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lunes, 13 de mayo de 2024

Psicóloga católica acosada por la mafia woke: en la New Age, volvió a la fe por «El código Da Vinci»

Consejos de la colombiana Alexandra Guzmán, «enamorada de Dios e integrar psicología y catolicismo»La psicóloga Alexandra Guzmán.

Alexandra Guzmán ejerce como psicóloga clínica en la ciudad de Bogotá, Colombiay se define como "una enamorada de Dios en la búsqueda de la integración entre la psicología y el catolicismo, entre la razón y la fe".


A sus 31 años, la colombiana Alexandra Guzmán puede definirse como una rara avis en su vida personal y profesional. Está casada, profesa la fe que recibió de sus padres desde la infancia y la aplica en su consulta psicológica con cientos de pacientes afectados por multitud de trastornos, muchos de ellos motivados por la nueva era y adicciones sexuales. Sus "colegas" no solo la consideran una marginada, sino que directamente aplican "tácticas woke" contra ella por el mero hecho de tratar a sus pacientes desde una óptica integral, que en sus propias palabras supone abordar también la dimensión espiritual de la persona. Y su consulta no para de crecer.

Pero no siempre fue así. Cuenta al canal El rosario de las 11 pm que, aunque la enseñaron los principios básicos de la fe, nunca hubo "una vivencia clara o una convicción profunda" de su Credo, ni en ella, ni en su familia. "No sabía lo que hacía, algunos domingos íbamos a la iglesia evangélica y otros a la católica", cuenta.  

Pronto comenzó a cuestionarse su fe y a dejar paso a multitud de mitos y leyendas negras de la Iglesia que escuchaba en su ambiente.

"Llegó un momento que me dije que no creía en Dios, solo en la Iglesia. Iba solo para acompañar a mis padres y en mi primera adolescencia ya me definía como creyente pero no fanática. Y a quienes vivían su fe con coherencia les tachaba de fanáticos", relata.  

El Código Da Vinci, "un gancho de Dios". 

En 2003 vio la luz el superventas de Dan Brown, El Código Da Vinci, obra que atrapó su curiosidad pero que, al mismo tiempo, sería "el gancho de Dios para acercarme de nuevo a la fe y cuestionarla".

Pasaron los años y la Nueva Era penetró con fuerza en su hogar. Primero con unas runas que su familia colocó en casa y más tarde con un extraño personaje que les encomendó rellenar los cimientos de su hogar con un aluminio relleno de arenas que supuestamente "bloqueaban energías". Un artículo que hasta le recomendaron llevar al cuello, pero que pronto abandonó tras sufrir continuos dolores en el pecho.

Aún no sabe por qué, pero en torno a los 16 años empezó a sentir "una necesidad inexplicable de rezar", algo que hasta entonces "solo hacía de vez en cuando, por el interés". Sin oponer resistencia a aquella luz, empezó a rezar un padrenuestro cada mañana y pronto conoció Lazos de Amor Mariano, atraída por la sencillez con la que explicaban la doctrina de la Iglesia.

"Así empecé a ver que la Nueva Era no estaba bien. También surgió la castidad, que hasta entonces no me había planteado vivirla y empecé a reconciliarme con la Iglesia y los sacramentos", cuenta.

Primeros ataques de la universidad woke

Y llegó la universidad. Estudió psicología, en la mejor universidad de Colombia, pública y todo un hervidero de "progresismo, adoctrinamiento, ideologías posmodernas y woke". Al principio se vinculó con aquellas corrientes sin ser consciente de que estaban "repletas de engaños e ideas falsas".

Aunque estuvo a punto de "caer en el engaño", no tardó en "recuperar la fe. Y con ello vino la soledad, el alejamiento de mis amigos y una exclusión muy fuerte. Fue una etapa dura, pero sobreviví y también tomé una dirección en las posturas provida".

Durante su carrera tampoco fue consciente de cómo la Nueva Era penetraba en el ámbito de la psicología, y solo al final empezó a escuchar sobre el mindfulness, lo que hoy contempla como "la práctica de la Nueva Era que parece más inocente".

Una mujer  haciendo mindfulness.

Según la experiencia de la psicóloga colombiana, el yoga y el mindfulness se encuentran en amplia expansión y se cobran cada vez más víctimas a las que debe ayudar a sanar. 

Enamorada de integrar psicología y fe

Al igual que aquella necesidad inexplicable de rezar, nada más acabar la carrera volvió a aparecer, pero esta vez para "integrar la psicología con la fe", convencida de que "a la psicología le faltaba algo, la dimensión espiritual del ser humano".

Decidida a profundizar, dedicó un año a estudiar "diplomados de psicología vinculados a la fe católica en sanación interior, integrando el trauma, las heridas emocionales y la salvación con medios católicos como la oración, ejercicios de perdón, gratitud o, en algunos casos, procesos de liberación". También se dedicó de lleno a la antropología católica, que le dio "el sentido de ver al ser humano en su integridad" y comenzó a aplicarlo a su trabajo.

Con la ayuda de uno de sus maestros en esta perspectiva, abrió su propia consulta en formato virtual junto con unas redes sociales que "crecían de una forma que no sabía explicar". Pronto fue consciente de que hay muchos católicos que necesitan ayuda porque desconfían de psicólogos que hacen recomendaciones ajenas a su fe, "les da tranquilidad encontrar un psicólogo católico".   

Amenazada por lo woke por su psicología católica

Aunque vive su profesión feliz y como una auténtica vocación, no es sencillo, pues sus colegas han llegado a amenazarla con poner una queja al colegio colombiano de psicólogos para que le retiren la licencia: "A los más progresistas les da rabia solo pensar en la religión, pero he salido fortalecida".

A día de hoy, graduada, con posgrados y tras años ejerciendo, admite por sus casos que la Nueva Era está "mucho más fuerte que nunca", recomendándose especialmente entre sus colegas el yoga y el mindfulness. Disciplinas que se ha propuesto refutar desde el plano científico-psicológico a través de incipientes estudios, que según ella ya muestran algunas consecuencias de la Nueva Era, como "ansiedad, depresión, estrés, confusión, desorientación, delirio, episodios psicóticos e incluso ataques epilépticos, entre otros".

Su misión es clara: no solo se esfuerza en abordar cada uno de sus casos desde una perspectiva integral -alma, cuerpo y mente-, sino también en explicar los daños que la Nueva Era "puede hacer al cuerpo, mente y alma y cómo esta nos engaña, mostrándose como una solución rápida y mágica a un problema, cuando realmente no existe un camino rápido en la sanación". Cuenta que, por la fe que profesa y su método, debe cuidar especialmente "no caer en intrusismo y no hacer el trabajo de un director espiritual".

Alexandra habla sin tapujos de su metodología, haciendo ver que los psicólogos católicos, aunque no abunden, tienen múltiples herramientas. En su caso, aplica técnicas de respiración diafragmática y ayuda a enfrentar los males y síntomas en lugar de evitarlos desde el plano psicológico. En lo espiritual propone formas de oración y meditación del Evangelio, que en ningún aspecto se acercan a la Nueva Era y siempre fuera de consulta. También ayuda a sus pacientes mediante ejercicios de fortalecimiento de la voluntad, especialmente si se han dado prácticas de Nueva Era u ocultistas.

Las redes sociales de Alexandra Guzmán son toda una muestra práctica de cómo pueden ser algunos de sus principios y consejos vinculados a la piscología y que beben de su fe. Extraemos algunos de ellos:

1º Ni psicologizar ni hiperespiritualizar todo

Es una de sus máximas. Admite que, aunque en muchos casos se dan faltas de fe, "no se puede reducir un trastorno a una falta de fe", pues "la tristeza o miedo son emociones que están ahí, que cumplen una función y que el mismo Jesús experimentó". Ahora bien, matiza, "cuando estas emociones se presentan en niveles patológicos, tenemos que ir a un nivel más profundo y analizar qué ha pasado. Evitemos reduccionismos".

2º La exigencia al buscar pareja: que sea por virtud

También aborda los clichés de ser más o menos exigentes a la hora de buscar pareja. Cuenta que hay dos tipos de exigencia y una de ellas "viene del miedo al fracaso y el perfeccionismo, son esas personas que a todo le encuentran un defecto y siempre tienen una razón para no comenzar una relación". Sin embargo, se da "otra exigencia que viene de la búsqueda de virtud, de tener claro cuál es nuestro proyecto de vida, nuestros no negociables y lo que buscamos en la otra persona. Exigir virtud se hace indispensable, pero busquemos ayuda si tenemos ese patrón de normas inalcanzables y exigencia excesiva que viene de la tendencia a la evitación".

3º Pensamientos maduros: lo prohibido no suele ser un bien

"Vivimos en una sociedad atascada en el pensamiento adolescente que cree que todo lo que se prohíbe es un bien y a más se prohíba, más atractivo es. Madurar como personas implica entender que lo que se prohíbe es un mal. El ser humano necesita límites para poder vivir en sociedad, no hacerse daño a sí mismo ni a los demás, por eso es importante que existan mandatos y prohibiciones y que dejemos atrás ese pensamiento infantil e inmaduro movido por solo por deseos e impulsos".

4º La ideología de género, "mentira y omisión"

La psicóloga se muestra coherente y sin miedo en sus afirmaciones, incluso en las más polémicas, como calificar de "falta ética" promover en niños "la idea de que han nacido en el cuerpo equivocado". Su propuesta es sencilla: "Terapia psicológica para las heridas emocionales, construcción de redes de apoyo y permitirles pasar por una pubertad normal". Tampoco duda en afirmar que los promotores de estas prácticas "mienten diciendo que la fase del bloqueo de la pubertad es reversible", y que también "omiten información porque en la mayoría de casos hay problemas psicológicos preexistentes, como trastornos del estado de ánimo, ansiedad, espectro autista, conducta alimentaria, personalidad psicótica, bullying, abusos físicos o sexuales, separación de los padres o psicopatologías en los padres", agrega.

5º Cómo enfrentar la hipersexualización de las pantallas 

También aborda la hipersexualización en las pantallas y series, frente a lo que propone "evitar los autoengaños, pensar que uno controla el consumo y que no le hace daño a nadie, evitar justificarse con excusas con el fin de realizar estas prácticas, evitar el exceso de dopamina, educarse en el sacrificio haciendo pequeños actos de mortificación o formarse en una sana sexualidad como la Teología del Cuerpo y en una moral sexual".

J.M.C., ReL

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sábado, 10 de septiembre de 2022

«Me encontré cara a cara con la propuesta de Satanás»: el «choque de titanes» que le llevó a la fe

Javier Melfi era un joven y prolífico maestro de yoga:
conocer su significado motivó su conversión


Tras una vida buscando desarrollarse como instructor de la espiritualidad oriental,
nunca imaginó que la mayoría de puntos que alababa de aquella cosmovisión
se encontraban presentes y en plenitud en la fe católica.

Desde su nacimiento, Javier Melfi recuerda que en su familia no se conocía a Dios y la práctica religiosa brillaba por su ausencia. En su lugar, sus padres le enseñaron desde joven el vasto mundo de la espiritualidad oriental y la Nueva Era. No tardó en creer que el yoga era su vocación: fue un gran aprendiz y un prolífico maestro de esta disciplina. Ha relatado cómo un día, justo antes de una clase, tuvo un encuentro "cara a cara" con la "propuesta de Satanás" que implicaba el yoga y que le llevaría a la espiritualidad que siempre había buscado.

Javier, residente en Chile desde hace tres años, ha relatado al canal de la diócesis de Villarica como desde niño las terapias alternativas fueron su "mundo".

"Mi madre hacía masajes, cosas con energías, llamaba a los ángeles, nos transmitíamos energía cuando mi padre tenía gripe… y así, finalmente, encontré mi vocación en el yoga y la meditación", explica. El único contacto que tuvo con la fe durante su infancia y juventud fue su bautismo. 

Desde niño ya había practicado la meditación oriental, conocía ese mundo a la perfección y no tardó en recibir formación especializada e impartir clases.

"Era un buen profesor, tenía muchos alumnos y me sentía realmente lleno", remarca. Tanto que en ocasiones creía que ya se había "realizado como persona" por completo.

La cosmovisión oriental, "como un agujero negro"

Entre los muchos tipos de yoga que conocía, el "kundalini yoga",-"el de la meditación", matiza-, era su especialidad. Lo define como un yoga "muy orientalizado", con continuas técnicas de respiración, mantras -o recitación de poemas dirigidos a la deidad" y ejercicios, pero que acaba llevando a quien lo practica a la "explosión interior" y el vacío.

"Su dios es todo lo contrario a una persona, es un dios que es `uno´ con toda la creación, por lo que se puede decir que hasta la camisa que llevo puesta es dios. El pecado también es parte de dios. Cuando uno muere, el alma nunca llega al cielo a menos que alcances una iluminación tal que vas a una suerte de cielo donde finalmente dejas de existir", destaca sobre la cosmovisión oriental que sostenía. El fin último, añade, es "unirte a Dios de tal manera que tu persona nunca existirá más".

Explica que la motivación de gran parte de los nuevos seguidores de las cosmovisiones orientales se explica por el rechazo a un "Occidente perdido y materialista" buscando equivocadamente llenar un vacío que solo puede satisfacer "la Iglesia y sus tesoros". "De primeras, quizá se pueda mejorar como persona, pero al final, en este `dejar de ser uno´ [oriental], te vas haciéndote pequeño hasta desaparecer. Es como un agujero negro que colapsa sobre sí mismo y dejas de existir", advierte.

Javier Melfi como instructor de yoga.

Dada su precoz iniciación en la Nueva Era y el yoga durante su infancia, Javier no tardó en recibir formación especializada y dedicarse a enseñarlo con éxito a otros alumnos. 

Frente a la "propuesta del demonio"

Pero entonces su carrera como maestro yogui era boyante y aunque conocía la cosmovisión oriental, nunca tuvo ninguna alternativa. Hasta que en 2019 se mudó a Chile.

Allí tuvo su primer contacto con la fe católica: "Un chico me invitó a Misa del domingo de Ramos a la catedral Metropolitana. El templo estaba lleno de gente y me cautivó ver una comunidad, gente compartiendo una misma fe y un mismo sentir espiritual. No dije esta es la fe o la Iglesia, tan solo me gustó".

Durante las siguientes semanas, siguió asistiendo a Misa "todos los domingos que podía". Pero pronto descubriría que ambas cosmovisiones "no eran compatibles".

"Estaba preparando una clase y vi una meditación que decía `soy sano, soy bello, soy perfecto, yo creo todas las cosas, yo soy dios´… Seguí leyendo y me di cuenta de que aquello era, literalmente, lo que decía Satanás. Lo vi tan literal que fue como ver cara a cara las propuestas del demonio", relata.

Un "choque de titanes"

Javier recuerda el "choque de titanes" que sucedió a continuación.  Todo fue cuestión de minutos: "El cristianismo y la Nueva Era no podían coexistir. En la Misa descubrí que Dios es Dios y yo no. Yo soy la criatura, y por invitación Suya puedo ser hijo de Dios y partícipe de la Trinidad". Algo que no tardó en comprender como "una propuesta radicalmente distinta".

Fue una larga batalla espiritual, en la que solo una de las cosmovisiones, la católica o la oriental, dirigiría la vida del joven. "Cristo venció. Conquistó mi corazón", relata. Acto seguido, escribió a su alumna: "No puedo darte más clases porque soy cristiano".

Pese a que Javier era cada vez más consciente de los errores que había profesado durante su vida, conforme continuaba su proceso de conversión se dio cuenta de que "Dios se vale del mal para hacer el bien".

Solo así se explica que abrazase la fe, pues "el yoga me predispuso a buscar la verdad, a aceptar que hay una verdad más allá de lo que quiero que sea la verdad y pude recibir el Evangelio y la gracia de Dios. Me convertí y pude decir verdaderamente que era católico", relata.

Durante las siguientes semanas, Javier se dedicó a cambiar por completo su vida: "Me tuve que quitar la cabeza y coger otra. Tenía formas de pensar, creencias y gustos completamente distintos y tuve que tirarlo todo a la basura rescatando lo poco bueno que había, recapitulándolo en Cristo: conservé la práctica de la meditación transformándola en Cristo a través de la oración, el rosario, la misa o el Vía Crucis, tratando de que no sea solo una repetición verbal".

Javier Melfi.

Javier fue bautizado siendo niño, pero no abrazó la fe hasta su conversión en 2019. 

En la Iglesia estaba lo que siempre había buscado

Desde que se convirtió, Javier encontró en la Iglesia la plena expresión de la espiritualidad que siempre había buscado.

Lo que más le impactó en un primer momento fue el carácter personal de la fe: "Dios es una persona, son tres, que están toda la eternidad amándose. Y no solo `está ahí´ como presencia espiritual, sino que es una persona que se encarna. Ahí está Jesucristo, andando y viviendo como nosotros, como una guía verdadera y perfecta para ir aprendiendo de Jesús cómo ama Dios".

También comprendió que, al contrario del intimismo de la cosmovisión oriental de replegarse sobre sí mismo hacia la nada, desde la fe "es Jesús quien se expande en ti mismo y lo que tú haces es poner tu fuerza de voluntad para dejar a Dios hacer las cosas y colaborar en amoldar tu propia voluntad a la de Dios, como María".

Los santos fueron otra pieza clave tras su conversión. "En el yoga y la Nueva Era hay muchas ideas, técnicas, cristales y sanaciones, pero al final es un gran mercado donde coges las cosas que quieres, pero todas son vanas e irreales con error y confusión. En la Iglesia yo encontré la Verdad, expuesta de mil maneras y en miles de santos, pero siempre la misma Verdad, el mismo Dios y la misma fe", añade.

La meditación fue otro de los grandes aspectos que nunca esperó encontrar fuera de la Nueva Era, pero como los demás, "fue un descubrimiento ver que tantas cosas que dejé atrás ya estaban en la Iglesia", como la "meditación y mística grandiosas" que "nunca habría imaginado" que hallaría en la fe.

"Yo rezaba con otra fe y aún así, Dios me escuchó, me convirtió y me trajo a Él. Y en Él encontré la paz y  la alegría, con muchas incertidumbres y batallas, pero en paz, gracias a la oración. Solo Dios basta", concluye.

José María Carrera, ReL

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domingo, 16 de mayo de 2021

De ateo, a budista, a neopagano wicano... hasta que soñó con Jesús: se bautiza Paul Kingsnorth


Escritor premiado, activista, autor de «Confesiones de un ecologista en rehabilitación»


Un sacerdote ortodoxo rumano bautiza en un río irlandés
al escritor inglés Paul Kingsnorth en 2021

Escuchar a Paul Kingsnorth resulta devastador", decía una periodista en El País en diciembre de 2019. ¡Y eso que Kingsnorth entonces aún no había empezado su viaje final hacia el cristianismo!

Durante 2020 y sus confinamientos, el premiado autor de Confesiones de un ecologista en rehabilitación (aquí en Errata Naturae) se vio "buscado", incluso "cazado", dice, por Cristo, y en enero de 2021 se bautizó.

Además de un popular activista ecologista, Kingsnorth es un ensayista y novelista premiado. El muy anti-cristiano Philip Pullman le alabó por su libro The Wake, sobre un siglo XI inglés lleno de simbologías paganas. En esa época Kingsnorth era neopagano, con rituales de magia, luna y capa incluidos. Y antes, y al mismo tiempo, budista zen. Y antes ateo.

Pero nunca fue un materialista duro: su experiencia de la naturaleza siempre le hizo intuir que había 'algo más'. En el número de junio de 2021 de la revista First Things cuenta su historia de conversión, que la revista adelanta en versión online. Otros detalles los ha contado en la web en inglés del Patriarcado ortodoxo rumano.  

kingsnorth_libro

Sin religión en casa, la del colegio era hueca

Explica que de niño no fue bautizado y que en su casa, urbana, inglesa, no había religión alguna. Sí la había en el colegio, donde de vez en cuando venía un vicario anglicano a dirigir las oraciones matinales.

Los había viejos, victorianos, que hablaban de cosas "marcianas" para un chaval de ciudad inglesa como panes, peces, pescadores, trigo, vides y uvas... Y también los había más modernos, vestidos con jeans, poniendo ejemplos de teleseries como Dallas o de Michael Jackson, que era peor. "Si queríamos cultura pop, teníamos mucha y buena", recuerda. La iglesia no debería dar eso. De un clérigo, intuía, se requería algo distinto: sacralidad.

Él ya sentía algo especial, vivo, sagrado en la naturaleza, paseando con su padre, acampando varias noches seguidas en páramos y montañas. También lo sentía en las iglesias vacías, rurales, antiguas. Le parecían (cita al poeta Philip Larkin) "una casa seria en una tierra seria".

Eso no le impidió escribir con un amigo en un libro de visitas de una capilla, a los 16 años: "Os destruiré a todos y a vuestras obras, jajaja. Satán". Y otro día: "Muere, nazareno, la victoria es mía". Hasta que se lo borraron con tippex.

En la escuela cantaban himnos, le contaban parábolas y hacía de pastor en funciones navideñas, y le hicieron memorizar el Padrenuestro, pero nunca sintió verdadera devoción a su alrededor. Excepto en su mejor amigo adolescente, un pakistaní que ayunaba y viajaba a la Meca. Eso sí le parecía "religión en serio".

La religión era irrelevante, anti-libertad, anti-ciencia

Salió del colegio convencido de que la religión era algo irrelevante, autoritario, supersticioso, precientífico, cuentos de hadas para limitar la libertad, que quemaba brujas y herejes y que, por suerte, se moría en manos de la razón y el progreso. Dios era un hombre inexistente en el cielo con un libro de reglas.

Sin embargo, en la naturaleza había sentido un "intenso misterio y maravilla", algo que aún cree es "una verdad evidente en sí misma". "Esa era mi religión, animismo, panteísmo, llámalo como quieras... era mi gracia pagana".

Se volcó en el activismo ecologista, en manifestaciones, protestas, encadenándose a cosas, ocupando lugares, y escribiendo sin cesar.

Una intuición: tiene que haber límites, una ley natural

Ya en 2019 predicaba sobre los límites del activismo y el ecologismo, más inútil cuanto más ideologizados. Pero ahora, como cristiano, señala que pioneros del ecologismo como E.F.Schumacher (el autor de Lo pequeño es hermoso, que era católico militante) ya señalaban que la crisis ecológica es una crisis de límites: sin Dios, sin su mandato de cuidar la Creación, sólo queda en ansia insaciable de consumir.

Tiene que haber límites, y los marca la ley natural. Todas las culturas, incluso las paganas, lo intuyen, excepto la cultura consumista postmoderna occidental.

Kingsnorth cita también a Chesterton: "cuando la gente deje de creer que hay algo más allá del mundo, adorarán al mundo; pero, sobre todo, adorarán la cosa más fuerte del mundo". "Ahí estamos ya", advierte el escritor.

Él intuyó que eran necesarios límites y que debían ser espirituales. Empezó en la Nueva Era y el hazte-tu-mix espiritual: hoy lo denuncia como "la magnificación de tu voluntad" y "individualismo expresivo disfrazado de epifanía".

Paul Kingsnorth siempre supo que en la naturaleza apuntaba a algo más que mera materia

Incluso convencido de que Dios no existía, Paul Kingsnorth siempre supo que la naturaleza apuntaba a algo más que mera materia

No basta espiritualidad: es necesaria disciplina y tradición

Entendió que necesitaba más estructura, reglas, tradición. Pero sin cristianismo, por supuesto. El "dominad la tierra" de Génesis era parte del desastre medioambiental, pensaba.

Un retiro zen de 7 días de meditación en la naturaleza sin electricidad le transformaron de golpe. Durante los siguientes 6 años estudió budismo y practicó Zazen. Ofrecía resultados interiores visibles, disciplina, seriedad, y sin la mala prensa del cristianismo.

Después entendió que no era bastante. Por un lado, "el zen estaba lleno de compasión, pero carecía de amor".

Por otro lado, ahora intuía que algo que habría horrorizado a su yo adolescente: ¡necesitaba adorar, rendir culto! ¿A qué? A lo sagrado, superior, misterioso... Ni hablar del cristianismo y su historia del muerto que resucita, algo absurdo que hace absurda esa religión, se decía.

Rituales neopaganos en el bosque con la luna

Él era pagano, veneraba la naturaleza, así que se sumó a una comunidad de neopaganos wicanos (wicca) que hacían rituales en el bosque por la noche a la luz de la luna. Llevaba capa y hablaban con 'la diosa'.

"Era divertido. Y hacía que 'pasaran cosas'. Descubrí que la magia es real. Funciona. Para quién funciona es otra cuestión", advierte. 

De los neopaganos, Kingsnorth añade, tras estar con ellos varios años, que "son nuevos y sin formación, no contienen ningún camino serio hacia la verdad".

Pero en aquel momento parecía estar a gusto y en el sitio perfecto para él. Ya no tenía inquietudes. 

La 'profecía' de su esposa sikh

La esposa de Kingsnorth nació en Inglaterra, hija de emigrantes sikh de la India, del Punjab, llegados en los años 60. Ella sigue siendo sikh, miembro de esta religión nacida en el siglo XVI en Punjab. "La familia es aún muy importante en la India, de una forma que no lo es en la Inglaterra moderna, así que aprendí mucho de ellos. Tenemos un hijo y una hija de 10 y 13 años. Los escolarizamos en casa. Es una vida rica, cada día doy gracias", dice hoy el escritor.

Aún en su época pagana, Kingsnorth y su esposa salieron a cenar para celebrar su aniversario de boda. De repente, ella le dijo: "Te vas a hacer cristiano". A él no le había pasado en absoluto esa idea por la cabeza y le preguntó de qué rayos estaba hablando.

"Ella simplemente había tenido esa sensación y necesitaba decírmelo. Mi esposa tiene una sensibilidad preternatural que siempre niega, y no era la primera vez que hacía algo así. Me impactó. ¿Yo cristiano? ¿Qué podía ser más inconcebible?"

Y unos meses después, un sueño especial lo cambió todo.

Soñó con Jesús... y Jesús lo persiguió

"Soñé con Jesús. El sueño era vívido, y cuando desperté escribí lo que oí que me dijo, y dibujé su aspecto. Lo esencial del asunto es que decía que Él sería el siguiente paso en mi camino espiritual. Yo ni creí que fuera verdad ni quería que lo fuese".

A partir de ese momento, Kingsnorth empezó a encontrarse con cristianos por toda parte. "Extranjeros que me enviaban e-mails porque sí, sacerdotes que me pedían ayuda con sus escritos, conversaciones con amigos que no sabía que eran cristianos, que de repente querían hablar del tema. Un africano me contactó por Facebook para decirme que había tenido un sueño en el que Dios le había dicho que me convirtiera. 'Si quieres conocer a Dios, necesitas leer el libro que escribió, ya lo conoces: se llama Naturaleza', me dijo".

"Sucedió durante meses: Cristo a mi izquierda, Cristo a mi derecha. Era desconcertante. Yo me daba la vuelta y mirara donde mirara, allí estaba Él. Empecé a sentirme... ¿cazado? Quería pararlo, o eso pensaba. No me interesaba el cristianismo. ¡Yo era brujo! Un brujo zen, de hecho, y pensaba que eso sonaba bastante molón. Pero sabía Quién me perseguía".

En 2017, Kingsnorth estaba trabajando en los montes Cárpatos, en Rumanía, y visitaba pueblos y aldeas. Le gustaba la belleza natural del país y su riqueza cultural.

Pasó un par de noches en Bucarest. "Había una iglesita muy antigua en el centro de la ciudad. No estoy seguro cuál era, pero entré y recuerdo muy claramente la atmósfera, las reliquias santas y el profundo sentido de profundidad y antigüedad que había allí. Compré un icono pequeño, sin saber de quién era. Luego descubrí que era de San Efrén el Neomártir, un santo que resultó ser importante para algunos de mis amigos rumanos en Irlanda".

Una noche en Irlanda, en la casa donde se reunía el grupo neopagano, se preparaban todos para salir a hacer un ritual. "Cuando íbamos a salir, caí bruscamente enfermo. Estaba mareado, la cabeza me daba vueltas. Todos lo notaron, me sentaron, me rodearon, mi cara pálida. Tuve la sensación abrumadora de que no debía ir al templo. Sentí que se me impedía físicamente".

En la primavera de 2020, en pleno confinamiento, leía la autobiografía del filósofo irlandés John Moriarty, 'Nostos', que había ido a Canadá a hacer filosofía postmoderna hueca y había vuelto a la Irlanda rural buscando genuinamente "una verdad a la que rendirme", "una oración suficientemente grande". Se había hecho cristiano poco antes de morir. Sus palabras inquietaban a Kingsnorth. Verdad, grandeza, rendición...

Alboroto en el concierto infantil: ¡una experiencia mística!

La culminación del proceso, un tiempo después, fue una inesperada experiencia mística en la sala de actos de un hotel. Allí estaba su hijo con otros niños preparándose para un concierto, rodeados de padres orgullosos, alborotados, listos para filmarlo todo y hacer fotos.

"Caminaba hacia mi silla cuando, de repente, puede ver como todos en esa habitación estaban conectados con todos los demás, y pude ver lo que pasaba en su interior, y en el mío. Fui abrumado por un amor gigantesco e inexplicable, una gran ola de empatía, hacia todo el mundo, hacia todo. Se repetía, y repetía, hasta que tuve que salir de la sala y sentarme en el pasillo. Nada había cambiado, y todo era nuevo, y sabía lo que había pasado y Quién lo había hecho. Y supe que era demasiado tarde. Acababa de hacerme cristiano".

Aunque después se volcó en leer y estudiar para entender el cristianismo, y vio que era una fe perfectamente razonable y sabia, que encaja con lo que vemos en el mundo (incluyendo la crisis ecológica y las pasiones insaciables de los hombres), insiste en que no se hizo cristiano por los argumentos. "Me hice cristiano porque, de repente, supe que era verdad".

Paul Kingsnorth, ya cristiano, con su sacerdote ortodoxo, su esposa sikh y sus hijos

Paul Kingsnorth, ya cristiano, con su sacerdote ortodoxo, su esposa sikh y sus hijos

Primera cuaresma y ayunos

Nunca había recibido el sacramento del bautismo, y se bautizó en la comunidad ortodoxa rumana de Irlanda. Kingsnorth ha vivido ya su primera Gran Cuaresma como cristiano ortodoxo, con todos sus exigentes ayunos y sin poder ir a la iglesia por los estrictos confinamientos de Irlanda ante el coronavirus. "El ritmo del ayuno y las reglas de oración y lectura son algo que me hacen profundizar en la vida de la Iglesia y en mí mismo", señala.

Desde el pequeño monasterio ortodoxo al que puede acudir ya, ve dos monjas cantando los salmos y las antífonas, con incienso en el aire y los iconos que brillan en la luz tenue. "podría se runa escena de hace mil años o de mil años en el futuro, aquí no hay tiempo. El hogar está más allá del tiempo, pienso ahora".

La libertad, dice, no es la falta de restricciones, sino estar libre de la esclavitud de las pasiones. "La verdadera libertad resulta ser renunciar a tu voluntad y seguir a Dios. Negarte a ti mismo", añade. "La puerta es estrecha y el camino angosto, y quizá siempre fracasemos recorriéndolo, pero ¿hay algún otro camino que lleve a casa?", escribe.

P.J.Ginés/ReL

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