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jueves, 22 de septiembre de 2022

No confundas cruz y crucifijo: conoce la diferencia

 

CROSS


Es importante que el católico sea consciente de lo que simbolizan

La cruz y el crucifijo son símbolos cristianos, pero no se refieren al mismo concepto.

Crucifijo

Jezus na krzyżu

La palabra crucifijo proviene de la frase latina “cruci fixus”, que significa “fijo en la cruz”. Se refiere a Jesucristo clavado en la cruz en el Calvario.

Un crucifijo, por lo tanto, no es solo la cruz sola, sino la cruz con la representación de Cristo adherida a ella.

Es un símbolo extremadamente fuerte de la altura del sacrificio de Jesús por la salvación de la humanidad. Y no debe usarse de manera superficial e irresponsable.

Llevar un crucifijo es llevar un recuerdo físico del amor sin límites de Dios por nosotros, hasta el punto de abrazar la Pasión más dolorosa por rescatarnos.

El crucifijo es un símbolo cristiano asociado directamente con la Iglesia católica, ya que, en su mayoría, las denominaciones protestantes suelen utilizar únicamente la cruz en lugar del crucifijo.

Muchos crucifijos católicos llevan el acrónimo “INRI”, que en latín abrevia “Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum”, es decir, “Jesús Nazareno, Rey de los judíos”.

Cruz

CROSS
La cruz forma parte de nuestra vida.

La cruz se ha convertido en un símbolo universal del cristianismo. Pero en sentido estricto el término se refiere únicamente al instrumento, sin incluir la representación del cuerpo de Cristo clavado en él.

Como instrumento, la cruz es nada menos que una forma de tortura trágicamente empleada por los romanos para castigar y ejecutar a los convictos.

Jesucristo murió en la cruz en un sufrimiento insoportable. Por eso mismo, muchas denominaciones protestantes afirman que el crucifijo no debe usarse como símbolo de la fe cristiana, ya que Cristo resucitó y ya no está clavado en la cruz.

Católico, ¿mejor llevar la cruz o el crucifijo?

Los católicos ciertamente creen en la Resurrección; después de todo, la Escritura misma dice que si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe.

Sin embargo, los católicos también reconocen que la Resurrección corona el sacrificio de Cristo en la cruz, que nos redimió del pecado y por lo tanto nunca debe ser olvidado o disociado de la gloria de la Resurrección.

Tanto la cruz como el crucifijo son símbolos cristianos que pueden ser perfectamente utilizados por los católicos.

Lo importante es que los católicos sean conscientes de lo que simbolizan y, sobre todo, de la unidad del misterio de la Redención: no hay Resurrección sin cruz, ni tiene sentido la cruz si no es en vista de la Resurrección.

Francisco Vêneto, Aleteia

Vea también     Carta a los amigos de la cruz
- San Luís María Grignon de Montfort

























sábado, 7 de mayo de 2016

Símbolos, colores y números en el Apocalipsis: mira su significado

Del trono al ángel degollado, del blanco al violeta, hasta los números como el 666 y el 144.000

Los cuatro jinetes apocalípticos

Gelsomino del Guercio, Aleteia Team
Misteriosos símbolos. Colores y números que no fueron escritos por casualidad. Habla de ello Ignacio Rojas Gálvez en “Los símbolos del Apocalipsis”(Editorial Verbo Divino).

Rojas sostiene que san Juan en el libro del Apocalipsis usa “el instrumento” de los símbolos para que captemos algunos aspectos de la Revelación divina. El autor del Apocalipsis presenta un mundo que escapa a la lógica y a la experiencia humana. Son numerosos los estudios de los exegetas que han intentado “traducir” los mensajes “crípticos” del apóstol.

Símbolos
Entre los símbolos evocados por Juan la dicotomía Cielo – Tierra indica espacios donde se desarrolla la liturgia y se lucha entre el bien y el mal; el trono representa a Dios; el ángel en pie, degollado es Cristo, muerto y resucitado; los veinticuatro ancianos son la totalidad que alaba a Dios; un pergamino con siete sellos es el proyecto de Dios sobre la historia y la humanidad: el lago es un símbolo negativo: el lugar del rechazo a Dios.

Animales
En el Apocalipsis 4,6-8 Juan cita “cuatro Vivientes llenos de ojos por delante y por detrás. El primer Viviente, como un león; el segundo Viviente, como un novillo; el tercer Viviente tiene un rostro como de hombre; el cuarto viviente es como un águila en vuelo. Los cuatro Vivientes tienen cada uno seis alas, están llenos de ojos todo alrededor y por dentro”.

Estos seres vivientes representan la Creación, la vida que emana de Dios. Cada animal simboliza la propia calidad fundamental: el león, la realeza; el toro, la fuerza; el águila, la velocidad y la altura; en cambio un animal negativo como el dragón es el poder tremendo del mal.


Colores que no son casualidad
Juan, además, no ve la realidad en blanco y negro, y no es casualidad el uso de un color u otro. La acentuación y el detalle cromático en las descripciones revelan el deseo del autor de expresar por medio de los colores una fuerte carga emotiva.

Colores positivos
El autor describe un universo caracterizado principalmente por cinco colores. La clave interpretativa de los colores está el uso dentro de la complejidad de la obra. Los atributos que acompañan a los personajes y su relación con el bien y el mal nos proponen la interpretación de los mismos. Las tonalidades positivas son: el blanco, que simboliza la trascendencia y la victoria del Resucitado y de aquellos que triunfan con él (por ejemplo el vestido de Cristo y sus discípulos), y el dorado, el oro puro, que es el color reservado por Juan a la liturgia y simboliza la cercanía al misterio divino (la mayor parte de los elementos litúrgicos son de color dorado).

Colores negativos
Por el contrario, otros tres colores representan el rostro negativo de la historia: el rojo escarlata, que simboliza lo demoniaco y la violencia (por ejemplo el dragón); el verde amarillento, que representa la fragilidad de la vida; y el negro, que indica la miseria, las amenazas y la injusticia social.

Los números
El número más presentes en todo el libro, el preferido del autor, es el siete, que simboliza la totalidad, la plenitud, en las huellas de las tradiciones religiosas ancestrales. Es, por lo tanto, suficientemente lógico que el tres y medio, la mitad del siete, indique la parcialidad y la transitoriedad. Entonces, un periodo de tres años y medio es un tiempo definido y concreto, que tiene un fin seguro. El número cuatro, que indica a los cuatro vivientes, es el número de la totalidad cósmica y la acción universal de Dios, realizada por medio de los ángeles provenientes de los cuatro vientos.

666
El número 6 ha sido el que ha suscitado el mayor debate desde sus orígenes. Su relación con el número de la bestia y la invitación enigmática que sugiere al profeta que lo descifre, han dado lugar a las más disparatadas interpretaciones. Recordemos el siguiente texto: “¡Aquí está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra de un hombre. Su cifra es 666” (Ap 13,18).

La interpretación más antigua sobre este número es conocida con el nombre de “gematría”. La gematría es un arte antiguo con el que, a través del análisis numérico de un texto o una simple palabra, se intenta deducir leyes y correspondencias. A cada letra corresponde un valor numérico establecido; por ejemplo la A tiene como valor 1 y la Z vale 900. Aplicar la gematría al número 666 significa descubrir un nombre cuya suma de letras – judías, griegas o latinas – corresponda al número 666. Con la gematría, por lo tanto, han sido “calculados” nombres y se ha identificado a la bestia con personajes históricos. Durante los siglos, las interpretaciones del simbolismo numérico 666 han gastado ríos de tinta y han sugerido personajes históricos de todo tipo, desde Nerón a Stalin, pasando por Domiciano, Hitler, el pontífice de turno o Martín Lutero, sólo por citar algunos.

Actualmente la interpretación más aceptada es la que interpreta el número 6 con un nombre defectivo, “una imperfección clamorosa” y, por lo tanto, este simbolismo es una manera de manifestar que la bestia es vulnerable.

12 y 1000
El número doce indica plenitud, pero con un cierto matiz social: señala al pueblo de Dios representado en el pasado de las doce tribus de Israel y en el presente por los doce apóstoles del Cordero. La suma simboliza la plenitud de la revelación de Dios en la historia y, por lo tanto, el Antiguo y el Nuevo Testamento juntos están significados por el número veinticuatro. Por su parte, el número mil indica la totalidad divina y la plenitud de la acción de Dios. El tiempo está sacralizado gracias a la presencia y a la acción de Cristo.

144.000
También las operaciones matemáticas son importantes para comprender algunas cifras. Por ejemplo, 144.000, el famoso número de los salvados, presupone la siguiente operación: 12 × 12 × 1000, es decir, el pueblo de Dios en su totalidad (doce por doce) guiado en el tiempo (1000) por la plenitud de la acción salvífica de Cristo.

lunes, 18 de abril de 2016

Conoces el significado de la señal de la Cruz? Las 3 hermosas verdades que contiene



Daniel Prieto, catholic-link
Una terrible tragedia para el cristianismo ha sido, y será siempre, la separación entre el rito y el símbolo; o para ser más preciso, la tragedia se debe más bien al olvido por parte de los fieles del significado de los símbolos que se realizan durante los diversos ritos. Sí, porque la causa de la fracción no se da sola por arte de magia; esta nace y crece como fruto de nuestra desprovista formación. Alguno podrá objetar que no tiene tiempo para gastar en cuestiones que le competen a los teólogos y sacerdotes, pero esta es una falsa excusa que no nos exculpa. Salvando las distancias de la analogía, es como si alguien practicase un deporte que considera fundamental para su vida y del cual se profesa «fanático», y sin embargo, aseverase que no le interesa mucho, o para nada, conocer bien las reglas, la historia, las renovaciones y problemas en marcha del deporte en cuestión. ¿Quién le creería?




Es evidente, volviendo al ámbito de la fe cristiana, que tarde o temprano el vaciamiento «doctrinal» nos pasará la cuenta generándonos un consecuente vaciamiento «espiritual».  Lo que amamos de verdad (pensemos a las personas que amamos o las actividades que realmente nos gustan) lo queremos conocer siempre más y más, incluso en sus pormenores. El desinterés en el fondo es falta de amor sincero (este criterio nos debería llevar a un profundo examen de conciencia). De hecho, regresando a nuestro caso, quien no desea ni busca comprender más el profundo significado de los símbolos que celebra, tiene que cuestionarse para cambiar de actitud. De lo contrario, esto no solo nos llevará a perder toda la riqueza cultural que estos portan consigo, sino, y sobre todo, esterilizará poco a poco nuestra capacidad interior de disponernos espiritualmente para acoger el caudal de gracia que nos comunican efectivamente. Esto es así, porque el rito cristiano exige siempre un grado de participación y cooperación. Para decirlo con San Agustín: Dios «creó sin que lo supiera el interesado, pero no justifica sin que lo quiera él» (Sermón 169, 11.13).
No es mera casualidad que quien no conoce los signos sagrados, acabe por vivir el rito como un mecanismo frío, repetitivo y carente sentido. No es de extrañarse entonces que la misa le parezca «aburrida». ¡Es que no entiende nada de lo que pasa ahí! No es sorprenderse tampoco que tantos tiendan a deformar los ritos buscando adaptarlos a simbologías llamativas que poco o nada tienen que ver con el soplo del Espíritu. Es un tema demasiado delicado como entrar aquí en detalle. Sin embargo, creo que lo que sí podemos concluir con el video de hoy, es que solo a través de la vivencia y del conocimiento profundo de la fe expresada en sus milenarios símbolos, podremos renovar en continuidad nuestras celebraciones litúrgicas. Pues solo conociendo la «forma» de la Iglesia en su Tradición milenaria es que se puede re-formar e in-formar en con-formidad al Espíritu. Tal vez nos sorprendamos al descubrir, entrando en esta dinámica de formación interior, que en realidad el verdadero problema en este momento es que aún no hemos ni siquiera comenzado a comprender y a vivir el alcance de las grandes renovaciones espirituales que hemos heredado (incluso recientemente), porque en el fondo desconocemos la belleza y profundidad del ritual y sus símbolos. Nuestra primera tarea como creyentes es simple y parte de aquí: dediquémosle más tiempo a nuestra formación y renovación en la fe, antes de criticar o proponer nuevas ideas; busquemos profundizar, conocer y vivir mejor lo que ya celebramos cotidianamente, para que de esta manera demos un testimonio contundente y convincente de que «donde esté nuestro tesoro, allí esta también nuestro corazón» (Mt 6,21).

Les dejamos un último pensamiento sobre el significado de la cruz en nuestra vida cotidiana: