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martes, 9 de julio de 2024

Identifica el lenguaje de amor de tu hijo adolescente

 

         
¡Es difícil encontrar cuál es el lenguaje del amor de un adolescente!
Sin embargo, nada es más importante que seguir expresando
 tu amor por él. Estas tres preguntas proporcionan excelentes pistas

En su libro más vendido, Los lenguajes del amor, Gary Chapman habla a parejas casadas. Distingue cinco gestos que significan "te amo" con el fin de promover el amor y la comunicación en la pareja. Unos diez años después, adaptó su concepto de los cinco lenguajes del amor a la relación entre padres y adolescentes en un libro titulado Los lenguajes del amor de los adolescentes .

Los cinco lenguajes siguen siendo los mismos (palabras gratificantes, servicios prestados, obsequios, momentos de calidad y contacto físico), pero esta vez el autor estadounidense se dirige a los padres de adolescentes. Se parte de la observación de que los padres aman a sus hijos, pero que muchos adolescentes no se sienten amados.

Según él, esta discrepancia se debe a que cada adolescente tiene un lenguaje de amor "principal" y que los padres no expresan su amor en el lenguaje adecuado. Por lo tanto, es apropiado identificar el idioma principal de su hijo. Para ello, Gary Chapman nos invita a plantearnos tres preguntas:

happy-woman            

1¿CÓMO SE RELACIONA CON LOS DEMÁS?

Generalmente expresamos nuestro amor a los demás de la manera que nos gustaría recibirlo. Por eso Gary Chapman nos invita a observar cómo se relaciona un adolescente con los demás, cómo se comporta. ¿Dice con frecuencia palabras amables, positivas y alentadoras a quienes lo rodean?

En cuyo caso su lenguaje de amor probablemente sea el de las palabras empoderadoras. ¿Le gusta ayudar a la gente, estar al servicio? Por lo que su lenguaje principal sería el de los servicios prestados. Así pues, una pequeña observación da una primera pista.

2¿DE QUÉ SE QUEJA?

Las quejas recurrentes de un adolescente revelan una segunda pista. Si tu adolescente te dice habitualmente: "¡Haga lo que haga, nunca te hará feliz!", su lenguaje es sin duda el de las palabras empoderadoras. Le falta reconocimiento o gratitud. Si al volver de hacer la compra mira con desconfianza las bolsas y pregunta: "¿No me compraste nada?", probablemente su lenguaje sea el de los regalos.

3¿QUÉ ESTÁ PIDIENDO?

"¿Qué pregunta mi adolescente con más frecuencia?" La respuesta a esta pregunta proporciona la pista final para identificar el lenguaje del amor. ¿Pide mimos, paseos sobre las cenas, regalos cuando te vas de viaje, etc.? Permanecer atento a sus peticiones le permitirá confirmar los gestos a los que es más sensible.

Sutilezas del lenguaje que evolucionan con el tiempo.

¿Cambia el lenguaje del amor de los adolescentes a medida que crecen? Para Gary Chapman, el lenguaje sigue siendo el mismo, sin embargo, la forma de responder a él seguramente evolucionará.

"Las formas en que alguna vez expresaste tu amor ahora les parecen infantiles", señala. Y dé este ejemplo: "Un adolescente que es sensible al tiempo de calidad puede preferir ir de excursión juntos o ir a un evento deportivo y hablar contigo, en lugar de jugar contigo".

Asimismo, si un adolescente necesita contacto físico para sentirse amado, probablemente preferirá que sea en privado y no frente a la entrada de la escuela.

Matilde de Robien, Aleteia

Vea también      Convivir con un adolescente y no morir en el intento 
(información abundante)

















jueves, 22 de junio de 2023

Lo que hacía el Padre Pío ante el lenguaje ofensivo

ojciec Pio

El Padre Pío ofrecía una respuesta positiva a las palabras ofensivas

Cuando san Pío de Pietrelcina estaba creciendo, su madre le enseñó a "reparar" el daño causado por las palabrotas

Cuando era niño, el Padre Pío estaba familiarizado con el lenguaje obsceno, ya que muchos de sus amigos juraban o maldecían.

Su reacción inicial era huir.

El autor C. Bernard Ruffin relata la siguiente historia en su libro Padre Pio: The True Story.

Cada vez que otro chico maldecía o maldecía, Franci salía corriendo. El mismo Luigi Orlando que lo describió como «un niño como cualquier otro», recordó que una vez, cuando los dos estaban luchando, Luigi dejó escapar de sus labios «una expresión fuerte», entonces Franci, que lo había inmovilizado en el suelo, saltó y huyó.

La madre del Padre Pío no quería que sus hijos se asociaran con otros niños que usaban lenguaje obsceno. El Padre Pío lo interpretó en serio y huía de cualquiera que jurara o maldijera.

Mejor que escapar, reparar

Al mismo tiempo, su madre también le enseñó a reparar» el daño causado.

Beppa prohibió a sus hijos asociarse con otras personas que usaran lenguaje vulgar o blasfemo.

De hecho, cada vez que escuchaba a alguien maldecir, lo «reparaba» con la expresión: «¡Bendito sea Dios!» —una práctica que trató de inculcar en todos sus hijos.

Una respuesta positiva

A medida que crecía, el Padre Pío dejó de huir de las personas que maldecían, pero probablemente trató de hacer todo lo posible para «reparar» el daño del lenguaje soez.

Es posible que también se hubiera sentido tentado a usar un lenguaje obsceno, ya que muchos de nosotros somos tentados a diario. Era humano, como nosotros.

Independientemente de lo que haya sucedido más adelante en su vida, la madre del Padre Pío puede enseñarnos a todos una lección sobre cómo responder positivamente cuando nos enfrentamos a un lenguaje que ofende a Dios.

Philip Kosloski, Aleteia 

Vea también     La Santa Misa explicada
por San Pío de Pietrelcina







































martes, 22 de febrero de 2022

¿Cómo suena el padrenuestro en la lengua materna de Jesús?


Una religiosa iraquí que vive en Tierra Santa nos pronuncia las palabras de la oración que enseñó el mismo Jesucristo en arameo

En Israel, podemos pensar que la lengua religiosa que se hablaba en tiempos de Jesús era el hebreo. Era el idioma en que se comunicaban los eruditos y en el que estaba escrita la Torá. Pero sabemos que en el siglo I d. C. había otras tres lenguas en el habla: el latín, el griego y el arameo.

El griego servía como lingua franca (lo que podría ser hoy el inglés como idioma de comunicación internacional) entre los diversos territorios y pueblos del área geográfica que ocupaba el Pueblo de Israel y el resto de zonas que habían pertenecido a la civilización griega, en torno al Mediterráneo. Era la lengua comercial, la que permitía establecer negocios de pesca o agricultura con otros pueblos de la cultura helénica, a los que se llegaba desde los puertos o por caminos.

El latín era el lenguaje del Imperio Romano, que había ocupado Israel y lo había convertido en una provincia. Era el lenguaje del poder político, la lengua oficial pero la menos empleada en aquel momento.

Por muchos indicios, los teólogos apuntan a que Jesús hablaba -en mayor o menor grado- los cuatro idiomas. Pero en cuanto a su lengua materna, señalan que sería el arameo. Esta era la lengua que empleaban en la conversación diaria los judíos de Galilea, donde nació y vivió el Señor.

En el evangelio, encontramos rastro del arameo en expresiones como talitha qum (Mc 5,41), «levántate». O cuando Jesús se dirige al Padre como abbá (Mc 14,36). Desde la Cruz, exclamó: Eloí, Eloí, ¿lemá sabacthaní? (Mc 15,34). Y algunas personas que se dirigen a él como Maestro, lo llaman en arameo: rabbuni (Mc 10,51).

¿Cómo sonaría el padrenuestro que el mismo Jesús enseñó, pronunciado en arameo?

Recientemente, pude estar en Tierra Santa y entre los muchos regalos de la Providencia, encontramos (el grupo de cinco periodistas con el que viajaba) a una religiosa que habla el idioma de Jesús. Es la hermana María Columbia, originaria de Nínive (hoy Ninaua, Irak), donde todavía hoy se habla el arameo. El arameo -lengua semítica- está presente en pequeñas comunidades que no tienen el árabe como lengua de comunicación.

¿Cómo sonaría el padrenuestro en arameo, la lengua de Jesús? Le pido -en inglés- a esta religiosa que rece el padrenuestro en su lengua materna, que es la misma de Cristo en conversación con los Apóstoles y los que le seguían.

El texto del padrenuestro es:

ᵓAḇūn dəḇashmayyā
neṯqaddash shəmāḵ
ti(ᵓ)ṯē malkūṯāḵ
nehwē ṣeḇyānāḵ
ᵓaykannā dəḇashmayyā ᵓāp ba(ᵓ)rᶜā
haḇ lan laḥmā dəsūnqānan yawmānā
washḇūq lan ḥawbayn
ᵓaykannā dā(ᵓ)pḥənan shəḇaqn ləḥayyāḇayn
wəlā taᶜlan lənesyūnā
ᵓellā paṣṣān men bīshā
meṭṭul dəḏīlāḵ (hy) malkūṯā
wəḥaylā wəṯeshbūḥtā
ləᶜālam ᶜālmīn

La transcripción sería la siguiente, para un hablante español que pronuncie la «sh» como en inglés y hace pausa con el signo ‘ :

ABUNA DI BISHEMAYA

Padre nuestro que estás en el cielo,

ITQADDASH SHEMAK,

santificado sea tu nombre,

TETE MALKUTAK

venga a nosotros tu reino,

TIT’ABED RE’UTAK

hágase tu voluntad

KEDI BI SHEMAYA KAN BA AR’A

en la tierra como en el cielo.

LAJMANA HAB LANA SEKOM YOM BEYOMA

Danos hoy nuestro pan de cada día,

U SHEBOK LANA JOBEINA

perdona nuestras ofensas

KEDI AF ANAJNA SHEBAKNA LEJEIBINA

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden,

WEAL TA’ALNA LENISION,

no nos dejes caer en la tentación

ELA PESHINA MIN BISHA.

y líbranos del mal.

El avemaría

A continuación, la hermana reza el avemaría:

Sister María Columbia atiende la pequeña tienda de objetos religiosos que está en la iglesia de las Bienaventuranzas, emplazada junto al lugar donde se cree muy posible que Jesús predicara el Sermón de la Montaña. Muchas de las cosas que vende son sencillas, hechas artesanalmente, y sirven para la subsistencia de los cristianos.

La hermana María Columbia quiere mandar un mensaje a quienes vean después su vídeo. Le digo que vengo de España y explica que esa oración es para todas las personas de mi país.

El padrenuestro rezado por el protagonista de «The Chosen»



Dolors Massot, Aleteia




 
















jueves, 14 de diciembre de 2017

Cómo adaptar el lenguaje de hoy a la evangelización: Tres cambios fundamentales para el catequista


Cómo adaptar el lenguaje de hoy a la evangelización: Tres cambios fundamentales para el catequista
El padre Manuel María Bru ofrece dos claves
para renovar el lenguaje de la evangelización y de la catequesis


Cómo llevar el mensaje del Evangelio a los alejados y a los 
jóvenes con un lenguaje que entiendan y de una manera que 
sea capaz de llamarles la atención. Esta es una cuestión muy común 
a la que evangelizadores y catequistas se enfrentan de manera constante en
 una sociedad en constante cambio y ya secularizada, que ya no entiende 
el lenguaje religioso.

El propio Papa Francisco habla del anuncio de la Palabra que se da en 
la catequesis aunque destacando igualmente la necesidad de una “adecuada ambientación y una atractiva motivación”. Es precisamente aquí donde
 pretende arrojar luz el sacerdote Manuel María Bru, doctor en Periodismo, presidente de la Fundación Crónica Blanca y profesor en varias universidades.

En su nuevo libro Asombro y empatía (Ciudad Nueva) ofrece “dos claves
 para renovar el lenguaje de la evangelización y de la catequesis”. 
El libro ofrece algunas claves para una nueva evangelización cada vez más 
urgente.

La importancia del "asombro"
En primer lugar, Bru destaca la importancia del “asombro” en la evangelización,
 un lenguaje que lleve a recuperar “una verdadera catequesis de la experiencia, de iniciación y de conversión cristianas”.

Esta experiencia lleva a superar “una catequesis meramente doctrinal” que no entienden los que no han tenido la experiencia religiosa del asombro. Pero también debe ir más allá de aquella catequesis que para intentar conectar con el joven o el alejado no abre “una puerta a la experiencia del asombro ante Dios y de la conversión e Él”.

“Sólo es capaz de contagiar el asombro quien vive del asombro”, explica el autor.

Sin empatía la evangelización no cala
No menos importante que el asombro es la empatía, la forma de presentarse ante el otro para anunciar el Evangelio. No sólo es ofrecer esta Buena Nueva sino cómo ofrecerla. Es por ello por lo que el Papa Francisco habla de que es “bueno que puedan vernos como “alegres mensajeros”.

Es importante tener un lenguaje y una forma de transmitir que “conecte” con una sociedad que el autor define como “la cultura débil del tiempo posmoderno, de la sociedad de la información y, entre otras muchas cosas, líquida y desvinculada".

Un cambio en el lenguaje y en el enfoque
Atendiendo a esta cultura de hoy, la evangelización y sobre todo la catequesis necesitan un formato diferente al que se ha llevado a cabo durante décadas. El lenguaje religioso y el lenguaje de hoy necesitan cambiar los verbos. Hay que pasar de explicar, entender y aprender a otros “más adecuados a la naturaleza misma de la catequesis”.



Estos son los verbos a utilizar hoy que propone este libro:

1. Provocar e inquietarse
En primer lugar el catequista o cualquier cristiano tienen que 
“provocar” interrogantes e inquietudes vitales propias 
del anhelo religioso en el catecúmeno o en el alejado. 
La respuesta deseable por parte del destinatario 
de este mensaje sería el “inquietarse” ante una provocación que 
despierta una dimensión latente en este catecúmeno. Sin este paso, 
“difícilmente pueden darse  los siguientes, menos aún si el planteamiento 
sigue siendo el de enseñar/aprender, pues, como expresa la parábola del 
sembrador, la semilla caería en piedra, no entraría en la entraña vital del evangelizado, y resbalaría”.

2. Promover y acoger
En este proceso catequético se pretende de manera paulatina 
“promover” una experiencia de Dios en la vida de la persona. 
En este caso, el catequista en particular y la comunidad cristiana en general
 tienen que ayudar, empujar y alentar este movimiento paulatino que está 
realizando el catecúmeno y que debe hacer suyo.

Por ello, no se trata tanto de enseñar como de promover ni de 
aprender como de acoger.

3. Asombrar y asombrarse
Esta debería ser el punto al que se debería llegar pero “no tanto como fase final del proceso, sino momentos en que el testigo es capaz de asombrar con su testimonio y el acompañado en el itinerario catequético es capaz de asombrarse”. Y es que sin asombro ante el Misterio de Dios, explica el autor, no hay verdadera experiencia religiosa y por tanto iniciación cristiana.

Por todo ello, el cristiano “debería identificarse ante todo por ser un asombrado, y como tal, alguien capaz de asombrar a quienes lo rodean”.