Onésimo Díaz explica cómo, desde León XIII hasta León XIV, la Iglesia ha marcado silenciosamente la historia contemporánea.
Onésimo Díaz, sacerdote e historiador, repasa en ‘De León XIII a León XIV’ el papel de la Iglesia como conciencia moral de la modernidad.
El historiador y sacerdote Onésimo Díaz Hernández acaba de publicar De León XIII a León XIV. Qué ha hecho la Iglesia por el mundo desde 1878 hasta la actualidad (Sekotia), un recorrido por casi siglo y medio en el que la Iglesia se revela como una conciencia moral de la modernidad.
Frente a la visión que la reduce a un actor secundario o a un freno para el progreso, Díaz muestra cómo el magisterio, los papas y las comunidades cristianas han sido decisivos en la defensa de la dignidad humana, la paz, la libertad y la promoción de la mujer, incluso cuando la historiografía dominante apenas les concede protagonismo.
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-Usted parte de una pregunta muy sencilla pero decisiva: ¿qué ha aportado realmente la Iglesia al mundo que habitamos? Después de recorrer estos 150 años, ¿cuál diría que es la respuesta central del libro?
-La tesis central del libro es que la Iglesia católica ha sido mucho más que una institución religiosa encerrada en los templos; es decir, la Iglesia ha actuado como una conciencia moral de la modernidad. A lo largo de estos ciento cincuenta años, desde León XIII hasta León XIV, ha contribuido decisivamente a poner en el centro la dignidad de la persona, especialmente cuando el poder político, económico o ideológico tendía a reducir al ser humano a un número, a una clase o a un instrumento.
El libro sostiene que muchas de las ideas que hoy consideramos evidentes —la dignidad del trabajo, los derechos humanos, la defensa de los pobres, la importancia de la paz y del diálogo— no se entienden plenamente sin la aportación del pensamiento social cristiano. La Iglesia ha ejercido una influencia cultural y moral profunda, muchas veces silenciosa y poco reconocida. La gran conclusión es que la historia contemporánea no puede explicarse solo desde los Estados, los mercados o las revoluciones, sino también desde la acción paciente del magisterio, de las comunidades cristianas y de los papas.
-En el libro afirma que la historia reciente no se puede explicar solo desde el poder político o económico, sino también desde el magisterio y la conciencia de la Iglesia. ¿Qué ejemplo concreto le parece más iluminador de este protagonismo silencioso?
-Uno de los ejemplos más significativos es la resistencia moral frente a los totalitarismos del siglo XX. A menudo se cuenta la historia del comunismo y del fascismo desde la perspectiva militar o diplomática, pero se olvida el papel de la Iglesia como espacio de libertad interior y de defensa de la persona.
Pienso especialmente en san Juan Pablo II y en su influencia sobre Europa del Este. Su fuerza no fue militar ni económica: fue espiritual y cultural. Recordó a millones de personas que el ser humano posee una dignidad que ningún régimen puede aplastar. También Benedicto XVI y Francisco han ejercido ese protagonismo silencioso al recordar que una sociedad tecnológicamente avanzada puede perder el sentido moral si olvida la verdad sobre el hombre.
-Desde la Rerum novarum (1891) hasta las encíclicas más recientes se ha articulado la Doctrina Social de la Iglesia. ¿Qué intuiciones de León XIII siguen siendo hoy más incómodas y, a la vez, más necesarias para entender el trabajo, el Estado o la dignidad humana?
-León XIII sigue siendo extraordinariamente actual porque comprendió algo esencial: que ni el mercado ni el Estado pueden absorber a la persona. En Rerum novarum defendió simultáneamente la dignidad del trabajador, el derecho de asociación, el salario justo y la función social de la propiedad.
Hoy sigue siendo incómoda su idea de que el trabajo no es una simple mercancía. En una época marcada por la precariedad, la automatización y la inteligencia artificial, la Doctrina Social de la Iglesia recuerda que el trabajo tiene una dimensión humana y moral, no solo económica.
León XIV ha mencionado expresamente la encíclica 'Rerum Novarum' de León XIII como una de las razones que le impulsaron a escoger su nombre como Papa..
-Usted recorre los grandes escenarios del último siglo y medio —democracias, totalitarismos, guerras, procesos de paz, derechos humanos—. ¿En qué momentos cree que la voz de los papas ha sido más decisiva, aunque no suela aparecer en los manuales de historia?
-Hay varios momentos decisivos. Uno importantísimo fue la condena de los totalitarismos por parte de Pío XI y Pío XII. Otro momento clave fue el papel de Juan XXIII con Pacem in terris, en plena Guerra Fría, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética estuvieron a punto de comenzar la Tercera Guerra Mundial, que podía haber sido la última.
Probablemente el caso más evidente sea el de Juan Pablo II en la caída del comunismo europeo. No fue un actor secundario: ayudó a cambiar la atmósfera moral de todo un continente.
-El libro aborda también cuestiones como el papel de la mujer y la cultura popular. ¿Cómo ha influido la Iglesia, quizá de manera poco visible, en la promoción de la mujer y en la forma de mirar el cine, la literatura o la música de cada época?
-A menudo se olvida que gran parte de la promoción educativa y profesional de la mujer en muchos países fue impulsada por instituciones católicas: escuelas, universidades, hospitales y asociaciones sociales. Benedicto XV, hace más de cien años, defendió el sufragio femenino cuando muchos políticos preferían mantener en silencio a las mujeres, y Juan XXIII se atrevió a proclamar el derecho de todas las mujeres de todos los países a una educación y a las mismas condiciones laborales que los hombres.
En cuanto a la cultura popular, la Iglesia ha influido mucho más de lo que solemos pensar. El cine, la literatura o la música del siglo XX están llenos de preguntas religiosas y debates morales nacidos del imaginario cristiano.
-Como historiador y sacerdote, ¿qué le diría a quien sostiene que la Iglesia ha sido un freno para la modernidad?
-Le diría que la historia es mucho más compleja que los tópicos. Los católicos han cometido errores, pero reducir la Iglesia a un “freno de la modernidad” es una simplificación y un error.
Muchos elementos fundamentales de la modernidad —la dignidad humana, los derechos fundamentales, la libertad de conciencia y la centralidad de la educación— crecieron también en diálogo con la tradición cristiana.
-Este libro se presenta como una ayuda para pensar el papel de la Iglesia en los dilemas sociales del siglo XXI. ¿Qué espera que cambie en la mirada del lector corriente?
-Me gustaría que el lector saliera con una visión más matizada y más amplia de la Iglesia. No pido necesariamente adhesión religiosa, sino una comprensión histórica más justa.
En suma, el libro intenta mostrar que la Iglesia no ha sido una institución que simplemente reacciona ante la historia, sino una realidad que también ha contribuido a configurarla.
Max von Sydow interpretó a Jesucristo en 'La historia más grande jamás contada' (1965) de George Stevens.
Con motivo de la publicación de su libro Últimas noticias de Jesús(Espasa), José María Zavaladeclaraba a ReLque "cuando hablamos deJesús, la fe y la ciencia se complementan y van de la mano" y que "lahistoricidad de Jesúses incuestionable yno soloa la luz de los Evangelios".
No solo a la luz de los Evangelios... pero, obviamente, tambiéna la luz de los Evangelios, dado que son la principal fuente para conocer qué hizo y qué dijo quien era verdadero Dios y verdadero hombre.
De ahí la importancia de saber qué grado de certeza podemos tener de que todo aquello que los Evangelios nos dicen de Jesús tiene una fuente fiable, y si esa fuente ha llegado fiablemente hasta nosotros.
El problema lo plantea y resuelve de forma sumamente didáctica Álvaro García de Movellán Hernainz en una producción del canal de Youtube Adjema (Ad Jesum per Mariam). Uno de sus vídeos plantea la cuestión de forma directa: ¿Han sido manipulados los Evangelios a lo largo de la Historia?
Si lo han sido, la posibilidad de conocer a Jesucristo a través de ellos se esfuma en todo o en parte.
Si no lo han sido, el Jesucristo que nos presentan es el que conocieron quienes primero hablaron de Él: los Evangelios serían, en ese sentido, libros históricos merecedores de crédito.
Álvaro García de Movellán, sacerdote de la archidiócesis de Granada, fue ordenado en 2004. En 2018 creó el canal AdJema en Youtube donde da razón de la fe, ofrece criterios de vida espiritual y recoge testimonios de personas que viven para Dios o se han convertido a Él.
Ésta es su argumentación.
1. ¿Es fiable San Mateo?
San Mateo era publicano, recaudador de impuestos (Lc 5, 27-28) y fue elegido personalmente por Jesús (Lc 6, 12-16) para formar parte de los doce apóstoles, quienes vivieron día y noche junto a Él durante los tres años de su vida pública. Si el Evangelio de San Mateo lo escribió él, entonces es una fuente fiable.
2. ¿Escribió San Mateo su evangelio?
Esto dicen los escritores cristianos de los primeros siglos:
-Papías, obispo de Hierápolis (¿?-140), discípulo de San Juan: "Mateo escribió en lengua hebrea las palabras del Señor" (citado por Eusebio de Cesarea en Historia eclesiástica 3, 39, 3-4).
-Orígenes (185-254): "Conforme al testimonio de la tradición, mantengo... que el primero [Evangelio] es el de Mateo, que lo compuso en lengua hebrea para los conversos a la fe provenientes del judaísmo" (Comentarios a San Mateo).
-San Juan Crisóstomo (344-407): "Mateo... compuso un evangelio en hebreo y les dejó por escrito lo que antes les había enseñado de palabra" (Homilías sobre San Mateo, homilía primera).
3. ¿Es fiable San Marcos?
San Marcos no formó parte de los doce apóstoles, pero acompañó a San Pedro a Roma, donde le sirvió de intérprete. Antes había acompañado a San Pablo en un viaje, como recoge los Hechos de los Apóstoles (12, 25). Con todo lo que escuchó de Pedro, San Marcos compuso su evangelio. Luego, si el Evangelio de San Marcos fue escrito por él, tiene una fiabilidad muy alta como testigo de lo que dijo e hizo Jesús.
4. ¿Escribió San Marcos su evangelio?
Esto dicen los escritores cristianos de los primeros siglos:
-San Ireneo, obispo de Lyon, que tuvo contacto con discípulos de San Juan, en Adversus haereses 3, 1, 1 (c. 180), dice: "Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, nos legó por escrito lo que Pedro había predicado".
-San Clemente de Alejandría (150-215): "Muchos de los que allí estaban rogaron a Marcos que escribiera lo que había predicado el apóstol, pues Marcos había acompañado hacía tiempo a Pedro y conservaba en la memoria sus dichos, y así compuso Marcos el evangelio y lo entregó a los que se lo pedían" (Hypotyposes, citado por Eusebio de Cesarea en Historia Eclesiástica 6, 14).
5. ¿Es fiable Lucas?
Lucas no perteneció a los apóstoles, era compañero de San Pablo y médico (Col 4, 14).
6. ¿Escribió San Lucas su evangelio?
El mismo Lucas afirma ser su autor ("he resuelto escribírtelos por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente", Lc 1, 1-4).
San Ireneo, obispo de Lyon, dice: "Lucas, por su parte, seguidor de Pablo, escribió en libro el Evangelio que era predicado por aquél" (Adversus Haereses, 3, 1, 2).
Prólogo monarquiano (siglo III; prólogos que se encuentran en la mayoría de los manuscritos antiguos de la Vulgata, probablemente obra de Prisciliano): "Lucas, sirio de nación, antioqueno, médico de profesión... que siguió después a Pablo hasta su confesión... habiendo sido escritos ya los evangelios, en Judea por Mateo y en Italia por Marcos... escribió este evangelio en la región de Acaya".
7. ¿Es fiable Juan?
Juan era uno de los doce apóstoles. Luego, si el autor del Evangelio de Juan es Juan, su testimonio es muy fiable, porque además era el preferido del Señor.
8. ¿Escribió San Juan su evangelio?
Esto dicen los escritores cristianos de los primeros tiempos:
San Ireneo escuchó a San Policarpo, discípulo de San Juan: "Juan, discípulo del Señor... publicó también su evangelio, mientras vivía en Éfeso" (Adversus Haereses 3, 1, 1).
San Jerónimo (347-419): "El apóstol Juan... hijo del Zebedeo, escribió el último de todos los Evangelios, rogándoselo todos los obispos de Asia, contra Cerinto y otros herejes" (De Viris Ilustribus, 9).
9. ¿Cuándo se escribieron los evangelios?
Estos son los periodos de tiempo que se conocen con total seguridad:
San Mateo, 45-80
San Marcos, 60-70
San Lucas, 60-80
San Juan, década de los 90
Por tanto, todos los Evangelios se escribieron entre 12 y 57 años después de la muerte de Cristo (año 33).
10. ¿Cómo hay que valorar la distancia temporal de los evangelios respecto a la muerte de Jesús?
Como ejemplo comparativo sobre un gran personajes histórico: las dos primeras biografías de Alejandro Magno fueron escritas por Arriano (Flavio Arriano, Anábasis de Alejandro o Las campañas de Alejandro, siglo II d.C.) y por Plutarco, más de 400 años después de su muerte en el año 323 a.C. Esa distancia de cuatrocientos años no es óbice para que sean consideradas fuentes históricas.
11. ¿Se han conservado los evangelios tal como salieron de las manos de los evangelistas?
Llamamos autógrafo al texto original de una obra antigua. Se escribían en materiales perecederos: pergamino (pieles de animales) o papiros (plantas).
No tenemos absolutamente ningún texto autógrafo de ninguna obra de la Antigüedad.
Todas se conservan por copias manuscritas, y copias de copias de copias, hasta la invención de la imprenta.
12. ¿Qué es la crítica textual?
Es la ciencia que permite reconstruir el original a partir de las copias o, al menos certificar cuánto coinciden.
13. ¿Cómo se practica la crítica textual?
Daniel Wallace, experto en crítica textual, ha realizado de forma sistemática un experimento de reconstrucción de un original a raíz de copias de copias de copias de un texto original, copias que introducen errores involuntarios y también errores voluntarios que se le pide a los copistas que introduzcan.
Wallace ha hecho este experimento más de cincuenta veces. Como mucho, en la reconstrucción del original se ha fallado en 3 palabras, y eso solo en algunas ocasiones. En el resto de las veces, se ha conseguido reproducir íntegro el original palabra por palabra.
Puede verse la explicación detallada de este experimento en el vídeo del padre García de Movellán a partir del minuto 20:42:
A partir del minuto 20:42, una explicación detallada del experimento de Wallace.
14. ¿Cuáles son los criterios de la crítica textual?
Son cuatro:
-criterio de antigüedad: a mayor cercanía de la copia al original, más exactitud; cuanto más antiguas sean las copias, mejor.
-criterio de concordancia: cuantas menos diferencias haya entre los manuscritos, más seguros estaremos de que podemos reconstruir con exactitud el original.
-criterio geográfico: cuanta más distancia geográfica haya de las copias entre sí, más seguros estamos de que reproducen un mismo original;
-criterio de la cantidad: cuantas más copias haya, más seguros estamos de que reproducen el original.
15. ¿Cómo se aplican estos criterios a obras clásicas cuyo carácter histórico nadie niega?
-La Historia romana de Tito Livio fue escrita en el 17 d.C.; la copia manuscrita más antigua que se conserva es del año 900; hay veinte copias.
-La Guerra de las Galias de Julio César fue escrita en el 50 a.C.; la copia manuscrita más antigua que se conserva es del año 900; hay diez copias.
16. ¿Cómo se aplican estos criterios al Nuevo Testamento?
El Nuevo Testamento:
-todos sus libros fueron escritos entre los años 40 y 100 d.C.
-las copias manuscritas más antiguas abarcan desde el año 130 al año 350.
-las copias son concordantes en un 99%.
-las copias proceden de regiones muy distantes: Egipto, Roma, Siria...
-se conservan 5700 copias en griego, 10.000 en latín, 10.000 en otros idiomas como copto, siríaco, armenio, etc.; en total, más de 25.000 copias manuscritas del Nuevo Testamento, algunas de ellas solo copias fragmentarias, pero el resto copias completas.
17. ¿Hay alguna vía indirecta para conocer el texto auténtico de los Evangelios?
Desde el siglo I, los primeros escritores cristianos (San Agustín, San Jerónimo, San Ireneo, San Atanasio) escribieron libros sobre la doctrina cristiana, donde citan continuamente los Evangelios. Hay más de un millón de citas. Se podrían reproducir los cuatro evangelios enteros solo con sus citas.
18. ¿Cuál es el fragmento manuscrito más antiguo que poseemos del Nuevo Testamento?
Son algunos versículos del capítulo 18 de San Juan, encontrados en el papiro P52 por el papirólogo llamado Colin Henderson Roberts (1909-1990) en 1935. Fue compuesta esta copia entre los años 90 y el 150, con la fecha del año 100 como más probable.
19. ¿Cuántas diferencias o variantes hay entre unas copias y otras?
En las 25.000 copias suman entre 200.000 y 400.000 variantes.
20. ¿De qué naturaleza son esas diferencias?
El 99% tienen que ver o bien con una palabra, o bien con la ortografía, o bien con la gramática, y no cambian el sentido del texto.
Tres ejemplos:
-Palabras: "Jesús" en unas, "Señor" en otras.
-Ortografía: "Juan" con una "n" o con dos "n".
-Gramática: en griego, el orden de las palabras no es tan importante como en las lenguas modernas. Por ejemplo, la frase "Jesús ama a Pablo" se puede escribir en griego de más de diez formas distintas, pero se traducirían de la misma forma; muchas diferencias de las copias son de este tipo, del orden de las palabras
El 99% de las variantes son de este tipo.
En ese 1% donde hay cambios de sentido, no son cambios en la enseñanza doctrinal.
21. ¿Cambian el sentido ese 1% de variaciones distintas?
Los cambios de sentido nunca son doctrinales, sino materiales.
Por ejemplo, 1 Juan 1, 4:
-unas copias dicen: "Les escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa";
-otras copias dicen: "Les escribimos estas cosas para que la alegría de ustedes sea completa".
El sentido de ambas frases se contrapone (la alegría es de quien habla en un caso y de quien escucha en otro), pero la contraposición no es doctrinal ni se refiere a ningún hecho relevante.
22. ¿Constituyen los Evangelios un caso único?
No hay en toda la historia de la literatura antigua un caso igual al del Nuevo Testamento, ni siquiera que se le acerque. La certeza que tenemos de que las copias nos han transmitido el original es "impresionante", responde Álvaro García de Movellán.
El Nuevo Testamento es el texto de la Antigüedad del que estamos más plenamente seguros de que lo conservamos tal como fue escrito por los autores originales.
'Últimas noticias de Jesús' de José María Zavala aborda diversas pruebas históricas y arqueológicas que demuestran la historicidad de Jesucristo y del relato evangélico.
23. ¿Contienen los evangelios datos históricos que corroboren su autenticidad?
Los Evangelios ofrecen datos susceptibles de ser contrastados histórica y arqueológicamente. García de Movellán comenta cuatro:
-En Marcos 12, 13-17, se habla de un tipo de moneda muy específica que solo se usaba en un ámbito muy concreto; eso implica un conocimiento directo de primera mano de los hechos que estaban narrando.
-Lucas 3, 1 habla de Lisanias, tetrarca de Abilene, en tiempos del emperador Tiberio; los críticos denunciaban un error, pues el único Lisanias del que había constancia histórica no era tetrarca, sino gobernador de Calcis; hasta que los arqueólogos encontraron una inscripción del tiempo de Tiberio en la cual se nombraba a un Lisanias como tetrarca de Abilene; había, pues, dos autoridades con el mismo nombre y el dato de Lucas era correcto.
-Hechos 17, 6 (también escrito por Lucas) habla de unas autoridades llamadas poliarcas, pero no había evidencia de este término hasta que se descubrió un arco del siglo I que decía "En el tiempo de los poliarcas"; y luego aparecieron otras inscripciones con la misma referencia.
-Juan 5, 2 habla de la piscina de Betesda, con cinco soportales, pero no se conocía ninguna piscina en Jerusalén con cinco pórticos; hasta que unas excavaciones más profundas descubrieron una piscina con cinco pórticos, tal como estaba descrita en el Evangelio de San Juan.
24. Conclusión
Por todo lo anterior, podemos afirmar:
-que los evangelistas conocieron a Jesús o tuvieron un estricto contacto con gente que lo había conocido;
-que los Evangelios que conocemos fueron efectivamente escritos por los evangelistas que les dan nombre;
-que los evangelistas escribieron sus libros muy poco después -en términos comparativos con la literatura de la Antigüedad- de la muerte de Jesús;
-que se hicieron muchísimas copias, más que de ningún otro libro de la Antigüedad;
-que las copias más antiguas que se conservan son muy cercanas a los originales, por comparación a otras obras de la Antigüedad;
-que esas copias son concordantes entre sí, a pesar de la lejanía geográfica de muchas de ellas;
-que la crítica textual ha podido determinar de manera científica que tenemos la plena seguridad de que los Evangelios que tenemos en nuestra Biblia son exactamente iguales a los originales que hace dos mil años escribieron sus autores.
La mujer en la cultura católica ha podido influir la sociedad y transformarla, ganando espacios de libertad.
Giulia Galeotti, periodista e historiadora, y Lucetta Scaraffia, profesora de Historia y también experta en Bioética, han colaborado en el libro La Iglesia de las Mujeres(editorial Ciudad Nueva).
Este libro de 140 páginas incluye:
- un breve repaso de la función histórica de las mujeres en las entidades y estructuras católicas; - una exposición de las figuras femeninas en la cultura bíblica (lo femenino en Dios, que ha creado a los humanos en dos modalidades, hombres y mujeres; Dios como la Sabiduría, figuras bíblicas como Agar, María, Magdalena) - y una entrevista en profundidad con Scaraffia, intelectual conversa al catolicismo desde una familia de la masonería, la izquierda radical y una experiencia de comuna "hippy".
Galeotti es capaz de mostrar amplitud de visión histórica al presentar en relativamente pocas páginas la influencia liberadora del cristianismo en la historia de la mujer en 8 ámbitos.
1. Hombres y mujeres, con la misma dignidad espiritual
Con Jesús, que hablaba y comía con mujeres y alaba su fe y les predicaba también a ellas, el cristianismo establece un modelo que San Pablo explica así en su famoso texto de Gálatas: "Todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido. No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús".
Hombres y mujeres se bautizan igual, se confiesan igual, reciben los sacramentos de igual forma. Hay una igualdad radical en lo eterno y espiritual, y por lo tanto en la dignidad personal. No era así con muchas otras religiones de la Antigüedad ni en las actuales.
2. El matrimonio cristiano iguala a hombres y mujeres
En las culturas paganas, la promiscuidad sexual del marido (con esclavas, prostitutas o amantes) estaba perfectamente aceptada. La de la esposa, no tanto. El cristianismo crea otra cosa distinta: un matrimonio sin promiscuidad para ninguno, exigiendo a ambos exclusividad y fidelidad. "Durante mucho tiempo el derecho canónico fue el único que ponía en el mismo plano el adulterio masculino y el femenino. [...] Era una lectura inimaginable para las autoridades laicas. Hay que recordar que en Italia la ley civil que establecía penas diferentes por adulterio no se derogó de la Corte constitucional hasta 1968".
3. El matrimonio indisoluble defiende a la mujer
"Al sostener la indisolubilidad de las nupcias, el cristianismo -la única entre las grandes religiones monoteístas en proclamar la monogamia, que significa tutelar al contrayente más débil- protegía de hecho a la mujer de ser repudiada por esterilidad o adulterio".
En una cultura pagana que valora a las mujeres vírgenes, ¿qué futuro puede tener una mujer repudiada, expulsada? Pero los tribunales eclesiásticos siempre defendieron el vínculo de las esposas e impidieron los repudios. Incluso en el siglo XVI el anglicanismo nace como una imposición de un rey tiránico, Enrique VIII, que quiere huir del matrimonio indisoluble, que defendía los derechos de la reina.
Giulia Galeotti (a la izquierda), con Lucetta Scaraffia (a la derecha)
4. El cristianismo implanta al padre afectuoso y con deberes
Para los paganos, los padres (varones) tenían el derecho a matar a sus hijos o hijas. Una madre no podía defender a sus hijos o hijas.
El cristianismo impidió y combatió este derecho: en la Edad Media ningún país cristianizado reconocía ya este derecho a matar hijos y aunque algunos pueblos seguían practicándolo la Iglesia se esforzó en erradicarlo.
"El derecho canónico estableció además otro principio fundamental, según el cual a todo hijo -fuese legítimo, ilegítimo, fruto de adulterio o de incesto- le correspondía el derecho de ser alimentado por su padre, convirtiéndose en un deber preciso el proveer a los hijos independientemente de su origen".
Giulia Galeotti ha estudiado estos temas en su libro "In cerca del padre" y señala las normas canónicas que hacían que los clérigos proveyesen por sus hijos ilegítimos y también normas para defender los derechos de herencia de las niñas.
5. El monaquismo: mujeres cultas, un camino distinto al de la maternidad
Las mujeres cristianas podían optar por una vida fuera del ciclo de embarazos y partos: la vida monástica y consagrada. Las mujeres pobres en estas comunidades podían aprender a leer y escribir y obtener cultura, algo que era imposible para las mujeres pobres en culturas no cristianas.
Como escribía ya en 1910 la erudita norteamericana Emily James Putnam "ninguna institución ha concedido jamás a las mujeres las posibilidades de reconocimiento de las que gozaron en el convento".
6. Las abadesas: mujeres con jurisdicción temporal y espiritual
Desde el siglo XI, "las abadesas ejercían poderes semejantes a los del obispo: gozaban de una amplísima jurisdicción espiritual y temporal, tanto en el monasterio como en el territorio aledaño; juzgaban en las causas eclesiásticas, otorgaban a los sacerdotes derecho a predicar y confesar; conferían cargos eclesiásticos, en muchos casos dirigían monasterios dobles, con sección femenina y masculina".
A finales del siglo XII perdieron parte de estas atribuciones, pero ya habían forjado parte de Occidente.
Santa Clara (interpretada por Mary Petruolo) en la película italiana de 2007
7. Las mujeres fuertes reivindicativas
Giulia Galeotti pone ejemplos de mujeres católicas que abrieron nuevos espacios para la mujer en Occidente.
Clara de Asís arrancó del Papa Gregorio XI el "privilegio de pobreza", para que las clarisas, como los franciscanos, entraran en una excepción extraordinaria al derecho canónico: "no poder ser forzadas por nadie a recibir posesiones", llegando a la perfección radical en la pobreza.
Catalina de Siena, enfermiza y frágil, en el siglo XIV tomaba la palabra y escribía contra el cisma en la Iglesia y pedía al Papa, desplazado en Aviñón, que volviera a Roma.
Teresa de Jesús, en el siglo XVI, renovó la espiritualidad cristiana y la organización monacal, en red con otros reformadores.
En Italia, en el siglo XIX, Teresa Eustochio Verzeri logra no solo la autonomía económica para sus congregaciones sino que tengan una superiora general independiente de los hombres que centralice esta autonomía.
8. Emprendedoras administrando dinero y empresas
En el siglo XIX se produce un "boom" de fundadoras y emprendedoras católicas que ponen en marcha infinitos orfanatos, hospitales, escuelas e iniciativas, en Europa, América y en las misiones.
"Las fundadoras fueron, entre otras cosas, las primeras mujeres en administrar solas y con éxito sumas considerables de dinero, en enfrentarse activamente con nuevos equilibrios sociales, y en viajar, aceptando llegar a zonas todavía desconocidas", como se ve en el caso de muchas misioneras.
En este siglo hay otra novedad: si en siglos anteriores se necesitaba que las familias ricas o los reyes financiasen con grandes donaciones la creación de nuevos monasterios, en el siglo XIX las mujeres crean congregaciones con un capital inicial casi nulo o inexistente, y aprenden a obtener recursos y optimizarlos.
Muchas fundadoras vienen de familias burguesas y de zonas industrializadas y ya sabían ser buenas administradoras antes de entrar en religión. Ellas formarán a sus hermanas para que sean directoras de escuelas, hospitales y orfanatos.
Santa Francisca Javier Cabrini, que trabajó con los inmigrantes en EEUU en el siglo XIX, es un modelo de emprendedora que comenta Giulia Galeotti; su cuerpo se venera en Washington Heights, Nueva York [foto de Gregory A. Shemitz]
La ruptura llegó con la Revolución Sexual
Para Giulia Galeotti, las mujeres y la Iglesia estuvieron aliadas durante muchos siglos, para civilizar el mundo, hasta que en los años 50 del siglo XX se despobló el campo en Occidente y en los 60 llegó la Revolución sexual, la anticoncepción y el divorcio generalizado, con los valores individualistas que socavaban la familia y lo comunitario.
La autora cree que en el siglo XXI pueden darse nuevas alianzas entre cierto feminismo y la Iglesia Católica, en campos "como el aborto, la fecundación heteróloga, la gestación subrogada y la ideología de género", en los que se han dado "puntos de convergencia esenciales entre posiciones católicas y posiciones laicas".
Así, parte del feminismo coincide con el catolicismo en oponerse a las bases de la ideología de género, algo que "significa rechazar una visión que pretende liberar a las mujeres librándolas de la feminidad, privándolas de sus características naturales que las hacen no inferiores sino solo distintas a los hombres". En esta línea de resistencia a la ideología de género estaría la filósofa laica francesa Sylviane Agacinski.
La Iglesia de las Mujeres es un libro bastante amplio teniendo en cuenta los temas que cubre con detalle pero agilidad en tan solo 140 páginas y vale la pena acudir a él para divulgar un discurso alternativo al del feminismo de la confrontación imperante hoy en ámbitos políticos y académicos.
La mujer en la cultura católica ha podido influir la sociedad y transformarla, ganando espacios de libertad
Giulia Galeotti, periodista e historiadora, y Lucetta Scaraffia, profesora de Historia y también experta en Bioética, han colaborado en el libro La Iglesia de las Mujeres (editorial Ciudad Nueva).
Este libro de 140 páginas incluye:
- un breve repaso de la función histórica de las mujeres en las entidades y estructuras católicas; - una exposición de las figuras femeninas en la cultura bíblica (lo femenino en Dios, que ha creado a los humanos en dos modalidades, hombres y mujeres; Dios como la Sabiduría, figuras bíblicas como Agar, María, Magdalena) - y una entrevista en profundidad con Scaraffia, intelectual conversa al catolicismo desde una familia de la masonería, la izquierda radical y una experiencia de comuna "hippy". (Parte de esa historia puede leerse aquí, aunque en el libro da muchos más detalles y reflexiones interesantes).
Galeotti es capaz de mostrar amplitud de visión histórica al presentar en relativamente pocas páginas la influencia liberadora del cristianismo en la historia de la mujer en 8 ámbitos.
1. Hombres y mujeres, con la misma dignidad espiritual
Con Jesús, que hablaba y comía con mujeres y alaba su fe y les predicaba también a ellas, el cristianismo establece un modelo que San Pablo explica así en su famoso texto de Gálatas: "Todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido. No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús".
Hombres y mujeres se bautizan igual, se confiesan igual, reciben los sacramentos de igual forma. Hay una igualdad radical en lo eterno y espiritual, y por lo tanto en la dignidad personal. No era así con muchas otras religiones de la Antigüedad ni en las actuales.
2. El matrimonio cristiano iguala a hombres y mujeres
En las culturas paganas, la promiscuidad sexual del marido (con esclavas, prostitutas o amantes) estaba perfectamente aceptada. La de la esposa, no tanto. El cristianismo crea otra cosa distinta: un matrimonio sin promiscuidad para ninguno, exigiendo a ambos exclusividad y fidelidad. "Durante mucho tiempo el derecho canónico fue el único que ponía en el mismo plano el adulterio masculino y el femenino. [...] Era una lectura inimaginable para las autoridades laicas. Hay que recordar que en Italia la ley civil que establecía penas diferentes por adulterio no se derogó de la Corte constitucional hasta 1968".
3. El matrimonio indisoluble defiende a la mujer
"Al sostener la indisolubilidad de las nupcias, el cristianismo -la única entre las grandes religiones monoteístas en proclamar la monogamia, que significa tutelar al contrayente más débil- protegía de hecho a la mujer de ser repudiada por esterilidad o adulterio".
En una cultura pagana que valora a las mujeres vírgenes, ¿qué futuro puede tener una mujer repudiada, expulsada? Pero los tribunales eclesiásticos siempre defendieron el vínculo de las esposas e impidieron los repudios. Incluso en el siglo XVI el anglicanismo nace como una imposición de un rey tiránico, Enrique VIII, que quiere huir del matrimonio indisoluble, que defendía los derechos de la reina.
Giulia Galeotti (a la izquierda), con Lucetta Scaraffia (a la derecha)
4. El cristianismo implanta al padre afectuoso y con deberes
Para los paganos, los padres (varones) tenían el derecho a matar a sus hijos o hijas. Una madre no podía defender a sus hijos o hijas.
El cristianismo impidió y combatió este derecho: en la Edad Media ningún país cristianizado reconocía ya este derecho a matar hijos y aunque algunos pueblos seguían practicándolo la Iglesia se esforzó en erradicarlo.
"El derecho canónico estableció además otro principio fundamental, según el cual a todo hijo -fuese legítimo, ilegítimo, fruto de adulterio o de incesto- le correspondía el derecho de ser alimentado por su padre, convirtiéndose en un deber preciso el proveer a los hijos independientemente de su origen".
Giulia Galeotti ha estudiado estos temas en su libro "In cerca del padre" y señala las normas canónicas que hacían que los clérigos proveyesen por sus hijos ilegítimos y también normas para defender los derechos de herencia de las niñas.
5. El monaquismo: mujeres cultas, un camino distinto al de la maternidad
Las mujeres cristianas podían optar por una vida fuera del ciclo de embarazos y partos: la vida monástica y consagrada. Las mujeres pobres en estas comunidades podían aprender a leer y escribir y obtener cultura, algo que era imposible para las mujeres pobres en culturas no cristianas.
Como escribía ya en 1910 la erudita norteamericana Emily James Putnam "ninguna institución ha concedido jamás a las mujeres las posibilidades de reconocimiento de las que gozaron en el convento".
6. Las abadesas: mujeres con jurisdicción temporal y espiritual
Desde el siglo XI, "las abadesas ejercían poderes semejantes a los del obispo: gozaban de una amplísima jurisdicción espiritual y temporal, tanto en el monasterio como en el territorio aledaño; juzgaban en las causas eclesiásticas, otorgaban a los sacerdotes derecho a predicar y confesar; conferían cargos eclesiásticos, en muchos casos dirigían monasterios dobles, con sección femenina y masculina".
A finales del siglo XII perdieron parte de estas atribuciones, pero ya habían forjado parte de Occidente.
Santa Clara (interpretada por Mary Petruolo) en la película italiana de 2007
7. Las mujeres fuertes reivindicativas
Giulia Galeotti pone ejemplos de mujeres católicas que abrieron nuevos espacios para la mujer en Occidente.
Clara de Asís arrancó del Papa Gregorio XI el "privilegio de pobreza", para que las clarisas, como los franciscanos, entraran en una excepción extraordinaria al derecho canónico: "no poder ser forzadas por nadie a recibir posesiones", llegando a la perfección radical en la pobreza.
Catalina de Siena, enfermiza y frágil, en el siglo XIV tomaba la palabra y escribía contra el cisma en la Iglesia y pedía al Papa, desplazado en Aviñón, que volviera a Roma.
Teresa de Jesús, en el siglo XVI, renovó la espiritualidad cristiana y la organización monacal, en red con otros reformadores.
En Italia, en el siglo XIX, Teresa Eustochio Verzeri logra no solo la autonomía económica para sus congregaciones sino que tengan una superiora general independiente de los hombres que centralice esta autonomía.
8. Emprendedoras administrando dinero y empresas
En el siglo XIX se produce un "boom" de fundadoras y emprendedoras católicas que ponen en marcha infinitos orfanatos, hospitales, escuelas e iniciativas, en Europa, América y en las misiones.
"Las fundadoras fueron, entre otras cosas, las primeras mujeres en administrar solas y con éxito sumas considerables de dinero, en enfrentarse activamente con nuevos equilibrios sociales, y en viajar, aceptando llegar a zonas todavía desconocidas", como se ve en el caso de muchas misioneras.
En este siglo hay otra novedad: si en siglos anteriores se necesitaba que las familias ricas o los reyes financiasen con grandes donaciones la creación de nuevos monasterios, en el siglo XIX las mujeres crean congregaciones con un capital inicial casi nulo o inexistente, y aprenden a obtener recursos y optimizarlos.
Muchas fundadoras vienen de familias burguesas y de zonas industrializadas y ya sabían ser buenas administradoras antes de entrar en religión. Ellas formarán a sus hermanas para que sean directoras de escuelas, hospitales y orfanatos.
Santa Francisca Javier Cabrini, que trabajó con los inmigrantes en EEUU en el siglo XIX, es un modelo de emprendedora que comenta Giulia Galeotti; su cuerpo se venera en Washington Heights, Nueva York [foto de Gregory A. Shemitz]
La ruptura llegó con la Revolución Sexual
Para Giulia Galeotti, las mujeres y la Iglesia estuvieron aliadas durante muchos siglos, para civilizar el mundo, hasta que en los años 50 del siglo XX se despobló el campo en Occidente y en los 60 llegó la Revolución sexual, la anticoncepción y el divorcio generalizado, con los valores individualistas que socavaban la familia y lo comunitario.
La autora cree que en el siglo XXI pueden darse nuevas alianzas entre cierto feminismo y la Iglesia Católica, en campos "como el aborto, la fecundación heteróloga, la gestación subrogada y la ideología de género", en los que se han dado "puntos de convergencia esenciales entre posiciones católicas y posiciones laicas".
Así, parte del feminismo coincide con el catolicismo en oponerse a las bases de la ideología de género, algo que "significa rechazar una visión que pretende liberar a las mujeres librándolas de la feminidad, privándolas de sus características naturales que las hacen no inferiores sino solo distintas a los hombres". En esta línea de resistencia a la ideología de género estaría la filósofa laica francesa Sylviane Agacinski.
La Iglesia de las Mujeres es un libro bastante amplio teniendo en cuenta los temas que cubre con detalle pero agilidad en tan solo 140 páginas y vale la pena acudir a él para divulgar un discurso alternativo al del feminismo de la confrontación imperante hoy en ámbitos políticos y académicos.