
¿Qué harías si supieras que solo te quedan unos minutos de vida? Un joven santo, Domingo Savio, vivía cada día preparado para encontrarse con el Señor Jesús, como en un Adviento permanente.
La idea de la muerte
Muchos se desesperan ante la idea de morir: cada vez somos más materialistas y vemos la muerte como un vacío, una pérdida, y no como un encuentro con Dios. Pero, ¿no es la muerte nuestra única certeza en esta vida?
Muchos intentan responder a esta pregunta inventando y multiplicando cosas que hacer.
Le hicieron esta misma pregunta a un joven de Cerdeña, Italia, llamado Domingo Savio, muy cercano a Don Bosco, fundador de los salesianos. En ese momento, el joven Domingo estaba jugando al fútbol con sus compañeros de colegio. Su respuesta fue muy sencilla: "Seguiría jugando al fútbol con mis amigo".
¿Debemos concluir entonces que para Domingos Savio era más importante divertirse que prepararse para su propia muerte o para el fin de los tiempos?
¡De ninguna manera! Poco antes de hacer la Primera Comunión, escribió:
Propósitos hechos por mí, Domingos Savio, en el año 1849, a la edad de siete años:
1º. Me confesaré con frecuencia y recibiré la Comunión todas las veces que el confesor me lo permita.
2º. Santificaré los días de precepto.
3º. Mis amigos serán Jesús y María.
4º. Antes morir que pecar.
Siete años después de esa fecha tan importante, muy enfermo, le escribió a Don Bosco:
"Quiero decirles que siento el deseo y la necesidad de convertirme en santo. Nunca hubiera imaginado que alguien pudiera llegar a ser santo con tanta facilidad; pero ahora que he visto que alguien puede muy bien llegar a ser santo estando siempre alegre, quiero absolutamente y tengo la absoluta necesidad de ser santo".
El 9 de marzo de 1857, a los 14 años, pocos momentos antes de su muerte, "Domingo" le dijo a su padre: "Papá, ¡aquí estamos! Es hora de rezar por mí las letanías de la buena muerte". Y añadió: "Adiós. ¡Qué maravilla estoy viendo!".
El Adviento
Domingos Savio encarna y resume los textos bíblicos que la Iglesia nos propone para comenzar el Adviento:
"Señor, tú eres nuestro padre, nosotros somos arcilla; tú, nuestro alfarero, y todos nosotros, obra de tus manos" (Is 64,7).
"[El Padre] les dará perseverancia en su conducta irreprochable, hasta el fin, hasta el día de nuestro Señor Jesucristo" (1 Co 1,8).
"Estén atentos, porque no saben cuándo llegará el momento. ¡Velen!" (Mc 13,33;37).
Santo Domingo Savio nos enseña a vivir cada día como si fuera nuestro último día en la tierra. Él estaba preparado para el encuentro con Dios. En cuanto a mí, ¿lo estoy también?
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