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domingo, 17 de mayo de 2026

Regina Caeli del Papa León XIV - Ascención

 

PAPA LEÓN XIV

REGINA CAELI

Plaza de San Pedro

Domingo, 17 de mayo de 2026

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Hoy, en muchos países del mundo, se celebra la Solemnidad de la Ascensión del Señor.

La imagen de Jesús que —como narra el texto bíblico (cf. Hch 1,1)—, elevándose desde la tierra sube al cielo, puede hacernos percibir este Misterio como un acontecimiento lejano. En realidad, no es así. Nosotros, de hecho, estamos unidos a Jesús como los miembros a la cabeza, en un solo cuerpo, y su ascensión al cielo nos atrae también, con Él, hacia la plena comunión con el Padre. San Agustín decía a este propósito: «El que la cabeza vaya delante es garantía para los miembros» (Sermón 265, 1.2).

Toda la vida de Cristo es un dinamismo ascendente, que abraza y envuelve, a través de su humanidad, todo el escenario del mundo, elevando y redimiendo al hombre de su condición de pecado, llevando luz, perdón y esperanza allí donde había tinieblas, injusticia y desesperación, para llegar a la victoria definitiva de la Pascua, en la que el Hijo de Dios «muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida» (Prefacio de Pascua I).

La Ascensión, entonces, no nos muestra una promesa lejana, sino un vínculo vivo, que nos atrae también a nosotros hacia la gloria celestial, ampliando y elevando —ya desde esta vida— nuestro horizonte y acercando cada vez más nuestro modo de pensar, de sentir y de actuar a la medida del corazón de Dios.

Nosotros conocemos el camino de este itinerario ascendente (cf. Jn 14,1-6). Lo encontramos en Jesús, en la entrega de su vida, en sus ejemplos y en sus enseñanzas, como también vemos sus huellas en la Virgen María y en los santos: aquellos que la Iglesia ofrece como modelo universal y aquellos —como le gustaba decir al Papa Francisco— «de la puerta de al lado» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 7), con los que vivimos cada día —papás, mamás, abuelos, personas de todas las edades y condiciones—, que con alegría y compromiso se esfuerzan sinceramente por vivir según el Evangelio.

Con ellos, con su apoyo y gracias a su oración, podemos aprender también nosotros a subir día a día hacia el cielo, haciendo objeto de nuestros pensamientos, como dice san Pablo, “todo lo que es verdadero, justo, amable” (cf. Flp 4,8) y poniendo en práctica, con la ayuda de Dios, lo que hemos «oído y visto» (v. 9), haciendo crecer, en nosotros y en nuestro entorno, la vida divina que recibimos en el bautismo y que nos impulsa constantemente hacia lo alto, hacia el Padre, y difundiendo en el mundo frutos preciosos de comunión y de paz.

Que nos ayude la Virgen María, Reina del Cielo, que en todo momento ilumina y guía nuestro caminar.

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Después del Regina Caeli

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy se celebra en muchos países la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que este año he querido dedicar al tema “Custodiar voces y rostros humanos”. En esta época de la inteligencia artificial animo a todos a comprometerse en la promoción de formas de comunicación que sean siempre respetuosas de la verdad del hombre, a la cual se debe orientar toda innovación tecnológica.

De hoy al próximo domingo se llevará a cabo la Semana Laudato si’, dedicada al cuidado de la creación e inspirada en la encíclica del Papa Francisco. En este año jubilar de san Francisco de Asís, recordamos su mensaje de paz con Dios, con los hermanos y con todas las creaturas. Lamentablemente, a causa de las guerras, en estos últimos años se han retrasado mucho los progresos en este ámbito. Por eso, animo a los miembros del movimiento Laudato si’, y a todos los que trabajan por una ecología integral, a renovar este compromiso. Cuidar la paz es cuidar la vida.

Los saludo a todos ustedes, queridos fieles de Roma y peregrinos de distintos países. En particular, doy la bienvenida a algunas bandas musicales provenientes de Alemania, a la confraternidad Sant’Antonu di u Monti de Ajaccio y al grupo de estudiantes de Montana de los Estados Unidos de América.

Saludo a los jóvenes de Oppido Mamertina, a los animadores de Lorenzaga de la diócesis de Concordia-Pordenone y a los jóvenes confirmandos de la diócesis de Génova.

¡Les deseo a todos un feliz domingo!

(vatican.va)

domingo, 10 de mayo de 2026

Regina coeli del Papa León XIV comentando el Evangelio del día

 

PAPA LEÓN XIV

REGINA CAELI

Plaza de San Pedro

Domingo, 10 de mayo de 2026

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

En el Evangelio de hoy, hemos escuchado algunas palabras que Jesús dirige a sus discípulos durante la Última Cena. Mientras transforma el pan y el vino en el signo vivo de su amor, Cristo dice: «si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos» (Jn 14,15). Esta afirmación nos libra de un malentendido, es decir, de la idea de que somos amados si guardamos los mandamientos: nuestra justicia sería entonces un condicionante para el amor de Dios. Por el contrario, el amor de Dios es la condición para nuestra justicia. Guardamos verdaderamente los mandamientos, según la voluntad de Dios, si reconocemos su amor por nosotros, tal como Cristo lo revela al mundo. Las palabras de Jesús son, pues, una invitación a la relación, no un chantaje ni una puesta en duda.

Por eso el Señor nos manda que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado (cf. Jn 13,34): es el amor de Jesús el que hace nacer el amor en nosotros. Cristo mismo es el criterio, la regla del amor verdadero; aquel que es fiel para siempre, puro e incondicional. Aquel que no conoce ni el “pero” ni el “quizá”, aquel que se entrega sin querer poseer, aquel que da vida sin pedir nada a cambio. Dado que Dios nos ama primero, también nosotros podemos amar; y cuando amamos verdaderamente a Dios, nos amamos verdaderamente unos a otros. Sucede como con la vida: sólo quien la ha recibido puede vivir, y así, sólo quien ha sido amado puede amar. Los mandamientos del Señor son, por tanto, una forma de vida que nos sana de los amores falsos; son un estilo espiritual, que es camino hacia la salvación.

Precisamente porque nos ama, el Señor no nos deja solos en las pruebas de la vida: nos promete al Paráclito, es decir, al Abogado defensor, el «Espíritu de la Verdad» (Jn 14,17). Es un don que «el mundo no puede recibir» (ibíd.), mientras se obstine en el mal que oprime al pobre, excluye al débil y mata al inocente. Mientras que, quien corresponde al amor que Jesús tiene hacia todos, encuentra en el Espíritu Santo un aliado que nunca falla: «Ustedes, en cambio, lo conocen, —dice Jesús—, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes» (ibíd.). Siempre y en todas partes podemos entonces dar testimonio de Dios, que es amor: esta palabra no significa una idea de la mente humana, sino la realidad de la vida divina, por la cual todas las cosas han sido creadas de la nada y redimidas de la muerte.

Al ofrecernos el amor verdadero y eterno, Jesús comparte con nosotros su identidad de Hijo amado: «yo estoy en mi Padre, y […] ustedes están en mí y yo en ustedes» (v. 20). Esta comunión de vida tan envolvente desmiente al acusador, es decir, al adversario del Paráclito, el espíritu contrario a nuestro defensor. De hecho, mientras que el Espíritu Santo es fuerza de verdad, este acusador es «padre de la mentira» (Jn 8,44), que quiere enfrentar al hombre con Dios y a los hombres entre sí: justo lo contrario de lo que hace Jesús, salvándonos del mal y uniéndonos como pueblo de hermanos y hermanas en la Iglesia.

Queridos amigos, llenos de gratitud por este don, confiémonos a la intercesión de la Virgen María, Madre del Amor Divino.

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Palabras después del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas:

He recibido con preocupación las noticias sobre el aumento de la violencia en la región del Sahel, en particular en Chad y Malí, que han sido objeto de recientes ataques terroristas. Les aseguro mis oraciones por las víctimas y mi cercanía a quienes sufren. Deseo que cese toda forma de violencia y aliento todo esfuerzo en favor de la paz y el desarrollo en esa querida tierra.

El 10 de mayo se celebra el “Día de la Amistad Copto-Católica”. Dirijo un saludo fraterno a Su Santidad el Papa copto Tawadros II y aseguro mi oración a toda la amada Iglesia copta, con la esperanza de que nuestro camino de amistad nos conduzca a la unidad perfecta en Cristo, quien nos llamó “amigos” (cf. Jn 15,15).

¡Y ahora les doy la bienvenida a todos ustedes, romanos y peregrinos de diversos países!

En particular, saludo al grupo “Guardias de honor del Sagrado Corazón de Jesús”, procedentes de varias ciudades de Italia, y a los “Voluntarios para la evangelización” vinculados a la familia de Radio María; así como a la Asociación de voluntariado “Komen Italia”, comprometida con la prevención del cáncer de mama.

Quiero agradecer la acogida que caracteriza al pueblo de las Islas Canarias, por permitir la llegada del crucero “Hondius” con los enfermos de hantavirus. Estoy contento de poder encontrarme con vosotros el próximo mes en mi visita a las Islas.

 Hoy recordamos de modo especial a todas las madres. Por intercesión de María, madre de Jesús y madre nuestra, recemos con cariño y gratitud por cada mamá, especialmente por aquellas que viven en condiciones difíciles. ¡Gracias! ¡Que Dios las bendiga!

Les deseo a todos un feliz domingo.

(vatican.va)

domingo, 3 de mayo de 2026

Regina Caeli del Papa León XIV comentando el Evangelio del día

 

PAPA LEÓN XIV

REGINA CAELI

Plaza de San Pedro
Domingo, 3 de mayo de 2026

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Como la Iglesia primitiva, en el tiempo pascual volvemos a escuchar palabras de Jesús que despliegan su pleno significado a la luz de su pasión, muerte y resurrección. Lo que los discípulos antes no entendían o les provocaba turbación, ahora vuelve a su memoria, les hace arder el corazón y les da esperanza.

El Evangelio proclamado este domingo nos introduce en el diálogo del Maestro con los suyos durante la última cena. En particular, escuchamos una promesa que nos involucra ya desde ahora en el misterio de su resurrección. Jesús dice: «Cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes» (Jn 14,3). Los apóstoles descubren así que en Dios hay lugar para cada uno. Dos de ellos lo habían experimentado durante su primer encuentro con Jesús, en el río Jordán, cuando Él se había dado cuenta de que lo seguían y los había invitado a quedarse esa tarde en su casa (cf. Jn 1,39). También ahora, frente a la muerte, Jesús habla de una casa, esta vez muy grande: es la casa del Padre suyo y Padre nuestro, donde hay lugar para todos. El Hijo se describe como el siervo que prepara las habitaciones, para que cada hermano y hermana, al llegar, encuentre lista la suya y se sienta desde siempre esperado y finalmente encontrado.

Queridos hermanos, en el viejo mundo todavía estamos en camino, lo que atrae la atención son los lugares exclusivos, las experiencias al alcance de unos pocos, el privilegio de entrar donde ningún otro puede hacerlo. En cambio, en el mundo nuevo donde el Resucitado nos lleva, lo más valioso está al alcance de todos. Pero no por eso pierde atracción. Al contrario, lo que está abierto a todos ahora causa alegría; la gratitud toma el puesto de la competición; la acogida elimina la exclusión; la abundancia ya no genera desigualdad. Sobre todo, nadie se confunde con otro, nadie está perdido. La muerte amenaza con borrar el nombre y la memoria, pero en Dios cada uno es finalmente uno mismo. En verdad, este es el lugar que buscamos toda la vida, en ocasiones dispuestos a todo con tal de lograr un poco de atención y de reconocimiento.

“Tengan fe”, nos dice Jesús. ¡Este es el secreto! «Crean en Dios y crean también en mí» (Jn 14,1). Precisamente esta fe libera nuestro corazón de la ansiedad por tener y obtener, del engaño de tener que correr tras un puesto de prestigio para valer algo. Cada uno posee ya un valor infinito en el misterio de Dios, que es la verdadera realidad. Amándonos los unos a los otros como Jesús nos ha amado, nos damos esta certeza. Es el mandamiento nuevo: anticipamos así el cielo en la tierra, revelamos a todos que la fraternidad y la paz son nuestro destino. De hecho, en el amor, en medio de una multitud de hermanos, cada uno descubre que es único.

Recemos pues a María Santísima, Madre de la Iglesia, para que toda comunidad cristiana sea una casa abierta a todos y atenta a cada uno.

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Palabras después del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas:

Ha comenzado el mes de mayo. En toda la Iglesia se renueva la alegría de encontrarse en el nombre de María nuestra Madre, especialmente para rezar juntos el Rosario. Se revive la experiencia de esos días, entre la Ascensión de Jesús y Pentecostés, cuando los discípulos estaban en el Cenáculo invocando al Espíritu Santo; María Santísima estaba en medio de ellos y su corazón custodiaba el fuego que animaba la oración de todos. Les confío mis intenciones, en particular por la comunión en la Iglesia y la paz en el mundo.

Hoy se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa, patrocinado por la UNESCO. Lamentablemente, este derecho se viola con frecuencia, a veces de manera flagrante y otras de forma encubierta. Recordemos a los numerosos periodistas y reporteros víctimas de las guerras y la violencia.

Saludo con afecto a todos ustedes, fieles de Roma y peregrinos venidos de numerosos países.

Doy la bienvenida a los docentes —religiosas y laicos— de las Escuelas de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones; como también a los fieles de Madrid y Granada, de Mineápolis y de Malasia; y a los peruanos que, en Roma, forman la Asociación “Virgen de Chapi de Arequipa”.

Saludo a la Asociación “Meter”, que desde hace treinta años se compromete por defender a los menores de la plaga de los abusos, implicando a la comunidad eclesial y a la comunidad civil, educando en la cercanía a las víctimas y en la prevención. ¡Gracias por su servicio!

Me alegra acoger a los fieles de Padua, al “Grupo de jóvenes Valdaso” y al “Punto Jóvenes” de la Comunidad Camiliana de Piossasco, a la Acción Católica del Vicariato de Noale, a los jóvenes de Verolanuova y Cadignano, al Coro juvenil de Coredo-Predaia y a los estudiantes del Liceo Fardella – Ximenes de Trapani.

¡A todos les deseo un feliz domingo!

(vatican.va)

Veamos también el siguiente comentario


Reflexión sobre el cuadro

Hay algo bastante injusto en la forma en que la historia ha recordado al apóstol Tomás. Se le ha tachado de “el incrédulo”, como si ese momento definiera todo su discipulado. Sin embargo, no se habla de la misma manera de 'Pedro el negador' ni de 'Judas el traidor'. La llamada ’duda“ de Tomás no era cinismo o rechazo... era honestidad. Simplemente no sabía lo que estaba pasando después de la Resurrección y por eso se limitó a hacer preguntas. Creo que probablemente nosotros habríamos hecho lo mismo. Quería entender. Y al hacerlo, dio voz a lo que tantos otros quizá pensaban pero no se atrevían a decir.

En el Evangelio de Juan de hoy, volvemos a encontrarnos con Tomás, no en la duda, sino en la claridad de la pregunta: “Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?”. Es una pregunta profundamente humana, de nuevo directa, sincera, inquisitiva. Y porque Tomás se lo pregunta, Jesús le da una de las revelaciones teológicas más profundas de toda la Escritura: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Sin la pregunta de Tomás, nunca habríamos recibido estas palabras de la misma manera. Su pregunta abre la puerta a uno de los mayores tesoros teológicos de la Iglesia: que no podemos conocer a Dios a menos que conozcamos a Jesús. Tal vez, entonces, en lugar de Tomás el Dudoso, podríamos verlo como Tomás el Buscador... el que nos recuerda que la fe a menudo no comienza con la certeza, sino con el valor de preguntar.

En nuestro cuadro de Georges de La Tour, Santo Tomás aparece sosteniendo dos poderosos símbolos de su identidad. En una mano sostiene un libro, que representa el Evangelio en el que se narra su historia, el lugar donde se conservan sus preguntas y su camino de fe. En la otra, sostiene una lanza, recordando la tradición de que fue martirizado en la India, atravesado por lanzas por su testimonio de Cristo. La lanza recuerda también la que atravesó el costado de Cristo en la Cruz, creando un profundo vínculo visual entre el sufrimiento del discípulo y el de su Maestro. De La Tour, conocido por su uso dramático de la luz y la sombra, despoja a la escena de toda distracción, centrándose en cambio en la profundidad interior y el silencio. De este modo, nos invita a ver a Tomás no sólo como un escéptico, sino como un hombre formado por las Escrituras, marcado por el sacrificio y, en última instancia, uno de los primeros misioneros de la Iglesia.

by Padre Patrick van der Vorst


domingo, 26 de abril de 2026

El Papa: El Buen Pastor no viene a robarnos nada, al contrario, multiplica la vida

 

Este IV Domingo de Pascua, Domingo del Buen Pastor, el Papa León XIV dirigió la oración mariana del Regina Caeli desde la ventana del Palacio Apostólico. En su alocución previa dijo que, “Jesús, el Buen Pastor nos conoce, nos llama por nuestro nombre, nos guía y, como hace un pastor con sus ovejas, viene a buscarnos cuando estamos perdidos y venda nuestras heridas cuando estamos enfermos”.

“Hoy el Evangelio nos invita a confiar en el Señor: Él no viene a robarnos nada; al contrario, es el Buen Pastor, que multiplica la vida y nos la ofrece en abundancia”, este fue el aliento del Papa León XIV en su alocución previa a la oración mariana del Regina Caeli de este 26 de abril, Domingo del Buen Pastor, Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, desde la ventana del Palacio Apostólico.

Jesús es el Buen Pastor

Al comentar el Evangelio de este IV Domingo de Pascua, el Santo Padre indicó que, el texto bíblico nos presenta las palabras de Jesús, que se compara con un pastor y luego con la puerta del redil. Al referirse a Jesús como pastor, el Pontífice afirmó que, hay un contraste entre el pastor y el ladrón; y más adelante, de modo aún más claro dice: «El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia».

“La diferencia es clara: el pastor tiene un vínculo especial con sus ovejas y, por lo tanto, puede entrar por la puerta del redil; si alguien, en cambio, necesita saltar la cerca, entonces sin duda es un ladrón que quiere robar las ovejas”.

Jesús está unido a nosotros por una relación de amistad

Asimismo, el Obispo de Roma señalo que, Jesús nos dice que está unido a nosotros por una relación de amistad: nos conoce, nos llama por nuestro nombre, nos guía y, como hace un pastor con sus ovejas, viene a buscarnos cuando estamos perdidos y venda nuestras heridas cuando estamos enfermos.

“Jesús no viene como un ladrón para robarnos la vida y la libertad, sino para guiarnos por el camino correcto. No viene a secuestrar ni a engañar nuestra conciencia, sino a iluminarla con la luz de su sabiduría. No viene como si fuera a contaminar nuestras alegrías terrenales, sino a abrirlas a una felicidad más plena y duradera. Quienes confían en Él no tienen nada que temer; Él no menosprecia nuestra vida, sino que viene a dárnosla en abundancia”.

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26/04/2026

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Este 26 de abril, Domingo del Buen Pastor, después de rezar la oración del Regina Caeli, el Papa León recordó que hoy se conmemora el 40.º aniversario del trágico accidente de ...

Estamos invitados a vigilar nuestros corazones

En este sentido, el Santo Padre recordó que, estamos invitados a reflexionar y, sobre todo, a vigilar nuestros corazones y nuestras vidas, porque quienes entran en ellos pueden multiplicar la alegría o, como un ladrón, pueden robárnosla.

“Los ‘ladrones’ pueden adoptar muchos rostros: son aquellos que, a pesar de las apariencias, coartan nuestra libertad o no respetan nuestra dignidad; son creencias y prejuicios que nos impiden tener una visión clara de los demás y de la vida; son ideas erróneas que pueden llevarnos a tomar decisiones negativas; son estilos de vida superficiales o consumistas que nos vacían interiormente y nos impulsan a vivir siempre fuera de nosotros mismos. Y no olvidemos tampoco a esos “ladrones” que, saqueando los recursos de la tierra, librando guerras sangrientas o alimentando el mal en cualquiera de sus formas, no hacen más que arrebatarnos a todos la posibilidad de un futuro de paz y serenidad”.

Jesús es el Buen Pastor

Antes de encomendarnos a la protección de la Virgen María, el Papa León XIV indicó que, hoy el Evangelio nos invita a confiar en el Señor: Él no viene a robarnos nada; al contrario, es el Buen Pastor, que multiplica la vida y nos la ofrece en abundancia. Y propuso las siguientes preguntas:

“¿Quién queremos que guíe nuestras vidas? ¿Quiénes son los “ladrones” que han intentado entrar en nuestro interior? ¿Lo han logrado, o hemos podido rechazarlos?”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano