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domingo, 16 de noviembre de 2025

Evangelio del día - ¿No sería muchísimo mejor escucharlo con la familia proclamado en la Santa Misa Dominical presencial?


 

Libro de Malaquías 3,19-20.

Porque llega el Día, abrasador como un horno. Todos los arrogantes y los que hacen el mal serán como paja; el Día que llega los consumirá, dice el Señor de los ejércitos, hasta no dejarles raíz ni rama.
Pero para ustedes, los que temen mi Nombre, brillará el sol de justicia que trae la salud en sus rayos, y saldrán brincando como terneros bien alimentados.

Salmo 98(97),5-6.7-8.9.

Canten al Señor con el arpa
y al son de instrumentos musicales;
con clarines y sonidos de trompeta
aclamen al Señor, que es Rey.

Resuene el mar y todo lo que hay en él,
el mundo y todos sus habitantes;
aplaudan las corrientes del océano,
griten de gozo las montañas al unísono.

Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra:
él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con rectitud.


Segunda Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 3,7-12.

Porque ustedes ya saben cómo deben seguir nuestro ejemplo. Cuando estábamos entre ustedes, no vivíamos como holgazanes,
y nadie nos regalaba el pan que comíamos. Al contrario, trabajábamos duramente, día y noche, hasta cansarnos, con tal de no ser una carga para ninguno de ustedes.
Aunque teníamos el derecho de proceder de otra manera, queríamos darles un ejemplo para imitar.
En aquella ocasión les impusimos esta regla: el que no quiera trabajar, que no coma.
Ahora, sin embargo, nos enteramos de que algunos de ustedes viven ociosamente, no haciendo nada y entrometiéndose en todo.
A estos les mandamos y los exhortamos en el Señor Jesucristo que trabajen en paz para ganarse su pan.


Evangelio según San Lucas 21,5-19.

Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo:
"De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido".
Ellos le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?".
Jesús respondió: "Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: 'Soy yo', y también: 'El tiempo está cerca'. No los sigan.
Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin".
Después les dijo: "Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en el cielo."
Pero antes de todo eso, los detendrán, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y serán encarcelados; los llevarán ante reyes y gobernadores a causa de mi Nombre,
y esto les sucederá para que puedan dar testimonio de mí.
Tengan bien presente que no deberán preparar su defensa,
porque yo mismo les daré una elocuencia y una sabiduría que ninguno de sus adversarios podrá resistir ni contradecir.
Serán entregados hasta por sus propios padres y hermanos, por sus parientes y amigos; y a muchos de ustedes los matarán.
Serán odiados por todos a causa de mi Nombre.
Pero ni siquiera un cabello se les caerá de la cabeza.
Gracias a la constancia salvarán sus vidas.»

Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.


Bulle

San Teodoro el Estudita (759-826)
monje en Constantinopla
Catequesis (Les Grandes Catéchèses, coll. Spiritualité Orientale 79, Bellefontaine, 2002), trad. sc©evangelizo.org


¡ Veneren sólo al Dios vivo!

“¡Alégrense sin cesar en el Señor!” (Flp 4,4). ¿Por qué no están llenos de alegría y caminan en la alegría? Ustedes fueron jugados dignos de ser atraídos a este estado evangélico por un llamado que discierne y predestina (cf. Rom 8,29-30), llamado de Dios que gobierna todo por su sabiduría.
Ahora, que por la elevación de su género de vida he aquí que están sobre una altura, vuelvan su mirada hacia la vida miserable y rampante de los hombres. Ella está como sacudida por el mar, proyectada acá y allá por el movimiento incierto de asuntos. En verdad, nada dura, nada permanece en el mismo estado, lo ven bien. Mismo los reyes pasan, los príncipes caen, los poderosos dueños de la tierra mueren como simples mortales (cf. Sal 81,7), los que están casados se separan abandonando a su pareja o siendo abandonados. La belleza se marchita pronto, la juventud es efímera, el placer fugaz, la riqueza se disipa como el sueño de una sombra. Sólo se encuentran lamentaciones y duelo en las adversidades de los mortales. (…) Pero ustedes mis hermanos, ¿cómo y dónde fueron llamados, cómo subieron a la montaña del Señor (cf. Sal 23,3)? ¿Cómo contemplan las maravillas de la vida celestial? (…)
Quiera Dios, que los hizo ascender a esas alturas, hacerlos fuertes y afirmarlos para que realicen siempre lo que le agrada, en la santidad y la justicia (cf. Lc 1,75) (…). ¡Hijos míos, veneren sólo al Dios vivo! (cf. 12,5 ; Apo 14,7) (EDD)


Reflexión sobre el cuadro

A menudo decimos: "Bueno, no es el fin del mundo", cuando algo va mal y queremos consolar a alguien o relativizar las cosas. Sin embargo, cuando perdemos a alguien a quien queremos, o cuando sobreviene una tragedia (una enfermedad grave, un accidente, una casa destruida por un incendio, como les ocurrió a unos amigos míos) sí que parece el fin del mundo. Todo lo conocido se derrumba. En la lectura del Evangelio de hoy, Jesús habla de esa misma experiencia. De pie ante el Templo, ese símbolo inmenso y aparentemente indestructible de la presencia de Dios, advierte que un día "no quedará piedra sobre piedra". Y efectivamente, en el año 70 d.C. ocurrió lo inimaginable: el Templo fue destruido. Tras meses de brutales combates durante la Primera Guerra Judeo-Romana que comenzó en el año 66 d.C., la ciudad cayó, y el Segundo Templo, reconstruido originalmente tras el exilio babilónico y ampliado posteriormente por Herodes el Grande, fue quemado y derribado. Para los que han visitado Jerusalén, sólo queda un muro, el Muro Occidental o de las Lamentaciones.

Jesús nos dice que todo en esta vida llega a su fin, incluso el más aparentemente indestructible de los edificios un día no permanecerá. Por tanto, la fe debe mantenerse firme cuando todo lo demás se desmorona. "No os asustéis", nos dice, porque incluso en el caos, Dios permanece fiel. El Evangelio no es una promesa de que la vida será fácil, sino de que Cristo estará a nuestro lado en todas las pruebas. Nuestro mundo puede parecer a veces que se desmorona, pero cuando los muros de nuestras vidas parecen derrumbarse, la fe sigue siendo nuestro verdadero cimiento, uno que ningún fuego, ninguna pena, ninguna destrucción podrá jamás quitarnos.

El Muro de las Lamentaciones de Gustav Bauernfeind, pintado en 1887, es una bella representación de uno de los lugares más sagrados de Tierra Santa. Las inmensas piedras doradas del Muro dominan el lienzo, bañadas por una luz suave, casi sobrenatural, mientras pequeñas figuras de fieles judíos se reúnen humildemente en su base. Al dar más protagonismo al Muro que a la gente, Bauernfeind capta tanto la intemporalidad de la fe como la resistencia de la oración a través de siglos de pérdida y renovación. La escena es arqueológicamente precisa pero profundamente espiritual, combinando realismo y reverencia. Bauernfeind (1848-1904), arquitecto alemán reconvertido en pintor, viajó mucho por Oriente Próximo y se convirtió en uno de los artistas orientalistas más destacados de su época. Su ojo meticuloso para la estructura y la luz, formado por la observación de primera mano, le permitió representar Jerusalén no sólo como un lugar de historia, sino como un símbolo vivo de devoción, con sus piedras antiguas casi brillando con el poder de la presencia perdurable de Dios.

by Padre Patrick van der Vorst

Oración

Señor Jesús, tú dabas gracias al Padre
cuando veías a alguien rezar con fe.
Danos la gracia de la oración constante
enviándonos tu Espíritu Santo.

Tenemos que buscarte menos
y mejor reconocer que estás ahí
en todos y cada uno de nosotros
para que nazcas en el mundo.

Gracias por este don de la oración
que nos pone en un estado de paz,
que nos procura fuerza y consuelo
para soportar los sufrimientos de la vida.

Danos siempre en el momento apropiado
la oración que necesitemos hoy.
Sé nuestro apoyo en el combate espiritual
que luchamos en la noche y el desierto.

Haznos victoriosos sobre el odio
por el poder de tu santo nombre.
Que irrigue nuestro corazón como una fuente
cuando ya no sepamos rezar más.

Lee esta oración en el blog de Jacques Gauthier.



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