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domingo, 21 de julio de 2024

Casarse antes de vivir juntos hará más fuerte tu matrimonio

      marriage               

Muchas parejas viven juntas antes del matrimonio, pero resulta que este enfoque a menudo genera mucho dolor y angustia

Una idea que se ha vuelto muy compartida y promovida antes de casarse y embarcarse en un compromiso tan definitivo es hacer primero una "prueba de manejo" de la relación —un periodo de convivencia— para ver cómo funciona estar juntos dentro de las mismas paredes cuando tienes compras y deberes que hacer, compromisos de trabajo con los que hacer malabarismos y tal vez ya tengas un hijo que criar.

La opción múltiple es la peor opción

couple talking in the couch

De buena o mala gana, hemos tomado prestado este enfoque popular del matrimonio de una mentalidad de consumidor: antes de confirmar una compra, necesito probar si el producto o servicio cumple con mis expectativas. Pero la investigación sociológica muestra que este no es el mejor enfoque cuando se trata del matrimonio.

Más socios significa menos compromiso

La psicóloga Galena Rhoades, que estudia las relaciones entre adultos jóvenes, argumenta en un video en YouTube: 

"Generalmente pensamos que tener más experiencia es mejor (…) Pero lo que encontramos para las relaciones es todo lo contrario. Tener más experiencia estaba relacionado con tener un matrimonio menos feliz más adelante. Por ejemplo, encontramos que las personas que habían estado casadas antes, las personas que habían vivido con un novio o una novia antes y que habían tenido más parejas sexuales antes del matrimonio, estaban asociadas con tener una calidad marital más baja más adelante".

Wilcox y Stone: el viejo modelo es el más efectivo

couple

El profesor de sociología y director del National Marriage Project (Universidad de Virginia), W. Bradford Wilcox, junto al demógrafo Lyman Stone, también demostraron en un estudio cuán eficiente es el llamado modelo tradicional y tan denigrado.

Dan McLaughlin cita a Wilcox en National Review:

"Muchos adultos jóvenes de hoy creen que la cohabitación también es un pilar de los matrimonios exitosos, una de las razones por las que más del 70% de los que se casan hoy viven juntos antes del matrimonio. Pero la sabiduría convencional aquí está equivocada: los estadounidenses que cohabitan antes del matrimonio tienen menos probabilidades de estar felizmente casados ​​y más probabilidades de romper.

Según la investigación, las parejas que cohabitaban tenían un 15 % más de probabilidades de divorciarse que las que no lo hacían. Un estudio de Stanford citó otra investigación que encontró que el vínculo entre la cohabitación y el divorcio era especialmente fuerte para las mujeres que cohabitaban con alguien además de su futuro esposo..."

Una cuestión de verdad sobre la humanidad

La fidelidad es una necesidad que descubrimos dentro de nosotros, a pesar de las fragilidades y los fracasos. La exclusividad y el compromiso total en una relación es lo que más responde a nuestros deseos fundamentales de ser amados, conocidos y aceptados incondicionalmente. 

No tiene nada que ver con los cuentos de hadas de Disney, sino con cómo estamos hechos y qué tipo de estilo de vida corresponde más a nuestra naturaleza, que es tan compleja y exigente.

Tampoco es una cuestión exclusiva de la Iglesia Católica, que ahora se escucha más clara y fresca, pero que es siempre la misma voz, maternal y magistral, mostrando a la humanidad su propia naturaleza, señalando peligros, virtudes y modelos, y ofreciendo un camino para llegar a ellos.

Paola Belleti, Aleteia

Vea también      Cohabitación es un desastre












lunes, 17 de febrero de 2020

Mi hijo adolescente ya no quiere pasar tiempo en familia

Está cambiando. Quiere pasar más tiempo con los amigos, en casa se encierra en su cuarto 

PARENTING

Nos sentimos frustrados cuando ves que cada día cuesta más hacer planes con los hijos. Nos parece que prefieren pasar más tiempo con otras personas o que nos rechazan todas las iniciativas que intentamos concretar con ellos.
Antes de planificar actividades, es importante entender sus necesidades y tener en cuenta ciertos aspectos prácticos. Toca no solo comprenderlos y mejorar la convivencia con ellos, sino también compartir tiempo con ellos, un tiempo que resulta cada día más valioso.

Quieren ser independientes

Muchas veces el problema puede venir porque los padres no tenemos en cuenta a nuestros hijos a la hora de hacer planes. A lo largo de su infancia, hemos sido nosotros los que hemos decidido sobre la agenda familiar. Nos hemos acostumbrado pero, cuando nuestros hijos llegan a la adolescencia, ellos también quieren proponer planes o decidir sobre su tiempo libre.
Solemos planificar, incluso pensando en ellos, pero cuando la reacción es negativa el rechazo nos lastima. Esto no significa que no quieran pasar tiempo con nosotros o hacer cosas en familia: simplemente ya tienen planeado cosas con sus amigos y no quieren venir con nosotros.
Cuando tratamos a nuestros jóvenes como niños, hacemos planes por ellos sin consultarles o esperamos un día antes para decirles lo que hemos pensado. En cambio, si reconocemos que ya tienen capacidad de decisión, cierta independencia e identidad propia, podremos dialogar con tiempo sobre lo que queremos hacer y tal vez escoger juntos algo que pueda interesarles.

Tener amigos

Una situación que podemos malinterpretar es que nuestros hijos tengan más interés de pasar tiempo con sus amigos que con la familia. Damos por sentado que no quieren estar con nosotros, pero lo normal es que la adolescencia sea una etapa en la que ellos se centren en construir amistades profundas.
Tener un grupo de amigos es algo muy positivo: les ayuda en la transición hacia la edad adulta como apoyo social y emocional, les ofrece criterios para juzgar su propio comportamiento y experiencias, así como también la oportunidad para formar relaciones interpersonales y habilidades sociales en un contexto donde desarrollan el sentido de identidad propia.
Salir con sus amigos y estar en contacto con ellos es algo que se incrementa de manera automática cuando el niño se transforma en adolescente. El grupo de amigos le ayuda a satisfacer una necesidad de compañerismo y diversión, con apoyo emocional, comprensión e intimidad. Esto lo puede tener de su familia, pero es vital que lo reciba de sus amigos.

Hacer cosas que les interesan

Otra de las razones por las que nuestros hijos adolescentes a veces son reacios a responder positivamente a las actividades que les proponemos, es porque fallamos al considerar sus intereses y lo que les gusta compartir con nosotros.
Cuando les forzamos demasiado a hacer cosas, no podemos esperar que vivamos experiencias de tiempo de calidad con ellos. Esto no significa que tienen que estar de acuerdo con nosotros en todo lo que hacemos, o que nunca les obliguemos a hacer cosas como acompañarnos a visitar a los parientes; pero es clave que pongamos el foco en trabajar con sus intereses.
Podemos planear juntos actividades que serán importantes para ambos y con unas simples ideas pensar en un viaje o alguna actividad que quizá les resulte de interés y lo haga más atrayente. Mucho tendrá que ver el que se sientan escuchados y considerados y el modo en que les hablamos y lo que perciben de nosotros como adultos.
Cecilia Zinicola, Aleteia 


martes, 11 de agosto de 2015

Cohabitar sin casarse daña a niños, a adultos y a la sociedad: los estudios son contundentes


Cohabitar sin casarse daña a niños, a adultos y a la sociedad: los estudios son contundentes
En todo el mundo, crecen las evidencias sociológicas de que el vivir juntos sin casarse debilita la institución matrimonial, incluso más que el divorcio, y que eso daña a las personas, sean adultos o niños.

La tendencia a que baje la nupcialidad crece más y más. Hay miedo a casarse, miedo al divorcio y miedo a comprometerse.  (Vea el video al final)

España, nupcialidad hundida
Por ejemplo, en España, entre 2001 y 2004 se producían en España 5 matrimonios por cada mil habitantes (la llamada tasa bruta de nupcialidad). En 2005 cambió brutalmente la legislación sobre el matrimonio, al introducirse un cóctel único en Europa de "divorcio exprés" con "matrimonio del mismo sexo". 
Desde ese año, la tasa bruta de nupcialidad bajó de forma constante: 4,7 en 2005; 4,6 al año siguiente; 4,5 un año después; 4,2 en 2008; 3,8 en 2009; 3,6 en 2010. Después, apenas un leve repunte. Es una bajada muchísimo más acusada que la de Francia o Italiaen la misma época, que no modificaron sus leyes. 

Pocas bodas, pocos hijos
La baja nupcialidad influye en la baja natalidad: la gente quiere estabilidad antes de tener hijos. Y esta estabilidad tarda hoy muchos años en llegar. 

La tasa de fecundidad en España bajó en 2011 una vez más: de 1,46 hijos por mujer a los 1,35 (datos provisionales del INE en verano de 2012). Está muy lejos de la necesaria tasa de repoblación de 2,1 hijos por mujer. Apenas había en España 10,2 nacimientos cada mil habitantes... y desde 1986 nunca se han superado los 11,4. 

España ya pierde población...
Más aún, en 2013 se anunció que por primera vez desde la Guerra Civil, España estaba perdiendo población (inmigrantes que vuelven a su país, españoles que emigran, población envejecida que muere y, simplemente, niños que no nacen... unos 120.000 de ellos por el aborto provocado).

En España, las mujeres tienen su primer hijo a los 31,43 años... (si excluimos a las madres extranjeras es peor: las madres españolas dan a luz por primera vez a los 32 años). Muchas veces no llegará el segundo hijo. Se prepara una generación de niños únicos, que no saben lo que es tener un hermano, y con padres bastante mayores.

Cohabitar sin casarse: ¿qué dice la ciencia?

¿Da lo mismo criarse en un hogar de padre y madre casados que en uno en que meramente conviven? 

¿Es lo mismo para una mujer vivir con su marido que con "su pareja"? ¿Y para un hombre? 

Los estudios sociológicos (por ejemplo, los recogidos en ForumLibertas de FamilyFacts) demuestran que:

- Las madres casadas tienden a crear un mejor ambiente doméstico para sus hijos 
- Las madres casadas tienen menos riesgo de sufrir abusos y violencia
- Los padres casados tienen mayor bienestar psicológico
- Los niños criados en familias intactas tienen, como media, mejores resultados académicos, más salud emocional y menos problemas de comportamiento. 
- Los padres de familias intactas pasan, como media, más tiempo con sus hijos
- Los adolescentes de familias intactas tienen menos riesgo de implicarse en sexo prematuro
- Los niños criados en familias intactas tienen más probabilidad de tener relaciones sentimentales más sanas y estables en la edad adulta
- Las familias intactas tienen más probabilidad de ofrecer un hogar seguro a los niños

Y cada año aparecen nuevas evidencias de cómo la sociedad se beneficia más del matrimonio que de otras "convivencias".

Separarse con niños pequeños
El ministerio de Trabajo inglés presentó en 2012 un estudio que mostraba que 1 de cada 3 parejas que viven juntas sin casarse se separan antes de que su hijo cumpla los 5 años. En contraste, entre las parejas casadas sólo se separaban 1 de cada 10. 

“Los niños disfrutan de mejores resultados en sus vidas cuando los padres les apoyan y protegen”, declaró el ministro de Trabajo a la prensa británica. Por el contrario, como reflejan los resultados del estudio, los hijos que han vivido el deterioro de la relación de sus padres son más propensos a desarrollarse peor a nivel “cognitivo” y por lo general sus salidas laborales son menos favorables. Quedarse juntos es mejor para los niños, es la conclusión principal del estudio.

Madres solas, fábrica de pobreza
En España, como en otros países, se ha demostrado que los hogares de madres solas son, desgraciadamente, una fábrica de pobreza. Cuatro casos anecdóticos de mujeres políticas del PP y algunas señoras ricas no desmienten los datos generales, aunque distraigan de la realidad estadística.

El Instituto de la Mujer señala que los hogares de madre sola con hijos en España se incrementaron en casi un 47 por ciento entre 1991 y 2001 y la tendencia es que sigan creciendo. Una investigación, dirigida por Elisabet Almeda, profesora de sociología de la UB, incluye los datos de las bases de datos españolas y europeas sobre familias, y la conclusión es clara: a los hijos de madre sola les va mucho peor, y tampoco es bueno para ellas. Pero ¿es lo mismo que convivir con un hombre? La realidad es que esa "convivencia" (sobre todo cuando hay hijos anteriores) no interesa a muchos hombres y son frágiles y temporales.

Quien cohabita no se divorcia... pero sufre ruptura
Un estudio de 2011 de la Cornell University (en la revista "Family Relations", diciembre 2011) mostró que dos tercios de las parejas que cohabitaban no se casaban por miedo al divorcio y sus heridas. 

Pero el caso es que aunque la pareja que cohabita no se divorcia, sí se puede romper. De hecho, se rompe más que la casada. Y hace el mismo daño. La ruptura daña a la pareja y a sus hijos. 

No hubo boda... el padre desaparece
En EEUU, donde la mitad de los niños nacen fuera del matrimonio (excepto cuando las madres han tenido educación superior), una consecuencia de la ruptura entre cohabitadores es que el padre desaparece de la vida de los hijos casi completamente. 

Otras veces, los niños de la pareja rota, como los hijos de divorciados, han de crecer rápido y aprender a tratarse con semi-parientes, hermanastros y familiares de la/s nueva/s pareja/s de mamá.
El padre importa
En la formación de un ser humano, el padre importa, como se sabe cada vez más. Un ejemplo reciente: un estudio del Instituto Melbourne de Investigación Social y Económica Aplicada (Universidad de Melbourne) de 2011 demuestra que los chicos criados sin padre son más proclives a delinquir que sus iguales socioeconómicos con padre en casa o asiduamente presente.

Lo que dicen los estudios
La sociología y los estudios demuestran con numerosos indicios que cohabitar es malo para los adultos y para sus hijos. Así, está registrado (ForumLibertas lo detalla aquí) que: 

- Son relaciones inestables: pasados tres años de cohabitación, sólo una de cada seis parejas siguen juntas; sólo una de cada diez sobrevive 5 ó más años. 
- Cohabitar aumenta el riesgo de divorcio si al final se casan (entre un 26 y 65% más, según el estudio)
- Cohabitar carga más sufrimiento sobre la mujer y con poco apoyo legal 
- Cohabitar va relacionado con más riesgo de enfermedades sexuales
- Cohabitar implica un mayor riesgo de abuso de drogas y alcohol
- Cohabitar multiplica por tres el riesgo de depresión, comparado con casarse
- Cohabitar aumenta la pobreza de los niños (hasta 5 veces más pobreza que en hogares casados)
- Cohabitar perjudica a la conducta y emotividad de los hijos (puede multiplicar por 6 los problemas emocionales)
- Cohabitar tiene relación con un aumento del crimen juvenil (tres de cada cuatro niños implicados en actividades criminales vivían en hogares en cohabitación
- Cohabitar aumenta el riesgo de maltrato sexual a los niños: riesgo 33 veces mayor cuando la madre cohabita con un hombre que no es el padre biológico de los niños
- Ser mujer que cohabita es multiplicar por 3 (respecto a las casadas) el riesgo de sufrir agresiones físicas
- Cohabitar además multiplica por 9 (con respecto a las casadas) el riesgo de que la mujer sea asesinada. 

¿Predican las iglesias sobre la cohabitación?
Con todos estos datos sobre la mesa, Michael J. McManus, presidente de la asociación Marriage Savers, planteaba recientemente: "¿alguna vez ha escuchado usted un sermón u homilía oponiéndose a la cohabitación? Apuesto que no. He preguntado a cientos de pastores en diferentes ciudades si alguna vez han predicado sobre este tema, y solo uno de cada cincuenta levanta la mano". 
¿Y los poderes públicos? En enero de 2012, el presidente del Foro Español de la Familia, Benigno Blanco, enumeraba las consecuencias de que el matrimonio (que en España es, decía, "algo de validez sólo por tres meses, entre cualesquiera dos adultos, no se sabe bien para qué") no atraiga a los jóvenes.

“Mientras el Estado no proteja el enlace matrimonial como un compromiso estable, duradero en el tiempo y abierto a la vida, seguirá cayendo la tasa de nupcialidad, se incrementará el número de divorcios -cada vez más tempranos-, habrá declive demográfico, inviabilidad de los sistemas públicos de pensiones, jóvenes que no se socializan correctamente por encontrarse fuera de su hábitat natural como es la familia, empobrecimiento femenino como consecuencia del divorcio, falta de atención a las personas dependientes, etc. ”, advirtió el presidente del Foro Español de la Familia. 




viernes, 1 de mayo de 2015

Cohabitar antes de casarse daña; lo dicen los estudios


El libro de Munilla sobre sexo tiene razón: cohabitar antes de casarse daña; lo dicen los estudios
Lo que se esconde detrás de la máscara de felicidad de los convivientes

Las encuestas lo dicen fríamente: la convivencia previa al matrimonio no garantiza una unión sólida. Es así y los estudios dicen eso.

Más aún, los estudios afirman que hay más ruptura entre los que se casan después de cohabitar y también entre los que cohabitan sin casarse, que entre los que se casan sin haber cohabitado antes. Y no hay estudios que digan lo contrario. 


Lo que demuestran los estudios
La sociología y los estudios demuestran con numerosos indicios que cohabitar es malo para los adultos y para sus hijos. Así, está registrado (ForumLibertas lo detalla aquí) que: 

- Son relaciones inestables: pasados tres años de cohabitación, sólo una de cada seis parejas siguen juntas; sólo una de cada diez sobrevive 5 ó más años. 
- Cohabitar aumenta el riesgo de divorcio si al final se casan (entre un 26 y 65% más, según el estudio)
- Cohabitar carga más sufrimiento sobre la mujer y con poco apoyo legal 
- Cohabitar va relacionado con más riesgo de enfermedades sexuales
- Cohabitar implica un mayor riesgo de abuso de drogas y alcohol
- Cohabitar multiplica por tres el riesgo de depresión, comparado con casarse
- Cohabitar aumenta la pobreza de los niños (hasta 5 veces más pobreza que en hogares casados)
- Cohabitar perjudica a la conducta y emotividad de los hijos (puede multiplicar por 6 los problemas emocionales)
- Cohabitar tiene relación con un aumento del crimen juvenil (tres de cada cuatro niños implicados en actividades criminales vivían en hogares en cohabitación
- Cohabitar aumenta el riesgo de maltrato sexual a los niños: riesgo 33 veces mayor cuando la madre cohabita con un hombre que no es el padre biológico de los niños
- Ser mujer que cohabita es multiplicar por 3 (respecto a las casadas) el riesgo de sufrir agresiones físicas
- Cohabitar además multiplica por 9 (con respecto a las casadas) el riesgo de que la mujer sea asesinada. 




El tema de los niños es importante: ¿Da lo mismo criarse en un hogar de padre y madre casados que en uno en que meramente conviven? ¿Es lo mismo para una mujer vivir con su marido que con "su pareja"? ¿Y para un hombre? 

Los estudios sociológicos (por ejemplo, los recogidos en ForumLibertas de FamilyFacts) demuestran que:

- Las madres casadas tienden a crear un mejor ambiente doméstico para sus hijos 
- Las madres casadas tienen menos riesgo de sufrir abusos y violencia
- Los padres casados tienen mayor bienestar psicológico
- Los niños criados en familias intactas tienen, como media, mejores resultados académicos, más salud emocional y menos problemas de comportamiento. 
- Los padres de familias intactas pasan, como media, más tiempo con sus hijos
- Los adolescentes de familias intactas tienen menos riesgo de implicarse en sexo prematuro
- Los niños criados en familias intactas tienen más probabilidad de tener relaciones sentimentales más sanas y estables en la edad adulta
- Las familias intactas tienen más probabilidad de ofrecer un hogar seguro a los niños

De hecho, en los estudios sociológicos de distintos países cada año aparecen nuevas evidencias de cómo la sociedad se beneficia más del matrimonio que de otras "convivencias".