Alpha es un curso que ayuda a conocer la fe o crecer en ella, pero para esta catequista ha significado algo más: salir de la tristeza, querer compartir ese amor.

Una catequista reza con niños pequeños; foto de archivo, contextual.
Alpha es un método de evangelización cada vez más extendido en España y todo el mundo hispano. Consiste en 10 charlas semanales sobre temas básicos de la fe, que se comentan en grupos pequeños dejando hablar a todos, en un entorno agradable, incluso con comida (o merienda o cena), imitando una estructura de "anfitriones que invitan a cenar". Funciona bien cuando la parroquia son esos anfitriones, poniendo su acogida y rostros amables (y comida).
Permite a los asistentes formular preguntas que quizá guardaban en su corazón, o suscitar otras que nunca se habían planteado. La fe aparece en Alpha como algo razonable, hermoso y accesible. Incluso los que acuden a Alpha siendo ya creyentes sienten que su fe se hace más rica, profunda y generosa.
Es el caso de Paqui, una catequista de niños de Granada, de 38 años, que ha difundido su testimonio en las redes de Alpha. El curso no sólo le sacó de una tristeza profunda, sino que le ha llenado de ganas de compartir la fe, también con los niños de catequesis.
Alpha, fuente de esperanza
"Cuando pienso en mi vida antes de Alpha y en mi vida después de Alpha, siento que existe un verdadero antes y después. Llegó en un momento en el que atravesaba una profunda tristeza. Durante mucho tiempo viví sumergida en una depresión que me hacía difícil encontrar ilusión en las cosas cotidianas, disfrutar de los pequeños momentos o sentir esperanza de verdad. Había días en los que todo parecía demasiado pesado y en los que me sentía perdida, sin rumbo y sin fuerzas. Alpha apareció casi sin buscarlo", explica la catequista andaluza .
"Al principio fue simplemente un espacio agradable, un momento para mí. Un lugar donde desconectar de las preocupaciones, compartir con otras personas y dedicarme un tiempo que tanto necesitaba. Lo veía como una actividad más, algo enriquecedor y diferente. Sin embargo, poco a poco fui descubriendo que era mucho más que eso", explica.
"Con cada encuentro, con cada conversación y con cada testimonio, comenzó a despertar en mí algo que llevaba mucho tiempo necesitando: una verdadera sed de Dios", comprende ahora.
Empecé a comprender que detrás de mis miedos, mis dudas y mis heridas había una necesidad profunda de sentirme amada, escuchada y acompañada. Y fue precisamente ahí donde encontré a Dios actuando en mi vida", añade.
Dios sostiene en momentos duros
"Alpha no eliminó de golpe todas mis dificultades, pero sí me ayudó a mirar mi realidad desde otra perspectiva. Me enseñó que no estaba sola, que incluso en los momentos más oscuros había una mano sosteniéndome. También fue una confirmación de mi fe. Aunque siempre me he considerado creyente, hubo etapas en las que las dudas aparecían y me hacían tambalear. Hoy puedo decir que mi fe es más firme porque está basada en una experiencia personal de encuentro con Dios", detalla Paqui. "Ahora me siento acompañada, protegida y sostenida por Él de una manera que antes no había experimentado".
Compartir la fe viva en catequesis
"Una parte muy importante de mi vida es mi servicio como catequista de niños que se preparan para recibir su Primera Comunión. Después de vivir Alpha, sentí una necesidad muy grande de transmitir a esos niños todo lo que estaba descubriendo. No solo quería enseñarles contenidos o prepararles para un sacramento; quería ayudarles a descubrir que Dios está vivo, que los ama profundamente y que desea caminar a su lado cada día", explica la catequista, matizando.
"Siempre les digo que la fe es un regalo inmenso y una fuerza poderosa. Les explico que creer no significa que no habrá dificultades, sino que nunca tendrán que enfrentarlas solos. Que Dios permanece a nuestro lado en cada alegría y también en cada tristeza. Que cuando lleguen esos días grises que todos tenemos, podrán apoyarse en Él y encontrar consuelo, esperanza y fortaleza para seguir adelante. Eso es, precisamente, lo que me llevo de Alpha".
"Me llevo la certeza del amor inmenso de Dios, el descubrimiento del amor incondicional de Jesús hacia cada uno de nosotros y la presencia del Espíritu Santo, que sana, transforma y renueva el corazón. Me llevo la experiencia de haber sido acogida cuando más lo necesitaba y la convicción de que Dios sigue obrando en nuestra vida cada día, incluso cuando no somos capaces de verlo".
Necesidad de compartir el amor vivido
"Sobre todo, me llevo el deseo de compartir con los demás todo lo recibido. Porque cuando uno experimenta el amor de Dios de una forma tan real, nace de manera natural la necesidad de transmitirlo, de servir, de acompañar y de ayudar a otros a descubrir que nunca están solos", afirma.
"Para mí, Alpha no ha sido simplemente un curso o una experiencia más. Ha sido un regalo, un camino de encuentro y una oportunidad para volver a descubrir la alegría, la esperanza y la presencia de Dios en mi vida. Y por eso siempre estaré profundamente agradecida". Añade su agradecimiento a los amigos y evangelizadores que la invitaron y al sacerdote que apoyó los cursos.
ReL
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