«La directora se ha pasado de sutil, la película ha gustado al obispo Munilla», se escandaliza Irantzu Varela

Ainara hace una experiencia en un convento... con sus platos y vasos Duralex... hay anticristianos molestos con el filme
En 3 semanas en los cines Los Domingos ya ha superado los 400.000 espectadores y sigue atrayendo gente al cine y comentaristas al debate.
Hay casi total unanimidad en la gran calidad técnica y artística de la directora, Alauda Ruiz, y de los actores. Pero hay mucho escrito, y muy variado, sobre su significación.
Vamos a repasar el comentario de una militante feminista atea, lesbiana y de extrema izquierda, que cree saber algo de religión porque, dice, fue a un colegio de monjas.
Después vamos a recoger la experiencia real de dos jóvenes que entraron muy pronto en clausura en el País Vasco: llevan ya unos años, y han contado su experiencia en cadena COPE.
Realismo, costumbrismo... y una chica que habla con Dios
El debate se centra en el contenido y su significado. Para los creyentes, la directora hizo un buen trabajo de documentación, deja hablar a los personajes creyentes con su lenguaje y motivaciones y así expresan bien las realidades espirituales. Lo espiritual, por definición, es difícil de explicar en palabras, y más en imágenes realistas, costumbristas, aunque con una historia de ficción. "Jesús nos habla poniendo un deseo en nuestro corazón", dice la joven Ainara, que está pensando en probar la vida de clausura. Quiere que Dios le hable con más claridad, que le oriente. Dice que con las monjas se siente muy bien. Luego prueba con ellas unos días: frío, austeridad, silencio, trabajo en la cocina, en el huerto, rezos y salmos...
Lo cierto es que hay 1.200 millones de católicos, y Dios pone deseos buenos y santos en el corazón de todos si se paran a rezar y a escuchar un rato. ¡Pero solo unos 30.000 o 40.000 han sido llamados a la clausura! Varios cientos de miles se han sentido llamados a otra consagración (en congregaciones misioneras, educativas, etc...). Millones se han lanzado a la aventura, también un poco loca, del matrimonio cristiano.
La clausura es un llamado muy especial e infrecuente. Pero no es insólito ni extrañísimo: cada generación, desde hace muchos siglos, lo han explorado miles de almas.
Irantzu Varela: Dios no existe, es una secta, etc...
Irantzu Varela en su web personal se define como "periodista, escritora y cómica. Feminista, vasca, gorda, bollera [lesbiana], menos mala de lo que parece y más lista de lo que debería". Ella misma reconoce que suele ser bastante agresiva en sus formas. Y ha sido candidata de EH Bildu al Senado por Vizcaya (es el partido de extrema izquierda independentista vasca aliado durante décadas del grupo terrorista ETA). Irantzu recibió en 2022 el "Reconocimiento Arcoíris del Ministerio de Igualdad y la Dirección General de Diversidad Sexual y Derechos LGTBI, por su visibilidad lésbica".
Irantzu Varela, en un artículo, alaba la película por su realismo, por lo creíble que es todo. "Esas monjas comiendo y tomando café en vajilla caramelo de Duralex son la vida misma hecha arte". "La película, repito, es extraordinaria", insiste.
Su ateísmo militante y su rabia contra la idea misma de Dios le aportan unas gafas peculiares desde las que ve la película con un color muy distinto al del espectador católico o al espectador casual.
"Nagore Aramburu es la monja vasca perfecta. Mala con cara de buena, manipuladora con sonrisa inocente, una psicópata que gestiona la sucursal de una secta, con aspecto tan inocuo que le entregarías a tu hija", describe.
En la película no vemos que el personaje haga nada psicopático ni nada sectario. De hecho, la vemos fregando el patio: no parece ser "muy jefa" de secta. Pero, claro, Irantzu puede decir que eso demuestra ¡lo astuta y manipuladora que es! Lo mismo podría decir de la santa más santa.
"[El padre] Se deja secuestrar una hija por el fanatismo, sin tener sangre ni para ser un fanático". [La joven actriz Blanca Soroa] borda el papel de joven vulnerable a la manipulación y receptiva a creencias capaces de convencerte de que Dios te habla (holiii) y de que tienes que casarte con Él y encerrarte en un convento. Esa placidez inquietante y abiertamente condescendiente de quienes se sienten a salvo porque un ser celestial les protege de todo mal, no podría interpretarse mejor".
Un espectador católico diría que la paz que transmite la joven Ainara, sobre todo después de tomar decisiones serias, puede ser fruto del Espíritu Santo, algo bueno. La periodista atea lo considera, en cambio, "placidez inquietante y abiertamente condescendiente".
¿Qué sabe la antigua candidata de EH Bildu sobre religión? Ella cree saber bastante. "Yo fui a un colegio de monjas", dice. "Como yo fui a un colegio de monjas, descifro perfectamente la maldad satánica de ese cura joven y amable, la terrorífica ideología de alguien que lleva un alzacuellos en 2025, la repugnante visión detrás de la conversación sobre la relación con Mikel y las piruetas de adoctrinamiento implacable detrás de usar dinámicas de juegos aparentemente inocentes para convencerte de que la divina providencia te salvará de todo mal".
"Como yo he ido a un colegio de monjas, leo la perversión en las intenciones de la Madre (“madre”, ¿eh?) Isabel, que quiere “ovejas” para su rebaño, y veo el lavado de cerebro en la tierna y aterradora monja viejita, que lleva 64 años sin salir del convento. Como fui a un colegio de monjas (y me vine arriba, por supuesto) e hice ejercicios espirituales en Loyola y me fui de “misiones” con 19 y conviví durante meses con monjas en su casa, reconozco esos platos de Duralex, y esas mesas de formica marrón y esas comidas en silencio, y esa borrachera de canciones y misticismo y esa sensación de que Dios te habla", insiste.

"La tierna y aterradora monja viejita", dice Irantzu Varela, una supuesta víctima de lavado de cerebro (lo dice Irantzu, no la película Los Domingos)
"Por eso creo que Ruiz de Azúa o ha sobreestimado a su público, o nos hace trampas. En Los domingos, la elección de Ainara se presenta como una opción válida. Y elegir la vida “contemplativa” [...], que implica encerrarse a los 17 años en un convento con un grupo de desconocidas que creen que (todas) están casadas con Dios y en el que el único móvil lo tiene la jefa, no es una opción válida", proclama.
Vale la pena detallar que las monjas que le gustan a Ainara no son "desconocidas": va a misa casi diaria con ellas desde hace meses o años. Y ha convivido con ellas en una experiencia de varios días. Para consagrarse hay que pasar un postulantado, un noviciado, unos primeros votos, etc... es un proceso paulatino de años. Y "encerrarse" no es encerrarse. Como dice la madre, algunas se han ido. En cuanto a que haya sólo un móvil... ¡hace pocos años nadie, ni las abadesas ni los reyes, tenían móviles! ¿Eso les quitaba libertad?
Pero esto son matices: para la activista atea, entrar en un monasterio de clausura "no es una opción válida"... porque lo dice ella, que pasó por Loyola una vez.
En realidad, el análisis de Irantzu Varela, como el de la tía Maite, no nace de nada que haya visto en un colegio de monjas ni conviviendo con monjas. Nace de un a priori, nace de sus convicciones antirreligiosas: su creencia de que Dios no existe y no puede hablar.
¿La directora "se ha pasado de sutil"?
"Yo me doy cuenta de eso porque sé que Dios no existe y que casarse con él es una performance de secta de alienadas, y que ponerse un hábito y tumbarse en el suelo con los brazos en cruz como rito de entrada a un encierro perpetuo es la representación de una tragedia terrorífica, pero no tengo claro que Alauda Ruiz de Azúa piense -o quiera que el público piense- lo mismo", escribe.
"Lo que no creo es que sea consciente de que ha hecho una película en la que el proceso de “discernimiento” de la protagonista no parece un viaje a la sinrazón, con un final terrorífico. Creo que se ha pasado de sutil. Y la prueba es que la película le ha gustado a Munilla, el obispo al que las feministas le parecíamos el demonio", comenta escandalizadísima.
"Si la adolescente protagonista pronunciara la “oración del abandono” -«Padre mío, me abandono a ti; haz de mí lo que quieras; pongo mi vida en tus manos»- dedicada a un hombre o (Dios no lo quiera, qué aberración) a otro dios del mercado monoteista del monopoly teológico (ya lo dice Sor Isabel, “espiritualidades hay muchas, pero dios solo hay uno”) entenderíamos lo terrible de lo que está diciendo. Pero como vivimos en este Estado aconfesional que, en realidad, es aterradora y naturalizadamente católico, pues nos parece una película bonita sobre el respeto", añade la feminista de extrema izquierda.
Quizá Irantzu no se da cuenta de que no es lo mismo entregarse a Dios (que es quien te ha creado, te conoce mejor que tú mismo, te ama y es quien puede ayudarte en esta vida y en la vida tras la muerte) que 'entregarse' a un hombre. Dar a un mero hombre lo que pertenece a Dios es la definición de idolatría, y es lo que combate el cristianismo desde siempre. De todas formas, en cada boda católica, suele haber dos oraciones de entrega: la del esposo y la esposa. "Yo, N., te recibo a ti, N., como esposo y me entrego a ti, y prometo serte fiel..." Millones de parejas lo proclaman cada año en el mundo, y así nacen familias.
Lo que da susto
Por último, la activista atea hace una recomendación: "Volvedla a ver [la película] bajo la certeza absoluta (que juraría que comparto con Ruiz de Azúa) de que Dios no existe. Veréis que susto".
Pero, si Dios, el Dios cristiano, no existe, y lo supiéramos con esa peculiar "certeza absoluta", lo que daría susto no sería una sencilla película. Lo que daría susto sería la vida. Cada uno de nosotros viviríamos unos años, con más o menos sufrimientos, y luego moriríamos, y lo perderíamos todo. El bien y el mal valdrían lo mismo. Ser un ateo humanista o ser un ateo suicida y nihilista valdrían igual. O ser un simple depredador apoyado en la ley del más fuerte, ¿por qué no?.
De hecho, si Dios no existe, vivir autoengañado o anestesiado con todo tipo de placebos temporales (ideológicos, placeres, estéticos) vale lo mismo que vivir un existencialismo "lúcido" amargado y depresivo, de personaje de Dostoyevsky. Sería vivir un rato -ni bien ni mal, porque no existiría ni el bien ni el mal- y luego morirse.
Eso da más miedo, a quien se pare a pensarlo, que una película sobre una chica (y toda una civilización, la cristiana) que se siente amada por Dios y vive amando a sus hermanos y hermanas.
¿Y qué dicen "las alienadas"?
Irantzu Varela dice que "casarse con Dios es una performance de secta de alienadas". Pero, repitamos, hoy hay decenas de miles de monjes y monjas de clausura que viven esa experiencia. Otras decenas de miles lo vivieron antes.
¿Son una secta de alienadas? Ni tía Maite en la película ni Irantzu Varela en su artículo aportan ni un solo argumento ni dato que lo muestre. Sólo repiten su dogma de que "Dios no existe". La tía Maite acaba gritándolo. Pero eso no encaja con la experiencia que declaran las supuestas "alienadas".
En Cadena COPE hablan con dos monjas de clausura jóvenes, pero ya con un recorrido. Se trata de "Carolina y Fátima, dos jóvenes navarras que con 21 y 17 años respectivamente ingresaron en el monasterio de las Carmelitas Descalzas de Zarautz, en Guipúzcoa, donde viven con otras nueve hermanas".

Carolina y Fátima son dos jóvenes carmelitas descalzas en un convento del País Vasco (fotos de antes de entrar en clausura)
Carolina lleva 11 años. Dejó los estudios de derecho para entrar. "En la Universidad empecé a llevar una vida más de oración y aunque siempre quise tener mi familia y trabajo, me di cuenta de que Dios había pensado algo para mí y no quería pasar la vida sin hacer nada, en este mundo con tanta violencia y sufrimiento", explicó en La Tarde, de Cope. "Yo había oído hablar de las Misioneras de la Caridad de Teresa de Calcuta, pero no me conformaba con estar en un sitio concreto ayudando a personas concretas. Tenía la intuición que desde la clausura se llega a todo el mundo. Decidí dejar lo que tenía para venir al convento de Zarautz”, explicó.
Carolina en el convento atiende la huerta y la cocina, aunque “el día está partido por las liturgias de las horas que rezamos en comunidad”. Y avisa: "Aunque parezca repetitivo, en once años que llevo aquí no he visto dos días iguales”.
Fátima terminó la Selectividad con 17 años, la misma edad que Ainara en la película. Desde cuarto curto de ESO acudía a un grupo de oración de la Renovación Carismática los domingos. Le gustaba la natación, el mar, la Biología Marina, pero alabar a Dios en la oración le atraía más. “No conocía a ninguna monja y busqué por Internet. Me salió una lista por orden alfabético de las órdenes religiosas y al ver Carmelitas Descalzas me llamaron la atención. Empecé a investigar, fui discerniendo con el sacerdote y vimos que mi vocación era la clausura”, explicó en COPE.
El mar también le hacía pensar en Dios, como a tantos antes que ella, incluyendo grandes exploradores como el fraile agustino y marino Andrés Urdaneta, que descubrió la ruta de Asia a América. "Yo tenía una sensación de libertad enorme al contemplar la inmensidad de la Creación, la belleza de Dios, y me di cuenta de que lo que buscaba estaba en Dios. Me llamaba la atención de llegar a todas las partes el mundo a través de la oración y la entrega", ha recalcado.
Así, ambas insisten en que ellas no se sienten "desconectadas" sino que buscan conectar con todo el mundo, y con Dios, a través de la oración. Fátima detalla que "nos llegan las noticias e intercedemos por todos. Nos enteramos de las noticias porque la Madre te informa. Intercedemos por el mundo y tenemos que saber qué está pasando".
Los amigos y parientes de Carolina aceptaron su vocación: "Cuando les conté mi vocación, decían que me veían tan feliz...” A los padres de Fátima les costó un poco más, pero "fueron aceptándolo y están felices. Mis amigos, lo mismo, ellos me decían que les daba pena que me fuera pero me veían tan feliz que solo podían alegrarse por mí".
Nada de esto encaja con la supuesta "secta de alienadas" que, según Irantzu Varela, sería cada convento de clausura del mundo y, de hecho, cada creyente que se pone a la escucha de Dios en oración.
Pablo J. Ginés, ReL
Vea también La vocación cristiana,
el llamado de Dios
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