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sábado, 28 de mayo de 2022

Seis razones (de fe, espirituales, también psicológicas) para santiguarse bien y con frecuencia


La señal de la Cruz es la mayor protección del cristiano contra el demonio y su principal proclamación de fe ante los demás.

Santiguarse es un gesto tan habitual en los cristianos, incluso por parte de aquellos que practican poco la fe e incluso lo tienen como única oración del día, que se corre el riesgo de olvidar sus significados profundos. El escritor y vaticanista Aldo Maria Valli los recuerda en un reciente post de su blog:

 

Seis motivos para hacer (bien) la señal de la Cruz

Los cristianos deberíamos tener en la máxima consideración la señal de la Cruz. Pese a lo cual, ¡cuánto la descuidamos! A veces se convierte en un garabato apresurado, como si nos avergonzásemos. Otras veces se utiliza casi como una superstición o un sortilegio (¡ay, señores futbolistas…!).

Sin embargo, “cuando aprendemos a tomarnos en serio este gesto, santiguándonos frecuentemente con fe y respeto, podemos obtener grandes frutos”, escribe Bert Ghezzi, conferenciante y autor de numerosos libros, entre ellos La señal de la Cruz, consagrado precisamente a la importancia de la señal de la Cruz.

Portada de 'La señal de la Cruz'.

“Después de todo, la señal de la Cruz no es solamente un gesto piadoso. Es una oración poderosa,  un sacramental de la Iglesia”, cuyos significados, a la luz de las Escrituras y de la enseñanza de los santos y de los Padres de la Iglesia, se pueden sintetizar en seis puntos fundamentales.

1. Es un mini-Credo

La señal de la Cruz es una profesión de fe en Dios tal como Él se nos ha revelado. Puede ser considerada una forma abreviada del Credo de los Apóstoles.

Al tocarnos la frente, el pecho y los hombros (y en algunas culturas, también los labios) declaramos nuestra fe en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Estamos anunciando y manifestando nuestra fe en lo que Dios hizo por nosotros: la Creación de todas las cosas, la Redención de la humanidad del pecado y de la muerte y la institución de la Iglesia, que ofrece a todos una nueva vida. Cuando nos santiguamos, nos hacemos conscientes de la presencia de Dios y nos abrimos a que intervenga en nuestra vida.

Solo esto bastaría para transformarnos espiritualmente, pero en la señal de la Cruz hay mucho más.

2. Es una renovación del bautismo

Los cristianos del siglo I empezaron a hacer la señal de la Cruz como memoria y renovación de lo que les sucedió cuando fueron bautizados. Y para nosotros sigue siendo así.

Cuando nos santiguamos, proclamamos que en el bautismo hemos muerto sacramentalmente con Cristo en la Cruz y hemos ascendido con Él a una nueva vida (Rom 6, 3-4; Gál 2, 20). Con la señal de la Cruz pedimos al Señor que renueve en nosotros las gracias bautismales. Reconocemos además que el bautismo nos ha unido al Cuerpo de Cristo y nos ha convertido en colaboradores del Señor en su obra de salvación del pecado y de la muerte.

3. Es un signo de discipulado

Con el bautismo, el Señor nos reclama como hijos suyos, marcándonos con la señal de la Cruz. Cuando ahora nosotros nos santiguamos, afirmamos nuestra lealtad hacia Él. Al trazar la Cruz sobre nuestro cuerpo negamos pertenecernos a nosotros mismos y declaramos que solo le pertenecemos a Él (Lc 9, 23).

Para denominar la señal de la Cruz, los Padres de la Iglesia utilizaron la misma palabra que se empleaba en la Antigüedad para indicar la propiedad. La misma palabra que se refiere a la marca del Señor sobre sus discípulos se utilizaba para designar la marca que hacía un pastor en sus ovejas, el tatuaje de un general sobre sus soldados o el sello del cabeza de familia sobre sus servidores.

Esa firma que es la señal de la Cruz dice que somos las ovejas de Cristo y podemos contar con sus cuidados; que somos sus soldados, encargados de trabajar junto a Él para que su Reino avance sobre la tierra; que somos sus siervos, dispuestos a hacer lo que nos diga.

4. Es una aceptación del sufrimiento

Jesús nos prometió que el sufrimiento sería una componente normal de la vida de todos sus discípulos (Lc 9, 23-24). Por tanto, cuando nos “firmamos” con la señal de la Cruz, estamos aceptando cualquier dolor como consecuencia de nuestra fe en Cristo. Hacer la señal de la Cruz quiere decir tomar la Cruz y seguir a Jesús (Lc 9, 23).

Al mismo tiempo, sin embargo, la señal de la Cruz nos consuela con la conciencia de que Jesús, que sufrió la crucifixión por nosotros, se une ahora a nosotros en nuestro sufrimiento y nos sostiene.

Santiguarnos proclama también otra verdad importante: afirmamos, con San Pablo, que nuestros dolores como miembros del cuerpo de Cristo contribuyen a la obra salvífica del Señor y al perfeccionamiento de la Iglesia en la santidad (Col 1, 24).

5. Es una doble jugada contra el diablo

Cuando el diablo vio a Jesús morir en la Cruz, pensó erróneamente que había conseguido una gran victoria. Pero el Señor le sorprendió con una derrota ignominiosa (1 Cor 2, 8). Desde  la mañana de Pascua hasta hoy, la señal de la Cruz hace estremecer y huir al diablo.

Hacer la señal de la Cruz es, por tanto, una jugada defensiva, que declara nuestra inviolabilidad ante la influencia del diablo. Pero es también un arma ofensiva en la batalla. Anuncia nuestra colaboración con Jesús en el imparable progreso del Reino de Dios contra el reino de las tinieblas.

6. Es una victoria sobre la carne

Hacer la señal de la Cruz (Gál 5, 16-22) manifiesta nuestra decisión de crucificar los deseos de la carne y vivir según el Espíritu.

Al igual que cuando nos quitamos una camisa sucia, hacer la señal de la Cruz indica que nos despojamos de nuestras malas inclinaciones y nos revestimos de Cristo (Col 3, 5-15).

Los Padres de la Iglesia enseñaron que la señal de la Cruz vence poderosas tentaciones como la ira y la lujuria. Por consiguiente, no importa con qué fuerza seamos tentados: podemos usar la señal de la Cruz para activar nuestra libertad en Cristo y vencer también nuestros pecados más enojosos.

***

Por tanto, y resumiendo, cuando hacemos la señal de la Cruz:

-profesamos nuestra fe;

-declaramos haber renacido con el bautismo;

-afirmamos que pertenecemos a Cristo y queremos obedecerle;

-aceptamos cualquier sufrimiento como participación en el sufrimiento de Jesús en la Cruz;

-nos defendemos del diablo y al mismo tiempo atacamos al enemigo;

-vencemos a la carne y ponemos a Cristo en primer lugar.

¡Por todo ello vale la pena santiguarse bien!

Traducción de Carmelo López-Arias.

ReL

Vea también     La cruz gloriosa - antología de textos









































































martes, 18 de abril de 2017

¡Cuántas cosas implica el hacer la señal de la cruz!


cosas que hacemos cuando nos realizamos senal de la cruz


Hacernos la Señal de la Cruz es un gesto simple pero a la vez una profunda expresión de fe tanto de los Católicos como de los Cristianos Ortodoxos. Como católicos, es algo que hacemos cuando entramos en una iglesia, luego de recibir la comunión, antes de comer y cada vez que oramos. Pero, ¿qué es realmente lo que hacemos cuando nos santiguamos? Aquí hay 21 cosas:

1) Orar. Comenzamos y finalizamos nuestras oraciones con el Signo de la Cruz, tal vez no comprendiendo que el signo de la cruz es en sí mismo una oración. Si la oración es en esencia “la elevación de nuestra mente a Dios” como lo dice San Juan Damasceno, entonces el Signo de la Cruz califica perfectamente como tal. “No es un gesto vacío, el signo de la cruz es una potente oración que conecta al Espíritu Santo como nuestro Divino Intercesor y generador de una exitosa vida cristiana” escribe Bert Ghezzi.

2) Abrirnos a la gracia. Como un sacramental, el Signo de la Cruz nos prepara para recibir la bendición de Dios y nos dispone para cooperar con Su gracia, de acuerdo a Ghezzi.
3) Santificar el día. Como un acto que realizamos repetidas veces a lo largo del día, la Señal de la Cruz santifica nuestro día. “En todos nuestros viajes y movimientos, en todas nuestras salidas y llegadas, al ponernos nuestros zapatos, al tomar un baño, en la mesa, al prender nuestras velas, al acostarnos, al sentarnos, en cualquiera de las tareas en que nos ocupemos, marcamos nuestras frentes con el signo de la cruz.”, escribió Tertuliano.

4) Consagrar todo nuestro ser a Cristo. En el movimiento de nuestras manos, desde nuestra frente a nuestro pecho y luego hacia ambos hombros, le estamos pidiendo a Dios su bendición para nuestra mente, nuestras pasiones y deseos, nuestros propios cuerpos. En otras palabras, la Señal de la Cruz nos consagra en cuerpo y alma, mente y corazón a Cristo. “Deja que tome todo tu ser –cuerpo, alma, mente, voluntad, pensamientos, sentimientos, tus acciones y omisiones- y sellándolos con la cruz, fortalécelo y conságralo todo con la fuerza de Cristo, en el nombre de la Divina Trinidad” decía el teólogo del siglo XX, Romano Guardini.

5) Recordamos la Encarnación. Nuestro movimiento es hacia abajo, desde nuestra frente a nuestro pecho “porque Cristo descendió de los cielos a la tierra”, escribía el Papa Inocente III en sus instrucciones para hacer la Señal de la Cruz. Sosteniendo dos dedos juntos- ya sea el pulgar con el anular o el índice- también representan las dos naturalezas (humana y divina) de Cristo.

6) Recordamos la pasión de Nuestro Señor. Fundamentalmente, al trazar las líneas de la cruz sobre nosotros, estamos recordando la crucifixión de Cristo. Esta remembranza se ve profundizada si mantenemos nuestra mano derecha abierta, usando los cinco dedos para hacer la señal- correspondiente a las cinco heridas que sufrió Cristo.

7) Afirmar la Trinidad. Al invocar el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, estamos afirmando nuestra creencia en un Dios Trino. Esto también se refuerza si usamos los tres dedos para hacer la señal, de acuerdo al Papa Inocente III.

8) Enfocar nuestra oración en Dios. Una de las tentaciones cuando oramos, es dirigirnos a Dios con nuestra concepción personal de El- El hombre de arriba, nuestro amigo, una especie de genio cósmico, etc. Pero cuando esto sucede, nuestras oraciones se tratan más de nosotros que de un encuentro con el Dios viviente. La Señal de la Cruz inmediatamente nos enfoca en el Dios verdadero, de acuerdo a Ghezzi: “Cuando invocamos la Santísima Trinidad, ponemos nuestra atención en el Dios que nos creó, no en el Dios que nosotros hemos creado. Dejamos de un lado esas imágenes y dirigimos nuestras oraciones a Dios que se ha revelado a sí mismo como: Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

9) Afirmar la procedencia del Hijo y El Espíritu. Al levantar primero nuestra mano a la frente recordamos que El Padre es La Primera Persona de la Trinidad. Al bajar nuestra mano nosotros “expresamos que El Hijo procede de El Padre”. Y, al finalizar con El Espíritu Santo, aseguramos que El Espíritu procede del Padre y del Hijo, como lo dice San Francisco de Sales.

10) Confesar nuestra fe. Al afirmar nuestra creencia en la Encarnación, crucifixión y en la Trinidad, estamos haciendo una mini confesión de fe en palabras y gestos, proclamando las verdades fundamentales de nuestro credo.

11) Invocar el poder del nombre de Dios. En la escritura, el nombre de Dios tiene poder. San Pablo nos dice que “ante que al Nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos, en la tierra y entre los muertos” (Filipenses 2,10). Y Jesús mismo dijo “Todo lo que pidan en mi Nombre lo haré, de manera que el Padre sea glorificado en su Hijo. Y también haré lo que me pidan invocando mi Nombre” (Juan 14,13-14)

12) Crucificarnos personalmente con Cristo. Todo el que quiera seguir a Jesús debe “negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirlo” como dijo Jesús a sus discípulos en Mateo 16,24.  “He sido crucificado con Cristo”, escribe San Pablo a los Gálatas en el capítulo 2,19. “Proclamar la Señal de la Cruz es proclamar nuestro si a la condición de discípulos de Cristo”, escribe Ghezzi.

13) Pedir apoyo en nuestro sufrimiento.  Al cruzar sobre nuestros hombros le pedimos a Dios “que nos dé apoyo- nos meta el hombro- en nuestro sufrimiento”, escribe Ghezzi.

14) Reafirmar nuestro bautismo. Al usar las mismas palabras con las que hemos sido bautizados, la Señal de la Cruz es un “resumen y aceptación de nuestro bautismo” de acuerdo al Cardinal Joseph Ratzinger.

15) Revertir la maldición. La Señal de la Cruz recuerda el perdón de nuestros pecados y da vuelta a nuestra caída pasando “del lado izquierdo de la maldición al derecho de la bendición” de acuerdo a De Sales. El movimiento de izquierda a derecha también significa nuestro futuro paso de la miseria del presente a la gloria futura, como Cristo ha “cruzado de la muerte a la vida y del infierno al Cielo”, escribió el Papa Inocente II.

16) Rehacernos a imagen de Cristo. En Colosenses 3, San Pablo usa la imagen de la vestimenta para describir como nuestra naturaleza pecadora se transforma en Cristo. Debemos tomar nuestro ser viejo y ponerlo en el ser “que está siendo renovado… a imagen de su creador”, nos dice Pablo. Los Padres de la Iglesia veían una conexión entre este verso y  el desnudar a Cristo en la cruz, “nos muestra que debemos despojarnos de nuestra vieja naturaleza en el bautismo y ponernos una nueva como participación de nuestra desnudez con Cristo en Su crucifixión”, escribía Ghezzi. Él concluye que podemos ver la Señal de la Cruz como “nuestra forma de participar en la desnudez de Cristo en la Crucifixión y ser vestidos con la gloria de Su resurrección”. Así que al hacer la Señal de la Cruz, estamos identificando radicalmente con todo el evento de la crucifixión- no solo con esas partes que podemos aceptar o que podemos procesar sin dañar nuestras sensibilidades.

17) Marcarnos a nosotros mismos por Cristo. En la Antigua Grecia, la palabra para señal era “sphragis”, que también era una señal de propiedad, de acuerdo a Ghezzi. “Por ejemplo, un pastor marcaba sus ovejas como su propiedad con una marca que llamaban sphragis” escribe Ghezzi.   Al hacer la Señal de la Cruz, nos marcábamos como pertenencia de Cristo, nuestro verdadero Pastor.

18) Ser soldados para Cristo. El “sphragis” era también un término para el nombre de un general que era tatuado en sus soldados de acuerdo a Ghezzi. Esto también es una metáfora de la vida cristiana: mientras podemos ser comparados a ovejas en el sentido que seguimos a Cristo como nuestro pastor, no debemos ser tímidos o mansos. Más bien somos llamados a ser soldados para Cristo como lo escribe San Pablo en Efesios 6 “Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila valiéndose de todas sus armas. Tomen la verdad como cinturón, la justicia como coraza; tengan buen calzado, estando listos para propagar el Evangelio de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, y así podrán atajar las flechas incendiarias del demonio. Por último, usen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, o sea, la Palabra de Dios”.

19) Custodia contra el demonio. La Señal de la Cruz es una de las muchas armas que usamos en la batalla con el demonio. Como decía un predicador del medievo llamado Aelfric, “Un hombre puede mover sus brazos maravillosamente sin crear ninguna bendición hasta que hace la Señal de la Cruz. Pero, si lo hace, el enemigo pronto sentirá temor a cuenta de la victoria ya reclamada”. En otra afirmación, atribuida a San Juan Crisóstomo, se dice que los demonios “vuelan lejos” ante la Señal de la Cruz “temiéndola como un bastón con el que están siendo abatidos”. (Fuente: Enciclopedia Católica).

20) Sellarnos con El Espíritu. En el Nuevo Testamento, la palabra “sphragis”, mencionada antes, es a veces traducida como sello, como en 2ª Corintios 1,22, donde San Pablo escribe que “Y Dios es el que nos da fuerza, a nosotros y a ustedes, para Cristo; él nos ha ungido y nos ha marcado con su propio sello al depositar en nosotros los primeros dones del Espíritu”. Al hacer la Señal de la Cruz, estamos nuevamente sellándonos en el Espíritu, invocando Su poderosa intervención en nuestras vidas.

21) Ser testigos para otros. Como un gesto que a menudo hacemos en público, la Señal de la Cruz es una simple forma de testificar nuestra fe para otros. “No nos sintamos avergonzados de confesar al Crucificado. Que la Cruz sea nuestro sello hecho con valentía por nuestros dedos en nuestra frente, y en todo; sobre el pan que comemos, en las copas que bebemos; en nuestras entradas y salidas; antes de dormir, cuando nos acostamos y cuando nos levantamos; cuando estamos en camino y cuando estamos quietos” escribió San Cirilo de Jerusalén.
(Fuentes citadas: La Señal de la Cruz, de Bert Ghezzi y Señales de Vida, de Scott Hahn)
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Adaptación y traducción al español por Manuel Rivas, para PildorasdeFe.net, de artículo publicado originalmente en: Catholic Exchange, autor: Stephen Beale


 Señal de la cruz



lunes, 18 de abril de 2016

Conoces el significado de la señal de la Cruz? Las 3 hermosas verdades que contiene



Daniel Prieto, catholic-link
Una terrible tragedia para el cristianismo ha sido, y será siempre, la separación entre el rito y el símbolo; o para ser más preciso, la tragedia se debe más bien al olvido por parte de los fieles del significado de los símbolos que se realizan durante los diversos ritos. Sí, porque la causa de la fracción no se da sola por arte de magia; esta nace y crece como fruto de nuestra desprovista formación. Alguno podrá objetar que no tiene tiempo para gastar en cuestiones que le competen a los teólogos y sacerdotes, pero esta es una falsa excusa que no nos exculpa. Salvando las distancias de la analogía, es como si alguien practicase un deporte que considera fundamental para su vida y del cual se profesa «fanático», y sin embargo, aseverase que no le interesa mucho, o para nada, conocer bien las reglas, la historia, las renovaciones y problemas en marcha del deporte en cuestión. ¿Quién le creería?




Es evidente, volviendo al ámbito de la fe cristiana, que tarde o temprano el vaciamiento «doctrinal» nos pasará la cuenta generándonos un consecuente vaciamiento «espiritual».  Lo que amamos de verdad (pensemos a las personas que amamos o las actividades que realmente nos gustan) lo queremos conocer siempre más y más, incluso en sus pormenores. El desinterés en el fondo es falta de amor sincero (este criterio nos debería llevar a un profundo examen de conciencia). De hecho, regresando a nuestro caso, quien no desea ni busca comprender más el profundo significado de los símbolos que celebra, tiene que cuestionarse para cambiar de actitud. De lo contrario, esto no solo nos llevará a perder toda la riqueza cultural que estos portan consigo, sino, y sobre todo, esterilizará poco a poco nuestra capacidad interior de disponernos espiritualmente para acoger el caudal de gracia que nos comunican efectivamente. Esto es así, porque el rito cristiano exige siempre un grado de participación y cooperación. Para decirlo con San Agustín: Dios «creó sin que lo supiera el interesado, pero no justifica sin que lo quiera él» (Sermón 169, 11.13).
No es mera casualidad que quien no conoce los signos sagrados, acabe por vivir el rito como un mecanismo frío, repetitivo y carente sentido. No es de extrañarse entonces que la misa le parezca «aburrida». ¡Es que no entiende nada de lo que pasa ahí! No es sorprenderse tampoco que tantos tiendan a deformar los ritos buscando adaptarlos a simbologías llamativas que poco o nada tienen que ver con el soplo del Espíritu. Es un tema demasiado delicado como entrar aquí en detalle. Sin embargo, creo que lo que sí podemos concluir con el video de hoy, es que solo a través de la vivencia y del conocimiento profundo de la fe expresada en sus milenarios símbolos, podremos renovar en continuidad nuestras celebraciones litúrgicas. Pues solo conociendo la «forma» de la Iglesia en su Tradición milenaria es que se puede re-formar e in-formar en con-formidad al Espíritu. Tal vez nos sorprendamos al descubrir, entrando en esta dinámica de formación interior, que en realidad el verdadero problema en este momento es que aún no hemos ni siquiera comenzado a comprender y a vivir el alcance de las grandes renovaciones espirituales que hemos heredado (incluso recientemente), porque en el fondo desconocemos la belleza y profundidad del ritual y sus símbolos. Nuestra primera tarea como creyentes es simple y parte de aquí: dediquémosle más tiempo a nuestra formación y renovación en la fe, antes de criticar o proponer nuevas ideas; busquemos profundizar, conocer y vivir mejor lo que ya celebramos cotidianamente, para que de esta manera demos un testimonio contundente y convincente de que «donde esté nuestro tesoro, allí esta también nuestro corazón» (Mt 6,21).

Les dejamos un último pensamiento sobre el significado de la cruz en nuestra vida cotidiana:






lunes, 29 de febrero de 2016

¿Qué 3 cosas significa santiguarse?


Resultado de imagen para señal de la cruz


El padre Mike Schmitz lo explica de una forma gráfica y directa, y sobre todo nos ofrece tres poderosas razones para hacer con frecuencia la señal de la Cruz.