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miércoles, 5 de abril de 2023

La gran familia numerosa de los Dos Santos: de sus 17 hijos, 3 son trillizas y monjas franciscanas


Las trillizas María Gorete, María de Lourdes y María Aparecida conocieron su vocación de forma simultánea, desde la niñez: hoy son monjas

 

Criadas en una familia católica de 17 hermanos en Bahía (Brasil), las vocación de las trillizas María Gorete, María de Lourdes y María Aparecida surgió desde la infancia y sin saber cómo era, solo sabían que querían ser religiosas. "Era algo que solo Dios puede explicar", comentó Gorete a Aciprensa.

Las tres hermanas confirmaron aquel presentimiento cuando conocieron de pequeñas a una monja de Italia, sor Ricarda, cuyo testimonio les hizo querer seguir el mismo camino.

"Visitaba las comunidades de allí donde asistíamos a la Santa Misa y, mientras el párroco atendía a la gente, ella reunía a los niños, los sentaba frente al altar y nos enseñaba. Lourdinha (María de Lourdes) entonces decía: `Cuando sea grande, quiero ser como esta hermana´. Eso nos hizo sentir más fuerte la llamada. Crecimos con esta idea, que maduró y caminamos con este ideal", añadió la religiosa.

La hermana Gorete recuerda como su madre afirmaba que solo permitiría salir a sus hijas de casa si era para casarse o ser religiosas. Esta última posibilidad le agradaba especialmente, tanto que decía que si era para ir a un convento "las dejaba de corazón y entregaba a todos sus hijos".

Tres hermanas en el mismo convento

Pero cuando la hipótesis pasó a ser una realidad, la familia estaba desconcertada. Cómo dar salida a tres vocaciones simultáneas no era tarea sencilla. Fue un sacerdote de la región el que, al enterarse, contactó con un convento de Bahía, al que logró llevar a las tres jóvenes para una primera toma de contacto.

La primera en acceder fue María de Lourdes, en 1984, seguida de María Aparecida en el 85 y de María Gorete en el 86.

Aunque esta última afirma que "puede haber habido un poco de influencia de una hermana sobre la otra", se preocupa en subrayar que "cada una ya tenía su ideal de ser religiosa y consagrar su vida a Dios".

"Esto fue madurando y nuestra voluntad fue creciendo cada vez más", explica.

Al principio, las hermanas permanecieron juntas en el mismo convento de Salvador y recuerdan con alegría como "fue bueno" para ellas, apoyándose y transmitiéndose ánimos.

"Merece la pena: cumplir la misión, donde Dios quiera"

Sin embargo, tener tres "hermanas Dos Santos" generaba no pocas confusiones cotidianas en el convento, donde las rutinas, el orden y las labores específicas son fundamentales. Aunque cada una trabajaba en un lugar diferente, cuando alguna de las otras religiosas se dirigían a alguna de las trillizas y luego con otra, se generaban malos entendidos por los apellidos, sin saber quién había hablado con quien.

Por ello, cada hermana acabó trasladándose a un lugar distinto. Actualmente, Maria Gorete está en São José dos Campos, María de Lourdes en el convento de Santa Clara do Desterro, en Salvador; y María Aparecida pasa tiempo en casa cuidando a su madre de 85 años.

"Hoy, nuestra madre necesita cuidados y nos quiere cerca. Así que hablamos con mamá y podemos quedarnos con ella. Vamos a turnarnos en este cuidado", indicó la hermana Gorete.

Para sor María Gorete, seguir la vida religiosa "vale la pena". "Vale la pena dejarlo todo, dejar a la familia. No es como abandonar a la familia, sino seguir lo que dice Jesús: si quieres seguirme, renuncia a todo lo que tienes, toma tu cruz y sígueme. Le da sentido a la vida", afirmó.

"Al decidir seguir a Jesús, nos preparamos para lo que venga. No sabemos lo que nos espera, pero sabemos que no estamos solos. Entonces, tenemos el coraje de renunciar e ir sin miedo. Los apóstoles siguieron sin temor y cumplieron su misión. Estamos aquí en el mundo para cumplir nuestra misión de servir, ya sea en la familia, en el convento, donde Dios quiera que estemos", concluyó la hermana Gorete.

ReL

Vea también     Vida consagrada: Espiritualidad y Realidad de la vida de los Consagrados en la Vida Religiosa 
(abundante información)




















¿Cómo vivir el Triduo Pascual con los niños? 5 consejos de 5 años con niños en la iglesia

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Pensando en el próximo Triduo Pascual, vale la pena buscar una respuesta a la pregunta de si quiero sobrevivir estos días santos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo con mis hijos hasta el Domingo de Pascua.

El Triduo Pascual es el acontecimiento más importante del año litúrgico, porque “si Cristo no muriera y resucitase, vana sería nuestra fe”. Por lo tanto, al pensar en el próximo Triduo Pascual, vale la pena buscar una respuesta a la pregunta de si quiero vivir estos días santos de la pasión, muerte y resurrección de Cristo con mis hijos y mi familia con el significado número 1, es decir, simplemente sobrevivir.

Me refiero a llegar de alguna manera al Domingo de Resurrección, sin distinguir el Jueves Santo y el Viernes Santo de los demás jueves y viernes del año, o pintar unos huevos el Sábado de Resurrección, para cumplir la tradición. ¿No? Esto es bueno, porque también aplico el significado número 2: «festejo, experiencia, aventura, evento insólito, algo especial» y es alrededor de este significado que construiré estos días. 

El Santo Triduo Pascual comienza con la Misa de la Cena del Señor el Jueves Santo y termina con las Vísperas del Domingo de Resurrección del Señor. Pero antes de la celebración, antes de los huevos de pascua, tenemos una misteriosa y hermosa liturgia del Triduo Pascual. 

Está lleno de colores (morado, rojo, blanco), sonidos (campanas, cánticos) e impresiones a las que los más pequeños de nuestras familias son especialmente sensibles. Y… ¡merece la pena aprovecharlo! El olor del incienso, el sonido de los cantos, la noche… Signos y gestos extraordinarios: el lavatorio de los pies, el sacerdote acostado en el suelo, besando la cruz, la tumba silenciosa del Señor, un fuego fuera de los muros de la iglesia, la luz de la vigilia pascual, procesiones… Vale la pena hablarles a los niños sobre estas características extraordinarias de la liturgia del Triduo: deja que atraiga a los más pequeños con su misterio, singularidad y belleza. 

¿Qué más? Aquí hay 5 consejos de mis 5 años de pasar el Triduo Pascual con mis hijos en la iglesia en todas las largas y maravillosas celebraciones litúrgicas que son, con mucho, el retiro más importante del año en mi familia. 

1NO NECESITAS EL RESTO DE ASUNTOS

El Señor Jesús resucitará a pesar de las ventanas sucias. Lo sé, suena a cliché. Repetimos esto todos los años, y nosotros (yo también) nos sorprendemos corriendo por la casa con una aspiradora cuando tenemos que ir a la iglesia o rallar piel de limón para un pastel, cuando podríamos leer el Evangelio o rezar la Coronilla de la Divina Misericordia. 

Lo externo es importante, y las cosas materiales no deben despreciarse en aras de las cosas espirituales. Zapatos limpios, vestido hermoso, maquillaje elegante, una casa limpia, flores frescas en un jarrón, tradiciones culinarias y sabores y olores de Pascua: todo esto es necesario y bueno, porque el cristianismo conecta los asuntos de la tierra con los asuntos del cielo, el espíritu y la materia. 

Sin embargo, algo en este asunto puede ser una trampa, ya que nos priva de la libertad de los hijos de Dios. Constantemente nos tira al suelo cuando cada año y cada día santo nos tienta, porque «tienes que hacerlo», «porque cómo vais a comer sin tarta de queso», «solo una galleta más», «no estoy cansada de esta cocina», «la sopa de supermercado es una pena». En el Triduo de este año, lo más importante es el Cristo Pascual. Y el resto… de alguna manera se resolverá. 

2CELEBRACIONES EN CASA.

La Cena de Pascua en casa. Con mantel blanco y velas encendidas. Con panes ázimos, hierbas amargas, legumbres y jaroset, para probar en la boca la comida que comía Jesús en el Cenáculo Judío, como era costumbre en ese día. 

O una familia cantando unida junto a una vela y la imagen de Jesús de la Amargura en el Huerto de los Olivos ante el recuerdo del comienzo de la pasión salvadora de Cristo. 

Mandatum Novum, o el ritual de lavar los pies como señal de servicio y amor mutuo, que también se puede realizar en casa. 

Entre los miembros de la familia más cercana, tantas veces afectados por heridas, conflictos, incomprensiones, el gesto de lavarse los pies puede convertirse en una experiencia profundamente conmovedora. 

El Viernes Santo de la Pasión del Señor, puedes celebrar el Vía Crucis con tus hijos en casa o en el jardín. 

Los más pequeños pueden conseguir tareas adecuadas a su edad: colorear los dibujos con estaciones individuales impresas en Internet, encender velas y colocarlas alrededor de una cruz sobre la mesa, o llevar la cruz durante el vía crucis en el jardín del patio trasero. 

El Sábado Santo, puedes cuidar el silencio en casa -este es el día en que «un gran silencio se ha apoderado de la tierra porque el Rey se ha dormido», como proclama la antigua homilía. Al prepararse para una celebración dominical (cocinar, hornear), vale la pena buscar un momento para velar y rezar en el Santo Sepulcro. 

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Estos días los niños crecerán en vida interior.

La tensión entre prepararse para una celebración gozosa y el silencio y la tristeza del duelo después de la muerte de Cristo es un buen momento para sentir profundamente la tensión cristiana entre «todavía no» y «ya estamos redimidos». 

3TIEMPO

¿Cómo organizar el tiempo en Semana Santa? Puedes tomarte vacaciones el Jueves o Viernes Santo o intentar salir un poco antes del trabajo, para no correr a última hora a la iglesia para la liturgia en estos días, directo del coche, con atascos y con la cabeza que no tenía tiempo de salir del trabajo, deberes y mil asuntos urgentes. 

Puedes intentar conseguir un momento más tranquilo para prepararte para salir, elige ropa elegante con los niños y diles por qué este jueves, viernes o sábado es importante y merece la pena el outfit de domingo. 

El Sábado Santo, preparándonos para la larga y nocturna liturgia de la Vigilia Pascual, practicamos en casa la siesta (en lugar de pasar la aspiradora, ver punto 1.) para tomar fuerzas para la vigilia nocturna a la luz del cirio pascual. Al mismo tiempo, cuando cae la Vigilia Pascual a la hora habitual de acostarse de los niños, esto… estamos preparados y antes les decimos a los niños que hoy se dormirán en la iglesia, y probablemente despertarán en la cama, porque los acostaremos después de la liturgia. Llevamos (según la edad de los niños) un cochecito, una mochila portabebés y un cobertor calentito para que los más pequeños duerman cómodos y calentitos en la iglesia. 

4ESPACIO EN LA IGLESIA

Pasamos el Triduo Pascual en la iglesia donde, según las necesidades y la edad de los niños, hay un lugar para alimentar a un bebé o colocar un cochecito con un niño pequeño dormido. Estamos buscando (y hasta ahora no tenemos dificultad para encontrarlo) un espacio donde nadie se sienta enojado por el padre que se balancea suavemente con el bebé. En los bancos de la iglesia, ubicamos un lugar con una buena vista del altar, si los niños están despiertos, mirar las espaldas de las personas que están frente a ellos no es atractivo para ellos. Pero observar la acción litúrgica rica y solemne, siempre que sea claramente visible, puede encantar y deleitar a los niños.  

5LA HAGADÁ

La Hagadá es un cuento tradicional judío contado por un padre durante la cena de Pascua. Los niños le preguntan por qué comen hierbas amargas, por qué no duermen sino que se mantienen despiertos con los adultos, y él, contando las historias de sus antepasados ​​sacados milagrosamente de Egipto esa noche por Dios, despierta la fe en el corazón de sus pequeños oyentes.

Los niños siguen preguntando «¿por qué?» -también con respecto a las cosas santísimas: Dios, el Evangelio, la liturgia. Decidí seguir las preguntas de estos niños y apoyar nuestra catequesis en casa. Escribí pequeños cuentos para los grandes días y así con las historias de cada día camino con los niños con Jesús las preguntasy les voy explicando. Con los «¿por qué?»  explico el lavatorio de pies, besar la cruz, el sepulcro, la larga vigilia nocturna solemne. 

El libro puede ser un apoyo para la catequesis en el hogar, una idea para la lectura espiritual en familia, una respuesta a las preguntas de los niños llenos de curiosidad y de aprender juntos los mayores misterios de nuestra fe. Y debido a que los adultos durante el Triduo no siempre tienen tiempo y espacio para el alimento espiritual por sí mismos, me aseguré de que el libro incluya los textos del Evangelio de estos días santos y comentarios preparados para los lectores mayores. Pequeñas historias para los grandes días guiarán a la familia a través del Triduo Pascual. 

Kinga Rybarczy, Aleteia

Vea también     La Eucaristía, el Tesoro más grande de la Iglesia - San Juan Pablo II



















En Semana Santa, el Papa te invita a ordenar tu «armario» interior

Papa Francisco     

La catequesis del Pontífice en el Miércoles Santo, sobre la mejor disposición para entrar en la celebración del Triduo Pascual

Amedida que se acerca la Pascua, el Papa Francisco instó a los cristianos a deshacerse de las «cosas innecesarias» en la audiencia general que presidió el 5 de abril de 2023 en la Plaza de San Pedro.

Durante esta audiencia, que tuvo lugar cuatro días después de su alta del Hospital Gemelli, donde fue tratado por una bronquitis, el Papa mostró leves signos de fatiga en su voz, pero improvisó largos pasajes de su catequesis. En particular, invitó a los fieles a dejar de llorar por ellos mismos para volverse hacia los demás.

En esta Semana Santa, cuando la Iglesia celebra el Triduo Pascual – Pasión y Resurrección de Cristo – desde el jueves 6 de abril hasta el domingo, el Papa meditó sobre la muerte de Jesús, que parece «un fracaso público, el peor final posible». Y señaló que aún hoy, como los apóstoles, los cristianos se enfrentan a «desengaños», «pensamientos oscuros y sentimientos de frustración», ante «tanta indiferencia hacia Dios», ante «tanta maldad en el mundo».

El obispo de Roma se entristeció por el hecho de que muchos jóvenes «hoy, en nuestras ciudades» no ven otra «salida» que el «suicidio», o se refugian en las «drogas» y el «olvido». Y recordó haber visto en las calles de Buenos Aires «tanta gente triste […], tanta mirada triste, gente que […] camina con sus teléfonos, sin paz».

Papa Francisco
Papa Francisco saluda a los fieles congregados en la Plaza de San Pedro

Para «curarse de la tristeza […], de la amargura con que contaminamos a la Iglesia y al mundo», el obispo de Roma exhortó a los fieles a «volver a lo esencial, a la vida sencilla». En efecto, prosiguió, la paz no se encuentra en «las máscaras para […] mostrarnos mejor de lo que somos», ni en la «ostentación, para que los demás hablen bien de nosotros».

Limpiar el armario del alma

«La esperanza renace haciendo la verdad sobre nosotros mismos, abandonando la duplicidad, liberándonos de la convivencia con nuestras mentiras», aseguró el Papa. «Los comienzos de Dios a menudo parten de nuestros límites», agregó.

El jefe de la Iglesia católica instó entonces a “limpiar lo que contamina el corazón”, para dejar “estúpidas ilusiones”. Haciendo un llamado a la «sobriedad», animó a todos a «deshacerse» de «algo innecesario» «limpiando» su armario, incluido el armario del «alma».

Y para citar una iniciativa de Semana Santa en la residencia de Santa Marta en el Vaticano – el hotel en el que vive el Papa desde 2013 –, donde se invitó a los residentes a donar sus posesiones «inútiles», y asegurando que se había entregado una gran cantidad de bienes a los más necesitados.

Papa Francisco
Papa Francisco, durante la audiencia en la Plaza de San Pedro

Como Jesús en la cruz, el ser humano está «herido» por muchas cicatrices, pero para el pontífice, de 86 años, la cuestión no es estar «herido poco o mucho por la vida, sino qué ‘hacemos de estas heridas’.

«¿Qué haces con tus heridas […], esas que solo tú conoces?», lanzó a la multitud, difundiendo una serie de preguntas a lo largo de su catequesis: «¿Dónde está tu esperanza? […] ¿En un cajón como un recuerdo romántico de algo que ya no existe?» o incluso: «¿Cuál es tu medicamento para curar tus heridas?».

En conclusión, el Papa Francisco afirmó que la verdadera pregunta es: «¿Qué puedo hacer yo por los demás?». «Nuestras heridas pueden convertirse en fuentes de esperanza cuando, en lugar de llorar por nosotros mismos, enjugamos las lágrimas de los demás; cuando, en lugar de guardar rencor por lo que nos quitan, atendemos lo que a los demás les falta […]. Porque sólo si dejamos de pensar en nosotros mismos, nos encontramos a nosotros mismos».

I.Media, Aleteia 

Vea ambién   Año Litúrgico - Explicación






























Evangelio del día

Libro de Isaías 50,4-9a.

El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo.
El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás.
Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.
Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.
Está cerca el que me hace justicia: ¿quién me va a procesar? ¡Comparezcamos todos juntos! ¿Quién será mi adversario en el juicio? ¡Que se acerque hasta mí!
Sí, el Señor viene en mi ayuda: ¿quién me va a condenar?


Salmo 69(68),8-10.21bcd-22.31.33-34.

Por ti he soportado afrentas
y la vergüenza cubrió mi rostro;
me convertí en un extraño para mis hermanos,
fui un extranjero para los hijos de mi madre:

porque el celo de tu Casa me devora,
y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian.
Y no tengo remedio.
Espero compasión y no la encuentro,

en vano busco un consuelo:
pusieron veneno en mi comida,
y cuando tuve sed me dieron vinagre.
Así alabaré con cantos el nombre de Dios,

y proclamaré su grandeza dando gracias;
que lo vean los humildes y se alegren,
que vivan los que buscan al Señor:
porque el Señor escucha a los pobres

y no desprecia a sus cautivos.


Evangelio según San Mateo 26,14-25.

Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes
y les dijo: "¿Cuánto me darán si se lo entrego?". Y resolvieron darle treinta monedas de plata.
Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.
El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: "¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?".
El respondió: "Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: 'El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos'".
Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.
Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce
y, mientras comían, Jesús les dijo: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará".
Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: "¿Seré yo, Señor?".
El respondió: "El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar.
El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!".
Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: "¿Seré yo, Maestro?". "Tú lo has dicho", le respondió Jesús.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

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Bulle

San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismal 13,6


“Se acerca el momento, y quiero celebrar la cena de pascua en tu casa.”

Seguramente quieres que se te demuestre que Cristo se entregó voluntariamente a la pasión. Los demás mueren contra su voluntad porque mueren en la oscuridad, pero él predijo de su pasión: “el Hijo del hombre será entregado para que lo crucifiquen.” (Mt 26,2) ¿Sabes por qué el que es la misericordia no huyó de la muerte? Para que el mundo entero no se pierda por sus pecados. “Estamos subiendo a Jerusalén. Allí el Hijo del hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y maestros de la ley, que lo condenarán a muerte, y lo entregarán a los paganos, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen.” (Mt 20,18-19) y "se encaminó decididamente hacia Jerusalén"(Lc 9,51).
   También quieres saber con certeza que la cruz es una gloria para Jesús. ¡Escucha lo que él te dice y no yo. Judas, ingrato contra Jesús, iba a entregarlo. Acababa de levantarse de la mesa y de beber de la copa de bendición, y como agradecimiento por la bebida de salvación, decide derramar sangre inocente. El que había comido el pan de su Maestro, se lo agradece de una manera deshonrosa llevándolo a la muerte.... Luego, Jesús dijo: “Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado.” (Jn 12,23) ¿Te das cuenta que él sabe que la cruz es su gloria? ... No porque antes hubiera estado sin gloria ya que fue glorificado “de la gloria que tenía antes de la creación del mundo” (cf Jn 17,5) Pero, como Dios, es glorificado eternamente, mientras que ahora, es glorificado por haber merecido la corona de la gloria por su constancia en la prueba.
    No fue obligado a dejar la vida, no fue inmolado por fuerza sino que se entregó libremente. Escucha lo que dice: “Tengo poder para entregar la vida y tengo poder para recobrarla.” (Jn 10,18) “Me entrego a mis enemigos con plena voluntad, porque si no quisiera, nada de esto se realizaría.” Ha venido a escoger la pasión, contento del resultado, sonriente por la corona, feliz de salvar a la humanidad. (EDD)

Oración

3 oraciones breves pero poderosas

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Ps 22,1)

Dios ama esta lucha contra el mal con la ayuda de los médicos y la familia, porque Dios, como dice la Biblia, está enojado con el mal en todas sus formas.

Por eso tenemos derecho a decirle, como lo hizo el propio Jesús en el Calvario: “¿Por qué, Dios mío, por qué?”, “¿Por qué tanto sufrimiento en esta Tierra?”.

Este sentimiento de indignación, que puede durar mucho, no es un pecado. Porque participa de alguna manera en la indignación de Dios mismo contra el mal.

¡Hágase tu voluntad!

 Me alegro de sufrir. Así voy completando lo que aún falta al total de los sufrimientos cristianos (Col 1, 24)

Sobre todo, esta aceptación contribuye a la salvación del mundo. En su inmensa misericordia, Dios quiere asociar al hombre con el sacrificio que Jesús le ofreció en la cruz.

«Por Cristo, con Él y en Él», podemos ofrecer a Dios todos los actos de amor que somos llamados a hacer en nuestras horas de sufrimiento.

(Aleteia)




































martes, 4 de abril de 2023

El verdadero feminismo: ¿Cómo es realmente?

VICTORIA OCAMPO       

El feminismo de Victoria Ocampo: fraguado en el diálogo y desde el diálogo con los hombres

Ha llegado a mis manos de manos de su editor, Miguel Ángel Blázquez, un libro apasionante,  conmovedor, verdadero y rabiosamente humano de Victoria Ocampo: La mujer y su expresión. Apología de un feminismo original. El libro reproduce la edición original realizada en 1936 por la editorial Sur de Buenos Aires y se puede encontrar en librerías de toda España, en Amazon y también en su edición limitada. Una obra, que a pesar del tiempo en que fue escrita, sigue siendo plenamente actual.

Victoria Ocampo (1890-1979), como escritora, ensayista, traductora, editora y mecenas, no es una mujer sin más. Es el reflejo de cómo la lucha por los derechos y las libertades de las mujeres ha requerido años y años de defensa contundente, de argumentaciones serenas y muy críticas que rozaban la ilegalidad, ante discursos afincados en una visión paternalista y patriarcal que hoy nos parece inaceptable.

Es el suyo un feminismo muy fraguado en el diálogo y desde el diálogo con los hombres, algunos de cierto renombre con los que se atrevió a discutir, con argumentos y palabras, muchos de los grandes temas que se debatían en Argentina y también en muchos otros lugares del mundo. 

A juicio del editor, sus textos ofrecen una mirada renovada sobre el tema de la mujer que invita al diálogo. «En medio del ruido mediático constante respecto al feminismo, el pensamiento de Victoria Ocampo sigue siendo vigente y sorprendente […]. Fueron escritos por una mujer nacida en una familia aristocrática de estructura y costumbres patriarcales y en un país como la Argentina, donde los derechos de las mujeres eran muy limitados en aquellos tiempos, lo que por desgracia sucedía también en otros países.» Todavía hoy sigue siendo un problema pendiente que se ha tornado punzante y que requiere de toda nuestra reflexión y atención, a pesar de ser tan manido que lo soslayamos. 

En su ensayo La mujer y su expresión comienza contando cómo un hombre de negocios, haciéndole unos encargos a su mujer, empezaba: «No me interrumpas», convirtiendo la obediencia de la mujer en un monólogo del varón sin que ella tuviera ocasión de emitir sonido alguno.

Victoria, al comenzar su discurso -que es una conferencia retransmitida radiotelefónicamente al público de España y Argentina en 1935-, pide que la interrumpan.

No quiere monólogos, no le hacen feliz. «¿Y cómo podría yo saber que estáis presentes, que me escucháis, si no me interrumpís? Me temo que este sentimiento sea muy femenino. Si el monólogo no basta a la felicidad de las mujeres, parece haber bastado desde hace siglos a la de los hombres». El monólogo ha sido la forma predilecta de expresión adoptada por el hombre.

Pero Victoria Ocampo es una mujer de armas tomar y piensa que «la mujer se ha resignado a repetir, por lo común, migajas del monólogo masculino […] Pero, a pesar de sus cualidades de perro fiel que busca refugio a los pies del amo que la castiga, ha acabado por encontrar cansadora e inútil la faena.»

El proyecto de una edición así de textos de Victoria Ocampo, llevado a cabo por un hombre como Miguel Ángel, el editor, da cuenta de que el asunto del feminismo no es cosa sólo de mujeres. «Ella encarnaba una propuesta -en mi opinión-, más interesante y constructiva para la mujer y para el hombre, que merece la pena volver a mirar hoy en día».

Es cierto que el feminismo contemporáneo se ha polarizado, ideologizado y menospreciado por parte de progresistas y conservadores. También en el ámbito cristiano, donde el discurso radicalizado no ha invitado a sus representantes a dialogar buceando en una historia cuyos logros se han visto desdibujados y malinterpretados por la ideología de turno. La historia del feminismo, en sus aciertos y en sus fracasos, ha traspasado las fronteras de lo que hoy llamamos un feminismo real, necesario y universal. 

Que muchos cristianos no quieran saber nada del feminismo, que consideren que es mejor defender un concepto idealizado de matrimonio -e incluso de la mujer- por encima de las personas, porque las corrientes de pensamiento se hayan tensionado, no genera un diálogo real y serio sobre muchos problemas que siguen sufriendo las mujeres en el ámbito de las relaciones laborales, familiares, económicas y sociales.

Hacerlo significaría poner sobre la mesa la vasta realidad de los problemas concretos en lugar de vender una idea -parcial y reducida- de lo que supone ser mujer. Significaría apostar por defender a las mujeres de carne y hueso: las que se ven solas cuidando de los hijos que han decidido tener sin abortar a pesar de la presión social; las que abortan porque también quieren ser ayudadas; las divorciadas con hijos a su cargo que no desean rehacer sus vidas con otro hombre después de experiencias traumáticas; las que sí rehacen sus vidas con ilusión porque es justo el deseo de sentirse amadas de verdad; las que apuestan -solas y sin ayuda- por cumplir con sus sueños profesionales sin renunciar a tener una vida familiar feliz; las que no se prostituyen aunque no lleguen a fin de mes; las que sí lo hacen porque el Estado no hace nada por protegerlas dándoles otras alternativas; las que sufren violencia y maltrato, silenciadas y abandonadas en un entorno hostil donde el sufrimiento y la defensa de la verdad no importan, prevaleciendo la mentira y las «versiones» -o perversiones- de una realidad siempre matizada, cuando no tergiversada.

En definitiva, apostar por el feminismo es apostar por todas ellas, las que tienen tanto que callar y -lo hagan o no- siguen adelante, optando por cuidar y cuidarse, vivir, ser madres, criar a sus hijos, trabajar y ser felices, con maridos o sin ellos y, de este modo, libres de participar como quieran de la vida social, económica y familiar. Ellas son las que trabajan para transformar su entorno más cercano, mientras el mundo vende discursos que silencian los múltiples ataques de violencia que todavía hoy se ejercen contra las mujeres, de forma sibilinamente solapada o claramente manifiesta y manipulada. De hecho, es curioso que la nueva cultura woke venda la defensa de las víctimas como ideología de consumo, meras abstracciones, mientras la realidad sigue siendo desigual, violenta y discriminatoria. Siempre la tolerancia convertida en coartada, camuflando la defensa de una diferencia que se sitúe lo suficientemente lejos como para que no nos contamine ni nos urja a cambiar nuestro modo liberal y aburguesado de vivir.

woke
Cancelación cultural y censura de los medios sociales como cancelación o restricción de opiniones que son ofensivas o controvertidas para el público

No queremos discursos abstractos que defiendan a la mujer, sino una clara voluntad social y política de agendar todos aquellos dramas que siguen sufriendo en muchísimos países -incluido el nuestro- donde la pobreza, la desigualdad cultural y social, la brecha entre el campo y la ciudad, etc., son elementos que hacen que se mantenga una visión machistaque no reconoce el valor de las mujeres y las concibe a plena disposición del varón en todas las esferas de la vida, también en la sexualidad. Extremos  inaceptables siguen siendo los de la trata y la prostitución, una corrupción desgraciadamente muy extendida en nuestros países y en la que los intereses económicos evitan a toda costa su erradicación. 

Tampoco el camino es presentar a la mujer como un sujeto autónomo que para hacer frente a una estructura social construida durante siglos por hombres, tenga que asumir los mismos valores androcéntricos basados en criterios de poder y competitividad, asimilacionista en los modelos de comportamiento, mientras los varones siguen despreocupados de sus obligaciones con respecto al hogar y a los hijos. La complementariedad real exige la igualdad en la dedicación al amor, con todo lo que ello implica desde la diferencia, no hombres rezagados ni mujeres superwoman.

Abrir las páginas de un libro como el de Victoria Ocampo es respirar aire fresco, es creer que todavía es posible apostar por una igualdad real que deje a salvo las diferencias y poder hacerlo sin resentimiento contra los hombres, sin tener que camuflar o esconder la Historia, con sus miserias pero también con sus logros, sin discursos manufacturados en clave falsamente progresista, o también -lo que a menudo se nos cuela- en clave falsamente cristiana: la que considera que defender la «familia tradicional» -que en realidad es la familia burguesa con clara división de roles- es conservar el legado de un Cristianismo moralista que sólo es capaz de entender que el paternalismo sobre la mujer sigue siendo el mejor remedio a sus problemas. 

Si en algo es pionera Victoria Ocampo, es en no dulcificar los problemas de las mujeres, invitándonos, como expresa el editor de esta obra que presentamos, «a un coloquio fecundo y novedoso. Interpela también al género masculino con un discurso duro, transgresor y sin duda arriesgado, teniendo presente la situación y la época en la que fueron escritos estos textos.»

Sin embargo, no abdica de la maternidad, como expresión también de la mujer: «El niño, por su sola presencia, ha exigido de la mujer consciente que se expresara, y que se expresara del modo más difícil: viviendo, viviendo ante él». La mujer deja su huella indeleble en el niño, modelándola, «y la resistencia del hombre a reconocer que la mujer es un ser tan perfectamente responsable como lo es él mismo, resulta absurda y graciosa cuando se advierte la tamaña contradicción que encierra: la de haber dejado, desde hace siglos (por ignorancia sin duda), pesar sobre un ser irresponsable la mayor responsabilidad de todas: la de moldear a la humanidad entera en el momento en que es moldeable y la de dejar su sello impreso en ella.» 

Es por ello que sus argumentos rebatieron incluso las opiniones de algunos magistrados, atreviéndose a exponer con claridad una ridícula distinción entre los hijos naturales y los «adulterinos». Veamos un extracto recogido en la Introducción del libro al que nos referimos:

Pasamos de ese tema al de los hijos naturales y adulterinos. Claro que yo encontraba absurdo que a estos recién venidos a nuestro valle de lágrimas se les condenara a expiar las culpas —si culpas había— de sus progenitores. Ingenuamente —para el magistrado— yo pensaba que todos los hijos eran naturales y que sólo a los padres podía acusarse de no serlo. Esta afirmación enardeció a mi interlocutor. Respondió que no se podía exponer al hombre a caer en la trampa de alguna aventurera capaz de destruir su hogar, si su flaqueza humana era tentada más allá de sus fuerzas. Para sacarle plata ¿qué no podía inventar una mujer sin escrúpulos si la ley no intervenía? Si los hijos eran todos iguales ante la ley, la paz del hogar se vería para siempre comprometida, amenazada y destruida. Le pregunté entonces si no había alguna ventaja en que los hombres aprendieran a resistir mejor a sus tentaciones y a saber a lo que se exponían. Sonrió entonces con indulgencia paternal: “Los hombres, señora, son a menudo débiles ante la tentación. Es menester, pues, que la ley lo tenga en cuenta y los proteja”. La réplica nacía sola: “¿Y las mujeres?” No. Las mujeres, si eran respetables, sabían resistir a tentaciones que sólo eran incoercibles —y por eso mismo excusables— en los hombres. “Las aventureras”, expertas en las debilidades masculinas, aprovecharían más de lo que lo hacían hasta ahora si la ley les proporcionaba los medios. Para el magistrado en cuestión era siempre la mujer la que ofrecía el fruto del árbol del bien y del mal. Acerca de esto se expresaba con tono cortante. Los hijos legítimos, nacidos de matrimonios legales, tenían que ser protegidos. ¿Los otros?… Su situación era de lamentar, pero ¿qué podía hacerse? Hay fatalidades así en la vida. ¡No! grité. Ese es precisamente el caso en que la fatalidad no entra en juego, sino el egoísmo de los hombres. Por toda respuesta volvió a preguntarme qué había visto en mi familia. Por fin me dijo: “Señora, usted es viuda, ¿no? E independiente desde el punto de vista económico”. Contesté “sí” por primera vez en esa entrevista. “Entonces —prosiguió— ¿por qué preocuparse de problemas que no son los suyos?”.

Su mensaje es fuerte y contundente. Transgresor y categórico, pero también conciliador. Porque el feminismo no es solo cosa de mujeres, sino una llamada de atención a todos, que requiere también del hombre, de su mayor conciencia y responsabilidad, pues «para que el hombre y la mujer puedan cooperar el uno con el otro es menester que desaparezcan, de parte del hombre, su moral coercitiva y patriarcal ([…] imposición y predominio absoluto de un sexo sobre el otro); de parte de la mujer, el punto de vista falseado que ha podido crear en ella el antagonismo de sexo, la rebelión contra el opresor».

Gracias a personas como Victoria Ocampo, la expresión de la mujer ha recorrido un largo camino que hace que el verdadero feminismo siga siendo plenamente necesario. Una expresión que ha enriquecido todos los ámbitos de la existencia, «aunque de una calidad secreta y sutil menos llamativa, como es menos llamativo el plumaje de la faisana que el del faisán.»

Ojalá los textos que se editan en esta obra que considero una verdadera joya, sirvan para que muchos nos acerquemos a una nueva mirada sobre la mujer sin los velos de la ideología que -por parte tanto de progresistas radicales, como de conservadores acérrimos y aun de cristianos titubeantes- han impedido y siguen impidiendo un verdadero diálogo que «aporte una visión diferente sobre el feminismo para las mujeres y los hombres del siglo XXI».

Feliciana Merino Escalera, Aleteia

Vea también     El plan de los feministas para la Iglesia católica
















La fea costumbre de reclamar a nuestros seres más queridos

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Muchas personas consideran "normal" reclamar. El psicólogo Guillermo Dellamary describe muy bien cómo son y cómo remediar ese defecto que puede llegar a destruir el matrimonio y la familia

Muchas personas sienten que estar fijándose en lo que no les parece es un derecho que han ganado. Y por consiguiente, pueden decirle a quien sea lo que no les parece.

Entonces se habitúan a reclamar y lo sienten como algo justo.

Hay quien incluso llega a practicarlo con esmero y constancia. Porque sienten que están en su derecho señalar todo lo que no les parece.

De hecho, en muchas tiendas le dan un espacio especial a las quejas de sus clientes. Porque es una manera de mejorar en su servicios. Así que hay consumidores que cualquier cosa que no les parece, de inmediato van al departamento de quejas o al buzón de sugerencias a realizar sus observaciones.

Digamos que en el ámbito comercial es una aportación adecuada para mejorar los servicios.

El problema es trasladarlo al ámbito familiar y entonces querer estar señalando todo lo que ven mal. De inmediato recurren a los reclamos sistemáticos.

He conocido parejas que sienten que están en todo su derecho de estarle reclamando de todo a su esposa o viceversa, lo que acaba por ser un enfado y hasta una falta de respeto.

Algunas víctimas de un recurrente reclamo por parte de un familiar han acuñado el concepto de «reclamómetro»  para indicar una medida de la cantidad de veces que reclaman algo durante el día.

Digamos que una persona que reclama de todo  tiene calificaciones muy elevadas, que en una escala de 1 a 10 están por arriba del 8. Y los que no reclaman para nada, tienen calificaciones menores a cuatro.

Si tienes oportunidad de calificar tu tendencia a reclamar a tus seres queridos durante un día, verás cuál es tu calificación.

Si es elevada, ten mucha conciencia de lo enfadoso que has llegado a ser. Aunque te sientas con el derecho a hacerlo.

Si te gusta reclamar, procura sacar tu desahogo en las tiendas y restaurantes, pero trata de omitir tus reclamos con la familia y tus amistades. Aunque no te lo digan, pero ya caen mal tus comentarios, que rayan en reclamos que no benefician a nadie, y sólo causan malestar.

Es no aceptar y vivir en la inconformidad

El respeto se basa en dejar ser a los demás tal cual son. Permitir la libre expresión y vivir acorde a los criterios que cada quien tiene.

Desde luego que en ocasiones pueden ser actos y decisiones que nos molesten e inciten a quererlos reprochar. Y de ahí viene la tentación de intervenir con regaños y reclamos, para tratar de corregir o influir en el comportamiento de los demás.

En la educación de los hijos o en el magisterio, tiene mucho más sentido estar corrigiendo los errores y las fallas de los hijos y de los alumnos, teniendo cuidado de no lastimar u ofender con métodos punitivos y altaneros. Pero a las demás personas, en especial a la pareja, estar reclamando y reprochando  por las cosas que hace, que no te gustan, se convierte en una falta de caridad.

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En el matrimonio, ¿Qué tal si asumimos que ninguno de los dos es perfecto?

Aceptar con amor la manera de ser de las demás personas es un testimonio de caridad y de respeto,  por lo que es conveniente practicarlo con la mayor frecuencia posible y así retirar de nuestros hábitos la tentación de reclamar. 

Hay quien le reclama a Dios

Cuando en la vida no salen las cosas como queremos, especialmente ante la pérdida de un ser querido, o ante la frustración de un accidente, una enfermedad, una deuda o el despido del trabajo, se nos hace fácil querer reclamar a Dios por qué no ha intervenido para que eso no suceda.

Hay quien llega a enojarse por muchos años con Él, dado que no se hizo «mi voluntad sin aceptar la suya», porque no me parece el resultado de su omisión.

Para dejar de reclamar, hay que aprender a aceptar las cosas tal y como son, porque su Divina Voluntad es perfecta y,  suceda lo que suceda, lo entendamos o no, es así como se cumple lo que Él quiere que pase. Por lo que no tiene caso estar reclamando ni reprochando el plan divino.

Hagamos un esfuerzo por dejar de reclamar

Las tensiones en nuestras relaciones cotidianas se pueden reducir mucho si pones más atención a tus actos y actitudes, en vez de estarse fijando en lo que los demás hacen o dejan de hacer, o hasta en lo que deberían haber hecho. En pocas palabras, tratemos de dejar de reclamar y estar enfadando a nuestros seres queridos con esa constante disposición a mirar el comportamiento de ellos y así quererlos controlar.

Mas vale dominarse a sí mismos que intentar hacerlo con los que nos rodean, demos el debido respeto a su manera de ser y tratemos de vivir con más armonía, disminuyendo notablemente la tentación de reclamar. Para quererlos y aceptarlos como son.

 Aleteia 







¿Cómo afecta el cine a nuestras familias? 16 expertos lo analizan: Disney, cine español, japonés...

 


La sufrida familia de la postapocalíptica película Un Lugar Tranquilo

La editorial Sekotia acaba de publicar el libro Cine y Familia, en el que 16 expertos abordan diversas formas en que el cine afecta a las relaciones familiares y presenta la familia en las pantallas. Muchos de estos expertos están ligados a la prestigiosa plataforma CinemaNet, que desde 1996 trabaja por un cine con virtudes humanas y películas con valores. Sus premios Olas de Oro ya han cumplido 25 años.

A menudo, los padres de familia cristiana se quejan de que ellos no pueden competir con las películas que ven sus hijos: en las películas casi nadie tiene fe, en las películas los jóvenes mantienen relaciones sexuales sin casarse (muchas premian la promiscuidad y la infidelidad), en las películas los jóvenes atolondrados acaban triunfando mientras los padres parecen tontos, en las películas las chicas delgadas y guapas levantan espadas o rifles más grandes que ellas mientras en la vida real no tienen fuerzas ni para madrugar y desde luego no consiguen ser tan guapas...

Sin embargo, sabiendo seleccionar películas y sabiendo comentarlas en familia, es posible aprender muchas cosas, y prevenir otras.

Este libro aborda la relación entre cine y familia y da ideas para obtener el mayor beneficio familiar. Para empezar, anima a ir más allá de las películas conocidas: no sólo existe Disney o el cine español. Hay más países, más cineastas, más estilos...

Así, el libro trata temas como:

- educar con el cire y las series: ya no se consume como antes;
- hasta qué punto influye el cine en jóvenes y adolescentes;
- el padre y los abuelos en el celuloide (en muchas películas para jóvenes hay una epidemia de padres tontos, y las películas modernas parecen enseñar al niño que tienen que desobedecer a su tonto padre);
- la familia en el cine de animación, en el cine español o en el de Extremo Oriente;
- las drogas, el alcoholismo y la sexualidad en las películas.

El libro reconoce que padres y madres se enfrentan hoy al reto de educar, que siempre fue difícil pero hoy con complicaciones añadidas. En el siglo XIX, unos padres podían saber que en la calle sus hijos encontrarían otras influencias: hoy, las otras influencias las tienen en el hogar, en la televisión, y en el bolsillo del adolescente al que le han dado un móvil. Un joven cualquiera pasará muchas más horas consumiendo series y películas que hablando con su padre: hoy las series siempre están disponibles, y los padres lo están mucho menos.

La Carretera, película apocalíptica de 2009, un padre protege a su hijo

La Carretera, película apocalíptica de 2009, basada en la novela de Cormac McCarthy; la civilización se hundió; quedan hordas, caníbales, barbarie... un padre protege a su hijo.

El libro incluye además capítulos interesantes y peculiares como el de la familia en el cine postapocalíptico: cuando se hunde el Estado y la civilización, destaca más el poder de la familia. Así, se analizan películas como Un lugar tranquilo (o silencioso, el ruido atrae al monstruo), Hijos de los hombres (los últimos niños en una sociedad que quedó estéril), La carretera (una valoración de la paternidad, cuando no queda nada más) y Estación Once (la familia que uno encuentra).

También se analizan los cambios en Disney, incluyendo las polémicas recientes. Y se explora el papel de la familia en el cine español, donde pese a tantas ideologías hostiles el público familiar y las historias de familias unidas siguen siendo las que más éxitos logran.

De especial interés desde un punto de vista cristiano es el capítulo sobre el perdón en el cine: analiza lo que es el perdón como estrategia narrativa en una película, lo aplica al mundo familiar y propone algunas películas sobre el perdón.

Portada libro Cine y Familia, de CinemaNet y Sekotia

Puede conseguirse "Cine y familia" aquí en Sekotia o en librerías.

Los expertos que han participado en este libro son conocidos por los lectores de CinemaNet y de varias publicaciones cristianas o de prensa familiar: Daniel Arasa, el veterano periodista impulsor de CinemaNet ha sido el coordinador, y han escrito María Ángeles Almacellas, Guillermo Altarriba, Ignacio Eufemio Caballero, Willy García, José Miguel Hernández López, Nacho Laguía, Alfonso Méndiz, Josan Montull, Ramón Ramos, Isabel Rodríguez Alenza, Javier Rodríguez Fraile, Miguel Fernando Ruiz de Villalobos, Gloria Tomás, María Consuelo Tomás y Ninfa Watt.

P.J.Ginés, ReL

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