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miércoles, 22 de marzo de 2023

Evangelio del día

 


Libro de Isaías 49,8-15.

Así habla el Señor: En el tiempo favorable, yo te respondí, en el día de la salvación, te socorrí. Yo te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir las herencias devastadas,
para decir a los cautivos: "¡Salgan!", y a los que están en las tinieblas: "¡Manifiéstense!". Ellos se apacentarán a lo largo de los caminos, tendrán sus pastizales hasta en las cumbres desiertas.
No tendrán hambre, ni sufrirán sed, el viento ardiente y el sol no los dañarán, porque el que se compadece de ellos los guiará y los llevará hasta las vertientes de agua.
De todas mis montañas yo haré un camino y mis senderos serán nivelados.
Sí, ahí vienen de lejos, unos del norte y del oeste, y otros, del país de Siním.
¡Griten de alegría, cielos, regocíjate, tierra! ¡Montañas, prorrumpan en gritos de alegría, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de sus pobres!
Sión decía: "El Señor me abandonó, mi Señor se ha olvidado de mí".
¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!


Salmo 145(144),8-9.13cd-14.17-18.

El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas.

El Señor es fiel en todas sus palabras
y bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que caen
y endereza a los que están encorvados.

El Señor es justo en todos sus caminos
y bondadoso en todas sus acciones;
está cerca de aquellos que lo invocan,
de aquellos que lo invocan de verdad;


Evangelio según San Juan 5,17-30.

Jesús dijo a los judíos:
"Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo".
Pero para los judíos esta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre.
Entonces Jesús tomó la palabra diciendo: "Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo.
Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mostrará obras más grandes aún, para que ustedes queden maravillados.
Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que él quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie: él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo,
para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida.
Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán.
Así como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella,
y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre.
No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz
y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio.
Nada puedo hacer por mí mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

Beato María-Eugenio del Niño Jesús (1894-1967)
carmelita, fundador de Nuestra Señora de Vida
La obediencia (Je veux voir Dieu, Carmel, 1949), trad.sc©evangelizo.org


“Lo que busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió” (Jn 5,30)

La obediencia es una virtud que une el hombre a Dios, cuando se somete a la voluntad divina, manifestada por Dios mismo o sus representantes. Se ha dicho de esta virtud que es casi teologal. Se relaciona con la virtud de la justicia, que nos hace dar a Dios lo que le es debido. Dios tiene derechos soberanos sobre nosotros que somos sus criaturas. La sumisión a su voluntad y la ejecución en todos sus detalles de la misión que nos ha confiado son para nosotros un deber, que nos impone su soberanía absoluta.
El plan para realizar lo que nos pide es infinitamente sabio. Debe procurar al mismo tiempo la gloria de Dios y nuestra felicidad. Todo lo que Dios exige de nosotros es altamente razonable, sabio y santo. Ese Maestro absoluto sólo ejerce su poder para nuestro bien y respetando nuestra libertad. La sabiduría de los designios de Dios, tanto como su poder soberano, fundamentan nuestra obediencia. (…)
El hombre capta esa luz -que nos indica la voluntad de Dios- por la obediencia y la hace entrar en su vida. La obediencia camina siempre en la luz. Sólo impone la sumisión a la inteligencia con el fin de hacerle superara las luces propias, que son limitadas, para hacerla entrar en la gran luz de Dios. Misteriosamente pero firmemente, indica al alma los senderos que le ha trazado la Sabiduría y la conduce a esas regiones que esa Sabiduría le ha fijado como morada de eternidad. (EDD)

Oración

– Señor, ayúdame a vivir en obediencia a tus caminos

“Señor, Tu Palabra dice que hay mucha paz para los que aman tu ley y que no habrá para ellos tropiezo (Salmo 119:125).

Amo tu ley porque es buena y está ahí para mi beneficio. Permíteme vivir en obediencia a cada parte de ella de modo que yo no tropiece y caiga.

Ayúdame a obedecerte para que pueda habitar en confianza y paz sabiendo que vivo en tu camino.

Mi corazón quiere obedecerte en todas las cosas, Señor, muéstrame dónde no lo estoy haciendo y ayúdame a dar pasos de obediencia, abriendo mis ojos para que vea Tu voluntad.

Revélame cuándo no hago las cosas que debería estar haciendo y muéstrame si estoy haciendo cosas que no debo.

Ayúdame a escucharte con claridad a través de Tu Palabra.

Quiero estar siempre en Tus caminos y vivir a plenitud todo aquello que has preparado para mí.”

En nombre de Jesus .. Amén

(sigueme.net)





















jueves, 22 de julio de 2021

Cómo respondió el Padre Pío cuando el Vaticano le silenció

 

PADRE PIO


Al santo de Pietrelcina se le prohibió celebrar la misa públicamente o incluso dar dirección espiritual a sus seguidores

Muchos se mostraban escépticos sobre los estigmas milagrosos del Padre Pío y toda la atención que estaba recibiendo de los miles de peregrinos que acudían en masa a su monasterio.

A algunos en el Vaticano les preocupaba que la fama del Padre Pío se basara en una mentira y que la gente estuviera siguiendo a un falso profeta.

Lanzaron múltiples investigaciones e incluso colocaron dispositivos de escucha secretos para escuchar sus conversaciones.

Había unos pocos entre la jerarquía que estaban empeñados en atrapar al Padre Pío, y que insistían en que estaba engañando a todos y llevando una doble vida.

Esto culminó en un esfuerzo por trasladar al popular fraile a un monasterio diferente y prohibirle actuar como sacerdote de manera pública.

La multitud furiosa salió en su defensa

La gente del lugar se enfureció cuando se enteró de que lo iban a trasladar. Según la biografía Padre Pio: La verdadera historia publicada por Our Sunday Visitor, «alrededor de las 10:00 p.m., una multitud furiosa se lanzó sobre el convento».

La multitud cerró el paso a un sacerdote que creían que se llevaría al Padre Pío. Y la gente no se fue hasta que el Padre Pío les habló, diciendo:

«Mis benditos hijos … Ahora les imploro que me escuchen, como siempre lo hacen, y que regresen a sus hogares sin dañar a nadie».

Esto dejó en claro a los funcionarios de la Iglesia que el Padre Pío no podía ser trasladado pacíficamente. Entonces el Vaticano decidió restringir sus facultades, sacándolo de la vida pública.

El Padre Pío va a ser despojado de todas las facultades de su ministerio sacerdotal, excepto la de celebrar la Santa Misa, que puede continuar haciéndolo, siempre que se haga en privado, dentro de los muros del convento, en la capilla interior, y no públicamente en la iglesia.

Fue una cruz difícil de llevar para él, pero obedeció y se sometió al decreto.

El superior del monasterio leyó al Padre Pío el decreto y el santo fraile respondió: «Que se haga la voluntad de Dios … La voluntad de los superiores es la voluntad de Dios».

«La voluntad de los superiores es la voluntad de Dios»

PADRE PÍO

El Padre Pío pasaría los siguientes años en silencio, celebrando la Misa en privado y sin recibir visitas.

Ni siquiera podía escribir a sus hijos espirituales.

Hijo humilde y obediente

Durante este tiempo, muchos acudieron en defensa del Padre Pío, presentando peticiones, escribiendo cartas e incluso publicando libros.

El Padre Pío quedó consternado por esta respuesta y los instó a detenerse, escribiendo al obispo local para afirmar su disociación con ellos.

Debo repetir que estoy muy disgustado por el comportamiento indigno de ciertos falsos profetas que hablan en mi nombre … deberían detener esta falsa e indigna propaganda, pero mientras tanto han seguido en su morboso fanatismo, sin importarles la autoridad suprema de la iglesia.

Me vuelvo, por tanto, como un hijo sumamente humilde y completamente obediente a la Iglesia católica … Con profunda humildad beso tu sagrado anillo y me profeso a tu excelencia como tu más humilde y obediente hijo.

Sobre todo, aunque las acusaciones lanzadas en su contra resultaron falsas (y eventualmente se le permitía ejercer su ministerio sin restricciones), el Padre Pío se sometió al decreto y permaneció en silencio, confiando en el plan providente de Dios.

Además de en sus actos, puedes inspirarte en sus palabras:

30-frases-de-padre-pio-para-mejorar-tu-vida-espiritual-2244

Philip Kosloski,  Aleteia

Vea también    Corazón de Jesús obediente hasta la muerte - San Juan Pablo II














































jueves, 30 de enero de 2020

¿Dios tiene que cumplir mis deseos o yo los suyos?

Desconfiar quita esperanza, la obediencia en cambio libera


Hacer mi propia voluntad es lo que más deseo. Hacer lo que yo quiero, no someterme a la voluntad de los otros. Cuesta tanto la obediencia cuando pienso que yo seguiría mejor otros caminos o haría cosas distintas… Pero la obediencia a Dios calma todas mis ansias y me libera de los miedos.
¿Estoy aquí para hacer la voluntad de Dios? Decía santa Teresa de Jesús:
“Y cómo de un alma que está ya determinada a amaros y dejada en vuestras manos, no queréis otra cosa, sino que obedezca y se informe bien de lo que es más servicio vuestro, y eso desee”.
Mi alma quiere hacer la voluntad de Dios.  No siempre lo logra. ¿Soy yo uno de esos cristianos acostumbrados a amar a Dios sólo mientras Él cumple sus deseos? ¿Soy de esos que luego se molestan y alejan cuando las cosas son diferentes?
¡Cuántas personas pierden esa fe que parecía tan sólida cuando la realidad no es la que esperaban!
Quieren seguir sus caminos y se alejan de Dios temiendo que les pida lo que no desean. O huyen cuando no se cumple lo que esperan.
Pierden su fe tan inmadura. Dejan de alabar, de agradecer, de creer. Desconfían de ese Dios que dice amarlos con locura y permite tanto dolor.
Pierden la esperanza en un mundo mejor, en un tiempo bendecido. No se sobreponen a las cruces que conlleva amar, vivir, dar la vida.
Esa fe en Dios tan débil suele estar en relación con una fe muy pobre en los hombres. Lo que les sucede con Dios les sucede también en sus relaciones humanas.
Les cuesta renunciar a sus propios caminos. No les gusta otra voluntad que no sea la suya. Y a menudo no se dan cuenta de su tendencia a no acoger la voluntad de los demás.
¿Me sucede a mí lo mismo? Deseo tanto que se cumplan todos mis sueños que no estoy abierto a lo que los demás desean y me piden.
Hay personas obsesionadas con hacer siempre lo que ellos quieren. Desean que se cumplan sus planes y no otros. Mueven los hilos para que se hagan realidad sus deseos y los demás hagan lo que ellos quieren.
No se dan cuenta. Viven diciendo que siempre hacen lo que los demás desean. ¿Se autoengañan? Tal vez no se ven a sí mismos como en verdad son. No tienen una mirada sana sobre su corazón.
Puede que yo sea igual. Me da miedo hacer lo mismo que ellos.Deseo hacer las cosas a mi manera. Me falta libertad para ceder, para renunciar a mi orgullo, para abrirme a otros caminos posibles.
Necesito un corazón más dócil. San Agustín comenta:
“¿Pues qué cosa es la miseria del hombre sino padecer contra sí mismo la desobediencia de sí mismo, y que, ya que no quiso lo que pudo, quiera lo que no puede?”.
Lo que no me hace bien, lo que no me construye, es lo que acabo haciendo al no obedecer a Dios. Y me dejo llevar por mis pasiones. Me debilito en mi fuerza de voluntad.
Sé que necesito aprender a obedecer. Es lo que me construye por dentro. Renunciar a mis deseos por amor a los deseos de Dios. Comenta el padre José Kentenich al hablar de los jóvenes con los que comenzó a trabajar siendo un joven sacerdote:
“La tarea consistía en canalizar el afán de conquista que subyacía en la rebelión, y atarlo al carro de la obediencia. Había que señalar que la obediencia no equivalía a debilidad, sino que suponía una fuerza mayor, cumbre de una sana energía; que suponía señalar que, en el caso de los jóvenes, dominar los instintos significaba un pleno desarrollo de las fuerzas la obediencia”.
Cuando obedezco no me vuelvo débil. Me hago más fuerte. Acojo los deseos de aquel que sabe mejor que yo lo que me conviene. Aunque no lo entienda ni desee.
Obedezco y no me equivoco. Asumo un deseo de Dios que se manifiesta en personas, en sucesos o dentro de mi alma en una moción del Espíritu. Esa forma de vivir obedeciendo me hace más de Dios, más niño.
La desobediencia constante me vuelve caprichoso y lábil. Querer que siempre se haga lo que yo quiero acaba siendo algo enfermizo y me aleja de las personas, me debilita. Nadie quiere compartir la vida con personas caprichosas, y volubles.
Obedecer es una actitud que me sana. Obedezco y avanzo en el camino de la vida, en mi madurez. Me hago más niño, más hijo, más dócil.
Me gusta esa forma de ver la vida. Quiero seguir los caminos de Dios. Hacer lo que otros me piden. Renunciar a lo mío por amor a los demás.
No es fácil esa actitud que me cambia por dentro. La obediencia a lo que no comprendo ni comparto. Es una actitud que es madura y grande, no sumisa. Le pido a Dios que me haga más hijo suyo. Que me desprenda de mi orgullo enfermizo y me haga más humilde.
Carlos Padilla Esteban, Aleteia





miércoles, 21 de agosto de 2019

¿Cómo enseñar normas a un niño que no escucha?

Estos 3 consejos pueden cambiar la dinámica del hogar

MOM,DAUGHTER,LESSON

Soy madre desde hace casi 14 años, y hay una verdad que he aprendido que eclipsa a todos los demás: no sé nada.
De verdad. Todas las nociones preconcebidas y medio horneadas que tenía sobre la crianza de los hijos cuando estaba embarazada de mi primer hijo se derrumbaron alrededor de mi cabeza durante el primer o segundo año de la maternidad. Entonces, justo cuando sentí que estaba empezando a encontrar el equilibrio nuevamente, llegó otro niño. He aquí que este niño era completamente diferente. Todo lo que pensé que había aprendido con mi hijo mayor fue rápidamente desaprendido cuando me encontré, una vez más, de vuelta al punto de partida.
A lo largo de los años, he llegado a aprender algunas verdades sólidas sobre la crianza de los hijos, tales como: los piojos es algo que le ocurre a todos, y una buena liendrera siempre es una buena inversión. O: cuando tus hijos comienzan a vomitar, no comas nada que no quiera vomitar más tarde, por muy bien que te encuentres en este momento.
Pero cuando se trata de cosas como la disciplina, admito que si bien mi filosofía es reflexiva e integral, mi ejecución es algo deficiente. Esto ha resultado en una disciplina errática y reactiva que es ineficaz en el mejor de los casos … y contraproducente en el peor. Les ha enseñado a mis hijos que escuchar y obedecer no siempre es necesario. Dependiendo de la situación y los límites de mi atención, escuchar puede ser opcional.
Obviamente, esto es un problema. Es uno que me he esforzado por abordar durante años, pero recientemente he tenido éxito … y sucedió cuando finalmente dejé de tratar de cambiar mis propias deficiencias y aprendí a trabajar con ellas.
Así que, si también estás tratando de descubrir cómo hacer que tus hijos escuchen (y qué hacer cuando no lo hacen), aquí hay algunas cosas sencillas que puedes hacer:

1
¿CUÁLES SON LAS NORMAS?

Una de mis mayores luchas es la coherencia. A menudo establezco reglas y las hago cumplir durante semanas, incluso meses a la vez, antes de verme arrastrada a una temporada tumultuosa y permitir que esas reglas desaparezcan. Por lo general, es por conveniencia: si tenemos prisa o si algo tiene prioridad, me adapto dejando que la norma, que parece menos importante en el momento, se incumpla.
Esta no es una decisión que no se pueda tomar ocasionalmente … después de todo, criar a muchos niños requiere un cierto grado de adaptabilidad. Pero demasiada adaptabilidad comunica a los niños que las normas no son normas, sino que cambian según las circunstancias.
Esto es injusto para toda la familia. Socava la paz y la estabilidad que ayudarían a que esas etapas de la vida sean mucho menos tumultuosas, y evita que los niños aprendan a cumplir con las expectativas y respetar los límites. Entonces, el primer paso que tomé fue establecer reglas claras y prácticas (léase: limitadas).
No puedes sobreestimar la importancia de ser práctico cuando estableces normas. Elige las 2 o 3 cosas que más importan en tu familia y comienza por allí. Siempre puedes construir sobre las reglas, pero no puedes establecer una base que sea sólida y demasiado complicada.

2
¿CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS?

La crianza de los hijos es un torbellino. Está llena de distracciones e interrupciones, lo que hace que sea difícil ser coherente incluso para la persona más clara y detallista.
Para las personas como yo que son súper adaptables y se dejan llevar fácilmente por prioridades cambiantes, es crucial establecer un sistema para responsabilizar a sus hijos, y a ustedes mismos. Elegí escribir las reglas y expectativas diarias en una pizarra con marco en A cerca de las escaleras, para que toda la familia pudiera verla y consultarla fácilmente.
La otra cosa que hice fue incorporar consecuencias en las reglas mismas. Por ejemplo, mis hijos tienen quehaceres matutinos que deben completarse antes de que puedan jugar afuera, mirar televisión o usar aparatos electrónicos. Si eligen hacer cualquiera de esas tres cosas antes de que se completen sus tareas de la mañana, perderán ese pasatiempo particular por el resto del día.
Tenerlo escrito donde todos podamos ver que ha funcionado de maravilla tanto para mí como para los niños: no tengo que recordar lo que les dije que hicieran, no tienen que pedir constantemente privilegios hasta que se los hayan ganado, y se evita el regateo desde el principio. Solo señalo el pizarrón y digo: “está escrito allí mismo. No puedo cambiar las reglas”.
Además, dado que lo que más les gusta es hablar entre ellos, son rápidos en informar cualquier infracción… que he decidido aceptar, ya que ayuda a que todos se responsabilicen.

3
¿DÓNDE ESTÁ TU CORAZÓN?

La disciplina reactiva, especialmente si proviene de la ira o frustración, no les enseña nada a los niños. Sin embargo, sí que daña tu relación con tu hijo. A menudo, los padres se sienten decepcionados cuando sus hijos no escuchan y rompen las reglas … pero si esa decepción se manifiesta como enojo, se pierde algo poderoso en el proceso.
Todos nos sentimos decepcionados cuando rompemos una regla y tenemos que sufrir las consecuencias. Esa es una experiencia humana común, y es algo poderoso que compartir con sus hijos. Cuando mi hijo tiene que decirle a su mejor amigo que no puede andar en bicicleta porque rompió las reglas, me siento decepcionado por él y se lo digo. Le digo lo triste que estoy porque no puede ir con su amigo, y lo dejo sentir triste por eso sin recordarle de inmediato que se lo trajo.
Expresar empatía es mucho más poderoso que infligir castigos, ya que ayuda a fortalecer su relación con su hijo en lugar de enfrentarlo en su contra. Aprenden que todos tenemos que sufrir consecuencias, y son infinitamente más rápidos y están más dispuestos a cambiar su comportamiento en respuesta a las consecuencias que suceden naturalmente en lugar de las que sienten que se imponen injustamente.
Por supuesto, siempre habrá problemas de disciplina difíciles de afrontar, especialmente a medida que los hijos crecen. Pero establecer reglas, establecer un sistema para su cumplimiento y reaccionar hacia tus hijos con empatía en lugar de antagonismo puede ayudar a darle a tu familia una base sólida para abordar cualquier cosa que surja en el futuro.
Calah Alexander, Aleteia

miércoles, 27 de junio de 2018

CORAZÓN DE JESÚS OBEDIENTE HASTA LA MUERTE: TEN MISERICORDIA DE NOSOTROS - Meditación del Papa Juan Pablo II sobre las Letanías del Sagrado Corazón

El Sagrado CORAZÓN DE JESÚS

Ángelus, 23 de julio de 1989
¡Queridos Hermanos y Hermanas!

1. Esta invocación de las Letanías del Sagrado Corazón nos invita hoy a contemplar el Corazón de Cristo obediente. Toda la vida de Jesús está bajo el signo de una perfecta obediencia a la voluntad del Padre, suprema y coeterna fuente de Su Ser ( Jn 1,1-2): Uno solo es Su poder y su gloria, una sola Su sabiduría; es reciproco Su infinito Amor. Por esta comunión de vida y de amor, el Hijo se adhiere plenamente al proyecto del Padre, que quiere la salvación del hombre mediante el hombre: en la "plenitud de los tiempos" nace de la Virgen Madre (Gal 4,4) con un Corazón obediente, para reparar el daño causado al género humano por el corazón desobediente de los primeros padres. Por esto, al entrar en el mundo Cristo dice: "He aquí que vengo... a hacer, oh Dios, tu voluntad" (Hb 10,7). "¡Obediencia" es el nuevo nombre del "Amor"!

2. Los Evangelios nos muestran a Jesús, en el transcurso de su vida, siempre dedicado a hacer la voluntad del Padre. A María y José, que durante tres días, afligidos, lo hablan buscado, Jesús, que tenia doce años, les responde: "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que Yo debía estar en la casa de Mi Padre? (Lc 2,49). Toda su existencia está dominada por este "Yo debo" que determina sus opciones y guía su actividad. A los discípulos dirá un día: "Mi alimento es hacer la voluntad del que Me ha enviado y llevar a cabo Su obra" (Jn 4,34); y les enseñara a orar así: "Padre Nuestro... hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo" (Mt 6, 10).









sábado, 14 de abril de 2018

376 ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

ciudadanos y estado


El cuarto mandamiento: Honrarás a tu padre y a tu madre
376. ¿Qué obligaciones tienen los ciudadanos con el Estado?
Todo ciudadano tiene la obligación de cooperar lealmente con los organismos estatales y contribuir al BIEN COMÚN en verdad, justicia, libertad y solidaridad. [2238­-2246]
Un cristiano debe también amar a su patria, defenderla de formas diversas en caso de necesidad y ponerse con gusto al servicio de las instituciones estatales. Debe ejercer el derecho activo y pasivo al voto y no sustraerse al pago justo de impuestos. Sin embargo, al ciudadano individual le queda un ámbito libre dentro del Estado, contemplado por los derechos fundamentales elementales: tiene derecho a ejercer una crítica constructiva del Estado y de sus organismos. El Estado existe para los hombres, no el hombre para el Estado.
 ciudadanos y estado

* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido. 


martes, 17 de octubre de 2017

10 claves para lograr que tus hijos no desobedezcan


La obediencia es a los hijos, como la autoridad es a los padres. Son dos elementos que se fusionan y depende el uno del otro. En palabras más sencillas: sin la autoridad de los padres no puede haber obediencia de los hijos

 “La ausencia de autoridad de los padres, es decir, la ausencia de normas, de límites, de acciones que deben ejecutar, desconcierta a los hijos. Les hace sufrir porque desconocen el camino a seguir. Cuando el niño sabe exactamente lo que se espera de él, conoce los límites y normas que debe cumplir, cuando se le exige acompañado de cariño, el niño se siente seguro, tiene referencias y nosotros por tanto estamos ejerciendo bien la autoridad”. Explica María Bilbao en su artículo de Sontushijos.org.
Ejercer la autoridad es enseñar valores a nuestros hijos, es ayudarles a madurar, es darles los cimientos para toda una vida futura, es formarlos en base al respeto, el amor y cumplimiento de las normas. Muy diferente al autoritarismo, el cual busca imponer sin importar el beneficio de los demás, pues lo hace para demostrar su poder.

Los padres que se dejan manipular por sus hijos

Una de las consecuencias que acarrea la ausencia de autoridad paterna, es la manipulación de los hijos. Lo cual es lógico, cuando los padres no tienen una postura firme sino que son como veleros que se van para donde sople el viento, los hijos toman el mando de control y los padres quedan relegados.
“Los hijos desde la cuna, inconscientemente, manipulan a los padres. Saben que si piden algo insistentemente, lo terminarán consiguiendo. Pero ahí no hay abuso ni mala fe, hay solamente la necesidad de cubrir una necesidad, que es la de la alimentación, la de la limpieza, la del dormir y la de que le alivien algún dolor que le aqueje. Los padres entienden perfectamente esta necesidad del hijo pequeño y con mucho gusto, se dejan manipular.
Pero a medida que los hijos se van haciendo mayores y llegan a la preadolescencia y a la adolescencia, empiezan las verdaderas manipulaciones, que posteriormente se convierten en abusos y hasta en agresiones, dependiendo de la calidad y cantidad, de los conceptos que les hayan sido permitidos, consentidos y acostumbrado. Es la manipulación, en las distintas fases de la vida de los hijos.” Señala el autor Francisco Gras en micumbre.com
Así pues, vemos el papel protagónico que cumple la autoridad en la educación de los hijos, la cual debe iniciarse en el mismo momento en que el ser humano sale del vientre de la madre y culmina una vez los hijos se han ido del hogar a conformar su propia historia familiar.


© Rafal Olechowski

8 Consejos para ejercer una autoridad asertiva

En la mayoría de los casos, cuando los hijos no obedecen, se debe a una autoridad mal ejercida o simplemente ausencia de autoridad. Las órdenes, normas y límites deben cumplir algunos requisitos básicos:
1. Normas claras, directas y puntuales:hay que manejar un lenguaje apto para la edad de cada hijo, de forma que ellos comprendan lo que deben hacer.
2. Pocas normas al mismo tiempo: para los más pequeños, es necesario impartir una o máximo dos órdenes a la vez. Algunas veces las mamás parecen recitando un poema de tantas exigencias que hacen en una sola frase. La capacidad de los niños, aún no permite digerir todas ellas juntas, por eso se debe enfocar las más importantes.
3. Establecer límites: horarios de estudio, de descanso y de entretenimiento. Por ejemplo: el tiempo para los videojuegos será de una hora después de hacer los deberes. Terminado ese periodo de tiempo, el juego debe terminar. En el caso de los adolescentes, los padres deben establecer una hora de llegada a casa y exigir su cumplimiento.
4. Tono de voz: no debe parecer rogando o pidiendo un favor, pero tampoco gritos o exclamaciones violentas. La clave es un tono que denote seguridad y firmeza por parte de los padres.
5. Contacto visual: siempre que quieras establecer una comunicación directa con tus hijos, míralos a los ojos fijamente y acomódate a su estatura. De esta forma hay mayor incidencia y se establecen códigos directos que permiten una mejor conexión.
6. Coherencia de los padres: entre lo que se dice y lo que se hace. Los hijos están en permanente observación de sus padres y captan de inmediato cuando algo falla en ellos.
7. Cumplir lo que se dice: siempre que digas que aplicarás una consecuencia, debes cumplirla; por ejemplo, si a causa de un mal comportamiento le prohíbes a tu hijo ver televisión, debes mantenerte en tu posición así él llore y patalee. Si cometes el error de levantar el castigo, el hijo sabrá que con esa actitud logrará desequilibrar al padre y quebrantar la promesa.
8. Un punto intermedio: ambos extremos, autoritarismo y permisividad, no son para nada recomendables. En el primero, se presentarán fatales consecuencias como anular la personalidad del hijo, se le dificultará tomar decisiones propias, se volverá una persona sumisa, sin autodominio ni determinación y peor todavía, sentirá temor de sus padres. Y la permisividad, no se queda atrás. Por eso hay que buscar siempre un equilibrio, autoridad y cariño es un fórmula que nunca falla.

¿Hijos desobedientes? Revisa tu autoridad

Como hemos mencionado, cuando los hijos no obedecen es porque algo está fallando en la autoridad de los padres, veamos por qué:
– Las órdenes son confusas.
– El no cumplimiento de las normas del hogar no llevan a ninguna consecuencia, entonces no tienen sentido su cumplimiento.
– Es fácil quebrantar la norma, pues los padres son laxos y terminan cediendo.
– Los padres han perdido toda su autoridad frente a los hijos, pues son estos últimos quienes disponen y deciden qué hacer.
– Se han presentado situaciones difíciles en la familia (separación de los esposos, muerte cercana, enfermedades, etc.) que hacen bajar la guardia a la autoridad.
Artículo publicado originalmente en LaFamilia.info

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