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lunes, 6 de mayo de 2024

Evangelio del día


 

Libro de los Hechos de los Apóstoles 16,11-15.

En aquellos días, nos embarcamos en Tróade y fuimos derecho a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis.
De allí fuimos a Filipos, ciudad importante de esta región de Macedonia y colonia romana. Pasamos algunos días en esta ciudad,
y el sábado nos dirigimos a las afueras de la misma, a un lugar que estaba a orillas del río, donde se acostumbraba a hacer oración. Nos sentamos y dirigimos la palabra a las mujeres que se habían reunido allí.
Había entre ellas una, llamada Lidia, negociante en púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios. El Señor le tocó el corazón para que aceptara las palabras de Pablo.
Después de bautizarse, junto con su familia, nos pidió: "Si ustedes consideran que he creído verdaderamente en el Señor, vengan a alojarse en mi casa"; y nos obligó a hacerlo.


Salmo 149(148),1-2.3-4.5-6a.9b.

Canten al Señor un canto nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que Israel se alegre por su Creador
y los hijos de Sión se regocijen por su Rey.

Celebren su Nombre con danzas,
cántenle con el tambor y la cítara,
porque el Señor tiene predilección por su pueblo
y corona con el triunfo a los humildes.

Que los fieles se alegren por su gloria
y canten jubilosos en sus fiestas.
Glorifiquen a Dios con sus gargantas;
ésta es la victoria de todos sus fieles.


Evangelio según San Juan 15,26-27.16,1-4a.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí.
Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio.
Les he dicho esto para que no se escandalicen.
Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios.
Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho.» (EDD)

Los cristianos y la persecución - ¿Cómo debemos actuar?

Se nos prometió que seremos perseguidos. En Juan 15:20, Jesús dice: "...Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán". Antes, en el mismo pasaje, Jesús les dice a Sus discípulos que el mundo los odiará porque él los ha elegido del mundo y éste lo odia a él (versículos 18 y 19). En 2 Timoteo 3:12 también se nos promete que "todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución". Así que los cristianos, que son llamados del mundo, serán perseguidos, especialmente aquellos que quieren vivir vidas piadosas. Esta persecución puede ser tan liviana como una burla o tan dura como la tortura y el asesinato. Pero seremos perseguidos.

Por lo tanto, la cuestión para nosotros no es cómo evitar la persecución, sino cómo reaccionar ante lo que sabemos que va a pasar. Debemos tener la actitud correcta frente a ella y verla como Dios la ve. Santiago 1:2 nos dice: "tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas", gracias al resultado de las pruebas. Las tribulaciones ponen a prueba nuestra fe, lo que nos lleva al crecimiento cristiano. En las bienaventuranzas, Jesús dijo: "Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros" (Mateo 5,10-12). Somos "bienaventurados" cuando somos perseguidos por nuestra fe en Jesús. Pablo nos dio un ejemplo de la actitud correcta. Él consideraba un privilegio "la participación de sus padecimientos [de Jesús]" (Filipenses 3:10). Nuestra actitud frente a la persecución por causa de Jesús debe ser considerada como algo positivo. No es algo que debamos buscar, pero es algo que enfrentaremos y el resultado es bueno para nosotros. Así como José les dijo a sus hermanos en Egipto: "Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien", cuando se refirió a su venta como esclavo (Génesis 50:20). La persecución es algo que el mundo utiliza para hacer el mal, pero Dios la utiliza para nuestro bien.

Una ventaja de la persecución es que nos hace apreciar más lo que tenemos en Cristo. Se nos ha prometido que "Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús" (Filipenses 4:19). Cuando somos perseguidos, llegamos a confiar cada vez más en esta promesa. Como resultado, nos apoyamos más en Dios y no necesitamos el apoyo de las cosas de este mundo. Podemos disfrutar de esas cosas, pero ya no las necesitamos.

Otro beneficio de la persecución es que hace que la iglesia se una más. La persecución en grupo tiende a hacer que los que están pasando por ella se unan más para apoyarse entre ellos. La historia muestra que, cuando la persecución de la iglesia aumenta, la iglesia se une más y se fortalece.

Cuando tengamos la mentalidad de que Dios usa la persecución para nuestro bien, nos gozaremos cuando seamos perseguidos a causa de nuestra fe en Cristo.

(compellingtruth.org)

martes, 7 de junio de 2022

Evangelio del día


Evangelio según San Mateo 5,13-16.

Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.
Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

Concilio Vaticano II
Decreto sobre el apostolado de los laicos « Apostolicam actuositatem », § 5-6


«Vosotros sois la sal de la tierra... Vosotros sois la luz del mundo»

La obra de la redención de Cristo, que de suyo tiende a salvar a los hombres, comprende también la restauración incluso de todo el orden temporal. Por tanto, la misión de la Iglesia no es sólo anunciar el mensaje de Cristo y su gracia a los hombres, sino también el impregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el espíritu evangélico. Por consiguiente, los laicos, siguiendo esta misión, ejercitan su apostolado tanto en el mundo como en la Iglesia, lo mismo en el orden espiritual que en el temporal: órdenes que, por más que sean distintos, se compenetran de tal forma en el único designio de Dios, que el mismo Dios tiende a reasumir, en Cristo, todo el mundo en la nueva creación, (2Co 15,17) incoacti¬vamente en la tierra, plenamente en el último día. El laico, que es a un tiempo fiel y ciudadano, debe comportarse siempre en ambos órdenes con una conciencia cristiana.
La misión de la Iglesia tiende a la santificación de los hombres, que hay que conseguir con la fe en Cristo y con su gracia. El apostolado, pues, de la Iglesia y de todos sus miembros se ordena, ante todo, al mensaje de Cristo, que hay que revelar al mundo con las palabras y con las obras, y a comunicar su gracia. Esto se realiza principalmente por el ministerio de la palabra y de los Sacramentos, encomendado especialmente al clero, en el que los laicos tienen que desempeñar también un papel importante, para ser "cooperadores de la verdad" incoactivamente aquí en la tierra, plenamente en el cielo (3 Jn., 8). En este orden sobre todo se completan mutuamente el apostolado de los laicos y el ministerio pastoral. A los laicos se les presentan innumerables ocasiones para el ejercicio del apostolado de la evangelización y de la santificación. El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas, realizadas con espíritu sobrenatural, tienen efica¬cia para atraer a los hombres hacia la fe y hacia Dios, pues dice el Señor: "Así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que viendo vuestras buenas obras glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mt., 5,16). (EED)

Oración

Otro día más respondo a tu llamada y me siento a tu lado para escucharte. ¿Qué cosas me enseñará tu palabra hoy? A mí me encanta cuando me explicas las cosas a través de ejemplos, de parábolas. Así lo entiendo todo mucho mejor. Porque reconozco que a veces me cuesta un poco. Con ejemplos todo es más sencillo.

La lectura es una adaptación del evangelio de Mateo (Mt 5, 13-16):

Lo bueno de Jesús es que hablaba con ejemplos que todos podían entender. Como cuando les dijo: «Vosotros sois la sal de la tierra. Imaginad que la sal pierde el sabor; entonces ¿cómo iba a servir para cocinar? Pues vosotros igual. Tenéis que ser sal que de sabor al mundo».

También les puso el ejemplo de la luz. Les decía: «Vosotros sois la luz del mundo. Para que todo se vea bien. Si tienes una linterna en la oscuridad, no es para dejarla apagada, sino para encenderla, porque así, con ella encendida, ves y te puedes mover. Pues vosotros, igual. Tenéis que ser luz». Claro, no significaba que fueran a brillar, sino que la luz eran las palabras buenas, las buenas obras, y la fe de cada uno.

Jesús no trae hoy dos ejemplos de la vida cotidiana. La sal y la luz. Pero, ¿qué tendrán en común estos dos elementos? Piénsalo por unos instantes y toma nota si es necesario.

¿Sabías que la sal era un bien caro y escaso en tiempos de Jesús? A muchas personas se les pagaba con sal en vez de dinero. De ahí proviene la palabra “salario”. Hoy en día todos tenemos sal en casa y es algo barato y cotidiano. Pero cuando Jesús dijo a sus amigos que eran la sal de la tierra, estaba pensando en esas cualidades extraordinarias de la sal. Única, preciada, exclusiva. Así eres tú para Jesús. Eres único y maravilloso.

La sal, además, es lo que da sabor. Da ese toque a los platos. Sin la sal las cosas son insípidas, sosas, sin encanto. Tú das sabor a la vida de los demás. Piensa qué harían tus amigos, tu familia, tus compañeros sin ti. Sus vidas no tendrían gracia. Jesús, que yo dé sabor a la vida de los que me rodean.

Ahora, cierra los ojos. piensa por unos instantes cómo sería vivir todo el tiempo así. A oscuras. Sin ver a nuestros seres queridos. Sin disfrutar del cielo azul. Todo sería mucho más triste. ¿verdad? Además seguramente te sentirías asustado, desorientado. Porque sin luz no sabemos hacia donde ir.

Por eso Jesús nos dice que somos la luz del mundo. Porque nos da la tarea de alegrar y guiar la vida de los demás. Jesús que mis obras y mis palabras iluminen mi camino y el de los que me acompañan.

Eso es, seguro que lo has pensado. La sal y la luz tienen algo en común. Y es que ambas pueden producir un gran cambio. Tan sólo unos granitos de sal vuelven sabrosa una comida. Y con tan sólo encender una linterna, todo se ve más claro. Jesús, haz que seamos capaces de cambiar las vidas de quienes me rodean con pequeños gestos. Que seamos capaces de alegrar al triste. De enseñar a quien no sabe. De acompañar a quien está solo. Y así estar, cada día, más cerca de ti.

Quisiera un corazón bueno con el sabor del buen pan,
que esté en la mesa de todos, que solo sepa a fraternidad.

Dámelo, dame un nuevo corazón
y en la palma de tu mano guárdalo y repártelo.

Quisiera un corazón limpio como un pozo de verdad,
que ni se cierre ni aturda, que no pretenda nunca engañar.

Quisiera un corazón libre sin atarse y sin atar,
que deje atrás lo que pesa, que nunca busque hacerse notar.

Quisiera un corazón pobre que no intente acumular,
que luche y tenga esperanza, que esté dispuesto siempre a arriesgar.

Dame un nuevo corazón interpretado por Al-Haraca, «Palabras de vida.»

Sé Tú mi luz, Jesús, sé Tú mi sal

Cuando todo a mi alrededor parezca oscuro,
Cuando me falten las ganas de brillar,
Cuando sin guía ni faro pierda el rumbo,
Sé Tú mi luz, Jesús, sé Tú mi sal…

Cuando los días, tristes, no tengan sabor,
Cuando la gente ya no sepa disfrutar,
Cuando nos falten el cariño y el amor,
Sé Tú mi luz, Jesús, sé Tú mi sal…

Y sabré al final, Señor, que eres Tú
Quien todo con su amor puede cambiar,
Quien cambia la noche por el día con su luz,
Quien da sabor y sentido a nuestra vida con su sal.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

(alforjasdepastoral)
























sábado, 4 de junio de 2022

Evangelio del día

Evangelio según San Juan 21,20-25.

Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: "Señor, ¿quién es el que te va a entregar?".
Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: "Señor, ¿y qué será de este?".
Jesús le respondió: "Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa? Tú sígueme".
Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: "El no morirá", sino: "Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?".
Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero.
Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón sobre el evangelio de Juan, nº 124, 5-7; CCL 36,685


«Pedro y Juan, de la acción a la contemplación»

La Iglesia conoce dos vías preconizadas y recomendadas por Dios. Una es en la fe, la otra es la misión; una en la peregrinación del tiempo, la otra en la permanencia de la eternidad; una en el trabajo, la otra en el descanso; una en el camino, la otra en la patria; una en el esfuerzo de la acción, la otra en el esfuerzo de la contemplación...La primera está figurada en el Apóstol Pedro, la segunda en Juan. La primera se desarrolla enteramente aquí abajo hasta el fin de los siglos, y entonces tendrá fin. La segunda no encontrará su plenitud más que al fin de los siglos, y en el mundo venidero, no tendrá fin.
Por eso Jesús dice a Pedro: “Sígueme”, y a propósito de Juan: “Si quiero que él se quede hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?, Tú sígueme”... Que tu actuar me siga de manera perfecta y modelada en el ejemplo de mi pasión; que la contemplación comenzada permanezca hasta mi regreso: será perfecta cuando yo regrese. Porque sigue a Cristo, este fervor hay que mantenerlo hasta la muerte, ha de permanecer hasta su retorno, y entonces este conocimiento será manifestado en plenitud. Aquí en el país de los mortales, hay que aguantar los sufrimientos de este mundo; allí, contemplaremos los bienes del Señor en el país de los que viven.
Que nadie separe a estos dos apóstoles, pues todos estamos representados en los dos: lo que Pedro simboliza y Juan representa. (EED)

Oración

Espíritu Santo, señor y dador de vida,
Luz de potente consuelo y guía de mi alma,
Sabor que endulza mi vida fraterna,
Impulso que me ayuda a avanzar en este camino espiritual.

Bajo tu luz me cobijo,
Busco en ti encender la llama de tu amor en mi fe,
Que pueda yo reconocerte y alabarte,
Que sienta gozo con tu presencia santa,
No me aflija con el sufrimiento,
Porque siento tú presencia y tu amparo.

En este momento de mi vida,
Cuando atravieso mil dificultades,
Y cuando siento que mi fe se desmorona,
Cuando me avergüenzo de mi poca lealtad,
Te busco y sé que tú me respondes,
No huyes de mí como mis enemigos,
Tomas mi mano y me llevas hacia ti.

Junto a ti yo quiero caminar,
Aunque parezca imposible apoyar mis pies en el camino rocoso,
Hoy reconozco todas mis debilidades,
Y sin querer mirar atrás pero totalmente arrepentido,
Vengo para que me impulses por tu senda misericordiosa,

Que mis oraciones lleguen a tus oídos,
Y que mis lamentos, puedan acabarse.
Sé que no soy digno de tu mirada,
Pero confió en tu gran poder,

Y sé que con esta Oración Poderosa,
Tú me escuchas y me ayudas,
Para que pueda cantar las alabanzas,
Y en voz alta y clara retumbe en todo el planeta,
Te amo y te adoro ¡Oh mi Señor!

Amén.

(yocreo.com)
































sábado, 18 de julio de 2020

El Evangelio de hoy

Mt 12, 14-21 Los fariseos comenzaron a discutir cómo destruir a Jesús
 
 
Jesús entre los fariseos, pintado por Jacob Jordaens (1593-1678), pintado hacia 1660, Óleo sobre lienzo
© Sotheby's Hong Kong, 4 de diciembre de 2019, lote 23, vendido por £212.000
En aquel tiempo, los fariseos se confabularon contra Jesús para acabar con él. Al saberlo, Jesús se retiró de ahí. Muchos lo siguieron y él curó a todos los enfermos y les mandó enérgicamente que no lo publicaran, para que se cumplieran las palabras del profeta Isaías: Miren a mi siervo, a quien sostengo; a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En él he puesto mi Espíritu, para que haga brillar la justicia sobre las naciones. No gritará ni clamará, no hará oír su voz en las plazas, no romperá la caña resquebrajada, ni apagará la mecha que aún humea, hasta que haga triunfar la justicia sobre la tierra; y en él pondrán todas las naciones su esperanza.
ChristianArt



miércoles, 14 de marzo de 2018

No fuiste a Misa el Domingo. Mira lo que perdiste...

No faltar a misa el domingo


Es domingo: Contemplar y Vivir el Evangelio 

4º domingo de Cuaresma



[Continuamos también este domingo con el Evangelio de san Juan. El texto de hoy forma parte de la conversación de Jesús con Nicodemo. El motivo central de toda la conversación es el nacer de nuevo, es decir, creer en Jesús para alcanzar vida eterna, una vida que puede comenzarse a vivir en esta historia gracias a la fe.]

Si te ayuda, puedes empezar así: -Estás, Señor… -Estoy, Señor… En tu Presencia me pongo y me expongo dejándome interpelar por tu Palabra: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Y hazme dócil de mente y corazón… 

Del Evangelio de san Juan 3,14-21. (Es mejor tener el texto a mano y leerlo ahora)

  • Dijo Jesús a Nicodemo: “Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

-Imagina la escena y contempla despacio a los dos: Jesús y Nicodemo hablando a solas y en la intimidad de la noche, como solía hacer este personaje, No quería que le vieran y menos que estaba interesado por Jesús. ¿No te pasa algo de eso a ti con respecto a la práctica de tu fe, y a tu vivir cristiano conforme al Evangelio? ¿Por qué esa vergüenza? ¿Es que no crees ni amas todavía a Jesús en serio y de verdad? Sincérate contigo y con el Señor. Sé valiente. En esta Cuaresma tienes una gran oportunidad.
-En esa contemplación escucha ahora las palabras de Jesús. En este caso tú eres Nicodemo. La serpiente de bronce fue puesta en un palo por Moisés. Dios se lo había indicado, para que quien fuese picado por una de ellas, elevase los ojos a la serpiente de bronce y fuese curado. Es una imagen profética de cuanto iba acontecer con Jesús: levantado en la cruz, todo el que le mire con fe, crea en Él, no perezca y tenga vida eterna. Atento, pues. Mirar a Cristo crucificado con fe es entrar en comunión de amor con él y participar en su ofrenda por la salvación del mundo, y la de aquel que le mira. Ponte a mirar al Crucificado con fe serena y participa de sus amores y sus dolores por ti. Dale gracias y pregúntate como nos enseña san Ignacio: Y yo, ¿qué he hecho por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? ¿Qué estoy dispuesto a hacer por Cristo? Guarda silencio y escucha su Corazón y el tuyo… ¡Y mira después el rostro de los crucificados de hoy!
-Todo esto parte del Amor de Dios: Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó al Hijo. No se lo reservó. Y esa locura de Amor, se entiende, no fue para juzgar ni condenar al hombre, sino para salvarlo y darle ya vida eterna. Al hombre le pide: mirarlo, creer en él y a partir de ahí, poseer la misma vida del Padre y del Hijo. Y darse a los crucificados de hoy. Es todo muy sencillo: el amor del Padre consiste en dar a su Hijo único; el amor del Hijo consiste en dar su vida por nosotros; el amor nuestro consiste en dar… ¿qué? Ten en cuenta que la respuesta humana a esos amores consiste en creer, es decir, en confiar y abandonarse en manos de Dios, dispuesto siempre a recorrer el camino que nos señala su santa voluntad: que es Jesús y su Divino Espíritu como luz y guía. La Cuaresma nos da la oportunidad de recorrer mejor ese camino.

Señor, cuánto amor, cuánta entrega, cuánta generosidad por mí, por mí, por cada uno de tus hijos. Que no me falte, Señor, tu fuerza pues mi querer y mi fe son todavía débiles. Creo y quiero, pero aumenta mi fe, mi amor, mi entrega. Amén

  • El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios. Éste es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

-Estas palabras de Jesús son claras y no necesitan darles una y mil vueltas (necesitan, eso sí, rumiarlas y meditarlas en el corazón), para captar su valor salvador: fe, juicio, luz, tinieblas, obras malas, obras buenas o de verdad porque están hechas según el querer de Dios y no según el propio querer e intereses. Cada uno es libre para elegir. Dios nos deja a nosotros la decisión. ¿Sabré elegir de una vez por todas en esta Cuaresma?
-El juicio de Dios se realiza en nuestro corazón, según que esté habitado de luz o de tinieblas, de obras buenas o malas. Lo cierto es que el camino cuaresmal nos va sacando de nuestras mentiras y nos va conduciendo a la luz y a la verdad. No hay mejor camino que las palabras de Jesús, aunque haya otras ofertas basadas en la ciencia, en la tecnología, en la mentira, en los múltiples caminos que nos ofrece la sociedad consumista en que vivimos, la mundanidad que nos rodea y las mil y una libertades tontas que nos permitimos, engañándonos. Importa vivir unidos a Cristo, Él ocupa un lugar preeminente en el amor y el juicio de Dios. Y ha de tenerlo en mi corazón. ¡Anímate en esta oportunidad cuaresmal y vivirás una Pascua de Luz y de Fuego!

Señor, Luz del mundo y de cada corazón humano. Quiero dejarte todo el espacio de mi corazón para ti. Acaba tú con las tinieblas de la mentira y el error, y enciende en mí la hoguera de tu Amor. Amén     
Dentro, muy dentro de ti, ReL




martes, 26 de diciembre de 2017

Para los que NO fueron a Misa en Navidad

Nació también para TI

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Navidad: Contemplar y Vivir el Evangelio


Hoy os ha nacido un salvador 

[Navidad, Feliz Navidad. Es ésta una fiesta muy importante para los 

cristianos. En ella recordamos, más aún celebramos y hacemos presente 
el nacimiento de Jesús, nuestro Señor y Salvador. El evangelio según san 
Lucas relata cómo se celebró la primera navidad. Al celebrarla y contemplar, 
se actualiza en nosotros. Hoy puede nacer Jesús.]

Si te ayuda, puedes empezar así: -Señor, estás… -Señor, estoy… Ante ti, 

pequeña y humilde criatura envuelta en pañales y sobre todo arropada 
por el amor de María y de José… Yo también te quiero envolver con mi fe,
 con mi amor… Porque sé que tu eres Dios, mi Dios…, mi Salvador y mi
 Señor… Aquí estoy, Señor: nace hoy en mí…

Del Evangelio de san Lucas 2,1-14: (Tener a mano el texto completo y leerlo).

>También José…, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para empadronarse con su esposa María, que estaba en cinta…
-Un decreto, un empadronamiento, un camino largo que recorrer y una situación personal de este joven matrimonio, que, siendo para ellos expectante y muy gozosa, no dejaba de ser preocupante en ese preciso momento. Nos pasa eso muchas veces en la vida. A todos. De manera particular a los matrimonios jóvenes y menos jóvenes. ¿Y cómo reaccionamos a ellas? ¿Vemos enseguida un plan de Dios que acatar o una mala suerte que nos viene trastornar? ¿Tan corta y pobre es nuestra mirada de fe? Para Dios, y para el evangelista también, todo está relacionado. ¡Todo! Tengo que aprender a ver en otra clave, ¿no? Puede ser este el momento. Lo pido e insisto:
    Señor, enséñame/nos a descubrir que nada escapa ni queda fuera de tu 

proyecto amoroso con cada uno de tus hijos y de toda la humanidad como
 familia tuya. Que lo vea, Señor. Que lo entienda.

>Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto y dio 

a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. 
-La simplicidad de relato del hecho y sus detalles nos asombra. ¿No crees? No 

falta nada. Lo demás, ¡es devota fantasía popular; y está bien porque el amor se 
dice y redice, se desborda de muchas maneras! Lee y relee… Contempla: mira, admira, las personas y sus gestos…  Oye sus palabras… Sigue con el corazón su presencia y movimientos… O sus elocuentes silencios adorantes… Y tú, y yo, 
como uno más, allí, contemplando…, y gozando… Intentando sacar algún
 provecho…, que algo se me pegue… Porque todo eso está aconteciendo ahora
 aquí, en mí… ¿Qué te dice? ¿Qué te enseña?
-“Cuando oigamos hablar del nacimiento de Cristo, guardemos silencio y

 dejemos que ese niño nos hable; grabemos en nuestro corazón sus palabras 
sin apartar la mirada de su rostro. Si lo tomamos en brazos y dejamos que nos abrace, nos dará la paz del corazón que no conoce ocaso. Este Niño nos enseña
 lo que es verdaderamente importante en nuestra vida. Nace en la pobreza del mundo, porque no hay un puesto en la posada para Él y su familia.  Encuentra
 cobijo y amparo en un establo y viene recostado en un pesebre de animales. Y,
 sin embargo, de esta nada brota la luz de la gloria de Dios. Desde aquí, empieza 
para los hombres de corazón sencillo el camino de la verdadera liberación y del rescate perpetuo. De este Niño, que lleva grabado en su rostro los rasgos de la bondad, de la misericordia y del amor de Dios Padre, brota para todos nosotros,
 sus discípulos, el compromiso de “renunciar a la impiedad” y a las riquezas del mundo, para vivir una vida “sobria, justa y piadosa”. (Papa Francisco).
    Señor, Jesús, ante ti, la Palabra de Dios echa niño, no tengo palabras. 

Bueno, sí, tengo algunas: sé que me amas, por eso estás aquí, y así… ¡No sé seguir!… Algo más, sí, te amo… Y en el silencio, te adoro con el corazón estallándome de gozo…
Y todo yo quiero cantar, danzar… (Y el Niño que dice: ¡Hazlo!)…  ¿Cómo?... ¿Tú? Jesús, no entiendo nada… 

>En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad, y se llenaron de gran temor. 
-En esta noche, a los marginados se comunica Dios y les envuelve su presencia, de tal manera, que les entró miedo. ¡No es para menos! ¿No te está pasando eso a ti, ahora? ¿Seguro que no? Contempla la escena y no pierdas detalle…
>El ángel les dijo: “No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”.
-Buena noticia y alegría para todos. ¿Se puede dar mejor anuncio a quien nadie hace caso? Así es Dios con los menesterosos. Esta noche, ahora, ese saludo jubiloso es para mí. ¿Acaso no hago parte de todo el pueblo? ¡Acógelo, es para ti, seguro! Escucha, oye bien: os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. ¿Entiendes ahora quién es el nacido y cuál el sentido de su nacimiento? El Enviado de Dios, y Dios mismo hecho carne humana, tu Salvador y Señor… Tuyo y de toda la humanidad. Para ti y para todos sin excepción… Contempla la escena mientras desgranas estos pensamientos…
>Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
-Son las señales que da Dios para encontrarle: la pequeñez del niño, la pobreza de unos pañales y la humildad extrema de un pesebre-cruz. Cuando aparecen esos signos o muevo entre ellos, Dios mismo está muy cerca y puedo realmente encontrarle. En medio de la aparatosidad y el espectáculo, no. Contempla despacio ese Niñito en pañales y en el pesebre… Pídeles a María y a José, -¡tú verás!-, ¿puedo besarle?
>De pronto, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.
-El cielo y la tierra se unen y cantan y agradecen y alaban a Dios. Ha llegado la hora de la paz y de la buena voluntad. El poder glorioso y salvador de Dios se ha manifestado en nuestra tierra. Es evidente: el acontecimiento del Nacimiento de  Jesús en Belén no puede dejarnos indiferentes. Es preciso que tú y yo, los creyentes todos, le prestemos nuestra vida para que en las circunstancias históricas actuales,  y en el vivir cotidiano, se manifieste como el Salvador, el Mesías, el Señor. ¿Cómo no orar y contemplar, cantar y gozar y bailar…, y comprometernos ya siempre con Él? Esta es la Navidad. Feliz Navidad.
    Señor, concédenos a quienes celebramos y contemplamos el nacimiento de tu Hijo con devoción gozosa, conocer con plenitud de fe la profundidad de este misterio y amarlo con la más ardiente caridad. 
 

viernes, 8 de diciembre de 2017

La Inmaculada Concepción


Contemplar y vivir el Evangelio

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La Inmaculada Concepción

[Iniciado el Adviento nos sorprende en seguida la muy bella fiesta de la
 Inmaculada Concepción de María.  Esta fiesta nos estimula y al mismo 
tiempo nos invita a contemplar a María y su personal y única manera de 
colaborar en el plan salvador de Dios Padre. ¿Podré yo colaborar hoy  en 
esa plan de alguna manera? Empecemos por reconocer el mal en el hombre,
en todo hombre, y a alimentar la esperanza en la actuación de Dios. Lo cual 
es también Adviento. Con María, llegaremos a comprender que, a pesar de 
todos los males que todavía hoy nos aquejan, los hombres y mujeres de hoy 
tenemos futuro, y grande, como individuos y como humanidad. ¿Me lo creo? 
Si hago algo por ello, sí].

Si te ayuda, puedes empezar así: -Señor, estás… -Señor, estoy… 
Que tus palabras tengan en mí el mismo eco que tuvieron en el corazón, 
en el cuerpo y en la vida de María… ¡Ya sé que no existe en mí aquella s
u plenitud de gracia! Madre, intercede por mí… y por nosotros.

Del Evangelio de san Lucas 1,26-38: (Tenerlo a mano y leer el pasaje entero)

>“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo… No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios… Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús… El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios”. 
-Cuánta belleza y grandeza en la obra de Dios reflejada en estas palabras del cielo: la acción de Dios en la persona misma de María, su identidad: plenitud divina  y don inefable realizado en ella por el mismo Espíritu Santo que es Amor; misión de maternidad del Hijo de Dios, dentro y en la virginidad de la mujer, cuyo nombre es María: llena de gracia. Así actúa Dios, ayer y hoy. Así, cuando se le deja poseernos. Asombro humano-divino en la sencillez del corazón de su criatura. ¿Te animas?
    Señorleo, miro, admiro, medito, contemplo y solo entiendo que no entiendo nada; te pido que me conserves siempre en tu Gracia. María, Madre de Jesús-Dios, sé que también eres mi Madre, llévame de tu mano.

>Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel… “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”... “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”. 
-Se entiende la profunda turbación de María, ¡quién no! No sólo por el saludo, sino sobre todo por el mensaje que el ángel le da, a ella, la humilde jovencita de Nazaret. ¡Es todo tan divino y ella tan pequeña! A partir de ahora, si cree, podrá tener experiencia de la acción divina en su seno, en su corazón, en su vida. Por eso pregunta y por eso recibe respuesta. ¡Grande es tu fe, María! Interiorizaste progresivamente el anuncio y las dudas, y diste así tu completa, honda y total conformidad. Te bastó una palabra: SÍ, hágase en mí. Y Dios, por tu vientre, entraba en la tierra de los hombres, como uno de ellos. Nunca nadie pronunció una palabra así a Dios, y que tuviera en ella y en los demás tales repercusiones divina y humanas. Bueno sí, Jesús, su hijo. ¿Lo aprendió acaso de la Madre? Puedo aprenderlo yo… Y por eso lo pido…
    Señora y Madre del Hijo de Dios y madre mía, que mi cooperación a la obra de Dios por nosotros sus hijos, se parezca en algo a la tuya. Que yo crea como tú; sea humilde como tú, interiorice la acción de Dios en mí como tú, y sepa decirle siempre “hágase en mí” como tú. Madre, ayúdame.

>Porque para Dios nada hay imposible”.
-Fueron las últimas y rotundas palabras del mensajero a María. ¿Quién no va a dar un salto en la fe con semejantes palabras venidas de lo alto? Somos libres y siempre podemos resistirnos a Dios, sin duda. Pero en María era más grande su fe en la Palabra de Dios, que su misma libertad. Se confirma así, que la fe viene a plenificar la libertad de la persona humana; no a disminuirla ni anularla. Por tanto, ni la virginidad de María, ni la esterilidad y ancianidad de Isabel es ahora obstáculo para que la vida sea lo que está llamada a ser: fecundidad, vida que es generada y que genera. ¿No te alegra? ¿No te llena de esperanza y fortaleza? ¿Lo deseas? ¡Pídeselo!
    Señorenséñame a creer y a vivir la fe, ese don tuyo tan gratuito, rico y más fecundo que la vida misma. Tú mismo eres el Origen de la Vida y tu Hijo Jesús, la Fuente de la vida. ¡Creo, Señor, pero aumenta mi fe! 

>“Jesús… Grande… Santo… Hijo del Altísimo… le dará el trono de David su padre… Reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá de fin”.
-Se entiende: es Jesucristo el Hijo de Dios vivo hecho hombre por nosotros y por nuestra salvación, revestido de una impresionante lista de títulos. El mismo que está en el seno de María Virgen-Madre, (por eso, la única mujer de la historia que ha nacido inmaculada, es decir, concebida sin pecado alguno originario), y el mismo que está dentro de nosotros cuando vivimos en su Gracia, le seguimos y le amamos amando a los demás con obras de misericordia. A eso estás llamado: a poder tener a Jesús no sólo para ti, sino para darlo siempre a los demás, como María. ¿Te animas? ¡Es lo más maravilloso que te puede suceder!
    Señorsiendo Grande te hiciste Pequeño, muy pequeño, para tratar de tú a tú con los pequeños que realmente somos nosotros; no lo entendemos todavía, ayúdanos a ello. Aquí está el secreto para ser grande a tu estilo. Empiezo a comprenderlo. Ahora, Tú, enséñame a vivirlo. Gracias.   

Si quieres, puedes concluir así: Dios te salve, María, llena eres de gracia…Santa María, madre de Dios… O bien, Dios te salve, reina y madre de misericordia… Según tu devoción o relación cordial con María.
 
  • “La dulzura y el encanto que emanan de las excelsas virtudes de la Inmaculada Madre de Dios atraen en forma irresistible a las almas hacia la imitación del divino modelo, Jesucristo, cuya más fiel imagen ha sido Ella misma” (Pablo VI).