El Papa León XIV almorzó este mediodía con más de 1.300 personas en situación de pobreza y exclusión en el Aula Pablo VI del Vaticano, transformada para la ocasión en un gran comedor, con motivo de la Jornada Mundial de los Pobres.
El almuerzo fue organizado por la Congregación de la Misión en nombre de todos los misioneros vicencianos del mundo, quienes celebran este año el 400º aniversario del nacimiento de su fundador, y de las Hijas de la Caridad, que también forman parte de la familia vicentina. El menú incluyó lasaña, pollo empanado con patatas y el tradicional postre italiano babà, servido por los propios voluntarios de estas organizaciones católicas.
Para este almuerzo especial, el Vaticano optó por un servicio cuidado y digno:
los comensales no utilizaron platos de plástico ni desechables, sino vajilla de
calidad, con cubiertos y mantelería, como signo de respeto y cercanía hacia las
personas necesitadas. De este modo, la jornada no solo ofreció una comida, sino
también una experiencia de dignidad y cuidado, subrayando que todos merecen ser
tratados con respeto y atención.
Tras el almuerzo, el Papa León XIV destacó la importancia de la labor que desempeña la Congregación de la Misión con los más vulnerables: “Este almuerzo que ahora recibimos es ofrecido por la Providencia y por la gran generosidad de la Comunidad de San Vicente, a quienes queremos agradecer”.
“Mi amado predecesor, el Papa Francisco”
Durante su intervención, el Pontífice expresó su alegría
por compartir este momento con los más necesitados: “Con gran alegría nos
reunimos esta tarde para este almuerzo, en la Jornada de los Pobres que tanto
quiso mi amado predecesor, el Papa Francisco”.
Hizo además un reconocimiento al esfuerzo de quienes
trabajan con los pobres: “Tantos sacerdotes, religiosas y laicos voluntarios
dedican su vida a ayudar a personas que viven diversas necesidades. Estamos
llenos de gratitud por ellos”.
La Congregación de la Misión organizó la comida del Santo Padre en el
Vaticano con personas en situación de pobreza. Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN
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El Papa también dirigió una oración sobre la comida y
sobre todos los presentes: “Que el Señor bendiga los dones que recibiremos,
bendiga la vida de cada uno de nosotros, nuestros seres queridos y todos los
que nos han acompañado en el camino”. Recordó además a quienes sufren en el
mundo: “Demos la bendición del Señor a quienes sufren por la violencia, la
guerra y el hambre, y que podamos celebrar hoy esta fiesta en espíritu de
fraternidad”.
En su mensaje final, el Papa subrayó la importancia de caminar juntos en el amor y la solidaridad: “Bendice nuestra vida, nuestra fraternidad. Ayúdanos a caminar siempre unidos en tu amor. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo, nuestro Señor. Amén. ¡Muchos saludos y buen provecho!”.
El almuerzo fue animado, con momentos musicales y piezas
clásicas de la tradición napolitana, interpretadas por 100 jóvenes del barrio
Rione Sanità de Nápoles, participantes en los programas educativos
Sanitansamble y Tornà a Cantà, promovidos por la Fundación Nova Opera ETS. Sus
interpretaciones de piezas clásicas y melodías napolitanas ofrecieron un
mensaje de alegría y esperanza, símbolo de una caridad que también se expresa
en el arte y la belleza compartida.
Como en años anteriores, la Santa Sede, a través del
limosnero papal, el Cardenal polaco Konrad Krajewski, invitó a este almuerzo a
un grupo de personas trans que viven en la localidad romana de Torvaianica. El
P. Andrea Conocchia confirmó a ACI Prensa que eran más o menos 50 de los 1300
invitados por el Vaticano.
Al finalizar el almuerzo, la Familia Vicenciana de Italia
entregó a cada invitado la “Mochila de San Vicente”, con alimentos y productos
de higiene, como gesto de cercanía y continuidad en el acompañamiento.
Victoria Cardiel, Vatican.va

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