Robert (Robin) Westman tenía un auténtico problema con su identificación sexual, aunque no se ha dado a conocer si se sometió a tratamientos o solo hizo un cambio legal de sexo.
La personalidad y motivaciones del joven varón trans de 23 años Robert Westman (Robin tras asumir legalmente el sexo femenino) es la principal incógnita que presenta el crimen que cometió este miércoles en la escuela católica de la Anunciación en Minneapolis.
Este jueves se desveló la identidad de las dos víctimas mortales, asesinadas cuando asistían a misa en el arranque del curso escolar.
Se trata de Harper Moyski, de 10 años, y Fletcher Merkel, de 8 años. Sus familias emitieron sendos comunicados de pesar y agradecimiento, y expresando el deseo de que nunca se repita una tragedia semejante y de que se den pasos significativos "ante la violencia con armas y la crisis de salud mental" en el país.
Harper Moyski (a la izquierda) y Fletcher Merkel, los dos niños asesinados cuando asistían a misa en su colegio.
También se supo que uno de los dos niños en estado crítico es la pequeña Sophia Forchas, de 12 años, que fue atendida por su propia madre, enfermera en la unidad de cuidados intensivos pediátricos en la clínica Hennepin, a la que acudió para ayudar en cuanto supo lo sucedido sin saber que su hija estaba entre los heridos.
De los 18 heridos, todos son niños salvo tres octogenarios fieles de la parroquia, y no se espera que ninguno corra peligro vital.
El odio, contra todos... pero los disparos, contra niños en misa
¿A quién odiaba exactamente Westman para provocar una carnicería tan cruel como ha sido y pretendía? La policía ha recogido en el lugar de los hechos 116 cartuchos de fusil, tres de escopeta y uno de pistola, que parece haberse encasquillado al dispararse.
¿Contra quién dirigía su rabia? Aborrecía a los niños y se complacía en fantasías violentas sobre matarlos y convertirse "en el monstruo horrible y espantoso que se alza sobre esos críos impotentes".
Según el fiscal de Minnesota al cargo del caso, Joe Thompson, Robert/Robin "estaba obsesionado con matar niños" y dejó cientos de páginas de "odio puro e indiscriminado": "Expresó su odio contra casi cualquier grupo imaginable. Expresó odio contra los negros. Expresó odio contra los mexicanos. Expresó odio contra los cristianos. Expresó odio contra los judíos. Parecía odiarnos a todos", aunque sin embargo expresaba su admiración hacia otros asesinos en colegios, a quienes terminó imitando.
La madre, por ahora, no colabora
Alguien que podría ayudar a esclarecer sus intenciones es su madre, Mary Grace Westman, ex empleada de la escuela durante cinco años hasta 2021. Pero en el momento de escribirse estas líneas ni se ha puesto en contacto con la Policía ni ha sido localizada por ésta.
Los Westman son una familia católica, y el propio Robert acudió al colegio donde perpetró la matanza, en el que se graduó en 2017.
Mary Grace firmó en 2020 los papeles en los que su hijo se cambiaba legalmente de sexo, una decisión que, si bien no está claro si guarda relación con el crimen, sí que parece estar relacionada con la perturbada identidad del criminal.
NBC News recoge el testimonio de un antiguo trabajador de la escuela que afirma que Robert/Robin solía visitar el despacho del director por problemas de disciplina y que no tenía amigos. Su madre le comentó los problemas que el cambio de sexo de 'Robin' suponían para su propia fe católica: "Decía 'No sé qué pensar al respecto'... No sabía qué sentía, pero le pesaba mucho".
Se lavó el cerebro a sí mismo como trans
Según los datos recopilados por el New York Post a raíz de su diario manuscrito, que él mismo mostraba en Youtube, el joven también parecía arrepentirse de su 'transición': "Solo lo conservo [el pelo largo] porque es prácticamente el último vestigio de ser trans. Estoy cansado de ser trans. Ojalá nunca me hubiese lavado el cerebro a mí mismo".
"Me arrepiento de ser trans", insistía: "Ojalá fuese mujer, pero sé que no puedo conseguir ese cuerpo con la tecnología de la que disponemos hoy. Y tampoco puedo pagármelo".
Esta dicotomía le producía una auténtica desazón: "Me gusta sentirme sexy y mona, pero mi rostro nunca se corresponde con lo que siento. Odio mi cara. Quizá por eso me gusta tanto disfrazarme. Puedes darte a ti misma un cuerpo y una cara nuevos".
Robin/Robert Westman
O, en otra página: “No quiero vestirme de chica todo el tiempo, pero creo que a veces realmente me gusta. Sé que no soy una mujer, pero definitivamente no me siento como un hombre".
El cuaderno en el que Westman ideó la masacre en la iglesia.
"No puedo cortarme el pelo ahora porque supondría una vergonzosa derrota", añadía, "y podría suponer un preocupante cambio de carácter por el que podría ser denunciado. Simplemente, me estorba".
"Es probable que me lo corte el día del ataque", sentenció.
Inocente Duke es solo uno de los miles de personas que han logrado cambiar de sexo en España sin trámites con tan solo manifestar su deseo al registro civil, tras la aprobación de la Ley Trans.
Este 23 de febrero se cumple un año desde que Irene Montero, cuando aún era ministra de Igualdad, ocupó las portadas por "desmontar" lo que consideraba el principal "bulo" sobre la ley trans aprobada días antes, el 16 de febrero de 2023.
"No creo que en haya ningún hombre en nuestro país que quiera ir al registro a decir que es una persona que no es para tener unas supuestas ventajas que son todo lo contrario", aseguró.
Entre 2004 y 2023, el número de personas que llevaron a cabo el llamado "cambio de sexo" apenas superó los 1300 casos en ningún año. Según datos oficiales recogidos por El Debate, 2022 ha sido el año que más casos se habían dado, 1306, seguido de 2021, con 1091 cambios.
En lo relativo a 2023, sorprende el crecimiento exponencial de cambios de sexo, que se multiplicaron por cuatro al pasar de 1306 a 5139. Un incremento al que parece haber contribuido sin duda la Ley Trans impulsada por Montero, que entre otras medidas permite el cambio de nombre y sexo en el Registro Civil a menores de edad desde los 16 años sin ningún requisito.
Según la resolución del Portal de Transparencia a la que ha tenido acceso El Debate, una importante mayoría de los cambios registrales son relativos a hombres que cambiaron su sexo al de "mujer", con más del 61%, mientras que los cambios de mujer a hombre se cifran en un 38,5%.
Además, los datos configurados a partir de Inforeg y Dicireg agrupan solo los cambios informatizados, por lo que la cifra podría ser mayor y los datos facilitados se consideran "parciales".
Aunque Montero afirmó que no se darían casos para beneficiarse de ventajas o beneficios de los que gozan las mujeres, los datos son llamativos en diversos registros civiles como el de La Coruña, que solo durante la primera semana tras la aprobación de la norma, la cifra de hombres que pidieron cambiar su sexo superó en más de 40 casos a las mujeres. En el de Oviedo fueron cuatro solicitudes, todas para un cambio a sexo femenino, al igual que en Granada, donde las dos peticiones fueron en la misma dirección.
La justificación de estos datos parece tener poca explicación al margen de buscar unas condiciones legales concretas: lo que permite la ley precisamente es poder cambiar el sexo registral sin ningún requisito, y por supuesto sin necesidad de haber alterado o mutilado los genitales en una operación previa para justificarlo.
Si así fuera, los datos serían opuestos: la mayoría de intervenciones quirúrgicas de "cambio" de género son de mujeres a hombres, como muestran los informes, desde el Transit de Cataluña de 2022 a los datos de la extinta clínica Tavistock de Reino Unido: en septiembre de 2018, la ministra de igualdad británica, alarmada por el aumento del 4.400% de niñas solicitantes de tratamientos de transición en menos de una década, encargó una investigación independiente que ha dio lugar al Informe Cass.
Todo ello coincide con el diagnóstico de expertos del ámbito sanitario que responsabilizan de una "moda" o "boom" al incremento, que no parece surgir espontáneamente entre la población, especialmente la infantil o juvenil.
Según Feministes en Cataluña, el aumento [de cambios de género] es alarmante entre las niñas preadolescentes y adolescentes: el 70% de los casos en los grupos de edad de 10 a 14 años y de 15 a 18 años son niñas y chicas. Es más, a pesar de que el incremento es también alarmante entre los niños, solo entre el 2015 y el 2021 se ha producido un incremento del 5.700% en niñas de 10 a 14 años entre los casos tratados por el Servei Trànsit.
El "bulo" que pretendía desmontar Montero encuentra no pocos casos de hombres que han cambiado legalmente su sexo a mujer sin haber tenido una destacada trayectoria o muestras de disforia.
Es el caso de Inocente Duke
Pero también de Roma Gallardo
Incluso del polémico militar Francisco Javier, quien no duda en afirmar "ser mujer" y se encuentra en pleitos para poder usar baños femeninos en el ejército.
La psiquiatra Riittakerttu Kaltiala comprobó los daños
y los denunció enseguida
La psiquiatra Riittakerttu Kaltiala fue de los primeros médicos en aplicar los protocolos de afirmación de género, y también de los primeros en ver sus efectos negativos y decirlo honestamente.
La doctora Riittakerttu Kaltiala, de 58 años, es una psiquiatra finlandesa jefa del departamento de Psiquiatría Adolescente en el hospital universitario de Tampere y autora de más de 230 artículos de su especialidad. Se introdujo en esa especialidad porque siempre le había “fascinado” el proceso de maduración de niño a adulto y la forma en que se define el papel que cada cual quiere jugar en el mundo.
Cuando empezó a trabajar, la disforia de género ya era bien conocida. La “medicina transgénero” nació en los años 50.
Durante todo el siglo XX y comienzos del siglo XXI, se aplicó en su mayoría a varones adultos que habían experimentado durante toda su vida una inadaptación a su sexo biológico, y a quienes se trataba con estrógenos y cirugía para ayudarles a vivir como mujeres. Los investigadores empezaron a considerar entonces si habría una forma de anticipar esa “transición” para evitar un tratamiento adulto, que en ocasiones suponía grandes dificultades.
En 2011, unos médicos holandeses publicaron un artículo donde sostenían que si los jóvenes con disforia de género bloqueaban farmacológicamente su pubertad natural, recibiendo las hormonas contrarias, empezarían antes a vivir antes su vida transgénero. El que se denominó “protocolo holandés” fue adoptado enseguida también a nivel internacional.
“Al mismo tiempo”, explica la psiquiatra en un reciente artículo en The Free Press, “surgió un movimiento activista que proclamaba la transición de género no como un simple procedimiento médico, sino como un derecho humano”. Este movimiento logró penetrar con fuerza en los medios y aprovechar las incipientes redes sociales, lo que decidió al ministerio finlandés de Asuntos Sociales y Salud Pública a establecer un programa nacional para la identidad de género en menores.
Se le encargó a dos hospitales que ya lo hacían con adultos. En uno de ellos trabajaba la doctora Kaltiala, a quien pusieron al frente del nuevo servicio.
Ella tenía sus reparos: “Se nos pedía intervenir en cuerpos sanos basándonos solamente en los cambiantes sentimientos de un joven sobre el género. La adolescencia es un periodo complejo en el cual los jóvenes consolidan su personalidad, exploran sus sentimientos sexuales y se van haciendo independientes de sus padres. La identidad es la conclusión de un correcto desarrollo adolescente, no su punto de partida”.
Tras un debate bioético en el que Riittakerttu expresó su opinión de que la transición de género “interrumpía y alteraba una etapa crucial de desarrollo psicológico y físico”, la directriz nacional se impuso y empezaron a aplicar el protocolo pedido.
La doctora Kaltiala conoció y evaluó personalmente a la mayoría de los pacientes tratados en ambas clínicas: más de 500. “En los primeros años, nuestro departamento psiquiátrico dio el visto bueno a la transición en el 50% de los casos. En años más recientes, esa aprobación ha caído al 20%”.
Las "sorpresas"
¿Qué pasó? Hubo “sorpresas”. Por ejemplo, en cuanto se abrió el servicio “no solo llegaron pacientes, sino que llegaron en manada: en todo el mundo occidental, el número de los niños con disforia de género se disparó”.
Casos de disforia de género en Suecia entre 2001 y 2021. En verde oscuro, las chicas entre 13 y 17 años. Se aprecia cómo los casos se disparan a partir de 2011. Fuente: Society for Evidence Based Gender Medicine.
Una segunda sorpresa fue que los pacientes que llegaban no se parecían en nada a los descritos por el protocolo holandés, que eran varones mentalmente sanos que llevaban desde niños considerando la idea de ser niñas. “Esperábamos un pequeño número de chicos que persistentemente se declaraban niñas. Por el contrario, el 90% de nuestros pacientes eran chicas entre 15 y 17 años, la gran mayoría de las cuales presentaban problemas psiquiátricos graves”, recuerda.
Unos problemas básicamente de origen social: familias disfuncionales, soledad, problemas académicos, acoso… Tenían trastornos de depresión y ansiedad, alimentarios, de autolesión, episodios psicóticos, etc., y un 25% en el espectro autista.
Tercera sorpresa: casi todos habían experimentado la disforia de género de forma repentina en la adolescencia. “Venían ahora a nosotros porque o bien alguien de una organización LGBT le había dicho a sus padres -normalmente a las madres- que el problema real de su hijo era la identidad de género, o bien el niño había visto algo en internet sobre los beneficios de la transición”.
La realidad
La medicina de género “se politizó rápidamente”, tanto que no se reparó en lo que estaban afirmando los activistas: “Los activistas -incluidos profesionales médicos- afirmaban no solo que los sentimientos de estrés de género desaparecerían inmediatamente si los jóvenes empezaban la transición, sino que esas intervenciones aliviarían además todos sus problemas mentales”.
Kaltiala, al ver tanta disparidad entre la población analizada por el protocolo holandés y lo que ellos veían en su consulta, consultó a otros colegas europeos, por si hubiese algún sesgo en la población finesa que explicase la disparidad. Pero se encontró con que “todo el mundo se estaba encontrando con una similar avalancha de casos de niñas con múltiples problemas psiquiátricos, y también se sentían confusos con ello”.
El miedo
“Muchos dijeron que era un alivio saber que su experiencia no era única. Pero nadie lo decía públicamente”, comenta. Acababa de descubrir el verdadero problema: “Había una sensación de presión para aplicar lo que se suponía iba a ser un nuevo tratamiento maravilloso... Poco después de que nuestro hospital comenzase a ofrecer intervenciones hormonales para estos pacientes, empezamos a ver que el milagro que se nos había prometido no estaba teniendo lugar", lamenta.
Estaban viendo "justo lo contrario": "Los jóvenes a quienes tratábamos no mejoraban. Al revés, sus vidas se deterioraban. En ocasiones, ellos insistían en que sus vidas habían mejorado y eran más felices. Pero, como médico, yo podía ver que estaban yendo a peor. Se apartaban de toda actividad social. No hacían amigos. No iban a la escuela. Trabajando en red con colegas de varios países, ellos decían que veían lo mismo".
Riittakerttu y varios compañeros finlandeses categorizaron a sus pacientes y publicaron en 2015 un estudio que fue el primero donde un especialista de género planteaba serias dudas sobre este nuevo tratamiento.
Esperaba que surgiera debate, pero no lo hubo: “En vez de reconocer los problemas que describíamos, se empeñaron aún más en difundir estos tratamientos”.
Si antes la doctora Kaltiala había hecho mención a los “activistas”, sugiriendo un interés ideológico, ahora sugiere otro más sencillo y universal: el dinero.
El 28 de octubre de 2022, la doctora Kaltiala intervino en un encuentro conjunto del Florida Board of Medicine y del Florida Board of Osteopathic Medicine para aportar su punto de vista sobre la transición de género en menores. (La intervención tiene subtítulos en inglés.)
En Estados Unidos, la primera clínica de género pediátrica abrió en Boston en 2007. Quince años después hay más de cien. Los protocolos estadounidenses ponían aún menos límites que el protocolo holandés. Una investigación de la agencia Reuters descubrió que algunas clínicas aprobaban el tratamiento hormonal en la primera visita del menor: “Estados Unidos fue pionero en un nuevo tratamiento estándar, denominado ‘afirmación de género’, que apremiaba a los médicos a, simplemente, aceptar la afirmación del niño de su identidad trans y a dejar de ser un obstáculo que plantease dudas sobre la transición”.
El contagio social y las campañas mediáticas
También en torno a ese año de 2015, a la clínica de Tampere empezaron a llegar grupos de chicas procedentes de la misma localidad y el mismo colegio, contando historias similares, incluso las mismas anécdotas infantiles, y con una aparición repentina de la convicción de ser transgénero, sin que hubiese una historia previa de disforia: “Nos dimos cuenta de que actuaban de forma común e intercambiaban información sobre qué debían decirnos. Fue así como tuvimos nuestra primera experiencia de contagio de origen social de la disforia de género. Algo que estaba pasando en todas las clínicas de género pediátricas del mundo, aunque, de nuevo, nadie se atrevía a hablar de ello”.
“Comprendo ese silencio”, afirma Kaltiala: “Cualquiera -médicos, investigadores, profesores, escritores- que plantease su inquietud sobre el creciente poder de los activistas de género y sobre los efectos sobre los jóvenes de la transición médica era sometido a campañas organizadas de denigración y a amenazas sobre su carrera profesional”.
Pese a semejante presión, en 2016 las dos clínicas de género pediátricas finlandesas cambiaron su protocolo, privilegiando el abordaje de los problemas psiquiátricos de los pacientes antes que la afirmación de género. Fueron sometidas a una virulenta campaña política y mediática, culpabilizándoles con el habitual desfile de casos victimizados.
Los "detransicionadores"
Pero Riittakerttu afirma que fue formada en que los tratamientos médicos deben basarse en pruebas, y que si un tratamiento no funciona, “es tu deber investigar e informar a tus colegas y a la opinión pública, y dejar de aplicar ese tratamiento”. En 2015 ella pidió a un comité nacional de asesoramiento sanitario que estableciese directrices nacionales. En 2018 reiteró su petición, y esta vez fue atendida.
Poco después, a los ocho años de haber abierto el servicio, empezaron a llegar antiguos pacientes arrepentidos de su transición y pidiendo volver a su sexo biológico: “Eran pacientes que se suponía que no existían. Los autores del protocolo holandés afirmaban que la proporción de arrepentimiento era minúscula”. Y no era así: “Los fundamentos del protocolo holandés se estaban desmoronando”.
Se había dicho que solo el 1% de quienes transicionaban querían luego detransicionar. Pero un nuevo estudio, explica la doctor Kaltiala, muestra que cerca de un 30% de pacientes simplemente dejan de tomar las hormonas prescritas antes de los cuatro años de tratamiento.
Oli London empezó su proceso de 'detransición' a principios de este año, tras comprender el error que cometió.
Hay una explicación para esto. Los adolescentes que transicionaron no eran conscientes de lo que supone llegar a la edad adulta y ser estériles, sufrir disfunciones sexuales o no encontrar pareja: “Es devastador hablar con pacientes que dicen que fueron ingenuos y les aconsejaron mal sobre lo que supondría para ellos la transición, y que ahora sienten que fue un terrible error. Básicamente, estos pacientes me dicen que estaban tan convencidos de que necesitaban la transición que ocultaron información o mintieron durante el proceso de valoración”.
Entrando en razón
En 2018, Riittakerttu publicó otro estudio junto con varios colegas sobre el origen del gran número de nuevos casos de disforia de género en adolescentes. En él recordaban que el 80% de los niños con disforia de género la resuelven de forma espontánea si se les deja seguir su pubertad natural, y con frecuencia se identifican como homosexuales.
En junio de 2020, las autoridades sanitarias finlandesas publicaron nuevas recomendaciones, concluyendo que los estudios que pregonaban el éxito del modelo de “afirmación de género” eran parciales y poco fiables. Y planteaba que a los jóvenes que piden transición de género deben instruírseles sobre “la realidad de lo que implica involucrarse en un tratamiento médico para toda la vida, la permanencia de los efectos, los posibles efectos adversos físicos y mentales”, y que cualquier decisión que tomasen tendría consecuencias “el resto de su vida”. Y proponía directamente que, por todas estas razones, la transición de género debe posponerse “hasta la edad adulta”.
Tras Finlandia, Suecia y el Reino Unido han llegado a conclusiones similares. Por eso a la doctora Kaltiala le escandaliza que el sistema sanitario estadounidense siga ciego a esta realidad. “Se supone que las organizaciones médicas deben prescindir de la política para establecer estándares que protejan a los pacientes. Sin embargo, en Estados Unidos estos grupos -incluida la Academia Estadounidense de Pediatría- son activamente hostiles al mensaje apremiante que les dirigimos mis colegas y yo”.
De hecho, rechazaron dos contribuciones que enviaron al congreso anual de la Academia Estadounidense de Psiquiatría infantil y adolescente: “Esto es enormemente inquietante. La ciencia no progresa mediante el silenciamiento. Los médicos que rechazan considerar las pruebas presentadas por los críticos están poniendo en riesgo la seguridad de sus pacientes”.
El riesgo de suicidio
Como psiquiatra, Riittakerttu también lamenta que los médicos de género adviertan a los padres del elevado riesgo de suicidio de sus hijos si no les siguen la corriente de la transición: “La muerte de cualquier joven es una tragedia, pero la investigación muestra que el sucidio es muy raro. Es deshonesto y extremadamente antiético presionar a los padres a que aprueben la medicalización de género exagerando el riesgo de suicidio”.
En el mismo sentido, este año el presidente de la Sociedad Endocrina de Estados Unidos afirmó en The Wall Street Journal que la transición hormonal “salva vidas” y “reduce el riesgo de suicidio”. La doctora Kaltiala y otros veinte médicos de nueve países escribieron una carta de respuesta refutando esa afirmación: “Hasta la fecha, todas las revisiones sistemáticas de las pruebas, incluida una publicada en el Journal of the Endocrine Society, han encontrado que las pruebas de los beneficios para la salud mental de las intervenciones hormonales en menores tienen una certeza baja o muy baja”.
“La medicina, por desgracia”, concluye, “no es inmune a pensamientos de grupo peligrosos que resultan en detrimento del paciente… La transición de género se nos ha ido de las manos”.
Los católicos afirman el sexo dado por Dios al tiempo que reconocen el dolor y las luchas de cada persona, explica el arzobispo Coakley en una carta pastoral
En una carta pastoral reciente, el obispo Paul Coakley de Oklahoma City abordó la disforia de género y una variedad de temas que la rodean, y el movimiento transgénero en general.
El prelado hace un análisis teológico y científico de la tendencia, al tiempo que ofrece empatía a quienes luchan contra la disforia de género, afirmando el amor que Dios tiene por todos sus hijos.
Hay mucho que ver en la carta de 10 páginas del arzobispo Coakley, así que echemos un vistazo a algunas de sus claves.
Teología
El arzobispo empieza explicando que fuimos creados a imagen de Dios con el propósito de amar.
El cuerpo y el alma son regalos de Dios, y el propósito de los dos sexos es amar y multiplicarse.
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El cuerpo humano es inherentemente bueno, lo cual se enfatizó cuando Jesús tomó nuestra carne humana. Él no se despojó de su humanidad ni siquiera después de su resurrección.
«El papa Francisco enfatizó que el ‘sexo biológico y el rol sociocultural del sexo (género) pueden distinguirse pero no separarse‘. Si el género ha de servir al individuo, no debe limitarse a estereotipos rígidos ni desvincularse del sexo que fundamenta su significado».
A continuación Coakley explica que la libertad de la humanidad ha sido distorsionada por el pecado desde la Caída, con el pecado original en el Jardín del Edén.
El pecado original nos puede desconectar del Bien último -Dios-, y buscamos llenar este hueco con otros bienes, e incluso identidades, para encontrar satisfacción, con «el deseo de poder, el sexo, el alcohol, internet y el ruido constante en un intento inútil de satisfacer el dolor de nuestra alma».
El arzobispo empatiza con aquellos que buscan un respiro al dolor de no lograr esta satisfacción identificándose como el sexo opuesto, o con una variación «no binaria», «porque cada uno de nosotros en nuestras propias circunstancias únicas ha buscado descansar en algo que no es Dios».
Coakley señala que el pecado y las injusticias pueden oscurecer el reconocimiento de que el cuerpo es un don, y estos se combinan con nuestra «naturaleza caída» para convertirse en factores que exacerban las «desarmonías internas y externas» que pueden impedir el reconocimiento de la bondad inherente del cuerpo.
Esto puede resultar en una «discordia en la unidad del cuerpo y el alma», que a menudo experimentan quienes luchan contra la disforia de género.
Esto, el prelado lo llama un «tremendo sufrimiento«, por lo que implora a los cristianos que «vayan con suavidad y gran compasión” en la búsqueda de la verdad en relación con situaciones tan dolorosas.
Estadísticas y bienestar
En reconocimiento de este dolor, el arzobispo Coakley cita estadísticas relacionadas con aquellos que se identifican como transgénero en los Estados Unidos, de los cuales se estima que el 40% ha intentado suicidarse al menos una vez (una tasa nueve veces mayor que la población general).
Además, casi la mitad (47 %) de las personas que se identifican como transgénero informaron haber sido agredidas sexualmente y más de la mitad (54 %) han sido objeto de acoso verbal.
Esta porción de la población también corre un mayor riesgo de desarrollar muchos problemas, incluidos los trastornos alimentarios, los trastornos disociativos y el abuso de sustancias.
El arzobispo invita a los católicos a preocuparse por el bienestar de las personas transgénero, además de condenar todas las formas de violencia e injusta discriminación contra ellas.
Cita la indicación de Cristo de «amar como hemos sido amados» (Juan 13,34) y nos recuerda que Cristo murió para redimirnos a todos.
«Amar como Cristo significa desear el bien de las personas en nuestra vida y caminar con ellas, independientemente de su grado de apertura al bien«.
La respuesta católica
Con esto expuesto, el arzobispo Coakley presenta la auténtica respuesta católica a la disforia de género, que advierte que debe evitar los extremos: que el sexo biológico es el final de la conversación, o que la verdad del cuerpo debe ignorarse en favor de la falsa esperanza de aliviar el dolor de una persona a través de la transición.
Los católicos, desafía el arzobispo Coakley, deben afirmar el sexo dado por Dios, al mismo tiempo que reconocen el dolor y las luchas de la persona que hay frente a nosotros.
Esto nos exige escuchar desde un lugar de empatía, así como extender la invitación a recibir el don de Dios del cuerpo sexuado.
Además, debemos reconocer que «todos los deseos tienen su raíz en algo bueno», aunque esos deseos estén fuera de lugar:
«En última instancia, significa invitar a la persona que sufre a entregarse a la verdad. A través de su confianza en Jesucristo, pueden recibir la seguridad de que a pesar de los desafíos y el dolor de alinear el género con el sexo dado por Dios, en última instancia, será para su felicidad, santidad y paz».
A los transexuales
Respecto a aquellos que están luchando, el arzobispo Coakley reafirma que «Dios nos conoce y nos ama, a todos nosotros».
«Nos reconoce a todos como hijos suyos y ve nuestras dolorosas luchas, invitándonos siempre a seguirlo más profundamente».
Si bien admite que el camino que la Iglesia ha trazado para las personas transgénero es «arduo y actualmente contracultural», señala que «también es un camino glorioso y lleno de gracia en el que Jesús ofrece una plenitud y una santidad cada vez más profundas».
Citando los escritos de san Pablo en 1 Corintios 12, 26 »si un miembro sufre, todos sufren juntamente; si un miembro es honrado, todos se regocijan juntos», el arzobispo deja claro el deseo de la Iglesia de acompañar a las personas transgénero en sus luchas, junto a Cristo.
Reitera que las personas transgénero son parte de la Iglesia y escribe que «ustedes pertenecen aquí y, de verdad, son bienvenidos aquí».
A los padres
En cuanto a los padres de niños que luchan contra la disforia de género, el arzobispo Coakley reconoce las dificultades de ver a un niño con dolor y lamenta que no haya una solución rápida que satisfaga a todas las partes.
Afirma que los padres deben acercarse a sus hijos con «amor incondicional, paciencia y humildad», ofreciéndose a escuchar sus preocupaciones con empatía.
Debemos tener en cuenta que el género no constituye la totalidad de la vida de nadie y que una identidad de género percibida no los hace menos humanos, ni que dejen de ser nuestros hijos.
También advierte a los padres que no se sumerjan en la «terapia de afirmación de género», incluidos los bloqueadores de la pubertad y las cirugías de transición de género, que la investigación científica ha demostrado que son opciones menos útiles.
El prelado cita datos según los cuales los niños que se han sometido a opciones quirúrgicas para tratar la disforia de género tienen «tasas mucho más altas de suicidio e intentos de suicidio que sus pares».
También señala que los «bloqueadores de la pubertad y las hormonas del sexo opuesto son experimentales» y que no hay estudios actuales que midan los efectos a largo plazo de dicho tratamiento en el desarrollo de los adolescentes.
Dirige a los padres hacia la consejería católica como una forma de apoyar a sus hijos en estos tiempos de lucha, tanto para el niño como para ellos.
Y advierte que los padres deben evitar el aislamiento y buscar el apoyo de amigos de confianza o de un párroco.
Lo más importante: los padres deben pedirle al Señor que los acompañe en este viaje e invitar a Jesús a tocar los corazones de todas las partes involucradas a través de la oración y los sacramentos.
A todos los católicos y personas de buena voluntad, el arzobispo Coakley nos llama a «dar testimonio de la verdad inscrita en cada cuerpo humano», y hacerlo con amor.
«El amor requiere que ofrezcamos la verdad en el momento y de la manera que sea apropiado para la relación para que la verdad pueda ser recibida».
Abordar el tema con «compromiso compasivo» es un aspecto crucial que todos debemos tener en cuenta si tenemos la oportunidad de acompañar a alguien que lucha contra la disforia de género.
El movimiento transgénero
Finalmente, el arzobispo Coakley se refiere al transgénero como un movimiento que se ha vuelto frecuente en la cultura y la política en los últimos tiempos.
Si bien critica al movimiento por intentar promover y normalizar el transgenerismo, insta a distinguir el movimiento de las personas que luchan contra la disforia de género. Sobre el movimiento transgénero escribe:
«El movimiento transgénero tiene sus raíces en una forma moderna de dualismo donde cuerpo y alma/mente/espíritu son realidades separadas.
Desde este punto de vista, la persona humana es el habitante inmaterial de un anfitrión físico.
Por lo tanto, el cuerpo material puede ser manipulado al servicio del alma/mente/espíritu inmaterial.
Donde el movimiento transgénero ve una desconexión entre lo material y lo inmaterial, los católicos ven una hermosa unidad como se describe anteriormente en esta carta».
El arzobispo Coakley concluye pidiendo la intercesión de María, quien «dio un ‘sí’ de todo corazón a Dios en todas las cosas».
La Santísima Madre experimentó los misterios de la Encarnación de primera mano y acompañó a su hijo, Jesús, hasta la Cruz, compartiendo su dolor.
Finalmente, el obispo anima a rezar esta oración del papa Francisco a María, Madre de la Iglesia:
Oración
¡Madre, ayuda nuestra fe!
Abre nuestro oído a la Palabra, para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.
Aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos, saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.
Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.
Ayúdanos a fiarnos plenamente de él, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe es llamada a crecer y a madurar.
Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado.
Recuérdanos que quien cree no está nunca solo.
Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que él sea luz en nuestro camino.
Y que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el día sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor.
En los colegios italianos existe el denominado 'alias escolar', un procedimiento administrativo circunscrito exclusivamente al ámbito académico, que permite a los alumnos trans escoger la 'identidad de género' con la que quieren ser reconocidos por profesores y compañeros. Los problemas de su aplicación han dado lugar a la habitual campaña mediática de apoyo a los menores que quieren hacer su 'transición' de sexo.
Para aclarar conceptos sobre la disforia de género y alertar del auténtico abuso de menores que supone impulsar a niños a tratamientos hormonales y quirúrgicos irreversibles y potencialmente muy dañinos, el doctor Massimo Gandolfini ha escrito un completo artículo en el mensual católico de apologética Il Timone:
Massimo Gandolfini es psiquiatra, profesor universitario de Neurología y Neurocirugía y director del departamento de Neurociencias en el hospital Fondazione Poliambulanza de Brescia (Lombardía, Italia),
Nombres nuevos, inadaptación que permanece
El enfoque del tema de la transexualidad requiere una actitud de gran prudencia, humana y social, e igualmente de una gran competencia científica. Hay que evitar las manipulaciones ideológicas y las derivas emotivo-demagógicas con el fin de no causar daños mayores que el problema que se pretende resolver. El primer paso necesario es aclarar los términos y los contenidos vinculados a ellos.
La transexualidad es la condición según la cual una persona de sexo masculino (M) o femenino (F) se percibe a sí misma como perteneciente al sexo opuesto y aspira y desea asumir sus características anatómicas y comportamentales, sexuales y sociales. La persona transexual vive una autocomprensión de sí misma como "prisionera" en un cuerpo que no le pertenece y vive, en consecuencia, un fuerte deseo de transformarse en el cuerpo del sexo percibido subjetivamente. Las personas transexuales se distinguen en dos categorías: M/F, es decir, de hombre a mujer y F/M, es decir de mujer a hombre.
Cambios desaconsejados
A nivel clínico, esta condición se denomina "trastorno de la identidad de género" o "disforia de género", del griego dis, mal, y foria, soportar. La vivencia de inadaptación vinculada a la incongruencia en el propio cuerpo, con sus características sexuales bien definidas pero no reconocidas como satisfactorias, empuja a la persona transexual a buscar el cambio hacia el sexo opuesto, percibido como satisfactorio. Esto constituye el "proceso de transición" o de "reasignación" de sexo.
El DSM V (Manual diagnóstico estadístico de los trastornos mentales, 2013) reconoció la disforia de género como "trastorno mental" e indicó siete parámetros fundamentalmente similares para la disforia de género en la edad evolutiva y en la edad adulta, sobre los que basar el diagnóstico. Los criterios básicos son la presencia de un sufrimiento clínicamente significativo y que exista desde hace por lo menos seis meses. Las directrices de la Sociedad de Endocrinología de Estados Unidos afirman: "Dada la elevada remisión de la disforia de género después de la pubertad, se desaconseja un cambio social completo del rol y un tratamiento hormonal en niños prepúberes con disforia de género".
El 'alias escolar' es, en realidad, un procedimiento de "transición social" que, en ausencia de una cualificada valoración científica y médica, puede empujar al sujeto por la vía de la reasignación sexual, que puede revelarse como un daño gravísimo.
Un problema de origen incierto
Está ya documentado que la incongruencia de género que se manifiesta en la infancia y adolescencia se supera en buena medida y solo una exigua minoría de niños en edad prepúber manifiesta una persistencia de la inadaptación, que se configura como un verdadero "trastorno". Es evidente que el aspecto más delicado de este tema tan complejo atañe a los niños y niñas en edad infantil y adolescente. Partimos de la base de que nadie hoy está en disposición de decir por qué hay personas en las que se determina un conflicto entre sexuación biológica e identidad de género, sobre todo en la edad temprana. Hay varias propuestas y teorías etiopatogénicas, pero los tonos grises superan en mucho las certezas. Por consiguiente, ¿qué se puede hacer ante una situación de disforia de género en edad prepúber?
En los últimos decenios se ha ido imponiendo la idea según la cual apoyando la identidad de género percibida y, por tanto, modificando la estructura biológica del sujeto según los cánones deseados (M/F o F/M), se pueden eliminar el sufrimiento y la inadaptación, dando a la persona una vida que, por fin, es feliz. De esta asunción empírica han surgido las llamadas "terapias de transición o de reasignación de sexo": la terapia hormonal (hormonas cruzadas, es decir, hormonas que inducen el desarrollo de características somáticas propias del sexo deseado), la terapia quirúrgica (que atañe a los caracteres sexuales primarios y secundarios: genitales externos, pecho, vellosidad y otros), acompañadas por un trabajo de tipo psicológico.
El bloqueo puberal no beneficia
El tema se hace aún más delicado cuando se trata de sujetos en edad prepúber: en este caso se lleva a cabo también el bloqueo del desarrollo puberal con hormonas bloqueadoras, las gonadotropinas (por ejemplo, la triptorelina), a lo que sigue la administración de hormonas cruzadas. Quien sostiene la utilidad de bloquear el desarrollo -afirmando que es saludable y eficaz para mejorar el pronóstico quod vitam y quoad valetudinem de los menores con disforia de género- sostiene algo que la investigación ha desmentido ampliamente.
Se ha declarado que el bloqueo puberal es útil para tener el tiempo necesario de profundizar en el diagnóstico. En realidad, no existe un solo estudio que ratifique dicha afirmación, mientras que, al contrario, tenemos estudios que demuestran cómo el bloqueo puberal puede influir de manera negativa en la disforia de género, cristalizando el cuadro disfórico. La misma afirmación, que se emplea a menudo, de que casi todos los sujetos con disforia de género afirmada en edad prepúber la mantienen en edad adulta es desmentida por las estadísticas más recientes: un estudio canadiense afirma una persistencia del 12,2% de los casos; un estudio holandés habla del 37% y el DSM-V declara que el 98% de los varones gender confused y el 88% de las mujeres en edad adolescente recuperan la propia pertenencia sexuada una vez superada la pubertad.
Keyra Bell de niña, tras su 'transición de género' y actualmente, cuando intenta recuperar en lo posible su cuerpo de mujer mutilado. Es uno de los casos más célebres de 'detransitioner'.
En resumen, una amplia revisión sistemática de la bibliografía internacional llega a la conclusión que "el bloqueo puberal no mejora la disforia" (Pediatrics, 2018).
No a los atajos irreversibles
El American College of Pediatricians (enero de 2017) llegó a la conclusión de que "promover entre los niños el cambio de sexo, por vía hormonal o quirúrgica, es abuso de menores". Si además analizamos los resultados, tenemos a disposición un seguimiento de por lo menos tres décadas que nos permite afirmar que el paquete de terapias de transición da resultados que son, como mínimo, decepcionantes y, por desgracia, son cada vez más numerosos los casos de lesiones graves, incluso permanentes, para los sujetos que se someten a ellas, especialmente los más jóvenes.
Así, ha nacido una nueva categoría de personas, los llamados detransitioners: sujetos que, una vez hecha la transición, quedan fuertemente decepcionados porque no han resuelto para nada sus problemas anteriores de inadaptación y sufrimiento (es más, en algunos casos ¡incluso se acentúan!), y piden volver al statu quo anterior, siendo compensados por los daños sufridos.
Mientras tanto, una insensata campaña mediática sobre el concepto de "género subjetivamente percibido" está provocando un poco por doquier un peligroso boom de casos de disforia de género entre los muy jóvenes: en Inglaterra, por ejemplo, los casos registrados en 2010 fueron 27, que se convirtieron en 2.748 en 2020, con un aumento del 2.497% entre los hombres y del 4.415% entre las mujeres. Sin embargo, los datos nos dicen también otra cosa: los pacientes remitidos a los centros para disforia de género presentan índices de comorbilidad psiquiátrica en el 40-50% de los casos y con "trastornos del espectro autístico" en el 6-20% de los casos (en la población general estamos en el 0,6%).
Así pues, antes de hablar de "transición", social o clínica, ocupémonos de estos frágiles hermanos nuestros, evitando atajos que pueden ser irreversibles y marcar su vida para siempre. Con el 'alias escolar' se cambia el nombre y el registro civil, pero no se resuelve el sufrimiento.