El por entonces fraile agustino vio una gran roca y decidió estrellarse contra ella. «Esa piedra en el fondo era Cristo», dice otro hermano agustino.
Estaban en Apurimac, Cuzco, en la zona alta, y era la temporada de lluvias.
Conocida es la afición de León XIV por los automóviles. Como sus amigos bien recuerdan, a Prevost le encantaba desarmar coches y, prácticamente, volverlos a armar. De hecho, fue profesor de autoescuela cuando era joven y conocidos son, también, sus viajes interminables en coche de país en país.
En el documental recién estrenado sobre los años del Papa viviendo en Roma, titulado Leone a Roma, un fraile agustino cuenta un episodio desconocido hasta ahora que sirve como metáfora de lo que luego llegaría a ser el Papa León XIV.
Una vuelta sobre sí mismos
Gianfranco Casagrande era director de los agustinos en Italia cuando tuvo que viajar a Perú para animar la misión, y allí se encontró con Robert Prevost. Estaban en Apurimac, Cuzco, en la zona alta, y era la temporada de lluvias.
Prevost conducía un minibús lleno de gente y tomó la cura, pero, con el barro debajo, el coche dio una vuelta sobre sí mismo. Se salió de la ruta y empezó a caer por el barranco. "Ahí todos gritaban", recuerda el fraile.
Prevost, conduciendo con sangre fría, trataba de controlar el minibus, y, entonces, vio una roca que sobresalía e intentó impactar allí. "Gracias a Dios quedó atascado allí, y luego empezó a decirnos a todos: 'poco a poco, no se muevan, movimientos mínimos, bajen de uno en uno, despacio'", recuerda Casagrande.
"Estábamos todos sucios, embarrados. La Providencia había visto desde arriba que el conductor de ese minibus tenía que ser el sucesor de Pedro, esa piedra en el fondo era Cristo", concluye.
El se accidentó al principio de su matrimonio, el libro-testimonio de Sophie ya está en español
La escultora Sophie Barut en su taller, trabaja temas espirituales y de fragilidad, y habla de fe y superación
Sophie Barut, diseñadora de interiores, escultora y artista, escribió Volveré antes de que anochezca(Rialp) a partir de la experiencia de acompañar a su marido, Cédric, que quedó seriamente discapacitado tras un traumatismo craneoencefálico. El accidente sucedió al principio de su matrimonio, cuando eran jóvenes. Su arte expresa sus vivencias y exploran la fragilidad.
Volveré antes de que anochezca es un testimonio de superación y espiritualidad construida sobre la paciencia y la esperanza.
La paciencia y el tiempo: saber adaptarse
Muchos convalecientes y personas en rehabilitación lo olvidan: la recuperación, en caso de ser posible, lleva su tiempo. Y no todas las etapas pueden ser quemadas. Ni con motivación, ni con ejercicios/medicamentos, ni con el dinero.
Es como si un padre de bebé de pecho, saliendo de casa al trabajo, se sorprendiera al regresar por la noche y ver ¡que el bebé aún no camina! Las mejoras se consiguen paso a paso, y a veces a paso de tortuga.
Nadie nos garantiza ni promete una vida sin sufrimiento y dificultades. El testimonio de Sophie Barut nos recuerda que hay que seguir adelante. Pase lo que pase. Con dolores y sin memoria, con un horizonte reducido hasta las paredes del hospital, hasta la próxima revisión.
El que mira más adelante y nos da fuerzas
Es vital el papel de un ser cercano, que no esté doblado por el dolor y que sea capaz de mirar un poco más adelante.
Él nos recordará que todo este infierno solo es una etapa, que los tejidos sanan, que los ligamentos se entrenan, los nervios se recuperarán. Sanarán más o menos, pero estarán mejor que ahora.
Las palabras que ahora se balbucean con dificultad, dentro de un mes serán inteligibles hasta para los extraños. Y también se puede viajar en una silla de ruedas, que para eso están.
Sophie Barut trabaja en sus esculturas, foto de Lofti Dakhli:
A pesar de todo, Cedric sigue siendo un lisiado, discapacitado con problemas de memoria. No es como él se hubiera imaginado a sus 50: ni ciclista, ni dibujante. Pero juega a tenis de mesa ¡y gana copas para la euforia de cuatro hijos! Además, gracias a nuevas tecnologías, ¡ilustra libros! A menudo pecamos de demasiada inventiva para el mal olvidando que la del bien es aún más fuerte.
La fuerza de los seres queridos
Cuando leemos testimonios de superación de los pacientes, nos sorprenden y animan con su fuerza de voluntad y perseverancia. Pero es frecuente que no prestemos atención a los familiares, personas cercanas que invierten su tiempo, su cuidado, su amor y a saber cuántos nervios para hacer compañía, animar, sostener, alimentar con cucharita, asear, masajear, suministrar medicamentos al paciente… y todo eso sin dejar de atender a hijos, padres, casa, trabajo. Detrás de cada gran paciente hay un gran cuidador.
La recuperación de Cedric (hasta el punto del final del libro) llevó 20 años. Sin duda, los avances han sido grandes. Además de la implicación abnegada de Sophie, hubo médicos competentes, cuidadores y asistentes a tiempo completo, parientes y amigos dispuestos a ayudar.
La resolución judicial a favor de Cedric como víctima de un accidente de tráfico hizo posible la financiación de todo el despliegue de asistencia sanitaria. En estos asuntos el dinero juega un papel enorme. No parece que la familia hubiera podido mantener a 4 hijos ni hacer rehabilitaciones durante 20 años con el medio sueldo de la madre.
El primer capítulo termina con las palabras “su vida corre peligro”, y el segundo capítulo se titula “Prepárense para un despertar muy largo”. Es que, incluso sin accidentes de tráfico y sin enfermedades graves, nuestra vida siempre “corre peligro”.
No cambia el ser, sólo lo periférico
La enfermedad, la mutilación, ¡la edad! nos cambia. A veces tanto que parecemos irreconocibles: sin pelo, con menos piernas, con fallos mentales.
La reflexión de Sophie: “Lo que ha cambiado es solo periférico, no es su “ser” íntimo” nos hace pensar que al paciente también le es difícil volver a ser el mismo. Los médicos, centrados en la carne del enfermo, en sus pulsaciones, porcentajes de recuperación y puntos de tal o cual escala, olvidan - ¡y hacen olvidar al paciente! - que su alma, su “ser” íntimo, no ha sido golpeado por un coche descarrilado, no fue troceado por el bisturí.
A menudo esta alma, aturdida por calmantes y letanías materialistas, se pierde entre batas blancas, catéteres y muletas.
Tras sus primeros nueve meses de lucha, Sophie se recordó a sí misma (y a nosotros) la clave para ponerlo todo en perspectiva: “Ver el alma de Cedric como es, siempre, y solo el alma”.
Las palabras del Cedric convaleciente pensando en Dios también son reveladoras: "Sin Él, soy un montón de carne encima de una cama".
Y es que Dios es el protagonista de este testimonio, el verdadero sostén de Sophie y Cedric: “Frente a un Dios crucificado ¿quién puede escandalizarse de la desgracia? ¿Del dolor?”
Sophie no se escandaliza, espera en Dios y sigue adelante, paso a paso, centrada en lo presente. El matrimonio, lleno de confianza, busca y recibe con gratitud a 4 hijos.
En momentos de hundimiento y tristeza, buscan oxigenarse en retiros, en conversación con sacerdotes y amigos cristianos, los padres de ambos son creyentes, por Cedric rezan comunidades monásticas, ¡todos están movilizados: ¡al mazo dando, pero siempre a Dios rogando! Y Dios se muestra fuerte en medio de la más pronunciada debilidad humana.
Todos damos pasitos a la "rehabilitación final"
Todo ser humano es mortal, pero, como decía el diablo en la novela de Bulgakov El maestro y Margarita (Alianza Editorial), “lo grave es que es mortal de repente”. Y desde este punto de vista, aunque cualquiera de nosotros puede morir, técnicamente, de repente, toda nuestra vida es un despertar muy largo. Un despertar para la vida eterna.
Todos hacemos pasitos diminutos hacia nuestra rehabilitación definitiva. Con o sin ayuda, a veces en medio de adversidades, con errores, desfallecimientos y rebeliones. Como Cedric en su cama, sala de terapia, silla de ruedas. Podría ser que lleguemos más rápido desde la camilla que en bici o coche.
En 2019 Cédric y Sophie contaban su testimonio de fe, perseverancia y lenta mejora en un encuentro provida (aquí en francés).
Una nueva tragedia vinculada a un incendio en una mina enluta al país sudamericano y desde la Iglesia se manifestó un sentido pesar
Un feroz incendio en el pasado fin de semana acabó con vida de 27 trabajadores que se encontraban en un socavón de la unidad minera Esperanza I, tal cual recuerdan medios locales como Perú 21.
La nueva tragedia vinculada a la actividad minera aconteció en el sector de Ispacas, distrito de Yanaquihua, provincia de Condesuyos. Según trascendió, algo que también fue señalado hasta por las propias autoridades locales, un cortocircuito a unos 100 metros del ingreso habría provocado el incendio en el interior del socavón.
De manera inmediata, continuó Perú 21, se iniciaron labores de búsqueda y rescate de las personas fallecidas, lo mismo que la coordinación de un helicóptero para el traslado de los cuerpos.
Por su parte, los familiares de las víctimas llegaron al sitio para reconocer a sus seres queridos.
Este 9 de mayo, tal cual informó también otro medio local como RPP, el Instituto de Medicina Legal de Arequipa logró identificar a las 27 personas fallecidas dentro de la mina.
Intoxicación
Luego de la autopsia realizada, se confirmó que la intoxicación por monóxido de carbono fue el motivo de la muerte de los mineros, agrega RPP.
Mientras lo sucedido en esta mina peruana seguía siendo objeto de investigación, desde la empresa también se indicó que poco después del siniestro se puso en marcha un plan de contingencia que derivó en la evacuación de 175 trabajadores.
Oración y cercanía de la Iglesia
La Iglesia de Perú, a través del presidente de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP), Miguel Cabrejos Vidarte, expresó su «más hondo pesar» por la muerte de 27 personas en el incendio de la mina ubicada en Yanaquihua, en la región Arequipa.
«Envío mi más sentido pésame a los familiares y a sus compañeros de trabajo asegurándoles nuestras oraciones a Dios, el Señor de la historia y de la Vida», indicó Cabrejos, tal cual reproduce la Iglesia de Perú, con respecto a la dolorosa forma que han fallecido estos mineros en el socavón de la mina Esperanza-1, algo que ha consternado profundamente a los peruanos.
«Reitero mi solidaridad y oración a los familiares de las víctimas, asegurándoles nuestra cercanía», agregó Cabrejos.
En tanto, mientras una nueva tragedia vinculada a la minería sacude a América Latina, esto aconteció en Arequipa, región peruana que en los primeros días de mayo celebró a la Virgen de Chapi.
La Iglesia de Perú recordó en otra nota que «entre el 30 de abril y 1 de mayo, más de 200 000 peregrinos atravesaron el desierto para celebrar la Fiesta de la Virgen de Chapi».
Es por todo esto que también vale la pena poner en corazón de la Virgen a las víctimas y familiares de este hecho doloroso.
El P. John Bok, de 87 años, fue profesor de física pero simplemente no puede llegar a una explicación científica de cómo sobrevivió al dramático accidente en carretera que sufrió cuando iba a celebrar la Misa dominical.
“Es un milagro”, dijo el sacerdote franciscano a CNA, agencia en inglés del Grupo ACI, a inicios de noviembre.
El sacerdote, hoy retirado, aún ayuda con la celebración de la Misa en la Iglesia Católica de St. Andrew en Milford, Ohio (Estados Unidos).
El 2 de octubre, el día del accidente, iba a celebrar la Santa Misa de las 9:00 a.m. en la Fiesta de los Santos Ángeles Custodios, también conocidos como Ángeles de la Guarda.
Eran cerca de las 8:40 a.m. cuando Bok estaba ya cerca de la iglesia. Entonces fue cuando algo le pasó a otro conductor en la autopista.
Un joven que conducía otro vehículo en una carretera cercana tuvo una convulsión mientras estaba al volante y se desmayó, dijo el sacerdote.
El automóvil del joven se salió de la carretera y estaba en camino de chocar contra la puerta del lado del conductor del P. Bok.
Todo lo que había entre los dos autos era una señal de tráfico y otro objeto vertical que sobresalía del suelo, según quedó registrado en un video.
El video muestra la camioneta embistiendo los obstáculos de frente. Luego, como una escena de una película de "Rápidos y Furiosos", el vehículo vuela sobre el auto del sacerdote sin siquiera tocarlo, aterrizando sobre sus cuatro ruedas.
El P. Bok y su vehículo salieron ilesos.
El sacerdote dijo a CNA que una de las cosas sorprendentes fue que él ni siquiera se había percatado de lo que pasó sino hasta horas después.
“No sabía que ese auto pasó sobre mí porque estaba mirando hacia adelante y (el vehículo) estaba a mi izquierda y arriba”.
“Y por el rabillo del ojo sentí que algo pasó, pero pensé que era un pájaro o algo así”, dijo.
El P. Bok señaló que tiene ceguera en el ojo izquierdo y también usa ayuda auditiva.
El sacerdote dijo que un policía que lo conoce se le acercó cuando estaba en un restaurante, después de Misa, y le avisó que casi fue embestido por el auto del joven.
El policía le mostró un video del incidente que quedó grabado por la cámara de una funeraria al otro lado de la calle donde ocurrió el accidente.
“Estaba asombrado de que hubiera sucedido”, dijo el P. Bok, indicando que el policía le confirmó que el joven se encontraba bien, luego de ser ingresado en un hospital.
El P. Bok se sorprendió de que nadie hubiera muerto ni resultado herido. Reflexionando sobre lo ocurrido, sabe que la mano de Dios estuvo involucrada.
“Uno de los misterios es que fuera la fiesta del 2 de octubre (de los Ángeles Custodios)”, dijo, y agregó: “No sé en qué estaba pensando Dios”.
El P. Bok dijo que si lo hubieran arrollado y su vida hubiera acabado, sería una situación en la que todos saldrían ganando porque "el Cielo va a ser mejor que aquí".
Sin embargo, precisó, disfruta la vida y espera que Dios le dé más años.
“Estoy feliz de seguir aquí y es un misterio por qué lo estoy cuando miras ese video”, dijo.
“Cuando lo veo, simplemente me rasco la cabeza y digo: ‘Gracias, Señor’”, expresó.
Traducido y adaptado por David Ramos. Publicado originalmente en CNA.
Una vez difundida la foto, el interés fue averiguar la identidad del sacerdote,
que no tardó en conocerse.
"Esta imagen es de la Interestatal 81 Sur, el 8 de julio de 2020, en la escena de un accidente múltiple en la autopista. Este sacerdote sin nombre estuvo en el lugar para ofrecer su ayuda y oración a los heridos. Hay muchas personas en Facebook intentando averiguar su identidad para agradecerle su asistencia". Se habían visto involucrados seis vehículos a la altura de Lebanon (Pensilvania, Estados Unidos), y hubo un muerto y heridos graves.
Esta foto y este mensaje subidos en Facebook surtieron pronto su efecto, porque para muchos el perfil del sacerdote era inconfundible.
"Es el padre John Killackey, sacerdote en la Comunidad Mater Dei de State Street, en Harrisburg (Pensilvania)", informó en un comentario otro sacerdote, Jonathan P. Sawicki, director de vocaciones de la diócesis de Harrisburg: "Recientemente celebró el primer aniversario de su ordenación. Es miembro de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro".
A través de los comentarios a la foto se pudo saber que el padre Killackey conducía por esa carretera cuando vio el accidente, sucedido bajo una intensa lluvia. Detuvo su auto, se bajo y empezó a recorrer los vehículos afectados para transmitir tranquilidad y eventualmente ayuda física a los heridos, pero sobre todo el consuelo espiritual y, en su caso, la confesión o la extremaunción.
Y quiso la Providencia que fuese así: "Este es mi hermano, el padre John Killackey", confirmó Brian Killackey en otro comentario: "Administró los últimos sacramentos a un camionero que murió en el accidente, que tuvo lugar justo delante de él. Por favor, rezad por el alma del fallecido".
A la derecha de la foto, Brian junto a su hermano John, su madre y sus hermanos.
"Es una bendición tenerle [al padre Killackey] en nuestra comunidad", apostilló una de sus feligresas en Harrisburg, Verónica Cecot: "Pero cuánta mayor bendición fue para las personas implicadas en el accidente que él estuviera allí para rezar por ellas, especialmente el que murió. Rezad por el sacerdote, estoy segura de que estará afectado por lo que presenció. Y rezad por todos los sacerdotes".
Una familia que se tomaba en serio la Fe
La Fraternidad Sacerdotal de San Pedro nació en 1988 al calor del motu proprio Ecclesia Dei y sus miembros dicen exclusivamente la misa tradicional.
John Killackey, el día de su ordenación sacerdotal.
En un texto que él mismo escribió con motivo de su ordenación sacerdotal, explica que nació en Nueva Jersey en una familia cuyos padres "se tomaban en serio la Fe": "Recuerdo todos los años, en la fiesta de la Inmaculada Concepción, que mi madre me llevaba a mí y a mis tres hermanos a la imagen de Nuestra Señora y nos consagraba. Luego empezamos a rezar el Rosario en familia todas las noches, lo que desde luego nos ayudó a cimentar nuestra devoción a la Santísima Virgen. También íbamos con frecuencia a la Adoración, donde, en presencia de Nuestro Señor, empecé a aprender mejor cómo rezar y a mantenerme en silencio en Su presencia".
Al principio no pensó en ser sacerdote, porque le parecía "aburrido", pero él y su hermano empezaron a asistir a misa tradicional en una capilla de la Fraternidad de San Pedro, y a servirla como acólitos: "Y comencé a amar la liturgia tradicional, cada vez más, y a verla como una hermosa expresión de la fe católica". La primera misa solemne que vio le dejó, a través de los sentidos (el incienso, el canto gregoriano, la visión del orden litúrgico), "un pálido gusto de lo que debe ser la grandeza de Dios".
A partir de ahí, fue el contacto con los sacerdotes lo que le fue sugiriendo la idea del sacerdocio, y luego la "fuerte convicción de que Dios quería que al menos lo intentase". Tras concluir sus estudios y trabajar un año como profesor en un colegio católico, en 2012 entró en el seminario.
"Hubo días buenos y malos, a medida que Dios purificaba todas las ideas imperfectas que tenía sobre lo que es ser un sacerdote", concluye: "Sin embargo, a pesar de mis faltas, al final de cada año siempre confié en que Nuestro Señor quería que me quedase".
Se quedó, se ordenó en 2019, y gracias a ello un hombre que falleció trágicamente en la carretera compareció ante Dios con los sacramentos que Dios dispuso para ese momento.
El video que comparto hoy, tiene tres posibles «niveles» de lectura. Es un video publicitario posiblemente alemán, que puntualiza el problema de usar celulares mientras se conduce. La presentación del video de quién hace la traducción dice:
«Diversas campañas alrededor del mundo han intentado crear conciencia en la ciudadanía. La petición es simple: si ves un accidente, no grabes ni tomes fotos para difundirlo en redes, ya que no sabes quién es la persona accidentada, no sabes si los familiares puedan ver el registro y peor aún, se obstaculiza el trabajo de personal de emergencias. Pero, a diferencia de las demás, esta campaña deja un mensaje claro: ¿Y si te pasara a ti?»
Actuar con madurez
Es el primer nivel de lectura: el nivel de frivolidad e inocencia de los chicos que protagonizan el video, probablemente esté sobreactuado, pero no por ello deja de ser revelador. Un accidente donde hay muertos se convierte en un motivo de diversión y de «novedad» para enviar a familiares y publicar en redes sociales. Estos irresponsables se meten en el camión de bomberos, se sacan fotos con los elementos de trabajo y juegan mostrando la muerte de una persona.
¡No debemos sacar fotos de accidentes! ¿A quién se le ocurre? El video termina con la llamada perdida del joven a su madre, que es la que yace, incinerada, al costado del camino. Está claro que, como dice la presentación del video, no debemos develar la intimidad de la muerte de otras personas a través de las redes sociales y las aplicaciones de comunicación.
La persona que muere puede ser un pariente tuyo y lo estás compartiendo faltándole el respeto al dolor de sus seres queridos. Una primera lectura lineal apunta entonces a no dejarse llevar por la morbosidad, la frivolidad y las «emociones fuertes». Está claro que muchas veces compartimos cosas en nuestros dispositivos celulares que no son «aptas» o que no son convenientes. Aquí debemos guiarnos por lo que dice san Pablo: «Todo es lícito, mas no todo es conveniente. Todo es lícito, mas no todo edifica» (I Cor. 10, 23).
Actuar responsablemente
En un segundo nivel de lectura, podemos ver que el joven envía el primer mensaje a su mamá. Probablemente su madre, pensando que algo le había pasado a su hijo, tomó el celular mientras manejaba y se produjo el accidente. La acción irresponsable del hijo pudo haber provocado la muerte de la madre.
Y si bien van en un camino aparentemente rural, también podría haber provocado la muerte de los jóvenes que volvían de vacaciones. ¡Tampoco hay que grabar mientras conducimos! Todas las cosas que no hacemos involucrándonos completamente en lo que estamos haciendo, tienen consecuencias. Y no solo consecuencias peligrosas para nuestra vida, como en este video, sino posiblemente para las vidas de las personas que amamos.
Si realmente sucedió así, y el hijo descubre que él fue la causa de la muerte prematura de su madre por mandar tonterías mientras conduce, ¿Cómo podrá manejar su cargo de conciencia? En este video se nos invita también a actuar con responsabilidad, tratando de no ponernos en peligro con nuestras acciones, y no poner en peligro a nuestros seres queridos con comunicaciones innecesarias o frívolas.
Actuar espiritualmente
Claro que esta es una campaña de «responsabilidad vial» y naturalmente no podemos pedirle una visión sobrenatural de las cosas. Pero como católicos tenemos que acostumbrarnos a ver todas las cosas, hasta las más pequeñas, en visión de eternidad. Se puede hacer mucho bien no solo absteniéndose de hacer cosas inconvenientes o frívolas, sino rectificando la mirada para sobrenaturalizar, es decir para elevar nuestra mirada a lo que Dios nos está pidiendo que hagamos en el momento que las cosas suceden.
No sabemos el poder que Dios nos otorga mediante la oración de intercesión, mediante la oración confiada en la que ponemos nuestra esperanza en Dios y no en las cosas de la tierra. Me explico: hace unos años, en un gravísimo accidente de tránsito, falleció un querido primo mío. Mi primo no era una persona muy espiritual, y su madre se deshacía en oraciones por la salvación de su alma.
Cuando se enteró de la muerte terrible de su hijo, comenzó a rezar pidiéndole a Dios que le revelara de algún modo si su hijo se había salvado. Pocos meses después, conoció durante un festejo a un sacerdote, y le contó que hacía poco tiempo había perdido un hijo en un gravísimo accidente de tránsito.
Mi tía le contó al sacerdote el lugar y las circunstancias de cómo había ocurrido todo. El sacerdote la miró fijamente y le comentó que él hacía poco tiempo transitaba por el camino donde ella relataba que había ocurrido el accidente de su hijo y cotejando las fechas, el sacerdote le descubrió a la madre dolorida que él había atendido a su hijo en la hora de su muerte, dándole la absolución final. No hay oración que Dios no vea, no hay lágrima que Dios no consuele, no hay dolor que Dios no cubra con su misericordia si ponemos nuestra mirada en Él.
Cuando vemos un accidente, cuando escuchamos una sirena que indica que hay posibles muertes o dramas, ¡Elevemos una oración a Nuestro Señor por las personas involucradas! Si estos chicos, en lugar de tontear con los celulares se hubiesen puesto a rezar por el alma de las personas que estaban en el accidente, habrían ganando tiempo rezando por alguien que posiblemente en ese momento estuviese enfrentando su juicio particular.
Convirtamos en costumbre la oración insistente por las personas involucradas en accidentes, en incendios, en catástrofes. Si no podemos ayudar en el momento dando asistencia a los involucrados porque no estamos preparados para hacerlo, entonces elevemos una oración o una jaculatoria. Un pedido insistente a Nuestro Señor para que auxilie a las personas involucradas con su Providencia, pero también para que reciba en sus manos las almas de las personas que eventualmente hayan podido fallecer.
¡El amor siempre vuelve!
En el Credo afirmamos creer en «la Comunión de los Santos» ¿Qué es esto de la Comunión de los Santos? Mi querida Santa Teresita del Niño Jesús («Santa Tere» para nuestra familia) se enteró cuando tenía 14 años que un terrible criminal llamado Pranzini, había sido condenado a muerte por unos crímenes horribles, y no mostraba señales de arrepentimiento.
Santa Tere eleva a Dios esta oración: «Dios mío, tengo la completa seguridad de que perdonáis al desdichado Pranzini: lo creería aunque no se confesase ni diese señal alguna de contrición; tanta es mi confianza en vuestra misericordia infinita. Pero, Señor, es el primer pecador que os encomiendo; por tanto, os suplico que me concedáis tan solo una señal de su arrepentimiento únicamente para consuelo de mi alma».
Su oración fue escuchada al pie de la letra. El día que el hombre iba a ser ejecutado, a punto ya de poner su cabeza a la guillotina, se dio vuelta, se acercó al sacerdote que asistía a la ejecución y besó tres veces las llagas del crucifijo que llevaba en sus manos. ¡Nuestras oraciones son escuchadas! ¡Necesitamos dirigirnos más a Dios y pedirle esas cosas concretas!
Pero esto tiene un «beneficio adicional», como si la oferta de la salvación de las almas fuera poco (¡Nuestro Señor es infinitamente generoso!) también repercute en mi propia salvación. Si yo pido y rezo porque Dios reciba en el Cielo a personas desconocidas, esas personas, que tal vez puedan no tener alguien que rece por ellos, al entrar al Cielo, se van a sentir eternamente agradecidos por esas oraciones, por pequeñas y sencillas que hayan podido ser. ¡Y van a interceder por nosotros desde el Cielo! ¡Es una oferta maravillosa! Por eso, tengamos siempre esa visión sobrenatural: Intercedamos unos por los otros, en la seguridad de que Dios nunca nos abandona cuando nos dirigimos confiadamente a Él.
Amar a los desconocidos
Cuando pasemos por un cementerio, cuando veamos un accidente fatal, cuando escuchemos una sirena, hagamos un pequeño responso: «Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios descansen en paz», «Dales señor el descanso eterno, y brille para ellos la luz que no tiene fin».
O con nuestras palabras, como Santa Tere: «Señor te encomiendo las almas de las personas involucradas en esta tragedia, y si es para bien de mi alma, hazme saber qué necesitan para salvarse». En cada Eucaristía, en cada Rosario, pongamos como intención rezar por las almas por las que nadie reza y están olvidadas en el purgatorio.
Cada vez que lucremos una indulgencia, ofrezcámosla a la Virgen para que ella con su corazón maternal la aplique a las almas que más sufren, a aquellos que no tienen quién eleve una oración por ellos. «Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos?» (Mt. 5, 46).
El Catecismo de la Iglesia Católica dice
La comunión de la caridad: En la comunión de los santos, «ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo» (Rm 14, 7). «Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte» (1 Co 12, 26-27).
«La caridad no busca su interés» (1 Co 13, 5; cf. 1 Co 10, 24). El menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos. Todo pecado daña a esta comunión.
El vuelo hacia la eternidad de uno de los pilotos que falleció junto a los jugadores del Chapecoense
El paraguayo Gustavo Encina formó parte de la delegación que viajó durante el vuelo que trasladó al equipo de fútbol brasileño Chapecoense a Medellín (Colombia) y que finalizó en una tragedia que conmovió al mundo entero.
Gustavo fue uno de los fallecidos en el accidente en calidad de miembro de la tripulación (despachante de vuelo). Sin embargo, un mensaje que posteó en redes sociales antes del accidente generó mayor consternación y una invitación a la reflexión, tal cual indicó el diario Hoyde Paraguay.
“¿Hacia dónde miras en tu vida? ¿Atrás o adelante? Que el Señor te dé la gracia de soltar las cosas, aun aquellas que consideras preciosas en esta vida, y te permita mirar hacia adelante, donde está Cristo esperándote, para un encuentro glorioso que te abrirá las puertas de la eternidad”, expresó.
En tanto, la madre de Gustavo declaró a otro medio paraguayo que antes del vuelo había prometido llevar las imágenes del Divino Niño Jesús para el bautismo de la menor de sus tres hijos.
Gustavo era padre de tres hijos. El mayor de 20, una adolescente de 17 y la más chica dos años.