Entradas populares

Mostrando entradas con la etiqueta Prisión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Prisión. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de mayo de 2022

Estoy presa y soy catequista de mis compañeras, una propuesta inédita en Chile

 

CHILE

“Soy católica y realicé mi Confirmación acá en la prisión, pero sentí que quería más, me veo cuando salga en libertad preparando a niños, jóvenes y padres, estar con la gente y realizar un servicio para otros”, expresa a Aleteia Monserrat Morales, una de las cinco internas del Centro Penitenciario Femenino (CPF) de Santiago que será preparada como catequista.


Por primera vez en la historia de Chile, un grupo de privadas de libertad realizará la preparación para ser catequistas de sus compañeras, con el sueño de cumplir esta labor cuando salgan en libertad.  

Para muchas reclusas el acercarse a Dios y recibir los sacramentos les ha devuelto la fe en que si pueden soñar con una vida nueva. En el marco del Día del Catequista celebrado el 22 de mayo, quisimos recoger esta hermosa historia que se teje en el CPF.

Las duras restricciones que trajo la pandemia del COVID-19 golpearon con mayor crudeza a las internas, quienes se vieron impedidas de compartir con sus familias y seres queridos por meses interminables. Por ello, el 2021 trajo un respiro cuando se autorizó a que se retomara el trabajo de preparación para recibir los sacramentos.

“En la cárcel no se puede mostrar debilidad, fragilidad, se vive con constantes caretas, demostrando fuerza, entonces la catequesis, es el espacio que tienen para conectarse con lo que sienten de verdad y pueden manifestarlo, compartiendo sus historias de vida, las cuales están llenas de dolor”, comenta Francisco Mera, agente pastoral penitenciario quien inició la labor de catequista de las internas durante la pandemia.

Es así como 15 mujeres recibieron sus sacramentos el año pasado, de las cuales cinco solicitaron la preparación para ser catequistas de sus compañeras, con la mirada en seguir cumpliendo esta labor cuando salgan en libertad y puedan así tener un espacio de reinserción y aporte a la comunidad.

CHILE
El sueño es seguir desempeñándose como catequistas cuando estén en libertad

Siento que es una misión

Monserrat Morales tiene 30 años, es madre de dos hijas de 13 y 6 años y le quedan ocho años para cumplir su condena: “Soy católica y realicé mi confirmación acá, para mí ha significado mucho ya que en lo personal siento que el acercarme a Dios  le da más sentido a la vida y me aleja de las tentaciones”. 

Sobre la posibilidad de convertirse en catequista expresa: “Sentí que quería más, que tengo una misión y pienso que con esto podré preparar a niños, jóvenes y los padres para la Primera Comunión o la Confirmación, estar cerca de la gente, prestar servicio a otrosMe imagino ir a la iglesia con mis hijas cuando salga y ellas están contentas con esto. También algunas compañeras han manifestado interés en acercarse a Dios y conocer lo que vamos a realizar”. 

Un primer encuentro con Dios

Mera es también diacono y en el largo camino de acompañamiento a privados de libertad ha visto cómo es el proceso de conversión:

“En la cárcel en particular ocurre que el privado de libertad pide que quiere recibir los sacramentos ya sea del Bautismo, Primera Comunión o Confirmación, nace de la reflexión, del dolor que viven. Se genera la inquietud por acercarse a Dios, para muchas personas es el primer encuentro con él. Comienzan a rezar por las noches y descubren este nuevo camino de paz y reconciliación”.  

“Me conmovió el corazón cuando las chiquillas me dijeron que quieren ser catequistas. Uno de los periodos más duros es cuando ellas salen libres con el deseo genuino de cambiar de vida y soportar la presión de la realidad, requiere de una fortaleza espiritual muy grande, por eso es tan importante”, comenta Francisco.

CHILE
Estar presa y ser catequista de otras compañeras reclusas

Padre Nuestro: Sabemos que contamos contigo

La catequesis en el CPF ha sido un pilar muy importante, de ahí nació una nueva y reparadora versión del Padre Nuestro y también surgió la letra de una canción  en plena pandemia, que quiso dar cuenta de cuál es el sueño que tienen estas mujeres privadas de libertad. 

De eso nos da cuenta Margarita Saavedra, quien trabaja en la Fundación Mujer Levántate,  otra de las catequistas  de este grupo de internas quien comenta: “Hay algo que se vive en la cárcel y que marca la diferencia. Es una fe muy clara en las internas que se palpa, se siente, arde en su corazón. Pese a que están privadas de libertad y arrastran historias de mucho dolor, viven un proceso de acercamiento con Dios y saben que él las acompaña”.

“Estábamos en una celebración después que un grupo recibiera los sacramentos, cuando algunas manifestaron su intención de que les gustaría ser catequistas de sus compañeras, entregar lo que ellas mismas han vivido, cómo el paso de Dios ha marcado sus vidas y cómo pueden entregar ese testimonio a otras mujeres. Quien mejor que ellas para realizar esta labor”, señala.

La preparación de este nuevo grupo de catequistas se iniciará la próxima semana, en un nuevo y hermoso camino de redención, que para estas cinco mujeres representa una luz en medio de tanta oscuridad.

Padre Nuestro en el CPF

Padre Nuestro, que estás en el cielo. Somos tus hijas, eres Papá y Mamá

de todos y todas. No queremos ser egoístas.

Santificado sea tu Nombre. Qué la luz de tu presencia, no se apague en

nuestras vidas.

Venga a nosotras tu Reino. Para que seamos dóciles y nos mantengamos

cerca de ti.

Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Que podamos acercarnos

cada día más a ti para que seamos plenamente felices.

Danos hoy nuestro pan de cada día. Que podamos descubrir y cuidar lo

esencial y lo importante en nuestras vidas.

Perdona nuestras ofensas, como también nosotras perdonamos a los que

nos ofenden. Danos la fuerza para vivir cada día libre de tristezas y enojos

que aprietan nuestro corazón.

No nos dejes caer en la tentación. La tentación no viene de Ti. Somos

débiles, ayúdanos a descubrirte cuando pensemos en recaer.

Y líbranos del mal. Libéranos de todo lo que nos impide ser felices: Lo

pasado, lo presente y lo futuro.

Amén. Sabemos que contamos contigo.


Ingrid Saavedra T. - Aleteia Chile 

Vea también   Pedro ToRot



























sábado, 11 de julio de 2020

El cardenal George Pell detalla su vivencia de 13 meses de cárcel: ¿cómo le trataban los presos?

«Muchas veces prediqué antes que Jesús estuvo preso, ahora eso me consolaba»

El cardenal Pell explica su vivencia en 13 meses de cárcel en un artículo
El cardenal Pell explica su vivencia en 13 meses de cárcel en un artículo

El cardenal George Pell, prefecto emérito de asuntos económicos en el Vaticano, pasó 13 meses en prisión en Australia considerado culpable de abusos sexuales a 2 menores, hasta que por unanimidad los 7 jueces del Tribunal Supremo australiano decretaron que no había pruebas para mostrar su culpabilidad.
El caso era asombroso: la condena se basaba sólo en la palabra del denunciante, que aseguraba algo más que extraño; que el cardenal se abalanzó sobre él completamente revestido, después de su primera o segunda misa en una catedral a la que acababa de llegar, en la sacristía y con la puerta abierta, cuando lo común tras una misa es que todo tipo de gente pase por la sacristía a saludar o comentar cosas con el celebrante, y más si es obispo.
Ahora, en un artículo en la influyente revista de pensamiento cristiano First Things, Pell ha detallado cómo vivió su paso por prisión.
cardenal_pell_enmanillado
La celda y los otros presos
"Me impresionó la profesionalidad de los guardianes, la fe de los prisioneros y la existencia de un sentido moral incluso en los sitios más oscuros", escribe Pell.
Condenado en diciembre de 2018, pasó 10 meses en una prisión de Melbourne y 3 en la prisión de Barwon (en esta, dice con humor, el uniforme permitía "el color rojo brillante de un cardenal").
La celda, explica, tenía 8 metros de largo y dos de ancho, con un colchón "no muy grueso" y dos mantas, estanterías bajas, una tetera, televisión, una ducha con "buena agua caliente" y una lámpara sobre la cama "eficiente para leer". Se ayudaba de un bastón porque le habían operado ambas rodillas, y le permitían tener unas sillas especiales por esa situación.
No llegó a ver a los otros 11 presos de su pabellón, aunque los oía. Algunos, afectados por la droga (sobre todo cristal), se ponían a patear puertas y paredes durante horas. A veces los guardias venían con gas o perros a controlar algún alborotador.
Opiniones divididas: un preso le escupió
"Yo estaba aislado por mi protección, como otros condenados por abusos sexuales a niños, especialmente clérigos, que son vulnerables a ataques físicos y violencia en prisión. Se me amenazó de esta manera sólo una vez", detalla. A través de un tabique con un espacio abierto, un preso le escupió y empezó a insultar, llamándole "araña negra" y otras cosas. El cardenal dijo a los guardianes que no saldría a ese espacio mientras estuviera este preso, pero un día después le dijeron que lo habían trasladado porque había hecho "algo peor" a otro preso.
De las 16.30 de la tarde a las 7.15 de la mañana, cuando todos permanecían confinados, a veces los presos debatían desde su celda a favor o en contra de la inocencia del cardenal, con intensidad. Algunos lo insultaban con grosería. "La opinión sobre mi inocencia estaba divida entre los presos, igual que en la mayor parte de la sociedad australiana, aunque la prensa, con algunas excepciones espléndidas, me era agriamente hostil".
"Alguien que me escribió y había pasado décadas en prisión me decía que era la primera vez que oía que un sacerdote encarcelado tuviera algo de apoyo entre los presos. Y sólo recibí amabilidad y amistad de mis tres compañeros presos en la Unidad 3 de Barwon. La mayoría de guardianes en ambas prisiones reconocían que yo era inocente".
La moralidad y la religiosidad entre los presos
La ferocidad de los presos contra los violadores de niños hace reflexionar a Pell sobre los impulsos morales del hombre. Lo considera "un interesante ejemplo de la ley natural que emerge a través de la oscuridad. Todos nosotros estamos tentados de despreciar a los que definimos como peores que nosotros. Incluso los asesinos comparten el desdén hacia los que violan a jóvenes. Aunque sea irónico, este desdén no es del todo malo, ya que expresa la creencia en la existencia del bien y del mal, que a veces aflora en las cárceles por vías sorprendentes".
En todo este tiempo, y estando aislado, Pell sólo pudo ir a misa en 5 ocasiones, y lamentó que no pudo hacerlo en Navidad ni Pascua. Le llevaban la comunión cada semana y rezaba cada día con su breviario (aunque era de la temporada equivocada).
Muchas mañanas, pero no todas, escuchaba la oración matinal salmodiada de los presos musulmanes. "El lenguaje en prisión era grosero y repetitivo, pero casi no se oían blasfemias y maldiciones. Consulté eso con un preso que me dijo que era un signo de creencia en Dios, no de su ausencia. Sospecho que los prisioneros musulmanes, por su parte, no toleraban las blasfemias", detalla.
Mucho correo y charlas con guardianes
Muchos presos escribían al cardenal, algunos con regularidad. A menudo eran presos que habían recibido sus visitas en cárceles. Uno, por ejemplo, se declaraba hundido en la oscuridad y perdido. ¿Podía recomendarle un libro? Pell le recomendó el Evangelio de Lucas y la Primera Carta de San Juan.
cardenal_pell_policia
Un preso que le escribió le dijo que había un consenso entre los criminales de carrera de que el cardenal era inocente y lo habían "enmarronado", añadiendo que era curioso que los criminales pudieran reconocer la verdad y los jueces no.
Pell, como clérigo, había hablado antes en muchas ocasiones con presos, y no le sorprendía mucho todo esto. En cambio, sí le sorprendió que casi todos los guardianes en ambas prisiones, excepto un par de ellos, estaban convencidos de su inocencia. Podía hablar con ellos, lo que era una forma de socializar. La hermana Mary O'Shannasy, religiosa responsable de la capellanía penitenciaria en Melbourne, hablaba bien de los funcionarios de la Unidad 8, y Pell lo corrobora.
La apelación y la liberación
Pell explica que cuando perdió su apelación en el Tribunal Supremo de Victoria, se desanimó y pensó en dejar de apelar: "si los jueces iban simplemente a cerrar filas entre ellos, no tenía yo que cooperar en una farsa cara", pensaba. Pero el jefe de la prisión de Melbourne le insistió en que perseverara y apelara al Tribunal Supremo australiano. Pell lo agradece, porque allí los 7 jueces por unanimidad le dieron la razón.
Finalmente, la televisión anunció la sentencia que le liberaba, con "un joven reportero sorprendido en Canal 7, y más perplejo por la unanimidad de los 7 jueces. Los otros 3 presos en mi unidad me felicitaron y pronto fui liberado a un mundo confinado por el coronavirus". Un par de helicópteros de prensa le siguieron un par de días por cientos de kilómetros mientras él acudía a Sydney.
La fuerza de la fe
"La vida en prisión me quitó cualquier excusa de estar demasiado ocupado para rezar y mi horario de oración regular me apoyó", explica. "Mi fe católica me sostuvo, especialmente entender que mi sufrimiento no tenía por qué ser inútil sino que podía unirse a los de Cristo Nuestro Señor", escribe, quizá pensando en muchos lectores de First Things que son cristianos no católicos y no conocen este enfoque de ofrecimiento del dolor.
"Nunca me sentí abandonado, sabiendo que el Señor estaba conmigo, aunque no entendía que hacía Él durante la mayor parte de estos 13 meses. Por muchos años yo había enseñado acerca del sufrimiento y dolor del Hijo de Dios en sus pruebas en esta tierra, y ahora eso mismo me consolaba. Así, oré por amigos y enemigos, por los que me apoyaban, por mi familia, por las víctimas de abusos sexuales y por mis compañeros presos y guardianes", concluye.
P.J.G./ReL

Vea también No levantarás falso testimonio ni mentirás




jueves, 27 de diciembre de 2018

La historia detrás de la foto viral de una confesión en prisión

Esta semana volvió a circular en redes sociales una imagen muy impactante: un sacerdote administra el sacramento de la confesión en una prisión de alta seguridad.


¿La has visto? Aquí te la mostramos:


Cuenta Facebook de Lancaster RC Diocese
Cuenta Facebook de Lancaster RC Diocese

Se trata de una imagen publicada originalmente en el año 2016. Vemos a un sacerdote escuchando la confesión de un preso, de quien solo vemos una mano tocando una biblia.
Esta fotografía fue tomada en un establecimiento penitenciario de Ucrania en el pabellón de condenados a cadena perpetua.
El sacerdote pertenece a los Sirvientes de la Santísima Trinidad, de la diócesis de Kirovohrad, una congregación de sacerdotes ortodoxos.
Estos sacerdotes realizaron una serie de celebraciones eucarísticas, bautismos y confesiones por la fiesta de la Trinidad a mediados del año 2016.  

























jueves, 31 de mayo de 2018

¡Que China libere al obispo Cui Tai!: campaña del cardenal Zen y los católicos de Hong Kong



¡Que China libere al obispo Cui Tai!: campaña del cardenal Zen y los católicos de Hong Kong
El cardenal Zen con un cartel reclama la libertad del obispo Cui Tai


Agustín Cui Tai, obispo católico de Xuanhua (Hebei, China), reconocido por el Vaticano pero no por el gobierno chino, lleva desaparecido en manos de la Policía desde abril. El cardenal Zen, arzobispo emérito de Hong Kong, de 86 años, y los católicos de la Comisión Justicia y Paz de esta diócesis, empiezan ahora una campaña para reclamar que las autoridades lo liberen. La campaña también da visibilidad internacional a un hecho: el Gobierno chino, cuando quiere, sigue deteniendo a obispos y sacerdotes que no han cometido ningún crimen.

Nadie sabe donde está detenido el obispo Cui Tai, ni donde se le puede visitar. Cui Tai es un veterano de los campos de trabajo forzado (los laogai) y también está acostumbrado a los arrestos domiciliarios. En pleno siglo XXI, en los últimos 11 años, ha pasado casi todo el tiempo bajo una forma u otra de arresto

Este es el comunicado de la comisión Justicia y Paz de Hong Kong que se ha difundido con el apoyo del anciano cardenal Zen.

¡Liberen al obispo Cui Tai!
El obispo coadjutor de la diócesis de Xuanhua (provincia de Hebei), monseñor Agustín Cui Tai, fue arrestrado por miembros de las autoridades de gobierno a mediados del mes de abril de 2018. Hasta el día de hoy, su situación sigue siendo completamente opaca. 

Monseñor Cui fue oprimido durante largo tiempo por haber defendido la fe y la libertad de conciencia, por haber rechazado la política religiosa del gobierno, que viola los principios de la fe, y por haberse negado a inscribirse en la Asociación Patriótica de la Iglesia Católica China y rechazar la guía de dicho organismo.

Desde 1993, en varias oportunidades, monseñor Cui fue sometido a trabajos forzados de reeducación, a períodos de detención y a arresto domiciliario con acusaciones que fueron tipificadas como “actividades misioneras ilegales”, “reuniones religiosas ilegales y no autorizadas”, todo ello, por ejercer su libertad religiosa.

Particularmente en los últimos 11 años, desde 2007 hasta hoy, las autoridades detuvieron de manera ilegal o pusieron bajo arresto domiciliario a Mons. Cui, de un modo prácticamente continuo, sin alegar razón ni proceso jurídico alguno. 

Durante estos años, Mons. Cui estuvo encerrado en varios centros de detención secretos, en hoteles, e incluso fue llevado para realizar “viajes” forzados, con la escolta de funcionarios del gobierno.

Solo en el Nuevo Año Chino y la Fiesta de mediados de otoño (la de la luna), Mons. Cui pudo ocasionalmente regresar a casa para realizar una breve visita a su hermana anciana. El resto del tiempo siempre quedó bajo vigilancia y control del gobierno. 

Estos actos de las autoridades de gobierno constituyen una gravísima violación de los derechos fundamentales y de la libertad religiosa de los ciudadanos, los cuales están garantizados por la Constitución china y por las convenciones internacionales sobre derechos humanos.  

En los últimos años, la salud del obispo Cui ha empeorado significativamente, y se han agudizado sus problemas de salud, padeciendo una grave gastritis, neurastenia, vértigo, etc. 

Estamos muy preocupados por su situación y condenamos firmemente la violación de los derechos fundamentales y de la libertad religiosa de los ciudadanos perpetrada por el gobierno chino. Volvemos a hacer un llamamiento al gobierno chino, solicitando que proceda a:   

1. garantizar la seguridad personal y la salud de Mons. Cai, y brindarle asistencia médica adecuada

2. respetar la libertad religiosa y liberar inmediata e incondicionalmente al obispo Cui Tai

3. liberar a todos los demás eclesiásticos detenidos injustamente, entre ellos, al obispo Su Zhizhi y al sacerdote Liu Honggen, de la diócesis de Baoding, provincia de Hebei.

Comisión Justicia y Paz de la Iglesia Católica de Hong Kong

ReL



lunes, 31 de agosto de 2015

Tras 4 años, salen de prisión en Vietnam dos jóvenes disidentes católicos: les prohibieron la Biblia


Tras 4 años, salen de prisión en Vietnam dos jóvenes disidentes católicos: les prohibieron la Biblia
Pertenecieron a los condenados en 2011

Dos jóvenes activistas católicos vietnamitas 
dejaron la cárcel en los últimos días, luego 
de haber completado por entero una condena 
a cuatro años de prisión por buscar "echar 
al gobierno comunista"al poder en Hanoi, 
según la acusación. 


En conflicto con la pena infligida en el controvertido artículo 79 del Código Penal vietnamita, ellos siempre rechazaron los cargos de la imputación y aseguran que al salir de prisión continuarán su batalla por la democracia y los derechos humanos y civiles en ese país asiático. 

Abusos de guardias y confesiones forzadas
Tran Minh Nhat fue arrestado el 27 de agosto de 2011 y fue condenado a cuatro años de prisión y tres años de libertad condicional. Mientras estuvo en la cárcel denunció en varias oportunidades las condiciones de la vida carcelaria, dando vida a huelgas de hambre y a otras formas de protesta. 

Le fueron negadas algunas lecturas -la Biblia y las vidas de santos- y sufrió abusos por parte de los guardias de la cárcel. Junto a él fue liberado Thai Van Dung, arrestado el 19 de agosto de 2011 y condenado a cuatro años de prisión y a otros cuatro años de libertad condicional. 

Entrevistado por Radio Free Asia (RFA) Tran Minh Nhat afirma que desde los primeros días en prisión las autoridades ejercieron todo tipo de presiones para hacerle firmar una "confesión", en la cual reconocía ser "culpable" a cambio de una reducción de su condena. Sin embargo, él siempre se opuso con una "tajante rechazo".

Liberado el 19 de agosto, Thai Van Dung declaró que “en la cárcel pude comprender que jamás habrá progreso ni civilización en una sociedad, si esta misma sociedad no está fundada sobre la igualdad, la justicia y el amor entre las personas”. 

Los 17 del año 2011: penas completas
Los dos jóvenes forman parte de un grupo de 17 cristianos -en el cual hay católicos y protestantes- detenidos y encarcelados en la segunda mitad del año 2011. 

Ninguno de ellos fue beneficiado hasta ahora con gracia o reducción de pena alguna; todos los que fueron liberados -entre ellos el célebre blogger y activista católico Paulus Le Van Son- han completado los términos de la condena en su totalidad.

Mientras tanto, permanecen aún en prisión Dang Xuan Dieu y Ho Duc Hoa, arrestados en el contexto de la represión ejercida por Hanoi en elaño 2011. Ellos deben cumplir 13 años en la cárcel, la pena más severa infligida a los miembros del movimiento. Su situación - como la de Le Quoc Quan, Cu Huy Ha Vu y la de decenas de otros bloggers y activistas en prisión - dan muestra de la mano de hierro usada por los funcionarios comunistas de Hanoi contra el disenso interno.

Líderes religiosos, bajo vigilancia
En la mira de las autoridades están también los líderes religiosos, y entre ellos los budistas y católicos, así como comunidades enteras, tal como sucedió en el pasado con la diócesis de Vinh, donde los medios y el gobierno promovieron una campaña difamatoria y ataques dirigidos contra obispos y fieles.

La represión alcanza también a los individuos, a quienes se culpa de reivindicar el derecho a la libertad religiosa y el respeto de los derechos civiles de los ciudadanos. Según el movimiento activista internacional Human Rights Watch (HRW), hay hasta el momento entre 150 y 200 bloggers y activistas recluidos en las cárceles vietnamitas, con la sola culpa de haber querido ejercer (y defender) los derechos humanos fundamentales.