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miércoles, 31 de marzo de 2021

Cómo celebrar en casa el Miércoles Santo

 


Guía a la Palabra de Dios para quienes no podrán participar en la misa de este miércoles de Semana Santa o para quienes quieran prepararse espiritualmente para esa celebración eucarística.

Esta celebración de la Palabra de Dios en casa se dirige a quienes no puedan participar en la misa del miércoles de la Semana Santa en su parroquia a causa de la pandemia o de otros impedimentos.
Asimismo, esta celebración puede convertirse en una excelente preparación familiar para la misa en la parroquia.

Guía para la celebración

  • Si se encuentra solo, es preferible leer las lecturas y oraciones de la misa de este domingo (que también podrá encontrar en esta guía) o seguir la misa por televisión o en Aleteia a través de esta página especial creada por  Aleteia para Semana Santa. Esta celebración requiere al menos la participación de dos personas.
  • Esta celebración se adapta particularmente a un marco familiar, de amistad o de vecinos. Ahora bien, en el respeto de las medidas del confinamiento, es necesario verificar si está permitido invitar a los vecinos o amigos. En todo caso, durante su celebración, deberán respetarse estrictamente las consignas de seguridad.
  • Se ha de colocar el número de sillas necesario ante un espacio de oración, respetando la distancia de un metro entre cada uno.
  • Debería colocarse una cruz o el crucifijo.
  • Se encenderán una o varias velas, que deberán colocarse en un soporte incombustible (por ejemplo, un plato de porcelana o cristal). Al final de la celebración, se apagarán las velas.
  • No se decorará el espacio de oración con flores. En Pascua, podremos vivir la alegría de volver a colocarlas.
  • Se designa a una persona para dirigir la oración, quien establecerá la duración de los momentos de silencio.
  • Se designan lectores para la primera lectura, el salmo y el Evangelio. 

MIÉRCOLES SANTO

Celebración de la Palabra

«Señor Jesús, rey nuestro,
solo tú has tenido compasión de nuestras faltas
«.

Nos sentamos.
El guía de la celebración, toma la palabra:

Hermanos y hermanas
en este Miércoles Santo,
pongamos nuestra mirada en Cristo Jesús,
para disponernos con todo nuestro ser
a acompañarle en su pasión.

Se acercan los días en los que Jesús, nuestro Salvador,
sufrió por nosotros  y resucitó en la gloria.
En las tinieblas en las que estamos sumidos,
Él es nuestra luz y Salvación.

Iluminados por su luz,
conscientes de nuestros límites y debilidades,
así como del mal que causan nuestros pecados,
queremos expresar nuestra confianza
en la pasión del Hijo amado,
y darle gracias
por habernos dado
la prueba de amor más grande.

Pausa

Jesús, aunque las circunstancias nos impiden
perpetuar la ofrenda de tu vida
a través de la celebración de la Eucaristía,
tú nos pides actualizarla, ahora más que nunca,
amándonos los unos a los otros,
como tú nos has amado.

Después de tres minutos de silencio,
todos se ponen de pie
y hacen la señal de la cruz, diciendo: 

En el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén

El guía de la celebración sigue diciendo: 

Para prepararnos a acoger la Palabra de Dios
y se convierta en motivo de purificación para todos nosotros,
reconozcamos con humildad nuestros pecados.

Sigue el rito penitencial:

Señor, ten misericordia de nosotros.
Porque hemos pecado contra ti.
Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Y danos tu salvación.

Que Dios Todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados,
y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

Se pronuncia o canta:

Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.


ORACIÓN

Quien guía la celebración dice:

Padre misericordioso,
que para librarnos del poder del enemigo,
quisiste que tu Hijo sufriera por nosotros el suplicio de la cruz,
concédenos alcanzar la gracia de la resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.


El encargado de la primera lectura permanece de pie,

mientras los demás se sientan.

PRIMERA LECTURA

Lectura del Profeta Isaías (50, 4-9)

En aquel entonces, dijo Isaías:
“El Señor me ha dado una lengua experta,
para que pueda confortar al abatido
con palabras de aliento.

Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído,
para que escuche yo, como discípulo.
El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras
y yo no he opuesto resistencia
ni me he echado para atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
la mejilla a los que me tiraban de la barba.
No aparté mi rostro a los insultos y salivazos.

Pero el Señor me ayuda,
por eso no quedaré confundido,
por eso endurecí mi rostro como roca
y sé que no quedaré avergonzado.
Cercano está de mí el que me hace justicia,
¿quién luchará contra mí?
¿Quién es mi adversario? ¿Quién me acusa?
Que se me enfrente.
El Señor es mi ayuda,
¿quién se atreverá a condenarme?’’

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

El encargado de leer el salmo se levanta,
mientras los demás permanecen sentados. 

SALMO 68 (Salmo 68, 8-10. 21bcd-22. 31 y 33-34)

R/ Por tu bondad, Señor, socórreme.

Por ti he sufrido injurias
y la vergüenza cubre mi semblante.
Extraño soy y advenedizo,
aun para aquellos de mi propia sangre;
pues me devora el celo de tu casa,
el odio del que te odia, en mí recae.

R/ Por tu bondad, Señor, socórreme.

La afrenta me destroza el corazón y desfallezco.
Espero compasión y no la hallo;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre.

R/ Por tu bondad, Señor, socórreme.

En mi catar exaltaré tu nombre,
proclamaré tu gloria, agradecido.
Se alegrarán al verlo los que sufren,
quienes buscan a Dios tendrán más ánimo,
Porque el Señor jamás desoye al pobre,
ni olvida al que se encuentra encadenado.

R/ Por tu bondad, Señor, socórreme.

EVANGELIO

Todos se ponen de pie.
Se eleva la aclamación antes del Evangelio.

R/Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

Señor Jesús, rey nuestro,
sólo tú has tenido compasión de nuestras faltas.

R/Honor y gloria a ti, Señor Jesús.


El lector encargado del Evangelio lo leerá con lentitud y sobriedad.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo (26, 14-25)

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo.

El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” Él respondió: “Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: ‘El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa’ ”. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua.

Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce, y mientras cenaban, les dijo: “Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme”. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?” Él respondió: “El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le respondió: “Tú lo has dicho”.

El Evangelio termina sin aclamación.
Todos se sientan. El guía repite lentamente,
como si se tratara de un eco lejano:

En lo más profundo de nuestro corazón, marcado por el pecado,
dejemos resonar esta palabra del Señor,
que se dirige personalmente a cada uno de nosotros:

“El Señor jamás desoye al pobre,
ni olvida al que se encuentra encadenado”.

Permanecemos tres minutos en silencio de meditación personal.
Al final, todos se levantan. El que guía la celebración introduce el Padrenuestro.

Fieles a la recomendación del Salvador,
y siguiendo su divina enseñanza,
nos atrevemos a decir:

Se reza o canta el Padre Nuestro:

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

E inmediatamente todos proclaman:

Tuyo es el reino,
tuyo el poder y la gloria,
por siempre, Señor.

El guía sigue diciendo:

Acabamos de unir nuestra voz
a la del Señor Jesús para orar al Padre.
Somos hijos en el Hijo.
En la caridad que nos une los unos a los otros,
renovados por la Palabra de Dios,
podemos intercambiar un gesto de paz,
signo de la comunión
que recibimos del Señor.

Todos intercambian un gesto de paz.
Si fuera necesario, siguiendo las indicaciones de las autoridades, este gesto puede hacerse inclinando profundamente la cabeza hacia el otro o, en familia, enviando un beso a distancia con dos dedos en los labios.
Nos sentamos.


COMUNIÓN ESPIRITUAL

El guía dice:

Dado que no podemos recibir la comunión sacramental,
el Papa Francisco nos invita apremiantemente a realizar la comunión espiritual,
llamada también “comunión de deseo”.

La Iglesia nos recuerda que
“se trata de un ardiente deseo de alimentarse con este Pan celestial,
unido a una fe viva que obra por la caridad,
y que nos hace participantes de los frutos y gracias del Sacramento”.

El valor de nuestra comunión espiritual
depende, por tanto, de nuestra fe en la presencia de Cristo en la Eucaristía,
como fuente de vida, de amor y de unidad,
así como de nuestro deseo de comulgar, a pesar de las circunstancias.

Con esta disposición de ánimo, les invito ahora a inclinar la frente,
a cerrar los ojos y vivir un momento de recogimiento.

Pausa

En lo más profundo de nuestro corazón,
dejemos crecer el ardiente deseo de unirnos a Jesús,
en la comunión sacramental,
y de hacer que su amor se haga vivo en nuestras vidas,
amando a nuestros hermanos y hermanas como Él nos ha amado.

Permanecemos cinco minutos en silencio en un diálogo de corazón a corazón con Jesucristo.
Podemos cantar un cántico de acción de gracias.
A continuación, nos ponemos de pie y
juntos pronunciamos esta oración.

Quédate con nosotros, Señor,
cuando en torno a nuestra fe
surgen las nieblas de la duda,
del cansancio o de la dificultad:
tú, que eres la Verdad misma como revelador del Padre,
ilumina nuestra vida con tu Palabra;
ayúdanos a sentir la belleza de creer en ti.


BENDICIÓN

La persona que guía la celebración, con las manos juntas, 
pronuncia en nombre de todos la fórmula de la bendición:

Por intercesión de san N.[patrón de la parroquia],
de todos los santos y santas de Dios,
que el Señor de la perseverancia y la fortaleza
nos ayude a vivir el espíritu de
sacrificio, compasión y amor de Cristo Jesús.

De este modo, en comunión con el Espíritu Santo,
daremos gloria a Dios,
Padre de Nuestro Señor Jesucristo,
por los siglos de los siglos.
Amén.

Todos juntos mirando hacia la cruz,
piden la bendición del Señor:

El Señor nos bendiga y proteja,
ilumine su rostro sobre nosotros
y nos conceda su favor.
Amén.

Todos hacen la señal de la cruz.
Los padres pueden hacer la señal de la cruz en la frente de sus hijos.
Es posible concluir la celebración elevando un cántico a la Virgen María.


Para seguir santificando el Miércoles Santo es posible renovar la venerable tradición de las vísperas, celebrando al final de la tarde el oficio de la Liturgia de las Horas o la Oración de la Tarde. 

En cada uno de los días de esta Semana Santa, Aleteia propondrá una amplia gama de recursos para seguir celebrando, a pesar de la cuarentena provocada por el coronavirus, este tiempo culminante de nuestra vida cristiana para la gloria de Dios y la salvación del mundo.






Evangelio del día

 


Evangelio según San Mateo 26,14-25.

Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes
y les dijo: "¿Cuánto me darán si se lo entrego?". Y resolvieron darle treinta monedas de plata.
Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.
El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: "¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?".
El respondió: "Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: 'El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'".
Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.
Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce
y, mientras comían, Jesús les dijo: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".
Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo, Señor?".
El respondió: "El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar.
El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!".
Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: "¿Seré yo, Maestro?". "Tú lo has dicho", le respondió Jesús.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
Diálogo 37


El desespero de Judas.

“Judas se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos, diciendo: -He pecado entregando a este hombre inocente.- Ellos le replicaron: “¿A nosotros, qué nos importa? Tú verás.” El fue y se ahorcó” (cf Mt 27,3-5)
Dios le dijo a Santa Catalina: -El pecado imperdonable, en este mundo y en el otro, es aquel que despreciando mi misericordia no quiere ser perdonado. Por esto lo tengo por el más grave, porque el desespero de Judas me entristeció más a mí mismo y fue más doloroso para mi Hijo que su misma traición. Los hombres serán condenados por este falso juicio, que les hace creer que su pecado es más grande que mi misericordia... Serán condenados por su injusticia, cuando se lamentan de su suerte más que de la ofensa que me hacen a mí.
Porque esta es su injusticia: no me devuelven lo que me pertenece, ni se conceden a ellos mismos lo que les pertenece. A mí me deben amor, el arrepentimiento de su falta y la contrición; me los han de ofrecer a causa de sus faltas, pero hacen justo lo contrario. No tienen amor y compasión más que por ellos mismos, ya que no saben más que lamentarse sobre los castigos que les esperan. Ya ves, cometen una injusticia y por esto quedan doblemente castigados, por haber menospreciado mi misericordia. (EDD)  





martes, 30 de marzo de 2021

Helena Marcos: «En Medjugorje y luego en Garabandal vi confirmado mi camino con la Naprotecnología»

Esta doctora, que además es laica consagrada, es una de las pioneras de la Napro en España


La doctora Helena Marcos además de médico es laica consagrada de
los Apóstoles de los Corazones de Jesús y María

La doctora Helena Marcos es una de las pioneras en la Naprotecnología en España. Desde hace más de cinco años atiende a matrimonios que tienen problemas de fertilidad y que buscaban un método éticamente valido para poder lograr un embarazo. Hasta entonces, y todavía hoy, muchos cristianos se han sentido desamparados ante un problema al que la Iglesia parecía no prestar demasiada atención.

Aunque todavía falta un largo recorrido, la Naprotecnología es cada vez más conocida entre muchos cristianos y hay más pastores conscientes de la necesidad de poner el foco en una respuesta válida para los cristianos con respecto a la infertilidad. La doctora Marcos es consciente de este crecimiento, lo experimenta en su consulta con Naprotec y también es testigo directo de los frutos de esta técnica nacida en EEUU de manos del doctor Thomas Hilgers.

Pero además de médico experta en Naprotecnología, Helena Marcos es especialista en cuidados paliativos y medicina de Urgencias.

Si la medicina es su pasión la fe es la esencia de su vida. Conoció verdaderamente a Dios al empezar la universidad y se enamoró tanto de Él que acabó entregándose a Dios. La doctora Marcos es laica consagrada y pertenece a los Apóstoles de los Corazones de Jesús y María, donde su vocación es “ser corazón de Cristo en el mundo”, también en su trabajo ayudando médicamente a cientos de matrimonios.

En Religión en Libertad hemos charlado con la doctora Helena Marcos acerca de la Napro, sus desafíos, pero también sobre su papel como pionera en esta técnica y su profunda vida de fe:

-¿Cómo conociste la Naprotecnología? ¿En qué momento decidiste dedicarte a algo prácticamente inédito en España entonces?

-Conocí la Naprotecnología en un congreso mundial de Métodos Naturales de conocimiento de la fertilidad, en Milán. Aunque ya había leído algo de la Napro en algún blog, lo cierto es que no encontraba mucha información en español (tampoco en inglés) y me olvidé del tema. Cuando acudí a este congreso como monitora de método sintotérmico puede conocer allí médicos que ejercían la Napro. Muchos de ellos eran Médicos de Familia como yo, así que volví convencida de que iba a formarme en Naprotecnologia para ayudar más a mis pacientes.

La doctora Helena Marcos, en una charla sobre Naprotecnología

- Como médico, ¿te has encontrado incomprensiones de compañeros o incluso rechazo por apostar por la Napro?

-Muchas, la verdad es que se conoce poco y se entiende aún menos. En un mundo tan penetrado por las técnicas de Reproducción Asistida, se entiende muy poco la apuesta por una ciencia respetuosa con el acto conyugal y con la salud de los esposos. Como no se entiende, se desprecia muchas veces.

-¿Cuál es tu experiencia personal como médico especialista en Napro en estos años? ¿Cómo llegan los matrimonios desde el punto de vista clínico, psicológico o emocional?

-¡Podría contar muchísimas cosas! Mi experiencia desde luego es muy positiva. Los matrimonios llegan desgastados, a veces tras haber transitado por la reproducción asistida y haber sido defraudados. Otras veces somos los primeros a los que acuden, por convicciones morales, también a veces con poca esperanza. Suelen tener una “mochila” de pruebas a cuestas, casi siempre vienen sin un diagnóstico, y con un trabajo que hay que hacer de duelo y aceptación.

- ¿Nos podrías hablar de los resultados y efectividad de la Napro? Porque al final lo que quiere toda pareja que llega es poder tener un niño…

-A mí me gusta decir que nuestro éxito es del cien por cien. Porque éxito es un resultado feliz de algo y yo creo que el cien por cien de las personas (o un número cercano) se siente satisfecho en cuanto a restaurar la salud, tener un diagnóstico y un tratamiento, así como un acompañamiento. No nos gusta hablar de que el objetivo es “un niño” porque esto nos acercaría muchísimo a la mentalidad de que el hijo es un producto, que hay en la reproducción asistida.

Pero si hablamos de embarazo, aunque no he hecho una estadística todavía de la consulta (debido a que aún no llevamos tanto tiempo atendiendo) tendríamos que diferenciar entre las diferentes edades (es muy distinto atender a una mujer de 25 que a un de 43 por ejemplo) y patologías. Sin embargo las publicaciones de consultas de Napro en Irlanda y Canadá similares a la mía están en torno al 45% de consecución de embarazo.

- Aunque la Napro es un método médico y científico está relacionado en su esencia con la fe desde sus inicios ¿Cómo se conjugan aquí ciencia y fe?

-La verdad es que no hay en ella ningún tipo de contradicción (nunca la hay realmente entre ciencia y fe). En la Napro usamos la ciencia conocida para ahondar en las causas de la infertilidad y tratarlas. Es mucho más científica que las técnicas de reproducción asistida donde se desconocen las causas y mecanismos de la infertilidad para limitarse a “fabricar” un hijo.

-No sólo eres doctora, sino además católica y laica consagrada, ¿la Iglesia está dando respuesta al problema de cada vez más matrimonios que no pueden tener hijos o sigue pasando de lado ante esta problemática?

-Pienso que cada vez más la Iglesia es consciente de este tipo de problema pero es verdad que la pastoral requiere una respuesta concreta. Creo que en los cursos prematrimoniales o en la pastoral de novios se tiene mucho en cuenta las dificultades de tener una familia numerosa, pero se habla mucho menos de la posibilidad de la infertilidad. Cuando pensamos en “los hijos que Dios quiera” casi siempre pensamos en “muchos”, no en “ninguno”. La verdad es que desde los COF se puede y debe acompañar mucho a estas personas, y animo a los pastores a acompañar y animar a las familias a descubrir la fecundidad dentro de la infertilidad.

- Que métodos como la Napro no se promocionen ni se conozcan, ¿es por una mera cuestión económica y comercial en favor de la FIV o hay algo más?

-Desde luego hay una cuestión económica, grandes laboratorios y clínicas. Mucha gente se lucra con la fecundación in vitro (FIV). Luego está claro que hay también un plan en contra de Dios. Interesa, como vemos en la sociedad, que la familia se dañe e incluso desaparezca. La lucha por la familia es la primera línea en la batalla actual.

- Como hemos dicho eres laica consagrada. ¿Nos puedes hablar qué tipo de vocación vives y dónde la vives?

¡Claro! Mi Asociación se llama “Apóstoles de los Corazones de Jesús y María” (ACIM para abreviar). Nuestra vocación es “ser Corazón de Cristo en el mundo”, llevar el Corazón de Jesús  a todos los lugares donde no está, hacer que todos los hombres le conozcan y amen. Vivo en una comunidad donde todo nos ayuda a estar cerca de Dios, el centro de nuestra vida es la Eucaristía, el amor a la Virgen y a la Iglesia. Desde ahí debemos ir a todos los lugares que Dios nos envía a anunciarle, cada una en su ambiente y su trabajo. También en los Grupos de Oración del Corazón de Jesús, a los que pertenecemos y donde nos dedicamos especialmente al apostolado con jóvenes.

- ¿Cómo se fraguó esta vocación religiosa?

-Cuando conocí al Señor estaba yo comenzando la carrera de Medicina, a los dos años sentí que el Señor me llamaba a ser sólo suya, en un camino de dar a conocer su Corazón perteneciendo exclusivamente a él, pero a la vez permaneciendo en el mundo.

-¿Cómo se unieron en tu vida tus dos vocaciones?

-Dentro de la medicina siempre me han atraído más las especialidades donde se estaba más de cerca con el paciente, Medicina de Familia (especialidad que finalmente hice en la Residencia), también me especialicé en Cuidados Paliativos (porque pensaba que Dios podía llevarme por ese camino) y las Urgencias. Finalmente en una peregrinación a Medjugorge y otra posterior a Garabandal, vi confirmado mi camino con la Naprotecnología. Quería encontrar ayuda para los matrimonios católicos que sufrían la infertilidad, me parecían los desahuciados de la Medicinad de hoy en día. Es un camino precioso en el que me siento privilegiada de conocer y acompañar a personas maravillosas todos los días. 

Javier Lozano / ReL


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Evangelio del día

 


Evangelio según San Juan 13,21-33.36-38.

Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".
Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería.
Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús.
Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: "Pregúntale a quién se refiere".
El se reclinó sobre Jesús y le preguntó: "Señor, ¿quién es?".
Jesús le respondió: "Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato". Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote.
En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: "Realiza pronto lo que tienes que hacer".
Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto.
Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: "Compra lo que hace falta para la fiesta", o bien que le mandaba dar algo a los pobres.
Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.
Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él.
Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.
Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'.
Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿adónde vas?". Jesús le respondió: "A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás".
Pedro le preguntó: "¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti".
Jesús le respondió: "¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces".


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Ambrosio (c. 340-397)
obispo de Milán y doctor de la Iglesia
Comentario al evangelio de San Lucas, 10, 89s


“No cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces”

     Pedro negó una vez y no lloró porque el Señor no le había mirado. Le negó una segunda vez, y tampoco lloró porque el Señor todavía no le había mirado. Le negó por tercera vez; Jesús le miró, y lloró amargamente (Lc 22,62). Míranos, Señor Jesús, para que sepamos llorar nuestro pecado. Eso nos demuestra que también la caída de los santos puede ser útil. Las negaciones de Pedro no me han perjudicado; al contrario, con su arrepentimiento, he salido ganando: he aprendido a preservarme de un entorno infiel…
Pedro lloró, y muy amargamente; lloró hasta llegar a lavar sus faltas con sus lágrimas. También vosotros, si queréis alcanzar el perdón, borrad vuestra falta con lágrimas; en el mismo momento, cuando acontece, Cristo os mira. Si llegáis a caer en alguna falta, él, testigo presente en vuestra vida escondida, os mira para recordárosla y haceros confesar vuestro error. Cuando esto os llegue, haced como Pedro, que en otra parte dice por tres veces: “Señor, tú sabes que te amo” (Jn 21,15). Lo negó tres veces, también tres veces lo confiesa; pero lo que negó durante la noche, lo confesó a pleno día.
Todo esto se ha escrito para hacernos comprender que nadie puede envanecerse. Si Pedro Cayó por haber dicho: “Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré” (Mt 26,33) ¿quién osará contar con sus propias fuerzas?... ¿Dónde está, Pedro, eso que quiero recordarte para que me enseñes tus pensamientos cuando llorabas? ¿En el cielo donde ya tienes tu lugar entre los coros de los ángeles, o todavía en el sepulcro? Porque la muerte, de la cual el Señor resucitó, a ti no te repugna cuando te toca. Enséñanos cuán útiles te han sido tus lágrimas. Porque muy pronto lo has enseñado: porque habiendo caído antes de llorar, tus lágrimas han servido para y ser escogido y conducir a los demás, a ti que, primero, no habías sabido conducirte a ti mismo. (EDD)


Oración

Dios todopoderoso y eterno, concédenos tan vivamente en las celebraciones de la pasión del Señor, que alcancemos tu perdón.



lunes, 29 de marzo de 2021

Vía Crucis Estación 9: Jesús cae por tercera vez

 

ChristianArt 
 
Vía Crucis Estación 9: Jesús cae por tercera vez
 
 

Camino del Calvario, pintado por Domenichino (1581-1641), pintado hacia 1610, óleo sobre cobre © J. Paul Getty Museum, Los Ángeles

Es bueno para el hombre que lleve el yugo en su juventud. Que se siente solo, en silencio, cuando lo haya cargado; que ponga su boca en el polvo, pues aún puede haber esperanza; que dé su mejilla al que lo golpea, y se llene de insultos. Porque el Señor no desechará para siempre, sino que, aunque cause dolor, tendrá compasión, según la abundancia de su amor constante.

Libro de las Lamentaciones 3:27-32




Cómo celebrar en casa el Lunes Santo

Guía a la Palabra de Dios para quienes no podrán participar en la misa de este lunes de Semana Santa o para quienes quieran prepararse espiritualmente para esa celebración eucarística.

Esta celebración de la Palabra de Dios en casa se dirige a quienes no puedan participar en la misa del lunes de la Semana Santa en su parroquia a causa de la pandemia o de otros impedimentos.
Asimismo, esta celebración puede convertirse en una excelente preparación familiar para la misa en la parroquia.

Guía para la celebración

  • Si se encuentra solo, es preferible leer las lecturas y oraciones de la misa de este domingo (que también podrá encontrar en esta guía) o seguir la misa por televisión o a través de esta página especial creada por Aleteia para Semana Santa. Esta celebración requiere al menos la participación de dos personas.
  • Esta celebración se adapta particularmente a un marco familiar, de amistad o de vecinos. Ahora bien, en el respeto de las medidas del confinamiento, es necesario verificar si está permitido invitar a los vecinos o amigos. En todo caso, durante su celebración, deberán respetarse estrictamente las consignas de seguridad.
  • Se ha de colocar el número de sillas necesario ante un espacio de oración, respetando la distancia de un metro entre cada uno.
  • Debería colocarse una cruz o el crucifijo.
  • Se encenderán una o varias velas, que deberán colocarse en un soporte incombustible (por ejemplo, un plato de porcelana o cristal). Al final de la celebración, se apagarán las velas.
  • No se decorará el espacio de oración con flores. En Pascua, podremos vivir la alegría de volver a colocarlas.
  • Se designa a una persona para dirigir la oración, quien establecerá la duración de los momentos de silencio.
  • Se designan lectores para la primera lectura, el salmo y el Evangelio. 

LUNES SANTO

Celebración de la Palabra

«El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién voy a tenerle miedo?»

Nos sentamos.
El guía de la celebración, toma la palabra:

Hermanos y hermanas
en este primer día de la Semana Santa,
pongamos nuestra mirada en Cristo Jesús,
para entrar con Él en su pasión.

Se acercan los días en los que Jesús, nuestro Salvador,
sufrió por nosotros  y resucitó en la gloria.
En las tinieblas en las que estamos sumidos,
Él es nuestra luz y Salvación.

Pausa

Conscientes de nuestros límites y debilidades,
así como del mal que causan nuestros pecados,
queremos expresar nuestra confianza
en la pasión del Hijo amado, y darle gracias
por habernos dado la prueba de amor más grande.

Señor Jesús, aunque las circunstancias nos impiden
perpetuar la ofrenda de tu vida
a través de la celebración de la Eucaristía,
tú nos pides actualizarla, ahora más que nunca,
amándonos los unos a los otros,
como tú nos has amado.

Después de cinco minutos de silencio,
todos se ponen de pie
y hacen la señal de la cruz, diciendo:

En el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

El guía de la celebración sigue diciendo: 

Para celebrar dignamente la Palabra de Dios, 
reconozcamos con humildad nuestros pecados.

Sigue el rito penitencial:

R/ Señor, ten misericordia de nosotros.
Porque hemos pecado contra ti.

R/ Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Y danos tu salvación.

R/ Que Dios Todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados,
y nos lleve a la vida eterna.
Amén.

Se pronuncia o canta:

R/ Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.

R/ Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.

R/ Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.

ORACIÓN

Quien guía la celebración dice:

Te rogamos, Dios todopoderoso,
que quienes desfallecemos a causa de nuestra debilidad,
nos recuperemos gracias a la pasión de tu Unigénito.
Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

El encargado de la primera lectura permanece de pie,
mientras los demás se sientan.

PRIMERA LECTURA

Lectura del Profeta Isaías (42, 1-7)
Esto dice el Señor: “Miren a mi siervo, a quien sostengo,
a mi elegido, en quien tengo mis complacencias.
En él he puesto mi espíritu,
para que haga brillar la justicia sobre las naciones.
No gritará, no clamará, no hará oír su voz por las calles;
no romperá la caña resquebrajada,
ni apagará la mecha que aún humea.
Promoverá con firmeza la justicia,
no titubeará ni se doblegará
hasta haber establecido el derecho sobre la tierra
y hasta que las islas escuchen su enseñanza”.
Esto dice el Señor Dios,
el que creó el cielo y lo extendió,
el que dio firmeza a la tierra, con lo que en ella brota;
el que dio el aliento a la gente que habita la tierra
y la respiración a cuanto se mueve en ella:
“Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación,
te llamé, te tomé de la mano, te he formado
y te he constituido alianza de un pueblo,
luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la prisión
y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas”.

Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

El encargado de leer el salmo se levanta,
mientras los demás permanecen sentados. 

SALMO 26 (1, 2, 3, 13-14)

R/El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién voy a tenerle miedo?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién podrá hacerme temblar?

R/El Señor es mi luz y mi salvación.

Cuando me asaltan los malvados
para devorarme,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

R/El Señor es mi luz y mi salvación.

Aunque se lance contra mí un ejército,
no temerá mi corazón;
aun cuando hagan la guerra contra mí,
tendré plena confianza en el Señor.

R/El Señor es mi luz y mi salvación.

La bondad del Señor espero ver
en esta misma vida.
Armate de valor y fortaleza
y en el Señor confía.

R/El Señor es mi luz y mi salvación.

EVANGELIO

Todos se ponen de pie.
Se eleva la aclamación antes del Evangelio.

R/ Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor Jesús, rey nuestro,
solo tú has tenido compasión de nuestras faltas.
R/ Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

El lector encargado del Evangelio lo leerá con lentitud y sobriedad.

Lectura del santo Evangelio según san Juan (12, 1-11)

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico, muy costoso, le ungió a Jesús los pies con él y se los enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con la fragancia del perfume.

Entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregar a Jesús, exclamó: “¿Por qué no se ha vendido ese perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?” Esto lo dijo, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía a su cargo la bolsa, robaba lo que echaban en ella.

Entonces dijo Jesús: “Déjala. Esto lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tendrán siempre con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán”.

Mientras tanto, la multitud de judíos, que se enteró de que Jesús estaba allí, acudió, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien el Señor había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes deliberaban para matar a Lázaro, porque a causa de él, muchos judíos se separaban y creían en Jesús.

El Evangelio termina sin aclamación.
Todos se sientan. El guía repite lentamente,
como si se tratara de un eco lejano:

«El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién voy a tenerle miedo?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién podrá hacerme temblar?»

Permanecemos cinco minutos en silencio de meditación personal.
Al final, todos se levantan. El que guía la celeración introduce el Padrenuestro.

Fieles a la recomendación del Salvador
y, siguiendo su divina enseñanza,
nos atrevemos a decir:

Se reza o canta el Padre Nuestro:

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.

E inmediatamente todos proclaman:

Tuyo es el reino,
tuyo el poder y la gloria,
por siempre, Señor.

El guía sigue diciendo:

Acabamos de unir nuestra voz
a la del Señor Jesús para orar al Padre.
Somos hijos en el Hijo.
En la caridad que nos une los unos a los otros,
renovados por la Palabra de Dios,
podemos intercambiar un gesto de paz,
signo de la comunión
que recibimos del Señor.

Todos intercambian un gesto de paz.
Si fuera necesario, siguiendo las indicaciones de las autoridades, este gesto puede hacerse inclinando profundamente la cabeza hacia el otro o, en familia, enviando un beso a distancia con dos dedos en los labios.
Nos sentamos.

COMUNIÓN ESPIRITUAL

El guía dice:

Dado que no podemos recibir la comunión sacramental,
el Papa Francisco nos invita apremiantemente a realizar la comunión espiritual,
llamada también “comunión de deseo”.

La Iglesia nos recuerda que
“se trata de un ardiente deseo de alimentarse con este Pan celestial,
unido a una fe viva que obra por la caridad,
y que nos hace participantes de los frutos y gracias del Sacramento”.

El valor de nuestra comunión espiritual
depende, por tanto, de nuestra fe en la presencia de Cristo en la Eucaristía,
como fuente de vida, de amor y de unidad,
así como de nuestro deseo de comulgar, a pesar de las circunstancias.

Con esta disposición de ánimo, les invito ahora a inclinar la frente,
a cerrar los ojos y vivir un momento de recogimiento.

Silencio

En lo más profundo de nuestro corazón,
dejemos crecer el ardiente deseo de unirnos a Jesús,
en la comunión sacramental,
y de hacer que su amor se haga vivo en nuestras vidas,
amando a nuestros hermanos y hermanas como Él nos ha amado.

Permanecemos cinco minutos en silencio
en un diálogo de corazón a corazón con Jesucristo.
Podemos cantar un cántico de acción de gracias.
A continuación, nos ponemos de pie.
El guía pronuncia esta oración.

Visita, Señor, a tu pueblo
y protege con tu constante amor
a quienes has santificado por estos misterios,
para que recibamos de tu misericordia
y conservemos con tu protección
los auxilios para nuestra salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Por intercesión de san N. [patrón de la parroquia],
de todos los santos y santas de Dios,
que el Señor de la perseverancia y la fortaleza
nos ayude a vivir el espíritu de
sacrificio, compasión y amor de Cristo Jesús.

De este modo, en comunión con el Espíritu Santo,
daremos gloria a Dios,
Padre de Nuestro Señor Jesucristo,
por los siglos de los siglos.
Amén.

BENDICIÓN

Todos juntos mirando hacia la cruz,
piden la bendición del Señor:

El Señor nos bendiga y proteja,
ilumine su rostro sobre nosotros
y nos conceda su favor.
Amén.

Todos hacen la señal de la cruz.
Los padres pueden hacer la señal de la cruz en la frente de sus hijos.
Es posible concluir la celebración elevando un cántico a la Virgen María.


Para seguir santificando el Lunes Santo es posible renovar la venerable tradición de las vísperas, celebrando al final de la tarde el oficio de la Liturgia de las Horas o la Oración de la Tarde. 

En cada uno de los días de esta Semana Santa, Aleteia propondrá una amplia gama de recursos para seguir celebrando este tiempo culminante de nuestra vida cristiana para la gloria de Dios y la salvación del mundo.

Asimismo, usted podrá encontrar, de manera gratuita, otros recursos en la página web de Magnificat.