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sábado, 1 de abril de 2023

Tu vida puede cambiar en Semana Santa, como la de Teresa de Jesús

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La contemplación de los sufrimientos de Jesús en su Pasión cambió radicalmente la vida de Teresa de Ávila: pasó de ser una monja mediocre, ya en edad avanzada, a alcanzar una unión íntima con Cristo que transformaría su existencia y a la misma Iglesia. Te contamos cómo sucedió y cómo puedes tú hacer esa experiencia

¿Quieres vivir una Semana Santa diferente? ¿Estás cansado de una vida monótona, de un cristianismo mediocre y aburrido?  

Hoy cuesta imaginarlo, pero como tú se encontraba Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, a sus 39 años, edad de plena madurez para aquella época. En 1554, llevaba ya veinte años de religiosa carmelita en el monasterio de la Encarnación, donde convivía con una comunidad de más de cien monjas.

Teresa después reconocería que, en realidad, vivía una vida doble: en ciertos momentos, quería entrar en una vida de oración; pero en otros su vida se hacía anodina, sin sentido, anegada en la rutina de lo cotidiano. «Como las muchas», dice ella.  

La conversión

En su autobiográfico Libro de la Vida, escrito diez u once años después, lo recuerda así (capítulo 8, 12): «Buscaba remedio; hacía diligencias; mas no debía entender que todo aprovecha poco si, quitada de todo punto la confianza de nosotros, no la ponemos en Dios. Deseaba vivir, que bien entendía que no vivía, sino que peleaba con una sombra de muerte, y no había quien me diese la vida».  

En ese momento, irrumpe la conversión de Teresa. Experimenta el encuentro personal con Cristo. Lo suscita la contemplación de la Pasión de Jesús y la conciencia del dolor y el sacrificio que afrontó por nuestro amor. Le ayuda en esta contemplación una imagen de Jesús tras la flagelación, el «Ecce Homo». Todo el ser de Teresa quedó sobrecogido. No fue simplemente una experiencia sentimental, sino un encuentro con Cristo íntimo, intenso, entrañable, muy real.

Ella lo cuenta así : «Entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allá, que se había buscado para cierta fiesta que se hacía en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y arrojéme cabe Él con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle» (Libro de la Vida, capítulo 9, 1).

Así se desencadena su conversión. Al contemplar la Pasión de Jesús, descubre el amor de Dios total, sin filtros. Su vida cambia totalmente. Ahora ya no quiere amar a Dios para ganarse el cielo, o para salvarse del infierno. Está totalmente transformada. Ha encontrado por primera vez el verdadero amor de Cristo, que dio su vida por ella.  

La verdadera razón de ser cristiano

Cristo pasa a ser la única razón de su existencia: ya no es un elementos más en su vida, sino su único amor y su motor. De ahí surge la «determinada determinación» que llevaría a su cambio de vida. Si Teresa deja de ser  una monja mediocre  y aburrida se lo debe a ese encuentro con Cristo. Su relación con Jesús pasa de meramente teórica a profundamente vivencial. Él le ha cambiado la vida.  

Por eso, en el relato autobiográfico del Libro de la Vida, terminado el capítulo de la conversión, irrumpe inmediatamente la experiencia mística de Teresa: ahora ama a Dios por el descarado amor que Él antes le ha demostrado. Ya no hay segundos fines en su amor a Cristo. La vida cristiana ya no consiste en cumplir normas. Esa es su verdadera conversión: amar a Dios únicamente por lo que me ama, por lo que es, puro amor.

Ahora, Teresa, convertida, cambia incluso de nombre; ahora es «Teresa de Jesús». Esta experiencia quedó perfectamente recogida en este soneto anónimo, que algunos han querido atribuir a Santa Teresa de Jesús o a San Juan de la Cruz, aunque nadie ha podido comprobar su autoría.

No me mueve, mi Dios, para quererte

el cielo que me tienes prometido,

ni me mueve el infierno tan temido

para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte

clavado en una cruz y escarnecido,

muéveme ver tu cuerpo tan herido,

muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,

que aunque no hubiera cielo, yo te amara,

y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,

pues aunque lo que espero no esperara,

lo mismo que te quiero te quisiera.

Aleteia, red global católica de información, en virtud de su misión fundacional, contribuye, en colaboración con la Fundación DeClausura, a comunicar la vida y espiritualidad de los monasterios y conventos contemplativos.

Matilde Latorre, Aleteia 

Vea también      Via Crucis: Acompañar a Jesús en su Pasión y Muerte  (abundante información)




























Una guía para cada día de la última semana de Jesús

 

JUDAS THE ISCARIOT 

Beso de Judas   

Camina junto al Señor desde el Domingo de Ramos al Domingo de Pascua guiado por Mons. Pope

En el corazón de la fe cristiana está el Misterio Pascual: la Pasión, la Muerte, la Resurrección, y la Ascensión de Jesucristo, su última semana de la vida terrenal. Toda la historia de la salvación nos conduce y se pone en marcha desde estos eventos salvadores.

El propósito de este artículo es describir la última semana de Jesús. A esta semana la llamamos “Semana Santa” pues el ministerio público de Jesús culmina con su sufrimiento, muerte y resurrección.

A continuación una breve descripción de cada día de la Semana Santa. Espero que puedas imprimirlo y lo leas cada día de esta semana. Camina en oración con Jesús en su semana más difícil y, sin embargo, gloriosa.

Me doy cuenta de que algunos exegetas se burlan de la idea que podamos construir un diario de cada día sobre la última semana de Jesús. Existen lagunas históricas y cosas en las narraciones que no coinciden perfectamente.

Además, san Juan plantea un escenario completamente diferente (quizá como una interpretación teológica) de la Última Cena y cómo se relaciona con la Pascua Judía. La secuencia a continuación sigue principalmente la narración sinóptica (Mateo, Marcos y Lucas), en términos de ritmo.

A pesar de las dudas de algunos exegetas, la narración realmente coincide muy bien si usamos un poco de imaginación y vemos las diferencias no como diferencias en sí, sino sólo en los detalles.

Lee esta cronología como un posible, aunque no seguro, escenario de la última semana de Jesús. Sigue siendo una gran bendición tomar en cuenta la última semana del Señor y caminar con Él.

Planea asistir a algunas o todas las celebraciones litúrgicas del Domingo de Ramos, Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo en tu parroquia.

Al celebrarlas en comunidad, las hacemos presentes hoy y volvemos a aprender, de una manera nueva, la realidad de nuestro Salvador Jesucristo, vivo entre nosotros.

1DOMINGO DE RAMOS

Nuestra celebración de la Semana Santa comienza este domingo, como sabemos, donde hacemos presente la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén que da comienzo a su semana final y al inicio de su Pasión.

Los cuatro evangelios relatan esta entrada triunfal ese domingo por la mañana de hace tanto tiempo, pero que conmemoramos nosotros hoy.

Al recibir las palmas, toma en cuenta que eres parte de esa multitud. ¿Cómo caminarás esta semana con Jesús? Deja que la palma te recuerde de alabarlo con tu devota presencia durante el sagrado Triduo.

De acuerdo a Mc 11,11 Jesús regresó esa tarde a Betania, un suburbio de Jerusalén. Quizá se quedó con sus amigos Marta, María y Lázaro. Ora con Jesús esta tarde de cara a los difíciles días que le esperan.

2LUNES SANTO

Según Mt 21, Mc 11 y Lc 19, Jesús regresó a Jerusalén este día y, al ver una serie de prácticas vergonzosas alrededor del Templo, lo limpió. El Evangelio de Juan también cuenta que reprendió la incredulidad de la multitud. Mc 11,19 describe que regresó a Betania esta noche. Ora con Jesús pues está deseoso de purificarnos.

3MARTES SANTO

De acuerdo con Mateo, Marcos y Lucas, Jesús nuevamente regresa a Jerusalén donde es confrontado por el líder del Templo por lo que hizo el día anterior. Cuestionan su autoridad. Él también enseña ampliamente con parábolas y otras formas. Está la parábola de la viña (cf Mt 21,33-46), la parábola del banquete de bodas, (cf Mt 22,1). También está la enseñanza del pago de impuestos (cf Mt 22,15) y la reprimenda a los saduceos que negaban la resurrección (cf Mt 22,23). También está la temerosa profecía sobre la destrucción de Jerusalén si los habitantes no se convierten.

Advierte que no quedará piedra sobre piedra (cf Mt24). Sigue rezando con Jesús y escucha detenidamente sus enseñanzas finales justo antes de su Pasión.

4MIÉRCOLES SANTO

Tradicionalmente, este día era llamado Miércoles del espía pues fue este miércoles antes de la crucifixión que Judas conspiró par entregar a Jesús. Por ello, fue pagado con 30 monedas de oro (cf Mt 26,14). Jesús posiblemente pasó el día en Betania. Por la tarde, María de Betania ungió a Jesús con un costoso perfume. Judas objetó pero Jesús lo reprendió y le dijo que María lo había ungido para su entierro (cf Mt 26,6). Los malvados están acorralando a Jesús y conspirando contra él. ¿Estás orando?

5JUEVES SANTO

Este día marca el comienzo del sagrado Triduo , o “tres días”. Al inicio del día, Jesús dio instrucciones a los discípulos sobre cómo prepararse para la comida más sagrada, que será su última cena.  A lo largo del día hicieron los preparativos (cf Mt 26,17).

En la misa de la Cena del Señor llevada a cabo en nuestras parroquias, recordamos y celebramos esa Última Cena que Jesús compartió con sus discípulos. Estamos en el Cenáculo con Jesús y los apóstoles haciendo lo que ellos hicieron.

A través del ritual de lavar los pies (Jn 13,1) de los 12 parroquianos, nos unimos en servicio unos a otros. A través de nuestra celebración de esta primera misa y santa eucaristía (Mt 26,26), nos unimos a Jesús y recibimos su Cuerpo y su Sangre como si fuera la primera vez.

En esta eucaristía, agradecemos especialmente a Dios por el don del sacerdocio ministerial. Tras la Última Cena (Primera Misa) los apóstoles y Jesús hicieron un corto viaje a lo largo del Valle de Cedrón al jardín donde les pidió orar y experimenta su agonía (cf Mt 26,30).

Nosotros también realizamos una procesión en la iglesia con Jesús Sacramentado a un jardín (el altar de reposo) que ha sido preparado. La liturgia termina en silencio.

Es una costumbre antigua pasar esta noche una hora frente al reposado Santísimo Sacramento. Estamos con Jesús en el jardín y oramos mientras atraviesa su agonía.

Muchas de nuestras parroquias permanecen abiertas hasta la medianoche. Fue cerca de la medianoche cuando Jesús fue traicionado por Judas, arrestado y llevado a la casa del Sumo Sacerdote (cf Mt 26,47).

6VIERNES SANTO

Jesús pasó toda la noche en el calabozo de la casa del Sumo Sacerdote. En la mañana temprano fue llevado frente a Pilato quien lo mandó con Herodes. Herodes lo mandó de regreso a Pilato quien, en algún momento de la mañana, se sometió ante la presión del líder del Templo y la multitud, y condenó a Jesús a la horrible muerte en la cruz.

Al final de la mañana, Jesús fue llevado por los soldados a través de la ciudad hasta el monte Gólgota. Al mediodía fue clavado en la cruz donde estuvo colgado en agonía durante tres horas. Murió a alrededor de las tres de la tarde. Es bajado de la cruz y colocado en la tumba rápidamente antes del atardecer.

Hoy es un día para la oración, el ayuno y la abstinencia. Cuando es posible, los cristianos son instados a quedar libres de trabajar, de los compromisos sociales, de la diversión y dedicarse a una oración y adoración comunitaria.

Al mediodía muchas parroquias se reúnen para las estaciones de la cruz y para rememorar las últimas siete palabras de Jesús. Muchas parroquias también ofrecen las estaciones de la cruz a las tres de la tarde, la hora de la muerte de Jesús.

En la tarde, nos reunimos en silencio en nuestras parroquias para entrar en el tiempo de oración mientras reflexionamos sobre la muerte de Jesús en la cruz.

También rezamos por las necesidades del mundo. Reconocemos el poder de la cruz en nuestras vida hoy, uno por uno nos acercamos a venerar la cruz con un beso. Nuestra hambre por este día de ayuno es satisfacido con la Sagrada Comunión distribuida al final de la liturgia.

Contempla también cómo los apóstoles se reunieron esa noche con miedo y en oración reflexionando sobre todo lo que había ocurrido.

7SÁBADO SANTO

El cuerpo de Jesús está en la tumba pero su alma está entre los muertos para anunciar el reino. “En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán” (Jn 5,25). Ten en cuenta lo que debió ser para los muertos en el Sheol despertar con la voz de Jesús.

Mientras tanto, los discípulos, con el corazón roto por la muerte de Jesús, observaron el Sabatt judío con tristeza. Se habían olvidado de la promesa de Jesús que resucitaría. Nosotros no podemos olvidar su promesa. No podemos olvidar.

Esta noche en nuestras parroquias después del atardecer nos reunimos para la Vigilia Pascual donde viviremos la resurrección de Jesús de entre los muertos.

Nos reunimos en la oscuridad. Él es la luz del mundo. Entramos a la iglesia y atentamente escuchamos las historias bíblicas que describen la salvación de Dios en el pasado. Repentinamente, las luces de la iglesia se encienden y se canta el Gloria mientras celebramos el momento de la resurrección de Cristo. ¡Vive!

En la alegría de la resurrección celebramos el sacramento del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía para nuestros catecúmenos y los candidatos que se han preparado durante muchas semanas para esta noche.

Como iglesia cantamos el Aleluya por primera vez en cuarenta días. Haz lo que puedas por estar presente en esta noche e invita a tus amigos y familia a unirse también.

¡Nuestra vigilia que marca el inicio de una Pascua gozosa que no termina nunca!

Mons. Charles Pope es sacerdote de Holy Comforter-St Cyprian en Washington, DC. Asistió al Seminario Mount Saint Mary y tiene una maestría en Teología y Teología Moral. Fue ordenado sacerdote en 1989 y nombrado monseñor en 2005. Ha dirigido un estudio bíblico semanal en el Congreso y la Casa Blanca, durante dos y cuatro años, respectivamente.



















Evangelio del día


 

Libro de Ezequiel 37,21-28.

Así habla el Señor:
Yo voy a tomar a los israelitas de entre las naciones adonde habían ido; los reuniré de todas partes y los llevaré a su propio suelo.
Haré de ellos una sola nación en la tierra, en las montañas de Israel, y todos tendrán un solo rey: ya no formarán dos naciones ni estarán más divididos en dos reinos.
Ya no volverán a contaminarse con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeldías. Los salvaré de sus pecados de apostasía y los purificaré: ellos serán mi Pueblo y yo seré su Dios.
Mi servidor David reinará sobre ellos y todos ellos tendrán un solo pastor. Observarán mis leyes, cumplirán mis preceptos y los pondrán en práctica.
Habitarán en la tierra que di a mi servidor Jacob, donde habitaron sus padres. Allí habitarán para siempre, ellos, sus hijos y sus nietos; y mi servidor David será su príncipe eternamente.
Estableceré para ellos una alianza de paz, que será para ellos una alianza eterna. Los instalaré, los multiplicaré y pondré mi Santuario en medio de ellos para siempre.
Mi morada estará junto a ellos: yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo.
Y cuando mi Santuario esté en medio de ellos para siempre, las naciones sabrán que yo soy el Señor, el que santifico a Israel.


Libro de Jeremías 31,10.11-12ab.13.

¡Escuchen, naciones, la palabra del Señor,
anúncienla en las costas más lejanas!
Digan: «El que dispersó a Israel lo reunirá,
y lo cuidará como un pastor a su rebaño.»

Porque el Señor ha rescatado a Jacob,
lo redimió de una mano más fuerte que él.
Llegarán gritando de alegría a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor.

Entonces la joven danzará alegremente,
los jóvenes y los viejos se regocijarán;
yo cambiaré su duelo en alegría,
los alegraré y los consolaré de su aflicción.


Evangelio según San Juan 11,45-56.

Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.
Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: "¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos.
Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra nación".
Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: "Ustedes no comprenden nada.
¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?".
No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación,
y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos.
A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús.
Por eso él no se mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí permaneció con sus discípulos.
Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse.
Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: "¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Cirilo de Alejandría (380-444)
obispo y doctor de la Iglesia
Comentario a la carta a los Romanos, 15,7


«A fin de reunir a los hijos de Dios dispersos»

Está escrito: «Nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo y somos miembros unos de otros» (Rm 12,5) y es Cristo quien nos une mediante los vínculos de la caridad: «Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio. Él ha abolido la Ley con sus mandamientos y reglas» (Ef 2,14). Conviene, pues, que tengamos un mismo sentir: que «si un miembro sufre, los demás miembros sufran con él y que, si en miembro es honrado, se alegren todos los demás miembros» (1C 12,26). Por eso dice san Pablo: «Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios» (Rm 15,7). Nos acogemos unos a otros si nos esforzamos a tener un mismo sentir «llevando los unos las cargas de los otros; conservando la unidad del Espíritu, con el vínculo de la paz» (Ef 4,2-3). Así es como nos acogió Dios a nosotros en Cristo; pues no engaña el que dice: «Tanto amó Dios al mundo, que le entregó su Hijo por nosotros» (Jn 3,16). En efecto, fue entregado como rescate para la vida de todos nosotros, y así fuimos arrancados de la muerte, redimidos de la muerte y del pecado.
San Pablo explica el objetivo de esta realización de los designios de Dios, cuando dice que «Cristo consagró su ministerio al servicio de los judíos, por exigirlo la fidelidad de Dios» (Rm 15,8). Pues, como Dios había prometido a los patriarcas que los bendeciría en su descendencia futura y que los multiplicaría como las estrellas del cielo, por eso apareció en la carne y se hizo hombre el que era Dios y la Palabra en persona, el que conserva toda cosa creada y da a todos la incolumidad, por su condición de Dios. Vino a este mundo en la carne, mas «no para ser servido», sino, al contrario, como dice él mismo, «para servir y entregar su vida por la redención de todos» (Mc 10,45). (EDD)

Oración

ORACIÓN DE SAN BUENAVENTURA

Dulcísimo Jesús, Hijo de Dios vivo, Dios y Hombre verdadero, Redentor de mi alma: por el amor con que sufriste ser vendido de Judas, preso y atado por mi salvación: ¡Ten misericordia de mí!

Benignísimo Jesús mío: por el amor con que padeciste por mi alma tantos desprecios, irrisiones, negaciones y tormentos en la casa de Caifás: ¡Ten misericordia de mi!

Pacientísimo Jesús mío: por el amor con que por mi padeciste tantos falsos testimonios, afrentas injurias y acusaciones falsas en la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Mansísimo Jesús de mi alma: por los desprecios, escarnios y burlas de la casa de Herodes; por los azotes, corona de espinas y mofas sangrientas y condenación a muerte de la casa de Pilatos: ¡Ten misericordia de mí!

Piadosísimo Jesús de mi alma: por todo lo que por mí padeciste en tu adorable Pasión, desde la casa de Pilatos hasta el monte Calvario, donde toleraste por mi amor el ser crucificado para que yo me salvase: ¡Ten misericordia de mí, ten misericordia de mí, ten misericordia de mí! Amén.






















Especialmente para los que NO suelen ir a Misa los Domingos

   Aquí podemos ofrecerle sólo unos pocos aspectos
de las mil maravillas de la Santa Misa

La Eucaristía infunde en el corazón del hombre el amor sobrenatural.

La Eucaristía, infundiendo en el corazón del hombre una nueva energía -el amor sobrenatural-, refuerza, encauza y purifica el afecto humano, haciéndolo más sólido y más auténtico.

Cuando tiene a Dios en su pecho, todo el hombre queda armonizado en sí mismo...

En el Divino Sacramento el Señor está sumido en el silencio para escucharnos.

San Juan XXIII


Toda alma cristiana necesita la Eucaristía.

Toda alma cristiana necesita la Eucaristía. Según las palabras de Nuestro Señor Jesucristo: "En verdad os digo que si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y no bebierais Su sangre, no tendréis vida en vosotros. Quien come Mi Carne y bebe Mi Sangre, tiene vida eterna" Juan 6, 53-54.

SS Pío XII
Audiencia general
Miércoles 7 de junio de 1939


"Mi carne es para la vida del mundo".

El sol que es luz difunde esa luz. El Santo Sacrificio que es vida es también fuente espiritual, fuente de concordia entre las naciones: "Mi carne es para la vida del mundo".

Siervo de Dios Cardenal F. X. Nguyen van Thuan
Mil y un pasos en camino de la Esperanza

La Santa Misa y las Benditas Almas del Purgatorio

Un día le preguntaron a San Pío de Pietrelcina sobre la importancia de rezar por las almas del purgatorio y les dijo: Sobre esta montaña (de san Giovanni Rotondo) vienen más almas del purgatorio a oír mis Misas que hombres y mujeres vivientes para buscar oraciones.


Un solo corazón y una sola alma en el Señor.

La Eucaristía, sacramento de la unidad, realiza la comunión de la Iglesia toda alrededor de un mismo Cristo. Cuanto más se unen las almas con Cristo, más se aproximan entre sí. Si los primitivos cristianos vivían en caridad fraterna tan perfecta, formando un solo corazón y una sola alma en el Señor Hc 4,32, lo debían a su unánime perseverancia en la oración Hc 1,14 y a la común participación en la fracción del pan Hc 2,42.

P. Marie Michel Philipon O.P
Los Sacramentos en la Vida Cristiana

Quién preside la celebración eucarística?

¿Quién preside la celebración eucarística?

En realidad es Cristo mismo quien actúa en cada celebración eucarística. El Obispo y el Presbítero lo representan.

La fe de la Iglesia afirma que el celebrante está ante el altar in persona Christi capitis (latín = en la persona de Cristo cabeza). Esto quiere decir que los sacerdotes no sólo actúan en el lugar de Cristo o por su encargo, sino que, a causa de su consagración, es Cristo quien actúa a través de ellos como cabeza de la Iglesia.

YOUCAT 215

Comprometamos a Dios.

Con oraciones pedimos gracia a Dios; en la Santa Misa comprometemos a Dios a que nos las conceda.

San Felipe Neri





Apostolado de la Santa Misa Diaria













Pensamiento MSC del día