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viernes, 4 de marzo de 2022

4 lecciones espirituales de monjes orientales para la vida cotidiana

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La sabiduría de los Padres del desierto tiene el poder de transformar nuestra vida diaria

Una vida completamente dedicada a Dios tiene mucho que enseñarnos en el siglo XXI. La sabiduría de san Basilio y los Padres del desierto ha influido a incontables santos y santas a lo largo de los siglos y sigue teniendo relevancia hoy día.

Las raíces espirituales del monacato oriental pueden trazarse hasta san Pablo el Eremita en el siglo III y, poco después, a san Antonio el Grande. Sin embargo, no fue hasta san Basilio de Cesarea (y san Pacomio) que el monacato oriental se formalizó más. En torno al 357, san Basilio viajó a Palestina, Egipto, Siria y Mesopotamia para estudiar las vidas de estas comunidades monásticas y descubrir su secreto para la santidad.

Aunque admiraba el estricto ascetismo y la vida devota de oración que vivían los monjes ermitaños, Basilio pensó que los monasterios necesitaban más equilibrio. Con el tiempo escribió un tipo de “regla” que gobernara la vida diaria de los monjes y moderara su extremo estilo de vida. Tuvo una acogida muy exitosa y, por ello, Basilio sería conocido más adelante como el “Padre del monacato oriental”.

Aquí hay cuatro lecciones espirituales que podemos aprender del monacato oriental y aplicar a la vida diaria.

1REZAR SIN CESAR

San Basilio escribe:

«¿Debemos rezar sin cesar? ¿Es posible obedecer este mandato? (…) La fuerza de la oración descansa más bien en el propósito de nuestra alma y en las acciones de virtud que se extienden a todos los ámbitos y momentos de nuestra vida.

Según se dice, ‘ya estés comiendo o bebiendo o haciendo cualquier cosa, hazlo todo por la gloria de Dios’. Mientras ocupas tu asiento en la mesa, reza. Cuando levantes el pan, da gracias al Dador (…). Mientras te pones tu túnica, da gracias al Dador por ello. Mientras te cubres con tu manto, siente todavía más amor hacia Dios, Quien tanto en verano como en invierno nos concede abrigo conveniente para nosotros, al tiempo para preservar nuestra vida y cubrir lo que es indecoroso.

¿Ha terminado el día? Da gracias a Él, que nos ha dado el sol para nuestra labor diaria y nos ha suministrado fuego para iluminar la noche».

Esencialmente, vive en un espíritu de agradecimiento, recordando a Dios en toda actividad. Al hacer esto podemos vivir la exhortación de san Pablo de “rezar sin cesar”.

2REFRESCA TU ALMA CON UN “DESIERTO” SEMANAL

En una carta a san Gregorio Nacianceno, Basilio escribe:

«El silencio es el primer paso para la limpieza del alma. La soledad es de lo más útil, ya que templa nuestras pasiones y crea espacio para que los principios las supriman del alma».

Hay una razón por la que Dios nos dio un sabbat semanal. Necesitamos descansar, refrescar nuestra alma y practicar el silencio. No fuimos hechos para trabajar siete días a la semana. Cuando llegue el domingo, intenta que sea un día de reposo y soledad (amoldado a nuestra situación vital).

3SIRVE SIEMPRE A LOS POBRES

Aunque por lo general los monjes del desierto egipcio no recibían muchas visitas, san Basilio aconsejaba a sus monjes que sirvieran a los pobres tanto como fuera posible. Los monjes lo hacían, primero y sobre todo, entregando todas sus posesiones a los necesitados, pero luego continuaban apoyándoles a través de su obra en soledad.

San Basilio recordaba a los monjes que su retiro del mundo no les eximía del servicio al prójimo, sino que su fe cristiana había de mostrarse a través de su preocupación por el pobre.

4AYUNA CUANDO LUCHES CONTRA UN PECADO EN PARTICULAR

Ayunar de los alimentos puede ser difícil, pero los Padres del Desierto lo consideraban el medio principal para arrancar de raíz el pecado en la vida personal. La idea es que, como el pecado deriva de nuestras pasiones corporales, si nos refrenamos en nuestra pasión corporal por la comida, nos fortaleceremos mejor contra otras pasiones caprichosas.

Con relación a la práctica del ayuno, san Basilio animaba a la moderación y a tener en cuenta la salud propia y los deberes antes de adentrarse en nada extremo. El ayuno es una práctica espiritual digna, pero no debería hacerse con un espíritu de competición intentando ver cuánto puede uno abstenerse de comer (como era el caso en muchos de los primeros monasterios).

Philip Kosloski, Aleteia 


Vea también     Lea en el Catecismo sobre la Conversión




























La misa, mi hora de cielo

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Estudiar la Biblia me ha permitido percibir lo que antes no veía y ni siquiera intuía: la maravillosa presencia de nuestro Padre Dios en el Templo...

Van a ser probablemente tres años desde que empecé a asistir a misa diaria. Recuerdo que había hecho una promesa por Cuaresma, de asistir a visitar al Santísimo cada viernes. Pero en lo que llegaba veía que siempre estaban celebrando la Eucaristía y terminaba interrumpiendo la adoración en el oratorio para ir a comulgar.

En esta misma época me había decidido a empezar a estudiar teología. Entonces salía inmediatamente de las clases y corría a la misa.

Cuando terminó la Cuaresma, me quede con las misas. Podría decirse que Dios me fue cautivando para que me quedara para siempre ahí con Él.

Cuántos santos…

La misa se volvió algo fundamental en mi día. Empecé a observar la cantidad de santos y santas que me acompañaban en el templo.

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Al mirar con atención a todos aquellos que reconozco y de los que algo de sus vidas puedo contar, dejaron de ser figuras de yeso para alimentarme con sus historias.

Me reconforta saber que al igual que yo, tuvieron las mismas inquietudes, la misma sed, los mismos cuestionamientos y anhelos por encontrar con cada vez más certeza las huellas de Jesús en su camino.

Y pienso… y me asombro al pensar en cuántos santos tenemos, cuántos murieron mártires por nuestra fe.

Cuántos contando hasta el último aliento con sus voces, con el corazón y con su carne, las maravillas de nuestro Señor.

Tantos que encontraron el silencio y la indiferencia, y tantos otros la violencia y la muerte… pero todos ellos sí que dieron fruto y mucho fruto.

Mi madre…

En la parroquia a la que asisto hay una pintura réplica de la hermosa Guadalupe de México.

Está resguardada por once pilares y bajo la atenta mirada de once vitrales con las imágenes de los santos apóstoles.

La ausencia de un pilar y de la imagen en un vitral de color entero sin imagen es triste y evidente.

La hermosa Señora me mira y parece decirme “presta atención” cada vez que mi mente empieza a divagar durante la misa.

A veces el color de su manto luce más vivo, a veces parece que el viento ondeara levemente los bordes de este manto.

El hecho de que se encuentre detrás del altar, resguardada por los once vitrales y los once pilares, me deja ver la grandeza de su humildad y su extraordinario valor y belleza.

Procuro sentarme en un lugar donde pueda verla.

¡El Amor está ahí!

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El tener la oportunidad de estudiar la Biblia me ha permitido percibir lo que antes no veía y ni siquiera intuía: la maravillosa presencia de nuestro Padre Dios en el Templo.

No alcanzo a expresar la belleza y bondad de su paternidad hacia nosotros los hombres.

Cada episodio, cada símbolo, cada parte de la misa y cada persona de la Santísima Trinidad, son expresión de su amor y de su entrega.

Pienso que Dios extiende sus manos para atraernos hacia sí.

El sacerdote y sus vestiduras

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Ver entrar al sacerdote por el pasillo central es algo que alegra mucho mi corazón. Es ver entrar a Jesús mismo porque representa a Cristo, el sacerdote mayor que va a ofrecerse por nosotros y transformar el pan y el vino en Su carne y Su sangre.

Las vestiduras que lo envuelven embellecen y dan gloria a Dios destacando la figura de Cristo mientras oculta la identidad de su sacerdote.

Es algo maravilloso, sobre todo cuando vemos tantas vestiduras de tantos colores destacando diferentes tiempos del año en los que celebramos la misa.  

Y nuestro dulce Jesús, abrazo del Padre

Nuestro dulce Jesús, allí, guardado a nuestro alcance en el Sagrario, verdaderamente presente en la sagrada Hostia, es ese abrazo del Padre.

EUCHARYSTIA

Cuando miro las manos extendidas del sacerdote diciendo “Cuerpo de Cristo”, pienso que Jesús viene con ternura hacia mí.

Él espera que muchos más lo reciban. Tristemente, muchos no lo hacen y siento que yo quisiera amarlo por todos aquellos que no lo reconocen en ese pedazo de pan.

También el Espíritu Santo soplando

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Cuando cierro los ojos también procuro imaginar la presencia del Espíritu Santo, que sospecho está revoloteando en medio de todo, incluso de mi corazón, como cuando revoloteaba sobre las aguas en la creación.

Es el espíritu que lo atraviesa todo, incluso capaz de atravesar mi mismísima voluntad si yo se lo pido.

Aquel que hace despertar los sentidos del corazón para poder ver lo que no veo con los ojos, aquel que transforma la indiferencia y la sequedad de mi alma.

Los hermanos… ¡todo habla!

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No es lo único que encuentro en esta hora de cielo. Hasta la presencia de los que se aproximan a rezar denotan nuestra sed de consuelo y de amor.

Esta actitud de necesidad deja ver a quién pertenecemos realmente y por qué este lugar es un verdadero refugio para el alma.

Es verdaderamente impresionante como todo, en la misa, es una verdadera fuente de catequesis.

¿La misa es aburrida? No, los indiferentes somos nosotros, que no somos capaces de mirar más allá de la frialdad de unos muros y del madero de una cruz.

La historia más esperanzadora

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La historia de nuestra fe es la aventura más exquisita a la que estamos invitados. La historia de un pueblo y de su morada final está escrita y relatada en cada misa.

A ella se nos invita para ser alimentados con el mismísimo corazón de Dios hasta el buen día en que nos volvamos a encontrar, esta vez cara a cara.

En esa Su segunda venida, reconoceremos que, aunque hayamos estado lejos, Él es y siempre será nuestro único y verdadero hogar.

En la misa lo recibimos todo, recibimos lo único que es importante para la vida y para el alma nuestra.

Lorena Moscoso, Aleteia

Vea también    Sermón sobre la Santa Misa - Santo Cura de Ars































Evangelio del día


 

Evangelio según San Mateo 9,14-15.

Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?".
Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.



Bulle

San Romano el Melódico (?-c. 560)
compositor de himnos
Himno «Adán y Eva», 1-5; SC 99


"Entonces ayunarán"

Entrégate, alma mía, al arrepentimiento; únete a Cristo por el pensamiento; grita gimiendo: "Concédeme el perdón de mis malas acciones, con el fin de que reciba de ti, que sólo eres bueno (Mc 10,18), la absolución y la vida eterna "...
Moisés y Elías, estas torres de fuego, eran grandes en sus obras... Son los primeros entre los profetas, hablaban libremente a Dios, les gustaba acercársele para rogarle y dialogar con él cara a cara (Ex 34,5 1R 19,13) - cosa asombrosa e increíble. Sin embargo, procuraban recurrir al ayuno, que los llevaba a Dios (Ex 34,28; 1R 19,8). El ayuno, con las obras, proporciona pues la vida eterna.
Por el ayuno, los demonios son rechazados como por una espada, porque no soportan las alegrías; lo que les gusta, es el jugador y el borracho. Pero si miran de cara el ayuno, no lo pueden ver; huyen muy lejos, como nos enseña Cristo, nuestro Dios, diciendo: "Por el ayuno y la oración caen los demonios" (cf Mc 9,29). Por eso nos enseña que el ayuno les da a los hombres la vida eterna...
El ayuno conduce a los que lo practican, a la casa paternal de donde Adán fue expulsado... Es Dios mismo, el amigo de los hombres (Sb 1,6), quien primero había confiado al ayuno, al hombre al que había creado, como a una madre cariñosa, como a un maestro. De un solo árbol le prohibió comer (Gn 2,17). Y si el hombre hubiera observado este ayuno, habría vivido con los ángeles. Pero lo rechazó y encontró penas y muerte, la aspereza de las espinas y de las zarzas, y la angustia de una vida dolorosa (Gn 3,17s). ¡Entonces, si en el Paraíso el ayuno se revela provechoso, cuánto más lo es aquí abajo, para proporcionarnos la vida eterna! (EDD)

Oración 

Te pedimos Oh Señor, Dios uno y trino, que, por medio de este ayuno en nuestros familias, en nosotros y en nuestros cónyuges, el Santo Espíritu:
-riegue la tierra en sequía,
-sane los corazones enfermos,
-lave las manchas,
-infunda calor de vida en el hielo,
-dome los espíritus indómitos,
-guíe al que tuerce el sendero. Amén

(forosdelavirgen)






















Pensamiento MSC del día


 P. Miguel Ángel

jueves, 3 de marzo de 2022

¿Ha fracasado el ateísmo? 5 argumentos tumbativos de @elpadrejesus para salir de cualquier debate

Jesús Silva Castignani aborda en su nuevo libro
la cultura posmoderna y la «fe razonable»



En "El fracaso del ateísmo", el sacerdote Jesús María Silva Castignani, refuta a Marx, Nietzsche, Freud y otros grandes representantes del pensamiento ateo y materialista.


 

Si hay algo que Jesús Silva Castignani hace patente en sus apostolados y dedicaciones es la apuesta por abordar los problemas que enfrenta la Iglesia y los católicos con argumentos de hoy, lógicos y simples, pero razonados y contundentes.

Así lo demuestra cada día ante miles de seguidores en redes sociales, como capellán en colegios y también como escritor. En sus primeras publicaciones, el sacerdote nacido en Barcelona abordó la sexualidad y la castidad, especialmente en Virginidad 2.0. Recuperar la inocencia (Freshbook) y Sexo: cuando y por qué. La sexualidad al desnudo (Palabra).

En su última obra, El fracaso del ateísmo (Palabra), Castignani amplia su enfoque y aborda críticamente los principales argumentos del ateísmo y los pensadores de la posmodernidad, refutando sus grandes mitos y objeciones a la fe con la verdad de la doctrina cristiana. 

Cinco de los más frecuentes en debates y conversaciones son:

1º Sin religión seríamos mejores

Para el sacerdote, el primer error de este mito es "pensar que todas las religiones son iguales". "En el cristianismo se propone una moral de perdón, de amor y de misericordia", y añade que "la afirmación de que sin religión seríamos mejores no se puede demostrar". Por el contrario, -y esto sí es comprobable-, "las ideologías ateas se llevan la palma en lo que a torturas, experimentos humanos y genocidios se refiere". La religión cristiana, "precisamente porque cuenta con esa tendencia de la naturaleza humana al desorden, es por lo que propone el esfuerzo moral y la virtud. Por eso nos hace mejores y si no fuera por ella, el hombre, víctima de sus peores vicios, habría hecho del mundo un infierno".

2º La religión es un falso consuelo a los problemas

De hecho, el sacerdote expone que la fe "no aminora los sufrimientos, sino que incluso en ocasiones los agudiza, ya que ponen a prueba la fe y hacen dudar de la existencia o la bondad de Dios. Afirmar que la fe es un falso consuelo es una posición teórica que se hace sin haber contrastado la experiencia de tantos creyentes que han sufrido a pesar de tener fe y, muchas, veces, precisamente a causa de su fe".

3º La fe retrasa la civilización

Para enfrentar este clásico mito del ateísmo, el autor retrocede al mundo griego para hablar de los orígenes de la ciencia natural: "Comenzó a desarrollarse en un entorno religioso y naturalmente creyente, como es el caso de Pitágoras, conocido tanto por su teorema como por sus creencias místicas". Más adelante, también se dieron numerosas y destacadas eminencias científicas movidas por la fe, como es -entre otros muchos ejemplos- "la teoría del Big Bang, formulada por el sacerdote Lemaître y amigo de Einstein, lo que hace de ese mito "una afirmación totalmente dudosa".

El Fracaso del ateísmo. Cultura posmoderna y fe razonable. 

4º Fe y razón son incompatibles

El error de este mito se encuentra "en pensar que todo se reduce a materia", olvidando que "en la realidad no existe solo lo material". Si aceptamos esto -explica Castignani- comprendemos que "tiene que haber relación entre el mundo físico y el metafísico y analizar los aspectos físicos de todas las realidades, pero no reducirlos a ellas. La ciencia tiene un campo en el que debe hacer todos los progresos posibles, pero no puede extralimitarse y explicar el arte abstracto o asegurar que una experiencia religiosa sea falsa. Por eso tantos científicos han sido creyentes y a no pocos la ciencia les ha acercado a la fe".

5º La religión fanatiza

Otro de los mitos difundidos por el ateísmo es que la religión hace de sus seguidores fanáticos intransigentes que quiere imponer sus ideas a los demás por la fuerza o eliminarlos usando la violencia si no las comparten. Para el autor, además de que esta afirmación "tampoco puede ser demostrada", tiene un error de concepto:  "El que es fanático, lo es por su carácter, porque tiene un trastorno, una patología psíquica o una personalidad muy radical, no por ser religioso".

José María Carrera / ReL

Vea también     De los seis tipos de ateísmo descubiertos por unos doctorandos
























Evangelio del día


 

Evangelio según San Lucas 9,22-25.

Jesús dijo a sus discípulos:
"El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día".
Después dijo a todos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará.
¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Bulle

San Anastasio de Antioquía (¿-599)
monje después patriarca de Antioquía
Homilía 4, sobre la Pasión; PG 89, 1347


El camino que conduce a Cristo a su gloria

     "Mirad, estamos subiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los gentiles y a los sumos sacerdotes y a los escribas, para que lo azoten, se burlen de él y lo crucifiquen" (Mt 20,18). Esto que decía, estaba de acuerdo con las predicciones de los profetas, que habían anunciado de antemano el final que debía tener en Jerusalén... Nosotros comprendemos también el motivo por el cual el Verbo de Dios, por lo demás impasible, quiso sufrir la Pasión; porque era el único modo como podía ser salvado el hombre. Cosas, todas estas, que sólo las conoce Él y aquellos a quienes Él se la revela; Él, en efecto, conoce todo lo que atañe al Padre, de la misma manera que "el Espíritu sondea la profundidad de los misterios divinos" (1 Co 2,10).
     "El Mesías, pues, tenía que padecer" (Lc 24,26): y su Pasión era totalmente necesaria, como él mismo lo afirmó cuando calificó de hombres "sin inteligencia" y "cortos de entendimiento" a aquellos discípulos que ignoraban que el Mesías  tenía que padecer para entrar en su gloria (Lc 24,25). Porque Él, en verdad, vino para salvar a su pueblo, dejando aquella "gloria que tenía junto al Padre antes que el mundo existiese" (Jn 17,5). Y esta salvación es aquella perfección que había de obtenerse por medio de la Pasión, y que había de ser atribuida al guía de nuestra salvación, como nos enseña la carta de san Pablo:"que Él es el guía de nuestra salvación, perfeccionado y consagrado con sufrimientos"(He 2,10).
     Y vemos, en cierto modo, cómo aquella gloria que poseía como Unigénito, y a la que por nosotros había renunciado por un breve tiempo, le es restituida a través de la cruz en la misma carne que había asumido; dice, en efecto, San Juan, en su evangelio, al explicar en qué consiste aquella agua que dijo el Salvador que "manaría como un torrente de las entrañas del que crea en Él. Todavía no se había dado el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido glorificado (Jn 7,38-39). Aquí el evangelista identifica la gloria con la muerte en cruz. Por eso el Señor en la oración que dirige al Padre antes de su Pasión, le pide que lo glorifique con aquella "gloria que tenía junto a Él, antes que el mundo existiese". (EDD)

Oración

¡Señor, gracias, porque Tu me regalas la cruz como un signo de amor! ¡Tu me invitas a tomar mi cruz y a seguirte cada día! ¡Señor, Tu sabes cuánto me cuesta seguirte con alegría y confianza, sin quejarme y lamentarme! ¡Que sea, Señor, la cruz mi amiga fiel para cada día amarte más y mejor! ¡Así la quiero yo acoger en mi vida!¡Ayúdame a aceptar siempre la cruz! ¡A ser tu Cireneo cargando con mis cruces cotidianas! ¡Ayúdame también a cargar con las cruces de mis hermanos para que juntos nos unamos más a Ti, empequeñecernos para que Tú surjas con mayor gloria! ¡Señor, Tú que has llevado nuestras cruces y tus sufrimientos  guíanos hacia el camino de la salvación, acude en ayuda de los que caminan siguiendo tus pasos, de los enfermos, de los desesperados, de los que no te conocen, de los sufrientes, de los desesperados…!

(orarconelcorazonabierto)




























Pensamiento MSC del día

 


P. Miguel Ángel