Con la gracia de Dios y el trabajo de muchos sacerdotes y consejos par-
Con la gracia de Dios y el trabajo de muchos
sacerdotes y consejos
parroquiales de pastoral, vamos avanzando en el Proyecto
que la Conferencia
Episcopal de Guatemala nos ha confiado animar, cuyo título lo dice todo:
PARROQUIA MISIONERA, COMUNIDAD DE COMUNIDADES, AL
SERVICIO DEL REINO.
Queremos que nos ayude a todos (obispo, sacerdotes, religiosas y laicos-as misioneros) a pasar:
de una pastoral “deductiva” a una pastoral “inductiva”, la que parte de
la realidad de nuestras gentes,
de una pastoral fría y distante a una pastoral cálida y con sabor a hogar,
de una pastoral de centro a una pastoral de periferias,
de una pastoral de templo a una pastoral de calle,
de una pastoral de laboratorio a una pastoral de caminos compartidos,
de una pastoral prepotente a una pastoral humilde,
de una pastoral prefabricada a una pastoral artesanal,
de una pastoral del maltrato a una pastoral de la acogida y el acompañamiento,
de una pastoral del “ordeno y mando” a una pastoral del “me abajo y
sirvo”,
de una pastoral de los grandes eventos a una pastoral de los pacientes
procesos,
de una pastoral de las palabras vacías y aprendidas a una pastoral de los
hechos cargados de signo,
de una pastoral de la condena a una pastoral de la acogida;
de una pastoral de las respuestas hechas a una pastoral de las preguntas
abiertas,
de una pastoral de la acomodación perezosa a una pastoral de la inquietud
permanente,
de una pastoral para selectos a una pastoral de puertas abiertas a todos,
de una pastoral de acomodados a una pastoral de amor preferencial por
los empobrecidos,
de una pastoral de la exclusión a una pastoral que quiere y se compro-
mete a integrar;
de una pastoral fríamente conservadora a una pastoral intensamente misionera;
de una pastoral “incluida” por los ricos a
una pastoral comprometida con
los empobrecidos;
de una pastoral de eventos a una pastoral de procesos;
de una pastoral con sabor clerical a una pastoral con sabor a pueblo de
Dios;
de una pastoral elitista y excluyente a una pastoral popular e incluyente;
y para terminar y resumir estos elocuentes contrastes, queremos pasar
de una pastoral dura, intransigente, prepotente y distante a una pastoral
de la misericordia que acoge y acompaña al que llega con todo y su vida
a cuestas, que acoge y, sobre todo, que sale “a brindar misericordia.

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