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martes, 26 de septiembre de 2023

Cómo convencer al cónyuge de salvar su matrimonio

 noviazgo novios pareja


Cuando las dificultades de una pareja son demasiado grandes, puede surgir la necesidad de ayuda. Pero, ¿y si la necesidad de ayuda no se comparte? ¿Cómo puede empezar a sanar su relación cuando su pareja no parece querer reaccionar? Bénédicte de Dinechin, asesora matrimonial, nos lo explica

En psicología, llamamos negación «al proceso de protegerse y cegarse ante una realidad difícil», explica Bénédicte de Dinechin a Aleteia. «Si uno de los cónyuges se niega a ver las dificultades a las que se enfrenta la pareja, puede ser para protegerse, inconscientemente». O podría ser una etapa de duelo, de luto por la pareja que imaginaban al principio, antes de las primeras pruebas.

¿Por qué no quiere ver nada?

Es difícil aceptar una realidad que nos hace sufrir. Más o menos inconscientemente, nos sentimos -equivocadamente- un poco responsables de la felicidad de nuestra pareja. Cuando surge un problema, naturalmente nos culpamos a nosotros mismos. Esta vocecita nos hace sentir culpables y acabamos mintiéndonos para protegernos: «Todo va bien en nuestra relación, ¿por qué lo complicas todo? Parece más fácil seguir con la vida tal y como la conocemos que aceptar el cambio.

Las mujeres, a las que Juan Pablo II llamaba «centinelas de lo invisible», tienen una mayor «capacidad para el otro» debido a su maternidad. Por eso no es de extrañar que la mayoría de las mujeres estén más en contacto con sus emociones que sus parejas. La mayoría de los hombres interiorizan más y luego liberan sus emociones a través del deporte o el trabajo, por ejemplo. Bénédicte de Dinechin señala también que son sobre todo las mujeres las que toman la iniciativa de acudir a un terapeuta.

El arte y la práctica de hablar de ello con su cónyuge

«Decir que la relación ‘va mal’ es reduccionista y puede llevar al sentimiento de culpa», subraya la asesora matrimonial. Las palabras son importantes, sobre todo cuando se habla con la pareja de las dificultades. Ser preciso facilita la comprensión y evita herir la sensibilidad o el ego de la pareja. Frases como «estoy sufriendo por nuestra relación» o «necesito que pasemos al menos una noche sin discutir» envían un mensaje más preciso que requiere una respuesta clara por parte de la otra persona.

Antes de acusar a tu pareja de no querer hacer nada, Bénédicte de Dinechin recomienda hacerse estas dos preguntas: «¿Le he dicho realmente mi deseo de buscar ayuda o estoy anticipando su negativa?» y «¿En qué términos se lo he dicho?». Puede ser una buena idea enumerar las ventajas de la ayuda externa: en el asesoramiento o en la parroquia, la pareja se encuentra en un lugar neutral y tranquilo, con alguien disponible para ayudarles a entenderse. El apoyo que reciban no será la respuesta a todos sus problemas, pero les proporcionará una «caja de herramientas» que les ayudará a resolver sus dificultades».

Puede ser una buena idea enumerar las ventajas de la ayuda externa»

La llamada «Necesito hablar contigo, ¿tienes un momento?» puede recordar a la pareja la famosa llamada a la directora en los años escolares. Aquí, inconscientemente, el interlocutor vuelve a situarse en una posición de inferioridad y vergüenza, frente a la persona que más sabe y que tendrá la última palabra. Si la discusión se suscita con una frase como «Me gustaría que nos sentáramos delante de la agenda y planificáramos juntos las próximas semanas» o «¿Cuándo tendrás un momento para hablar de las dificultades que está teniendo nuestra hija en la escuela?», la pareja puede aceptar más fácilmente la petición de intercambio, dándose cuenta de la cuestión.

Otro punto que debe quedar claro para la otra persona son sus expectativas. ¿Necesita empatía? ¿Consejo? Cuanto más precisa sea la pregunta, más adecuada será la respuesta y más probable será que la pregunta no quede ahogada por una frase evasiva.

Un proceso que puede comenzar por sí solo

Lo que causa sufrimiento en una pareja puede ser indicativo de un sufrimiento personal que no ha sido sanado. Tener problemas de pareja no significa necesariamente que uno u otro se comporte de forma inadecuada, se trata de llegar a un acuerdo para encontrar un nuevo equilibrio en el matrimonio. Bénédicte de Dinechin admite que no es raro que las personas pidan cita sin su pareja para una primera sesión de asesoramiento matrimonial.

La delicadeza, las palabras adecuadas y la paciencia parecen ser las palabras clave para conseguir que la pareja reaccione ante las dificultades. El asesoramiento matrimonial no debe verse como un fracaso, sino como un arma, una herramienta para resolver conflictos. Requiere que veas a tu pareja no como la causa de todos tus problemas, sino como un compañero, diferente en esencia, con el que puedes reconciliarte.

Claire de Campeau, Aleteia 

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Matrimonio a prueba de fuego




























lunes, 9 de agosto de 2021

¿Crisis matrimonial? Cuidado en quién nos apoyamos


sad woman


Muchos consejos bienintencionados pueden ser perjudiciales y precipitar la ruptura de una relación que podría salvarse

Los expertos alertan del riesgo de malos consejeros en situaciones de crisis matrimoniales que pueden desembocar en separaciones y divorcio. El dolor en esos momentos hace sentirse a la persona vulnerable y buscar ayuda y consuelo.

Pero no todos los consejos son buenos, aunque sean bienintencionados. Las crisis son también oportunidades de crecer, con ayuda profesional y un enfoque adecuado. Merece la pena “intentarlo todo” antes de tirar la toalla.

Cuidado con la familia, amigos y algunos psicólogos

“Hoy en día, son muchos los matrimonios que vienen a consulta con situaciones delicadas que se han engrandecido por diversos factores, entre ellos los consejos que reciben de otras personas (amigos, conocidos, familiares…) o por no encontrar un enfoque adecuado en determinados profesionales de la psicología, la psiquiatría o el coaching, entre otros”.

Así se lo cuenta a Aleteia Teresa Lamana, psicóloga sanitaria del Centro de Atención Integral a la Familia (CAIF) Universidad Francisco de Vitoria. 

El sentimiento de vulnerabilidad en momentos de debilidad hace buscar consejo antes de tomar una decisión, como la separación o el divorcio. Pero Lamana insiste en que ese consejo para orientar en la toma de decisiones no puede determinar nuestras decisiones: “sois vosotros, esposo y esposa, quienes mejor conocéis vuestro matrimonio, con sus puntos fuertes y sus puntos débiles, con sus mejores y sus peores momentos. Y esa intimidad que solo habéis vivido vosotros no debe ser juzgada por nadie más”. 

Consejos que pueden ‘encender las alarmas’

Los terapeutas familiares ponen como ejemplo algunos consejos que –si bien pueden decirse con buena intención- no contribuyen a solventar el problema, más bien a aumentarlo:

  • “Lo que tienes que hacer es buscar tú solo la felicidad”
  • “Lo importante eres tú y tu felicidad”
  • “Si él/ella no tiene estos detalles contigo, pues tú tampoco los tengas con él/ella”
  • “No os habléis, que es peor”
  • No digas que te molesta, que se dé cuenta él/ella”.

Se podría decir que estos consejos –como dice la terapeuta de familia Mónica de Aysa- siguen la máxima del refrán “muerto el perro se acabó la rabia”. Pero, ¿es realmente así? ¿Matando el perro –sacando de nuestra vida a la persona con la que nos cuesta convivir- se acaban los problemas? Esta terapeuta recomienda “no cortar por lo sano”, “no caer en la desesperanza” e “intentarlo todo” para salvar el matrimonio.

Terapia de pareja con enfoque cristiano

Cuando las crisis matrimoniales son complicadas, parecen no tener solución y los esfuerzos ‘caseros’ no han dado resultado, lo más recomendable es buscar ayuda profesional de acuerdo con las creencias del matrimonio.

Es importante el concepto de matrimonio, ya que hoy se entiende de maneras muy diferentes en la sociedad. Así, una terapia arraigada en unos principios diferentes a la donación que se promulga desde el cristianismo, puede ser contraproducente para el matrimonio.

Para Teresa Lamana, “dentro de los profesionales a los que se puede acudir podría destacar: mediadores familiares, en caso de tener que tomar una decisión vinculada a temas más legales; a un sacerdote, cuando el tema espiritual en el plano conyugal se resiente; o a un psicólogo especialista en terapia de pareja, para que os ayude a mejorar la comunicación y poder trabajar las heridas que en este momento os están haciendo sufrir”.  

Evitar prejuicios

La terapeuta Mónica de Aysa reconoce que “ recibimos muchas parejas en las que uno de los dos no cree en las terapias y acuden porque el otro se empeña o lo suplica. La ignorancia acerca del desarrollo de las mismas lleva a prejuzgar lo que va a desencadenarse si abrimos nuestra intimidad. No somos capaces de informarnos en serio de cómo curar una dolencia que afecta a lo más profundo de nuestra vida? Los profesionales saben cómo manejar el secreto de oficio, recibiendo individualmente a las personas de modo que las sesiones conjuntas sólo discurran en momentos oportunos y estando ya los dos dispuestos a corregir actitudes y reconocer errores”.

Pasos que se pueden hacer en pareja

Si existe ya una crisis matrimonial, además de la terapia profesional, la directora del Centro de Atención Psicológica y Familiar Vínculos, María del Carmen González Rivas, recomienda estas prácticas en pareja que pueden convertir esa crisis en una oportunidad de crecimiento, superación y desafío para el matrimonio:

  • Encontrar espacios para la comunicación en la pareja.
  • Mantener actitudes de respeto y admiración mutuas.
  • No rehuir de las dificultades y no insistir en las diferencias.
  • Dedicarse tiempo, paciencia y ternura.
  • Cuidar la vida sexual en la pareja. Es necesario para el matrimonio pues es una dimensión que les une como pareja. Es necesario matizar que cada pareja vive distintos momentos evolutivos en los cuales ambos tendrán que ir adaptándose.
  • Establecer y respetar los “espacios personales”. En el matrimonio ambos se encaminan hacia un proyecto común pero es necesario mantener las distancias personales.
  • Mantener un reparto equilibrado y flexible de tareas y roles. Los cónyuges atendiendo a sus cualidades deben distribuirse las funciones.
  • Fomentar la complicidad. Es muy importante abrirse a la intimidad y aprender a ser compañeros de vida.

Benito Rodríguez, Aleteia


Vea también       Algunas dificultades en el matrimonio - San Juan Pablo II



































sábado, 19 de octubre de 2019

¿Cómo debería mirar a mi pareja para que lo nuestro funcione?

Hay que poner el cónyuge en un pedestal  

COUPLE ANGRY

Uno de los asuntos que más me interesan de la terapia matrimonial de John y Julie Gottman  es la incapacidad de muchos hombres de aceptar lo bueno de sus mujeres. Este hombre actúa con gestos y actitudes en las que se refleja que está siempre considerando que su mujer poco le puede enseñar,  poco tienen que decir o no sabe nada.
Y la mujer del siglo XXI no es la sumisa esposa del siglo XIX. Le han sido reconocidos todos sus derechos, cuenta con estudios y unas altas competencias profesionales, trae un sueldo a casa y allí se encuentra a otro “jefe” que no la da cancha y la considera literalmente una niña que cada día debe aprender. Debe aprender o callar.
A algunos les parecerá muy antiguo pero es más usual de lo que parece y se acentúa en las clases desfavorecidas y sin estudios. Si cuando eran novios las ideas, percepciones de ella eran tenidas en cuenta y alabadas ahora se han vuelto anodinas y prescindibles. Y estos esposos no van a cambiar a mejor por mucho que la esposa razonablemente proponga cambios convivenciales. Y muchas mujeres tampoco saben valorar a los hombres.

Relaciones de pareja estresantes

Y la tensión sube y ya no se trata de una falta de entendimiento sino que el más leve roce eleva, literalmente, las pulsaciones por encima de 100. El sistema corporal de respuesta al estrés se activa. El sistema simpático activa la liberación de catecolaminas. El eje hipotalámico-hipófisis suprarrenal segrega cortisol. Y ahí, fisiológicamente, nacen futuras enfermedades, la caída del sistema inmune. 
Las mujeres pueden bajar con más facilidad este estado de alarma general ante el estrés mientras que a los hombres les cuesta más y se vuelven más agresivos. La violencia, en algunos aislados casos, está al cabo de la calle.  El divorcio está tres calles más abajo.


MAŁŻEŃSTWO
CMDR Shane/Unsplash | CC0

Redescubrir lo bueno del cónyuge

Parece difícil, e incluso imposible, pero, como comenté en el artículo anterior, uno de los dos ha de dar el primer paso para comenzar a cambiar las cosas y las dinámicas destructivas que hacen peligrar la relación.
Apostar por reconstruir la amistad este los dos  y por redescubrir lo bueno del otro es la propuesta de especialistas matrimoniales como los Gottman.
Re-contemplar al otro como cuando se inició la relación de novios y la escucha era atenta y la voluntad constructiva. Validar al otro: verlo es su dimensión más valiosa. ¡Claro que tiene defectos! Pero no hay que tirarle a la cabeza nuestro ideal de perfección.  Mirarlo con unas nuevas disposiciones hace que las cosas cambien. 
Las diferencias en las dos maneras de ver el mundo persistirán pero en vez de ser consideradas como actitudes desacertadas pueden ser percibidas como otra postura que puede llegar a tener aspectos complementarios con la propia. En esa dirección hay que descubrir cómo piensa el cónyuge para no prejuzgarlo con liviandad sino para entenderlo en profundidad.
Y vendrán momentos tensos pero el humor (arma valiosísima), la buena voluntad, el profundo conocimiento del otro facilitarán las cosas: “Sé porque actúas así, y no estoy de acuerdo, pero entiendo tu postura  aunque no la comparta”. 


SZCZĘŚLIWA PARA
Bobex-73 | Shutterstock

Cuidar al otro porque es valioso

Esta actitud se llama cuidado: cuidar al otro es hacerse cargo de como es el otro en sus singularidad, su particularidad.
Proponemos una reflexión que debe alcanzar todo cónyuge que busca reconstruir o consolidar una relación que ya va bien es la siguiente: “Yo no puede exigirle que actúe en cada momento como yo actuaría, no puedo pretender que sea un calco de lo que yo hago.
No puedo aspirar a dominarlo de tal forma que solo haga lo que yo quiero. Si así fuera se convertiría en una marioneta manejada por unos hilos invisibles que salen de mi mano. Y no puedo ejercer ese poder invasivo sino más bien lo que he de lograr es hacerme cargo de cómo es (él o ella) y aprender a reconocer su libertad, que no es más que reconocer su dignidad.
Más aún: amar su libertad y respetar sus defectos integrándolos en la vida cotidiana”. Disculpe el lector el párrafo: pero es la clave. Hay que valorar la ‘otredad’ del cónyuge. ¡Vaya palabra tan rara! Sí, lo es pero se entiende.



COUPLE
Olena Yakobchuk | Shutterstock

Las recetas de los Gottman

A partir de ahí el cónyuge sale de sí mismo y en la dirección de lo que los Gottman proponen, crea plataformas de encuentro, de lo que me gusta denominar lugares en los que el otro emerge como otro.
Y ambos cónyuges…
1) Crean mapas de amor: dibujan simbólicamente en la mente los caminos y anhelos de la pareja, los sueños del cónyuge, sus aspiraciones, intereses, dudas y actúan en consecuencia.
2) Muestran afecto y respeto: disfrutan del otro en su diferencia, lo tratan con cariño, le preguntan muchas cosas, recuerdan ideas, agasajan al cónyuge con detalles (las mujeres son muy sensibles a los detalles –no solo palabras- de cariño). Y a mí me gusta insistir en que lo que hay que hacer es lograr que la pareja se sienta valorada, escuchada, atendida, reconocida. Por supuesto, amada. Y esos solo se logra hablando mucho y muy atenta y cariñosamente, con humor (que nunca falte) y con admiración.
3) Acercarse a la pareja, no alejarse: estar cerca es estar intelectualmente cerca y ejecutivamente cerca: “Qué necesitas, qué te apetece”.  A veces estaremos derrotados pero percibiremos que nuestro cónyuge quiere hablar: hemos de estar disponibles.
Construir un banco imaginario cargado de billetes de positividad, candor, miradas, sonrisas.  Y pensar que se ha de ser millonario en esos planos.


COUPLE
PIXABAY

En un pedestal

Y entonces aparece el pedestal. Hay que poner el cónyuge en un pedestal, sin mimarlo que podría acabar siendo negativo, pues al cónyuge es carne de mi carne. Y si le trato bien, en el fondo trato bien la relación y me trato bien a mí.  Y pensar en él o ella cuando no está presente: y las cartas y las flores, no son tonterías. Y, en este momento, debo recuperar a los Gottman pues ellos certifican que estas son las características de las parejas que perduran y no se divorcian.
Y un cónyuge me dirá: “Es que yo soy muy orgulloso”. Respuesta: “Pues no lo seas, cultiva tu lado infantil en el mejor sentido del concepto. Confía, espera, abandónate a lo bueno, espera lo bueno de tu cónyuge”.
Y ahora pronuncio por primera vez la palabra amor. ¡Enamórate de tu mujer, de tu marido!, pues el amor es emoción pero también sobre él se puede ejercer la voluntad, la inteligencia y la tenacidad (detalle tras detalle).
Y entonces  vas  a…  
4) Aceptar la influencia de tu pareja. La seguirás, la escucharás y descubrirás sus capacidades, valores y golpes escondidos. Y entonces sobre la base de caja de herramientas que acabamos de ofrecer sabrás…
5) regular los conflictos efectivamente: parar, reflexionar, esperar, callar y no entrar en la escalada de reproches. Aceptar influencias y aceptar al otro como es,  sin la voluntad de convertirlo en una marioneta.
6) Llevar los sueños y aspiraciones a la realidad: planear el futuro de esperanza de un modo compartido llevando a cabo sueños, viajes, cambios en la casa. Insistimos: que sean realmente compartidos  y construidos.
7) Crear un significado compartido:
“Este matrimonio va más allá de nosotros, estamos creando una cultura, un estilo y unos rituales que van han heredar nuestros hijos y nuestros yernos, nueras y nietos. Vale la pena haber luchado por este matrimonio y seguir haciéndolo.”
Ignasi de Bofarull, Aleteia

miércoles, 9 de noviembre de 2016

La depresión tiene características propias y no debe ser confundida con un estado de tristeza

La depresión tiene características propias y no debe ser confundida con un estado de tristeza
Depresión


Vivimos un ritmo de actividades y de exigencias en una sociedad que tiene prisa por obtener resultados y éxito. En un mercado de trabajo altamente competitivo y desafiante, las enfermedades surgen en el ambiente profesional y preocupan a las organizaciones y a la sociedad en su conjunto.

Una de las enfermedades que llaman la atención, en este escenario, es la depresión. Considerada una de las enfermedades que han crecido de forma exponencial en los últimos años, la depresión tiene características propias y no debe ser confundida con un estado de tristeza.

Podemos pensar en la tristeza como un sentimiento que nos lleva a un proceso de reflexión, de estar quietos; sentimiento manifestado por la pérdida de alguien, por algo relacionado con el trabajo, por la decepción con alguien o la frustración de expectativas irrealizadas.
La gran diferencia es que una persona triste logra mantener su rutina diaria, su cuidado personal y hasta experimentar alegrías que surjan en ese periodo. Como hecho pasajero, ese sentimiento puede ser identificado en su origen, es decir, logramos descubrir el motivo por el cual estamos tristes.

Señales aparentes de depresión
Cuando hablamos de depresión, las señales aparentes de desmotivación, desinterés, tristeza persistente, falta de deseo de cuidar de sí y de dar seguimiento a las actividades cotidianas, así como la sensación de ver el mundo “gris”, sin color y sin motivación, se vuelven más prolongados.

En esos casos, la intervención médica se vuelve necesaria, así como el apoyo psicológico para que la persona pueda reestructurar sus pensamientos y descubrir su forma de lidiar con la enfermedad y con la vida. Sabemos también que la espiritualidad además tiene un papel importante en la superación de cualquier enfermedad, incluso la depresión.

No olvidemos que, muchas veces, en nuestra familia, en la sociedad y entre nuestros amigos aún existe dificultad en comprender la situación por la cual una persona deprimida está pasando. También para el deprimido no es una tarea fácil aceptar la enfermedad y el tratamiento.

Lo más importante es que los tratamientos existen, y creer en la superación y en la mejoría es un paso esencial tanto para el paciente como para aquellos que conviven con él.

Los cuadros depresivos pueden durar algunos meses o ser más persistentes; en ambos casos, los enfermos pueden contar con ayuda especializada, a fin de que las sensaciones causadas por el cuadro puedan minimizarse y se obtenga una mayor calidad de vida.

Por más difícil que sea o por mayor que sea la vergüenza o el sentimiento que te esté impidiendo dar pasos para curarte, no dejes de buscar ayuda.

Un amigo, un familiar, ese médico que ya conoce un poco tu salud pueden ser los primeros a quienes pidas ayuda cuando te des cuenta de que ese cuadro de tristeza está tardando un poco más en pasar, dando señales de que va más allá de lo habitual.