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viernes, 26 de mayo de 2017

6 consejos de Facebook para padres preocupados

Buenas sugerencias de un experto: el creador de la red social, Mark Zuckerberg

6 consejos de Facebook para padres preocupados

Madre e hija usando una tablet
María Paola Daud, aleteia
Para muchos, Facebook ya ha pasado a formar parte de nuestra vida cotidiana. En esta red social se cuentan tantas historias buenas como malas, y esto suele ser de fuente de mucha preocupación y angustia para tantos padres que quieren proteger a sus hijos de los peligros de internet.
Por esta causa, su creador, Mark Zuckerberg, ha creado un portal de ayuda dentro del Centro de Seguridad de la red social, y lo ha anunciado con este comunicado: “Ser padre puede resultar una tarea difícil. Somos conscientes de que el uso de Facebook puede plantearles muchas dudas a los padres. Por ello creamos una recopilación de enlaces prácticos, consejos y sugerencias para que tu experiencia sea provechosa y puedas ayudar a tu hijo a lo largo de la suya”.
Estos son sus 6 consejos para navegar con seguridad en su red social:
Hazles saber que las reglas se aplican a actividades tanto dentro como fuera de internet.
No les hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti. De la misma manera que les adviertes de que deben mirar a ambos lados antes de cruzar una calle o que es necesario ponerse casco para montar en bicicleta, enséñales a pensar antes de compartir contenido en internet.
Intenta dar un buen ejemplo.
El viejo dicho de que tus hijos “harán lo que tú haces, no lo que dices” también es cierto en internet. Si estableces restricciones horarias sobre cuándo pueden usar las redes sociales o navegar por internet (por ejemplo, no enviar mensajes de texto después de las 22:00), tú también deberías adoptar ese comportamiento.
Empieza a interactuar con ellos cuanto antes.
De los datos recabados se desprende que los padres deben empezar a interactuar con sus hijos en el momento en el que estos comienzan a usar las redes sociales. Es recomendable agregarlos como amigos cuando se unen a Facebook. Conviene señalar que, de igual forma que debes sentar las bases para el diálogo y la conversación con tus hijos a una edad temprana sobre otros temas, también debes hacerlo para hablar sobre el uso de internet. Si dejas pasar el tiempo, te resultará más difícil. Incluso antes de que estén en las redes sociales, habla con tus hijos sobre la tecnología en su conjunto. Esto puede ayudar a sentar las bases para conversaciones futuras.
Identifica y aprovecha los momentos clave.
Por ejemplo, el momento en que tus hijos reciben su primer teléfono celular es ideal para establecer una serie de normas básicas. Cuando los niños cumplen los 13 años y, por tanto, ya tienen la edad mínima para unirse a Facebook y otras redes sociales, es un buen momento para tocar el tema de compartir contenido de forma segura. Por otra parte, cuando los jóvenes consiguen el permiso de conducir es el momento idóneo para recordarles la importancia de no usar el celular mientras conducen.
Ten confianza en ti mismo.
Normalmente, puedes emplear los mismos métodos que sueles utilizar con tus hijos para educarlos en otros ámbitos, para hablar sobre sus actividades en internet. Si ves que tus hijos responden mejor a un acuerdo negociado, elabora un contrato que ambas partes puedan firmar. O tal vez tus hijos solo necesitan conocer las reglas básicas.
Pídeles a tus hijos que te enseñen.
¿No tienes cuenta de Facebook? ¿O quizá te interesaría probar un servicio de transmisión de música? Si tus hijos ya están familiarizados con estos servicios y aplicaciones, ellos mismos pueden ser un recurso excelente. La conversación también puede ser una oportunidad para hablar sobre los problemas de seguridad, privacidad y protección. Por ejemplo, quizás puedas preguntarles sobre la configuración de privacidad mientras configuras tu propia cuenta de Facebook. Además, como la mayoría de los padres saben bien, tus hijos seguramente apreciarán la oportunidad de enseñarte.
Y recalca que lo más importante es el buen dialogo entre padre hijo: la buena comunicación es fundamental para evitar cualquier clase de peligro.

Misioneros con sus 11 hijos en Guatemala se quedaron sin dinero y ocurrió algo asombroso

"Dios siempre provee", palabra de Soler

Cuando Miguel Soler tenía 16 años, marchó a Perú con sus padres, enviados en misión ad gentes por el Camino Neocatecumenal. Años más tarde, con su mujer y nueve hijos –hoy tienen once, de 4 a 23 años–, pasaron ocho años en misión en Guatemala. No lo tuvieron fácil en el terreno económico, ni al ir ni al volver, pero “no nos ha faltado nunca nada”.
“Hemos comprobado que la Palabra del Señor se cumple. Si tú pones en manos del Señor tu vida, si te abres a la vida y recibes a los hijos como un don suyo, Él no te abandona”, afirma Miguel.
Estando en Guatemala, “llegó un día en que no teníamos ni un céntimo, ni siquiera para comer, se nos había acabado todo, yo aún no había conseguido un trabajo. Pero de repente sonó el timbre y fuimos a abrir. Allí no había nadie, pero alguien había dejado un sobre frente a la puerta; dentro había dinero como para vivir dos meses”.
En otra ocasión se encontraron otro sobre con dinero en el buzón; otras veces tuvieron que acudir a Cáritas diocesana; o les llegó dinero de su propia comunidad.
“Hemos tenido la experiencia de poder vivir la comunión de los santos que profesamos en el credo, en momentos de precariedad, porque el Señor ha movido el corazón de la gente y nos ha ayudado de manera anónima, y nunca nos ha faltado nada”.
Miguel se buscó la vida en Guatemala y hubo temporadas en las que tuvo trabajo; otras no, pero “el Señor siempre te va ayudando, Él se las apaña, en infinidad de situaciones. Dios provee, pero lo primero que provee para nosotros es a Jesucristo; nos ayuda a nivel material, pero lo principal es que nos ha permitido encontrarnos con Jesucristo en la Iglesia”.
Para esta familia, “la Providencia se manifiesta también en la vida de comunidad que tenemos, donde nos ayudamos y oramos los unos por los otros, como las comunidades que recogen los Hechos de los Apóstoles, que ponían en común sus bienes como consecuencia de su fe”.
Hoy, ya de vuelta España, “con una familia grande y un sueldo mediano”, siguen viviendo así. “Dificultades no nos faltan y no siempre tenemos lo que quisiéramos, pero Dios siempre provee”. Por ejemplo, “no tenemos dinero para irnos de vacaciones, pero cada año llega alguien que te invita a algún sitio con la familia». En todo este recorrido han descubierto que «abriendo nuestra vida al Señor, Él te da el ciento por uno, es infalible”.
Por Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Artículo publicado originalmente por Alfa y Omega

jueves, 25 de mayo de 2017

La Santa Misa contada en Historietas 50


La Santa Misa contada en Historietas


50. Un Muerto hace de Guía
(Podéis ir en paz)


El 24 de diciembre el oficial Jon de la fuerza aérea británica había recibido inesperadamente el aviso que desde el mismo día estaba de franco. Además le dieron permiso de volar con su avión desde Alemania del norte donde se encontraba su unidad hasta Londres. Allí vivía su madre. Podría, pues, celebrar la Navidad con ella. Apurado hizo la maleta y la llevó al avión. Hizo que le echaran gasolina. Los mecánicos examinaban todo alambre, todo botón, toda instalación de seguridad. Era un día frío con una vista clara, cuando avisó a la torre su salida.

Después de casi una hora de vuelo, cuando estaba por caer la noche se encontró con una densa neblina frente a él. No le quedó otra alternativa que avanzar. El aterrizaje seria difícil y llegaría con atraso. Apretó el botón para prender los faros de neblina. Nada. Quiso avisar a la torre de control de Londres. Nada. Ninguno de los aparatos funcionaba. Los alambres estaban totalmente cruzados. No le quedaba otra cosa que volar a ciegas a través de la neblina. La gasolina le permitiría volar media hora más. Le quedaban 30 minutos de vuelo. Si intentaba aterrizar podría suceder que cayera entre los edificios de Londres y sembraría muerte y perdición entre tanta gente que se aprestaba a celebrar la Navidad.. Si bajaba demasiado temprano caería al mar y celebraría Navidad con los peces. En su angustia comenzó a rezar como no lo había hecho por mucho tiempo.

De repente escuchó a otro avión. La neblina era iluminada por la luna. Una maquina se colocó a su lado. Enseguida reconoció la marca de avión que él mismo estaba volando, sólo de un tipo más antigua. Claramente vio al piloto, su rostro y sus gestos. Claramente se percató que el otro le quería hacer entender por señas: "¡Sígueme! ¡Te serviré de guía!" El extraño aceleró y se colocó delante de él, dio la señal de aterrizar y se puso a aterrizar. Abajo se encendieron las luces de una pista de aterrizaje. El extraño la sobrevoló, dio nuevamente la señal de aterrizar. El mismo aceleró y desapareció con su maquina en la neblina.

El joven lugarteniente aterrizó sin novedad. Agotado bajó del avión. Un suboficial, que daba señales de haber tomado bastante ponche navideño, se le acercó: "¿Que hace usted aquí?" Luego le explicó al piloto que esta pista pertenecía a un aeropuerto de entrenamiento al norte de Londres que había sido inhabilitado desde hace mucho tiempo. Había escuchado el ruido del avión y por eso había encendido las luces que aun quedaban. El oficial contó del cortocircuito, de su desesperación y de su salvación. Luego los dos se fueron a la cantina del aeropuerto que servía ya para otros fines. Se refrescó el oficial y llamó a su madre para avisarle que iba estar con ella la mañana de Navidad.

Cuando iba a acostarse vio en su dormitorio la foto de un oficial de la fuerza aérea. Se puso tenso. Era sin duda el rostro del piloto que había volado cerca y que le había indicado el camino de salvación. Luego escuchó la historia de ese hombre que lo había salvado. Hace diez años había fallecido la noche de Navidad al aterrizar y muriendo había dicho: "Me propongo de ayudar a todos los que en la noche de Navidad se encuentran en peligro de muerte". Varias veces había cumplido con su promesa.

Un reportero garantiza la verdad en una novela inglesa.

Podríamos comenzar de conversar sobre la vida después de la muerte. Podríamos hablar de la casualidad, de la providencia y de la divina providencia. El relato es para nosotros imagen y semejanza de lo que sucede en la Santa Misa.

Quisiéramos volver a casa. Es decir en resumidas cuentas, la casa de Dios nuestro Padre. Sin embargo, el camino que parece tan sencillo se encuentra obstaculizado - neblina, obstáculos, velos, oscuridades de la vida. Totalmente intransitable se vuelve el camino por el "cortocircuito" dentro de nosotros, cuando se pierde toda la luz, toda la corriente de la fe. El camino conduce hacia la muerte y la perdición.

Entonces alguien está a nuestro lado. Vemos su rostro. Reconocemos sus indicaciones. Nos colocamos detrás de Él volando en la misma dirección. Aterrizamos con toda seguridad. "¡Podéis ir en paz, yo los guío y los acompaño!", esto es lo que nos dice Cristo al final de la Misa. En su muerte y sacrificio se ha propuesto de ayudarnos para que lleguemos a la meta. Se anuncia su muerte y resurrección. El mismo viene en la Santa Misa. Es entonces que alcanzamos la vida.



Los sufrimientos de hoy




--la pobreza de multitud de personas que viven en la miseria o que no conocen otra cosa que sufrimiento y explotación.

--la todavía más profunda pobreza de no conocer a Cristo que, según la madre Teresa de Calcuta, es "la primera pobreza de los pueblos" y de la que no se libra ningún rincón de la tierra.

--las guerras.

--las injusticias, la crisis moral y las "estructuras de pecado" que pueden parecer inevitables e imposibles de erradicar del mundo complejo en que vivimos.

--la agresión a la vida desde la concepción a su fin natural.

--la crisis de la familia, insustituible célula básica de una sociedad sana y próspera.

--el relativismo cultural y moral que hace perder el sentido de la búsqueda y de la existencia de la verdad.

--la desequilibrada y miope relación con la naturaleza, a veces explotada en modo salvaje, a veces "idolatrada" y paradójicamente objeto de una atención mayor que la reservada al ser humano.

--las enfermedades.

--un desarrollo científico y tecnológico que puede ir adelante, a toda costa y en cualquier dirección posible, sin plantearse de ningún modo el problema de que la ética del comportamiento humano debiera en cambio imponer límites.

--los que mueren mártires en muchos lugares del mundo por testimoniar y llevar a Cristo.

--la agresividad, la hostilidad y la censura que a veces se reservan al Papa y a la Iglesia en el anuncio del mensaje de verdad y amor del Evangelio.

--la crisis económica que ha golpeado a países enteros y parece quitar horizontes de esperanza a tantísimas personas.

¿La lista está completa?






Pensemos: Dónde puedo colaborar
con mi 'granito de arena'
para aliviar algún sufrimiento.



«Encontré la paz»: Sofía cuenta a su madre, la escritora Carmen Posadas, su conversión en Medjugorje


«Encontré la paz»: Sofía cuenta a su madre, la escritora Carmen Posadas, su conversión en Medjugorje


La hija de la escritora y ganadora del Premio Planeta, Carmen Posadas, se convirtió en Medjugorje y su vida cambo para siempre. La madre de Sofía Ruiz de Cueto está encantada pues ella es católica y Cari Filii News recoge la entrevista que Posadas ha realizado a su hija en Mater Mundi TV sobre este proceso que le ha llevado a Dios:

Estaba en el peor momento de su vida
Sofía tuvo una conversión total en Medjugorje, precisamente en un momento muy complicado en su vida y mucha culpa de esto la tuvo su socio, que le insistió una y otra vez durante meses en que tenía que ir a aquella peregrinación que finalmente ha cambiado su vida.
“No tenía deseo de ir porque el viaje surgió en una época muy mala, cuando me estaba divorciando. Esto me había llevado a alejarme mucho y si ya no tenía una fe muy grande pues me hizo distanciarme con bastante enfado y rabia”, contaba Sofía a su madre.

“La Virgen te está invitando”
En medio de la vorágine laboral y del divorcio, con niños pequeños de por medio, su socio insistía en que fuera. Pero ella se negaba recordando con enfado a su compañero que “era el puente de mayo, tengo a mis hijos, tengo una agenda llena de pacientes, un congreso y además es el día de la madre y me estoy divorciando”.
“La Virgen te está invitando”, le contestó su socio. “Y ante semejante frase no conseguí encontrar otra que sonara bien que dijera no y entonces le dije que iría”, recordaba la hija de Carmen Posadas.
Accedió a ir aunque “seguía rebotada”
Al final el camino para ir se allanó completamente. Los niños no fueron problema, la agenda se vació aunque “yo seguía rebotada”. Y así fue como llegó a Medjugorje.
Además, los primeros momentos en este pueblo bosnio no fueron fáciles. Según llegaron había misa y adoración. “Salí furiosa, me fui a la cama sin cenar”, contaba.
Pero al día siguiente sería el inicio de su nueva vida. La jornada empezaba con una explicación histórica para Medjugorje, lo cual no le produjo rechazo y accedió a ir. Y después tocaba subir al monte de las apariciones. Se subió rezando el Rosario y una persona llevaba cada misterio.

«Encontré la paz»: Sofía cuenta a su madre, la escritora Carmen Posadas, su conversión en Medjugorje

El punto de inflexión
Cuando tocaba el quinto misterio, su socio le dio el Rosario para que lo llevara ella y no supo decir que no. “Recé y empecé a llorar, llorar y a llorar, y a partir de ese momento me entró paz. Se me fue la ira y la rabia y me entró un sosiego increíble”.
Sofía explicaba que el gran cambio en su vida no se produjo en ese momento sino ya en Madrid, con el mantenimiento de esta gracia. Un sacerdote les advirtió durante el Viacrucis en Medjugorje sobre la vuelta a la realidad y el día a día pues en la peregrinación es muy fácil estar en una nube pero una vez en Madrid, puso como ejemplo, te encuentras un semáforo en rojo y pierdes la paz por ello.
En Medjugorje aprendió a rezar
“Esto me sirvió, fue poco a poco. Cada vez que veía un semáforo en rojo me acordaba de Dios”, afirmaba. Por ello, explicaba que “una vez que lo encuentras de verdad te crea un anhelo y empiezas a querer más y a rezar más. Y a raíz de Medjugorje he aprendido a rezar y el poder de la oración”.

«Encontré la paz»: Sofía cuenta a su madre, la escritora Carmen Posadas, su conversión en Medjugorje
Su vida ha cambiado. Así lo confiesa Sofía. Antes de la peregrinación apartaba aquello que “no era tangible” porque era una mujer muy “autosuficiente y orgullosa”. Pero ahora, se ha dado cuenta “que siempre ha estado ahí dispuesto a ayudarme”.

“Mucha ciencia nos devuelve a Dios”
Ella como médico y directora de una clínica hace suya la cita de Louis Pasteur: “un poco de ciencia nos aleja de Dios, mucha ciencia nos devuelve a Dios”.
Para Sofía, “cuanta más ciencia tienes más acabas llegando a Dios” y en el ámbito de la medicina donde se ve tanto sufrimiento tiene ya la certeza de que “cuando la persona encuentra a Dios ese sufrimiento es otro. No lo hay como tal pues puedes tener dolor o puedes sufrir dolor pero cuando una persona está con Dios este sufrimiento o dolor no lo sufre”. “Dios ayuda a muchísimo a quitar este sufrimiento, ves la mano de Dios”, sentencia.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Señor, a quién iremos

Dice San Agustín: El que canta reza dos veces




49 La Santa Misa contada en Historietas


La Santa Misa contada en Historietas


49. ¿Quién irá?
(Podéis ir en paz)

  
"¿Quién irá?" preguntó el Papa al final de la Santa Misa que había celebrado en las cuevas subterráneas, en las catacumbas.

¿"Quién irá?" Lo que quería decir era: "¿Quién lleva la santa comunión a la cárcel y a los enfermos?" La persecución de los cristianos había recrudecido. Un adulto no podía atreverse de visitar a los muchos cristianos en la cárcel. Enseguida lo tomarían preso. El joven Tarcisio se acercó al Papa: "¡Santo Padre, escógeme, envíame!" El Papa contestaba un poco azaroso: "Recién tienes quince años, hijo mío. Eres demasiado joven. ¿Quién podría ayudarte cuando tienes problemas?" Dijo Tarcisio: "Santo Padre, soy el mejor en los deportes. Yo puedo solucionar los problemas. Además es muy temprano. Nadie camina por las calles". El Papa cedió. Con mucho cuidado colocó el pan sagrado, el cuerpo de e Cristo, en un pequeño recipiente.
El recipiente lo colocó en un lienzo. El lienzo lo amarró en el cuello del joven. Puso encima la toga, una especie de abrigo. Preparado así el joven Tarcisio partió antes de que los demás salieran de las catacumbas.

Caminó hacia la ciudad de Roma en la primera aurora. Los guardias de las puertas de la ciudad lo dejaron pasar. Las calles estaban vacías. Tarcisio caminaba con mucho recogimiento. Él sabía lo que llevaba y lo que hacía. Al acercarse a la cárcel escuchó un griterío salvaje. Un grupo de muchachos callejeros corría por allí. Jugaban y peleaban. Uno de ellos reconoció a Tarcisio: "Vaya, ya te levantaste. ¿De dónde vienes? ¿Qué es lo que llevas con tanto cuidado?" Comenzó a jalar del abrigo. Pero Tarcisio lo rechazó con la mano libre.

Entonces el otro gritó: "¡Golpéenlo! Tarcisio es uno de los perros cristianos. Está llevando un secreto. ¡Aplástenlo!" Toda la banda se le vino encima. Tiraban piedras. Tarcisio cayó de bruces y pudo así proteger con el cuerpo el receptáculo con el santísimo sacramento. Los muchachos lo empujaban, lo pateaban y trataban de voltearlo. Tarcisio se desmayó porque alguien le dio un puntapié en la cabeza.

Se escuchó el paso firme de un soldado. Con mano firme arrojó a un lado a los malvados. Uno después del otro huyó. El soldado cargó en sus brazos a Tarcisio que yacía en el suelo como muerto, y lo llevo a la tercera casa de la calle. Sabía que vivía allí una dama cristiana. El oficial cristiano escondió el recipiente con el cuerpo de Cristo bajo su manto rojo y lo llevó a la cárcel. Allí lo entregó al carcelero cristiano y luego fue a visitar a los enfermos que estaban esperando a Jesús.

Tarcisio murió por las heridas que la habían causado los muchachos malvados. Un Papa posterior con el nombre de Dámaso ha compuesto una inscripción acerca del joven mártir y la hizo grabar en una tabla de mármol para que no caiga nunca en el olvido la hazaña de Tarcisio.

"¡Podéis ir en paz!" Esta es nuestra misión al final de cada Santa Misa. Quizás habrá personas que nos harán grandes dificultades cuando queremos llevar a Cristo al mundo. Quizás nos atacarán. Quizás nos darán trabajo. Nos persiguen en el colegio y en la empresa. Querrán arrastrarnos a sus maldades y pecados. Nosotros guardamos dentro de nosotros el misterio de Cristo. Nadie no los podrá quitar. Por eso rezamos en el momento de la santa comunión: "No permitas que seamos separados de Ti".