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miércoles, 30 de agosto de 2017

¿Irse a vivir juntos es la mejor opción? El sexo pide otra cosa

Las estadísticas hablan por sí solas: ser "para alguien" y estar unidos "para siempre" te ayuda a avanzar mejor en la vida


El número de parejas que deciden irse a vivir juntas, sin casarse, está creciendo en los últimos años. Por eso no es raro que tu pareja te proponga esta opción o que tu mismo(a) la estés considerando.

Pero seguramente el hecho de que otros lo hagan no es razón suficiente para que tú también te decidas por eso. La cohabitación, como lo muestran las estadísticas, trae graves consecuencias para el futuro de tu relación y de tu familia, que vale la pena que consideres y discutas con tu pareja.

Datos estadísticos

  • Contrario a lo que muchas parejas piensan, cohabitar, en vez de preparar para el matrimonio crea precedentes en la relación que hacen que el 46% de las parejas que antes de casarse vivieron juntas terminen divorciándose (véase Why Marriage Matters: 26 Conclusions from the Social Sciences Marriage and the Public Good: Ten Principles, Witherspoon Institute, 2006).
  • Mucho menos de la mitad de las parejas que cohabitan, alguna vez se casan.
  • La mitad de las parejas que cohabitan terminan sus relaciones antes de los 5 años, aunque tengan hijos en común.
  • El aumento en la unión libre ha incrementado igualmente el número de niños que no crecen con su padre. Entre la comunidad hispana por ejemplo, el 42% de todos los niños hispanos nacidos en Estados Unidos en el 2006 son hijos de madres solteras, cuyos compañeros, en vez de responder por el hijo engendrado, encontraron en la inestabilidad de la unión libre una excusa para dejar sola a la madre (véase Pew Hispanic Center, Statistical Portrait of Hispanics in the United States, 2006, Tabla 11).
  • Las parejas casadas tienen mejor estabilidad económica y posibilidades de progreso que las que cohabitan.
  • Las madres solas o abandonadas, y sus hijos, están entre la población más pobre.
  • Quienes iniciaron su vida de pareja en cohabitación tienden a seguir cambiando de pareja en relaciones igualmente inestables.
  • En cambio, la gran mayoría de los adultos no casados declararon que preferirían casarse. Así mismo, las estadísticas revelaron que los adultos casados son mucho más felices y tienen menos riesgos en todos los aspectos, que los que no están casados (véase Pew Research Center Publications, As Marriage and Parenthood Drift Apart, Public Is concerned about Social Impact. Executive Summary, July 1, 2007, p.1).

Los argumentos de la Iglesia a favor de casarse

La Iglesia, más que juzgar a las parejas que optan por la unión libre y por iniciar su vida sexual fuera del contexto del matrimonio, se preocupa por los riesgos que corren y le duele ver que, por falta de buena información o por anti-testimonios, muchos jóvenes desconocen las enormes ventajas que el matrimonio aporta a la sexualidad y el amor:
  • La sexualidad, nos dice la Iglesia y lo confirma la psicología moderna, es la expresión más íntima y personal entre dos seres humanos. Por ella y a través de ella expresamos nuestra innata vocación a ser, no seres solitarios sino seres de comunión y encuentro. Como lo dice bellamente el Papa Juan Pablo II, la sexualidad es la huella divina en nuestra carne que nos recuerda que, no nacimos para algo, sino “para alguien” (Véase, Juan Pablo II, “Audiencia General #15 de Enero 16, 1980).
  •  En sí misma la sexualidad tiene, por tanto, la capacidad de unir no sólo dos cuerpos sino dos personas. Es decir, es el gesto que expresa y realiza la mutua donación que una mujer y un hombre pueden hacer de su ser (“carácter unitivo de la sexualidad”). La sexualidad es también la fuerza que nos conecta con el principio de la vida. Dios quiso que naciéramos por amor, y en el amor delegándonos, a través de la sexualidad, el sagrado encargo de colaborar en la procreación (carácter procreador de la sexualidad). Por eso, lo queramos o no, toda relación sexual interpela lo más profundo y sagrado del ser humano y lo expone, a él y a sus hijos, a la posibilidad de ser recibidos y respetados o por el contrario, de ser usados o minusvalorados.
  • Como lo advierte el Pontificio Consejo para la Familia, (Véase Sexualidad Humana. Verdad y Significado, 11), cuando la sexualidad pierde su sentido de auto-donación, la civilización de “lo impersonal’ toma el poder: las mujeres se convierten en objetos de placer para el hombre y los hijos en estorbos para los padres.
  • El daño psicológico de vivir la sexualidad fuera de un compromiso de amor  se ve claro en la mujer quien, dada su estructura bio-química, al entregarse a la relación sexual genera una sustancia llamada “oxitocina” que la deja dependiente emocionalmente del hombre al cual se entregó. Si después de su entrega el hombre la deja, es por eso lógico que la mujer se sienta usada, se afecte emocionalmente, y hasta se deprima (véase Anonymous, M.D., Unprotected. A Campus Psychiatrist Reveals, Ed. Pinguin Group, 2006, p. 6-7).
  • Y ni hablar de las consecuencias para los hijos: Los hijos nacidos en concubinatos son con más frecuencia víctimas de toda clase de abuso y son sometidos emocionalmente a la inestabilidad de crecer en una relación sin garantía (véase Importancia del matrimonio para los hijos).
  • (…) La Iglesia Católica no cesa de recordar que, precisamente la ausencia de compromiso no sólo expone a la pareja y a sus hijos a toda clase de incertidumbre sino que impide, a veces a nivel muy inconsciente, que se genere en la vida de pareja la confianza profunda que debe corresponder a su nivel de intimidad sexual y de vida. Siempre habrá por eso quien sienta que esta situación en vez de darle libertad para amarse más, le da la ocasión para salir corriendo cuando se canse o deba enfrentar las dificultades normales del ajuste de una pareja.
  • Cuando en cambio una pareja tiene el coraje y el amor suficiente para declararse públicamente sus afectos y comprometerse  a una entrega de todo su serde cara a Dios y al mundo, no sólo le está dando a su pareja la mayor prueba de amor y respeto, sino que está creando una unión a la cual Dios mismo decide unirse para con su fuerza de Amor sellarla y garantizarla para siempre (véase CIC, #s. 2350; 2353,2390-2391; Familiaris Consortio, 81).
¿Por qué entonces conformarse con menos y arriesgar tanto?

Artículo escrito por Dora Tobar y publicado originariamente en www.portumatrimonio.com.

jueves, 5 de mayo de 2016

7 razones del Papa Francisco para casarse en vez de «vivir juntos», explicadas por el obispo Munilla



7 razones del Papa Francisco para casarse en vez de «vivir juntos», explicadas por el obispo Munilla
Monseñor Munilla destacó el valor catequético de los párrafos 131 y 132 de Amoris Laetitia.

El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, se dirigió el pasado sábado a miembros de la diócesis en una conferencia en el seminario en la que glosó diversos aspectos de la exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia.


Entre ellos destacan los párrafos 131 y 132 (agrupados bajo el epígrafe Casados por amor), en los que el Papa defiende el matrimonio como institución y hace, según el prelado vasco, una "apología en toda regla" del matrimonio "ante los jóvenes que no se casan", con argumentos que le parecen "muy utilizables" en las explicaciones catequéticas.

Se contraponen así a las habituales críticas al matrimonio como institución "innecesaria" para amar, como proclamaba poéticamente uno de los versos de Yo no te pido que evocó el obispo: "Yo no te pido que me firmes diez papeles grises para amar", cantaba Pablo Milanés.



Siete argumentos a favor de la institución
Pero Francisco explica por qué esos "papeles grises" sí significan algo para el amor, según los criterios que fue desgranando monseñor Munilla (ver abajo el vídeo) siguiendo la Amoris Laetitia:

-son un modo de encauzar la estabilidad del amor y su crecimiento real y concreto;

-son una configuración visible del amor, que manifiestan su relevancia y la seriedad de la identificación con el otro;

-expresan que se ha abandonado el nido materno para asumir una nueva responsabilidad;

-es una protección y cauce para el compromiso mutuo;

-expresan la decisión real y afectiva de convertir dos caminos en uno;

-muestra la seriedad del compromiso público adqurido;

-es una manifestación y un resguardo para el sí ofrecido, una garantía para el otro.


Razones para casarse en la Amoris Laetitia, según monseñor Munilla


miércoles, 16 de marzo de 2016

En mi casa, con mi hija... ¡no!

No bajo mi techo: en este divertido anuncio de una cadena británica de materiales y herramientas triunfa, aunque sea a la fuerza, la virtud... se trata de algo que es realmente importante.





Los estudios son contundentes: 
cohabitar sin casarse daña a niños, a adultos y a la sociedad

En todo el mundo, crecen las evidencias sociológicas de que el vivir juntos sin casarse debilita la institución matrimonial, incluso más que el divorcio, y que eso daña a las personas, sean adultos o niños.

La tendencia a que baje la nupcialidad crece más y más. Hay miedo a casarse, miedo al divorcio y miedo a comprometerse.

España, nupcialidad hundida
Por ejemplo, en España, entre 2001 y 2004 se producían en España 5 matrimonios por cada mil habitantes (la llamada tasa bruta de nupcialidad). En 2005 cambió brutalmente la legislación sobre el matrimonio, al introducirse un cóctel único en Europa de "divorcio exprés" con "matrimonio del mismo sexo". 
Desde ese año, la tasa bruta de nupcialidad bajó de forma constante: 4,7 en 2005; 4,6 al año siguiente; 4,5 un año después; 4,2 en 2008; 3,8 en 2009; 3,6 en 2010. Después, apenas un leve repunte. Es una bajada muchísimo más acusada que la de Francia o Italiaen la misma época, que no modificaron sus leyes. 

Pocas bodas, pocos hijos
La baja nupcialidad influye en la baja natalidad: la gente quiere estabilidad antes de tener hijos. Y esta estabilidad tarda hoy muchos años en llegar. 

La tasa de fecundidad en España bajó en 2011 una vez más: de 1,46 hijos por mujer a los 1,35 (datos provisionales del INE en verano de 2012). Está muy lejos de la necesaria tasa de repoblación de 2,1 hijos por mujer. Apenas había en España 10,2 nacimientos cada mil habitantes... y desde 1986 nunca se han superado los 11,4. 

España ya pierde población...
Más aún, en 2013 se anunció que por primera vez desde la Guerra Civil, España estaba perdiendo población (inmigrantes que vuelven a su país, españoles que emigran, población envejecida que muere y, simplemente, niños que no nacen... unos 120.000 de ellos por el aborto provocado).

En España, las mujeres tienen su primer hijo a los 31,43 años... (si excluimos a las madres extranjeras es peor: las madres españolas dan a luz por primera vez a los 32 años). Muchas veces no llegará el segundo hijo. Se prepara una generación de niños únicos, que no saben lo que es tener un hermano, y con padres bastante mayores.

Cohabitar sin casarse: ¿qué dice la ciencia?

¿Da lo mismo criarse en un hogar de padre y madre casados que en uno en que meramente conviven? 

¿Es lo mismo para una mujer vivir con su marido que con "su pareja"? ¿Y para un hombre? 

Los estudios sociológicos (por ejemplo, los recogidos en ForumLibertas de FamilyFacts) demuestran que:

- Las madres casadas tienden a crear un mejor ambiente doméstico para sus hijos 
- Las madres casadas tienen menos riesgo de sufrir abusos y violencia
- Los padres casados tienen mayor bienestar psicológico
- Los niños criados en familias intactas tienen, como media, mejores resultados académicos, más salud emocional y menos problemas de comportamiento. 
- Los padres de familias intactas pasan, como media, más tiempo con sus hijos
- Los adolescentes de familias intactas tienen menos riesgo de implicarse en sexo prematuro
- Los niños criados en familias intactas tienen más probabilidad de tener relaciones sentimentales más sanas y estables en la edad adulta
- Las familias intactas tienen más probabilidad de ofrecer un hogar seguro a los niños

cada año aparecen nuevas evidencias de cómo la sociedad se beneficia más del matrimonio que de otras "convivencias".


Separarse con niños pequeños 
El ministerio de Trabajo inglés presentó en 2012 un estudio que mostraba que 1 de cada 3 parejas que viven juntas sin casarse se separan antes de que su hijo cumpla los 5 años. En contraste, entre las parejas casadas sólo se separaban 1 de cada 10. 

“Los niños disfrutan de mejores resultados en sus vidas cuando los padres les apoyan y protegen”, declaró el ministro de Trabajo a la prensa británica. Por el contrario, como reflejan los resultados del estudio, los hijos que han vivido el deterioro de la relación de sus padres son más propensos a desarrollarse peor a nivel “cognitivo” y por lo general sus salidas laborales son menos favorables. Quedarse juntos es mejor para los niños, es la conclusión principal del estudio.

Madres solas, fábrica de pobreza
En España, como en otros países, se ha demostrado que los hogares de madres solas son, desgraciadamente, una fábrica de pobreza. Cuatro casos anecdóticos de mujeres políticas del PP y algunas señoras ricas no desmienten los datos generales, aunque distraigan de la realidad estadística.

El Instituto de la Mujer señala que los hogares de madre sola con hijos en España se incrementaron en casi un 47 por ciento entre 1991 y 2001 y la tendencia es que sigan creciendo. Una investigación, dirigida por Elisabet Almeda, profesora de sociología de la UB, incluye los datos de las bases de datos españolas y europeas sobre familias, y la conclusión es clara: a los hijos de madre sola les va mucho peor, y tampoco es bueno para ellas. Pero ¿es lo mismo que convivir con un hombre? La realidad es que esa "convivencia" (sobre todo cuando hay hijos anteriores) no interesa a muchos hombres y son frágiles y temporales.

Quien cohabita no se divorcia... pero sufre ruptura
Un estudio de 2011 de la Cornell University (en la revista "Family Relations", diciembre 2011) mostró que dos tercios de las parejas que cohabitaban no se casaban por miedo al divorcio y sus heridas

Pero el caso es que aunque la pareja que cohabita no se divorcia, sí se puede romper. De hecho, se rompe más que la casada. Y hace el mismo daño. La ruptura daña a la pareja y a sus hijos. 

No hubo boda... el padre desaparece
En EEUU, donde la mitad de los niños nacen fuera del matrimonio (excepto cuando las madres han tenido educación superior), una consecuencia de la ruptura entre cohabitadores es que el padre desaparece de la vida de los hijos casi completamente. 

Otras veces, los niños de la pareja rota, como los hijos de divorciados, han de crecer rápido y aprender a tratarse con semi-parientes, hermanastros y familiares de la/s nueva/s pareja/s de mamá.
El padre importa
En la formación de un ser humano, el padre importa, como se sabe cada vez más. Un ejemplo reciente: un estudio del Instituto Melbourne de Investigación Social y Económica Aplicada (Universidad de Melbourne) de 2011 demuestra que los chicos criados sin padre son más proclives a delinquir que sus iguales socio-económicos con padre en casa o asiduamente presente.

Lo que dicen los estudios
La sociología y los estudios demuestran con numerosos indicios que cohabitar es malo para los adultos y para sus hijos. Así, está registrado (ForumLibertas lo detalla aquí) que: 

- Son relaciones inestables: pasados tres años de cohabitación, sólo una de cada seis parejas siguen juntas; sólo una de cada diez sobrevive 5 ó más años. 
- Cohabitar aumenta el riesgo de divorcio si al final se casan (entre un 26 y 65% más, según el estudio)
- Cohabitar carga más sufrimiento sobre la mujer y con poco apoyo legal 
- Cohabitar va relacionado con más riesgo de enfermedades sexuales
- Cohabitar implica un mayor riesgo de abuso de drogas y alcohol
- Cohabitar multiplica por tres el riesgo de depresión, comparado con casarse
- Cohabitar aumenta la pobreza de los niños (hasta 5 veces más pobreza que en hogares casados)
- Cohabitar perjudica a la conducta y emotividad de los hijos (puede multiplicar por 6 los problemas emocionales)
- Cohabitar tiene relación con un aumento del crimen juvenil (tres de cada cuatro niños implicados en actividades criminales vivían en hogares en cohabitación
- Cohabitar aumenta el riesgo de maltrato sexual a los niños: riesgo 33 veces mayor cuando la madre cohabita con un hombre que no es el padre biológico de los niños
- Ser mujer que cohabita es multiplicar por 3 (respecto a las casadas) el riesgo de sufrir agresiones físicas
- Cohabitar además multiplica por 9 (con respecto a las casadas) el riesgo de que la mujer sea asesinada. 

¿Predican las iglesias sobre la cohabitación?
Con todos estos datos sobre la mesa, Michael J. McManus, presidente de la asociación Marriage Savers, planteaba recientemente: "¿alguna vez ha escuchado usted un sermón u homilía oponiéndose a la cohabitación? Apuesto que no. He preguntado a cientos de pastores en diferentes ciudades si alguna vez han predicado sobre este tema, y solo uno de cada cincuenta levanta la mano". 

¿Y los poderes públicos? En enero de 2012, el presidente del Foro Español de la Familia, Benigno Blanco, enumeraba las consecuencias de que el matrimonio (que en España es, decía, "algo de validez sólo por tres meses, entre cualesquiera dos adultos, no se sabe bien para qué") no atraiga a los jóvenes.

“Mientras el Estado no proteja el enlace matrimonial como un compromiso estable, duradero en el tiempo y abierto a la vida, seguirá cayendo la tasa de nupcialidad, se incrementará el número de divorcios -cada vez más tempranos-, habrá declive demográfico, inviabilidad de los sistemas públicos de pensiones, jóvenes que no se socializan correctamente por encontrarse fuera de su hábitat natural como es la familia, empobrecimiento femenino como consecuencia del divorcio, falta de atención a las personas dependientes, etc. ”, advirtió el presidente del Foro Español de la Familia. 












martes, 11 de agosto de 2015

Cohabitar sin casarse daña a niños, a adultos y a la sociedad: los estudios son contundentes


Cohabitar sin casarse daña a niños, a adultos y a la sociedad: los estudios son contundentes
En todo el mundo, crecen las evidencias sociológicas de que el vivir juntos sin casarse debilita la institución matrimonial, incluso más que el divorcio, y que eso daña a las personas, sean adultos o niños.

La tendencia a que baje la nupcialidad crece más y más. Hay miedo a casarse, miedo al divorcio y miedo a comprometerse.  (Vea el video al final)

España, nupcialidad hundida
Por ejemplo, en España, entre 2001 y 2004 se producían en España 5 matrimonios por cada mil habitantes (la llamada tasa bruta de nupcialidad). En 2005 cambió brutalmente la legislación sobre el matrimonio, al introducirse un cóctel único en Europa de "divorcio exprés" con "matrimonio del mismo sexo". 
Desde ese año, la tasa bruta de nupcialidad bajó de forma constante: 4,7 en 2005; 4,6 al año siguiente; 4,5 un año después; 4,2 en 2008; 3,8 en 2009; 3,6 en 2010. Después, apenas un leve repunte. Es una bajada muchísimo más acusada que la de Francia o Italiaen la misma época, que no modificaron sus leyes. 

Pocas bodas, pocos hijos
La baja nupcialidad influye en la baja natalidad: la gente quiere estabilidad antes de tener hijos. Y esta estabilidad tarda hoy muchos años en llegar. 

La tasa de fecundidad en España bajó en 2011 una vez más: de 1,46 hijos por mujer a los 1,35 (datos provisionales del INE en verano de 2012). Está muy lejos de la necesaria tasa de repoblación de 2,1 hijos por mujer. Apenas había en España 10,2 nacimientos cada mil habitantes... y desde 1986 nunca se han superado los 11,4. 

España ya pierde población...
Más aún, en 2013 se anunció que por primera vez desde la Guerra Civil, España estaba perdiendo población (inmigrantes que vuelven a su país, españoles que emigran, población envejecida que muere y, simplemente, niños que no nacen... unos 120.000 de ellos por el aborto provocado).

En España, las mujeres tienen su primer hijo a los 31,43 años... (si excluimos a las madres extranjeras es peor: las madres españolas dan a luz por primera vez a los 32 años). Muchas veces no llegará el segundo hijo. Se prepara una generación de niños únicos, que no saben lo que es tener un hermano, y con padres bastante mayores.

Cohabitar sin casarse: ¿qué dice la ciencia?

¿Da lo mismo criarse en un hogar de padre y madre casados que en uno en que meramente conviven? 

¿Es lo mismo para una mujer vivir con su marido que con "su pareja"? ¿Y para un hombre? 

Los estudios sociológicos (por ejemplo, los recogidos en ForumLibertas de FamilyFacts) demuestran que:

- Las madres casadas tienden a crear un mejor ambiente doméstico para sus hijos 
- Las madres casadas tienen menos riesgo de sufrir abusos y violencia
- Los padres casados tienen mayor bienestar psicológico
- Los niños criados en familias intactas tienen, como media, mejores resultados académicos, más salud emocional y menos problemas de comportamiento. 
- Los padres de familias intactas pasan, como media, más tiempo con sus hijos
- Los adolescentes de familias intactas tienen menos riesgo de implicarse en sexo prematuro
- Los niños criados en familias intactas tienen más probabilidad de tener relaciones sentimentales más sanas y estables en la edad adulta
- Las familias intactas tienen más probabilidad de ofrecer un hogar seguro a los niños

cada año aparecen nuevas evidencias de cómo la sociedad se beneficia más del matrimonio que de otras "convivencias".

Separarse con niños pequeños
El ministerio de Trabajo inglés presentó en 2012 un estudio que mostraba que 1 de cada 3 parejas que viven juntas sin casarse se separan antes de que su hijo cumpla los 5 años. En contraste, entre las parejas casadas sólo se separaban 1 de cada 10. 

“Los niños disfrutan de mejores resultados en sus vidas cuando los padres les apoyan y protegen”, declaró el ministro de Trabajo a la prensa británica. Por el contrario, como reflejan los resultados del estudio, los hijos que han vivido el deterioro de la relación de sus padres son más propensos a desarrollarse peor a nivel “cognitivo” y por lo general sus salidas laborales son menos favorables. Quedarse juntos es mejor para los niños, es la conclusión principal del estudio.

Madres solas, fábrica de pobreza
En España, como en otros países, se ha demostrado que los hogares de madres solas son, desgraciadamente, una fábrica de pobreza. Cuatro casos anecdóticos de mujeres políticas del PP y algunas señoras ricas no desmienten los datos generales, aunque distraigan de la realidad estadística.

El Instituto de la Mujer señala que los hogares de madre sola con hijos en España se incrementaron en casi un 47 por ciento entre 1991 y 2001 y la tendencia es que sigan creciendo. Una investigación, dirigida por Elisabet Almeda, profesora de sociología de la UB, incluye los datos de las bases de datos españolas y europeas sobre familias, y la conclusión es clara: a los hijos de madre sola les va mucho peor, y tampoco es bueno para ellas. Pero ¿es lo mismo que convivir con un hombre? La realidad es que esa "convivencia" (sobre todo cuando hay hijos anteriores) no interesa a muchos hombres y son frágiles y temporales.

Quien cohabita no se divorcia... pero sufre ruptura
Un estudio de 2011 de la Cornell University (en la revista "Family Relations", diciembre 2011) mostró que dos tercios de las parejas que cohabitaban no se casaban por miedo al divorcio y sus heridas

Pero el caso es que aunque la pareja que cohabita no se divorcia, sí se puede romper. De hecho, se rompe más que la casada. Y hace el mismo daño. La ruptura daña a la pareja y a sus hijos. 

No hubo boda... el padre desaparece
En EEUU, donde la mitad de los niños nacen fuera del matrimonio (excepto cuando las madres han tenido educación superior), una consecuencia de la ruptura entre cohabitadores es que el padre desaparece de la vida de los hijos casi completamente. 

Otras veces, los niños de la pareja rota, como los hijos de divorciados, han de crecer rápido y aprender a tratarse con semi-parientes, hermanastros y familiares de la/s nueva/s pareja/s de mamá.
El padre importa
En la formación de un ser humano, el padre importa, como se sabe cada vez más. Un ejemplo reciente: un estudio del Instituto Melbourne de Investigación Social y Económica Aplicada (Universidad de Melbourne) de 2011 demuestra que los chicos criados sin padre son más proclives a delinquir que sus iguales socioeconómicos con padre en casa o asiduamente presente.

Lo que dicen los estudios
La sociología y los estudios demuestran con numerosos indicios que cohabitar es malo para los adultos y para sus hijos. Así, está registrado (ForumLibertas lo detalla aquí) que: 

- Son relaciones inestables: pasados tres años de cohabitación, sólo una de cada seis parejas siguen juntas; sólo una de cada diez sobrevive 5 ó más años. 
- Cohabitar aumenta el riesgo de divorcio si al final se casan (entre un 26 y 65% más, según el estudio)
- Cohabitar carga más sufrimiento sobre la mujer y con poco apoyo legal 
- Cohabitar va relacionado con más riesgo de enfermedades sexuales
- Cohabitar implica un mayor riesgo de abuso de drogas y alcohol
- Cohabitar multiplica por tres el riesgo de depresión, comparado con casarse
- Cohabitar aumenta la pobreza de los niños (hasta 5 veces más pobreza que en hogares casados)
- Cohabitar perjudica a la conducta y emotividad de los hijos (puede multiplicar por 6 los problemas emocionales)
- Cohabitar tiene relación con un aumento del crimen juvenil (tres de cada cuatro niños implicados en actividades criminales vivían en hogares en cohabitación
- Cohabitar aumenta el riesgo de maltrato sexual a los niños: riesgo 33 veces mayor cuando la madre cohabita con un hombre que no es el padre biológico de los niños
- Ser mujer que cohabita es multiplicar por 3 (respecto a las casadas) el riesgo de sufrir agresiones físicas
- Cohabitar además multiplica por 9 (con respecto a las casadas) el riesgo de que la mujer sea asesinada. 

¿Predican las iglesias sobre la cohabitación?
Con todos estos datos sobre la mesa, Michael J. McManus, presidente de la asociación Marriage Savers, planteaba recientemente: "¿alguna vez ha escuchado usted un sermón u homilía oponiéndose a la cohabitación? Apuesto que no. He preguntado a cientos de pastores en diferentes ciudades si alguna vez han predicado sobre este tema, y solo uno de cada cincuenta levanta la mano". 
¿Y los poderes públicos? En enero de 2012, el presidente del Foro Español de la Familia, Benigno Blanco, enumeraba las consecuencias de que el matrimonio (que en España es, decía, "algo de validez sólo por tres meses, entre cualesquiera dos adultos, no se sabe bien para qué") no atraiga a los jóvenes.

“Mientras el Estado no proteja el enlace matrimonial como un compromiso estable, duradero en el tiempo y abierto a la vida, seguirá cayendo la tasa de nupcialidad, se incrementará el número de divorcios -cada vez más tempranos-, habrá declive demográfico, inviabilidad de los sistemas públicos de pensiones, jóvenes que no se socializan correctamente por encontrarse fuera de su hábitat natural como es la familia, empobrecimiento femenino como consecuencia del divorcio, falta de atención a las personas dependientes, etc. ”, advirtió el presidente del Foro Español de la Familia.