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martes, 18 de agosto de 2026

La caída de población solo tiene arreglo, según analistas, si «sexo» vuelve a significar «hijos»

El problema es cultural más que económico, y lo demuestra el mismo origen temporal de su nacimiento.

La cultura contemporánea desliga el concepto de 'sexo' del que sigue siendo su fruto más enriquecedor y causante de felicidad: los hijos.

La cultura contemporánea desliga el concepto de 'sexo' del que sigue siendo su fruto más enriquecedor y causante de felicidad: los hijos.


    Bryce Lungren es párroco en varias localidades del noreste de Wyoming (Estados Unidos). Fue ordenado en 2018. Para un artículo que redactó aquel año interrogó a un anciano sacerdote sobre qué se pensaba en su adolescencia -hace más de setenta años- cuando se decía “sexo”. 

    La respuesta no revistió dudas: sexo significaba “procreación”. Es decir: hijos. Ya fuesen entendidos como algo apetecible o rechazable, claro.

    El cambio moral y cultural contra la natalidad

    Hoy, sin embargo, Lungren apuesta a que solo una de cada cien personas tiene la procreación como primera idea en la mente cuando se habla de sexo. Es más: los hijos son vistos mayoritariamente como una consecuencia negativa del sexo. 

    Bryce Lungren, quien nació y ejerce su ministerio en Cheyenne... con un sombrero vaquero propio de sus orígenes familiares. Ha escrito un libro titulado 'La vía cowboy del católico'.

    Bryce Lungren, quien nació y ejerce su ministerio en Cheyenne... con un sombrero vaquero propio de sus orígenes familiares. Ha escrito un libro titulado 'La vía cowboy del católico'.Diócesis de Cheyenne

    Obviamente también se conocía eso antes de los años 60. No todo embarazo era bienvenido, por supuesto, pero sí reconocido como la consecuencia natural del acto que lo había provocado. Esa mentalidad cambió rápidamente y hace décadas que resulta estadísticamente marginal e incluso aborrecida por la cultura dominante... con indignación o con burla. La palabra "sexo" se interpreta como un placer garantizado por una anticoncepción segura y eficaz.

    Lungren no duda en rechazar esa idea sin tapujos, al declarar que la anticoncepción es, en realidad, "la causa de todos nuestros problemas sobre la sexualidad". Celebra la encíclica Humanae Vitae (1968) de Pablo VI y recuerda que prácticamente solo la Iglesia es consciente de ello.

    ¿Y por qué apunta esto? Porque "nuestros problemas sobre la sexualidad" se han traducido en la destrucción del entorno familiar y la caída de la natalidad, al quedar reforzadas conductas como las relaciones sexuales prematrimoniales, las homosexuales naturalmente estériles e incluso el aborto, considerado “una respuesta a algo que ‘salió mal’ en el acto sexual”. Al tiempo que crecen el divorcio, la promiscuidad y la confusión sexual,

    Por eso Lungren es muy claro en su afirmación: “Si queremos salvar a la sexualidad de una destrucción total, tenemos que retomar una mentalidad favorable a la concepción” como “finalidad natural del acto sexual”. 

    Esto es, “la contracepción está corrompiendo la sexualidad” y “destruyendo familias”, es “la causa de todos nuestros problemas concernientes a la sexualidad", y lo que nos toca es acabar con la mentalidad contraceptiva o anticonceptiva y sustituirla por una mentalidad cuyo objetivo es que la sexualidad se traduzca “en el hermoso edificio que es su finalidad, a saber, una familia”.

    No muchos se atreven a decirlo con esta claridad, y este sacerdote agradece a Dios “la sabiduría de la Iglesia católica” al hacerlo.

    La quinta profecía

    Por ejemplo, Patrick O'Hearn (marido, padre y autor de más de una docena de libros sobre apostolado y espiritualidad) le atribuye a la Iglesia una “quinta profecía” tras el cumplimiento de las cuatro anunciadas por Humanae Vitae. 

    A saber, que la aceptación social de la contracepción se traduciría -expresa O'Hearn interpretando a Pablo VI- en:

    • “decadencia moral",
    • "pérdida de respeto de los maridos a sus esposas",
    • "abuso gubernamental del poder" y 
    • "dominación masculina”.

    El quinto mal, añade, es que un número creciente de mujeres católicas ha renunciado “a su deber de educar a sus hijos en la fe católica” porque “uno de los más perniciosos frutos de la contracepción” y de la disminución de hijos es facilitar la incorporación de la esposa al mundo laboral y confiar la educación de ese menor número de hijos a centros donde la fe es secundaria. 

    “Aparta a la madre del hogar y eliminarás vocaciones de la Iglesia”, sintetiza como audaz conclusión, que atribuye a que la contracepción tiene “el efecto siniestro de apartar a las madres de casa”, y eso, en el caso de las madres activamente católicas, puede tener una traducción directa en la pérdida de vocaciones por el déficit en la formación católica de sus hijos.

    Incluido que otros adultos y niños "tengan más influencia sobre ellos que nosotros" cuando "permitimos que nuestras carreras tengan preferencia sobre la salvación eterna de nuestros hijos".

    ¿Y si acudimos a los presupuestos del Estado?

    Numerosos gobernantes son bien conscientes del doble impacto negativo sobre la natalidad de la reinterpretación del sexo:

    • el descarte de la fecundidad en beneficio del placer y
    • la universalización del trabajo materno.

    Pero no quieren combatir dicha reinterpretación, sino contrapesarla con los presupuestos del Estado.

    Por ejemplo, países como Corea del Sur, Noruega o Mongolia, señala Joy Pullmann (madre de seis hijos y directora ejecutiva de The Federalist) lo han intentado con subvenciones directas o con beneficios tributarios, y aunque hayan incrementado un poco la natalidad, no ha sido en nivel suficiente para invertir la tendencia. Más inteligente se ha considerado la diseñada por la presidencia de Donald Trump, con aportaciones que buscan más la inversión que el gasto.

    Joy Pullmann, madre de seis hijos y activista pro-familia desde posiciones originales, recuerda que si el Estado 'gasta' por la familia... ¡puede perjudicarla!

    Joy Pullmann, madre de seis hijos y activista pro-familia desde posiciones originales, recuerda que si el Estado 'gasta' por la familia... ¡puede perjudicarla!

    Pero Pullman rechaza que las ayudas sociales sustituyan al papel materno: "Pagar a las mujeres por tener hijos es una idea terrible", sostiene.  ¿Por qué? Porque el incremento del gasto estatal obliga al trabajo materno y disocia la natalidad de la familia, lo cual supone un "colapso cultural", afirma esta analista política de relieve, muy presente en grandes medios estadounidenses. 

    En efecto, el apoyo económico público tiende a producir hijos interesadamente porque puede ser rentable tenerlos, pero no en el seno de una familia. Pero es que incluso eso puede no ser rentable, pues “los hijos sin padre ni madre imponen más costes sociales de los que desvelan sus impuestos". 

    De ahí que Pullman apueste por un cambio cultural (el apoyo a la familia estructurada y a los hijos surgidos en ella) más que por un cambio impositivo independiente de la estructura familiar y al final dependiente de las cantidades percibidas y presupuestadas. El incremento de los gastos públicos a favor de la natalidad -argumenta- obliga al trabajo materno en detrimento de la fertilidad.

    ¿Hay un culpable de este mal económico causado por la baja natalidad? Sí, "el feminismo", señala ella, porque "prohíbe que se repare en principios de biología básica": 

    • "Pero hay que ser lo bastante valiente y honesto para comprender que la auto-esterilización y el materialismo con factores que contribuyen enormemente a la escasez global de niños: el dinero influye mucho menos que la mentalidad".

    Concluye que el cambio de mentalidad que ha hundido la natalidad tiene mucho que ver con la pérdida de la fe, porque "virtualmente todo el declive de la fertilidad proviene del declive del cristianismo". (Lo refiere a Estados Unidos, pero es una afirmación extensible a todo Occidente.)

    Confirmación... desde la izquierda

    Incluso expertos que Pullman considera de izquierdas, como la doctora Aviva Romm, lamentan el descrédito público que sufre el proceso maternal, y por ello pide a las mujeres que reclamen su "sabiduría natural sobre el parto" y vivan su "embarazo, su dar a luz y su periodo postparto" con "confianza" y "rodeadas de un apoyo profundo, significativo y respetuoso".

    Todo lo contrario, subraya Pullman, a la percepción negativa del proceso maternal como algo de lo que hay que huir. Así lo transmite hoy casi universalmente la educación a las adolescentes y jóvenes cuando comienzan sus años fértiles, exaltando por el contrario las aspiraciones laborales. 

    Del mal de los '60 al peor de los '90

    Y en ello coincide asimismo otra mujer, Vivian Borges, quien lamenta que el proceso iniciado en los años 60 se agravó a partir de los años 90 por el incremento y perfeccionamiento de los mecanismos de artificialización del sexo. Las jóvenes fueron convencidas por la "estructura secular" (plasmada sobre todo en el sistema educativo, pero no solo) de que les resultaba mejor liberarse del servicio a sus familias convirtiendo "la promiscuidad y los encuentros sexuales vacíos", es decir, sin pretensiones, en el "ídolo" a seguir.

    Las feministas que adoran a ese ídolo olvidan otro efecto que señala Vivian: "Un hombre que crece acostumbrado a la utilización de métodos anticonceptivos siente la tentación de olvidar la veneración debida a una mujer", convertida en "un mero instrumento de satisfacción para sus deseos" en cuanto "herramienta unidimensional del acto sexual".

    El lo que cuenta cuenta Jason Evert, un padre de ocho hijos experimentado apologista católico que centra en la castidad sus divertidas y muy valoradas conferencias. Recordemos uno de sus vídeos más célebres: 

    Como dice Evert según le cita Vivian Borges, para numerosísimas chicas la introducción al acto sexual procede de la visión de pornografía, que las convence de que "sus expectativas para su vida íntima serán violentas, denigrantes y públicas". Y eso fomenta el transexualismo entre muchas adolescentes, pues acuden a él para sentirse hombres y huir del infierno que entienden las espera como mujeres. 

    "¿Quién puede condenarlas?", subraya Vivan. Pues el responsable es el "feminismo", que pretende "liberar" a las mujeres "de las consecuencias naturales de la receptividad femenina a la nueva vida". Y recurre a amputaciones físicas (como el transgenerismo) o fisiológicas (como las esterilizaciones).

    Se da la peculiar circunstancia, concluye Vivian Borges, de que la cultura dominante es absurda y contradictoria porque...

    • reprueba la maternidad como un riesgo y una esclavitud porque da vida a un nuevo ser humano...
    • ¡y ensalza intervenciones quirúrgicas de todo tipo al servicio del sexo como algo sin finalidad extrínseca, como "las inyecciones de Botox, el relleno de los labios, el lifting de cejas, la reforma de la mandíbula, los implantes mamarios o la extirpación de costillas"!

    Cuatro criterios coincidentes

    Un sacerdote (Bryce Lungren) y un padre (Patrick O'Hearn) y dos madres (Joy Pullmann y Vivian Borges), con numerosos hijos los tres, coinciden así en lo que han deducido de su práctica apostólica y de su estudio de la realidad económica, demográfica y, sobre todo, cultural.

    A saber, coinciden en que el derrumbe de población (el cual por fin, después de décadas ocultándose como problema público, ya es reconocido como una catástrofe que conduce a la ruina presupuestaria y a conflictos sociales por la desigualdad entre los de casa y la inmigración excesiva o ilegal de los de fuera) solo puede remediarse con un cambio cultural basado en que "sexo" vuelva a significar "hijos".

    ¿Complicado ese cambio? No es solo una cuestión moral. Hay también una ignorancia: que la felicidad que aportan los hijos es profunda y duradera, y la que aporta el sexo es trivial y acotada. Dolor también hay en ambas, está claro, como en cualquier realidad humana, pero... solo una tiene contrapartida suficiente.

    Carmelo López-Arias, ReL

    Concluyamos para mostrarlo con lo que explica este otro padre de familia numerosa:

    domingo, 22 de septiembre de 2024

    ¿Y si la crisis de natalidad en Occidente se frenara reduciendo más «el asistencialismo del Estado»?

                                 Pakaluk, economista, esposa, y madre de ocho hijos...
                                        analiza el papel que debería tener la Iglesia



    "El recorrido hacia un mayor deseo de tener hijos es
    que más personas vean que la Iglesia satisface sus
    necesidades corporales y espirituales", reclama Catherine Pakaluk.











    En Occidente, y no solo ahí, nacen cada vez menos hijos.

    Entre los pocos académicos que buscan respuestas complejas a este problema está Catherine Pakaluk, economista de la Catholic University of America, esposa, madre de ocho hijos y autora de Hannah's Children. The Women Quietly Defying the Birth Death, un texto con testimonios de primera mano de 55 mujeres que están "desafiando el invierno demográfico". Matteo Carnieletto la ha entrevistado en el número de septiembre de Il Timone: 

    -Profesora Pakaluk, ¿cuál ha sido el descubrimiento más significativo que ha hecho usted mientras trabajaba en este libro?

    -He aprendido que no hay nada que determine la tendencia hacia las familias menos numerosas. Es más, he descubierto que la elección de tener hijos sigue siendo posible hoy en día, pero depende del valor que se da a los niños. Las mujeres que he conocido atribuyen un valor muy alto a los hijos: los consideran bendiciones de Dios, expresiones de la bondad divina y el objetivo de su matrimonio.

    »Creen que los niños son como la riqueza y la salud, que no son nunca demasiada. Esto han dicho: no existen "demasiados" niños. Significa que no someten la elección de tener hijos a determinadas "condiciones" materiales o económicas como, por ejemplo, el tamaño de la casa, la renta que tienen, el número de coches que poseen. Han decidido poner a los hijos por encima de otros bienes, de las carreras, de las oportunidad y de más tiempo libre. Para la mayoría de las mujeres de mi estudio, el altor valor que atribuyen a los niños deriva de valores bíblicos, alimentados por comunidades religiosas vivas.

    Catherine-PakalukCatherine Pakaluk es economista de la Catholic University of America, esposa, madre de ocho hijos y autora de Hannah's Children. The Women Quietly Defying the Birth Death.

    -Por lo que usted dice, los valores -sobre todo los religiosos- pueden seguir jugando un papel decisivo contra el invierno demográfico...

    -Rotundamente sí. De hecho, pienso que los valores religiosos son el único recorrido significativo para cambiar la dirección de los índices de natalidad. Los instrumentos políticos habituales -ayudas, beneficios, créditos- no son lo suficientemente altos para que la balanza se incline a favor de la maternidad, ya que la vida moderna ofrece a las mujeres tantas opciones de vida buena y atractiva. Desde un punto de vista "macro", el coste económico de tener hijos ha disminuido junto al crecimiento económico como todas las otras cosas: el coste de los alimentos, la vivienda y la vestimenta.

    »El coste que está aumentando corresponde a la "oportunidad" de tener hijos, a lo que se renuncia para tener un hijo. Se paga por un hijo con aquello a lo que se debe renunciar en términos de estilo de vida, identidad, trabajo profesional y renta. Sin embargo, para las mujeres y los hombres que ven a los hijos como bendiciones de Dios, hay una razón más amplia para poner en un segundo lugar los intereses y las oportunidades personales.

    -Sin embargo, los medios de comunicación dominantes, cuando hablan del invierno demográfico, atraen la atención casi exclusivamente sobre el empobrecimiento económico, sobre la baja ocupación femenina, sobre la precariedad laboral...

    -Es exactamente así. Los medios de comunicación dominantes -y los principales partidos políticos- no tienen una visión real del problema. Es ir contra la razón afirmar que, después de haber vivido más de 200 años de un crecimiento económico increíble, las personas modernas no pueden permitirse tener hijos.

    Catherine Pakaluk. Catherine Pakaluk junto a su extensa familia. 

    »El empobrecimiento económico no es la historia de los bajos índices de natalidad, si bien también puede haber familias con dificultades económicas. Más bien, el crecimiento económico -nuestra riqueza- es la historia de los bajos índices de natalidad. A partir de los años 60, la mayor parte de las familias, pudiendo elegir, prefería buscar una renta mayor en detrimento de tener más hijos. Este ha sido el cambio decisivo, que deriva de las preferencias individuales y familiares. La fertilidad tiene un vínculo claro con el matrimonio.

    -Las políticas que hoy en día no saben contrarrestar el invierno demográfico son las mismas que durante decenios han favorecido la disgregación familiar. ¿Había o hay un diseño ideológico contra la familia?

    -No diría que hay un plan político. Mucho antes de la tesis sobre la sobrepoblación -que ciertamente incluía un plan contra la familia-, hemos visto que los hombres y las mujeres preferían una dimensión familiar más pequeña además del acceso al trabajo de las mujeres. La píldora no ha sido en realidad un plan contra la familia, pero ha cambiado el modo de elegir de las familias. Si no tenemos claro cuál es la naturaleza del problema, podemos caer en la trampa de los medios de comunicación dominantes.

    »Efectivamente, es más fácil promover nuevas políticas y planes económicos -aunque no sirvan para nada-, que enfrentarse a la verdad, que es que hoy no tenemos hijos porque en realidad no los queremos. O no los queremos tanto como para renunciar a otras cosas buenas. Este es el núcleo del problema. Para la Iglesia -y para todas las Iglesias-, significa volver a las preguntas fundamentales sobre el significado de la vida humana, sobre lo que hace que sea buena y sobre la Providencia de Dios. Significa tomarse en serio el primer mandamiento: "sed fecundos y multiplicaos". Más que un rechazo del control de los nacimientos, una defensa de lo deseables que son los niños y de la verdad central de la Encarnación de Jesucristo.

    -¿Sigue siendo posible invertir la tendencia demográfica? ¿Cuál es la intervención más eficaz y qué se necesita?

    -La intervención más eficaz es crear más espacios en la sociedad para las comunidades religiosas vivas. El Estado moderno ha asumido la mayor parte de las tareas que antes eran competencia de la religión, sobre todo el bienestar, la asistencia sanitaria y la instrucción. Esto ha causado la reducción de las iglesias a meras comunidades espirituales. No parece un problema, pero las obras de misericordia son corporales y espirituales. Van juntas.

    »Cuando se obliga a las iglesias a salir de la esfera de la caridad corporal, tienden a perder la influencia espiritual. Lo que la crisis de la fertilidad revela es una crisis espiritual respecto al deseo de tener hijos. El recorrido hacia un mayor deseo de tener hijos es que más personas vean que la Iglesia satisface sus necesidades corporales y espirituales. Es difícil. Significa que tenemos que disminuir o eliminar el papel del Estado en el cuidado de los pobres, los enfermos y los jóvenes. Los Estados no lo harán voluntariamente porque está claro que ese papel les confiere mucho poder y prestigio.

    »Sin embargo, lo harán de mala gana cuando la crisis fiscal causada por el bajo índice de natalidad les obligue a cesar todos los programas sociales. En resumen, la adquisición de los programas sociales por parte del Estado ha representado una arrogancia fundamental, como la Torre de Babel: ha sido un grave error, porque el Estado no puede exigir los sacrificios necesarios para tener hijos. El Estado ha fingido que se convertía en una madre, como la Iglesia, ofreciendo leche en dinero y el apoyo de su caja. Pero es una madre estéril y ahora corre el riesgo de morir por su propia mano.

    ReL, traducido por Verbum Caro.

    Vea también     



    viernes, 9 de agosto de 2024

    5 razones que explican la crisis de natalidad: «Se ha generalizado el pesimismo», alerta Macarrón

    No es sólo el factor económico:
    ni los funcionarios tienen hijos

    Alejandro Macarrón afirma que hay que incentivar
    la natalidad y el matrimonio y desincentivar el divorcio. 









    España vive una crisis muy profunda de natalidad, que viene a su vez agravada por un profundo desplome de la nupcialidad y una normalización y fomento del divorcio, lo que todo junto ha dejado a España y al resto de países de Occidente con la estructura familiar al borde del alambre y en proceso de descomposición.

    ¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Qué consecuencias puede tener esta ausencia de hijos? ¿Es culpa del sistema que no favorece a las familias o en realidad la gente no quiere tener hijos?

    A todas estas cuestiones tan importantes en un tema en el que la humanidad se juega su futuro da respuesta Alejandro Macarrón, demógrafo y profesor universitario, en una entrevista con Javier Lozano en la revista Misión, publicación de suscripción gratuita, editada en papel y la favorita de las familias católicas españolas.

    - España no llega a 1,2 hijos por mujer. ¿Cómo ve la situación actual?

    - El diagnóstico es muy malo. Nacen menos niños de los necesarios para el relevo generacional y vamos hacia peor. El 40 % de las mujeres no tiene hijos, un 20 % tiene uno, un 28 % dos, un 9 % tres y hay un 3 % con cuatro o más. Sigue habiendo quien tiene tres o cuatro hijos, pero hoy son minoría.

    - ¿Cómo ve el contexto mundial?

    - Si siguen las cosas así, dentro de entre 15 y 30 años la población mundial empezará a decrecer. El máximo de nacimientos se tocó hace 10 años. Desde entonces nacen menos niños que el año anterior.

    - ¿Qué provoca esta crisis de natalidad?

    - El número de hijos por mujer empezó a caer en los países desarrollados hace unos 150 años. Al mismo tiempo cayó, incluso más, la mortalidad infantil. En España, en 1880, la mitad de los niños que nacían no llegaban a los 12 años. O se tenían muchos niños o la sociedad decaía y esto generó una cultura pronatalidad. Esa tendencia se quiebra en el siglo XIX.

    - ¿Cómo afecta la crisis del matrimonio?

    - Tener hijos es hacer la mayor inversión de tu vida. Pero hoy casi la mitad no se casa, y de los que sí lo hace, la mitad se divorcia. Sólo el 25 % permanecen unidos para toda la vida. Eso es un desastre. Y encima los hijos de divorciados se divorcian mucho más.

    - ¿La caída de la natalidad va unida a la descristianización?

    - Por supuesto. La gente más religiosa tiene más hijos. Hoy ni para las élites ni para el pueblo los valores cristianos cuentan, y son estos los que permiten ver la paternidad como un gran tesoro, a pesar del sacrificio y del compromiso que entraña. Si la gente cree que el matrimonio es algo sagrado y que hay que estar abierto a la vida, esto tiene un efecto evidente en su existencia.

    - El gran argumento que se ofrece hoy es económico…

    - Los factores económicos en lo importante no tienen la menor incidencia. Quienes más hijos tienen en España son el segmento posiblemente más pobre: los musulmanes. Ellos y los cristianos muy religiosos, que pueden ser de clase alta o no. Los funcionarios, con empleos estables, tampoco tienen muchos niños. En plena guerra civil nacían muchos más niños que ahora.

    - ¿Es entonces una cuestión cultural?

    - Es fundamentalmente cultural. Si una sociedad quiere niños, ya sea por presión del pueblo o por los votos, el político haría lo imposible porque hubiera más. Pero si no se conciencia de que es mejor tener niños y no se fomenta la estabilidad matrimonial, las personas no se embarcan en esta aventura.

    - ¿Existe hoy una ausencia de responsabilidad social?

    - Lo que me enfada es que se presuma de no tener hijos. Si todo el mundo actúa así, sería el caos. No habrá quien les cuide o quien produzca lo que necesitan. Muchos no ven esta responsabilidad para consigo mismos ni para con los demás.

    - ¿Qué consecuencias tendrá esto?

    - Lo peor es el desierto afectivo, pues la persona no genera esa red de afecto personal, esa continuidad familiar y personal. En los últimos 50 años se ha multiplicado por seis el porcentaje de personas que viven solas en España. La soledad es especialmente dura en la sociedad moderna. Esto no lo cura la inmigración. Yo no puedo importar un niño o un adulto para que sea el hijo que no tuve.

    - Vamos hacia una sociedad anciana…

    - Y la democracia se está convirtiendo en una gerontocracia. Esto lleva a que se estruje fiscalmente a la gente que produce. Los pensionistas son el segmento electoral más homogéneo. Hoy día es el más poderoso. No es culpa de ellos, el político sabe dónde están los votos.

    - ¿Cómo será una sociedad de individuos que han crecido solos?

    - Más pobre. No es que ser hijo único sea lo peor, pero no es lo ideal. Los hermanos juegan y se pelean, negocian, cooperan y compiten continuamente. Eso genera unas habilidades. En China sufren las consecuencias del experimento social del hijo único. La llaman “la sociedad de los pequeños emperadores…”.  Para la formación como ser humano es mucho mejor tener varios hermanos, sin duda.

    Un niño solo ante una nada, foto de Guillaume de Germain para Unsplash

    - Pero no se destaca lo bueno…

    - Sólo se hace énfasis en lo que cuestan los niños y así se justifica que tener hijos “no compensa”. Se destaca lo que penaliza, pero no se pone en valor la maravilla de tener un niño y criarlo, y de lo que compensa afectivamente.

    - ¿Por qué no es un tema prioritario para los gobernantes?

    - Es un problema que avanza lentamente y el ser humano se mueve más por problemas agudos. Es incómodo para los políticos, porque muchas personas no tienen hijos. El que busca votos tiene miedo de molestar a parte de sus electores. Luego hay ideologías antinatalidad como el feminismo. Y prefieren fomentar leyes como la del aborto o el divorcio exprés.

    - ¿Es posible cambiar estas políticas?

    - Es importante la sociedad civil. Si no buscas el voto, puedes decir que el rey está desnudo, pero si estás en la corte, no puedes porque te meterán en la mazmorra, aunque el rey esté desnudo y todo el mundo lo sepa. Hay que pedir que haya hijos, no para garantizar las pensiones, sino porque es bueno para las personas y para la sociedad.

    - ¿Cómo revertir esta situación?

    - Hay que contar la verdad a la sociedad desde la escuela. Si no tenemos niños, nos espera un futuro muy gris y no es justo para quienes sí los tienen. Las élites, que son las que tienen más influencia, tienen que ser pronatalidad.

    - ¿Algo más?

    - Hay que hacer un cambio en el Estado. Las personas que tienen hijos tienen un gasto en crianza que redunda en favor de la sociedad. Tienen que tener mucha menos carga fiscal. Hay que favorecer la estabilidad familiar y desincentivar el divorcio, mostrando el daño que se hace a los hijos. Y cambiar el que el Estado sea anticristiano. Los católicos tienen unos valores estupendos para una sociedad, porque generan estabilidad y producen un bien para la sociedad.

    Por otro lado, Alejandro Macarrón ofrece 5 razones que explican la crisis de natalidad:

    1. Cambio en los valores familiares:
    Ha habido un cambio en los valores ligados a la familia y a la estabilidad familiar. “Se desvalorizó el matrimonio, el casarse joven y el tener hijos pronto. Mucha gente quiere tener niños, pero cuando ya es demasiado mayor”, advierte Macarrón.

    2. Crisis del matrimonio:
    “La mitad de la gente en España ya no se casa. Hay tres formas de hogares con hijos: matrimonios, parejas de hecho y hogares monoparentales. Los matrimonios tienen más hijos, porque es un marco mucho más estable para tener niños, pero el divorcio ha tenido fuertes efectos antinatalistas”.

    3. Incorporación de la madre al mundo laboral y ataque a la figura paterna.
    “La incorporación de la mujer al mundo laboral tiene mucho peso, ya que dificulta formar familias grandes. Ahora mismo hay un ninguneo de la figura del padre y un desprecio a la madre que no quiere trabajar fuera del hogar”.

    4. Aborto y el ecologismo:
    Macarrón recuerda que “de estar penalizado, el aborto ha pasado a ser considerado un derecho. Además, se fomenta un catastrofismo ecológico en el que tener hijos es malo para el planeta”.

    5. Ambiente antinatalidad:
    “En España hay una generalización del pesimismo, como si tener hijos fuese empobrecerse. Se mete miedo a las familias y a los jóvenes, a la vez que se vacía de estatus el matrimonio y se fomenta la monoparentalidad, una auténtica barbaridad, tanto afectiva como materialmente”, asegura el experto.

    ReL

    Vea también     La Fecundidad en el Matrimonio, la colaboración de la pareja con Dios Creador, con Cristo Redentor y el Espíritu Santificador


    lunes, 13 de mayo de 2024

    Francisco anima a los Estados Generales de la Natalidad y responde a las falacias antinatalistas

    Francisco, con niños asistentes junto con sus padres a los Estados Generales de la Natalidad congregados por cuarto año en Roma. Foto: Vatican Media.Francisco, con niños asistentes junto con sus padres a los Estados Generales de la Natalidad congregados por cuarto año en Roma. 


    Los días 9 y 10 de mayo se reunieron en Roma los IV Estados Generales de la Natalidad, unos encuentros que buscan crear en la sociedad italiana conciencia del problema del hundimiento de la natalidad y hacer propuestas concretas para invertir la tendencia demográfica. 

    Francisco ya ha apoyado esta iniciativa con su presencia otros años, en 2023 acompañado por la primer ministro Giorgia Meloni. Es objetivo de los organizadores implicar en los Estados Generales al mundo de la política, de las finanzas, de los medios, de la cultura, de la sociedad...

    "La natalidad me preocupa mucho"

    En sus palabras de este viernes a los asistentes, el Papa ratificó su compromiso con esta causa: "Estoy contento de estar con vosotros porque, como sabéis, el tema de la natalidad me preocupa mucho".

    A continuación articuló una respuesta contundente al argumentario antinatalista, basada en el principio de que "Dios tiene un proyecto grande y único para cada uno de nosotros". La actuación correspondiente debe estar guiada, dijo, por tres conceptos clave: "Realismo, perspectiva a largo plazo y coraje".

    El problema no es cuántos somos, sino qué mundo construimos

    Estos son los ocho puntos principales que expuso el Papa.

    1. "En el pasado, no han faltado estudios y teorías que ponían en guardia ante el número de habitantes de la Tierra, porque el nacimiento de demasiados niños crearía desequilibrios económicos, falta de recursos y contaminación. Siempre me ha llamado la atención que estas tesis, hoy anticuadas y superadas, hablaban de los seres humanos como si se tratase de problemas. Pero la vida humana no es un problema, es un don. Y en la origen de la contaminación y del hambre en el mundo no están los niños que nacen, sin las decisiones de quien solo piensa en sí mismo, el delirio de un materialismo ciego y desenfrenado, del consumismo... El problema no es cuántos somos en el mundo, sino qué mundo estamos construyendo. El problema no son los hijos, sino el egoísmo, que crea injusticias y estructuras de pecado".

    Un 'selfie' con el Papa. En primer término, hace la foto Gigi de Palo, presidente de los Estados Generales de la Natalidad.

    Un 'selfie' con el Papa. En primer término, hace la foto Gigi de Palo, presidente de los Estados Generales de la Natalidad. Foto: Vatican Media.

    2. "Las casas se llenan de objetos y se vacían de hijos, convirtiéndose en lugares muy tristes. No faltan perros ni gatos, faltan hijos... El consumismo y el individualismo dejan a las personas saciadas, solas e infelices".

    3. "El número de nacimientos es el primer indicador de la esperanza de un pueblo. Sin niños y jóvenes, un país pierde su deseo de futuro... Italia, como el resto de Europa, está perdiendo su esperanza en el mañana. El Viejo Continente se transforma cada vez más es un continente viejo, cansado y resignado, empeñado en exorcizar las soledades y angustias de no saber ya disfrutar, en la civilización del don, la verdadera belleza de la vida".

    4. "Hay un dato que me ha dado un estudioso de la demografía: en este momento, las inversiones más rentables son las fábricas de armas y los anticonceptivos. Unas destruyen la vida, otras impiden la vida. ¿Qué futuro nos espera?"

    5. "A nivel institucional, son urgentes políticas eficaces, decisiones valientes, concretas y a largo plazo, para sembrar hoy y que los hijos puedan recoger mañana... Se trata de decisiones serias y eficaces en favor de la familia". Citó las ayudas a las madres para que no tengan que optar entre tener hijos o trabajar, o facilitar a los jóvenes el acceso a la vivienda y a trabajos no precarios.

    6. "Es importante promover... una cultura de la generosidad y de la solidaridad intergeneracional... No lo olvidemos: el futuro de hijos y nietos se construye sobre las espaldas fatigadas por años de trabajo y de sacrificios escondidos de padres y abuelos, en cuyo abrazo encontramos el don silencioso y discreto del trabajo de una vida entera... El reconocimiento y la gratitud hacia ellos por parte de quien está creciendo son la respuesta sana que hace sólida y fuerte la sociedad".

    7. [A los jóvenes] "No os rindáis, tened confianza, porque el mañana no es algo inexorable: lo construimos juntos, y en ese 'juntos' encontramos, ante todo, al Señor... ¡Pongámonos a remar para invertir la ruta, aunque eso signifique ir contra corriente". 

    8. "El futuro no se construye solo con hijos. Falta otra parte muy importante: los abuelos. Hoy hay una cultura que esconde a los abuelos, los manda a residencias... La tendencia ahora es descartar a los abuelos... Abuelos solos y descartados... ¡es un suicidio cultural! El futuro lo hacen los jóvenes y los viejos juntos; el coraje y la memoria, juntos... Los abuelos no son solo pasado, ayudan para el futuro".

    ReL

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