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lunes, 29 de septiembre de 2025

¿Estás seguro de que no pecas de omisión?

Omisión
Los pecados de omisión son poco confesados en el sacramento de la penitencia y, sin embargo, son más comunes de lo que pensamos, por eso, estemos alertas

Cuando rezamos el acto de contrición decimos: "Yo confieso ante Dios todopoderoso, y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión..."

Sin embargo, quizá no nos hemos puesto a reflexionar sobre este serio asunto. ¿Qué significa omitir? y sobre todo, ¿Cuáles son los pecados de omisión?

Pecar con los sentidos

Sabemos, por lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica, que el pecado es una ofensa a Dios (CIC 1850), y se define así:

El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana ( CIC 1849).

También sabemos que hay pecados veniales y pecados graves o mortales que van acabando con la gracia santificante de nuestra alma. Y entendemos que podemos pecar con nuestros sentidos y con nuestra mente. Sin embargo, también podemos pecar con lo que dejamos de hacer.

¿Qué podemos omitir?

El diccionario nos define la palabra omitir como "Abstenerse de hacer algo". Entonces, ¿Cómo puede ser pecado abstenerse? Pues si nos abstenemos de hacer el mal, también podemos abstenernos de hacer el bien. Por ejemplo:

  • Ignorar la necesidad del pobre, omitiendo brindarle ayuda.
  • Dejar de aconsejar bien al que nos busca, sabiendo que podíamos hacerlo.
  • No escuchar al que requiere desahogo, alegando no tener tiempo.
  • Evitar que alguien cometa un pecado porque no queremos problemas

Omisión para hacer el bien

Es importante que entendamos que los cristianos no solo no debemos cometer acciones malas, como lo marcan los diez mandamientos de la ley de Dios o los mandamientos de la Santa Madre Iglesia. Cumplir con los mandamientos está muy bien, pero no es todo.

Es aquí donde nos encontramos con el siguiente paso hacia la santidad: hacer el bien, ejercer la caridad, tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros, y todo lo que nuestro Señor Jesucristo vino a enseñar de palabra y ejemplo.

Las obras de misericordia

Hacernos uno con los que sufren en su cuerpo, mente y espíritu, desprendiéndonos de nuestro egoísmo y comodidad, es lo que el Señor espera de sus verdaderos seguidores: sacudirnos la pereza y la indiferencia y compadecernos de los que sufren, resolviendo junto con ellos sus necesidades.

Jesús, el Señor, fue muy claro: "Cuando lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo" (Mt 25, 40).

Es momento de que hagamos un buen examen de conciencia y la próxima vez que nos confesemos, digamos cuantos y cuáles han sido nuestros pecados de omisión, porque tal vez no sabíamos que esos también nos pueden hacer perder el Cielo.

Mónica Muñoz, Aleteia

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en familia




domingo, 27 de noviembre de 2022

¿Por qué no debemos acostarnos enfadados? La explicación de san Benito

pareja pelea perdón       


¿Por qué no debemos terminar el día sin hacer las paces? San Benito lo tenía muy claro hace quince siglos y ahora la ciencia lo ha confirmado. Esta es la luminosa explicación que nos dejó el padre de la vida contemplativa benedictina

Puede que lo hayas oído antes: es mejor no irse a la cama enfadado con alguien cercano. Si dejas que una disputa se prolongue antes de irte a dormir, el resentimiento durará más tiempo. Los investigadores confirman hoy que el sueño interviene efectivamente en el anclaje de los sentimientos negativos en el cerebro.

San Benito de Nursia, padre de la vida contemplativa benedictina, nacido hace quince siglos, lo había explicado de manera profunda y esclarecedora.

«Reconciliarse antes de la puesta del sol»

Cuando comenzó a fundar monasterios en Italia, especialmente el de Subiaco y el de Monte Cassino en el año 529, Benito de Nursia constató la falta de reglas comunes necesarias para una sana vida de comunidad entre los monjes. 

De este modo, hacia el año 530, decidió escribir La Regla con el objetivo de guiar a sus discípulos y orientar su espiritualidad: hitos que él mismo siguió primero. Entre una larga lista de consejos espirituales, llamados «instrumentos de las buenas obras», san Benito ofrece éste: En caso de conflicto, hay que respetar esta regla de  «reconciliarse antes de la puesta del sol con quien se haya tenido alguna discordia». El gesto de ofrecer y recibir el perdón permite redescubrir una relación de verdad, y aprender a amar y ser amado.

Como toda vida, también la vida monástica de clausura no está exenta de molestias y frustraciones cotidianas. Frente a estas dificultades, son valiosos estos pocos «instrumentos de las buenas obras» recomendados por el patrono de Europa y patriarca del monacato occidental:

«No anteponer nada al amor de Cristo».

«No guardar rencor».

«No desesperar nunca de la misericordia de Dios».

«Reconciliarse antes de la puesta del sol con quien se haya tenido alguna discordia». 

Este último consejo fue retomado a su manera por el Papa Francisco en una homilía del 24 de enero de 2014 explicaba que en familia, «a veces se tiran los platos». Pero nunca, aconsejó, «terminar el día sin hacer las paces, sin diálogo, que a veces es un simple gesto, como despedirse ‘hasta mañana’».

Vive cada día como si fuera el último

Pero el perdón no es algo fácil, a veces nos supera. Para practicarlo, san Benito da este consejo que cambia radicalmente la perspectiva: «Tener la muerte presente ante los ojos cada día». Según el santo, para conseguir una vida feliz, hay que amar lo esencial. 

Y para entrar en la vida eterna, como escribió el monje en el Prólogo de La Regla: 

«‘¿Quién es el hombre que quiere la vida y desea ver días felices?’. Si tú, al oírlo, respondes ‘yo’, Dios te dice: ‘Si quieres poseer la vida verdadera y eterna, guarda tu lengua del mal».

Así, conviene vivir cada día como si fuera el último, recordando en todo momento que la gracia se da a todos. Cuando esto sucede, «se dilata nuestro corazón, y avanzamos con inefable dulzura de caridad por el camino de los mandamientos de Dios». 

Como señala San Benito, la puesta de sol simboliza el paso de la muerte y la oscuridad a la resurrección de Cristo. «Desear la vida eterna con la mayor avidez espiritual», para él, significa estar constantemente orientado hacia el objetivo final: «tener la muerte presente ante los ojos cada día», pensar que esta vida tiene un final permite vivir plenamente desde ahora, en su esencia.

Adoptar una mirada de amor

Perdonar y estar en paz es, en definitiva, «rasgar la página en la que se escribió con malicia o rabia la deuda del prójimo», decía el padre Henri Caffarel, fundador de los Equipos de Nuestra Señora. Perdonar es, finalmente, cambiar la visión del otro para adoptar una visión de amor.

Es el momento del despojo total. Perdonar es encontrar en Cristo, que murió perdonando a sus verdugos, la energía para decir desde el fondo del corazón una palabra verdadera que libera y abre a la reparación, al amor verdadero y a lo eterno.

Traducción de Matilde Latorre 

Marzena Wilkanowicz-Devoud, Aleteia

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jueves, 27 de octubre de 2022

3 pequeños trucos para crear el hábito de confesarse regularmente

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El sacramento de la Penitencia puede intimidarte, especialmente si hace mucho tiempo que no lo recibes, pero te deja con la mejor sensación


Sabemos que ir a confesarse regularmente es lo correcto, pero puede ser difícil encontrar tiempo en nuestras apretadas agendas.

Ayuda crear un hábito regular de ir a la confesión. Así no tienes que tomar una gran decisión sobre ir cada vez; en cambio, puede ser una parte predecible y esperada de tu rutina.

Hay algunas cosas que puedes hacer para que el proceso sea un poco más fácil, por ser algo integrado automáticamente en tu vida.

¡Aquí hay algunos recursos útiles para desarrollar el hábito de celebrar regularmente el sacramento de la Penitencia!

1ELEGIR EL MOMENTO ADECUADO PARA LA CONFESIÓN

Busca los horarios de confesión en las iglesias cercanas y elige uno que sepas que generalmente encajará con tu horario.

Para mí, es el viernes de 6 a 8 de la tarde en una parroquia local: casi siempre estoy libre los viernes por la noche. Sé que no soy la única porque siempre hay una fila de personas allí.

A una de mis amigas le gusta ir a confesarse las mañanas de lunes a viernes cuando sus hijos están en la escuela.

Otra cuenta con el horario del almuerzo en la concurrida iglesia urbana cerca de su oficina. Y otro asiste a una iglesia que ofrece Reconciliación durante la misa dominical.

Sea cual sea el mejor momento para ti, busca un horario que sepas que normalmente podrás alcanzar.

2ESTABLECER UN RECORDATORIO

Encuentro que realmente ayuda programar la confesión en mi calendario e incluso configurar una alarma si es necesario.

Todos los viernes por la noche, mi teléfono me recuerda que puedo ir corriendo a confesarme en la parroquia local una vez que mi esposo llegue a casa y mis hijos estén en la cama.

No voy todas las semanas, pero el pequeño recordatorio me ayuda a convertirlo en una parte habitual de mi vida.

3TENER A MANO UN EXAMEN DE CONCIENCIA

Así que tienes un tiempo de confesión que se ajusta a tu horario y un recordatorio para ir allí. ¡Pero ahora estás en la iglesia y tienes que prepararte para la confesión!

A veces me quedo helada y de repente no puedo recordar lo que tengo que confesar, así que he descubierto que es realmente útil tener un examen de conciencia a la mano.

Cuando era adolescente, en mi escuela católica me enseñaron a memorizar los Diez Mandamientos y los Siete Pecados Capitales, y revisar esas dos listas para un rápido examen de conciencia.

Pero eso fue antes de los teléfonos inteligentes: ¡Ahora puedes elegir entre una serie de aplicaciones católicas que ofrecen un examen de conciencia directamente en tu teléfono!

Un recurso en inglés son las Tarjetas de confesión de ReCatholic. Están inspiradas en luchas particulares que alguien podría librar y presentan diferentes santos patronos, con un código QR conveniente que se vincula a un examen de conciencia.

Independientemente de cómo lo hagas, ¡espero que estos consejos te ayuden a desarrollar este hábito!

Sé que puede resultar realmente intimidante, especialmente si no te has confesado por un tiempo. Pero no puedo describir lo increíble que se siente hacer las paces con Dios de esta manera.

Mi papá lo llama «tomar una ducha para tu alma«, y realmente te deja con esa sensación fresca y limpia.

¡Trabajemos juntos para incorporar este pequeño hábito en nuestras rutinas y tal vez invitemos a un amigo a unirse también!

Theresa Civantos Barber, ReL

Vea también       Partes de la Confesión