Entradas populares

Mostrando entradas con la etiqueta Teología de la Liberación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teología de la Liberación. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de marzo de 2023

Las mujeres en la Iglesia: 8 pasos liberadores en la historia de la cultura católica


La mujer en la cultura católica ha podido influir la sociedad y transformarla,
ganando espacios de libertad.

 

Giulia Galeotti, periodista e historiadora, y Lucetta Scaraffia, profesora de Historia y también experta en Bioética, han colaborado en el libro La Iglesia de las Mujeres (editorial Ciudad Nueva).


Este libro de 140 páginas incluye:

- un breve repaso de la función histórica de las mujeres en las entidades y estructuras católicas;
- una exposición de las figuras femeninas en la cultura bíblica (lo femenino en Dios, que ha creado a los humanos en dos modalidades, hombres y mujeres; Dios como la Sabiduría, figuras bíblicas como Agar, María, Magdalena)
- y una entrevista en profundidad con Scaraffia, intelectual conversa al catolicismo desde una familia de la masonería, la izquierda radical y una experiencia de comuna "hippy".  

Galeotti es capaz de mostrar amplitud de visión histórica al presentar en relativamente pocas páginas la influencia liberadora del cristianismo en la historia de la mujer en 8 ámbitos. 

Portada de La Iglesia de las Mujeres, de Scaraffia y Galeotti
 La Iglesia de las Mujeres (aquí en Ciudad Nueva)

1. Hombres y mujeres, con la misma dignidad espiritual

Con Jesús, que hablaba y comía con mujeres y alaba su fe y les predicaba también a ellas, el cristianismo establece un modelo que San Pablo explica así en su famoso texto de Gálatas: "Todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido. No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús". 

Hombres y mujeres se bautizan igual, se confiesan igual, reciben los sacramentos de igual forma. Hay una igualdad radical en lo eterno y espiritual, y por lo tanto en la dignidad personal. No era así con muchas otras religiones de la Antigüedad ni en las actuales.   

2. El matrimonio cristiano iguala a hombres y mujeres

En las culturas paganas, la promiscuidad sexual del marido (con esclavas, prostitutas o amantes) estaba perfectamente aceptada. La de la esposa, no tanto. El cristianismo crea otra cosa distinta: un matrimonio sin promiscuidad para ninguno, exigiendo a ambos exclusividad y fidelidad. "Durante mucho tiempo el derecho canónico fue el único que ponía en el mismo plano el adulterio masculino y el femenino. [...] Era una lectura inimaginable para las autoridades laicas. Hay que recordar que en Italia la ley civil que establecía penas diferentes por adulterio no se derogó de la Corte constitucional hasta 1968". 

3. El matrimonio indisoluble defiende a la mujer

"Al sostener la indisolubilidad de las nupcias, el cristianismo -la única entre las grandes religiones monoteístas en proclamar la monogamia, que significa tutelar al contrayente más débil- protegía de hecho a la mujer de ser repudiada por esterilidad o adulterio".

En una cultura pagana que valora a las mujeres vírgenes, ¿qué futuro puede tener una mujer repudiada, expulsada? Pero los tribunales eclesiásticos siempre defendieron el vínculo de las esposas e impidieron los repudios. Incluso en el siglo XVI el anglicanismo nace como una imposición de un rey tiránico, Enrique VIII, que quiere huir del matrimonio indisoluble, que defendía los derechos de la reina.


 Giulia Galeotti (a la izquierda), con Lucetta Scaraffia (a la derecha)

4. El cristianismo implanta al padre afectuoso y con deberes

Para los paganos, los padres (varones) tenían el derecho a matar a sus hijos o hijas. Una madre no podía defender a sus hijos o hijas.

El cristianismo impidió y combatió este derecho: en la Edad Media ningún país cristianizado reconocía ya este derecho a matar hijos y aunque algunos pueblos seguían practicándolo la Iglesia se esforzó en erradicarlo. 

"El derecho canónico estableció además otro principio fundamental, según el cual a todo hijo -fuese legítimo, ilegítimo, fruto de adulterio o de incesto- le correspondía el derecho de ser alimentado por su padre, convirtiéndose en un deber preciso el proveer a los hijos independientemente de su origen". 

Giulia Galeotti ha estudiado estos temas en su libro "In cerca del padre" y señala las normas canónicas que hacían que los clérigos proveyesen por sus hijos ilegítimos y también normas para defender los derechos de herencia de las niñas. 

Portada de In cerca del padre, de Giulia Galeotti

5. El monaquismo: mujeres cultas, un camino distinto al de la maternidad

Las mujeres cristianas podían optar por una vida fuera del ciclo de embarazos y partos: la vida monástica y consagrada. Las mujeres pobres en estas comunidades podían aprender a leer y escribir y obtener cultura, algo que era imposible para las mujeres pobres en culturas no cristianas.

Como escribía ya en 1910 la erudita norteamericana Emily James Putnam "ninguna institución ha concedido jamás a las mujeres las posibilidades de reconocimiento de las que gozaron en el convento". 

6. Las abadesas: mujeres con jurisdicción temporal y espiritual

Desde el siglo XI, "las abadesas ejercían poderes semejantes a los del obispo: gozaban de una amplísima jurisdicción espiritual y temporal, tanto en el monasterio como en el territorio aledaño; juzgaban en las causas eclesiásticas, otorgaban a los sacerdotes derecho a predicar y confesar; conferían cargos eclesiásticos, en muchos casos dirigían monasterios dobles, con sección femenina y masculina".

A finales del siglo XII perdieron parte de estas atribuciones, pero ya habían forjado parte de Occidente. 

Mary Petruolo interpretando a Santa Clara en la película italiana de 2007
 Santa Clara (interpretada por Mary Petruolo) en la película italiana de 2007 

7. Las mujeres fuertes reivindicativas

Giulia Galeotti pone ejemplos de mujeres católicas que abrieron nuevos espacios para la mujer en Occidente. 

Clara de Asís arrancó del Papa Gregorio XI el "privilegio de pobreza", para que las clarisas, como los franciscanos, entraran en una excepción extraordinaria al derecho canónico: "no poder ser forzadas por nadie a recibir posesiones", llegando a la perfección radical en la pobreza. 

Catalina de Siena, enfermiza y frágil,  en el siglo XIV tomaba la palabra y escribía contra el cisma en la Iglesia y pedía al Papa, desplazado en Aviñón, que volviera a Roma. 

Teresa de Jesús, en el siglo XVI, renovó la espiritualidad cristiana y la organización monacal, en red con otros reformadores.

En Italia, en el siglo XIX, Teresa Eustochio Verzeri logra no solo la autonomía económica para sus congregaciones sino que tengan una superiora general independiente de los hombres que centralice esta autonomía. 

8. Emprendedoras administrando dinero y empresas

En el siglo XIX se produce un "boom" de fundadoras y emprendedoras católicas que ponen en marcha infinitos orfanatos, hospitales, escuelas e iniciativas, en Europa, América y en las misiones.

"Las fundadoras fueron, entre otras cosas, las primeras mujeres en administrar solas y con éxito sumas considerables de dinero, en enfrentarse activamente con nuevos equilibrios sociales, y en viajar, aceptando llegar a zonas todavía desconocidas", como se ve en el caso de muchas misioneras. 

En este siglo hay otra novedad: si en siglos anteriores se necesitaba que las familias ricas o los reyes financiasen con grandes donaciones la creación de nuevos monasterios, en el siglo XIX las mujeres crean congregaciones con un capital inicial casi nulo o inexistente, y aprenden a obtener recursos y optimizarlos.

Muchas fundadoras vienen de familias burguesas y de zonas industrializadas y ya sabían ser buenas administradoras antes de entrar en religión. Ellas formarán a sus hermanas para que sean directoras de escuelas, hospitales y orfanatos. 

francisca_javier_cabrini_washington_heights_ny_gregory_shemitz
Santa Francisca Javier Cabrini, que trabajó con los inmigrantes en EEUU en el siglo XIX, es un modelo de emprendedora que comenta Giulia Galeotti; su cuerpo se venera en Washington Heights, Nueva York [foto de Gregory A. Shemitz]

La ruptura llegó con la Revolución Sexual

Para Giulia Galeotti, las mujeres y la Iglesia estuvieron aliadas durante muchos siglos, para civilizar el mundo, hasta que en los años 50 del siglo XX se despobló el campo en Occidente y en los 60 llegó la Revolución sexual, la anticoncepción y el divorcio generalizado, con los valores individualistas que socavaban la familia y lo comunitario. 

La autora cree que en el siglo XXI pueden darse nuevas alianzas entre cierto feminismo y la Iglesia Católica, en campos "como el aborto, la fecundación heteróloga, la gestación subrogada y la ideología de género", en los que se han dado "puntos de convergencia esenciales entre posiciones católicas y posiciones laicas".

Así, parte del feminismo coincide con el catolicismo en oponerse a las bases de la ideología de género, algo que "significa rechazar una visión que pretende liberar a las mujeres librándolas de la feminidad, privándolas de sus características naturales que las hacen no inferiores sino solo distintas a los hombres". En esta línea de resistencia a la ideología de género estaría la filósofa laica francesa Sylviane Agacinski.

La Iglesia de las Mujeres es un libro bastante amplio teniendo en cuenta los temas que cubre con detalle pero agilidad en tan solo 140 páginas y vale la pena acudir a él para divulgar un discurso alternativo al del feminismo de la confrontación imperante hoy en ámbitos políticos y académicos.

P. J. Ginés, ReL

Vea también     La mujer  cristiana constructora
del "nuevo feminismo". 


























viernes, 15 de abril de 2022

En la capilla de la prisión, el Papa lavó los pies a 12 presos: «Id a Jesús, Dios siempre perdona»


 

En la tarde del Jueves Santo, el Papa Francisco acudió a la capilla de la cárcel de Civitavecchia a celebrar la misa "in Cena Domini" con el signo del lavado de los pies.

Llegó poco antes de las 4 de la tarde en un sencillo Fiat 500L blanco. Le esperaban a la entrada algunos niños que hicieron volar globos, y la directora del centro, Patrizia Bravelli, a la que ya conocía de anteriores visitas. También estaba presente la Ministra de Justicia italiana, Marta Cartabia, una católica que desde hace unos meses es también miembro de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales. 

El Papa entró en la capilla saludando a los presos, que esperaban en los bancos. El Pontífice entró en la sacristía de donde salió con un báculo de madera de olivo en la mano. La comunidad de la cárcel de Civitavecchia, entre internos y personal, son unos 900, de los que unos 530 son reclusos, la mayoría mujeres. Pero sólo unas docenas caben al mismo tiempo en la capilla.

Los presos tienen su propio coro que canta en la misa. Otros sirven en la liturgia como monaguillos y como lectores. El Papa les predicó improvisando, sin texto escrito, a partir de las lecturas del Jueves Santo.

Servicio y perdón: así es la vida con Dios

"Jesús lavando los pies del traidor, del que le vende", predicó el Papa Francisco. "Jesús nos enseña esto, sencillamente: entre vosotros debéis lavaros los pies unos a otros... Uno sirve al otro, sin interés: qué hermoso sería que esto se hiciera todos los días y a todas las personas".

El Papa lava los pies a presos en Civitavecchia en 2022

También animó a pedir perdón a Jesús, a acudir al juicio en el que Dios perdona. "¡Dios lo perdona todo y Dios siempre perdona! Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón". "Pide perdón a Jesús", insistió el Papa Francisco. "Hay un Señor que juzga, pero es un juicio extraño: el Señor juzga y perdona". Tras la homilía se mantuvo un largo silencio.

Francisco lavó los pies a 12 reclusos, entre ellos tres mujeres, una de ellas anciana que necesitaba ser ayudada por otra joven. Uno de esos presos, llamado Balduz, egipcio, se quitó la mascarilla y besó la mano del Papa apoyándola en su frente cuatro veces, signo de agradecimiento en su país. En un par de meses estará libre. Otro preso llevaba un rosario de plástico azul al cuello: el Papa, después de lavarle los pies, le animó a que lo usara para rezar.

Francisco celebra la misa in cena Domini en la prisión de Civitavecchia en Jueves Santo de 2022

Los que han muerto en la cárcel

Después, en las peticiones de los fieles, un joven pidió "por nuestros compañeros más frágiles, que han perdido la vida en la cárcel, para que el Señor los acoja en su abrazo amoroso y haga brillar la dicha en sus rostros". En ese momento, los asistentes aplaudieron, quizá porque casi todos conocen a alguien que murió en prisión.

La directora de la cárcel, fuera de la liturgia, dedicó unas palabras a explicar lo que se vive en este lugar: hay problemas de nacen dentro, y otros que llegan de fuera, como la violencia, los trastornos mentales o las adicciones. "Aquí hay una humanidad diversa y compleja en la que vemos muchas fragilidades", señaló. Sin embargo, también apuntó a cosas buenas que empiezan, "reinicios", con vidas nuevas y nuevas esperanzas.

Los presos entregaron al Pontífice algunos regalos sencillos preparados por ellos: cestas de plantas y flores, esculturas de madera y en alambre de cobre, dibujos a lápiz. El Papa repartió rosarios, bendiciendo algunos. Trató de hablar un poco, unas palabras, con cada asistente.

Francisco saluda en la capilla de la prisión de Civitavecchia en Jueves Santo de 2022

Francisco saluda en la capilla de la prisión de Civitavecchia en Jueves Santo de 2022.

Religiosas, enfermeras y los presos de alta seguridad

A la salida, Francisco saludó a las religiosas Esclavas de la Visitación, que prestan servicio en la cárcel, tan emocionadas que no podían ni hablar. Bromeando con ellas, llevaron al Papa a la sala de visitas de reuniones de familiares y amigos, que incluye una sala de juegos infantiles.

Allí el Papa se reunió con algo menos de 50 personas, la mayoría presos de la sección de alta seguridad. Un anciano abrió un sobre y mostró unas fotos: "Son mis nietos, nunca los he visto", le dijo. El Papa saludó también a funcionarios y enfermeras. Una mujer, esposa de un policía, le explicó, con lágrimas, que perdió a sus dos padres hace unos días.

Hacia las 17.45 horas, Francisco ya daba las gracias a la directora por su trabajo y emprendía el camino de vuelta a Roma.

(A partir de la crónica de VaticanNews)

Rel

Vea también    Un cura chino pasa 25 años en la cárcel para "reeducación" y falleces "al pie del cañon" a los 100





















martes, 17 de agosto de 2021

Las mujeres en la Iglesia: 8 pasos liberadores en la historia de la cultura católica



La mujer en la cultura católica ha podido influir la sociedad y transformarla,
ganando espacios de libertad

Giulia Galeotti, periodista e historiadora, y Lucetta Scaraffia, profesora de Historia y también experta en Bioética, han colaborado en el libro La Iglesia de las Mujeres (editorial Ciudad Nueva).

Este libro de 140 páginas incluye:

- un breve repaso de la función histórica de las mujeres en las entidades y estructuras católicas;
- una exposición de las figuras femeninas en la cultura bíblica (lo femenino en Dios, que ha creado a los humanos en dos modalidades, hombres y mujeres; Dios como la Sabiduría, figuras bíblicas como Agar, María, Magdalena)
- y una entrevista en profundidad con Scaraffia, intelectual conversa al catolicismo desde una familia de la masonería, la izquierda radical y una experiencia de comuna "hippy".  (Parte de esa historia puede leerse aquí, aunque en el libro da muchos más detalles y reflexiones interesantes). 

Galeotti es capaz de mostrar amplitud de visión histórica al presentar en relativamente pocas páginas la influencia liberadora del cristianismo en la historia de la mujer en 8 ámbitos. 

Portada de La Iglesia de las Mujeres, de Scaraffia y Galeotti
 La Iglesia de las Mujeres (aquí en Ciudad Nueva)

1. Hombres y mujeres, con la misma dignidad espiritual

Con Jesús, que hablaba y comía con mujeres y alaba su fe y les predicaba también a ellas, el cristianismo establece un modelo que San Pablo explica así en su famoso texto de Gálatas: "Todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido. No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús". 

Hombres y mujeres se bautizan igual, se confiesan igual, reciben los sacramentos de igual forma. Hay una igualdad radical en lo eterno y espiritual, y por lo tanto en la dignidad personal. No era así con muchas otras religiones de la Antigüedad ni en las actuales.   

2. El matrimonio cristiano iguala a hombres y mujeres

En las culturas paganas, la promiscuidad sexual del marido (con esclavas, prostitutas o amantes) estaba perfectamente aceptada. La de la esposa, no tanto. El cristianismo crea otra cosa distinta: un matrimonio sin promiscuidad para ninguno, exigiendo a ambos exclusividad y fidelidad. "Durante mucho tiempo el derecho canónico fue el único que ponía en el mismo plano el adulterio masculino y el femenino. [...] Era una lectura inimaginable para las autoridades laicas. Hay que recordar que en Italia la ley civil que establecía penas diferentes por adulterio no se derogó de la Corte constitucional hasta 1968". 

3. El matrimonio indisoluble defiende a la mujer

"Al sostener la indisolubilidad de las nupcias, el cristianismo -la única entre las grandes religiones monoteístas en proclamar la monogamia, que significa tutelar al contrayente más débil- protegía de hecho a la mujer de ser repudiada por esterilidad o adulterio".

En una cultura pagana que valora a las mujeres vírgenes, ¿qué futuro puede tener una mujer repudiada, expulsada? Pero los tribunales eclesiásticos siempre defendieron el vínculo de las esposas e impidieron los repudios. Incluso en el siglo XVI el anglicanismo nace como una imposición de un rey tiránico, Enrique VIII, que quiere huir del matrimonio indisoluble, que defendía los derechos de la reina.


 Giulia Galeotti (a la izquierda), con Lucetta Scaraffia (a la derecha)

4. El cristianismo implanta al padre afectuoso y con deberes

Para los paganos, los padres (varones) tenían el derecho a matar a sus hijos o hijas. Una madre no podía defender a sus hijos o hijas.

El cristianismo impidió y combatió este derecho: en la Edad Media ningún país cristianizado reconocía ya este derecho a matar hijos y aunque algunos pueblos seguían practicándolo la Iglesia se esforzó en erradicarlo. 

"El derecho canónico estableció además otro principio fundamental, según el cual a todo hijo -fuese legítimo, ilegítimo, fruto de adulterio o de incesto- le correspondía el derecho de ser alimentado por su padre, convirtiéndose en un deber preciso el proveer a los hijos independientemente de su origen". 

Giulia Galeotti ha estudiado estos temas en su libro "In cerca del padre" y señala las normas canónicas que hacían que los clérigos proveyesen por sus hijos ilegítimos y también normas para defender los derechos de herencia de las niñas. 

Portada de In cerca del padre, de Giulia Galeotti

5. El monaquismo: mujeres cultas, un camino distinto al de la maternidad

Las mujeres cristianas podían optar por una vida fuera del ciclo de embarazos y partos: la vida monástica y consagrada. Las mujeres pobres en estas comunidades podían aprender a leer y escribir y obtener cultura, algo que era imposible para las mujeres pobres en culturas no cristianas.

Como escribía ya en 1910 la erudita norteamericana Emily James Putnam "ninguna institución ha concedido jamás a las mujeres las posibilidades de reconocimiento de las que gozaron en el convento". 

6. Las abadesas: mujeres con jurisdicción temporal y espiritual

Desde el siglo XI, "las abadesas ejercían poderes semejantes a los del obispo: gozaban de una amplísima jurisdicción espiritual y temporal, tanto en el monasterio como en el territorio aledaño; juzgaban en las causas eclesiásticas, otorgaban a los sacerdotes derecho a predicar y confesar; conferían cargos eclesiásticos, en muchos casos dirigían monasterios dobles, con sección femenina y masculina".

A finales del siglo XII perdieron parte de estas atribuciones, pero ya habían forjado parte de Occidente. 

Mary Petruolo interpretando a Santa Clara en la película italiana de 2007
 Santa Clara (interpretada por Mary Petruolo) en la película italiana de 2007 

7. Las mujeres fuertes reivindicativas

Giulia Galeotti pone ejemplos de mujeres católicas que abrieron nuevos espacios para la mujer en Occidente. 

Clara de Asís arrancó del Papa Gregorio XI el "privilegio de pobreza", para que las clarisas, como los franciscanos, entraran en una excepción extraordinaria al derecho canónico: "no poder ser forzadas por nadie a recibir posesiones", llegando a la perfección radical en la pobreza. 

Catalina de Siena, enfermiza y frágil,  en el siglo XIV tomaba la palabra y escribía contra el cisma en la Iglesia y pedía al Papa, desplazado en Aviñón, que volviera a Roma. 

Teresa de Jesús, en el siglo XVI, renovó la espiritualidad cristiana y la organización monacal, en red con otros reformadores.

En Italia, en el siglo XIX, Teresa Eustochio Verzeri logra no solo la autonomía económica para sus congregaciones sino que tengan una superiora general independiente de los hombres que centralice esta autonomía. 

8. Emprendedoras administrando dinero y empresas

En el siglo XIX se produce un "boom" de fundadoras y emprendedoras católicas que ponen en marcha infinitos orfanatos, hospitales, escuelas e iniciativas, en Europa, América y en las misiones.

"Las fundadoras fueron, entre otras cosas, las primeras mujeres en administrar solas y con éxito sumas considerables de dinero, en enfrentarse activamente con nuevos equilibrios sociales, y en viajar, aceptando llegar a zonas todavía desconocidas", como se ve en el caso de muchas misioneras. 

En este siglo hay otra novedad: si en siglos anteriores se necesitaba que las familias ricas o los reyes financiasen con grandes donaciones la creación de nuevos monasterios, en el siglo XIX las mujeres crean congregaciones con un capital inicial casi nulo o inexistente, y aprenden a obtener recursos y optimizarlos.

Muchas fundadoras vienen de familias burguesas y de zonas industrializadas y ya sabían ser buenas administradoras antes de entrar en religión. Ellas formarán a sus hermanas para que sean directoras de escuelas, hospitales y orfanatos. 

francisca_javier_cabrini_washington_heights_ny_gregory_shemitz
Santa Francisca Javier Cabrini, que trabajó con los inmigrantes en EEUU en el siglo XIX, es un modelo de emprendedora que comenta Giulia Galeotti; su cuerpo se venera en Washington Heights, Nueva York [foto de Gregory A. Shemitz]

La ruptura llegó con la Revolución Sexual

Para Giulia Galeotti, las mujeres y la Iglesia estuvieron aliadas durante muchos siglos, para civilizar el mundo, hasta que en los años 50 del siglo XX se despobló el campo en Occidente y en los 60 llegó la Revolución sexual, la anticoncepción y el divorcio generalizado, con los valores individualistas que socavaban la familia y lo comunitario. 

La autora cree que en el siglo XXI pueden darse nuevas alianzas entre cierto feminismo y la Iglesia Católica, en campos "como el aborto, la fecundación heteróloga, la gestación subrogada y la ideología de género", en los que se han dado "puntos de convergencia esenciales entre posiciones católicas y posiciones laicas".

Así, parte del feminismo coincide con el catolicismo en oponerse a las bases de la ideología de género, algo que "significa rechazar una visión que pretende liberar a las mujeres librándolas de la feminidad, privándolas de sus características naturales que las hacen no inferiores sino solo distintas a los hombres". En esta línea de resistencia a la ideología de género estaría la filósofa laica francesa Sylviane Agacinski.

La Iglesia de las Mujeres es un libro bastante amplio teniendo en cuenta los temas que cubre con detalle pero agilidad en tan solo 140 páginas y vale la pena acudir a él para divulgar un discurso alternativo al del feminismo de la confrontación imperante hoy en ámbitos políticos y académicos.

P.J. Ginés, ReL

Vea también      107 piropos que iluminan el día de la mujer