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martes, 28 de julio de 2026

¿Qué dice la Biblia sobre la educación de los hijos?

educar sin heredar sombras

Educar a los hijos es la labor más importante que Dios ha confiado a los padres, por eso la Biblia menciona la educación y el compromiso que conlleva

Traer hijos al mundo es un compromiso muy serio, por eso Dios se lo encomendó al hombre y a la mujer para que juntos enfrentaran la gran tarea de la educación, es decir, formar a sus vástagos como personas temerosas de Dios, como lo encontramos en la Biblia:

El compromiso no termina

Por experiencia propia, desde que nacimos dentro de una familia supimos que debíamos obedecer los mandatos de nuestros padres. Además, lo que aprendimos en casa lo hemos llevado a la práctica cuando decidimos formar nuestra propia familia. Ni más, ni menos.

Hemos llevado con nosotros la educación de nuestros padres para prolongarla con nuestra descendencia. Además, el compromiso de formar, educar y corregir no termina nunca. Aunque los hijos sean adultos, siempre será oportuno el consejo y la llamada de atención del padre y de la madre para hacer entrar en razón al hijo descarriado. Basta con recordar la historia de santa Mónica y su hijo, san Agustín.

La Biblia habla de educar

En la Sagrada Escritura leemos la relevancia que tiene el papel de la educación en la vida de la humanidad:

1Las enseñanzas de Dios a nosotros, sus hijos

Yo pongo hoy delante de ustedes una bendición y una maldición. Bendición, si obedecen los mandamientos del Señor, su Dios, que hoy les impongo. Maldición, si desobedecen esos mandamientos y se apartan del camino que yo les señalo, para ir detrás de dioses extraños, que ustedes no han conocido (Dt 11, 26-28). 

Graba en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Incúlcalas a tus hijos, y háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas de viaje, al acostarte y al levantarte (Lev 6, 6-7).

Yo te instruiré, te enseñaré el camino que debes seguir; con los ojos puestos en ti, seré tu consejero (Sal 32. 8).

 Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio (Mt 11, 29). 

2La educación de padres a hijos

Vengan, hijos, escuchen: voy a enseñarles el temor del Señor (Sal 34, 12).

La vara y la reprensión dan sabiduría, pero el joven consentido avergüenza a su madre (Pr 29, 15).

Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre y no rechaces la enseñanza de tu madre, porque son una diadema de gracia para tu cabeza y un collar para tu cuello (Pr 1, 8).

 Hijos, obedezcan a sus padres en el Señor porque esto es lo justo,  ya que el primer mandamiento que contiene una promesa es este: Honra a tu padre y a tu madre, 3 para que seas feliz y tengas una larga vida en la tierra.  Padres, no irriten a sus hijos; al contrario, edúquenlos, corrigiéndolos y aconsejándolos, según el espíritu del Señor (Ef 6, 1-4).

Que sepa gobernar su propia casa y mantener a sus hijos en la obediencia con toda dignidad (1Tim 3, 4). 

3La formación de los Apóstoles a los discípulos, hijos espirituales

Pongan en práctica lo que han aprendido y recibido, lo que han oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con ustedes (Fil 4, 9).

Que la Palabra de Cristo resida en ustedes con toda su riqueza. Instrúyanse en la verdadera sabiduría, corrigiéndose los unos a los otros (Col 3, 16).

 Y todos los días, tanto en el Templo como en las casas, no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Noticia de Cristo Jesús (Hch 5, 42).

Mónica Muñoz, Aleteia

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