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miércoles, 19 de abril de 2023

Layla demanda a los médicos que le extirparon los pechos con 13 años para «afirmar su género»


Layla Jane (a la izquierda de la foto), junto con su abogada,
durante la entrevista que le hizo Fox News.

 

Los niños estadounidenses que han visto arruinada su vida por la medicación y la cirugía “afirmativas del género” están acudiendo a los tribunales a buscar justicia.

El último caso en salir a la luz en los medios es el de Layla Jane, mujer californiana de 18 años que ha demandado a los médicos de Kaiser Permanente, un importante consorcio médico. Le administraron bloqueadores de la pubertad y testosterona cuando tenía 12 años y le realizaron una doble mastectomía radical cuando tenía solo 13 años.

“No se me debió permitir cambiar de sexo a una edad a la que no podía consentir legalmente en practicar sexo”, argumentó Layla en Fox News: “No he salido mejor de esta experiencia, y creo que la transición simplemente echó gasolina al fuego de mi problemas preexistentes”.

A Layla le perturbó severamente el que, cuando tenía 11 años, ella misma se autodiagnosticase disforia de género. Su madre la llevó a los médicos, que le recetaron testosterona y una mastectomía tras solamente dos consultas presenciales de 30 y 75 minutos.

La demanda alega que los médicos presentaron a los padres de Layla el falso dilema: “¿Prefieres un hijo vivo o una hija muerta?”

Layla Jane.

Según la abogada de Layla Jane, en la intervención que se le hizo falló el consentimiento informado, porque no fueron atendidos los trastornos psicológicos que padecía la niña y ni ella ni sus padres fueron informados de que el 80-90% de los adolescentes que desean la transición desisten de hacerlo al final de ese periodo vital. Foto: Center for American Liberty / Daily Mail.

“Son decisiones con las que tendré que vivir el resto de mi vida”, afirmó Layla: “Quiero unirme al creciente grupo de detransicionadores para que ningún otro niño tenga que sufrir la tortura por la que yo pasé en manos de médicos en quienes debía haber podido confiar”.

Su abogada, Hermeet Dhillon, del Center for American Liberty de San Francisco, asegura que “lo que denominaron ‘tratamiento’ quienes asistieron a Layla es un vil y fallido experimento médico que claramente violó los protocolos de atención”.

Dhillon (quien representa también a Chloe Cole, otra joven que se hizo una doble mastectomía a los 15 años porque pensaba que en realidad era un hombre) afirma haber recibido miles de llamadas de detransicionadores de todo el país.

“La atención sanitaria de Layla  violó manifiesta y temerariamente el estándar de atención en este y otros casos”, dice Dhillon: “Vamos a intentar que se responsabilicen de lo que hicieron, y juntos intentaremos detener este tratamiento en serie, insensible y destructivo para los niños, que implementa prácticas woke, anticientíficas y bárbaras”.

Michael Cook
Publicado en BioEdge.

Traducción de Carmelo López-Arias.

Vea también   Guía con 16 preguntas sobre la transexualidad e identidad de género

















jueves, 31 de marzo de 2022

7 de cada 10 adolescentes consumen pornografía desde los 12 años

Psiquiatras expertos alertan de las consecuencias negativas asociadas al consumo de pornografía entre los jóvenes como conductas sexuales de riesgo, agresividad sexual, distorsión de los roles de género y cosificación de la mujer entre otros.


(ZENIT Noticias – Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia / Roma-Valencia, 26.03.2022).- Uno de los grandes problemas y por tanto también uno de los retos a los que se enfrenta la sociedad actual, es el alarmante consumo de pornografía por parte de niños y jóvenes que se ha visto incrementado ante la irrupción de internet y las redes sociales en nuestras vidas, aumentando considerablemente durante el confinamiento provocado por la covid-19.

En un informe realizado en junio de 2020 por Save the Children, se alertaba de este consumo de pornografía en adolescentes y el impacto en su desarrollo y las relaciones con sus iguales, advirtiendo que casi 7 de cada 10 adolescentes consumen pornografía, a la que acceden por primera vez a los 12 años. De estos, el 30 % reconoce que internet es su única fuente de información sobre sexualidad.

A estas cifras habría que añadir que este consumo se produce casi exclusivamente en la intimidad (93,9%), a través del teléfono móvil, y se centra en contenidos gratuitos online (98,5%), basados de manera mayoritaria en la violencia y la desigualdad. El hecho de que el 99% de los adolescentes mayores de 14 años tenga móvil con conexión a internet, constituye una ventana abierta y sin control a la pornografía.

Estas alarmantes cifras han hecho que psiquiatras expertos alcen su voz alertando de las consecuencias negativas asociadas consumo de pornografía entre los jóvenes, como conductas sexuales de riesgo, agresividad sexual, distorsión de los roles de género y cosificación de la mujer entre otros.

Un drama oculto

En este sentido, el Dr. Enrique Rojas, reconocido psiquiatra, afirma que la adicción a la pornografía es «una epidemia mundial que arruina vidas, matrimonios, familias, una desgracia que cae sobre gente atrapada en estas redes de este drama oculto y enmascarado que degrada al ser humano, lo rebaja, lo convierte en alguien que solo ve en la mujer la posibilidad de tener algún tipo de contacto sexual, desdibujándose otras muchas posibilidades en la relación hombre-mujer. La pornografía es una mentira sobre el sexo. Es maestra en ofrecer una imagen de la sexualidad utópica, irreal, delirante, absurda… que se convierte en una obsesión en distintos grados. Hoy sabemos por investigaciones recientes, que la adicción a la pornografía es más grave que la de la cocaína, pues afecta a circuitos cerebrales concretos, en donde una sustancia llamada dopamina asoma, y, después de un tiempo sin ver ese tipo de imágenes, uno se ve empujado a buscarlas, es como un imán que arrastra en esa dirección”.

Esta afirmación es respaldada por un estudio publicado en JAMA en 2014, en el que se establecía una correlación entre ciertas alteraciones en la conectividad y funcionalidad cerebral y el consumo de pornografía, advirtiendo de la  asociación negativa entre el consumo de pornografía y el volumen de materia gris de ciertas áreas de la corteza cerebral.

Teniendo en cuenta que este negocio mueve en internet alrededor de 4.000 millones de euros al año, no parece fácil revertir, por parte de sus promotores, la curva ascendente del consumo de pornografía.

Es más, estos negocios disponen de mecanismos publicitarios que incitan a entrar en sus páginas a niños y jóvenes como potenciales consumidores de sus productos. Por tanto, parece que el cambio de rumbo tiene que venir de la mano de las familias, la escuela, las universidades y de la promoción de políticas educativas y de protección al menor que se anticipen en la formación y prevención, a la intoxicación informativa sobre sexualidad desintegradora y pornografía que hoy inunda los medios de comunicación social: televisión, internet y redes sociales.


Dada la naturaleza adictiva del consumo de pornografía, equiparable a la de las drogas de abuso, la recuperación de las personas atrapadas en él es muy compleja y necesitada de asistencia especializada. Por lo general, son procesos lentos, difíciles y con una alta probabilidad de recaída, no desprovistos de secuelas. La labor preventiva precoz, que incluya una correcta formación afectivo-sexual a los jóvenes, formadores, familias y centros educativos, parece la opción más eficaz para reducir los estragos que esta epidemia del siglo XXI extiende en las sociedades modernas.

Es necesario, también, denunciar los abusos que desde los medios de comunicación social son perpetrados con impunidad mediante la difusión de contenidos pornográficos, al igual que ocurre con otras conductas susceptibles de convertirse en adictivas como el juego, las apuestas, la violencia, la anorexia o el consumo de algunas drogas de abuso, entre otras.

Vea también     Libérese de la pornografía: 12 pasos


































lunes, 24 de mayo de 2021

El relato angustioso de una familia ante la «locura transgénero» que ha engullido a su hijo menor

 «Ha reescrito su propia historia e infancia», lamenta su madre


Esta familia relata el drama que están viviendo con la "locura trans" que ha engullido a su hijo

Este martes se debatía en el Congreso de los Diputados de España la Ley Trans propuesta por Unidas Podemos pero que quedó frenada por sus conflictos internos con el PSOE debido a la oposición de una parte del feminismo contra esta ofensiva trans.

Sin embargo, en numerosos países, también en España, se multiplican de manera preocupante los casos de menores de edad que quieren hacer esta “transición”. Tanto que hay países como Reino Unido que han decidido poner freno así como médicos y hospitales de referencia que pararan los tratamientos en menores ante las dañinas consecuencias que pueden tener en ellos.

Auspiciado por el mundo del entretenimiento, de los medios de comunicación e incluso desde el ámbito de la política, el movimiento trans en menores está provocando una silenciosa lista de víctimas, que poco a poco van levantando la voz. Se tratan de jóvenes que nunca oyeron un “no” y ahora se arrepienten de los tratamientos e incluso operaciones, pero también de las familias de estos menores, que han vivido un auténtico drama.

Una de estas familias cuenta su testimonio en Mercatornet. Al tratarse del caso de un hijo menor de edad se les ha mantenido en el anonimato, pero lo que relata la madre muestra claramente el funcionamiento de una ideología que arrasa todo a su paso.

El drama trans de una familia que se considera progresista

Y precisamente esta familia no es ni conservadora ni creyente. Es más, se considera progresista, activista contra el cambio climático y luchadora en favor de los derechos de los homosexuales, incluido el mal llamado matrimonio homosexual. Hasta que se han encontrado con la transición de su hijo y todo lo que la ha rodeado. Y esto les ha hecho ver todo de una manera bastante diferente.

“Temo ser atacada y demonizada, pero tengo que decir toda la verdad sobre las ‘transiciones’”, explica la madre al inicio de su artículo.

Todo comenzó cuando hace unos años su hijo, un niño extrovertido y muy deportista comenzó a llegar del colegio llorando y con algunas heridas. Sufría “bullying” aunque él rogaba a sus padres a que no dijeran nada a la escuela para que las cosas no empeoraran.

La presión del entorno social

Esta mala experiencia fue el punto de inflexión. Su primera amiga, y el grupo de ésta, comenzó a identificarse como de género no binario y fluido, y pronto se hicieron populares. Pero él que se había aislado y encerrado en sí mismo como vía de escape ante el bullying tomó nota.

Fue entonces cuando encontró un nuevo grupo a los que convenció de que era trans y que era una chica encerrada en el cuerpo de un chico. ¿Qué hicieron estas amigas? Ser sus mayores animadoras animándole a seguir hasta el final. Y él que tenía un grave problema afectivo decidió huir hacia adelante.

Su madre confiesa que su hijo “se obsesionó” en “su intento de convencernos a nosotros, su familia, de que realmente había sido una niña todo el tiempo”. Para ello -agrega su madre- “ha reescrito su propia historia y la versión editada es muy diferente a la nuestra”.

“Aquellos días que pasaba corriendo por la casa como Darth Vader, trepando árboles, haciendo carreras de coches y camiones o esas horas en el campo de fútbol, ​​se han borrado de su memoria. En cambio,  ahora dice que recuerda jugar a disfrazarse y sentarse en su habitación soñando con ser una niña. Y ha cambiado la edad a la que supo que era una niña en numerosas ocasiones; cada vez dice que fue antes”, afirma esta madre.

En su testimonio, la madre asegura que en la familia se quedaron “estupefactos por su nueva identidad”. Y se justifican afirmando que “si bien no somos de la cultura woke, no somos tampoco ultraconservadores ni fóbicos de ninguna manera. Somos una familia que ha asumido un papel activo contra el calentamiento global. Hemos apoyado a nuestros amigos gays y lesbianas en su lucha por los derechos del matrimonio gay. Siempre hemos enseñado a nuestros hijos a respetar a todos y a tratar a todas las personas por igual”.

La familia, señalada por no plegarse

Sin embargo, esta familia afirma que lo que el modelo trans en un desafío a la ciencia. “Las preguntas que planteamos se recibieron con insultos y nos avergonzaron por no respaldar este cambio drástico. Le prometí que haría mi parte para aprender más y poder apoyarlo y comprenderlo”, cuenta la madre.

Pero lo que descubrió –añade- fue “impactante”.

“Hemos pasado muchos fines de semana durante los últimos años viajando en familia y apoyando a nuestra estrella del fútbol. Nos hemos sentado en la grada de muchos estadios, en todo tipo de clima, viéndolo jugar fútbol y pasar el rato con sus amigos. Nunca vimos a un chico afeminado; vimos a un chico normal. Jugar al fútbol era su pasión y nunca lo vimos más feliz que cuando chocaba los cinco con sus compañeros después de marcar un gol. Los almuerzos, cenas y fines de semana pasados ​​con el equipo y los niños siendo niños fueron una gran parte de nuestra vida familiar”, añade su madre.

Ahora apenas sale de su sótano para ir al instituto y a un pequeño trabajo a tiempo parcial. A día de hoy se identifica con otro nombre, realiza gestos que nunca ha utilizado, incluida una voz aguda.

Además, la madre cuenta angustiada: “nos ha dicho que después de la secundaria planea mudarse lo más lejos posible de nosotros. Su grupo clandestino de amigos le dijo que eso es lo mejor para él. Le han dicho que si está lejos de su familia, puede hacer la transición y deshacerse de una familia que ‘nunca lo aceptará’”.

Las víctimas colaterales de la "locura transgénero"

A su juicio, “escuchar eso es un cuchillo para el corazón de cualquier madre. Como padres, solo hemos querido lo mejor para nuestros hijos. Lo amamos y estamos aquí para él. Esto significa ayudarlo a resolver los problemas que lo llevaron a este lugar, especialmente el acoso. Lamentablemente, este tipo de ayuda no es lo que le interesa. Ni siquiera lo comenta”.

Su hermana pequeña, antes totalmente unida a él, echa de menos a su hermano, ausente y distante. “Ahora se resiste a estar cerca de él porque dice: ‘¡él está obsesionado con tratar de convencerme de que yo también soy trans!’. Sólo habla de esto en lugar de las tonterías de las que los hermanos suelen conversar y reír. Esto ha causado una gran tensión. Ella está triste y temerosa por él y por su futura amistad. Las cenas familiares a menudo pueden ser incómodas porque discuten mucho. Ella ve sus gestos como falsos e insiste en que está haciendo todo esto para llamar la atención. Ella siente que está creciendo y madurando y ahora él es emocionalmente más joven”, explica la madre.

Esta mujer se lamenta que incluso si su hijo recapacitara y volviera a identificarse con su sexo biológico la familia nunca podrá recuperar estos años

“Si bien una gran parte del mundo celebra la explosión de los géneros nos estremecemos ante los peligros a los que están expuestos estos niños pequeños. Lo que habíamos soñado durante tantos años nos lo roba una cultura que ninguno de nosotros comprende, incluido él. Está siendo influenciado por aquellos que no se preocupan por el mejor bien para él, que apenas lo conocen. Le están robando a nuestro hijo los que deberían ser sus años más felices y despreocupados”, afirma.

 La familia confiesa que echa de manos la energía y la positividad que desprendía su hijo. “Es un caparazón de lo que alguna vez fue”, explican. Y por ello, con este escrito pretenden hacer  ver también que “una madre, un padre y una hermana son el daño colateral de esta locura transgénero, de la decisión de nuestro hijo de creer en una ideología no científica, de borrar su pasado y de confiar en la benevolencia de los ‘amigos’ ocultos Internet”.

J.L. / ReL

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