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sábado, 7 de septiembre de 2024

Especialmente para los hermanos que NO suelen ir a Misa los Domingos: Para que descubran lo que están perdiendo

 Aquí podemos ofrecerle sólo unos cuantos aspectos
de las mil maravillas de la Santa Misa

Admirable y singular conversión de toda la substancia.

De la transubstanciación dan los Padre tridentinos la siguiente definición: Admirable y singular conversión de toda la substancia del pan en el cuerpo y de toda la substancia del vino en la sangre de Cristo, permaneciendo solamente las especies.

Concilio de Trento

Jesús viene a hacernos participantes de sus divinos dones.

Poseer a Jesús en nuestro corazón, en la comunión, es poseer todos sus tesoros y todas sus gracias, pues no se despoja de sus divinos dones al comunicársenos, sino que viene a hacernos participantes de ellos; viene a embellecer nuestra alma, a vivificarla con su espíritu, renovarla con su amor, hacerla más heroica en sus abnegaciones y mas valerosa en sus sacrificios.

Devocionario Escogido
Para personas que aspiran a la perfección


En cada Santa Misa se renueva la Encarnación.

Así como Jesucristo se hizo hombre cuando la virtud del Espíritu Santo cubrió con su sombra a la Santísima Virgen María, así renueva la Encarnación en cada Santa Misa sacramentalmente por obra del mismo Santo Espíritu.

Beato Alain de la Róche op



Os suplico a todos que tributéis toda reverencia y todo el honor.

Así, pues, besándoos los pies y con la caridad que puedo, os suplico a todos vosotros, hermanos, que tributéis toda reverencia y todo el honor, en fin, cuanto os sea posible, al Santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, en quien todas las cosas que hay en cielos y tierra han sido pacificadas y reconciliadas con el Dios omnipotente.

San Francisco de Asís
Vida Segunda de San Francisco
Beato Tomás de Celano

Dios es allí el principal autor y obrador invisible.

Sólo los sacerdotes ordenados en la Iglesia tienen poder de celebrar y consagrar el cuerpo de Jesucristo. El sacerdote es ministro de Dios, cuyas palabras usa por su mandamiento y ordenación; mas Dios es allí el principal autor y obrador invisible, a cuya voluntad todo está sujeto, y a cuyo mandamiento todo obedece.

Beato Tomás de Kempis
Imitación de Cristo

Grande es este misterio, y grande es la dignidad de los sacerdotes.

Aunque tuvieses la pureza de los ángeles, y la santidad de San Juan Bautista, no serías digno de recibir ni manejar este Sacramento. Porque no cabe en merecimiento humano que el hombre consagre y tenga en sus manos el Sacramento de Cristo y coma el pan de los ángeles. Grande es este misterio, y grande es la dignidad de los sacerdotes, a los cuales es dado lo que no es concedido a los ángeles.

Beato Tomás de Kempis
Imitación de Cristo

Si forzosamente obligada no puedes asistir a la Santa Misa.

Si forzosamente obligada, no puedes asistir a la celebración de este augusto sacrificio, con una presencia real, es menester que, a lo menos' lleves allí tu corazón, para asistir de una manera espiritual. A cualquiera hora de la mañana ve a la iglesia en espíritu, si no puedes ir de otra manera; une tu intención a la de todos los cristianos, y, en el lugar donde te encuentres, haz los mismos actos interiores que harías, si estuvieses realmente presente a la celebración de la santa Misa en alguna iglesia.

San Francisco de Sales
Introducción a la vida devota. La Santa Misa





Apostolado de la Santa Misa Diaria

miércoles, 14 de agosto de 2019

Para los que NO han ido a Misa el Domingo: vea lo que perdió

Solamente podemos presentarles algunos aspectos de  la maravilla eucarística


El pan eucarístico debe ser consumido cada día.
Cuando Jesucristo nos manda pedir en la oración dominical nuestro pan de cada día, hay que entender esto, como casi todos los Padres de la Iglesia lo enseñan, no tanto el pan material, alimento del cuerpo, cuanto el pan eucarístico que debe ser consumido cada día.
San Pío X
Decreto Sacra Tridentina Synodus



Nutrirnos diariamente del Pan Celestial.
Mediante esta comparación (Jn 6,59) con el pan y el maná, los discípulos podían comprender fácilmente que, siendo el pan el alimento cotidiano del cuerpo y que habiendo sido el maná el alimento cotidiano de los Hebreos en el desierto, de la misma manera, el alma cristiana podría nutrirse cada día del Pan Celestial.
San Pío X
Decreto Sacra Tridentina Synodus



El Pan Eucarístico y el Pan de la Palabra.
La misma Iglesia, que recomienda la comunión cotidiana del cuerpo de Cristo, aconseja también la audición o la lectura cotidiana de su Palabra, ofrecida precisamente como alimento en la liturgia eucarística.
San Agustín
Doctor de la Iglesia




En verdad, en verdad, Jesús la apagará nuestra sed.
En vuestras aflicciones y desconsuelos decid con profunda humildad; ¡Oh Jesús Eucarístico! Vos habéis dicho: Si alguien tiene sed, que venga á , y yo le daré de beber, apagad, pues, ahora mi sed. En verdad, en verdad, Jesús la apagará.
San Pablo de la Cruz
Fundador de los Pasionistas



La Santa Misa es lo más grande que pueda haber.
 La Santa Misa es la mayor gracia que da Dios a los hombres. La Misa es el más bello y precioso tesoro que posee la Iglesia.
San Alfonso María de Ligorio
Doctor de la Iglesia




¿Quién podrá dar gracias suficientes por una sola comunión?
¿Quién podrá dar gracias suficientes por una sola comunión, sobre todo, cuando se participa de una manera tan perfecta? Aunque todo el hombre se convirtiera en amor, no acertaría a corresponder al amor infinito que Cristo muestra en la Eucaristía y en el matrimonio espiritual: solamente el Espíritu de Cristo, su amor hecho nuestro por participación, puede dar al santo Verbo de Dios, hecho nuestra Eucaristía, una respuesta digna de El, devolverle un amor suficiente y, pagándole la gratitud a la que tiene derecho, rogarle como conviene, en nombre de toda criatura.
Siervo de Dios Mons. Luis María Martínez
Notas Íntimas


Los méritos infinitos de la Santa Misa.
El que celebra o asiste a la Santa Misa y reflexiona sobre su valor infinito, y hace formal intención de dar con ella toda la gloria posible a Dios, merece más que si ayunara a pan y agua todo un año y que si se azotara hasta derramar toda la sangre de sus venas, o rezara trescientas veces el Salterio entero.
San Alberto Magno
Doctor de la Iglesia



Apostolado de la Santa Misa Diaria
http://www.sancta-missa-cotidiana.org
correo@sancta-missa-cotidiana.org



  1. Introducción
En la primera lectura, el libro sapiencial hace memoria de la noche de la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. Esta memoria se ha actualizado a lo largo de la historia por medio de la liturgia pascual. Hacer pascua es decir bien de Dios (bendecir) y tener en cuenta que, si Dios se ha hecho visible en el pasado, continuará a hacerlo en el presente y en el futuro, porque Dios es el Señor de la historia.
En la llamada carta a los hebreos la fe es definida como: “seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve”, a partir de la figura de Abrahán y las personas relacionadas a él. La fe es, por tanto, ponerse a camino como lo hizo el patriarca y obedecer a Dios que se revela en la historia a través de los acontecimientos. Gracias a la fe –que es también un acto humilde de escucha– se puede contemplar a Dios actuando en la propia vida y llenándola de gracias y bendiciones.
  1. Evangelio
Este pasaje del evangelio es la continuación inmediata del fragmento propuesto por la liturgia de la Iglesia del domingo anterior. Jesús es interceptado por una persona que, le pide en medio de la multitud que lo ayude para que su hermano divida con él la herencia familiar. A partir de esta situación el Señor aprovecha para realizar una exhortación sobre los bienes y la relación del hombre con el dinero. Especialmente es denunciado con destaque el pecado de la codicia, que se anida y hace raíces en el corazón humano.
Los apóstoles quedan desconcertados con la parábola utilizada por el Señor para explicar este problema de la codicia, por eso el párrafo siguiente empieza diciendo: “No temas, pequeño rebaño: porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino”, aun así los exhorta a desprenderse de los bienes –venderlos para dar limosna  y ayudar a los otros– para adquirir un tesoro en el cielo: “Vended vuestros bienes, y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque dónde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”.
“Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas”, esta frase en la mentalidad bíblica indica estar atentos y prontos para actuar, en otras palabras, se refiere a la vigilancia que caracteriza al seguidor de Cristo. En la cintura están los riñones que son la sede de las pasiones, por eso en otras traducciones aparece mencionado ese órgano del cuerpo humano. ¿Cuál es la función de los riñones? Entre otras cosas, es filtrar la sangre de elementos nocivos que pueden perjudicar el cuerpo humano. Pero, sobre todo, ceñir la cintura significa algo muy sencillo: ya que las túnicas usadas por las personas de aquella época eran holgadas, era inevitable apretarla para poder realizar cualquier actividad, por tanto, se ceñía para servir o “ponerse a camino” (Ex 12,11). Ya las lámparas –que se mantenían encendidas con buenas reservas de aceite, basta recordar la parábola de las diez vírgenes (Mt 25,1ss)– se refieren a la luz que debe estar disponible para poder ver bien en medio de la oscuridad. ¿Qué interpretación le podemos dar a esto? Tener “ceñida la cintura” es vigilar las pasiones con la luz de la fe. ¿Qué son las pasiones? En la Tradición de la Iglesia –filosofía escolástica– son todos los sentimientos desordenados que, acompañan la naturaleza inclinada para el mal por el pecado del hombre. ¿Qué es la lámpara? Es la Iglesia que brilla siendo el cuerpo de Cristo a través del don de la fe. Concluyendo, esta frase quiere decir: estar vigilantes para que la fe continué iluminando la vida y las sombras del pecado no oscurezcan el espíritu.
A continuación, el Señor presenta algunas imágenes que conforman dos parábolas relacionadas con el mismo tema, pero con un acento escatológico: el portero –que aparece de forma implícita– con los siervos y el administrador. La escatología es el área de la teología que estudia las realidades últimas de la historia del cosmos y de la vida del hombre. En las reflexiones del Señor, estas imágenes son presentadas en la perspectiva de la llegada del Hijo del hombre que es otra forma de referirse al misterio de la muerte, la puerta que nos abre e introduce en la presencia de Dios que es la realidad absoluta.
El portero debe estar atento para abrirle a su señor al volver de las bodas. En el lenguaje de los profetas, la relación de Dios con su pueblo se describe de una forma nupcial y en otras parábolas de Jesús, aparece esta misma imagen para indicar la manifestación definitiva del mesías –el reino de Dios– a través de su persona.
Los siervos deben servir y estar atento a la llegada de su señor para ponerse a su disposición, pero por estar en vela serán sorprendidos, ya que el mismo señor les hará sentarse a la mesa y les servirá. Lo importante es que estén “preparados” para recibir a su señor. Así también debe ser el cristiano en la precariedad de la vida, porque que el ladrón –símbolo del maligno– y el Hijo del hombre no avisan al llegar, ya que el primero hace daño al entrar para robar, porque no había suficiente vigilancia y el segundo sorprende y da un sentido definitivo a la existencia cambiando el rumbo de las cosas.
El administrador es contratado para ser fiel y solícito a frente de su servidumbre y cuidarlos en cuanto su señor se ausenta. Este administrador si se comporta bien y desempeña su misión de acuerdo a lo previsto será premiado participando de todos los bienes de su señor, pero si se aprovecha de la espera para maltratar a los siervos y vivir de forma desenfrenada, será despedido y condenado.
La conclusión del pasaje del evangelio deja claro el resultado de un aspecto fundamental de la libertad humana, o sea, el libre arbitrio: “El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra, recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá”. Esto simplemente quiere decir que recibiremos según nuestras obras y conforme a la conciencia o no de lo que hemos recibido. Nuestra “suerte definitiva” es determinada por lo que hemos recibido y como lo hemos administrado.
  1. Actualización Catequética
¿Cuál es el hilo conductor de este pasaje del evangelio? Para poder entender el mensaje profundo del fragmento propuesto para la Eucaristía dominical, partimos de nuestro combate sobre la relación con el dinero, que nace del discernimiento sobre el fin de la vida y en la sana consciencia de que solo somos siervos y administradores del Señor.
La sabiduría para tener una relación cristiana con los bienes y el dinero, el discernimiento en la vida y la conciencia de que somos simples administradores solamente se adquiere: si vigilamos con atención (como porteros), servimos desempeñando nuestra misión (como siervos) y administramos los bienes que nos fueron confiados por el Señor (como buenos administradores).
La imagen del portero nos recuerda la función de esta figura, estar atentos para ver quién entra y quién sale de un determinado lugar, su mayor característica es la vigilancia. Vigilar es una acción que implica mucha observación y cuidado con lo que se debe hacer. Para la fe cristiana la vigilancia es una virtud que se refiere a la práctica de la oración, a alimentar y preservar la fe y a cuidar el corazón del pecado. ¿Cuántas impurezas entran en nuestro corazón: idolatrías, deseos libidinosos, sentimientos desordenados? Alimentamos pensamientos tóxicos que nos contaminan y no nos dejan respirar, por eso somos llamados a estar atentos y combatir contra el maligno, el mal y el pecado.
La imagen del siervo nos recuerda que su función es solo servir y estar atento para lo que necesite su señor. Esta imagen se complementa con otra del evangelio de Lucas, al final los siervos deberían decir con humildad y sencillez: “somos siervos inútiles, hemos hecho solo lo que debíamos hacer” (17,10), o sea, sin tener grandes pretensiones, sin esperar nada a cambio y sin querer el reconocimiento, homenajes y mucho menos la alabanza. ¿Cuántas veces hacemos públicas las cosas buenas que realizamos para esperar el reconocimiento de los otros? ¿En cuántas ocasiones servimos en silencio y en el más absoluto anonimato? ¿Qué es lo que nos motiva a servir y hacer el bien?
La imagen del administrador nos recuerda una función muy simple y compleja al mismo tiempo, una determinada persona es contratada para cuidar los bienes de su dueño, depende, por tanto, de su fidelidad y seriedad para que su misión tenga buenos resultados. Esto quiere decir que los cristianos somos simples administradores de bienes espirituales, afectivos y materiales. En primer lugar, están los bienes espirituales que son todas las gracias que recibe un fiel bautizado, es decir, el evangelio, la comunidad eclesial, la fe, los sacramentos, etc. ¿Cómo recibimos estos dones?, ¿cómo nos relacionamos con ellos? y ¿cómo los transmitimos? En segundo lugar, están los bienes afectivos que son todas las relaciones que tenemos con las personas que hacen parte de nuestra familia y que están a nuestro alrededor. ¿Somos libres afectivamente?, ¿nos relacionamos amándonos en el Señor? o ¿somos esclavos o indiferentes a las personas que hacen parte de nuestra vida? Finalmente, están los bienes materiales que son las cosas (¡cosas!) adquiridas por el dinero a través del trabajo. La providencia nos confió estos bienes para que vivamos con dignidad y como hijos de Dios. “Tener dinero para vivir y no vivir para tener dinero”, está debería ser la máxima que queda como la lección de Jesús acerca del dinero en los evangelios. ¿Somo libres con el dinero?, ¿acumulamos con codicia porque el dinero es lo más importante que podemos tener? o ¿usamos el dinero para ayudar a los otros?
El Señor por la fuerza de la Palabra y de los sacramentos nos alimente para reavivar nuestra fe, y por medio del Espíritu Santo nos dé el don del discernimiento y de la vigilancia, para seguir sus pasos, vivir la novedad liberadora del evangelio y ser testigos de su amor en medio de los hombres.
CARLOS F. HERNÁNDEZ-SÁNCHEZ, Rel

miércoles, 31 de julio de 2019

Para los que NO fueron a Misa el Domingo: mire lo que perdió

Podemos presentarles sólo unos aspectos del Milagro de la Eucaristía:


¡No hay peligro de exagerar!
No hay peligro de exagerar en la consideración de este Misterio, porque "en este Sacramento se resume todo el misterio de nuestra salvación".
San Juan Pablo II
Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 61


Reciban a menudo la Sagrada Comunión.
Oh, cristianos, ¿desean ustedes probar su verdadero amor hacia sus seres queridos que se han ido? ¿Desean mandarles su más preciosa ayuda y la llave Dorada del Cielo? Reciban a menudo la Sagrada Comunión por el reposo de sus almas.
San Buenaventura, Doctor de la Iglesia


Debemos ser conscientes de la magnitud del don de la Eucaristía.
Al dar a la Eucaristía todo el relieve que merece, y poniendo todo esmero en no infravalorar ninguna de sus dimensiones o exigencias, somos realmente conscientes de la magnitud de este don.
San Juan Pablo II
Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n. 61


Para curar las llagas de nuestra alma.
Tampoco debe el Párroco dejar de enseñar con cuidado en qué obras y acciones deben ejercitarse los cristianos en los días festivos. Estas son, que acudamos al templo que asistamos allí con sencilla y piadosa atención al Santo Sacrificio de la Misa, y que para curar las llagas de nuestra alma, recibamos con frecuencia los divinos Sacramentos de la Iglesia, que fueron instituidos para nuestra salud.
Catecismo del Concilio de Trento


Ser lo que Él mismo es.
Cristo Nuestro Señor, por su inmenso amor, se hizo lo que somos para perfeccionarnos hasta ser lo que Él mismo es.
San Ireneo de Lyon



Más humillante y aniquilado que en Belén o en el Calvario.
Se comprende que el Hijo de Dios, llevado por su amor al hombre, se haya hecho hombre como él, pues era natural que el Creador estuviese interesado en la reparación de la obra que salió de sus manos. Que, por un exceso de amor, el Hombre Dios muriese en la Cruz, se comprende también. Pero lo que no se comprende, aquello que espanta a los débiles en la Fe y escandaliza a los incrédulos, es que Jesucristo glorioso y triunfante, después de haber terminado su misión en la tierra, quiera permanecer aún con nosotros en la Eucaristía, en un estado más humillante y aniquilado que en Belén o en el Calvario.
San Pedro Julián Eymard

El corazón de el que le recibe debe ser nuevo.
El corazón del que comulga o celebra debe ser el sepulcro de Jesucristo; pues así como el sepulcro en donde fue puesto Jesús muerto, era nuevo, así el corazón de el que le recibe debe ser nuevo, es decir, puro, animado de fe viva, de firme confianza, de ardiente caridad y de un vivo deseo de la gloria de Dios y de la salvación de las almas.
San Pablo de la Cruz







Comentario de un sacerdote al evangelio del Domingo pasado
En el evangelio de Lucas, Jesús aparece siempre como un hombre de profunda oración. La oración atraviesa toda la vida del Señor: El Bautismo, manifestación maravillosa con la que empieza la vida pública ocurre en un contexto de oración (3,21); en el ejercicio de su misión Jesús se retira para rezar en lugares solitarios (5,16); la elección de los doce apóstoles –decisión importante para el futuro del mensaje del reino de Dios que Jesús anuncia entre los hombres– es precedida por una noche de vigilia y oración (5,12); la transfiguración, como desvelamiento de la verdadera identidad de Cristo en lo alto del monte Tabor, ocurre en cuanto Jesús rezaba (9,28-29); la llamada profesión de fe de Pedro es proclamada después de la pregunta que Jesús hace en cuanto rezaba en particular (9,18); antes de asumir eldrama de la pasión en la víspera de la pascua, para ser entregado como inocente cordero, Jesús ora a Dios Padre que le ayude a hacer su voluntad a pesar de sufrir somatizando –porque sudó gotas de sangre –, la angustia que experimenta a través del cáliz que debe beber en el monte de los Olivos (22,41-46); y finalmente, Jesús reza desde lo alto de la cruzpor sus verdugos: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, palabras que serán las ultimas pronunciadas en su vida terrena (23,24).
La oración es la forma que Jesús utiliza para estar en el silencio y en la intimidad con Dios, es el instrumento que le permite dialogar con su Padre. De la oración depende el equilibrio psicológico, la mansedumbre de sus gestos, la firmeza del carácter para enfrentar las adversidades, y la fuerza del espirito para la misión redentora que debe realizar.
  1. Evangelio
Los discípulos contemplando a Jesús en cuanto rezaba piden que les enseñe a Rezar. Era costumbre en aquella época que, los discípulos de un rabino importante tuviesen una fórmula de oración como distintivo, o sea, para que se distinguiesen de forma especial, por eso ellos dicen: “como Juan enseñó a sus discípulos...”.
Jesús “entrega un tesoro” al enseñar la plegaria que Él propio reza en su relación con Dios, no es una formula fija, pero corresponde a un contenido de fe que esconde una profunda y nueva espiritualidad. Entre otras cosas se destacan dos temas importantes: En primer lugar, la manera de llamar a Dios es inédita: “Cuando oréis, decid: Padre”. Los discípulos de Cristo se comunican con Dios en una relación filial. El Dios de Jesucristo no es simplemente un ser superior, una mente organizadora, sino que es Padre: creador y amoroso. La idea del Padre es familiar a cualquier hombre, porque significa protección, confianza y amor. Sólo que la novedad de Jesús está en la manera de llamar a Dios de “Padre”, ya que Jesús enseña una expresión que es propia de los niños cuando llaman a su progenitor, es decir, es una de las primeras palabras que brotan en los labios de un bebé –al balbucear– con la cual se identifica el ser más próximo –después de la madre– de su pequeño universo. En la lengua original, en el arameo Jesús se dice: “Abba”, que significa “papá”, “papi” “papito”. Esta forma de llamar a Dios escandalizó los judíos contemporáneos de Jesús, de hecho, aparece en el falso proceso judiciario hecho por las autoridades del Sanedrín como motivo de acusación: “Él dice que es Hijo de Dios” (cfr. Lc 22,69-71), lo que significa una blasfemia. Cristo nos aproxima de Dios como hijos. Aquella distancia entre la divinidad y los hombres en Cristo es cancelada, podemos invocarlo como Padre, como niños que pueden contar siempre con su protección.
Finalmente, la oración del Señor es comunitaria, es rezada en plural, no es una plegaria egoísta, individual y aislada. Jesús en su predicación distinguía perfectamente el nexo que existía entre Él y Dios, y la relación de los hombres con su Padre: “Mi Padre y vuestro Padre”“mi Dios y vuestro Dios”, esto porque entre Jesús y Dios existe una relación metafísicamente hablando de la misma naturaleza –es decir, en su esencia más íntima, o sustancialmente poseen el mismo ser–, en cambio, entre Dios y los hombres existe una relación adoptiva, sin embargo en esta oración, Jesús se une a los hombres para rezar desde el mismo nivel, su Padre es también nuestro, por eso dice “Padre Nuestro”.
Para dar fuerza a la necesidad de la oración en la vida cotidiana Jesús emplea a una parábola muy sencilla, pero muy sugestiva: un hombre que importuna a su amigo a medianoche, porque por su vez necesita de ayuda para otro amigo que ha llegado de viaje a su casa. En las aldeas de Palestina de la época no existían panaderías, los panes eran hechos en las casas por la mañana para toda la jornada. Como la hospitalidad es sagrada en oriente, recibir un huésped es recibir el mismo Dios que pasa, por eso es comprensible la preocupación del hombre por buscar en la casa de su amigo tres panes (lo que corresponde para la cena de una persona). Pide ayuda ya entrada la noche, en la hora en que llegaban las caravanas de los diversos destinos, después de caminar bajo el sol del desierto durante todo el viaje. El personaje de la parábola que, busca ayuda a medianoche, sabe a quién recurrir, aunque esto causa incomodidad en la casa de su amigo, despertando todos sus miembros y ocasionando mucho trastorno. Al ser socorrido importunaba el sueño del hogar, ya que las casas eran de una única habitación donde todos dormían en el suelo, y donde incluso se ponían ganado u ovejas.
Jesús con esta parábola enseña que la oración es como un grito en medio de la noche que es imagen de la soledad, del sufrimiento, de la angustia humana. Un grito que no debe cesar, porque grita realmente quien tiene necesidad y necesita ayuda. Además, la oración es inoportuna, es decir, continua e interminable.
  1. Actualización Catequética
Por fin, concluimos con el siguiente esquema nuestras reflexiones: El evangelio propuesto por la liturgia de hoy responde a cuatro preguntas básicas: ¿Qué rezar? ¿Cuándo rezar? ¿Cómo rezar? Y, ¿por qué rezar?
¿Qué rezar? La oración del Señor, no de forma mecánica, pero en la conciencia de ser hijo. Esta oración que repetimos a veces como loros es una perla preciosa que, en la Iglesia de los primeros siglos del cristianismo, en un ambiente pagano hacía parte del arcano. Por eso a todos los que se aproximaban de la fe –los candidatos para el bautismo– era el propio obispo que les enseñaba el padre nuestro, ocho días antes del sacramento en la piscina de la regeneración, para después rezarla públicamente con toda la comunidad en la cena eucarística.
¿Cuándo rezar? Siempre, especialmente en momentos de silencio. La parábola coloca la noche como atmósfera que manifiesta la importancia que damos lo que pedimos, a punto de interrumpir el sueño de la noche que es fundamental para nuestro reposo. Rezar en la noche de nuestro corazón, es decir, en los miedos que nos inquietan, las angustias que nos acompañan y las preocupaciones que tenemos. Rezar incorporando la oración al ritmo natural de nuestra respiración, algo que se hace necesario para nosotros y para los otros. Por eso es necesario rezar la oración personal que desarrollamos en nuestra vida espiritual. A través de la oración pública y oficial de la Iglesia –la Liturgia de las Horas– y con los sacramentos que nos fortalecen enfrentamos el combate de cada día.
¿Cómo rezar? Importunando al Señor, pidiendo, buscando. Rezar para que nuestra voluntad se pueda adecuar a la voluntad de Dios y podamos contribuir en la obra de la salvación que Jesús realizó por amor. Rezar para asumir y enfrentar la cruz –obstáculos, sufrimientos– que hacen parte de nuestra vida, y fundamentalmente rezar intercediendo por los demás.
En este sentido, la primera lectura es muy oportuna: Abraham intercede para que no se efectúe la pena que pesa sobre las ciudades amenazadas por Dios, pide por los otros no para sí mismo. De la misma forma, en la parábola del evangelio el amigo inoportuno pide por el otro amigo que acaba de llegar, no por sí, con todo el trastorno que causa en medio de la noche y para poder atenderlo. ¿Rezamos por los otros cuando atraviesan serias dificultades? ¿Cuándo una crisis amenaza la estabilidad conyugal de una familia? ¿Rezamos por los que sufren en el cuerpo, en el alma y en el corazón?
Y, ¿por qué rezar? Rezamos para hacer la voluntad de Dios, porque los acontecimientos ocurren y nos hacen cuestionar la acción divina y amenazan nuestra débil fe. Rezamos porque estamos rodeados de debilidades, tenemos defectos que hacen sufrir los que conviven con nosotros y tenemos caídas que nos hieren mortalmente. Rezamos porque existen trampas y tentaciones en las que podemos sucumbir. Rezamos porque existe el mal moral que se propaga y nos puede contagiar y, sobre todo, por el mal personal, un ser oscuro, tendencioso y furtivo que nos atrae con sutileza y del que tenemos que defendernos. Rezamos porque la voz del mundo –el relativismo, la inmoralidad, en fin, todo lo que significa el paganismo– pesa y nos parece lógica su propuesta, por eso nos preguntamos: ¿Por qué ser fiel en la vida matrimonial? ¿Por qué formar una familia? ¿Por qué ser honesto en los negocios? ¿Por qué controlar nuestros impulsos?
Nos parece oportuno recapitular las anteriores reflexiones, así: ¿Qué rezar? ¡El Padre nuestro! ¿Cuándo rezar? ¡Siempre! ¿Cómo rezar? ¡Inoportunamente! Y, ¿por qué rezar? ¡Para poder hacer la voluntad del Señor!
Definitivamente, la oración es –cómo fue siempre considerada por la tradición cristiana– una poderosa arma en el combate de la Fe. ¡Con la oración podemos cambiar el curso de la historia, protegernos del mal e interceder por los que conviven con nosotros y sufren de tantas formas! La oración es la verdadera arma del cristiano.
Diario de un Cura de Aldea Global en su Celda Parroquial