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lunes, 26 de octubre de 2020

Ángelus: El verdadero amor de Dios se expresa en el amor al prójimo

 


“La vida moral y religiosa no se puede reducir a la obediencia ansiosa y forzada, sino que debe tener el amor como principio”, advirtió el Papa Francisco durante el Ángelus de este domingo 25 de octubre de 2020.

Desde la ventana de su despacho en el Palacio Apostólico que da a la Plaza de San Pedro, el Papa también advirtió: “Mientras haya un hermano o hermana a quien cerremos el corazón, estaremos lejos de los discípulos que Jesús quiere que seamos”.

“Muchas veces nosotros descuidamos el escuchar al otro porque es aburrido o porque me quita tiempo, o de llevarlo, acompañarlo en sus dolores, en sus pruebas… ¡Pero siempre encontramos tiempo para chismorrear, siempre!”,  le dijo a la escasa multitud que acudió a pesar de las nuevas restricciones para combatir la propagación de la COVID-19.

El Papa nos invitó a no olvidar la “adoración” a Dios, en su meditación introduciendo la oración mariana.

A continuación, siguen las palabras del Papa, según la traducción oficial ofrecida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

***

Palabras antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la página evangélica de hoy (cfr. Mt 22, 34-40), un doctor de la Ley pregunta a Jesús cuál es “el mandamiento mayor” (v. 36), es decir el mandamiento principal de toda la Ley divina. Jesús responde sencillamente: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (v. 37). Y a continuación añade: “El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (v. 39).

La respuesta de Jesús retoma y une dos preceptos fundamentales, que Dios ha dado a su pueblo mediante Moisés (cfr Dt 6, 5; Lv 19, 18). Y así supera la trampa que le han tendido para «ponerle a prueba» (v. 35). Su interlocutor, de hecho, trata de llevarlo a la disputa entre los expertos de la Ley sobre la jerarquía de las prescripciones. Pero Jesús establece dos fundamentos esenciales para los creyentes de todos los tiempos, dos fundamentos esenciales de nuestra vida. El primero es que la vida moral y religiosa no puede reducirse a una obediencia ansiosa y forzada. Hay gente que trata de cumplir los mandamientos de forma ansiosa o forzada, y Jesús nos hace entender que la vida moral y religiosa no puede reducirse a una obediencia ansiosa y forzada, sino que debe tener como principio el amor. El segundo fundamento es que el amor debe tender juntos e inseparablemente hacia Dios y hacia el prójimo. Esta es una de las principales novedades de la enseñanza de Jesús y nos hace entender que no es verdadero amor de Dios el que no se expresa en el amor al prójimo; y, de la misma manera, no es verdadero amor al prójimo el que no se deriva de la relación con Dios.

Jesús concluye su respuesta con estas palabras: “De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas” (v. 40). Esto significa que todos los preceptos que el Señor ha dado a su pueblo deben ser puestos en relación con el amor de Dios y del prójimo. De hecho, todos los mandamientos sirven para realizar, para expresar ese doble amor indivisible. El amor por Dios se expresa sobre todo en la oración, en particular en la adoración. Nosotros descuidamos mucho la adoración a Dios. Hacemos la oración de acción de gracias, la súplica para pedir alguna cosa…, pero descuidamos la adoración. Adorar a Dios es precisamente el núcleo de la oración. Y el amor por el prójimo, que se llama también caridad fraterna, está hecho de cercanía, de escucha, de compartir, de cuidado del otro. Y muchas veces nosotros descuidamos el escuchar al otro porque es aburrido o porque me quita tiempo, o de llevarlo, acompañarlo en sus dolores, en sus pruebas… ¡Pero siempre encontramos tiempo para chismorrear, siempre! No tenemos tiempo para consolar a los afligidos, pero mucho tiempo para chismorrear. ¡Estad atentos! Escribe el apóstol Juan: “Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (1 Jn 4, 20). Así se ve la unidad de estos dos mandamientos.

En el Evangelio de hoy, una vez más, Jesús nos ayuda a ir a la fuente viva y que brota del Amor. Y tal fuente es Dios mismo, para ser amado totalmente en una comunión que nada ni nadie puede romper. Comunión que es un don para invocar cada día, pero también compromiso personal para que nuestra vida no se deje esclavizar por los ídolos del mundo. Y la verificación de nuestro camino de conversión y de santidad está siempre en el amor al prójimo. Esta es la verificación: si yo digo “amo a Dios” y no amo al prójimo, no va bien. La verificación de que yo amo a Dios es que amo al prójimo. Mientras haya un hermano o una hermana a la que cerremos nuestro corazón, estaremos todavía lejos del ser discípulos como Jesús nos pide. Pero su divina misericordia no nos permite desanimarnos, es más nos llama a empezar de nuevo cada día para vivir coherentemente el Evangelio.

Que la intercesión de María Santísima nos abra el corazón para acoger el “mayor mandamiento”, el doble mandamiento del amor, que resume toda la ley de Dios y de la que depende nuestra salvación.

Raquel Anillo, Zenit

Vea también  ¿Quién es mi Prójimo?





viernes, 12 de junio de 2020

EEUU: Así se puede volver a la Iglesia sin riesgo de Covid-19

Los consejos de un doctor católico para un regreso seguro al templo
Messe publique en France - Lyon

El doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas en Estados Unidos, habló con la revista *America* de los jesuitas estadounidenses sobre las normas que debemos seguir los católicos (él mismo se define como católico) para regresar a los templos de manera segura.
Lo primero que destacó Fauci en su entrevista con America es que, en el regreso a las actividades de culto, la Iglesia católica debe adoptar medidas “de sentido común” para proteger a los fieles y a la comunidad en general del contagio de la COVID-19.
En segundo lugar, que la reapertura de los templos depende de que en ese lugar se experimente una disminución sostenida de los contagios.

Mascarillas, distancia y abstenerse de cantar

“Siempre se debe tener en cuenta cuál es la dinámica del brote en su región en particular”, dijo Fauci a *America*. Y agregó: “Dicho esto, cuando se trata de un brote a nivel nacional, como el que tenemos ahora, realmente hay que tomar precauciones”.
Las iglesias deberían “limitar el número de personas, para que no haya personas en los bancos uno al lado del otro”. Los reunidos deberían usar “absolutamente” mascarillas.
“Si el sacerdote está en el altar, separado por 10, 15 o 20 metros, no creo que sea absolutamente necesario usar mascarillas. Pero las personas que están distantes un metro y medio a tres metros entre sí, realmente necesitan usarlas”.
Y otro tema que, seguramente, no se tenía en cuenta: hay que evitar, en el próximo regreso a los templos, el canto.
Según Fauci, quien ha trabajado desde hace muchos años con enfermedades infecciosas como el Sida y el Ébola, en este regreso al templo se debe “desalentar” que las personas y los coros –habituales en las misas dominicales—canten, ya que con el canto aumenta “dramáticamente” la distancia que recorren las gotas de saliva, lo que aumenta la posibilidad de propagar la infección.

Optar por un enfoque más lento

La semana anterior, el presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, pidió a los gobernadores que clasifiquen dentro de los servicios esenciales a los lugares de culto. Trump, de quien Fauci es asesor, subrayó que el abrir los templos era esencial para la psique de los estadounidenses.
Pero muchas diócesis “están optando por un enfoque más lento, consultando con funcionarios de salud pública antes de reabrir sus puertas”, dice el reportaje de* America*.
Cuando se le preguntó si cree que la Comunión se puede distribuir de manera segura, Fauci dijo que “no”, especialmente en áreas que todavía no tienen el virus bajo control.
En Estados Unidos es común que se comulgue bajo las dos Especies. Fauci no solamente está preocupado por el cáliz compartido con los fieles, sino también por la distribución de la Comunión.
Como católico, Fauci le expresó a *America*, que si se está en una región, una ciudad, un condado, donde hay una cantidad significativa de infección, la distribución de la Comunión “sería arriesgada”, pues la interacción entre el sacerdote y varias personas que reciben la Comunión hace que la distribución sea insegura.

Honestidad intelectual

Graduado de dos escuelas jesuitas, Regis High School en Nueva York y el Colegio de la Santa Cruz en Worcester, Massachusetts, el doctor Fauci dijo que sus padres le enseñaron la importancia del servicio, lecciones que fueron fortificadas por los jesuitas.
En particular, dijo que Regis y Holy Cross le enseñaron a apreciar la importancia del “conocimiento, los hechos, la evidencia, la búsqueda intelectual y la honestidad intelectual”.
Sobre el tema de la honestidad intelectual, el doctor Fauci ha dado muestras de no solamente hablar de oídas. Al presidente Trump lo ha matizado en múltiples ocasiones.
Y con respecto a acudir de nuevo al templo, Fauci señaló que en el corto tiempo desde que se descubrió el coronavirus, se ha demostrado que las iglesias son particularmente riesgosas en términos de crear grupos de infección. “Ha habido situaciones en varios países donde la fuente (de contagio) del grupo había ocurrido durante un servicio religioso”.
Como resultado, incluso si las iglesias están abiertas, los ancianos y las personas con afecciones médicas subyacentes deberían considerar quedarse en casa, “porque realmente están en alto riesgo”, apuntó Fauci. Y para el resto de los fieles, cada uno deberá decidir, en su conciencia, si está en condiciones o no de ir al servicio religioso.
El doctor Fauci, descendiente de migrantes y nacido en el barrio de Brooklyn, terminó diciendo: “Sería muy trágico para alguien que acaba de llegar a un lugar de culto, se enferma o se infecta y lo lleva a casa a una persona mayor que podría tener una co-morbilidad comprometedora, y la persona se enferma gravemente y muere”.
Con información de Michael J. O’Loughlin / Revista* America*

Vea también Comunidador: ¿Quién es tu prójimo? - Papa Francisco


viernes, 26 de julio de 2019

¿Cuáles son las Obras de Misericordia Espirituales y cómo puedo ponerlas en práctica?

En un post pasado, hablamos sobre las Obras de Misericordia Corporales, aquellas que ningún creyente debería dejar de lado. Hoy ha llegado el turno de hablar de las espirituales, para recordar que como cristianos el plano espiritual jamás puede desprenderse del corporal. Estamos llamados a socorrer y consolar, a ser generosos y a convertirnos en el reflejo del amor de Cristo, de quien proviene nuestra esencia.
Recordemos el hermoso significado de la palabra «misericordia» para entender un poco mejor lo que las obras espirituales y corporales nos exigen. Misericordia viene del latín «misere», que significa miseria o necesidad, «cor» que hace referencia al corazón, y «ia» que denota hacia los demás. Tener presente esta lista de Obras de Misericordia Espirituales, es fundamental para llevarle a los demás un trocito del tesoro que guardamos en el corazón al poder ser llamados hijos de Dios.


1. Enseñar al que no sabe

Para enseñarle a otro no requerimos de una lista de diplomas. Podemos enseñar desde nuestra propia experiencia, desde los dones y talentos que nos ha dado Dios. A veces pensamos que no tenemos mucho para dar, pero basta con pedirle en la oración a Dios un poco de guía, para darnos cuenta que tenemos mucho que ofrecer.


Esta primera obra me hizo pensar de inmediato en todos los maestros. En todas aquellas personas que han descubierto en la educación, su vocación (a todos ellos, gracias). No te preocupes por el tamaño de tu enseñanza, preocúpate por compartir sin egoísmo todo el conocimiento con el que Dios te ha premiado. «Los que enseñan la justicia a la multitud, brillarán como las estrellas a perpetua eternidad» (Dan. 12, 3b).

2. Corregir al que se equivoca

Hablamos de una corrección fraterna, la que nace del amor y no del resentimiento. Corregir a un ser querido o a un amigo cuando sabemos que está en pecado es supremamente importante. Para cumplir esta obra es necesario disponer el corazón con humildad, a nadie le gusta sentirse señalado o juzgado.
Cuando quieras corregir a alguien antes corre a pedirle consejo a María Santísima, que sea ella y el Espíritu Santo quienes te iluminen para que tus palabras sean las indicadas y den fruto. También es importante que tengas en cuanta que esta corrección se debe hacer primero a solas y sin ningún rastro de rabia o intención de humillar. «Si tu hermano peca, vete a hablar con él a solas para reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano» (Mt. 18, 15-17).

3. Dar buen consejo al que lo necesita

Algunos piensan que dar consejo simplemente es una tarea que no les corresponde. «¿Por qué tendría que decirle qué hacer?, ¿con qué razón me va a escuchar?, ¿quién soy yo para darlo? Que cada uno haga lo que quiera y sea responsable de sus actos».
Lo que sucede cuando en nuestro interior hay un verdadero interés por el bienestar del otro, es que estamos llamados a dar consejo. Me atrevería a decir que el amor que sentimos por esa otra persona nos impulsa a querer evitare un mal, a ahorrarle un dolor innecesario o a advertirle una posible caída. Si yo quiero a mi hermano, a mi amigo, a mi pareja o a quien sea, no quiero verle sufrir, al contrario, le deseo todo el bien. Pídele al Espíritu Santo el don del consejo y recuerda que para darlo, antes hay que meditar en la oración.

4. Perdonar las injurias

Qué difícil es perdonar. Se hace aun más difícil cuando la persona que nos ha lastimado es cercana o cuando quien nos hiere o traiciona lo hace por enésima vez. Nuestra propia miseria nos conduce a pensar que la otra persona simplemente no merece el perdón. ¿Y quienes somos nosotros para pensar de este modo si tenemos a un Padre que lo perdonó todo?
Lograrlo puede tomarnos años. Este es un proceso que nos puede costar más de lo que pensamos y que muchas veces se complica debido a la conducta de otras personas. Podemos llegar a sentirnos cansados de perdonar, pero cuando esto suceda pensemos en que Dios jamás se cansa de personarnos a nosotros y vaya que somos especialistas en herir el corazón de Dios, ¿o no?
«Si perdonáis las ofensas de los hombres, también el Padre Celestial os perdonará. En cambio, si no perdonáis las ofensas de los hombres, tampoco el Padre os perdonará a vosotros» (Mt. 6, 14-15).

5. Consolar al triste

Al que sufre y al que llora. Estar ahí en los momentos difíciles también afianza nuestros lazos de amistar y amor. Tener la oportunidad de acompañar a otra persona en el dolor es una gran oportunidad de brindar esperanza y alegría.
Aunque a veces no sepamos muy bien qué hacer para consolar a otro, hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para sacarlo de este estado. Seguramente tu compañía, tus palabras y tu disposición serán valoradas. No hacen falta actos heroicos para aliviar la tristeza de un ser querido, basta un abrazo, un mensaje de aliento o una sonrisa. «Dichosos los que están tristes, pues Dios les dará consuelo» Salmos 23,4.

6. Sufrir con paciencia los defectos del prójimo

Esta obra sí que puede costarnos. ¿Cómo tener paciencia con los defectos del prójimo si ni siquiera tengo paciencia con los míos? Aquí hay que decir que como creyentes el sufrimiento tiene un significado muy distinto al que otras personas pueden tener. A través de él descubrimos también el amor, la entrega desinteresada o la caridad. Tal como lo hizo Jesús en la cruz, al dar la vida por nosotros.
Cuando tengas que soportar los defectos de otra persona, entrégale ese sacrificio a Dios. Entrégale todo el malestar que te causa, toda la angustia o el desespero, la intranquilidad o la rabia.

7. Orar por los vivos y difuntos

Orar por otra persona me parece uno de los actos de amor más lindos. Pensar y entregar en el dialogo con Dios a una persona que queremos es una muestra inmensa de cariño. Pero esta obra de misericordia también debe hacerse con los que ya no están, debo aceptar que me costaba mucho incluir en mis oraciones a los difuntos, pero luego pensé en todas esas almas olvidadas por las cuales tal vez jamás nadie ha rezado un Padre Nuestro o un Ave María.
Cada domingo antes de que empiece la misa, mi madre me dice «recuerda orar por las almas del purgatorio» y pienso, qué lindo es orar por todos aquellos que tal vez nunca creyeron. Que murieron sin la oportunidad de vivir la fe o sin conocer los sacramentos. La próxima vez que te dispongas a orar, encomienda a todos los que han partido.



Nory Camargo, catholic-link

domingo, 18 de marzo de 2018

302 ¿Su Fe es la Fe de la Iglesia? ¡Compruébelo!

Esta es nuestra Fe, la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

 justicia moral lo debido

302. ¿Cómo se actúa justamente?
Se actúa justamente estando siempre
pendiente de dar a Dios y al prójimo lo que
les es debido. [1807, 1836]


El principio de la justicia dice: «A cada uno lo suyo». Un niño discapacitado debe ser apoyado de un modo diferente a uno superdotado, de forma que ambos reciban lo que necesitan. La justicia se esfuerza por la compensación y anhela que los hombres reciban lo que les es debido. También ante Dios debemos dejar que reine la justicia y darle lo que es suyo: nuestro amor y adoración.


justicia moral lo debido




* El texto (pregunta y respuesta) proviene del Youcat = Catecismo para Jóvenes. Los números que aparecen después de la respuesta hacen referencia al pasaje correspondiente del Catecismo de la Iglesia Católica que desarrolla el tema aún más. Basta un clic en el número y será transferido.