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viernes, 12 de julio de 2024

¿Cuál es tu riesgo de adicción a la pornografía en internet? Un test de 25 preguntas te da la pista

Lo propone Peter Kleponis en su libro «Pornografía.
Comprender y afrontar el problema»

         
A los 18 años, el 90% de los chicos y el 60% de las chicas
han visto pornografía en internet. Unas cifras más que inquietantes
tratándose de una actividad tan adictiva.









El consumo de pornografía está tan extendido que a su adicción no se le concede la importancia epidémica que los especialistas sí empiezan a reconocer: Según diversas investigaciones internacionales, tiene una prevalencia de entre el 3% y el 10% a escala mundial, lo cual no significa que solo ese porcentaje la padezca. Son datos sobre los que advierte el doctor Peter Kleponis en su libro Pornografía. Comprender y afrontar el problema, recordando estudios que puntan a una edad media de 11 años para la primera exposición, y a porcentajes del 90% para chicos y del 60% para chicas que han visto pornografía a los 18 años.

Pornografía. Comprender y afrontar el problema, de Peter Kleponis (VozdePapel).

Pornografía. Comprender y afrontar el problema, de Peter Kleponis (VozdePapel).

"Cualquier uso de la pornografía de internet es un problema", afirma Kleponis, pero para algunas personas existe una posibilidad latente, y tal vez ignota, de ser un adicto. Por eso propone en su libro el test creado por Robert L. Delmonico (2000), porque, a pesar de los veinte años transcurridos y de la universalización en ese tiempo de internet y la explosión de las redes sociales, "todavía es el «criterio de referencia» para evaluar el riesgo que uno tiene a la adicción a la pornografía. Es altamente válido y fiable".

Kleponis advierte de que las 25 preguntas siguientes sirven para evaluar el riesgo, pero "solamente un terapeuta cualificado puede diagnosticar con exactitud una adicción a la pornografía".

Test de Detección de Adicción al Sexo por Internet

Internet Sex Screening Test © 2000 - David L. Delmonico, PhD, NCC - Duquesne University, Pittsburgh, PA

Lee atentamente cada pregunta y marca todas aquellas de las que puedas afirmar que son básicamente ciertas.

1. Tengo marcadas como favoritas algunas páginas web sobre sexo.

2. Paso más de cinco horas por semana usando el ordenador por fines sexuales.

3. Me he apuntado a sitios sobre sexo para obtener acceso a material sexual online.

4. He comprado productos sexuales online.

5. He buscado material sexual a través de un buscador en internet.

6. He gastado más dinero de lo que pensaba en material sexual online.

7. El sexo por internet ha interferido a veces con algunos aspectos de mi vida.

8. He participado en chats sexuales.

9. Tengo un nombre de usuario o apodo sexualizado que uso en internet.

10. Me he masturbado mientras veía cosas en internet.

11. Tengo acceso a páginas sobre sexo en ordenadores situados en distintos lugares en mi casa.

12. Nadie sabe que uso mi ordenador con intereses sexuales.

13. He intentado ocultar lo que hay en mi ordenador o pantalla para que otros no puedan verlo.

14. Me he quedado despierto después de medianoche para acceder a material sexual online.

15. Uso internet para experimentar distintos aspectos de la sexualidad, como bondage, homosexualidad o sexo anal.

16. Tengo mi propio sitio web que contiene algún material sexual.

17. Me he prometido a mí mismo dejar de usar internet con intenciones sexuales.

18. A veces veo cibersexo como un premio por haber completado algo como, por ejemplo, terminar un proyecto o superar un día estresante.

19. Cuando no puedo acceder a información sexual online, me siento ansioso, enfadado o decepcionado.

20. He incrementado los riesgos que tengo online, como por ejemplo, dando mi nombre y número de teléfono o encontrándome con gente personalmente.

21. Me he castigado a mí mismo cuando uso internet por motivos sexuales: por ejemplo, no utilizando el ordenador durante un tiempo o cancelando alguna suscripción de internet.

22. Me he encontrado en persona con alguien que conocí por internet con motivos románticos.

23. Uso humor sexual o insinuaciones con otros mientras estoy online.

24. He encontrado material sexual ilegal en internet.

25. Creo que soy un adicto al sexo por internet.

Suma el número de respuestas que has marcado para determinar si el sexo por internet puede ser problemático para ti.

1-8: Riesgo bajo. Puedes tener o no un problema con tu comportamiento sexual en internet. Estás en el grupo de bajo riesgo, pero si internet está causando problemas en tu vida, busca a un profesional que pueda llevar a cabo más pruebas.

9-18: Riesgo moderado. Estás en riesgo de un comportamiento sexual que interfiere con áreas significativas de tu vida. Si estás preocupado por tu comportamiento sexual online y has notado consecuencias como resultado de tu comportamiento online, debes buscar un profesional que pueda evaluarte mejor y ayudarte con tus problemas.

20 o más: Riesgo alto. Estás en el riesgo más alto de que tu comportamiento online interfiera y ponga en peligro importantes áreas de tu vida (por ejemplo, social, laboral y educativa). Debes tratar tus comportamientos sexuales online con un profesional que pueda evaluarte mejor y ayudarte.

ReL

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lunes, 3 de junio de 2024

Grandes mitos del matrimonio y 7 claves de un sociólogo para tener éxito: «Puede durar para siempre»

Miguel Ángel Martín Cárdaba publica
«Por qué otros van a fracasar en el amor… pero tú no» (Rialp)


Un matrimonio.
Las estadísticas sobre estabilidad matrimonial no son esperanzadoras en Occidente: Miguel Ángel Martín Cárdaba las hace frente en su última publicación, "Por qué otros van a fracasar en el amor... pero tú no"



"Ya le cambiaré", "eso no es tan importante", "cada uno tiene su forma de pensar"… Ya sea en el romántico mundo de Netflix, en los tópicos de la autoayuda o en el día a día, las parejas que buscan formar un matrimonio estable, feliz y sin fecha de caducidad se encuentran con mensajes fáciles de asumir pero que chocan directamente contra lo que Miguel Ángel Martín Cárdaba llama "las matemáticas del amor".

Recientemente, el doctor en Comunicación, licenciado en Filosofía y diplomado en Sociología acuñaba el término en Por qué otros van a fracasar en el amor… pero tú no (Rialp). Y con él hace referencia a que, por mucho que predomine el enamoramiento o lo que uno esté dispuesto a engañarse, hay estadísticas que por lo general, no fallan. Tenerlas en cuenta son, a juicio del autor, esenciales para enfrentar otras matemáticas y que tampoco fallan, las que muestran que, al menos en Occidente, aproximadamente la mitad de parejas casadas se divorcia, un 15% se separa sin completar los trámites del juzgado y otro 7% "permanecen juntas pero crónicamente infelices".

Con este contexto, surge la duda legítima de si el amor puede durar para siempre. Millones de casos muestran que es posible, pero no basta con dejarlo todo al azar: según datos recogidos por Martín Cárdaba, la misma psicología humana parece estar orientada a que "el ciclo del amor está diseñado para durar alrededor de 4 años" según los antropólogos y, a partir de ahí, "la cosa se pone difícil".

El de Martín Cárdaba es un libro sencillo, directo y breve, de poco más de 135 páginas que combinan el puro y frío dato estadístico con una sinceridad mordaz y un sentido del humor que, por raro que parezca, no desentona con la seriedad de los objetivos que se propone. Entre ellos, el de responder a una pregunta: ¿Cómo elegir pareja y no morir en el intento?... Ni en el desarrollo.

Extraemos algunas de sus propuestas de su "Proceso de selección":

1º Elegir a la persona, ¿con Cupido o como un gestor?

Martín Cárdaba plantea si lo idóneo para elegir a la pareja con quien compartir el resto de la vida es hacerlo a través de las flechas de Cupido. Por el contrario, plantea, "no debería ser muy diferente al proceso de seleccionar un candidato para un puesto de trabajo". Esto "no significa que haya que ir por la vida encuestando candidatos", pero si considera importante "un enfoque con la misma dosis de cabeza y sensatez que de corazón y sentimiento: el amor es una aventura para la que hacen falta una serie de habilidades y capacidades concretas y no todo el mundo está capacitado para este reto. No basta con querer o desearlo, hace falta estar preparado".

`Por qué otros van a fracasar en el amor... pero tú no´, de Miguel Ángel Martín Cárdaba.

¿Qué es el amor? ¿Puede durar para siempre? ¿Cómo saber si la persona elegida es la adecuada? ¿Cuál es el secreto para no fracasar en el amor? Son solo algunas de las preguntas que aborda y responde Miguel Ángel Martín Cárdaba en `Por qué otros van a fracasar en el amor... pero tú no´. 

2º Mucho más que compartir una cosmovisión

Para el autor, "el quid de la cuestión no es simplemente compartir los mismos valores", sino la "importancia comparativa" que se le da a cada valor, es decir, la existencia de una "jerarquía de valores" que "determina cada una de las decisiones". "Es fundamental que cada uno esté de acuerdo con el destino final del viaje, pero exactamente igual de importante es estar también de acuerdo en cuáles son las formas válidas y aceptables de viajar", apunta.

3º Frente al gran mito: ¿Los polos opuestos se atraen?

Si algo abunda en el libro además de las cifras y argumentos que respaldan una afirmación es la refutación de lo que en muchas ocasiones no son más que mitos. Y uno de ellos es el de que los polos opuestos se atraen. El autor ha buceado en "montañas de evidencias científicas" que demuestran que "las personas que tienen intereses, orígenes socioeconómicos e incluso personalidades similares, generalmente experimentan mayores niveles de satisfacción y estabilidad".

De este modo, "lo que según la ciencia es cierto para los imanes, no suele cumplirse para las personas: "Una persona tímida y tranquila puede quedar inicialmente fascinada por la vitalidad de otro. Sin embargo, con el paso del tiempo, cada fin de semana corre el peligro de convertirse en un escenario en el que el plan de quedarse en casa con sofá, manta y Netflix del primero choca frontalmente con el plan de salir de fiesta `a darlo todo´ del segundo", ejemplifica.

4º Elegir un buen compañero de vida: un criterio crucial

Uno de los muchos "criterios clave" que ofrece el autor para saber si la persona elegida será o no un buen compañero de vida es el de "evaluar su actitud ante los problemas y dificultades, su reacción ante imprevistos y contrariedades, si se derrumba al menor contratiempo o mantiene la calma, si se sumerge en el fatalismo o se centra en cómo atajar el problema". Pero igual de importante o más que esto es "encontrar a alguien que no añada más problemas de los que ya hay". Según Cárdaba, "la tendencia a preocuparse y problematizar en exceso forma parte de un rasgo más amplio que los psicólogos denominan neuroticismo y que es el rasgo de la personalidad más relevante a la hora de predecir la satisfacción o insatisfacción de la vida en pareja".

Miguel Ángel Martín Cárdaba.

Miguel Ángel Martín Cárdaba es doctor en Comunicación, licenciado en Filosofía y diplomado en Sociología. Ha sido profesor visitante en la London School of Economics y docente en varias universidades. 

5º La proporción mágica, la verdadera "clave"

Dos de los especialistas citados por el autor son Gottman y Levenson, a raíz de su hallazgo de "la verdadera clave para evaluar y predecir la satisfacción y estabilidad de una pareja". Según estos, sería "la proporción que existe entre el número de interacciones positivas dividido por el de las negativas". Tras estudiar el modo de relacionarse de cientos de matrimonios, los expertos llegaron a la conclusión de que ni siquiera "un equilibrio entre ambas era suficiente". Según su investigación, las que se mantenían unidas y felices son aquellas que, incluso en pleno conflicto, "alcanzaban una proporción mínima de cinco positivas por cada una negativa". Por debajo de esa proporción mágica de cinco a uno, dice Cárdaba, la relación tiende a deteriorarse.

6º Saber cómo resolver conflictos… y lidiar con los no resueltos

Aunque saber resolver los conflictos es algo crucial, el comunicador menciona que según los expertos, el 69% de los problemas y desacuerdos que surgen en una relación no se resuelven nunca, de modo que, "como una mancha de boli en tu camisa preferida, siete de cada diez conflictos son para siempre" y surgen "a raíz de las irremediables diferencias que existen entre dos personas". Por eso, llama la atención de que hasta en siete de cada diez ocasiones, "más esencial que encontrar a alguien que sepa cómo resolver conflictos, es encontrar a alguien que sepa cómo lidiar con los conflictos no resueltos".

7º Tres cosas que no se pueden cambiar: el pasado, el clima y otras personas

Otra de las afirmaciones que aborda es la del "ya cambiará". En su opinión, aunque es cierto que la gente "puede evolucionar levemente e incluso cambiar comportamientos concretos", hay ciertos rasgos estructurales que son "bastante estables".

Por ello, resalta la importancia de "no caer en la clásica tentación de pensar que cuando las circunstancias sean otras, cuando se case o cuando tenga hijos, cambiará". O peor, agrega, "que tú le cambiarás". Según el autor, hay una lista de cosas que "por mucho que se quiera, no se puede cambiar", como "el pasado, el clima u otras personas". El autor no dice que la gente no pueda cambiar, pero sí reconoce que "la probabilidad de que ese cambio ocurra en el grado que se necesita o desea es muy escasa. Lo que se ve es lo que hay. Si hay algo de otra persona que te exaspera o disgusta, ve asumiendo que la cosa no va a mejorar demasiado".

José María Carrera, ReL

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miércoles, 9 de junio de 2021

¿Tengo derecho a ser feliz cuando los demás sufren?


 
 
La felicidad puede ser hiriente para quienes no la tienen. La alegría de unos puede dañar a otros. Entonces ¿qué hacer, no mostrar nunca alegría? ¡Todo lo contrario!


¿Tenemos de verdad derecho a ser felices?
¿Podemos lanzar nuestra felicidad a la cara de quienes sufren y viven tragedias?
Clémence vivió este dilema tras la muerte trágica, con 19 años, de la hija de unos muy buenos amigos. “Me sentía muy mal, como si hubiera dos mundos paralelos: un mundo donde todo iba bien y otro mundo sinónimo de tragedia. Pensaba en ello sin cesar. Me sentía impotente. Encontraba a mi familia impertinente y egoísta. Es muy complicado posicionarse en relación a lo insoportable”.
Es natural sentirse zarandeado por un suceso dramático. Pero quedarse bloqueado en reacciones emocionales y de indignación nos encierra en un repliegue sobre nosotros mismos que siempre es estéril.
Para esta pregunta que nos atañe a todos en un momento u otro, el padre Jean-Dominique Dubois responde: “El cristiano que ha encontrado a Jesús no solo puede ser feliz, ¡sino que tiene el deber de ser feliz! Dios no quiere el sufrimiento de las personas, sino su felicidad. Quiere hacerles vivir su alegría”.
Sin embargo, el mal se desata y afecta a seres humanos de todo el mundo. Por compasión, ¿no debemos disimular un poco nuestra felicidad para ser solidarios con quienes sufren?
Según Jacques Philippe, hay que tener cuidado con no generalizar excesivamente el “todo va mal”. “Es un sentimiento psicológico que no se corresponde en absoluto con la realidad. Algunas cosas van mal, pero otras van bien. En el mundo hay amor y generosidad. Y Dios no dejará nunca de amarnos y de ocuparse de nosotros. Así que podemos apoyarnos sobre una realidad bella y sólida para esperar y encontrar la valentía de amar”, precisa el sacerdote.
“¡El miedo es lo contrario de la fe!”, recuerda el padre Jean-Dominique Dubois. Y añade: “Nos culpabilizamos a menudo por negación de nuestros límites y porque hemos expulsado completamente a Dios”.

La auténtica alegría

Es crucial que cada uno busque su felicidad a pesar de que los vientos sean desfavorables. Pero lo cierto es que no siempre se busca en el lugar adecuado… Cuando se vive centrado en uno mismo, en el interés personal, la felicidad puede desaparecer fácilmente ante las contrariedades y las dificultades.
El padre Dubois está convencido de ello: “La verdadera alegría, la que Dios nos ofrece, está más allá de los sentimientos. Va a dar a la felicidad humana su auténtica dimensión, a irrigar todas nuestras dichas humanas y transfigurar nuestros dolores”.
¿Cómo se recibe este don? Con un acto de fe. “Hay que creer que el Señor quiere de verdad hacernos este regalo y hay que ponerse de rodillas para recibirlo. En cada eucaristía, Dios nos da toda su dicha. ¡Deberíamos dejarla estallar después de cada misa!”, comenta el padre Jean-Dominique Dubois.
Y continúa: “¡Dios me venció con su felicidad! Desde que yo era muy joven, el Señor puso en mi corazón una alegría extraordinaria que me desborda completamente. ¡Me hice sacerdote porque no puedo hacer otra cosa que transmitirla! Soy un servidor de la alegría. Y mi mayor felicidad como sacerdote es ver a hermanos y hermanas tomando este camino de la dicha”.
En efecto, todos estamos en deuda con los demás por la felicidad que el Señor nos da. Se agrieta si nos la guardamos para nosotros mismos o para nuestros pequeños grupos cerrados.
“Al final de los tiempos, accederemos todos a la plenitud de la felicidad. Nos corresponde a nosotros compartir nuestras alegrías y sufrimientos”.
Pero, ¿cómo mostrar nuestra alegría a alguien que sufre sin herirle, sin agredirle?

 
“Hay que respetar su dolor y recibir sus emociones negativas – responde el padre Jacques Philippe.- Que el otro se sienta comprendido en su angustia. Pero, al mismo tiempo, hay que conservar esta alegría simple y humilde que es la dicha de la esperanza y transmitirla en la medida de lo posible”.
Dios no abandona a nadie en el sufrimiento, aunque parezca silencioso. Él envía su amor delicadamente, con pequeñas pinceladas, y cuenta con nosotros para difundir su paz y su alegría. Depende de cada uno reunirse con los demás con sus talentos y su gracia propios.
“A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”, decía la Madre Teresa.
Para responder al mal, al sufrimiento, debemos ser testigos de la alegría.
Es la alegría de Cristo, en la comunión con el Padre, la alegría de amar y ser amado con un amor único, absoluto. Y continúa el sacerdote: “No olvidemos que Jesús entró en su Pasión dando gracias, no por masoquismo, ¡sino porque Él puede por fin salvar a los hombres que somos y atraernos en su alegría!”.
“La gente te dice gracias no porque hayas encontrado una solución a su sufrimiento, sino porque, a través de tu amistad, han percibido que eran amados de una forma única y absoluta”, concluye el padre Jean-Dominique Dubois. “Así que sí, ¡alegrémonos con verdadera felicidad!”
Solange du Hamel, Edifa Aleteia