Entradas populares

Mostrando entradas con la etiqueta DECISIONES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DECISIONES. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de noviembre de 2023

Así tomaba decisiones San Ignacio de Loyola

shutterstock_1492614215.jpg


Todos los días tomamos decisiones, desde que abrimos los ojos, hasta que decidimos ir a dormir; incluso cuando no queremos decidir algo estamos decidiendo



Cuando se trata de tomar buenas decisiones, buscamos que ésta alcance un bien mayor en nosotros, pero, en ocasiones, eso llega a provocar cierta desesperación o duda dentro de nosotros. Sin embargo, san Ignacio de Loyola nos deja los siguientes consejos, para que después de seguir estos sencillos pasos sepamos qué hacer al respecto. 

shutterstock_531887029.jpg

1
NO DECIDAS SI ESTÁS VULNERABLE

Esto, sin duda, debe ser el primer punto. Una persona no puede tomar decisiones sabias cuando se encuentra bajo una emoción a flor de piel; es decir, cuando está en un desequilibrio mental, pues esto solo hará que se tome una decisión por impulso.  

2
DA GLORIA A DIOS 

Una vez que somos conscientes de que hemos sido creados para amar y ser amados podemos pensar cuál de las opciones que se nos presentan para escoger dará mayor gloria a Dios. 

3
HAZ UNA LISTA DE PROS Y CONTRAS

En una hoja escribe los pros y contras de la decisión que estás por tomar. De esta forma verás cuál de los dos predomina más, lo que te permitirá tener una clara visión de los escenarios posibles. 

4
DEJARLO EN MANOS DE DIOS

No hay como dejar, siempre, todo en manos de Dios. Él sabe lo que es bueno y mejor para nosotros y busca siempre nuestro bienestar; por ello, no nos olvidemos de hacer equipo con Dios, poniendo de nuestra parte.

Él también nos ayuda y nos responde, dejemos en oración eso que nos genera inquietud y, si ya has hecho estos pasos ignacianos, preséntale a Dios tu decisión y de esa forma sabrás si tu elección te da paz. 

¿Y si me equivoco?

Ahora bien, ¿piensas que no tomaste la mejor decisión? No te preocupes, Dios no nos abandonará, incluso en los malos momentos. De hecho, en dónde más se hace presente es en la dificultad y adversidad. Recuerda que siempre podemos aprender de cada situación. 

Solo falta que confiemos y le pidamos a Dios que nos muestre el camino en el que, con nuestras acciones, le serviremos más y mejor, pues esa es la gran clave de todo.

Karen Hutch, Aleteia

Vea también    ¿Conoces el YouCat? Lee cada día unos números y tu fe será cada vez más luminosa


























domingo, 26 de noviembre de 2023

Aprende a tomar decisiones sin dejarlo todo a la suerte

           Blake_Wise_And_Foolish_Virgins

Con la vida tan agitada que llevamos, seguramente nos ha pasado que tomamos decisiones a la ligera y luego nos arrepentimos de haber actuado por impulso...

Diariamente tomamos decisiones, algunas son simples, como elegir la ropa que usaremos o qué vamos a comer y algunas más son referentes a situaciones importantes de la vida, como elegir una carrera profesional o contraer matrimonio. Pero cualquiera que esta sea, marcará nuestra vida, tanto si lo hacemos bien, como si elegimos mal.

En el Evangelio se narra el caso de las diez vírgenes que esperaban al esposo con sus lámparas encendidas, cinco eran necias y cinco prudentes. Sabemos lo que pasó: las previsoras llevaban suficiente aceite, así es que, mientras las cinco descuidadas iban a comprar, llegó el novio y se cerró la puerta, dejándolas afuera por su mala decisión (Mt 25, 1-13).

Aprender a discernir

Este ejemplo bíblico nos recuerda que, a diario, vivimos situaciones semejantes. Por eso es importante empezar a discernir; es decir, debemos distinguir y señalar la diferencias que encontramos en situaciones, objetos, personas, sentimientos, emociones, o cualquier otra cosa que lo requiera, pero usando nuestro intelecto. Esto quiere decir que es necesario pensar antes de decidir o de hacer algo de lo que podríamos arrepentirnos.

El caso de las vírgenes, que el evangelio llama necias, nos hace aprender que se confiaron en que el aceite sería suficiente porque quizá creyeron que el esposo no tardaría. Es probable que les haya dado pereza cargar otro envase aparte de la lámpara, o tal vez salieron apuradas de sus casas y no pensaron en la posibilidad de llevar más, quizá descartaron la idea de último minuto; no sabemos cuáles fueron sus motivos. Pero así nos pasa a nosotros cuando no planeamos ni nos organizamos y dejamos todo a la suerte.

Doble-exposicion-de-Businessman-chequeando-el-tiempo-en-su-reloj-shutterstock_681247972.jpg

Prevenir para no lamentar

Por supuesto, cuando volteamos a ver a las prudentes, nos damos cuenta de varias situaciones: anticiparon su compra, colocaron todo en su debido lugar, organizaron sus tiempos, escogieron cuidadosamente lo que tenían que ponerse y llevar a la fiesta, pensaron en las personas involucradas; es decir, tuvieron la delicadeza de planear lo que harían por cariño a los novios. Esa es la actitud que hizo la diferencia.

Ese debería ser nuestro comportamiento diario con respecto a nuestra vida espiritual. Nos gusta estar al tanto de todo lo que corresponde a la cuestión material pero dejamos al último nuestra relación con Dios, creyendo que ya tendremos la ancianidad para dedicarle nuestros últimos años.

¿Y si Él llega antes y nos encuentra desprevenidos? Recordemos que nuestro Señor Jesucristo nos avisa constantemente, en el Evangelio, que regresará y dará a cada quien lo que haya ganado durante su vida.

Y tengamos en cuenta la advertencia que hizo a quienes contó la parábola de las diez vírgenes: estén prevenidos porque no saben el día ni la hora (Mt 25, 13), no sea que nos quedemos fuera del cielo.

Mónica Muñoz, Aleteia

Vea también     Discernimiento: Aprender a mirar y pensar
como Dios
    (muchos ejemplos)





















jueves, 1 de junio de 2023

Cómo no dejarse llevar por los pretextos

shutterstock_2103835652.jpg

¿Eres tú mismo quien pone pegas a tus posibles caminos en la vida?


Es mejor atreverse a hacer las cosas que poner pretextos para posponerlas, o llegar al extremo de no hacerlas. El psicólogo Guillermo Dellamary explica por qué

Por mucho, es mejor atreverse a hacer las cosas que estar poniendo pretextos para posponerlas, o hasta llegar al extremo de no hacerlas.

El drama de muchas personas que no alcanzan el éxito es porque tienen tanto miedo a que las cosas no les salgan bien que acaban por no hacerlas.

Varios expertos en estudiar las conductas de las personas que han triunfado en la vida descubrieron que fue debido a que se animaron a realizar sus sueños porque insistieron en superar todos los obstáculos para alcanzar sus objetivos y no se quedaron justificando el por qué no lo habían ni siquiera intentado.

Triunfar no quiere decir, necesariamente, destacar por encima de los demás sino alcanzar tus objetivos, poco a poco, pero al fin lograrlo.

«Es que…»

La famosa frase de «es que» lo que sea, desde la falta de dinero o la oportunidad que aún no se presenta; suele ser la salida más común para los que abrazan la derrota y no se levantan para continuar luchando.

El movimiento olímpico ha insistido mucho en que los deportes forman el carácter desde niños; y esto quiere decir que proporciona esa determinación para vencer el miedo y hacer las actividades con disciplina.

Pero lo mismo debería de ser el tener una firme espiritualidad cristiana y entregarnos a la vida con la convicción de que todo lo bueno que haces para ti y para los demás te va a conducir a vivir mejor. Es decir, a conseguir éxitos importantes y a no quedarte con las ganas de conseguir lo que quieres, porque sigues atrapado en tu costal de pretextos que no has logrado romper.

Qué esperas para empezar a organizar el viaje que has soñado o la fiesta para festejar tu próximo cumpleaños, o comenzar a estudiar algo que te va a ayudar a mejorar.

Se trata de cancelar la torpe salida del pretexto y dejar de consentir su perverso efecto en nuestras mentes.

Tan sencillo como que la próxima vez que alguien te pregunte si vas a realizar alguno de tus proyectos, no se te ocurra responder con algún pretexto, por convincente que creas que es. Y tan sólo responde: lo estoy intentando o estoy trabajando en ello. Que se note que te esfuerzas por lograrlo.

Salir del mundo de las falsas escusas

Para no hacer las cosas de manera correcta o las que se deben de hacer, las personas hemos inventado una enorme lista de excusas que nos sirven de pretextos para posponerlas.

Cada quien sabemos cómo elaboramos esa lista de justificaciones para eludir nuestras responsabilidades y compromisos. Una de las más elegidas es «no tengo tiempo» o «tengo mucho trabajo». A veces salimos con la idea de que tenemos otros compromisos por cumplir.

Cuando se quiere hacer algo de verdad, no hay excusas.

romantyczna literatura chrześcijańska
Cuando nos proponemos algo, no valen las excusas.

Se hace porque se hace. Se borran todos los pretextos e inútiles explicaciones y se hace lo que se tiene que hacer.

Se deja de buscar argumentos para justificar los errores o las fallas que se cometen.

Si no se quiere hacer algo o asistir a un evento, pues simplemente se avisa y se dejan de inventar razones del por qué no piensas cumplir con ello.

Un pretexto es una excusa falsa, se simula y argumenta con trampas y engaños, en vez de hacerlo. La excusa debe ser siempre una disculpa cierta y verdadera, en cambio el pretexto se presenta como una serie de argumentos para eludir las responsabilidades y compromisos que ya se tienen.

Es curioso, pero todos los pretextos suelen ser unas falsas excusas. En cambio, no todas las excusas son pretextos. Pues en muchas ocasiones es muy cierto que no se puede hacer algo, debido a un hecho real que lo impide.

Amar sin condiciones ni pretextos

Hace poco escuché a una persona argumentar que el amor en los esposos tiene que ser recíproco.  Doy y recibo, y si ya no me siento correspondido, entonces ya comienzo por dejar de darte. 

A tal argumento se le puede confrontar con la idea de que el verdadero amor es incondicional. No se admiten exigencias de ningún tipo. Te amo por quien eres, te acepto tal cual. No hay pretextos ni justificaciones para dejarlo de hacer.

Si acaso se llega a sentir que ya no se ama a una persona, basta con admitirlo y no poner responsabilidades en los demás. Se asume que uno mismo ha tomado una decisión, sin culpar a la otra persona por las propias elecciones.

Me puedo disculpar contigo por ya no cumplir con mis compromisos; pero no utilizar múltiples pretextos para dejar de asumir las responsabilidades que se tienen.

El verdadero amor no admite pretextos. Es incondicional.

Realizar tus sueños, conseguir tus objetivos y luchar por lo que quieres, tampoco admite pretexto alguno.

Asumamos nuestras responsabilidades con honestidad.


Vea también    Un dios a mi medida: así lo quisiera
don Mario Vargas Llosa











































sábado, 22 de mayo de 2021

¿Cómo recibir la luz del Espíritu Santo para tomar buenas decisiones en la vida?


KIM JESTEM?


El “rayo de luz” del Espíritu Santo que la liturgia de Pentecostés nos invita a pedir nos ayuda a dirigir nuestra mirada y permite ver las situaciones como Dios las ve. Pero ¿cómo recibir esta luz para tomar decisiones cristianas?

¿De dónde vendrá el “rayo de luz” del Espíritu Santo que la liturgia de Pentecostés nos invita a pedir? Apartemos primero toda idea de una iluminación más o menos milagrosa: “Rezo muy fuerte al Espíritu Santo y luego, cuando abra la Biblia por cualquier página, ¡encontraré la respuesta a mis problemas!”. En efecto, la luz del Espíritu Santo es primero la de la razón y la fe, dos luces divinas que el Padre da a todos sus hijos y que no hay que reemplazar, sino utilizar correctamente: el “rayo” de luz que pedimos es el que dirigirá nuestra mirada, permitiéndonos ver las situaciones como Dios las ve, en su lógica natural y sobrenatural.

Un ejemplo: después de su escolarización, un joven puede pedir al Espíritu Santo que le aclare sobre su orientación futura; no le pide que escoja en su lugar entre hacerse médico o ingeniero, sino que lo devuelva a la lógica de su bautismo para que su decisión se inscriba en una voluntad incondicional de seguir a Cristo. Y para ello, hace falta que el Espíritu Santo “lave las manchas, infunda calor de vida en el hielo, dome el espíritu indómito, guíe al que tuerce el sendero”. Pero ¿cómo recibir esta luz del Espíritu Santo?

Las tres instancias a las que recurrir para cualquier decisión cristiana

Jesús nos ha señalado tres lugares de su efusión y, por consiguiente, tres instancias a las que recurrir para tomar cualquier decisión cristiana.

  • La primera es la conciencia de su discípulo, esta facultad de juzgar las situaciones a la luz de Dios: “El Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad” (Jn 16, 13).
  • La segunda es la palabra de Dios, que “no puede ser anulada” (Jn 10, 35).
  • La tercera es la Iglesia, tal y como Jesús la estableció sobre Pedro y los Apóstoles “revestidos con la fuerza que viene de lo alto” (Lc 24, 49).

Concretamente, esto quiere decir que, para tomar una decisión ante Dios, debemos primero ponernos en la intención fundamental de seguir a Jesús de cualquier manera (un buen retiro puede ser beneficioso). Luego, de entre las diferentes hipótesis razonables, buscaremos la que nos parezca más coherente con lo que la Escritura nos dice de ello para conducirnos a Cristo. Sin duda, la Escritura no nos habla directamente del médico o del ingeniero, pero sí habla de las implicaciones de vida eterna implicadas en ambas profesiones.

Por último, verificaríamos si la decisión es coherente con lo que la Iglesia vive y enseña hoy día. Ciertamente, no corresponde al obispo decidir si debemos ser ingeniero en vez de médico, pero formamos parte de una comunidad cristiana cuyas opciones fundamentales deben integrarse en nuestras opciones personales. Pensemos, por ejemplo, en la importancia de una presencia de la Iglesia en las profesiones de la salud o en la de su doctrina social en la vida de una empresa. En este sentido, una vocación es al mismo tiempo una misión y, si se discierne en esta triple referencia al Espíritu Santo, podemos estar seguros de que Él estará ahí, con sus “siete dones sagrados”, para permitirnos vivirla “por la gloria de Dios y la salvación del mundo”.

Padre Max Huot de Longchamp, Edifa

Vea también     Los diez rasgos del Espíritu Santo en el Evangelio de San Lucas