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miércoles, 9 de octubre de 2024

No tengas miedo de pedir que se haga la voluntad de Dios


Confianza en Dios

Dios sabe mejor que nosotros lo que necesitamos, sin embargo muchos cristianos sienten miedo de confiar plenamente en pedir que se haga su voluntad

Rezamos a Dios en el Padre nuestro: "Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo". Sin embargo, tal parece que recitar esa parte se hace sin la intención de que se lleve a cabo lo que el Señor quiere, porque en la realidad, muchos cristianos sienten miedo de que la voluntad de Dios se cumpla.

Dios sabe lo que te hace falta

¿Por qué sentir temor de pedir a Dios que se cumpla lo que Él tiene preparado para nuestra salvación? Quizá porque en muchas ocasiones, lo que deseamos no concuerda con lo que Dios sabe que nos hace falta.

Podemos pedir bienes materiales, salud, una larga vida, esperando que Dios actúe como un genio que concede deseos. Por eso, cuando no ocurre lo que queremos, nos sentimos defraudados.

Y peor aún: si llegara a sucedernos una desgracia, nos enfrentaríamos airados contra el Señor, reclamando agriamente por el trato que recibimos.

Miedo infundado

Temor e incertidumbre se apoderan del que tiene poca fe, sin entender que la vida contiene altibajos, porque hemos sido creados para alcanzar la salvación y gozar eternamente de Dios en el cielo.

Pero nos conformamos con los bienes terrenales, efímeros y pasajeros, incluyendo nuestros amores más preciados: familia, pareja, amigos. Por eso, cuando decimos "que se cumpla tu voluntad en mí", deseamos que los males no nos alcancen nunca.

Por eso muchos cristianos de buena voluntad tiene miedo, pero es infundado, porque Dios nos ama infinitamente y nunca nos enviará un mal, como lo ha dicho Jesús en el evangelio:

"También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan".

(Lc 11, 9-13)

Confía en tu Padre celestial

Nuestro Padre celestial quiere nuestro bien, que no nos quepa duda; por eso, como el niño confía plenamente en su padre terrenal, abramos nuestro corazón y nuestros labios para manifestarle que nos abandonamos a Él.

Y tengamos fe ciega en lo que nos envía el Señor, porque dice san Pablo:

Todo el que cree en él, no será defraudado (Rom 10, 11).

Mónica Muñoz, Aleteia

Vea también    Carta XI: Las tres voluntades - Ammonas



domingo, 15 de septiembre de 2024

Para que tu familia sea (más) feliz

 Invitamos a los matrimonios y a personas interesadas en una familia feliz, a leer y asimilar pasajes de la Exhortación pontifical 'Amoris laetitia' del Papa Francisco.


 

Confía

114Panta pisteuei, «todo lo cree», por el contexto, no se debe entender «fe» en el sentido teológico, sino en el sentido corriente de «confianza». (El Papa sigue comentando 1 Co 13,4-7).No se trata sólo de no sospechar que el otro esté mintiendo o engañando. Esa confianza básica reconoce la luz encendida por Dios, que se esconde detrás de la oscuridad, o la brasa que todavía arde debajo de las cenizas.

115. Esta misma confianza hace posible una relación de libertad. No es necesario controlar al otro, seguir minuciosamente sus pasos, para evitar que escape de nuestros brazos. El amor confía, deja en libertad, renuncia a controlarlo todo, a poseer, a dominar. Esa libertad, que hace posible espacios de autonomía, apertura al mundo y nuevas experiencias, permite que la relación se enriquezca y no se convierta en un círculo cerrado sin horizontes. Así, los cónyuges, al reencontrarse, pueden vivir la alegría de compartir lo que han recibido y aprendido fuera del círculo familiar. Al mismo tiempo, hace posible la sinceridad y la transparencia, porque cuando uno sabe que los demás confían en él y valoran la bondad básica de su ser, entonces sí se muestra tal cual es, sin ocultamientos. Alguien que sabe que siempre sospechan de él, que lo juzgan sin compasión, que no lo aman de manera incondicional, preferirá guardar sus secretos, esconder sus caídas y debilidades, fingir lo que no es. En cambio, una familia donde reina una básica y cariñosa confianza, y donde siempre se vuelve a confiar a pesar de todo, permite que brote la verdadera identidad de sus miembros, y hace que espontáneamente se rechacen el engaño, la falsedad o la mentira.

De la Exhortación ‘Sobre el Amor en la Familia’ (Capítulo IV: Vocación de la Familia)

Vea también     Rezando al Sagrado Corazón de Jesús por la familia















martes, 23 de abril de 2024

¿Cómo se prueba nuestra confianza en Dios cuando oramos?

Mężczyzna modlący się na różańcu

Siempre que oramos, especialmente cuando lo hacemos por alguien o por algo en particular, necesitamos confiar en Dios con todo nuestro corazón, mente y fuerzas

La confianza desempeña un papel importante en nuestra vida espiritual, especialmente cuando rezamos a Dios.

La oración de intercesión, en particular, es una de las principales formas en que se pone a prueba nuestra confianza en Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica introduce este tema en su sección sobre la oración:

La confianza filial se prueba en la tribulación. La principal dificultad se refiere a la oración de petición, por uno mismo o por los demás, en intercesión.

CIC 2734

Siempre que recemos por algo o por alguien, debemos preguntarnos: “¿Creo que Dios responderá a mi oración?”

Una pregunta similar que debemos hacernos es: “¿Confío en la fidelidad de Dios?”

Si somos sinceros con nosotros mismos, la mayoría de las veces rezamos y no creemos realmente que Dios vaya a responder a nuestra oración.

Esta disposición a menudo se ve afectada por nuestras experiencias pasadas, especialmente cuando oramos por la curación de alguien y no se cura.

Podemos pensar para nosotros mismos que Dios no respondió a nuestra oración porque no sanó a esa persona, o que no nos escuchó cuando oramos.

Ante el aparente “silencio”, podemos sentirnos tentados a dejar de orar, pues pensamos que Dios no nos escuchó.

¿Escucha Dios nuestras plegarias?

Misunderstood man praying

El Catecismo expresa de manera similar esta dificultad que muchos de nosotros experimentamos:

Algunos incluso dejan de rezar porque piensan que su petición no es escuchada. Aquí habría que plantearse dos preguntas: ¿Por qué pensamos que nuestra petición no ha sido escuchada? ¿Cómo es escuchada nuestra oración, cómo es “eficaz”?

CIC 2734

El punto clave a tener en cuenta es que Dios siempre escucha nuestras oraciones. Si realmente creemos que Dios existe y que está presente en cada momento de nuestras vidas, no hay forma posible de que sea “sordo” a nuestras oraciones.

Dios escucha las oraciones de todas las personas, sean quienes sean o hablen el idioma que hablen

Para muchos de nosotros, la decepción viende cuando Dios responde a nuestras oraciones de una manera que no nos gusta. Puede que Dios no cure a alguien por una razón concreta, aunque es probable que no sepamos esa razón antes de morir.

Lo que tenemos que hacer es confiar en que, al final, los caminos de Dios siempre son mejores para nosotros.

Dios nos conoce mejor que nosotros mismos. Solo tenemos que confiar en Él.

Philip Kosloski, Aleteia

Vea también     Oraciones, Rezos y Meditaciones diversos para aprender a rezar











sábado, 8 de julio de 2023

Confiar en Dios, la lección del joven que nació con la cabeza al revés

CLAUDIO-VIERA

Claudio Vieira de Oliveira tuvo que aprender a superar grandes obstáculos en su vida, entre ellos mantener el equilibrio sobre las rodillas. Hoy tiene mucho que decirnos

Cuando todo parezca confuso, revuelto y sin un horizonte claro mira a Claudio Vieira de Oliveira. Este joven brasileño lleva más de 40 años desafiando los pronósticos médicos debido a su condición.

En efecto, la historia de Claudio ha trascendido fronteras no tanto por la enfermedad de Artrogriposis Múltiple Congénita (AMC) que padece, sino por cómo ha logrado a lo largo de su vida sobreponerse al sinfín de obstáculos que se le han presentado desde el minuto uno de su vida en la Tierra.

«El hombre con la cabeza al revés»

Este joven oriundo del municipio brasileño Monte Santo nació con la cabeza al revés sobre su espalda, tal cual recuerdan recientemente medios como El Tiempo. Aquel suceso, que implicó un parto complicado, también generó que los doctores pensaran que no sobreviviría más de un día.

Sin embargo, Claudio sobrevivió y con el paso del tiempo –en medio de limitaciones físicas- pudo estudiar y hasta se convirtió en un gran motivador.  

Curiosamente, tal cual recuerdan otros reportes como de G1, el médico que estuvo vinculado a su nacimiento también fue responsable de su bautismo de emergencia habida cuenta que se temía su muerte inminente.

«Él es mi padrino en el bautismo. Me dio 24 horas de vida, así que tuvo que bautizarme antes que muriera», confesó Claudio.

Un golpe a la inmovilidad

«Podrías mirarme y decir qué puede hacer un hombre que camina sobre sus rodillas aparte de rezar. A pesar de tener este cuerpo, que es un poco diferente, nací sin límites gracias a mi coraje y voluntad de pelear por mejores días», había expresado Claudio en alguna oportunidad, indican otros medios como BBC Mundo.

Las palabras de Claudio están llenas de enseñanzas, no solo porque a lo largo de su vida ha ofrecido un gran testimonio de fe, sino porque también dejan de manifiesto aquello de no quedarse paralizado ante la adversidad, los golpes del viaje por esta vida y seguir caminando.

Fue precisamente esto lo que ha hecho Claudio desde hace muchos años, cuando lo convencieron para hablar en una iglesia.

Incluso, además de charlas y conferencias en países como Estados Unidos, Claudio ha tenido la posibilidad de trabajar en proyectos sociales («Alegra-te», fundado por un amigo devoto de la Virgen) y hasta conocer al papa Juan Pablo II y al papa Francisco.

En el caso del actual pontífice, Claudio tuvo la oportunidad de estar junto a él en la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud en 2013.

Confianza, siempre confianza

Siempre habrá situaciones u acontecimientos –personales o comunitarios- que parezcan incoherentes (o por lo menos con respuestas para nada claras). Sin embargo, en ese mar de confusiones, poner la mirada en la vida de Claudio en el fondo no hace más que confirmar que lo único que fortalece entre tanta debilidad es caminar de la mano de Dios (solo él guía bien los pasos de sus hijos en todo momento y lugar).

No importa que todo parezca al revés, pues solo una cosa es necesaria: confiar en Dios.

Pablo Cesio, Aleteia 

Vea también     Dificultades en la Oración























lunes, 23 de enero de 2023

Cómo ser feliz teniendo tanto miedo

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Quién pudiera alzarse sobre las nubes que cubren el sol, y descubrir allí en las estrellas el sentido más verdadero para seguir luchando, la luz, esa que algunas personas emanan con su presencia...


La iluminadora respuesta de la Biblia, de Jesús, expuesta con realismo y belleza por el padre Carlos Padilla

Los miedos me paralizan. La oscuridad no me deja caminar seguro. Me escondo detrás de esa puerta que oculta el futuro. Quiero volver atrás, a los días de niño cuando el miedo no era poderoso, o yo quizás era más valiente.

Quiero sentir la mano de mi padre, su presencia, el olor de su colonia, la seguridad de sus pasos, su voz que tranquilizaba todas mis inquietudes.

Quisiera volver a ser ese niño que sólo al ver a sus padres sentía que los miedos desaparecían como por arte de magia.

Ha pasado el tiempo, ha crecido el bosque de los miedos

, ahora son más reales, o más violentos.

Ahora tienen más fuerza y no son solo sombras que se lleva el alba. Son una oscuridad que crece como una plaga en los lugares más recónditos de mi ser.

Allí donde no me confieso a mí mismo que no voy a poder lograr todo lo que me proponga. Allí donde no acabo de perdonarme todos mis pecados. Como si sólo bastara con quererlo para que se hiciera realidad ante mí todo lo soñado.

La luz

Por eso vivo buscando esa luz que me deje ver la senda por la que debo caminar. La Biblia tiene una propuesta:

«El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?
Una cosa pido al Señor, eso buscaré.
Habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo.
Espero gozar de la dicha del Señor en
el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor».

Quiero esperar en el Señor para no temblar, pero no siempre lo espero.

Confío en ese Jesús que me mira y me dice que cree en mí, pero se me olvida.

Creo en ese Jesús que sabe que valgo y soy bueno, conoce mi nombre y el color de mis entrañas. Me ha visto subir a las más altas cumbres y descender a los más profundos infiernos.

Lo conozco a Él pero me olvido. Como si las cosas del mundo tuvieran más fuerza y me atrajeran lejos de Él.

Y me pregunto ante la tempestad:

¿Quién logrará quitarme los miedos realmente?

Miro al cielo y todo es oscuro. Y su rostro, el de Jesús, se esconde, o no me basta con mirarlo para confiar.

Destellos de esperanza

Pienso en esa persona que me abraza y me dice que todo va a salir bien después de todas las luchas.

Creo en aquel que me quiere haga lo que haga, fracase o triunfe, porque su amor es una roca inamovible, una roca que me sostiene y salva.

Creo en esa persona que no cambia de parecer de un día para otro, es estable, firme, sólida. Es siempre fiel a sí misma y no me deja solo pase lo que pase.

Creo en esa persona que me hace creer que todo va a ir bien aunque esté siendo derrotado y no parezca haber una salida.

Quiero creer esas palabras que guardo de mi padre como un tesoro. No temas, hijo, todo va a resultar bien.

Amenazas que pesan

¿Para qué vivo inquieto lleno de miedos? No importa mucho porque al final siempre va a estar Dios esperándome.

Los miedos me quitan la alegría y la felicidad. Me turban en medio de mi camino. Es imposible ser feliz teniendo miedo. Me pesa el miedo como una losa.

¿Y si al final todo sale mal? ¿Y si me enfermo y muero? ¿Y si aquellos a los que más amo se enferman y mueren?

¿Y si todos descubren mis pecados y me tratan de acuerdo con mi debilidad? ¿Y si el mundo me juzga y decide que merezco la condena?

¿Y si todos se olvidan de mí y mi nombre queda oculto tras las hojas caídas del otoño? ¿Y si nada de lo que he emprendido llega a buen fin?

Las amenazas se ciernen siempre sobre mí, una tras otra. Y no tengo cómo vencer todos los males posibles de este mundo en continuo cambio.

Mis presentimientos me llenan de inquietud. No voy a poder vencer el mal, superar las pruebas, lograr lo inalcanzable.

El miedo a perder, a fracasar, a quedarme solo es más fuerte que los deseos que tengo de vivir en paz, en casa, amado y calmado.

Ese miedo profundo que no controlo va a menudo acompañado de una profunda tristeza que todo lo enturbia.

Como si mi piel se tiñera de un color gris, turbio. Y no lograra sonreír por cualquier motivo, que es lo que yo quiero.

Porque lo que de verdad deseo es ser feliz, ser libre de todos los miedos que me atan.

Me asusta la oscuridad cuando no logro ver el camino a seguir entre tantos bosques.

Me gustaría alzarme sobre las nubes que cubren mi sol. Y descubrir allí en las estrellas el sentido más verdadero para seguir luchando. La luz, esa que algunas personas emanan con su presencia. Esas almas puras, llenas de esperanza, que irradian una luz que no les pertenece.

A su lado siento la paz que a mí me falta y se levantan vientos que arrastran las oscuridades muy lejos de mí.

Me gustaría ser yo una luz en medio de la noche. Un pozo de luz para los que están perdidos. Pero para eso tengo que dejar que Jesús entre en mi interior y me ilumine.

Tengo que permitir que irradie todo su poder. Tengo que obedecer a su llamada, dejarlo todo y seguir sus pasos. Y ponerme en camino dejando a un lado todos mis temores.

Jesús pide: «Confía»

Busco la luz en mi vida, todo lo que sucede en la noche enturbia mi conciencia. Es oscuro lo que no está lleno de su presencia.

Quiero la claridad para saber qué pasos dar, qué palabras decir. Jesús a mi lado me llena de esperanza y dejo a un lado los miedos.

Si Él me llama todo cobra un sentido. Como la primera vez cuando pronunció mi nombre y lo dejé todo para caminar a su lado.

Y supe entonces que vendrían sombras y noches. Y perdería el calor de su mano, la fuerza de su palabra.

No quiero olvidarme de su llamada. Una y otra vez vuelve hasta mí para pedirme que confíe, que recuerde el primer abrazo, que no desespere y siga creyendo aunque todo a mi alrededor parezca perdido. Su fuerza, su fe y su luz les dan sentido a todos mis pasos.

Carlos Padilla Esteban, Aleteia 

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jueves, 8 de septiembre de 2022

«Doomscrolling»: ¿Cómo frenar la tendencia a fijarse en lo malo?

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La psicología muestra que el "doomscrolling" (barrido de pantalla de abajo arriba para consultar posts indefinidamente) nos acerca al estrés y la depresión. Mar Dorrio propone frenar esto y acometer un rumbo positivo: "Seamos esas personas vitamina que miran y señalan el bien, la verdad y la belleza". Veamos cómo

No news, good news! Esta frase se le atribuye a James Howell en “Family letters” (1645):

“I am of the Italians’ mind that said: ‘Nulla nuova, buona nuova

(Soy de los que opinan como el dicho italiano: ninguna novedad, así que buenas noticias: de ahí lo de ‘no news, good news’)”. Ya han pasado muchos septiembres desde entonces y, sin embargo, esta reflexión no puede estar de más actualidad.

Yo no sé si te has sentado a ver algún telediario últimamente, pero parece que la sección de sucesos ha hecho un abordaje a las redacciones informativas ocupando todo su tiempo…, y el nuestro. Noticias desoladoras y desasosegantes envuelven todas las parcelas de la sociedad: economía, política, climatología… Viendo el panorama tienes la sensación de que nada puede salir bien o, simplemente, de que las cosas buenas han perdido definitivamente la categoría de noticia, al más puro estilo “Howell”.

El miedo usado como gancho

Pero, si esta es la situación en la prensa tradicional (periódico, radio y televisión), las cosas se complican todavía más en el mundo digital. La periodista Laura Otón, desde su cuenta de Instagram, @lauraotonlife, reflexiona sobre cómo los medios han adoptado el discurso del miedo para llamar la atención y hacer frente a su crisis de audiencia. Nos lanzan un señuelo con un titular alarmante como “clickbait» (anzuelo de clics), para captar nuestra atención sobre la información y empujarnos a clicar en sus webs, cuyo valor depende de los clicks recibidos y del tiempo de permanencia de los usuarios en sus páginas.

Alud de comentarios de personas que no son autoridad

Este ambiente oscuro que destapa el titular se ve acrecentado por las nubes de los comentarios, donde, generalmente, gente de dudosa formación degrada otras opiniones sin tener ningún reparo a utilizar el insulto o hacer gala de mala educación, y, por supuesto, sin aportar nada interesante. Y, a pesar de todo, seguimos consumiendo estos contenidos.

«Doomscrolling»: deslizar noticias en la pantalla

Llegados a este punto y, para reaccionar de manera crítica ante las noticias digitales, es bueno recordar la palabra que el diccionario de inglés Oxford reconoció como la palabra del año 2020: “doomscrolling” (obsesión por consumir noticias, generalmente malas, deslizándose verticalmente por una pantalla táctil).

En un artículo para la BBC, la psicóloga Jade Wu compara este comportamiento de «verse atrapado en una especie de hilo sin final”, al trastorno de ansiedad generalizada (TAC). El TAC es básicamente un canal de Twitter de preocupaciones en tu cabeza, que genera tensión muscular, fatiga o depresión, efectos similares a los que pueden sufrir los doomscrolling habituales. Si sales a correr todos los días, ello tendrá un impacto en tus músculos. Si te dedicas a hacer doomscrolling diariamente, ello tendrá un efecto en tu psicología o en tu cerebro. Así que, por tu bien, espero que no te encuentres en la lista de los aficionados al doomscrolling.

«Hygge»: Optar por las cosas pequeñas positivas

mama z dorosłą córką spędzają ze sobą dobry czas i układają dłonie w kształt serca
Valora cada cosa pequeña y positiva que llega a tu día.

En contraposición, quiero proponer a las redacciones de los espacios informativos que dediquen un tiempo al «hygge«. Que dediquen parte de su tiempo a educarnos para ser capaces de asombrarnos y disfrutar con las cosas pequeñas positivas que cada día nos ofrece la vida:

  • el placer de untar una tostada con mantequilla,
  • de pasear bajo la lluvia cobijados por un paraguas,
  • de escribir o dibujar con unos lápices bien afilados,
  • o el gigantesco poder de la amabilidad que se desata en cada sonrisa (que no falte la tuya).

Seamos esas personas vitamina que miran y señalan el bien, la verdad y la belleza.

No dejes de compartir con nosotros esos pequeños momentos que ponen el olor, el sonido, el color, a tu felicidad. ¿Está quizá esa felicidad dentro de la primera taza de café por las mañanas, o en ver a dos ancianos de la mano e imaginarnos sus vidas? ¿O en los paisajes de tu querida tierra, que estarán ahí para tu deleite, con o sin inflación? Hagamos publicidad. Seamos esas personas vitamina que miran y señalan el bien, la verdad y la belleza.

A por un gran titular

¿Un titular para este otoño?: “El otoño en el que el mundo recupera las sonrisas”. Los niños, los profesores, las personas por la calle, vuelven disfrutar de algo de un valor incalculable, algo maravilloso, aunque no llegue a tener categoría de noticia en el estilo Howell: “No news, good news”. Que sea el gran titular para todos nosotros, y que, en la sección de comentarios (los de la charcutería, los de la parada del bus, los de la cola del banco), provoque sonrisas, llevando a todos nuestros rincones el poder de la amabilidad. Why not?

Mar Dorrio, Aleteia

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martes, 19 de julio de 2022

Por qué no hay que vigilar al cónyuge aunque haya sospechas de infidelidad

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Muchas parejas tienen complejo de Sherlock Holmes y sienten la necesidad de vigilar e indagar su comportamiento. El psicólogo Guillermo Dellamary propone remedios para evitar la desconfianza.

Hay personas que, en el fondo, tienen miedo a la infidelidad o la sospechan. Entonces se lanzan a tratar de descubrir la verdad y saber lo que está haciendo su pareja a escondidas.

Al notar cualquier cosa inusual, de inmediato surgen todo tipo de inseguridades y fantasías con celos, sobre lo que se le pueda estar ocurriendo a la pareja, para serles infieles.

El drama de los celos ha crecido mucho actualmente, simplemente porque ha aumentado el sentido de territorialidad y posesión del otro.  Ha surgido una sensación de sentir que amar es poseer, que es parte de lo «mío» como si fuera una propiedad más que se tiene. Por lo que hay que cuidarla para que no te la quiten o despojen de ella.

El filósofo alemán Johannes B. Lotz nos hacía reflexionar, en alguna de sus múltiples obras, acerca de que el verdadero amor se expresa en la confianza, es decir en dar el testimonio de que se tiene fe en la persona que se ama. De igual manera que Dios nos ama y tiene confianza en nosotros.

Donde hay confianza hay amor, lo que implica que cuando dejas de confiar, también dejas de amar. Así, en muchas parejas que comienzan a dudar del comportamiento y de las decisiones que realiza el otro, en ese momento se comienza a vivir con el opuesto del amor que es el miedo.

Cuando el temor asalta a la mente, se vive en función de las suposiciones y de la imaginación desatada, de lo que el otro está haciendo, y que por ello hay que investigarlo, porque seguramente está haciendo algo mal y se siente que está ocultando y mintiendo. Entonces se  deja ya de confiar y de creer en la sinceridad de sus palabras.

El tobogán de la desconfianza

El tobogán de la desconfianza ha iniciado su lamentable proceso, y la ruta conduce a estar con la sensación de que las cosas andan mal y que hay que buscar la verdad a como dé lugar. Por ello se cree que hay que revisar lo que está haciendo, hasta llegar a espiar y entrometerse en su privacidad, con tal de confirmar que efectivamente nos están mintiendo y que ciertamente está teniendo otra relación a nuestras espaldas.

Bien puede ser cierto el dicho de que «el que busca, encuentra». Y como hoy en día los celulares son la herramienta de comunicación por excelencia, no es difícil tomarlo -sin su consentimiento- y encontrar las pruebas de muchas de las actividades que realiza, y así es muy fácil demostrar que miente o es pura patraña su aparente inocencia.

Puede ser muy cierto todo esto y decepcionarse con la realidad. Pero, en el fondo, ya hemos roto lo más importante, que es la confianza. Uno, por hacer lo incorrecto al mentir y engañar, y el otro por dejar de creer y de dudar.

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La desconfianza daña terriblemente el amor de pareja.

La realidad se impone y ahora ambos están atrapados en el dolor del engaño, la mentira y de la infidelidad al ocultar los verdaderos sentimientos y pensamientos.

La ansiedad por saber la verdad acaba por convertirse en el tortuoso camino del sufrimiento y la alteración de la calidad de vida de los esposos, que repercute en toda la familia.

La valentía de preguntar

Una recomendación muy importante, ante la incertidumbre y la duda de una posible infidelidad o serie de mentiras por parte del cónyuge es no caer en la tentación de hacer de inspector, pues es mejor recurrir a la valentía de preguntar y expresar el agobio de lo que se está sintiendo.

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Lo mejor es expresar lo que se siente sin acusar al otro.

En vez de reclamar y confrontar, lo mejor es expresar lo que se está sintiendo y decir lo que te está pasando a ti sin necesidad de acusar y señalar al otro como un culpable o causante del sufrimiento de lo que nos está sucediendo.

Es muy importante que tu pareja sepa lo que estás sintiendo, lo que temes, lo que llegas a suponer. Y aunque te lo nieguen o te quieran tranquilizar con que son sospechas infundadas, tú ya cumpliste con la responsabilidad de comunicar lo que te pasa y hacérselo saber, para que esté enterad@ de lo que estás viviendo, en vez de lanzarte a la temeraria carrera de Sherlock Holmes.

Si realmente hay una infidelidad o una serie de mentiras, más vale afrontarlas desde un inicio y buscarles una solución, en vez de enojarse y vivir de atrevidas suposiciones o terribles historias que nos hacemos en la mente, en vez de aceptar la realidad.

En conclusión, es mejor confiar, porque es el verdadero acto de amor. Es expresar lo que te sucede y con suavidad y dulzura tratar el tema, cara a cara, para ambos buscar la causa o la posible solución, en vez de hacer dramas y lamentables escándalos.

Un diálogo valiente y oportuno es la mejor solución.

Guillermo Dellamary, Aleteia

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