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domingo, 12 de enero de 2025

Evangelio del día: ¿No sería muchísimo mejor escucharlo, junto con la familia, proclamado en la Santa Misa Dominical presencial?


 

Libro de Isaías 40,1-5.9-11.

¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo, dice su Dios!
Hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle que su tiempo de servicio se ha cumplido, que su culpa está paga, que ha recibido de la mano del Señor doble castigo por todos sus pecados.
Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!
¡Que se rellenen todos los valles y se aplanen todas las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados, en planicies!
Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntamente, porque ha hablado la boca del Señor.
Súbete a una montaña elevada, tú que llevas la buena noticia a Sión; levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia a Jerusalén. Levántala sin temor, di a las ciudades de Judá: "¡Aquí está su Dios!".
Ya llega el Señor con poder y su brazo le asegura el dominio: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede.
Como un pastor, él apacienta su rebaño, lo reúne con su brazo; lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz.


Salmo 104(103),1b-2.3-4.24-25.27-28.29-30.

Bendice al Señor, alma mía:
¡Señor, Dios mío, qué grande eres!
Estás vestido de esplendor y majestad
y te envuelves con un manto de luz.

Tú extendiste el cielo como un toldo
y construiste tu mansión sobre las aguas.
Las nubes te sirven de carruaje
y avanzas en alas del viento.

Usas como mensajeros a los vientos,
y a los relámpagos, como ministros.
¡Qué variadas son tus obras, Señor!
¡Todo lo hiciste con sabiduría,

la tierra está llena de tus criaturas!
Allí está el mar, grande y dilatado,
donde se agitan, en número incontable,
animales grandes y pequeños.

Todos esperan de ti
que les des la comida a su tiempo:
se la das, y ellos la recogen;
abres tu mano, y quedan saciados.

Si escondes tu rostro, se espantan;
si les quitas el aliento,
expiran y vuelven al polvo.
Si envías tu aliento, son creados,

y renuevas la superficie de la tierra.


Carta de San Pablo a Tito 2,11-14.3,4-7.

La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado.
Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad,
mientras aguardamos la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús.
El se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien.
Pero cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a los hombres,
no por las obras de justicia que habíamos realizado, sino solamente por su misericordia, él nos salvó, haciéndonos renacer por el bautismo y renovándonos por el Espíritu Santo.
Y derramó abundantemente ese Espíritu sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador,
a fin de que, justificados por su gracia, seamos en esperanza herederos de la Vida eterna.


Evangelio según San Lucas 3,15-16.21-22.

Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías,
él tomó la palabra y les dijo: "Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.
Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo
y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismal 3, 11-12 (Les catéchèses, coll. Les Pères dans la foi 53-54, Migne, 1993), trad. sc©evangelizo.org


Jesús santificó el bautismo y nos ha divinizado

Jesús ha santificado el bautismo al recibir el bautismo de Juan. Si el mismo Hijo de Dios fue bautizado, ¿un hombre piadoso despreciaría el bautismo? Jesús no recibió el bautismo para el perdón de los pecados, ya que no tiene pecado. Él recibió el bautismo -sin tener pecado- para dar gracia y dignidad divinas a los bautizados. “Ya que los hijos tienen una misma sangre y una misma carne” (Heb 2,14), al participar de su presencia corporal, participan también de su gracia divina. Jesús recibió el bautismo de Juan, afín que el participar en su bautismo nos otorgue honor y salvación. (…)
Desciendes en el agua cargado de tus pecados y la invocación de la gracia marca con su sello tu alma y no permite que seas deglutido por el terrible dragón. Descendido muerto por el pecado, remontas vivificado por la justicia. Si fuiste injertado en la semejanza de la muerte del Salvador, serás considerado digno de la resurrección. Jesús ha sufrido al tomar sobre él las faltas de toda la tierra, y habiendo puesto el pecado a muerte, te resucitó en la justicia. Igualmente, descendido tú también en el agua, como sepultado en las aguas tal cómo él en la roca, resucitas “llevando una Vida nueva” (Rom 6,2). (EDD)

Reflexión sobre la pintura al fresco

La Fiesta del Bautismo del Señor conmemora el bautismo de Jesús en el río Jordán por Juan el Bautista, que marca el inicio de su ministerio público y la revelación de la Santísima Trinidad. Originalmente, el bautismo de Cristo se celebraba como parte de la Epifanía, que incluía la visita de los Magos, el bautismo y las bodas de Caná como manifestaciones de la divinidad de Jesús. Con el tiempo, en la Iglesia occidental, estos tres acontecimientos se celebraron por separado y se establecieron como celebraciones distintas. La fiesta de hoy se celebra el primer domingo después de Epifanía, concluyendo el tiempo litúrgico de Navidad e invitando a los cristianos a reflexionar sobre su propia llamada bautismal.

Nunca presté mucha atención a mi fecha de bautismo hasta hace unos años, cuando necesité mi partida de bautismo para solicitar la formación para el sacerdocio. Para mi sorpresa, descubrí que me habían bautizado (en Brujas, Bélgica) apenas cinco días después de mi nacimiento, lo que era habitual en aquella época. Me sorprendió que nunca me hubiera acordado de la fecha. Después de ver el certificado, tomé nota mentalmente de la fecha y la anoté en mi agenda. Se me ocurrió que debería convertirse en una fecha especial para mí de ahora en adelante; una fecha para reflexionar en oración cada año sobre el don del bautismo. Aunque celebramos nuestros cumpleaños todos los años, quizá el día de nuestro bautismo merezca una atención similar. Para los primeros cristianos, el bautismo de Jesús tenía un gran significado. Para ellos, el día del bautismo de Jesús era al menos tan importante como el día de su nacimiento. De hecho, en la Iglesia primitiva se celebraba más el bautismo de Jesús que su nacimiento. Marcos y Juan comienzan su relato de la vida de Jesús con su bautismo. Los otros dos, Mateo y Lucas, comienzan con su nacimiento.

Giotto Bautismo del Señorparte de su monumental ciclo de frescos de la Capilla Scrovegni (1300-1310), se considera una de las primeras representaciones a gran escala del bautismo de Jesús en Occidente. Aunque todavía enraizada en las tradiciones medieval y bizantina, con sus colores brillantes y su falta de perspectiva real, la obra de Giotto prefigura el Renacimiento por su atención a la forma humana y sus intentos de modelar figuras. Jesús está metido hasta la cintura en el Jordán, representado como una figura grácil, con un énfasis en su físico que va más allá del estilo plano y lineal de artistas anteriores. La orilla rocosa y descarnada simboliza tanto el ascetismo como un entorno realista, mientras que grupos equilibrados de tres figuras flanquean la escena: ángeles etéreos vestidos de blanco a un lado y hombres de distintas edades al otro. Por encima, una ráfaga de luz revela la voz antropomorfizada de Dios, con la mano extendida para declarar la filiación divina de Jesús. Nótese también la aureola cruciforme de Jesús.

by Padre Patrick van der Vorst




lunes, 8 de enero de 2024

(Un Minuto) para leer el Evangelio del día

(Nota: En el Perú celebremos esta solemnidad el día de hoy)
 

Libro de Isaías 55,1-11.

Así habla el Señor:
¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos,
y el que no tenga dinero, venga también!
Coman gratuitamente su ración de trigo,
y sin pagar, tomen vino y leche.
¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta
y sus ganancias, en algo que no sacia?
Háganme caso, y comerán buena comida,
se deleitarán con sabrosos manjares.
Presten atención y vengan a mí,
escuchen bien y vivirán.
Yo haré con ustedes una alianza eterna,
obra de mi inquebrantable amor a David.
Yo lo he puesto como testigo para los pueblos,
jefe y soberano de naciones.
Tú llamarás a una nación que no conocías,
y una nación que no te conocía correrá hacia ti,
a causa del Señor, tu Dios,
y por el Santo de Israel, que te glorifica.
¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar,
llámenlo mientras está cerca!
Que el malvado abandone su camino
y el hombre perverso, sus pensamientos;
que vuelva el Señor, y él le tendrá compasión,
a nuestro Dios, que es generoso en perdonar.
Porque los pensamientos de ustedes no son los míos,
ni los caminos de ustedes son mis caminos
-oráculo del Señor-.
Como el cielo se alza por encima de la tierra,
así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos
a los caminos y a los pensamientos de ustedes.
Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo
y no vuelven a él sin haber empapado la tierra,
sin haberla fecundado y hecho germinar,
para que dé la semilla al sembrador
y el pan al que come,
así sucede con la palabra que sale de mi boca:
ella no vuelve a mí estéril,
sino que realiza todo lo que yo quiero
y cumple la misión que yo le encomendé.


Libro de Isaías 12,2.4bcd.5-6.

Este es el Dios de mi salvación:
yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
anuncien entre los pueblos sus proezas,
proclamen qué sublime es su Nombre.
Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:
¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,
porque es grande en medio de ti
el Santo de Israel!


Epístola I de San Juan 5,1-9.

Queridos hermanos:
El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de él,
La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.
El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga,
porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe.
¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
Jesucristo vino por el agua y por la sangre; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el Espíritu da testimonio porque el Espíritu es la verdad.
Son tres los que dan testimonio:
el Espíritu, el agua y la sangre; y los tres están de acuerdo.
Si damos fe al testimonio de los hombres, con mayor razón tenemos que aceptar el testimonio de Dios. Y Dios ha dado testimonio de su Hijo.


Evangelio según San Marcos 1,7-11.

Juan predicaba, diciendo:
"Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias.
Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".
En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.
Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma;
y una voz desde el cielo dijo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección."


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismal 17,9-10 (Les catéchèses, coll. Les Pères dans la foi 53-54, Migne, 1993), trad. sc©evangelizo.org


“El Espíritu descendió del cielo en forma de paloma” (Jn 1,32)

Al ser bautizado Cristo, el Espíritu Santo descendió para que no quedase oculta la dignidad del que se bautizaba, según la afirmación de Juan “El que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo" (Jn 1,33). ¿Qué dice el Evangelio? “Se abrieron los cielos”. Se abrieron por la dignidad del que descendía. “Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él” (Mt 3,16). Es evidente que descendió por su propio movimiento. Era conveniente (…) que las primicias y los dones del Espíritu Santo que se otorgan a los bautizados, se mostrasen primero en la humanidad del Salvador, que es el que confiere esta inmensa gracia.
El Espíritu Santo descendió en forma de paloma y, según se dice, la paloma es modelo de pureza, inocencia y sencillez. El Espíritu descendió intercediendo con sus oraciones, a favor de los nuevos hijos de Dios y por el perdón de sus pecados (cf. Rm 8). (…) Una imagen de esa paloma venía prefigurada por aquella que se menciona en la historia de Noé (Gn 8,8 ss.). En aquellos tiempos, a través de la madera y el agua, llegó a los hombres la salvación y el comienzo de una nueva generación. Igual que la paloma volvió a Noé al atardecer, llevando un ramo de olivo (Gn 8,11), así, en el bautismo el Espíritu Santo descendió hacia el nuevo Noé, autor de la nueva humanidad. Llevaba con él hacia la misma barca, a todas las especies. (…). La paloma espiritual descendió en tiempos del bautismo de Cristo, para mostrar que es él el que salva a los creyentes con el leño de la cruz, y más tarde, con su muerte, da la salvación a la humanidad. (EDD)

Oración

Gracias, Jesús, por mi bautismo. Gracias porque estar habitado por ti es todo un tesoro. Tú, Jesús, pones color a mis grises rutinas. Tú llenas mis soledades de presencia. Tú fortaleces mis fragilidades. Tú sacas siempre de mí lo mejor que hay en mí. Tú cambias mis egoísmos en generosidad. Tú transformas mis resentimientos en perdón. Tú conviertes mis prisas en sosiego, Tú elevas mis relaciones a la categoría de encuentros. Tú, Jesús, transformas mis intolerancias en aceptación. Tú envuelves mis miedos en confianza y fortaleza. Tú das sentido a mi trabajo, convirtiéndolo en misión. Tú acompañas cada minuto de mi vida,  para que pueda hacerse realidad lo que sueñas para mí, que tenga una vida plena y feliz. Gracias por incluirme en tu Iglesia, para juntos construir tu Reino. 




















lunes, 9 de enero de 2023

Evangelio del día

Evangelio según San Mateo 3,13-17.

Entonces Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él.
Juan se resistía, diciéndole: "Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!".
Pero Jesús le respondió: "Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo". Y Juan se lo permitió.
Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él.
Y se oyó una voz del cielo que decía: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

Homilía atribuida a San Hipólito de Roma (¿–c. 235)
presbítero y mártir
Homilía del siglo IV para la Epifanía, la santa Teofanía; PG 10, 852


«En él he puesto todo mi amor»

Cristo, creador de todas las cosas descendió como lluvia, se dio a conocer como fuente, se derramó como río (Os 6,3; Jn 4,14; 7,38) y lo vemos bautizado en el Jordán... La Fuente inasequible, que hace brotar la vida para todos los hombres y que no tiene fin, fue escondido por unas pobres y efímeras aguas. Aquel que está presente en todo, que de ninguna parte está ausente, que es inasequible a los ángeles e invisible a los hombres, viene al bautismo por su propia voluntad...
«Se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: 'Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto'.» El Hijo amado engendra amor, y la luz inmaterial engendra «la luz inaccesible» (1Tm 6,16). «Este es mi Hijo amado»... En el arca de Noé la paloma manifestó el amor de Dios para con los hombres (Gn 8,11). Ahora el Espíritu desciende bajo la apariencia de paloma, como la que trajo un ramo de olivo, se posa encima de aquel de quien da testimonio. ¿Por qué? Para que se comprenda con toda certeza que es la voz del Padre...: «La voz del Señor sobre las aguas, el Dios de la gloria ha tronado, el Señor sobre las aguas torrenciales» (Sl 28,3) ¿Qué dice esta voz? «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. En él he puesto todo mi amor». Es aquel a quien llaman hijo de José, y es mi Hijo único según el ser divino. «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto»: tiene hambre y alimenta a innumerables multitudes, sufre y alivia a los que sufren. No tiene donde reclinar la cabeza y todo lo lleva en su mano, sufre y cura los sufrimientos. Le golpean, mas concede al mundo la libertad; le traspasan el costado mas repara el costado de Adán.

Oración

Gracias, Jesús, por mi bautismo. Gracias porque estar habitado por ti es todo un tesoro. Tú, Jesús, pones color a mis grises rutinas. Tú llenas mis soledades de presencia. Tú fortaleces mis fragilidades. Tú sacas siempre de mí lo mejor que hay en mí. Tú cambias mis egoísmos en generosidad. Tú transformas mis resentimientos en perdón. Tú conviertes mis prisas en sosiego, Tú elevas mis relaciones a la categoría de encuentros. Tú, Jesús, transformas mis intolerancias en aceptación. Tú envuelves mis miedos en confianza y fortaleza. Tú das sentido a mi trabajo, convirtiéndolo en misión. Tú acompañas cada minuto de mi vida, para que pueda hacerse realidad lo que sueñas para mí, que tenga una vida plena y feliz. Gracias por incluirme en tu Iglesia, para juntos construir tu Reino.

 Renovación de las promesas bautismales 

¿Renunciáis a Satanás, esto es: • al pecado, como negación de Dios; • al mal, como signo del pecado en el mundo; • al error, como ofuscación de la verdad; • a la violencia, como contraria a la caridad; • al egoísmo, como falta de testimonio del amor? R/. Sí, renuncio. ¿Renunciáis a sus obras, que son: • sus envidias y odios; • sus perezas e indiferencias; • sus cobardías y complejos; • sus tristezas y desconfianzas; • sus materialismos y sensualidades; • sus injusticias y favoritismos; • sus faltas de fe, de esperanza y de caridad? R/. Sí, renuncio. ¿Renunciáis a todas sus seducciones, como pueden ser: • el creerse superiores; • el estar muy seguros de vosotros mismos; • el creer que ya están convertidos del todo? R/. Sí, renuncio. ¿Renunciáis a los criterios y comportamientos materialistas que consideran: • el dinero como la aspiración suprema de la vida; • el placer ante todo; • el negocio como valor absoluto; • el propio bien por encima del bien común? R/. Sí, renuncio. ¿Creéis en Dios Padre todomisericordioso, en Jesucristo, su único Hijo, que nació de Santa María Virgen, murió, resucitó y está sentado a la derecha del Padre, en el Espíritu Santo, en la Santa Iglesia Católica, en la comunión de los Santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos y en la vida eterna? R/. Sí, creo. Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia. 























sábado, 8 de enero de 2022

Evangelio del día


 

Evangelio según San Lucas 3,15-16.21-22.

Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías,
él tomó la palabra y les dijo: "Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego.
Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo
y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Gregorio Nacianceno (330-390)
obispo y doctor de la Iglesia
Homilía 39, para la fiesta de las Luces; PG 36, 349


«Se abrió el cielo»

Cristo se revela, dejémonos iluminar con él; Cristo se hace bautizar, descendamos al mismo tiempo que él, para ascender con él. (...) Juan está bautizando, y Cristo se acerca; tal vez para santificar al mismo tiempo a aquel por quien va a ser bautizado, y sin duda para sepultar en las aguas a todo el viejo Adán. Santificando el Jordán antes de nosotros y por nuestra causa; y de la misma manera que él mismo era espíritu y carne, para iniciarnos mediante el Espíritu y el agua... Jesús por su parte asciende también de las aguas. En efecto, lleva con él al mundo y le hace subir con él. «Ve como se rasgan los cielos y se abren» (Mc 1,10) que Adán había hecho que se cerraran para sí y para su posteridad, del mismo modo que se había cerrado el paraíso con la espada de fuego.
También el Espíritu Santo da testimonio de la divinidad, acudiendo, por cierto, a favor de quien es su semejante; y la voz desciende del cielo, pues se encontraba allí precisamente Aquel de quien se había dado testimonio; del mismo modo que la paloma, aparecida en forma visible, honra su cuerpo, ya que por deificación era también Dios. Así también, muchos siglos antes, la paloma había anunciado el fin del diluvio (Gn 8,11). (...)
Honremos hoy, por nuestra parte, el bautismo de Cristo, y celebremos con toda honestidad su fiesta. (...) Ojalá que estéis ya purificados, y os purifiquéis de nuevo. Nada hay que agrade tanto a Dios como el arrepentimiento y la salvación del hombre, en cuyo beneficio se han pronunciado todas las palabras y revelado todos los misterios. Sed «como fuentes de luz en el mundo» (Flp 2,15), para que os convirtáis en una fuerza vivificadora para todos los hombres. Sed como lumbreras perfectas que secundan la gran Luz, sed iniciados a l vida de la luz que está en los cielos; sed iluminados con más pureza y claridad por la Trinidad.





































domingo, 10 de enero de 2021

Evangelio del día



 Evangelio según San Marcos 1,7-11.

Juan predicaba, diciendo:
"Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias.
Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".
En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.
Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma;
y una voz desde el cielo dijo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección."

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Máximo de Turín (¿-c. 420)
obispo
Sermón para la fiesta de Epifanía


“El os bautizará con Espíritu Santo.”

    Hoy, el Señor Jesús se ha acercado para ser bautizado. Quiso lavar su cuerpo en el agua del Jordán. Tal vez, alguien dirá: “Él era el Santo ¿por qué quiso ser bautizado? ¡Escucha, pues! Cristo fue bautizado no para ser consagrado por el agua, sino para consagrar él mismo las aguas y purificar las corrientes que tocaba. Se trata, entonces, de la santificación del agua que no de Cristo. Ya que, desde el momento en que el Salvador es lavado, todas las aguas se convierten en aguas puras en vista de su bautismo. La fuente queda purificada porque la gracia se derrame sobre los pueblos que nacerán después. Cristo se encamino, el primero, hacia el bautismo para que los pueblos cristianos le sigan sin tardar.
    Aquí descubro yo un misterio. ¿No fue la columna de fuego que precedía la travesía del Mar Rojo para animar a los hijos de Israel a seguir la marcha? La columna de fuego atravesó las aguas la primera para abrir camino a los que la siguieron. Este acontecimiento fue, según el testimonio de Pablo, un símbolo del bautismo. (cf 1Cor 10,1ss) Sin duda alguna era una especie de bautismo en donde los hombres quedaban cubiertos por la nube y conducidos a través de las aguas. Todo esto fue realizado por el mismo Señor Jesucristo que ahora precede en el bautismo a los pueblos cristianos en la columna de su cuerpo, como precedió a los hijos de Israel a atravesar el mar en la columna de fuego. Esta misma columna, antiguamente, iluminaba los ojos de los caminantes y ahora asegura nuestros pasos en la fe, gracias al bautismo. (EDD)





sábado, 12 de enero de 2019

Bautismo del Señor


bautismo del Señor

El ciclo litúrgico de Navidad se concluye con la fiesta del Bautismo del Señor (domingo siguiente a la Epifanía), que es ya el primer domingo del tiempo ordinario. En la escena del Bautismo de Jesús, contemplamos a Jesús, ya adulto, entrando en las aguas del río Jordán para recibir el bautismo que predicaba Juan el Bautista. Jesús se puso a la cola de aquellas gentes pecadoras que buscaban sinceramente la conversión de sus vidas. Siendo inocente, Jesús es proclamado en ese momento como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Su presencia en esta escena de presentación le hace solidario con los pecadores, no en el pecado, sino en tomar sobre sus espaldas el pecado que aparta al hombre de Dios y de los demás, dándoles un cauce de nueva vida mediante el bautismo salvador
Jesús entra en las aguas del Jordán y su contacto con las aguas confiere a estas aguas el poder de transmitir una nueva vida, la vida de hijos de Dios, que Jesús quiere compartir con nosotros. Jesús es presentado por el Padre como su Hijo muy amado, invitándonos a que lo escuchemos. Y es inundado del Espíritu Santo, que toca su carne para hacerla capaz de Dios. Lleno del fuego del Espíritu Santo, Jesús entra en el agua, y en lugar de apagarse ese fuego, confiere a las aguas bautismales el poder de transmitir ese fuego en el sacramento. El Bautismo del Señor genera como un incendio universal, cuyo cauce transmisor son las aguas bautismales.
Cuando cada uno de nosotros somos sumergidos en el agua del bautismo, recibimos el mismo Espíritu Santo que inundó a Jesús, recibimos el ser hijos del Padre, con el Hijo Jesucristo, que nos hace sus hermanos y coherederos de su herencia, el cielo para siempre.
Todo ello se realiza por la acción misteriosa del Espíritu Santo, que envuelve a Jesús con el amor del Padre en esta escena y durante toda su vida. El Espíritu Santo va a ser el motor de toda la existencia de Jesús. Él es el que ha formado su cuerpo en las entrañas virginales de María, el que lo inunda en el Jordán y lo conduce a la misión. Primero, llevándolo al desierto para enfrentarse cuerpo a cuerpo con Satanás y alcanzar la primera y más significativa victoria, una lucha no contra los poderes de este mundo, sino contra los espíritus del mal, a los que Jesús vence en su combate del Monte de las Tentaciones. Después, ese mismo Espíritu le llevará a predicar, a sanar corazones afligidos, al anuncio del Evangelio del Reino. Y consumará su impulso llevándolo voluntariamente a la muerte por el sacrificio ofrecido en la Cruz. En este momento supremo, es el Espíritu Santo como el fuego divino que baja del cielo para encender a la víctima y aceptarla como ofrenda agradable a los ojos del Padre. Por fin, el Espíritu Santo es quien resucita su carne sepultada, haciendo de ella carne gloriosa, que viene hasta nosotros en cada Eucaristía.
Eso mismo lo realiza el Espíritu Santo en nosotros, si le dejamos. Por el bautismo, hemos sido inundados de Espíritu Santo, que en la confirmación se nos ha dado en plenitud. Es el Espíritu Santo el que nos conduce por los caminos de la misión, según la vocación que cada uno haya recibido. Por eso, en el bautismo de Jesús, que hoy celebramos, preludio de nuestro bautismo, Jesús aparece como el hijo amado, que nos hace coherederos de su herencia del cielo. Después de celebrar la Navidad, habremos acumulado energías para afrontar la ofrenda de nuestra vida en las circunstancias ordinarias de la vida, o en las extraordinarias que puedan venir.
Si nos hemos acercado más a Jesucristo, la Navidad ha sido el comienzo de todo un itinerario que nos conduce a la Pascua, a la muerte y la resurrección.Sigamos al hilo del año litúrgico profundizando en los misterios del Señor, en cada uno de los cuales se abre para nosotros una fuente inagotable de gracia.

 Monseñor Demetrio Fernández, ReL
Publicado en el portal de la diócesis de Córdoba.




















miércoles, 9 de mayo de 2018

LA PARADOJA: ¿POR QUÉ SE BAUTIZÓ JESÚS?


Marcando el Norte, que dirige el historiador Javier Paredes en HM Televisión, comienza una serie de programas en torno a la historia de Jesucristo, de la mano de Beatriz Ozores Rey, licenciada en Ciencias Religiosas. En el primero de ellos analiza un hecho en apariencia paradójico: que el Hijo de Dios recibiese de Juan, un hombre, el agua bautismal que limpia de unos pecados que no tenía. Vea también los  demás capítulos





Para ver todas las otras presentaciones



lunes, 9 de enero de 2017

Fiesta del Bautismo de Jesús

Hoy celebramos la fiesta del Bautismo de Jesús

San Juan Pablo II + río de Jordán

Oración de San Pablo II cuando visitó el Jordán donde Jesús se bautizó:

En el Evangelio de San Lucas leemos "Que la Palabra de Dios bajó sobre Juan, Hijo de Zacarías, en el desierto. Y él recorrió toda la región del Jordán, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados" (3, 2-3). Aquí, en el Río Jordán, cuyas orillas han sido visitadas por multitudes de peregrinos que rinden honor al Bautismo del Señor, también yo elevo mi corazón en oración:
¡Gloria a ti, oh Padre, Dios de Abraham, Isaac y Jaco
Tú has enviado a tus siervos, los profetas
a proclamare tu palabra de amor fiel
y a llamar a tu pueblo al arrepentimiento.

A las orillas del Río Jordán,
Has suscitado a Juan el Bautista,
una voz que grita en el desierto,
enviado a toda la región del Jordán,
a preparar el camino del Señor,
a anunciar la venida de Cristo.

¡Gloria a ti, oh Cristo, Hijo de Dios!
Has venido a las aguas del Jordán
Para ser bautizado por manos de Juan.

Sobre ti el Espíritu descendió como una paloma.
Sobre ti se abrieron los cielos,
Y se escuchó la voz del Padre:
"Este es mi Hijo, el Predilecto!"

Del río bendecido con tu presencia
Has partido para bautizar no sólo con el agua
sino con fuego y Espíritu Santo.

¡Gloria a ti, oh Espíritu Santo, Señor!
Por tu poder la Iglesia es bautizada,
Descendiendo con Cristo en la muerte
Y resurgiendo junto a él a una nueva vida.
Por tu poder, nos vemos liberados del pecado
para convertirnos en hijos de Dios,
el glorioso cuerpo de Cristo.

Por tu poder, todo temor es vencido,
Y es predicado el Evangelio del amor
En cada rincón de la tierra,
para la gloria de Dios,
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,
a Él todo honor en este Año 
y en todos los siglos por venir. Amén.
S.S. Juan Pablo II
21 de marzo del 2000

martes, 27 de septiembre de 2016

Compruebe el conocimiento de su fe. ¿Sabría contestar sin mirar la respuesta?


Bautismo de Jesús


87. ¿Por qué Jesús se dejó bautizar por Juan, aunque no tenía pecado?
Bautizar significa sumergir. En su bautismo, Jesús se sumergió en la historia de pecado de toda la humanidad. Con ello instituyó un signo. Para redimirnos de nuestros pecados sería sumergido un día en la muerte, pero por el poder de su Padre sería despertado de nuevo a la vida. [535­-537, 565]

Los pecadores —soldados, prostitutas, publicanos— salían al encuentro de Juan el Bautista, porque buscaban «el bautismo de conversión para perdón de los pecados» (Lc 3,3). En realidad, Jesús no necesitaba este bautismo, pues él no tenía pecado. El hecho de que se sometiera a este bautismo nos demuestra dos cosas. Jesús toma sobre sí nuestros pecados. Jesús ve su bautismo como anticipación de su Pasión y su Resurrección. Ante este gesto de su disponibilidad a morir por nosotros, se abre el cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado» (Lc 3, 22b).

Bautismo de Jesús



* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido.