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martes, 25 de enero de 2022

Facebook reconoce que Instagram es dañino para los niños


 

(ZENIT Noticias – Family and Media / Roma, 22.01.2022).- “Instagram es dañino para los adolescentes, especialmente para las chicas”. No se trata de la opinión de un grupo de padres aprensivos, quizá incluso un poco “anticuados”, sino de un estudio interno realizado por Facebook -el propietario de Instagram-, que ha permanecido en secreto hasta hace unos meses. Hasta que una antigua empleada, un ingeniero de software encargada del análisis de datos, sacó a la luz los datos recogidos en dos años de investigaciones en Estados Unidos y otros países, incluida Europa.

Lo que la investigación encontró

El estudio fue realizado por la empresa para entender mejor el uso de Instagram por parte de los más jóvenes, para saber si afecta -y cómo, en su caso- a la salud de sus usuarios más jóvenes. Los resultados, publicados el 14 de septiembre de 2021 en The Walls Street Journal, dibujan una imagen clara de la situación: Instagram agrava los problemas relacionados con la percepción del propio aspecto físico (como los trastornos alimentarios) en uno de cada tres adolescentes.

El estudio también muestra que los adolescentes culpan a Instagram del aumento de los estados de ansiedad y depresión. La exposición a imágenes que exaltan cuerpos perfectos, tonificados y supercuidados, que reciben miles de comentarios positivos, y, por otro lado, los comentarios negativos que se pueden recibir por una imagen que no se corresponde con los cánones y modelos impuestos por los estereotipos de belleza difundidos por los distintos influencers, provocaría considerables problemas emocionales y psicológicos a los jóvenes, que cada vez utilizan más la red social. Entre las chicas que dijeron haber tenido pensamientos suicidas, el 6% de las jóvenes estadounidenses, y el 13% de las del Reino Unido, lo relacionaron con Instagram.

Reacciones a la investigación

La investigación fue difundida por Frances Haugen, una ex manager que inicialmente prefirió el anonimato, pero luego reveló su identidad en un programa de CBS News. Después, también ha sido escuchada por el subcomité del Congreso estadounidense sobre seguridad on line , que se ocupa del caso.

La cuestión ha provocado muchas reacciones y se ha convertido -en Estados Unidos- en un auténtico caso político, mientras que en el resto del mundo ha reavivado la atención sobre los daños a los que se pueden exponer los usuarios jóvenes y muy jóvenes que frecuentan las redes sociales de modo asiduo.

Los documentos internos de Facebook publicados por Haugen revelan que el gigante de las redes sociales conocía los peligros, pero hizo muy poco para abordar los problemas e intentar limitar los daños. Los documentos -siempre según Haugen- muestran también los mecanismos utilizados para optimizar el algoritmo y «empujar» los contenidos polarizantes, algo que también se hizo a propósito durante la campaña electoral en la que Biden ganó a Trump. Una ​ parte del aumento de la movilización electoral se debe probablemente a estas prácticas de Facebook para incrementar los beneficios de la empresa de Zuckerberg. Luego, como demuestran The Facebook files publicado por The Wall Street Journal, la empresa utiliza un rasero para los «poderosos digitales» y otro diferente para los usuarios de a pie: los influencers, es decir, los que tienen cientos de miles de seguidores, salen bien parados en la censura intra-empresarial (realizada por miles de factcheckers de Facebook): así, por ejemplo, el futbolista Neymar puede publicar fotos de una mujer desnuda; afirmaciones incendiarias de usuarios corrientes como que «Hillary Clinton ha protegido redes de pederastia» o que «Trump ha llamado animales a los inmigrantes que solicitan asilo político», a pesar de ser verificadas como falsas por los fact-checkers, sin embargo fueron difundidas… porque atraen audiencia. Así, el principio tantas veces declarado públicamente por Mark Zuckerberg no resiste una comprobación de hechos casera: «Facebook Inc. permite a sus tres mil millones de usuarios hablar con el mismo derecho y peso que las élites políticas, periodísticas y culturales. Nuestras normas se aplican a todos, independientemente de su estatus o fama.”

La reacción de Facebook

La empresa se defendió tratando de disipar preocupaciones, diciendo que The Wall Street Journal sólo había publicado una parte de la investigación, de la que, sin embargo, posteriormente se hicieron públicas todas las secciones, y que, según ellos, demuestra precisamente el nivel de atención hacia el tema.

Pocos días después del escándalo, el 27 de septiembre de 2021, Adam Mosseri, responsable de Instagram, anunció en el blog de la red social la suspensión de Instagram Kids y el desarrollo de la app para niños de 6 a 12 años, «para crear herramientas de supervisión parental» . La compañía llevaba tiempo trabajando en un proyecto dirigido a interceptar a una parte de los usuarios sociales, concretamente los niños, que frecuentan cada vez más otras plataformas, como YouTube y TikTok, pero de momento la decisión ha sido bloquearlo todo, no se sabe hasta cuándo.

Unas horas después de la comparecencia de Haugen en el Congreso, el propio Zuckerberg intervino publicando en Facebook el texto de una carta enviada a todos los empleados en la que afirma que, para él, el beneficio no está por encima de los usuarios, y que las acusaciones de la ex empleada son «ilógicas».

En definitiva, el magnate de las redes sociales no vive tiempos tranquilos, ya que hace unos meses ha tenido que lidiar también con una de las interrupciones más largas de sus plataformas (Facebook, Instagram y Whatsapp), que duró más de cinco horas y le costó unos seis mil millones de dólares de pérdidas en la bolsa, además de las pérdidas directas que ascendieron a 900 millones de dólares. Y es fácil imaginar que el tema de los peligros de Instagram para los adolescentes no se resolverá en poco tiempo.

¿Cómo protegemos a nuestros hijos?

Muchos se preguntan si las grandes redes sociales se están comportando como las grandes corporaciones tabacaleras de hace unos años, que, a pesar de conocer los peligros del consumo de la sustancia, los mantenían en secreto.​

***

Este artículo fue originalmente publicado por Family and Media bajo el título “Instagram es dañino para las adolescentes. Lo dice Facebook”.

Este artículo fue originalmente publicado por Family and Media bajo el título “Instagram es dañino para las adolescentes. Lo dice Facebook”.

Vea también    Las rupturas familiares están causando anarquía social























lunes, 1 de noviembre de 2021

Los «papeles» de Instagram: oculta su responsabilidad en tendencias suicidas y problemas mentales

Un 32% de los usuarios se sienten mal consigo mismos,
y un 40% es inseguro con su aspecto físico


Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Facebook,
se ve involucrado nuevamente en un escándalo
al no revelar ni atajar los problemas mentales
que Instagram ejerce sobre jóvenes y adolescentes.

De los más de 1.000 millones de usuarios de Instagram repartidos por todo el mundo, más de un 30% de ellos (320 millones) tiene edades comprendidas entre los 18 y los 24 años. Solo en Estados Unidos, el 72% de los adolescentes tiene Instagram, un porcentaje similar al 67% de los españoles jóvenes y adolescentes que usan frecuentemente esta red social.

Sin embargo, que lo use una abrumadora mayoría de la población juvenil no significa que los usuarios estén satisfechos o sean felices gracias al uso de la red social que adquirió Facebook por 1.000 millones de dólares en 2012.

Según los últimos documentos de Facebook filtrados por Wall Street Journal, se muestra que la realidad es totalmente contraria y se puede afirmar que la confesión de Eva Behrens, una estudiante de 17 años consultada por Facebook, es algo parecido a un patrón: “Cada vez que me siento bien conmigo misma, voy a Instagram y todas mis buenas sensaciones desaparecen”.

Instagram, detrás de la inseguridad de una de cada tres adolescentes 

Esta solo es una más de las miles de encuestas realizadas por Facebook sobre el uso de Instagram en adolescentes en marzo de 2020. Las respuestas no fueron las que Mark Zuckerberg esperaba ver. Tampoco que el 32% de las chicas afirmasen que, "cuando se sienten mal con su cuerpo, Instagram les hace sentir peor”.

Al ser preguntado por los niños y jóvenes en relación a la salud mental, el mismo Zuckerberg no dudó en afirmar en marzo de 2021 que “el uso de aplicaciones para conectarse con otras personas puede tener beneficios positivos para la salud mental”.

Una realidad muy distinta a la que mostraron las diapositivas filtradas, que admiten la responsabilidad de Instagram en “que los problemas de imagen corporal empeoren en una de cada tres adolescentes”, así como que los jóvenes “culpan a Instagram por los aumentos en la tasa de ansiedad y depresión”.

Diapositiva de Instagram de salud mental.

Una de las diapositivas filtradas, que reconoce que un elevado porcentaje de adolescentes que buscan la salud y estabilidad mental, admiten que Instagram lo empeora. 

De la comparación o sentirse mal al suicidio

“Esta reacción”, continúa el informe, “fue espontánea y consistente en todos los grupos”, y e destaca que entre los adolescentes que admitieron tener pensamientos suicidas, el 13% de los usuarios británicos y el 6% de los estadounidenses encontraron el origen de este deseo en Instagram.

Entre otros datos, en uno de los estudios realizados por los investigadores internos de Facebook en 2019, concluyeron que “el 14% de los niños en los Estados Unidos admitieron que Instagram los hacía sentir peor consigo mismos”.

Un año después, encontraron que el 40% de los adolescentes varones experimentan con frecuencia comparación social negativa. 

Muchos saben que Instagram no les hace bien, pero lo necesitan

Algunos de los documentos e investigaciones de Facebook indican que los efectos de Instagram no son dañinos para todos los usuarios, y que para la mayoría de los adolescentes, los efectos de la comparación social negativa –producida por estar en continuo contacto con imágenes de gente aparentemente mejor, con mejor estilo de vida e imposibles de alcanzar– son manejables.

Sin embargo, las filtraciones destacan todo lo contrario.

Facebook descubrió que más del 40% de los usuarios de Instagram que informaron sentirse “poco atractivos” dijeron que la sensación comenzó en la aplicación.

Aproximadamente una cuarta parte de los adolescentes que informaron “no sentirse lo suficientemente bien” situaron el origen en la misma causa.

Diapositiva filtrada de Instagram.

La imagen perfecta, ser atractivo o un estilo de vida al alcance de pocos son los valores más transmitidos por Instagram a sus usuarios. 

Otro de los datos alarmantes que se desprenden de las filtraciones y que Facebook conocía era el componente adictivo de Instagram.

“Los adolescentes nos dijeron que no les gusta la cantidad de tiempo que pasan en la aplicación, pero sienten que tienen que estar presentes”, destacó un gerente de investigación de Instagram. “Con frecuencia se sienten adictos y saben que lo que ven es malo para su salud mental, pero se sienten incapaces de parar”.

Dos peligros para jóvenes y adolescentes

A raíz de la filtración, no solo se desprende la alta “toxicidad” de Instagram para los adolescentes, sino que detalla dos peligros para su integridad física y emocional.

1º) La comparación negativa

Uno de ellos es la impotencia emocional que supone compararse con imágenes inalcanzables o incluso retocadas.

Instagram es conocido por las múltiples posibilidades de edición de imagen que ofrece. Sus usuarios se fijan en influencers y modelos.

Es la combinación de estas dos características lo que hace que la mayoría de jóvenes y adolescentes estén continuamente comparándose con alguien que, en muchos aspectos, aparenta “ser mejor”.

Por este motivo, los investigadores relacionados con el informe de Facebook e Instagram llegaron a recordar a los usuarios que las publicaciones podían no ser realistas, pero era tarde. La oleada generalizada de comparaciones negativas fue imposible de detener. Incluso cuando las participantes de estudios sabían que las fotos estaban retocadas, admitían sentirse peor consigo mismas después de verlas.

2º) Inseguridad y trastornos de la personalidad

Sentirse como objetos, y por tanto la generación de una baja inseguridad, es el segundo de los riesgos para los jóvenes, en muchos casos relacionado con trastornos de personalidad y alimenticios.

La concesión de una importancia desmedida al cuerpo que se da en Instagram provoca que los usuarios ocupen gran parte de su vida y de su día a día con la consigna de ser aceptados por su imagen.

Este pensamiento lleva a sentir vergüenza y baja autoestima, y el simple hecho de hacerse un selfie para publicarlo les lleva a sentirse peor ya que, más allá de que pocos se consideren satisfechos y seguros de sí mismos, los usuarios acaban convencidos de que su valor reside en la valoración que otros hagan de su apariencia.

Todo ello es lo que llevó a la propia compañía tecnológica a admitir, de forma interna, lo que los investigadores documentaron durante años: que Instagram –y no solo Instagram– es perjudicial para los adolescentes.

Diapositiva filtrada de Instagram.

Otra de las filtraciones, según la cual uno de cada cinco adolescentes reconoce que Instagram les hace sentirse peor con ellos mismos. 

Consecuencias: trastornos alimenticios durante años o días huyendo de la red social

Anastasia Vlasova es uno de los casos más sonados y paradigmáticos.  Pasaba cerca de tres horas diarias en la red social desde que se abrió la cuenta con 13 años.

“Cuando entraba, todo lo que veía eran imágenes de cuerpos cincelados, abdominales perfectos y mujeres que hacían 100 burpees en 10 minutos”, recoge Wall Street Journal. Anastasia, que ahora tiene 18 años, arrastra un trastorno alimentario desde hace cinco, y varios yendo a terapia.

Joven tapado por su imagen sonriente en redes

La imagen jovial en redes tapa la imagen real del joven; Instagram va asociado a mucho agobio y hasta adicción

Lindsay Dubin, de 19 años, explica que decidió hacer más ejercicio y buscó entrenamientos en Instagram. Desde entonces, el algoritmo de la aplicación dirige a la pestaña “explorar” consejos para perder peso, el tipo de cuerpo ideal o lo que debería y no debería comer. “Es como si me golpease cada vez que entro en Instagram”, admitió.

Anuncian un Instagram para niños menores de 13 años

Lejos de tomar medidas para frenar esta crisis psicológica de la juventud global, los directivos de Facebook pretenden desarrollar una nueva red social similar a Instagram pero orientada a menores de 13 años. En marzo de este año, Buzz Feed News tuvo acceso a una publicación interna en la que el directivo Vishal Shah anunciaba:

“Estoy emocionado de anunciar que… hemos identificado el trabajo juvenil como una prioridad para Instagram y lo hemos agregado a nuestra lista de prioridades. Construiremos un nuevo pilar juvenil dentro del Community Product Group para enfocarnos… en construir una versión de que permita a las personas menores de 13 años usar Instagram de forma segura por primera vez”

“Cuando se le preguntó si la compañía había estudiado los posibles efectos de la aplicación en los niños, Zuckerberg respondió con un `creo que la respuesta es sí´”, añaden los periodistas Georgia Wells, Jeff Horwitz y Deepa Seetharaman.

Los millennials, la generación que más sola se siente

Los problemas psicológicos de inseguridad y otros como los trastornos alimenticios o incluso los intentos de suicidio no son los únicos potenciados por el acceso precoz a las pantallas y redes sociales. 

Preguntada por la necesidad de los niños y adolescentes de socializar, la doctora en Educación y Psicología y experta Catherine L’Ecuyer destaca en el canal Haciéndote Preguntas la pérdida de la amistad y la interacción social como algunos otros problemas que son cada vez más frecuentes.

"No es lo mismo conectarse con WiFi que humanamente. Un estudio de 2019 de YouGov dice que los millennials son la generación que más sola se siente: un 30% dice no tener mejor amigo y un 20% dice no tener ninguno", explica. "Es una paradoja tener 5.000 amigos en Facebook y por otro lado no tener ninguno en la vida real".

Falta de amistad, de atención o impulsividad: los "otros" problemas de las redes

"La amistad de verdad supone conocerse mutuamente, compartir con el otro quienes somos. Hoy hay muchos adolescentes que tienen un concepto muy pobre de su identidad personal, por que muchas experiencias de las que han tenido provienen del mundo digital, reducen su identidad a una huella digital pero, ¿quién puede tener una amistad con una huella digital?"

De hecho, continúa, "en esa franja de edad, hay una relación entre el consumo de tecnología y problemas como la inatención, la reducción en el vocabulario o la impulsividad". 

"Durante mucho tiempo hemos pensado que el acceso universal a la tecnología era la solución para mejorar la educación, pero eso no es así. El consumo de internet no reduce, sino que aumenta la brecha social. No da las herramientas para navegar en internet, y cuanto menos preparado esta una persona, más vulnerable es a los efectos secundarios de la tecnología". 

Catherine L’Ecuyer, durante su intervención en Haciéndote Preguntas sobre redes sociales y educación. 

José María Carrera / ReL

Vea  también     Mensaje del Concilio Vaticano II a los Jóvenes

























sábado, 18 de junio de 2016

Dime a quién sigues en Twitter o Instagram y te diré…


¿quién eres?


Dime a quién sigues en Twitter o Instagram y te diré quién eres
Carlos Padilla Esteban, aleteia
Las redes sociales nos permiten seguir a aquellas personas que despiertan más interés por lo que cuentan, por lo que viven. Miles y millones de seguidores siguen a personas hasta hace poco tiempo desconocidas.

La publicidad, los trending topic (tendencias), hacen posible a muchos salir del anonimato, ser seguidos por muchos y ganar dinero fácil. 

Los youtuber suben videos grabados por ellos mismos a internet y son seguidos hasta por millones de personas.

Me impresiona que tanta gente pueda seguir a alguien que cuelga en la red videos caseros. Me sorprende, no lo voy a negar.
Es el deseo de ir a la última, de saber qué es lo que se mueve a mi alrededor, lo que me mueve a seguir a otros. La búsqueda de la última corriente, la última tendencia, los hábitos más nuevos. Es el deseo de no quedar fuera de última moda que se impone. O estás ahí o no estás.O estás al tanto de lo que pasa o no te enteras.

Entonces, me pregunto, ¿a quién sigo yo? Me gustaría seguir a personas que representaran esos valores que a mí me entusiasman. Personas auténticas, llenas de vida y de esperanza. Me gustaría seguir a soñadores que nunca se den por vencidos. A hombre enamorados de la vida, del hombre, de Dios.

Tal vez no hagan nada extraordinario, pero viven de forma extraordinaria su vida ordinaria. Siempre me admiran esas personas que crean tendencias, que son fieles a lo que han decidido y optan, y avanzan. Sin importarles el número de sus seguidores. No es lo importante.

Creo que los santos crearon tendencias con sus vidas. A lo mejor no tuvieron tantos seguidores, no estuvieron tan de moda, no ganaron dinero contando el número de seguidores. Pero marcaron tendencias en la vida de Iglesia. Cambiaron su realidad amando, y dejándose la vida.

No sé si Jesús tuvo en su vida tantos seguidores. No lo sé. Tal vez no importa tanto el número de seguidores. Hoy pueden ser cientos, mañana miles, algún día millones. No es tan importante. A lo mejor más tarde en el camino dejamos de tener seguidores.

Jesús veía cómo cientos y miles de hombres seguían sus pasos. Querían milagros, querían pan, tenían hambre de una vida eterna. Pero a Él no le importaba tanto que le siguieran. No le importaba su imagen.

A veces a mí sí. Me gusta tener seguidores. Me gustaría saber si creo tendencias. Pero todo eso es vanidad. ¿Quién soy yo en realidad, en lo más hondo de mi alma? ¿Quién soy yo y para qué camino y me levanto cada mañana?

Me gusta que me sigan. Que me valoren. Que me busquen. Está grabado en el corazón del hombre. El deseo de amar y ser amado. Pero sé que todo, al final, es vanidad. El éxito y la fama. Que hablen de ti o que no hablen. Crear tendencias o no crearlas. Todo es efímero.
Domingo de ramos. Viernes Santo. Muchos seguidores alabando a Jesús. Casi ningún fiel al pie de la cruz, cuando ya todo ha acabado. La soledad del olvido.

Tal vez nos acostumbramos a ese seguimiento de masas. Tal vez nos volvemos todos un poco masificados. Hago lo que otros hacen. Sigo a quien otros siguen. Compro donde otros compran. Busco las marcas que otros tienen. Me dejo llevar.

Pero en el fondo quiero ser distinto. Creo que un pecado actual se esconde en el deseo de querer ser distinto, de querer ser raro, original, único. Como si quisiera inventar yo algo nuevo, algo mío.

Quiero tener una forma original de hacer las cosas. Pero luego me dedico a seguir a otros. Quiero ser fiel a mi forma de vivir, pero luego acabo viviendo como los otros. El pecado que más me ata es la vanidad. Me creo mejor que los otros.

Decía el papa Francisco en la exhortación apostólica Amoris Laetitia: “Algunos se creen grandes porque saben más que los demás, y se dedican a exigirles y a controlarlos, cuando en realidad lo que nos hace grandes es el amor que comprende, cuida, protege al débil. La actitud de humildad es parte del amor, porque para poder comprender, disculpar o servir a los demás de corazón, es indispensable sanar el orgullo y cultivar la humildad”.

Juzgo a los demás desde la atalaya de mi orgullo porque no piensan ni actúan como yo. Me considero en posesión de la verdad, del mejor camino, y me falta humildad. Como si mi vida valiera la pena más que la vida de los otros.

La vanidad de aquel que quiere crear una tendencia propia, marcar un estilo único, definir una forma de vida excepcional. Todo es vanidad. Ese deseo que me lleva a querer ser reconocido por todos, ser seguido por muchos, tener un lugar en la historia por mi originalidad. ¡Qué fácilmente caigo en la vanidad!

Una persona rezaba: “A veces quiero ser grande en el reino de los cielos. Vanidad. En realidad me bastaría con ser pequeño. Despojado de mis ropajes. Desnudo ante ti, Señor, ante los hombres. Perdona si me quedo en el deseo de ser grande. Veo mi inconsistencia, mi pecado. Déjame soñar con cosas grandes, sin dejar de querer ser el más pequeño. Quiero ser el que soy delante de ti. No pretendo grandezas que superen mi capacidad. Dame paz, Señor, sí, dame paz”.

Me gustaría rezar así. Soñar con ser el más pequeño, con ser niño, con ser humilde. Ser pequeño en las manos de Dios. ¡Cuánto me cuesta a veces vencer esa tendencia mía que me lleva al orgullo!