spirito de Florencia. La imagen de Tobías viajando bajo la protección de un ángel se había hecho especialmente popular entre las familias de comerciantes florentinos, cuyos hijos a menudo tenían que abandonar el hogar y recorrer distancias considerables para comprar tejidos, por ejemplo, en Brujas o incluso más lejos, en el Lejano Oriente. Los padres podían contemplar un cuadro como este y reconocer en él algo de sus propias esperanzas y preocupaciones: «Que un ángel acompañe a mi hijo cuando yo no pueda hacerlo».

Hay algo especialmente bello en el hecho de que los ángeles del cuadro de Botticini no estén flotando en algún lugar de los cielos. Están caminando. Me recuerda una cita de G. K. Chesterton, quien escribió que ‘el arte nace cuando lo temporal roza lo eterno’. Hay algo de esa idea en el cuadro de hoy. Miguel, Gabriel y Rafael son enviados por Dios a una situación humana muy concreta, a un camino terrenal. Lo eterno entra en lo temporal.

Quizás eso sea también algo por lo que podamos rezar hoy. Cada uno de nosotros tiene su propio camino que recorrer y su propia tarea que cumplir. Puede que no siempre veamos adónde nos lleva. Al igual que Tobías, puede que ni siquiera nos demos cuenta de toda la ayuda que Dios nos brinda a lo largo del camino. Hoy pedimos a los tres arcángeles que nos acompañen y les dirigimos nuestras oraciones.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

“San Miguel Arcángel, tú eres el Príncipe de las milicias celestiales, el vencedor del dragón infernal, has recibido de Dios la fuerza y el poder para aniquilar por medio de la humildad el orgullo de los poderes de las tinieblas. Te imploramos, suscita en nosotros la auténtica humildad del corazón, la fidelidad inquebrantable, para cumplir siempre la voluntad de Dios, la fortaleza en el sufrimiento y las necesidades, ayúdanos a subsistir delante del tribunal de Dios.

San Gabriel Arcángel, tú eres el ángel de la Encarnación, el mensajero fiel de Dios, abre nuestros oídos para captar los más pequeños signos y llamamientos del corazón amante de nuestro Señor; Permanece siempre delante de nuestros ojos, te imploramos, para que comprendamos correctamente la Palabra de Dios y la sigamos y obedezcamos y para cumplir aquello que Dios quiere de nosotros. Haznos vigilantes en la espera del Señor para que no nos encuentre dormidos cuando llegue.

San Rafael Arcángel, tú eres el mensajero del amor de Dios. Te imploramos, hiere nuestro corazón con un amor ardiente por Dios y no dejes que esta herida se cierre jamás para que permanezcamos sobre el camino del amor en la vida diaria y venzamos todos los obstáculos por la fuerza de este amor.

Ayudadnos hermanos grandes y santos, servidores como nosotros delante de Dios. Protegednos contra nosotros mismos, contra nuestra cobardía y tibieza, contra nuestro egoísmo y nuestra avaricia, contra nuestra envidia y desconfianza, contra nuestra suficiencia y comodidad, contra nuestro deseo de ser apreciados. Desligadnos de los lazos del pecado y de toda atadura al mundo.

Desatad la venda que nosotros mismos hemos anudado sobre nuestros ojos, para dispensarnos de ver la miseria que nos rodea, y poder mirar nuestro propio yo sin incomodarnos y con conmiseración.

Clavad en nuestro corazón el aguijón de la santa inquietud de Dios, para que no cesemos jamás de buscarlo con pasión, contrición y amor.

Buscad en nosotros la Sangre de Nuestro Señor que se derramó por nosotros. Buscad en nosotros las lágrimas de vuestra Reina vertidas por nuestra causa. Buscad en nosotros la imagen de Dios destrozada, desteñida, deteriorada, imagen a la cual Dios quiso crearnos por amor.

Ayudadnos a reconocer a Dios, a adorarlo, amarlo y servirlo. Ayudadnos en la lucha contra los poderes de las tinieblas que nos rodean y nos oprimen solapadamente.

Ayudadnos para que ninguno de nosotros se pierda, y para que un día, gozosos, podamos reunirnos en la felicidad eterna. Amén.”

(hozana.org)

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